A nuestro Código Penal le da igual el paciente, su libertad, su vida, su sufrimiento. Ataca a quien no se vale por sí mismo, pone un castigo extra a quien necesita ayuda, persigue a quien es tan generoso como para ponerse al servicio de la sagrada libertad de otra persona incluso en una situación de radical gravedad.

Sobre eso escribo hoy en La Mirada Común.