Quien Mucho Abarca: Quien Mucho Abarca

Bankia fuisteis todos

Probablemente el de las tarjetas black sea el menos importante de los crímenes que cometieron los directivos de Cajamadrid/Bankia.

Es imposible entender el tamayazo sin la Cajamadrid de Blesa y sin las primeras tramas universitarias, aquellas en la Complutense. No entendemos bien la Universidad Rey Juan Carlos si pensamos en ella como la universidad del PP en lugar de la universidad de Bankia, donde los ladrones de Bankia tenían mano para hacer y deshacer, colocar a amigos y obtener títulos para afines. Es incomprensible la década de furor constructor que arruinó el país sin el protagonismo sobre todo en Madrid de una caja que no debía tener ánimo de lucro y tuvo sed de rapiña. No hay forma de explicar por qué el PP lleva 23 años destrozando la Comunidad de Madrid sin el papel desempeñado por Cajamadrid. Que los autores de estas fechorías además complementaran sus enormes ingresos regulares con todo tipo de compras, viajes, bares, efectivo… por el morro ilegalmente es sólo la guinda obscena de un pastel de demasiados pisos. Ello sin recordar las preferentes, los desahucios… y tantas estafas que destrozaron la vida directamente a tantas familias.

La clave del éxito mafioso estuvo en que el Partido Popular supo compartir una parte minoritaria pero importante del pastel. Supo colocar a sindicalistas y dirigentes de partidos de la oposición que, gracias a ello, dejaban de ser oposición. El Partido Popular tuvo la inteligencia de hacer que de su trama de saqueo vivieran también quienes estaban llamados a combatirla. El crimen perfecto.

La consecuencia democrática fue desastrosa. Madrid estuvo muchos años sin oposición real al saqueo capitaneado por el Partido Popular. Se cumplía con el teatro parlamentario, pero los ladrones no tenían nada que temer. Miles de personas honradas no comprendían qué pasaba en la izquierda madrileña. El PP se había infiltrado en sus cúpulas y las había neutralizado: comprendió que era mucho más inteligente lograr un régimen cleptómano que quedarse sólo en un partido estructuralmente corrupto. Y lo hizo con brillantez.

Hay muchas cosas imperdonables en el saqueo de Cajamadrid/Bankia. Pero por mi biografía la que no olvidaré fue cómo se apropiaron de una formación política histórica como Izquierda Unida en la Comunidad de Madrid. Cómo Moral Santín, hoy condenado en firme a cuatro años de cárcel, amenazaba sistemáticamente con querellas a cuantos denunciábamos lo que estaba haciendo. Cómo sus cómplices se reían de nosotros (con la colaboración de algunos periodistas), que éramos unos profundos ignorantes, izquierdistas de medio pelo, unos niños de mierda, por oponernos a tal vergüenza. Y espero no olvidar jamás cómo organizaron con el PP (político-mediático) el intento de arruinar la vida y el prestigio personal de una persona honrada y valiente como Tania Sánchez porque les habíamos ganado y veían que podíamos liberar una organización en la que militaban y confiaban miles de madrileños que no se merecían aquel secuestro.

Bankia fuisteis todos. O al menos estabais en todas partes. Al servicio de la mafia del PP, formando parte de ella. A la cárcel irán unos pocos. Pero no hay nada más justo que el ostracismo en el que están sepultados tantos jefecillos arrogantes del Madrid mafioso de las últimas décadas

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El ultimátum

En los cinco meses que lleva de President, Torra ha demostrado que no tiene en mente incumplir la legalidad española y que lo va a compensar elevando la retórica.

El lunes la calle le gritaba a Torra “República o Dimisión“. Torra no contestó a la calle sino que elevó la reclamación a Sánchez: “Referéndum o elecciones“.

