La semana pasada éramos mucha gente indignada por la ocultación de un 19.1% de la población en la encuesta de El País. Por cierto, idéntico porcentaje al de trabajadores en paro. Y nos pusimos a enviar mails a la defensora del lector. Hoy han tenido que responder, lo que permite que los argumentos de esta minoría tengan la presencia que se le quiere quitar. Además la pobre respuesta del director adjunto del diario incurre en varios desvaríos.

Dice, por ejemplo que estos barómetros sociales «no son encuestas preelectorales«. Vaya. La primera frase, ¡la primera! del artículo que explicaba aquel barómetro era: «El panorama electoral del PSOE tiende al negro» (la negrita es mía).

Se dice también que la ocultación de los datos de las minorías se debe al rigor: una muestra tan pequeña como la de la encuesta no permite meterse en miserias como si ese 20% tiene a más gente del IU o de Falange Española. Total, qué más da. Ay, el rigor. Si fuera por rigor, la encuesta de El País tendría que haber añadido una mínima ficha técnica en la que se nos informara de cuántas encuestas se habían hecho, si por teléfono o presencialmente, en qué fechas (la interpretación varía mucho, por ejemplo, en función de si la encuesta era anterior o posterior a los proyectos antisociales del gobierno en su semana negra), margen de error, nivel de confianza. Pero es que, si de rigor se tratara, con 500 entrevistas no se puede hacer una encuesta con un nivel de confianza asumible. Dentro de tal rigor, el director adjunto de El País nos da uno de los datos que echábamos de menos: 10 encuestados afirman que votaron a IU en 2008 y 17 (un 70% más) que votarían a IU en 2012. Ello no tiene ningún rigor, pero a la vista de lo sucedido, más bien parece que el conjunto de la encuesta era un mero ejercicio de propaganda apoyada en 500 cuestionarios.

En cualquier caso, la respuesta bien merece que nos felicitemos: si no nos callamos nuestros cabreos, éstos se hacen visibles. Y al menos eso es un gran paso.

Os copio el artículo de la defensora del lector, añadiendo unos cuantos enlaces a lo que dice:

La invisibilidad de los partidos pequeños

Bajo el epígrafe Barómetro de clima social, EL PAÍS viene publicando desde mayo de 2009 una encuesta de Metroscopia sobre el estado de opinión en torno a temas de actualidad política y económica. La última, publicada el domingo 7 de febrero, con un texto titulado El PSOE acelera su caída, reflejaba la evolución de la intención de voto de los dos grandes partidos mayoritarios, PP (43,4%) y PSOE (37,5%) y la valoración de sus respectivos líderes, Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero.

Este barómetro había suscitado ya algunas quejas de militantes de Izquierda Unida (IU) y de Unión Progreso y Democracia (UPyD) por su exclusión del sondeo. Durante esta semana, las quejas han arreciado. He recibido un centenar de cartas, de las cuales 71 contienen un mismo texto: «Si las cuentas no fallan, 43,4% y 37,5% suman 80,90%. El restante 19,1% es el porcentaje que EL PAÍS escondió. Para ustedes, uno de cada cinco ciudadanos no existe, su voto no tiene interés. Algunos de ellos debemos ser lectores de EL PAÍS. (…) Ignorar la intención de voto de casi el 20% de la población muestra la evidente intención de generar la falsa idea de que en España sólo existen dos opciones políticas».

De entre el resto, Jesús Lacasa Vidal no entiende que en el barómetro sólo aparezcan dos partidos: «Cierto es que son los mayoritarios, pero muchos lectores nos identificamos con otras opciones. Su ausencia es preocupante y empobrecedora. No está nuestra democracia tan boyante como para causar más desafección política».

David Moreno habla de «información sesgada» y aprecia intencionalidad política en la omisión. Pilar García de Gracia insiste, por su parte, en que «España no es un país bipartito, aunque comience a ser sospechosa la insistencia de muchos medios de comunicación en hacérnoslo creer». Esta suscriptora nos recuerda que IU también existe, como existen sus dirigentes, «gente honesta, trabajadora y fuera de sospecha» que no merecen este trato. «Entiendo que la lógica mediática tienda a tratar la política como una competición deportiva, centrándose en las personas en lugar de los partidos, pero lo que no puedo entender es que se oculte deliberadamente la opinión del 20%», abunda David Aurusa, sociólogo. «La única explicación que se me ocurre -y me entristece- es que su diario quiera ser un agente activo en la promoción del bipartidismo en España».

