En 2004 cuando el PP perdió las elecciones intentó mantener cohesionada a la derecha movilizando a su gente con mentiras y fanatismo. Engañaron a su gente diciendo que ampliar derechos era destruir la familia y perseguir a los heterosexuales; que el 11M habían sido ETA y la monarquía marroquí para que ganara las elecciones el PSOE que, por tanto, gobernaba ilegítimamente; que ETA estaba derrotando a España porque zETAp estaba traicionando a los muertos; que el Estatut de Catalunya era la independencia de Cataluña.

Organizaron manifestaciones, recogidas de firmas, recursos judiciales, financiaron con dinero negro nuevos medios de comunicación ultras… lo que hiciera falta. Sabían que mentían. Ahora lo sabe toda España.

El PP mintió cuando dijo que el matrimonio igualitario atacaba a la familia. Nadie negará hoy que mintieron. El PP mintió cuando dijo que ETA estaba derrotando al gobierno. Nadie negará que mintieron. El PP mintió sobre el 11M. Causaría sonrojo explicarlo a estas alturas. El PP mintió cuando explicó que un Estatuto de Autonomía era la independencia. No sólo sabemos que mentían sino que ahora sabemos cuánto más unida estaría España si se hubiera aprobado aquel Estatut: tumbarlo sí abrió la puerta a un verdadero conflicto independentista.

No es nueva la retórica fanática, mentirosa e incendiaria de la derecha. Que Zaplana salga de la cárcel en la misma semana que el PP recupera su legado retórico (compartido con Acebes, otro corrupto) debería recordarnos cómo manipularon hace década y media a sus votantes por puro interés partidista… mientras robaban a manos llenas, que eso también lo sabemos ya.

Han cambiado algunas cosas desde entonces. Por todo el mundo están creciendo las opciones autoritarias y fanáticas de extrema derecha. En España, por primera vez, una fuerza nítidamente ultra adquiere espacios de poder, de la mano del PP y Ciudadanos, que se manifestarán con ella el domingo. Siguen mintiendo, siguen tomando el pelo a sus electorados (PP, Ciudadanos y Vox) por interés partidista… pero ahora lo hacen sabiendo que pueden generar un polvorín trágico.

La retórica incendiaria de Pablo Casado y Albert Rivera conduciría en buena lógica al conflicto civil y al golpismo. Si el gobierno no es legítimo, si van a hacer todo lo que sea necesario para expulsar al gobierno de Sánchez… el camino no es democrático (por expresarlo de forma prudente). Probablemente se hayan pasado de frenada, probablemente no estén siendo conscientes de que el fanatismo ultra ocupa mucho más espacio en determinadas cúpulas políticas y mediáticas que en la España real.

Pero no conviene dejar de identificar a qué lleva el itinerario tóxico que han emprendido PP, Ciudadanos y Vox. Son más peligrosos que hábiles.