Blog de Hugo Martínez Abarca

Categoría: Asamblea de Madrid 2015-2019 (Página 1 de 3)

Cifuentes viene a vernos

Dentro de dos semanas se cumple un año desde que Cristina Cifuentes se enteró de que la habían pillado en lo del máster. Los demás nos enteramos al día siguiente, el 21 de marzo de 2018. Cristina Cifuentes se agarró de forma patológica a una mentira que se caía a cachos pero sobre la que escalaba con nuevas mentiras cada vez más disparatadas.

En el mes y pico que pasó desde el 21 de marzo de 2018 hasta la dimisión de Cristina Cifuentes desarrollé una fascinación por el personaje. La interpretación de sus mentiras era absolutamente convincente. No las mentiras, que eran obvias y tardaban cinco minutos en desmontarse, no: lo convincente era su interpretación. Absolutamente fascinante: nunca he descartado del todo que ella realmente se creyera que había hecho el máster, los trabajos, que un día fue a leer un trabajo de fin de máster, que lo perdió en una mudanza… Aunque todo eso no llegara a suceder jamás ella lo contaba con la convicción de quien está segura de que se le aparece la virgen en El Escorial tras una hora mirando al Sol.

Una noche estaba hablando con unos amigos y les comentaba esta fascinación: cómo Cifuentes interpretaba con entusiasmo insuperable una historia fantástica, cómo forzaba a todos sus diputados y consejeros a hacer como que creían la nueva versión que sustituía a la del día anterior, desmontada inmediatamente. Y recordé esa vieja leyenda urbana que llevaba circulando por Madrid desde hacía muchos años. «Por primera vez, me creo eso de que es cleptómana: me recuerda a Chus Lampreave en Bajarse al moro, que explicaba absolutamente convencida que no había robado las decenas de baberos, mecheros, etc que llevaba en el bolso sino que los había comprado en una oferta buenísima porque los necesitaba». Recuerdo esa conversación porque a la mañana siguiente la cloacaweb, OKDiario, publicó el vídeo de las cremas que el PP había conservado durante años hasta que lo sacó para hacer dimitir a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y machacar a la persona Cristina Cifuentes.

Al día siguiente ella dimitió y yo dejé de seguir a Cristina Cifuentes en redes sociales, algo irrelevante pero con lo que pretendía decirme que políticamente Cifuentes ya era irrelevante y personalmente ya sólo era una persona que necesitaba ayuda.

Cuando la semana pasada se supo que la fiscalía pide tres años y tres meses de cárcel por la falsificación del acta que exhibió (el resto de delitos ha quedado impune por culpa del Supremo), la actual candidata del PP a la Comunidad de Madrid usó el asesinato de un niño para mentir en una comparación asquerosa, pero dijo una cosa que era verdad: que Cifuentes había sufrido un ataque personal brutal. No puede calificarse de otra manera la conservación durante años de ese vídeo para sacarlo en el momento de hundir a la persona. Pero ese ataque mafioso lo hizo el partido por el que Isabel Díaz Ayuso es candidata a través de la web en la que ayer inició ella un video blog: extraña solidaridad con su amiga.

Hoy viene Cifuentes a la Asamblea de Madrid a responder sobre el Caso Máster. No era nuestra prioridad. Nosotros queríamos traer a Pablo Casado porque es el único de este grupo de jetas que no ha abandonado la política. Pero el chalaneo entre PP y PSOE nos ha impedido (algún día se sabrá a cambio de qué) investigar como merece un caso que ha hecho polvo el prestigio de nuestra Universidad, que exhibe el ataque desde la política a la autonomía universitaria y que es una faceta cutre de la corrupción y la sensación de impunidad que ha regido en la política madrileña. De ahí emerge Pablo Casado, a quien sólo su aforamiento, una interpretación jurídica sui generis del Supremo (que no ha desmentido el auto judicial que evidencia que él hizo trampas exactamente igual que Cifuentes salvo en la exhibición del acta) y la complicidad del PSOE, mantienen alejado de la responsabilidad por su fraude.

Al PP y al PSOE no les importaba traer sólo un juguete roto al que seguir sacudiendo, pero han decidido salvar al fraude con patas que preside el Partido Popular.

Cifuentes merecería solidaridad humana una vez se aclare y responda por el fraude en el que participó, del que se benefició. Pero se hace un poco cuesta arriba cuando a día de hoy no ha retirado su querella contra los periodistas que hicieron su trabajo destapando el fraude cometido por la presidenta autonómica. Cristina Cifuentes sigue pidiendo hoy la condena para los periodistas por delitos que suponen cinco años de cárcel.

Cremas, mentiras y cintas de vídeo

En no pocas conversaciones ayer aparecía una cierta empatía con Cristina Cifuentes. El vídeo en el que aparece siendo registrada por haber robado unas cremas no es una denuncia política sino una humillación personal en el contexto de una guerra de bandas mafiosas (a las que Cristina Cifuentes pertenece desde hace décadas). Cristina Cifuentes merece una despiadada oposición política porque ha participado como protagonista y apologeta de todas las estafas y vulneraciones de derechos humanos que ha vivido la Comunidad de Madrid, todas las mentiras, los fraudes y las complicidades. Políticamente representa todo lo que hay que expulsar de las instituciones democráticas.