Sergio López Sardinero se declara también dolido. «Noto que no existo para ustedes. Soy votante de UPyD y todas las encuestas otorgan a ese partido unos resultados del 4% o el 5%. ¿Es un acto de censura, falta de profesionalidad o desprecio al 20% de los electores ignorarlo?», pregunta.Ciertamente, la vida política de este país no se reduce a dos siglas, por mucho que entre las dos alcancen el 80% de la intención de voto. La razón por la que la representación política ha evolucionado en España hacia un bipartidismo creciente escapa a los propósitos de este artículo, pero lo que los lectores plantean no es una cuestión baladí: ¿Está contribuyendo EL PAÍS a instaurar un modelo bipartidista y a reducir, en consecuencia, la pluralidad política? He trasladado las quejas y la pregunta al director adjunto Vicente Jiménez. Ésta es su respuesta:

«EL PAÍS no fomenta el bipartidismo. Lo fomentan los españoles con su voto y, aunque esto es más discutible, nuestro sistema electoral. Desde 1993, PSOE y PP han ido incrementando su peso conjunto sobre el total de votos y de escaños. Respeto las quejas de los votantes de IU o UPyD en el sentido de que el sistema electoral les penaliza, pero niego rotundamente que el barómetro que Metroscopia realiza para EL PAÍS tenga alguna responsabilidad en ello. Con la misma rotundidad rechazo las malvadas intenciones que varios lectores nos atribuyen».

Vicente Jiménez aclara que «los barómetros de clima social son mediciones de los estados de opinión predominantes en el momento del estudio. No son encuestas preelectorales. Para una encuesta de clima social resulta aceptable una muestra pequeña como la que utiliza Metroscopia (500 entrevistas, con un margen de error de +/-4,5%), suficiente para el retrato, de relativo trazo grueso, que se busca obtener. La valoración de los líderes políticos y las intenciones de voto para el supuesto hipotético de que se celebraran en ese momento unas elecciones forman parte de ese clima social general que se pretende captar. Pero los datos que obtenemos no son presentados como predisposiciones o decisiones en cuanto al voto, sino sólo como reflejo del estado de ánimo coyuntural».

Sobre por qué sólo se toma en cuenta a PSOE y PP, el director adjunto responde: «Por una razón bien sencilla: dado el tamaño de la muestra, no suele haber en el trabajo de campo un número de entrevistados suficiente de todos los demás partidos que permita una estimación de resultado electoral. En el caso de IU, por ejemplo, hay que tener en cuenta que en 2008 votó por esa coalición el 2,8% de todos los posibles electores (el 32,7% lo hizo por el PSOE y el 30%, por el PP). Como saben, IU obtuvo en esas elecciones un 3,7% de los votos, sin embargo, en este tipo de sondeos, la comparación se ha de hacer, no con el total de votantes que han participado, sino sobre el total de posibles electores residentes en España, puesto que en los sondeos no se puede contactar con los electores que viven fuera. Así pues, en una muestra de 500 personas, ese 2,8% representa 14 personas (de hecho, en la última encuesta publicada por EL PAÍS, sólo 10 personas recordaron haber votado a IU y 17 manifestaron su intención de votarla). Con esas cifras no se pueden hacer inferencias válidas. Lo mismo ocurre con los demás partidos minoritarios. Sería una irresponsabilidad hacer una estimación de voto para ellos con una muestra tan mínima», concluye.

Tal vez la cuestión sea entonces si el barómetro debería ampliarse hasta ser suficientemente representativo de toda la pluralidad política. Pues es cierto que, aunque la intención del diario no sea fomentar el bipartidismo, la invisibilidad de las fuerzas minoritarias, insistente y reiterada, contribuye a crear la impresión de que importan poco, de que todo se dirime entre dos grandes rivales. Lo cual puede a su vez alimentar la tendencia a la polarización del voto, que tan poderosamente contribuye, con esta ley electoral, al bipartidismo.

IU ha sido históricamente la gran perjudicada por esta situación y ahora puede serlo también UPyD, los dos partidos minoritarios de ámbito nacional. En las últimas elecciones, cada escaño le costó a IU 481.520 votos y a UPyD 303.535, mientras que al PP le costó 66.405 y al PSOE 65.471. EL PAÍS no es responsable de esta situación, pero tampoco puede ignorarla. Su ideario incluye la defensa del pluralismo.

La dificultad para hacerse visibles a través de EL PAÍS parece ser, por las cartas recibidas, una herida que sangra desde hace tiempo entre los lectores próximos a IU. César Pérez Navarro lo expresa así: «No sólo los reportajes, sino también los editoriales y artículos de opinión se escriben en clave bipartidista». De ello se deriva que «se pierda interés por aquello de lo que no se habla». Dando visibilidad a dos fuerzas e ignorando al resto, el mensaje que subyace, según este lector es «que esas fuerzas representan la opinión válida, frente a la que es prescindible, la que no importa, frente a lo marginal».

La invisibilidad siempre tiene consecuencias. Y en la sociedad mediática, muchas más, como recuerda otra lectora, Ángels Martínez Castells, que dice saber bien de qué habla porque reúne «todas las invisibilidades imaginables: mujer, de izquierdas, mayor, jubilada a mi pesar, y con una enfermedad crónica». «No acepte», me dice, «como normal la prepotencia de sumir en la invisibilidad las políticas, propuestas y valores de la izquierda».