Todos sabemos que Torra no tiene fuerzas para proclamar una República Catalana. No sé si Torra querría, pero es evidente que no puede. Exigirle a Torra República o dimisión es llamarle a la dimisión, aunque los manifestantes no tengan capacidad inmediata para forzarla. Del mismo modo Torra sabe que el gobierno español no tiene fuerzas para acordar un referéndum en el próximo mes. En este caso además es probable que este gobierno no quiera; pero un gobierno en análogas circunstancias parlamentarias (e internas, no olvidemos que el PSOE sigue siendo el de Susana Díaz, García-Page y Lambán entre otros) que quisiera llegar a un acuerdo sin líneas rojas no tendría fuerza para que el referéndum fuera posible en un mes. El propio ultimátum de Torra es la evidencia de que lo sabe. Plantea un ultimátum porque sabe que el gobierno de Madrid es más débil que el catalán. Y le pide que aunque sea más débil, sea más valiente que él.

Es posible que Torra lleve a cabo su ultimátum y deje al gobierno en minoría por un tiempo o realmente hasta el final de la legislatura: tampoco sé si controla al PDCat y a su grupo en el Congreso, pero probablemente no surjan ahí las dificultades. Es de los pocos actos que aparentarían firmeza y que Torra se puede consentir, así que no es descartable.

Lo que es seguro es que a Cataluña no le traería nada bueno la consumación del ultimátum. Tampoco a los independentistas. Si hubiera elecciones habría dos escenarios probables: o un gobierno similar al actual con apoyos más o menos parecidos (quizás con más escaños propios pero nunca con mayoría suficiente para ir en solitario) o un gobierno del Partido Popular de Pablo Casado y Ciudadanos, partidos que están pidiendo aplicar el 155 sin esperar siquiera a que haya algún incumplimiento de la legalidad.

Es obvio lo perjudicial que sería para Cataluña y para la democracia (especialmente en Cataluña) un gobierno de PP y Ciudadanos. Pero también es obvio que un gobierno parecido al actual tendría un margen de actuación parecido al actual en el mejor de los casos. ¿Cuál sería la ganancia para Cataluña, para toda Cataluña, pero también para los independentistas? Ninguna. El único que ganaría algo es Torra: tiempo y apariencia de firmeza.

Si el conflicto catalán tiene alguna salida, ésta se encontrará a fuego lento. Y es posible que a fuego lento quepa todo. Quien pretenda una solución inmediata que calme los golpes de pecho sólo conduce a Cataluña y a España a callejones sin salida cada vez más oscuros.

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1-O 2018: El día que acabó el Procés

El proceso independentista catalán ha tenido dos principales fortalezas. En primer lugar una transversalidad política que lograba una unidad de acción que ha abarcado desde los herederos de Convergència hasta el izquierdismo de la CUP. En segundo lugar un pacifismo militante, imperneable a provocaciones, que facilitaba colocar a la vista de todo el mundo la respuesta policial y judicial del Estado en el lado del autoritarismo y la desproporción.

Ayer probablemente se derrumbaron ambos cimientos del procés.

Es obvio que la unidad de acción lleva semanas resquebrajándose. No es fácil de conjugar esa unidad con la evidente parálisis del Govern, que sabe que no puede dar un paso más pero mantiene una verborrea cada vez más incoherente con sus propios hechos. Ayer mismo cristalizó la distancia entre los hechos y las palabras con especial evidencia: por la mañana Torra pedía más empuje a los CDR y por la noche los mossos de Torra cargaban contra los CDR por pasarse con los empujones. Ayer, primer aniversario de la gran movilización soberanista que supuso el 1 de octubre era difícil encontrar una crítica a Rajoy, Llarena, Rivera o incluso Sánchez o Iglesias. Desde la calle se criticaba a Torra y a su conseller de Interior; desde Bruselas, desde la cárcel… se criticaba los excesos de los manifestantes. Es difícil pensar que la unidad de acción independentista pueda volver en un tiempo.

