Hay dos síntomas claros de la necesidad de una candidatura como la que asumió ayer Íñigo Errejón.

El primero es el propio acto de ayer. Es difícil saber cuánta gente hubo. En el auditorio caben cerca de mil personas, pero hubo que cerrar las puertas y se quedaron varios cientos sin entrar. Esa mañana éramos unos pocos los asustados por haber convocado sólo el día anterior, en un día laborable, en un sitio tan grande, tras cuatro días en los que hemos pedido a nuestra gente reuniones compartidas, reuniones en el distrito, en el municipio, en el sector… y ayer les pedíamos un nuevo esfuerzo. Y fue el primer acto de desborde humano en unas elecciones que hace apenas una semana afrontaba todo el mundo con decepción, irritación, resignación… y mucha desmovilización. La recepción en redes sociales también fue descomunal, los entendidos no encuentran datos análogos desde hace algunos años. Hasta los ataques e insultos son un síntoma de haber puesto el dedo en la llaga, aunque en este caso (y dada la abundancia de anónimos) es difícil saber si los insultos los hacen varios o muy muy pocas personas.

El segundo síntoma relevante es la sensación por toda España de que las organizaciones y grupos que querían un gobierno progresista, que no entendieron los enrocamientos de julio y de septiembre que han conducido al fracaso de la legislatura… estén encontrando tan rápidamente en Más País la vía para el desbloqueo político,. Esto es, encuentran en Más País la vía eficaz y responsable para ayudar a que se ponga a funcionar la caja pública y permita atender las emergencias de todo tipo que tienen nuestros ciudadanos y que no son si un candidato no se lleva bien con otro, si se han llamado o no por teléfono o de qué partido sean o no los ministros. Cada día estamos sabiendo que un nuevo partido progresista quiere llegar a acuerdos para sumar más. No es una conspiración del IBEX ni de Venezuela e Irán, es un síntoma fabuloso de que no se podía seguir dando cabezazos a una pared, de que hay una salida tras el fracaso.

Hubo algún periodista que decía que estos movimientos son una huida del pasado, otro, más en positivo, que apostaban a “caballo ganador” (por Más País). Más bien diría que hay un acuerdo tácito pero evidente en que tras un rotundo e histórico fracaso sin que nadie reconozca un sólo error no se puede proponer que las mismas personas hagan otra vez lo mismo. Que hacía falta que alguien tire una piedra al estanque para que las aguas se pongan en movimiento.

En política, por supuesto, la actitud es importante: la política es una actividad colectiva y uno puede ser generoso, receptivo y fraternal o autoritario, cínico y despótico; en función de ello le será más o menos fácil encontrarse con otros sin necesidad de humillarlos o que lo humillen a uno sino con el firme propósito de trabajar por el común. Por supuesto que en política es importante preguntarse cuándo fue la última vez que votaste con ilusión; por supuesto que en política hay que evitar ser un pitufo gruñón, pero en vez de restregar el reproche es mejor sonreir y pensar que algo habremos hecho bien. Por supuesto que en política se defienden intereses: y hay que elegir si estos son los de una cúpula partidista o la de toda esa gente que fue a votar para parar al trío del odio y la corrupción y lograr avances progresistas, sociales, democráticos, ecológicos, feministas…

Va a ser una campaña corta, pero no fácil. Lo último que necesita nuestra gente es más fango, más mentiras, más ceño fruncido. Por nosotros no quedará: es normal que el PP y su pesebre político-mediático ataquen a quien puede recuperar la movilización democrática que impidió su asalto a la caja de caudales el 28A. Igual hay quien quiere desahogarse sumando sus ataques a los que vienen de Colón. Pero esto no es coaching, esto es política. Aquí estamos para solucionar los problemas de nuestro país, no para llevarlo al colapso porque primen nuestras fobias y nuestras vísceras.

Había ganas, había necesidad de Más. Va a ser difícil, nos lo van a intentar poner difícil, pero es necesario y estos días lo estamos comprobando.