Si no me equivoco el único estudio que sistematiza desde un punto de vista académico la estupidez es “Las leyes fundamentales de la estupidez humana” del historiador de la economía Carlo M. Cipolla (1922-2000).

En este breve ensayo la Tercera Ley Fundamental (o Ley de Oro) sobre la estupidez humana nos dice que todo ser humano se puede ubicar en un cuadrante de esta representación gráfica:

En él las abcisas (x) son el beneficio (+) o perjuicio (-) que las acciones propias le causan a uno mismo. Así si atraco a un señor que acaba de sacar 200€ del cajero o si consigo un acuerdo de paz que termine con una guerra en mi país se situarán en el beneficio propio sin más consideraciones morales. Las ordenadas (y) son el beneficio o perjuicio que las acciones propias causan a los demás. El atraco arriba citado causaría un perjuicio a otros como también lo haría retirar medidas contra la contaminación de una ciudad.

Pues bien, de acuerdo con Carlo M. Cipolla (juro que la autoría es cierta y que no pretendo hacer ninguna broma con el caso concreto que traemos entre manos) “una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, incluso obteniendo un perjuicio.” Serían las ubicadas en el cuadrante E.

Se distinguirían de los malvados (M), que causan perjuicio a los demás en beneficio propio (por ejemplo: quienes arruinan a su país haciendo infraestructuras caras e innecesarias a cambio de sobres con dinero), de los ingenuos (H) capaces de soportar el perjuicio propio si causa beneficio a otros (por ejemplo, una adolescente que soportara insultos y ataques por protagonizar movilizaciones en defensa del planeta) y de los inteligentes (I) que logran beneficio para los demás al tiempo que para sí mismos (por ejemplo, tres jueces madrileños que hubieran parado el intento de Almeida y Villacís de dejar sin efecto Madrid Central y que mejorasen el aire para otros y también para sí mismos).

¿Dónde cabría ubicar a un señor que llega a alcalde de una ciudad y lo primero que hace es intentar desmontar una medida contra la contaminación que va en la línea de las principales ciudades del mundo?

Madrid Central ha reducido (ya con datos objetivos) la contaminación en Madrid, es decir, quitarlo (incluso, según se ha probado con datos, el propio acto fallido de intentar quitarlo) aumenta la contaminación en Madrid, es decir, empeora el aire que respiramos los madrileños y potencia enfermedades especialmente para niños, mayores y embarazadas. Ese alcalde, además, vive y trabaja en su ciudad, así que el perjuicio también es para él en tanto que ser humano que respira cotidianamente.

Sólo cabría manejar como hipótesis que exista algún beneficio que desconozcamos (no cabe ubicar aquí la satisfacción de su resentimiento contra el anterior equipo de gobierno: tendría que ser un beneficio medible, contante y sonante, que supere el perjuicio que él sufre por respirar peor aire). En ese caso el imaginario alcalde del supuesto teórico que estamos manejando sería un malvado. Podríamos conceder esa hipótesis como posibilidad que desmentiría que fuera un estúpido: que recibiera un beneficio privado que le convirtiera sólo en malvado.

Os recomiendo vivamente que leáis Las leyes fundamentales de la estupidez humana. Suele estar editado en un pequeño librito titulado Allegro ma non troppo junto con otro ensayito que explica que el uso de las especias fue la causa determinante de la caída del Imperio Romano. Al final del ensayo tiene una serie de tablas como la que ilustra esta entrada para que en caso de dudas, como la que pudo suscitar ayer Javier Bardem, no nos dejemos llevar por impulsos compulsivos y, serenamente, utilicemos sistemáticamente el conocimiento teórico para contrastar la hipótesis de que tal o cual persona sea o no estúpida.

Espero haberos ayudado.