Y es igualmente obvio que las imágenes de ayer debieron hacer la boca agua de quienes llevan meses teniéndose que inventar violencia y acoso a las instituciones para justificar la respuesta represiva que dan y la que quieren dar. Hay que reconocer el mérito que ha tenido durante tantos meses tan duros haber impedido la menor acción violenta de prácticamente ningún descontrolado. Y ayer tampoco se produjo ningún acto de violencia contra las personas ni contra las cosas (es decir, nada capaz de herir a alguien o de destrozar algo; al menos en las imágenes que he visto); sin embargo el enfrentamiento con los mossos hasta lograr encerrarlos en el Parlament, el intento de abrirlo y la entrada en la Delegación de la Generalitat en Girona rompen drásticamente el instrumento de mayor fuerza política y propagandística (especialmente para el resto del mundo) que había acumulado el independentismo. No olvidemos que para acusar de rebelión a los Jordis tuvieron que calificar como violencia el hecho de que otras personas hubieran dejado un coche policial lleno de pegatinas; y que para el resto de presos la violencia de la que se les responsabiliza es la que ejerció la policía dirigida por Moncloa contra las personas que querían votar el 1 de octubre. Ni que eso sólo ha colado en la Plaza de las Salesas de Madrid. Al norte de los Pirineos no hay juez que se lo trague.

El otro rasgo principal del independentismo es probablemente el que lo ha conducido a una derrota (si se quiere temporal): ser absolutamente incapaz de medir sus fuerzas. Todo lo que sucedió desde el 3 de octubre del año pasado tenía varios pecados (por ejemplo el de interpretar engañosamente una exitosa movilización como un efectivo referendum vinculante). Pero el más letal de ellos fue hacer como que daban pasos que les resultaban imposibles; y además, como eran imposibles, realmente no los daban, por lo que el único efecto de tal simulación era servir de excusa al Gobierno del PP para una respuesta exacerbada.

Esa incapacidad para medir sus fuerzas sigue vigente. En los discursos de Torra y en las exigencias de quienes ayer pedían hacer efectivo el supuesto mandato del 1 de octubre. El independentismo catalán fue derrotado duramente. Pueden pensar que fue una derrota temporal (que, usando una peligrosa metáfora bélica, fue una batalla, no la guerra), pero fueron derrotados. Hay quienes desde el autoritarismo español no quieren asumir su victoria para tener excusas para seguir castigando: piden ahora un nuevo 155 sin mayor motivo. Pero es suicida para los independentistas no ser conscientes de esa situación de contundente derrota. Y también es letal para quienes no queremos su independencia pero sí aspiramos a una convivencia normalizada y democrática en Cataluña y en el conjunto de España.

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1-O: El año en que todos hicieron lo posible por perder

Se cumple un año de la gran movilización soberanista catalana que supuso el 1 de octubre de 2017.

Un año después lo más probable es que las posiciones maximalistas (quienes quieren vivir ya en una república catalana independiente y quienes quieren decretar el fin del asunto proclamando la indisoluble y eterna unidad de España) estén más débiles que el 30 de septiembre de 2017. Y ambas por errores propios.

La violencia policial del 1 de octubre contra ciudadanos que estaban desobedeciendo pacíficamente generó un abismo emocional que difícilmente se solucionará. Las estrambóticas teorías jurídicas para convertir en violencia hechos pacíficos, para encarcelar acusados de rebelión a dirigentes políticos por llevar a cabo aquello para lo que fueron votados (antes y después del 1-O) imposibilita para bastantes años un acomodo libre y fraternal de gran parte de Cataluña en España; por no hablar del bochorno al que se somete a España cada vez que un tribunal europeo se ve obligado a posicionarse sobre tales teorías. El discurso televisado del rey fue agresivo y nítidamente de parte: no de parte de la unidad de España sino de su retórica más dura, que no es ni de lejos la de todos los españoles. Desde entonces sabe que nunca será un rey querido por la mayoría de los catalanes; y que millones de españoles ya le podemos pedir discursos políticos para graves agresiones a España (por ejemplo, la corrupción institucional o la de su propia familia). El rey, también, se pegó un tiro en el pie queriendo aparecer como el más duro del lugar.

Con todo, los independentistas han hecho lo posible por perder ellos también. La estupidez de agarrarse a una exitosa movilización popular para traducirla como un referendum vinculante y concretar esa traducción en una proposición no de ley (una mera declaración política de la mayoría del parlamento) que declaraba la independencia de Cataluña pero la dejaba en suspenso… era completamente estéril para sus objetivos y sirvió en bandeja al nacionalismo español más autoritario la escalada represiva que desarticuló las direcciones de sus partidos y movimientos sociales mediante cárcel, exilio e intervención (derrotada en las urnas) de la autonomía catalana. Lo que no engorda mata y el independentismo no ha engordado desde el 1 de octubre, se ha dividido, está descabezado y no tiene ningún rumbo conocido hasta el punto de que acaba de firmar un acuerdo de infraestructuras con España para los próximos cuatro años, evidenciando que no hay un proyecto independentista real.

