En la tarde del sábado, mientras los madrileños hacíamos el duelo por la llegada de la extrema derecha a Madrid tras cuatro años ejemplares de los que sentirnos orgullosos, Juan Carlos Monedero volvía a exhibir la cara con la que ha decidido mostrarse en los últimos años.

Era el enésimo ataque personal y mentiroso de una forma de hacer política insoportable. Pocas días antes se había inventado que Íñigo Errejón había acordado con Ciudadanos excluir de la Mesa de la Asamblea a Podemos.

En la jornada de reflexión previa al 26 de mayo Monedero, Echenique, Pablo Iglesias… difundieron un artículo contra la candidatura de Manuela Carmena (ni siquiera en favor de ninguna otra). Pablo Iglesias, en concreto, tuvo la mezquindad de resaltar en su canal de Telegram un párrafo con ataques concretos contra concejales de Manuela Carmena a los que él había expulsado de Podemos y a quienes no perdona haber sido autónomos de sus órdenes. ¿Se imagina alguien qué se habría dicho si Íñigo Errejón y su núcleo más próximo hubiera dedicado el 27 de abril a atacar (con algún motivo o incluso si hubiera sido sin ninguno) a las personas que componían la lista con la que Iglesias se presentaba a las generales al día siguiente? Afortunadamente no todos nos relacionamos con la misma ética (que no tiene nada que ver con “decir la verdad“, ese mantra tan cínico e infantil y que tan poco tiene que ver con esa actitud de ataque al no obediente).

Es la lógica inquisitorial de quien ha pasado de la dirección política a la mera persecución sin ningún tipo de límite ni escrúpulo a quien se ponga al margen de sus caprichos. Fue el #IñigoAsíNo de nochebuena; o incluso la campaña de difamación contra quien hoy es aplaudida cuando osó presentar una legítima candidatura a la secretaría general de Podemos en Madrid ciudad; o contra quien fue apoyado contra viento y marea cuando era uno de los nuestros pero publica ahora un artículo en prensa con sus análisis más o menos creíbles viniendo de quien recetó idénticas medicinas cuando fue doctor. Hay infinitos ejemplos de ataques de todo tipo de norte a sur y de este a oeste: no hay un sólo rincón en el que el navajeo político no haya sido la forma en la que ese núcleo dirigente resuelve las diferencias, construyendo así una cultura que empapa dramáticamente. Las cuentas anónimas para insultar y atacar, los canales de telegram para la infamia sin firma, la filtración de relatos de ficción a periodistas de cámara… al menos los vertidos cotidianos de Monedero y Verstrynge se hacen dando la cara a costa de su prestigio intelectual y moral.

La lógica interna, como es natural, se vierte también hacia fuera: han sufrido campañas parecidas periodistas que han osado informar de lo que no les convenía (no me refiero a los meros propagandistas de la carroña, no Inda y mucho menos el amigo Marhuenda, cómplice de tantas intoxicaciones, no: los periodistas que legítimamente han informado u opinado con o sin acierto). Uno se barrunta que una de las razones del PSOE para rechazar la inclusión de ministros designados por Pablo Iglesias es la certeza de que toda dificultad se resolverá como ha solucionado cualquier problema.

En el tuit de Juan Carlos Monedero del 15 de junio decía que lo que ha pasado en Madrid (“su escisión“, dice) no tenía una motivación ideológica. Puede que no ande del todo desencaminado. Se han hecho muchos análisis de la (legítima) deriva ideológica de Podemos. Es evidente que muchos no compartíamos esa lógica, lo dijimos en Podemos y una vez estamos en otras historias es un asunto ajeno que Podemos debatirá como considere si considera que debe hacerlo.

Pero no se ha escrito casi nada sobre la lógica moral con la que el núcleo regidor ha vertebrado su forma de relacionarse con cualquier otro de dentro o, como en el caso de este enésimo ataque de Monedero contra Errejón, de fuera. Esa lógica probablemente explique mucho más la huida de tanta gente que aportó su inteligencia, su compromiso y su esfuerzo en el nacimiento de un proyecto que prometía hacer política de otra forma (de una forma mejor) y, sobre todo, explica cómo han saltado en añicos tantísimos espacios diversos en tantos ayuntamientos, en tantos espacios. Posiblemente tenga razón Monedero al achacar el divorcio a motivaciones preideológicas: creo que ese divorcio moral es mucho más drástico porque, a diferencia de lo ideológico, no es debatible.

Obviamente, desde fuera no tengo nada que opinar si Iglesias, Verstrynge, Monedero y Echenique quieren seguir construyendo con la lógica interna que tengan a bien. Sólo intentaría aprender para consagrarnos en la huida de esa lógica para la construcción de un nuevo espacio que mime la diversidad y recuerde el valor revolucionario de la fraternidad; y trataría de aprender el resultado al que conduce el sectarismo que convierte al hereje en enemigo: el cuidado de la diversidad y del debate es, además de todo, un instrumento muy eficaz.

Cuando, como en este caso, el vertido no es hacia dentro, probablemente sea un error hacer caso al ataque nuestro de cada día; creo que esta entrada de este pequeño blog es un error atemperado por la conciencia de su irrelevancia real y por la firme voluntad de dejar de hacer caso a quien ya sólo se hace autorretratos cada vez más dañinos. Qué se le va a hacer, quería desahogarme de una vez y ya por todas.

En el origen de Podemos, Pablo Iglesias usaba su ya constante forma de resolver diferencias contra Izquierda Unida: “Consideráis que la gente es idiota, que ve televisión basura y que no sé qué y que vosotros sois muy cultos y os encanta recoceros en esa especie de cultura de la derrota. A mí dejadme en paz. Nosotros no queremos hacer eso. Queremos ganar. Preocúpate de otra cosa. Sigue viviendo en tu pesimismo existencial. Cuécete en tu salsa llena de estrellas rojas y de cosas, pero no te acerques, porque sois precisamente vosotros los responsables de que en este país no cambie nada. Sois unos cenizos.”

Entonces, como ahora, no compartí esa forma agresiva y arrogante de despreciar al otro. Pero de aquello me quedo con el “A nosotros, dejadnos en paz, nosotros no queremos hacer eso”. Ojalá los miles de militantes maravillosos de Podemos que se dejan la piel por un país mejor tengan mucho éxito. A ese núcleo regidor, que le vaya bonito, pero, simplemente, dejadnos en paz, que ya no somos asunto vuestro.