Igual que con los papeles de la guerra de Irak, los papeles de la diplomacia estadounidense que está sacando Wikileaks a través de cinco medios centrales tienen que ser leídos como lo que son:  papeles que escribieron los diplomáticos estadounidenses con la certeza de que sólo serían conocidos por sus superiores, por lo que nos informan (o nos confirman) sólo del tipo de mentalidad y actuaciones que rigen en ese ámbito. Nada más, pero tampoco nada menos.

Que en un papel se diga que hay que investigar la salud mental de Cristina Fernández no dice absolutamente nada sobre la salud mental de Cristina Fernández y sí bastante de la del embajador estadounidense o de quien le ordenara tal informe, Hillary Clinton, así como de la mentalidad colonial con la que Estados Unidos se relaciona con el mundo. Del mismo modo, si ayer Conde-Pumpido, Javier Zaragoza,  y toda la tropa que aparecía en los cables como cómplices de los delitos cometidos por militares estadounidenses hubieran desmentido tajantemente lo que el embajador Aguirre comunicó a sus superiores y se hubieran querellado contra el diplomático por atribuirles delitos falsos tendríamos que pensar que Eduardo Aguirre es el Salvador Sostres de la diplomacia: un fanfarrón imbécil que presume ante sus superiores de tener a toda la Audiencia Nacional y al gobierno español comiendo de su mano para ocultar delitos. Ocurre que no desmintieron en absoluto los hechos: Conde-Pumpido dice que dijo que vale, pero que no cedieron a la presión porque pensaban defender igual la impunidad de los crímenes;  Javier Zaragoza también lo admitió todo pero dijo que era legal todo lo que hizo (recordemos: comprometerse a forzar los mecanismos legales de atribución y filtrar informaciones contra un juez incómodo si decidía investigar él un caso). Ante las confesiones, los papeles aparecen no sólo como los disparates del embajador sino como un retrato de situación: Aguirre vino aquí a explicarnos cómo teníamos que hacer para defender a sus criminales protegídos portándose como un virrey mafioso y nuestras instituciones aceptaron sus órdenes. Que Aguirre considere a Zapatero un izquierdista trasnochado no nos dice nada de Zapatero, sino del grado de derechización de Aguirre. En todo caso, seguro que hoy su juicio sería otro, mucho más favorable al presidente. Que los diplomáticos de EEUU digan que Pakistán presta apoyo al terrorismo internacional no quiere decir más que que esa es la idea que barajan los diplomáticos de EEUU (y que consideran terrorismo internacional a unas organizaciones y no a las prácticas que ellos han defendido, por ejemplo, desde la embajada de Madrid). Y eso es revelador: nos dice cosas sobre EEUU, sobre sus relaciones con Pakistán, pero no necesariamente sobre Pakistán. Lo mismo sucede con esos espías cubanos que la embajada estadounidense percibía en Caracas: si un cable de la embajada cubana lo dijera, habría que creerlo, como una percepción; que lo asegure la embajada estadounidense no es ningún dato sobre la realidad.

Por lo mismo, los papeles no nos pueden hacer creer que eso es todo lo que hay. Es sólo lo que EEUU registra, lo que ve por sus ojos y le parece importante. Muchas cosas no habrán sido registradas porque tal o cual embajador lo haya considerado normal, aunque sea una burrada inaceptable para cualquier demócrata. Porque no parece que los escrúpulos propios de un demócrata estén anotados en ninguno de los cables.

Desde algunos ámbitos de la izquierda se está poniendo en duda el interés de las revelaciones (especialmente, todo sea dicho, hasta que conocimos la basura moral en la que han nadado nuestras instituciones al amparo de crímenes made in USA). Se aporta para ello el escaso daño que de hecho está sufriendo Estados Unidos, salvo en su imagen (teñida irreversiblemente de chapuza y mafia), que ya podíamos intuir casi todo lo que estamos viendo y que Wikileaks se esté apoyando para la difusión en medios tan poco tendentes a oponerse a las estructuras de poder como New York Times, Le Monde, El País, Der Spiegel y The Guardian.

Desconozco las razones que han movido a Wikileaks a entregar los papeles a esos medios en concreto y no otros o hacerlo directamente, pero me puedo imaginar algunas. Supongo que habrá sido un conjunto de razones de infraestructura (especialmente dados los ciberataques sufridos por Wikileaks.org), necesidad de impacto y uso de esos medios tan del sistema como parachoques. No es ninguna insensatez pensar que sin intermediarios como los citados la voluntad dictatorial de las fiscalías estadounidense y australiana (que ya están viendo cómo acabar con Wikileaks por la vía penal) o de esos congresistas republicanos que quieren meter a Wikileaks en la lista de organizaciones terroristas ya habrían conseguido aislar a Wikilekas. Para esos ámbitos antidemocráticos es mucho más difícil acabar con quien está usando como intermediarios a periódicos tan insertados en el sistema. El único problema es el de esa autocensura a la que se están sometiendo de forma coordinada, pero eso lo solventaría Wikileaks poniendo en circulación aquellos documentos cuya autocensura fuera injustificable: la importancia de lo que han sacado hasta ahora pudiendo no haber sacado nada merece un voto de confianza. Hoy no sabemos qué esconde esa autocensura: en cualquier caso serán cosas que tampoco habríamos sabido si no se hubiera publicado nada.

En España podemos ver qué poco favorece al stablishment la difusión de esos papeles en el hecho de que todos esos medios, partidos y organizaciones de derechas que han auspiciado todo tipo de persecución contra Conde-Pumpido ayer miraban hacia otro lado como si no se hubieran enterado de nada. Porque esas revelaciones jugaban con el fuego que quema a la justicia para que los poderosos sean pesados en balanzas hechas a medida.

Mañana espero escribir al respecto, pero creo que nos equivocamos si infravaloramos la importancia que los papeles filtrados por Wikileaks están teniendo como deslegitimación de las prácticas mafiosas que son estructurales en la configuración del poder político. Pero la clave es lo que declaraba ayer Noam Chomsky: estos papeles están evidenciando “un profundo odio a la democracia por parte de nuestros líderes políticos”: ellos mismos lo dejaron escrito.

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