El 1-O no fue un referendum: el Estado consiguió evitar que hubiera una consulta formal, creíble, rigurosa… y los independentistas no lograron que hubiera la aceptación colectiva de la votación (sólo votaron soberanistas) para que se entendiera que de las urnas emergía la voluntad popular de Cataluña. Sin embargo, la distancia afectiva entre millones de catalanes y España se ha agigantado este año imposibilitando una propuesta de España verosíil que incluya al pueblo catalán. Pero esa distancia afectiva sólo permite un vacío, ni siquiera les sirve a quienes podrían usarla para romper: este año también ha servido para demostrar la debilidad del proyecto independentista, que tampoco tiene la cohesión afectiva que compense la distancia con España.

¿Y en medio? En medio de los dos polos podrían estar quienes presumieran de haber llevado razón. Pero lo cierto es que incluso si así fuera serviría de poco. Llevar razón ¿y qué? Porque tampoco hay una salida intermedia que logre consensos, ni tan siquiera que facilite una mayoría popular catalana. La propuesta de nuevo estatuto catalán que insinúa Pedro Sánchez, incluso en la lejana hipótesis de lograr un acuerdo con la mayoría parlamentaria catalana ¿cómo garantizaría que PP y Cs no repetieran un recurso al TC que tumbaría el proyecto mayoritario de los catalanes y nos devolvería a la casilla de salida? Y la idea de un referéndum acordado entre Madrid y Barcelona (o entre los catalanes de distintas posiciones) ¿de verdad sigue vigente en lo concreto? ¿no es ya sólo una vaga exhibición de principios democráticos más que una propuesta que sirva para 2018 tras la oleada de tsunamis que han arrasado la política catalana?

Un año después parece que hubiera pasado una década. Sin cambiar nada, todo se ha podrido. Nadie puede seguir mirando hacia delante como si delante hubiera algo. Tocaría mirar hacia los lados. Pero probablemente a los lados tampoco haya nadie ni nada.

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De los tuits de Zapata a esta salvamización de la política

¿Se acuerdan de los primeros años de gobierno municipal de Ahora Madrid? Salíamos de un ayuntamiento enfangado, con gravísimos casos de corrupción, gestión paralizada y una deuda municipal que sumaba más que todas las demás ciudades de España. Pero estábamos escandalizados: habíamos encontrado chistes negros en la cuenta de twitter de Guillermo Zapata, en la cabalgata los Reyes Magos iban vestidos tan modernos que destrozaron las ilusiones de la hija de una conocida tertuliana, Rita Maestre había sido activista por una universidad laica y Manuela Carmena se fue de vacaciones con su familia a Cádiz pagándoselo ella e incluso tuvo la desfachatez de pasear con una flor en una mano.

Hoy es ridículo todo (aunque los nuevos apocalipsis municipales no sean mucho más serios), pero a principio de legislatura daba la impresión de que el gobierno municipal estaba a punto de caer a base de gilipolleces.

Lo que está apareciendo sobre el gobierno de Pedro Sánchez no son exactamente gilipolleces. Una notable evasión fiscal y la participación en la misma trama universitaria que Cifuentes y Casado hicieron dimitir a dos ministros. Estos días estamos conociendo la cercanía de una ministra con Villarejo (una cercanía fea, pero de cuyo contenido lo peor que se ha encontrado para la entonces fiscala son unos insultos homófobos en privado hace una década) y que Pedro Duque usó una sociedad patrimonial probablemente para pagar menos impuestos por su patrimonio. No son gilipolleces, pero tampoco tienen nada que ver con las enormes tramas de corrupción lindando con lo mafioso que han estructurado todos los gobiernos del PP. Tienen tan poco que ver que sólo Casado aúna en su persona dos de las razones por las que el PP ha pedido dimisiones: la participación en la trama corrupta universitaria y el chalaneo con Villarejo. El tema de la tesis de Pedro Sánchez si, parece ser una gilipollez. Y, salvo en el caso de Carmen Montón, ninguno es un hecho realizado desde cargos políticos, lo cual es una diferencia importante frente a las numerosas tramas que el PP ha articulado desde los gobiernos municipales, autonómicos y nacional.

