Antonio Machado y Manuel Azaña están enterrados fuera de España en las tumbas humildes de dos exiliados políticos mientras el criminal que los expulsó de su país no sólo está en un mausoleo público en Madrid, que sirve a la propaganda de sus crímenes sino que los curas y políticos más mezquinos imaginables defienden que siga recibiendo el homenaje de nuestro país.

Hasta ayer su memoria, como sus cuerpos, también estaba en el exilio. Tiene muchísimo valor el gesto del Presidente del Gobierno de rendir homenaje (y pedir perdón en nombre de España) a dos de españoles que representan lo mejor de nuestra historia: la inteligencia, la libertad, la democracia, el inconformismo…

Machado y Azaña representan el verdadero amor a España, a una España mejor (la España que alborea), la España a la que los líderes del 78 no quisieron o no consiguieron poner en el panteón de ilustres, siquiera retórico, de nuestro país, mientras nuestro Estado seguía homenajeando a los criminales que habían detenido nuestra historia para llenarla de sangre y de mierda.

Se ha criticado que el Presidente del Gobierno usara para homenajearlos la bandera rojigualda, que tiene los colores que en la guerra que los echó de España tuvo la bandera de los golpistas, de la dictadura. Sin embargo precisamente el valor del acto de ayer es que el homenaje se lo hiciera el Estado español cuya bandera oficial hoy, es esa: negar este hecho es tan ridículo como simular que Guaidó es algo así como el presidente de Venezuela.

Cuando queremos que jueces y tribunales juzguen a los criminales franquistas, a los policías torturadores u ordenen exhumar los cuerpos de una fosa común, sabemos que los jueces lo harán “en nombre del Rey” pero tenemos clara la importancia de que sea el Estado español el que asuma como propias las defensas de nuestra democracia y de los derechos humanos. Porque eso cambia el país, eso construye un país que sabe cómo mirar a los criminales y cómo proteger a sus víctimas.

Lo crucial ayer era que España dijera formalmente que el legado sobre el que quiere construir su futuro es el de quienes defendieron una España libre, igualitaria y fraternal. Por eso era tan importante que no fuera un acto de Pedro Sánchez con exhibición (o simulación) ideológica, sino que lo hiciera un presidente del Gobierno y lo hiciera en nombre de España.