Andalucía comprobó el peso que la política nacional tiene ahora mismo en la autonómica. Ningún resultado electoral es hijo de una sola causa pero Andalucía sufrió la imposibilidad de centrarse en las políticas andaluzas con el agravante de que no se elegía gobierno español, con lo que el voto (o la abstención) podía ser más testimonial que práctico, más un aviso a navegantes que una elección de gobiernos. 

Algo así habría ocurrido el 26 de mayo en municipios y comunidades de no haberse celebrado antes las elecciones generales. Si no estuvieran convocadas, las municipales y autonómicas serían una antesala de las generales y sería imposible centrar el debate en problemas locales (que no son pocos: sanidad, vivienda, educación, movilidad, servicios sociales, justicia, medio ambiente…). Especialmente en el caso del súper domingo, la campaña, los debates, serían exclusivamente nacionales y ello habría arrastrado el resto de elecciones, agravado porque el propio día de la votación resulta complicado votar cosas distintas para cada urna.

Esa dificultad sería especialmente grave en Madrid. Madrid tiene entre sus peculiaridades el enorme sobrepeso de la política nacional en detrimento sobre todo de la autonómica (pero también de la local). Y contará en mayo con la peculiaridad de las candidaturas de Más Madrid: la importancia de Más Madrid es innegable no sólo por contar con pesos pesadostan importantes como Íñigo Errejón y Manuela Carmena, sino por estar centrando los debates (y los ataques) de propios y extraños. El enorme éxito del acto de lanzamiento de Más Madrid el pasado sábado en un momento de ambiente desmoralizado evidencia la centralidad de Más Madrid en la campaña madrileña.

Por eso es especialmente positivo para Madrid que las elecciones generales faciliten que en mayo sí haya una campaña madrileña. El 28A acorta la campaña autonómica y municipal de mayo. Pero a cambio permite que exista. El 26 de mayo no va a ser ni una antesala ni un subapartado de las generales. Se va a poder hablar de lo que han hecho PP y Ciudadanos con Metro de Madrid, porque sobre los asuntos nacionales ya habremos sentenciado un mes antes.

La mayor correlación que puede haber con las generales es que los acuerdos de gobierno nacionales sean pagados en las autonómicas y municipales por los votantes disconformes: si se empieza a articular un bloque de las derechas (incluido Vox, por supuesto), es probable que un número importante de votantes de Ciudadanos huya definitivamente de esos socios de los ultras; si el PSOE intentara un (improbable) acuerdo con Ciudadanos abandonando el impulso progresista que definió los presupuestos recién tumbados, podría también sufrir un desgaste. Electoralmente ambas posibilidades revertirían sin duda en un trasvase de votos hacia opciones más sinceramente progresistas.

Una segunda consecuencia de las generales previas es su capacidad de generar estados de ánimo que siempre influyen en la movilización electoral. Si el 28 de abril frena a las derechas y permite reconstruir algo parecido al bloque de la moción de censurarevalidado por las urnas, se daría un vuelco clarísimo a la cierta desmoralización del voto progresista y tumbaría los principales ataques (profundamente anti constitucionalistas) de las derechas españolas sobre la legitimidad del gobierno Sánchez al ser hijo de una moción de censura y no de las elecciones: la crisis de la derecha tras una derrota en abril sería muy aguda. 

En caso contrario, es probable que la desmoralización progresista castigara a las marcas presentes en las elecciones generales (que sin duda tendrían que abrir una reflexión profunda sobre sus errores): ello dificultaría conseguir mayorías de progreso que permitan gobernar aunque posiblemente supusiera un aumento de votos a Más Madrid, como candidatura que surge de haber advertido que había que cambiar cosas importantes. En todo caso, sería una mala noticia no sólo por el temible escenario nacional sino porque el objetivo decente del 28M no es conseguir más concejales y diputados para una candidatura concreta (que también) sino prioritariamente conseguir gobiernos progresistas que aparten a la mafia de los gobiernos madrileños. 

Tras la sorpresa del anticipo electoral, la calma nos permite ser menos pesimistas que el ambiente instalado. Frente a la tristeza de los amargados transversales, hay que llamar a que no se quede ni un voto progresista en casa, que no le regalemos a unas derechas rancias y autoritarias un país en el que son minoría. Tras el pinchazo de la movilización estrella de PP, Ciudadanos y Vox hay motivos para pensar que de las elecciones de abril y mayo pueden llegar a consolidar las opciones de avances democráticos y sociales que la hidra aznarista trata de arrancarnos.

Y el 27 de mayo estaremos ante un ciclo muy abierto para el diseño político del futuro, con un horizonte sin elecciones (salvo Euskadi, Galicia y la Cataluña en permanente proceso electoral). Y además contaremos con todos los datos para poder pensar y actuar tranquilamente tras demasiado tiempo de terremotos y gritos. No parece tan mal panorama.