La diferencia entre las gilipolleces que tuvieron que usar para atacar al equipo de Manuela Carmena y las acusaciones con las que acosan al de Pedro Sánchez probablemente está en los distintos orígenes: el equipo de Manuela Carmena está formado por gente muy valiosa que viene en general de entornos sociales y vitales más que comunes, donde uno no tiene capacidad de evadir más impuestos que el IVA del fontanero. Y de tener algún trato con la cloaca del Estado, el que habrían tenido los concejales es el de ser sus víctimas. ¿O alguien se cree que esos tuits de Zapata se encontraron solos? Pedro Sánchez decidió montar un gobierno elitista para suplir otras debilidades (hostilidad del aparato de su partido, debilidad parlamentaria…) y está encontrando que las élites de nuestro país suelen acarrear unas mochilas que huelen mucho peor que los carritos de la compra de la gente común.

Lo que sí tienen en común ambas situaciones es el tipo de oposición. La sobreactuación, los espumarajos, las medias verdades o mentiras y la incoherencia del PPCs (político-mediático) junto con el turbio origen de las informaciones rebajan el debate político a un Sálvame de bajísima calidad cuyo único objetivo es tumbar a un gobierno legítimo que, cumplirá o no, pero tiene en su mano llevar a cabo cambios políticos, sociales y éticos que, esto sí, no lo perdonarán jamás los amigos de la cloaca.

 

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Sobre el maricongate, el villarejogate y el oposicióngate

Maricongate.- Como el PP (político-mediático) no puede decir ni media palabra sobre Villarejo (Fernández Díaz sigue siendo diputado del PP, Inda, entre otros, sigue disfrutando de altavoces para sus cosas) ayer se centraron en que la ministra de Justicia había llamado maricón a alguien, aparentemente a Marlaska, y en un comentario cuñadamente machista. Comentarios que hizo en 2009: cuando el Partido Popular andaba manifestándose contra los derechos de los homosexuales y recurriéndolos ante el Tribunal Constitucional. Me resulta una imbecilidad siquiera valorar los comentarios en privado de nadie. En privado decimos barbaridades, más o menos graciosas, coincidentes o no con lo que pensamos… Sí, un pacifista puede hacer chistes sobre matar gente sin dejar por ello de ser pacifista; incluso precisamente porque lo es. Hay gente a la que eso no le hace ninguna gracia; otra a la que sí. Examinar cómo habla, qué lenguaje usa, qué bromas o comentarios hace cada uno en privado es un disparate monumental. Sólo sirve como chanza. El problema no es hablar de volquetes de putas, el problema es irse de putas a celebrar que se ha declarado bien (se ha mentido) en un juzgado sobre el saqueo de la educación madrileña.

Villarejogate.- No tengo ni idea del grado de relación de la fiscala hoy ministra Dolores Delgado con Villarejo. Ni de si se mantuvo. Por lo que sabemos de esa comida Baltasar Garzón alcanzó una buena relación con el mismo gánster que había hecho un dossier contra él años antes. Tan es así que al parecer Baltasar Garzón es o ha sido abogado de Enrique García Castaño, uno de los comisarios de la trama mafiosa de Villarejo. En las cloacas las relaciones son más comerciales que afectivas. Por otro lado, en determinados ámbitos (políticos, judiciales, policiales, periodísticos) es casi una obligación tener al menos un hilo de comunicación con gente repugnante. En absoluto me inquietaría que Dolores Delgado hubiera comido amablemente con éste u otros indeseables. Lo que me resultaría incompatible con la decencia es que hubiera formado parte, como tantos políticos, periodistas, etc. de la difusa trama de dosieres, chantajes, inventos, mentiras… que capitaneaba Villarejo. Es posible que así fuera, no lo sé. Es posible que en determinados ámbitos sea vox populi que sí, que fue así, no lo sé. Si fuera así, desde luego es incompatible con la decencia (política, periodística, judicial…). Es absurdo eso de “no ceder al chantaje de Villarejo”: si conocemos delitos por esas grabaciones o se muestra que alguien forma parte de la trama mafiosa del comisario no se puede mirar para otro lado. “Ceder al chantaje de Villarejo” sería dejar de perseguir al mafioso comisario por miedo a que saque más cintas, no examinar esas cintas y ser implacable con su contenido mientras se sigue siendo firme con el gánster. Lo que tengo claro es que ninguna de las grabaciones que han salido hasta ahora sobre Dolores Delgado prueba nada sobre ella que sea intolerable.

