Hay una función muy útil en twitter que es “silenciar conversación”. De vez en cuando un tuit es molesta mucho a grupos de extrema derecha (de forma espontánea alguna vez, inducida en sus chats otras) y vuelcan una catarata de insultos (y alguna amenaza) que hace imposible seguir la conversación e imposibilita ver comentarios a otros tuits que puedan ser interesantes.

Ayer silencié la conversación con este tuit:

No pasa nada: uno está acostumbrado al clima que llevan instalando en las redes desde hace tiempo. Se bloquea a quien insulta, al anónimo molesto (“si no da la cara, no da la vara”) y llegado el caso se silencia la conversación.

Pero en este caso sí quería explicar por qué me resulta obvio que es un problema que en algunos ámbitos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado haya este sesgo ideológico tan rotundo.

En casi todas las profesiones hay sesgos ideológicos. Esto en algunos casos no tiene más interés que el sociológico: si el gremio de la reprografía y copistería estuviera en 2020 plagado de votantes del CDS, resultaría llamativo y es posible que pudiera hacerse un estudio curioso, pero no pasaría de ahí. En cambio si el 40% de los pediatras fueran antivacunas, nos preocuparíamos por el riesgo de un enorme problema de salud pública. No está prohibido ser antivacunas, aunque sea idiota es legítimo ser antivacunas y un pediatra que lo fuera tendría la dura obligación de ejercer su profesión contra sus ideas: así que uno preferiría que los antivacunas se unieran a los votantes del CDS en el gremio de la copistería y que la pediatría estuviera en manos de profesionales cuyo universo mental favoreciera la protección de la salud de la infancia. Parece razonable ¿verdad?

La policía, la Guardia civil, los jueces, el Ejército… tienen una función sagrada en una democracia: la defensa de los derechos, de la propia democracia, de la legalidad. A diferencia de en una dictadura, donde su función es la represión, la caza del disidente y la preservación de la injusticia. Eso es lo que pasaba hace unas décadas en España.

A priori lo esperable sería que la policía, la Guardia Civil, la judicatura… se parecieran lo más posible a su país. Es decir, lo normal sería que no hubiera diferencia entre el voto del conjunto de los jueces y del país. Si es distinto es que se produce un sesgo que puede tener su importancia democrática dada la importante función democrática de esas profesiones. Si ese sesgo reflejara que son especialmente pulcros con los derechos humanos y la democracia, podría resultar hasta un alivio del mismo modo que uno espera que entre los pediatras haya menos porcentaje de antivacunas que en el resto de la población.

Desde que apareció Vox sólo hay una única manzana dentro de la M30 en la que sistemáticamente Vox gana: la de la Dirección General de la Guardia Civil. En la ciudad de Madrid se le unen las zonas de viviendas de militares de El Pardo, cuyo origen es evidente.

Vox es un partido que, por ejemplo, niega la existencia de la violencia machista; es también un partido que niega expresamente la legitimidad de un gobierno democrático; un partido que se opone a toda medida de lucha contra el cambio climático y la contaminación porque el cambio climático no existe y es un invento de Soros; un partido xenófobo que niega los derechos más básicos a los inmigrantes que hay en nuestro país… La lista de excentricidades sería enorme pero hay algunas que tienen una grave repercusión democrática.

Las expuestas son algunas de las ideas de un votante de Vox que son ideas libres, pero contrarias a la actuación debida de la Guardia Civil: un guardia civil debe luchar contra la violencia machista, la Guardia Civil debe someterse a la autoridad civil democrática, un guardia civil debe perseguir los delitos medioambientales, un guardia civil debe garantizar los derechos de todas las personas independientemente de su lugar de origen y situación administrativa. ¿Seguimos?

Sí, claro que es relevante el sesgo ideológico de algunas funciones que repercuten en la vida pública. Lo es muy especialmente en cuerpos tan fundamentales para la democracia como la Guardia Civil: sería lógico ese sesgo para quien pretenda que siga teniendo la función con la que la dictadura enmerdó la memoria de la Guardia Civil, pero esa es una pretensión muy minoritaria, ¿verdad? Y cuando el sesgo que se observa está profundamente escorado hacia posiciones no democráticas y contrarias a la función (sagrada, insisto) que deben tener las fuerzas de seguridad en una democracia es algo preocupante para la democracia y muy especialmente para la Guardia Civil.

Defender España, defender la democracia, defender a la Guardia Civil es defender unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que se parezcan a los españoles y que en todo caso destaquen por su convicción en defensa de la democracia y los derechos humanos. Por eso es preocupante que siga habiendo un sesgo en la dirección opuesta a la que desearía un demócrata. España hace décadas que no es así y eso es bueno. Es bueno para los demócratas, quiero decir.