La respuesta de Pablo Iglesias al “escollo” que puso el PSOE ha sido la correcta, ha sido inteligente y probablemente ha sido inevitable. El PSOE se equivocó poniendo esa línea roja por varias razones: desde ningún punto de vista lo peor que le podía pasar a España era que Pablo Iglesias fuera ministro y además al situar ese como el gran problema resultaría excesivamente bochornoso que ahora dijeran que otros dirigentes de Podemos también les parecen mal: haberlo pensado antes de explicar cuál era “el escollo”.

Una de las catástrofes de la guerrita de relatos de estas semanas es que no se ha estado peleando por alcanzar un gobierno progresista y eficaz sino por ganar el espectáculo de la negociación. Es urgente poner fin a esa competición teatral y el anuncio de Pablo Iglesias facilita poner fin a este bochorno. Ambos se pueden sentir victoriosos: el PSOE porque impuso un enorme veto que Podemos ha tenido que resignarse a asumir; Podemos por conseguir el gobierno de coalición que estaba priorizando con una salida muy digna hoy de Pablo Iglesias. Si se trataba de vencer, ambos pueden parar de una vez y contar que han ganado.

A partir de ahí no puede haber más ruido ni lanzamiento de posiciones por televisión. No ha habido una sola declaración pública que haya acercado un acuerdo beneficioso para los españoles. Pero al menos hoy están en un punto en el que se pueden permitir simplemente anunciar que mañana a las 10 de la mañana se va a reunir gente y que la siguiente comunicación será la publicación del acuerdo de investidura.

Que las dos partes se sientan muy contentas de su victoria, que las dos partes presuman (en privado, si no es mucho pedir) de haber derrotado al otro: esta guerra de relatos sólo interesa a quienes entienden la política más como una cuestión deportiva en la que animar a tu equipo, que siempre es el mejor, que como la organización de los asuntos de la gente, de sus derechos y libertades, que tanto han sufrido y tanto están amenazados.

Es obvio que las negociaciones van a tener más tiras y aflojas, que Pedro Sánchez tendrá una idea del tipo de gobierno que quiere, que Podemos tendrá prioridades, que en función de qué programa y estructura de gobierno se acuerde los candidatos pueden ser unos y otros, que cabe interpretar la proporcionalidad de distintas formas (se puede medir el resultado de cada partido de distintas formas y el peso de cada ministerio también)… pero la única forma de que se resuelvan y se resuelvan muy pronto es que no nos enteremos de esas diferencias, que no volvamos a discutir quién vence a quién.

Que se encierren con llave, que lo próximo que sepamos de ellos sea que hay fumata blanca. Entonces sí: ambos habrán ganado y, sobre todo, habremos ganado todos.