Oposicióngate.- Da un poco de vértigo el nivel de emponzoñamiento de la oposición político-mediática al gobierno. El problema no es la famosa crispación: en determinadas situaciones (pruebas de terrorismo de Estado, guerras ilegales, corrupción estructural del partido de gobierno, vulneración generalizada de derechos sociales o políticos…) la crispación política es una muestra de salud democrática. En los 90 mucha gente aplaudía el seny de Jordi Pujol por no crisparse ante ningún caso de corrupción: parece evidente que lo que le movía no era el seny sino la solidaridad. El problema es el histrionismo, el apocalipsis continuo a partir de minucias, la elevación a escándalo de anécdotas irrelevantes para equipararlas con tramas corruptas, lindando con lo mafioso. El problema no es ni siquiera el ruido: es que el ruido intenta tapar los verdaderos escándalos. Y el problema, mucho mayor, es que se trata de una operación de acoso a un gobierno legítimo. El gobierno salido de la moción de censura es el que tiene más posibilidades de emprender cambios democráticos y sociales sustantivos en España desde 1982 con la diferencia de que su precariedad parlamentaria no sólo le da esa posibilidad, sino que le obliga a ello. Quizás por ello la furia de la operación derribo. Sin duda por ello debe haber gran firmeza democrática frente a esa operación.

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La adulta juventud de la generación del 78

Forma parte del relato de “La Transición” un endiosamiento generacional tan llamativo como torpe. Este verano descubrí con cierta gracia que a mis (entonces) casi 42 años, estaba justo en la mediana de edad de España, esto es, que la mitad de los españoles son mayores y la mitad menores que yo. Hay una abrumadora mayoría de españoles que no vivimos La Transición, muchos millones son incluso demasiado jóvenes para haberse aprendido el credo de La Transición que locutó Victoria Prego en los 90. Ese endiosamiento generacional nos explica que hubo una generación inteligente y generosa que diseñó en un despacho sin influencia popular un régimen democrático y que aquí estamos. Y que los jóvenes (los menores de 50 o 60 años, que con la juventud se es generoso) somos tan mezquinos e ignorantes que vamos a echarlo todo por la borda.

Cayetana Álvarez de Toledo es una de las mujeres de FAES, de Aznar, vaya. Fue diputada del PP, tuvo distintos cargos en FAES y ahora escribe en El Mundo y opina en la Ser. Es la autora del “No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena” con el que tuiteaba una anécdota familiar, suponemos que inventada, a raíz del más grave error del Ayuntamiento de Madrid en cuatro años, Ayer escribió muy molesta con Lucía Méndez por haber escrito que la generación de Felipe González y Aznar no es ni mejor que la actual generación de políticos y periodistas.

Por edad, a Álvarez  de Toledo le podría haber molestado que le equipararan con Aznar y González (a mí, ciertamente, no me gustaría que me equipararan al menos moralmente con esos dos personajes). Pero no: “sin caspa en la mirada y modernamente anti-identitarios, lo tercero que une a Aznar y González es su adulta juventud frente a la mayoría de los políticos y periodistas de nuestro parvulario nacional. Tan pueriles y tan viejos a la vez.” La patrona de FAES traza una línea generacional (los menores de 50 años) y muestra a las claras que quienes en los 70 y 80 protagonizaban la política española eran brillantes y los actuales son unos memos. No le hace falta ni argumentarlo: simplemente enumera a los grandes líderes de la Transición (olvidando, casualmente, a Carrillo, Marcelino Camacho, Dolores Ibárruri…) y a los pequeños personajes que habitan hoy nuestra política (donde también hay olvidos: Pablo Casado, Albert Rivera… y cualquiera de los suyos, quizás por prudencia: quien falsifica los estudios también puede haber falsificado la edad). Lo único que debe de unir a ambas generaciones es que están compuestas sólo por hombres. Pero a Álvarez de Toledo no le hace falta explicar por qué unos son mejores y otros son peores: simplemente salta a la vista. Es curioso, por cierto, que se incluya a Aznar como parte de la generación del 78, cuando era un desconocido que estaba en La Rioja escribiendo artículos joseantonianos.

La idea no puede ser más boba. A muchas personas de la generación de nuestros padres y abuelos sí que hay que reconocerles una generosidad con su país inmensa: quienes se jugaban la libertad, la salud y la vida por la democracia frente a la dictadura. Afortunadamente nosotros no hemos tenido que demostrar que, en circunstancias parecidas, también habría unos cuantos miles de personas jugándoselas por su país. No hay nada más mágico (y menos liberal, por cierto) que pensar que hay generaciones mejores que otras. Es un colectivismo tan ridículo como pensar que hay razas, naciones o sexos mejores que otros.

Pero además es un relato suicida. ¿Le están diciendo a la grandísima mayoría de españoles que su generación (sus generaciones) es una porquería que está hundiendo España? ¿Pretenden así ganarse el afecto a su obra? ¿Diciéndonos que la admiremos porque somos unos mierdas que nunca llegaremos a hacer nada inteligente? Brillante idea, Cayetana, brillante idea.

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Impusturas liberales

Hace un par de décadas dos físicos (Alan Sokal y Jean Bricmont) publicaron un libro muy conocido titulado “Imposturas intelectuales”. En él trataban de denunciar el uso espurio de metáforas científicas complejas por parte de filósofos, sociólogos… El problema, decían Sokal y Bricmont, no es usar metáforas científicas o del tipo que sean; el problema es que una metáfora se usa para hacer más sencillo y comprensible algo difícil de explicar, pero cuando la metáfora es mucho más compleja que lo que pretende explicar y además no tiene nada que ver con lo que se está contando, muchas veces no se trata más que de enmarañar la explicación para que no se entienda nada. El problema, decían, es cuando la apelación a la ciencia no es más que una pedantería que, lejos de explicar, intenta desviar la atención sobre el argumento de fondo.

A raíz del interrogatorio a José María Aznar, uno de tantos intelectuales fundadores de Ciudadanos y agitadores del odio fanático y simplista escribió: “Aznar se equivocó con Rufián. A Rufián hay que contestarle en sede parlamentaria diciéndole: «La polla, mariconazo, cómo prefieres comérmela: ¿de un golpe o por tiempos?»”. La viril memez era marca de la casa con un tono algo elevado quizás por la querencia visceral del caballero a defender a corruptos o quizás porque últimamente recibía menos casito que otros bravos pensadores de su entorno.

El caso es que en la propia redacción de su periódico mucha gente protestó por esta profunda reflexión de nuestro intelectual liberal. Así que ayer nos explicó que no hemos entendido nada: “Ayer llegó a casa el último libro de Julian Baggini Breve historia de la verdad. Empecé a hojearlo y en sus primeras páginas venía la célebre sentencia de Alfred Tarski: “Toda proposición ‘P’ es verdad si y solo si P es verdad”. Baggini continua, aclarándola con el propio ejemplo de Tarski: “Por ejemplo: ‘La nieve es blanca’ si y solo si la nieve es blanca. (…) ‘P’ entre comillas es un afirmación lingüística, mientras que P sin comillas es una verdad sobre el mundo”. 

Esto lo usaba para explicar lo del mariconazo y la comida de polla en uno o varios tiempos. El intelectual explicaba que no es lo mismo decir que Aznar tenía que haber dicho que Rufián es un mariconazo que decir “Rufián es un mariconazo”. Esto no tiene nada que ver con Tarski, lógico polaco que reflexionó sobre la relación entre la verdad en el mundo real y el valor de verdad lógico. Doy por hecho que la infinita mayoría de lectores de este señor no habían oído hablar de Tarski en su vida (no tienen por qué) y tampoco habrán reflexionado demasiado sobre el sentido de la verdad en la lógica de enunciados; como casi ninguno hemos reflexionado sobre el número de tacos que debe tener una bota de fútbol para césped artificial. Así que no faltaría quien confiara en el intelectual liberal y pensara: ah, joder, lo que escribió este tipo no es una mamarrachada infame propia de un imbécil homófobo que busca casito entre sus sostres y sus dragós, sino que yo no lo entiendo porque no leo textos filosóficos sobre la verdad.

Nuestro intelectual no quería explicarse: lo que quería era decir que el emperador no está desnudo, que él no está simplemente intentando provocar por provocar: algo muy distinto de pensar libremente y exponer las ideas aunque éstas vayan a ser incómodas. Decir o escribir algo no porque uno lo piense sino porque sabe que así va a escandalizar es tan imbécil como decir o escribir algo no porque uno lo piense sino porque sabe que eso es lo que hay que decir. Eso sí, en ambos casos puede ser imbécil pero muy rentable.

No hace falta comprender que Tarski no estaba invitado a la fiesta de Arcadi para ser muy consciente de que las imbecilidades que cacarea una recua de librepensadores políticamente incorrectos sin complejos no tienen ningún contenido intelectualmente rescatable más allá del uso generoso de palabras esdrújulas. Nuestros autoproclamados liberales son mucho más pedantes que inteligentes. Los sastres que dijeron a aquel emperador que quien no viera su traje era imbécil no eran unos genios, eran unos estafadores; quien sí era inteligente y pensaba con libertad era la niña que alertó sin complejos de que el emperador estaba desnudo.

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Izquierda o República. Por un patriotismo republicano

Cuando la izquierda se siente huérfana o perdida dice “República” y se consuela y se emociona. Pero también la convierte en un fetiche militante..

La República podría ser un proyecto de país transversal de futuro. Pero hay que elegir: o la República es útil para la izquierda o es útil para España.

Sobre eso escribo hoy en cuartopoder.es.

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“Crecen los hijos de puta como champiñones”

Ayer emitió la Cadena Ser los audios de un concejal del PP que exhibía los hábitos mafiosos a los que se han acostumbrado. Amenazaba a la alcaldesa de Torrelodones con presentar denuncias para mancharla pese a saber, según dice, que ha gestionado con pulcritud y que si llega a haber gobernado el PP no hubiera ocurrido lo mismo. Si se presenta a las elecciones, denuncia para enfangarla. Si se retira, no hay problema.

De no haber salido la grabación, podría haberle salido bien. No habría sido la primera vez. El Partido Popular usa las querellas para machacar a las personas que gobiernan con honradez o puedan hacerlo. La oposición al Ayuntamiento de Madrid ha consistido en denuncias pintorescas que tratan de poner en cuestión a los concejales pese a que saben perfectamente que no hay nada de lo que acusarles. El Partido Popular sabe que no tiene nada que reprochar (más que a los anteriores gestores, de su partido), pero coloca la infamia, se garantiza el eco en medios y tertulias cómplices y enfanga porque para el común de los mortales es complejo entender que no hay nada que reprochar y mucho menos en términos de corrupción.

Lo mismo ocurrió en 2015 cuando una alianza mafiosa liderada por el Partido Popular de Madrid tejió acusaciones falsas (usando pruebas falsas según dictaminó la justicia al archivar la acusación) contra Tania Sánchez al ver que emergía una potente candidatura para la Comunidad de Madrid. Campaña mediática, complicidades repugnantes y coro mediático. Y a machacar a una persona honesta que amenaza el tinglado de los corruptos que creen que Madrid es su chiringuito.

Hasta el lenguaje tabernario del mafioso, tan lejano de los elegantes mafiosos de nuestras películas, se ha hecho ya tradicional. El haiku “crecen los hijos de puta como champiñones” amenaza con desplazar de nuestra cultura popular a los “volquetes de putas” con que Granados quería celebrar que un compañero de fechorías había declarado bien ante el juez (es decir, había declarado mal).

Cuando hablamos de mafia para referirnos a lo que ha gobernado la Comunidad de Madrid durante demasiados años (y que trasciende al PP como vimos en Bankia y Púnica) no exageramos en absoluto. Es una mierda de mafia. Es una mafia mugrienta. Pero es mafia.

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