Cifuentes no debía haber sido investida presidenta. Y ha habido un puñado de veces en las que tenía que haber cesado. La última, insostenible, a raíz del caso del Máster falsificado.

Pero el vídeo del robo en el supermercado es, en el peor de los casos, una bobada, una exhibición de inmadurez e idiotez (en el sentido de no saber en qué sociedad se vive); y en el menos malo de los casos es la concreción de un problema personal que sólo merece compasión.

Desde hace años se viene rumoreando que Cristina Cifuentes es cleptómana. Si es así Cristina Cifuentes ha tenido un problema personal, como el de quien ha sido alcohólico, ludópata o el de quien tiene mal un riñón o la vista. Si fuera real ese problema o alguno de esa índole y no lo hubiera superado parece evidente que es un problema incompatible con las funciones que ha desempeñado en estos años, pero en eso no tiene la responsabilidad ella (que sería irresponsable por el propio problema personal que tuviera) sino quienes sabiéndolo la usaron para ponerla en esos cargos. Los mismos que, para más inri, han demostrado la catadura moral de la mafia guardándose los vídeos como instrumento de chantaje para destrozar personalmente a Cifuentes cuando les viniera bien matarla políticamente. Por cierto: si ese rumor lo conocía medio Madrid, obviamente lo conocía todo el PP; y si es cierto que Ignacio González exhibía pantallazos de éste u otros vídeos, obviamente todo el PP sabía que no sólo era un rumor, que era verdad: incluida aquella persona que Rajoy designe y Ciudadanos vote para seguir manchando la Comunidad de Madrid.

Toda la oposición conocíamos el rumor de la cleptomanía de Cifuentes. Y nunca lo usamos. Conocíamos otros rumores sobre Cifuentes. Y nunca los hemos usado. Conocemos otros «rumores» sobre Cifuentes. Y no los usaremos. Porque no somos mafiosos, porque somos seres humanos, porque hasta a veces algunos intentamos ser buenas personas. Porque no somos como ellos.

Y lo mismo sucede con otros cargos del PP, no sólo con Cifuentes. No es el único caso personal o de una gravedad tal que no usaríamos sin saber en qué consiste realmente incluyendo acusaciones de acoso, por ejemplo, que nunca hemos querido usar políticamente sin estar seguros de qué había detrás realmente.

Cifuentes no merece el ataque personal, la destrucción personal. Merece la expulsión de la vida pública, nada más, desde hace tiempo.

Cifuentes ha practicado desde el principio el ataque personal, la destrucción personal. Es el método del PP de Madrid. Cifuentes lo ha usado y lo ha mandado usar.

La legislatura comenzó con una persecución contra Manuela Carmena por haber escogido para sus vacaciones familiares un chalet alquilado legalmente. El PP de Cifuentes usó aquella gilipollez para atacar a la recién nombrada alcaldesa y Cifuentes elevó la estupidez presumiendo de que en cambio ella no se tomaba vacaciones. El PP de Cifuentes ha usado las mentiras publicadas en las webs que publican las mentiras dictadas de sus cloacas para intentar destruir personalmente a compañeros: «pederastas, terroristas, narcotraficantes». Todo ha valido para destruir a quien fuera. Desde acusar a alguien de lo que hubiera hecho su padre a acusar a un diputado de Podemos de llevar a su hijo al cole en coche (esto ha sucedido, en serio) difundiendo, por cierto, el número de su matrícula. O rescatar tuits antiguos de concejales para intentar destruirlos y ubicarlos en el ámbito moral antagónico al que saben que pertenece.

Todo ataque personal que han podido hacer lo han hecho sin límite moral ni de intensidad alguno.

No sólo es una evidencia que el PP es una mafia con sus guerras internas. Es que además han demostrado hacer política con las artes de las malas personas que no tienen ningún límite y que prefieren la destrucción personal al conflicto cívico y democrático.

Cifuentes merecía la expulsión de la vida política. Pero ni Cifuentes ni ningún ser humano merece ser víctima de los métodos de agresión humana que ha practicado Cifuentes y su partido.

Cifuentes no merece ninguna compasión por la expulsión de la vida política. Sí la merece por la destrucción personal. Como la merecen todas las víctimas de la destrucción personal que han intentado durante años Cristina Cifuentes y quienes la aplaudieron antes de destruirla.

 

La «unidad contra el terrorismo» y los hipócritas

¿No es un poco sorprendente que nadie haya pedido al Ayuntamiento de Madrid una pancarta en homenaje a las víctimas del terrorismo de Barcelona y Cambrils? Hace apenas mes y medio era el anatema que probaba una suerte de complicidad con el crimen, pero no por el asesinato actual de 16 personas sino por el 20º aniversario de otro crimen que también nos conmovió a los españoles, el de Miguel Ángel Blanco.

No, no resulta sorprendente porque lo que entonces hizo buena parte de nuestra derecha y de su pesebre mediático fue jugar con los sentimientos humanitarios de quienes se resquebrajan cuando unos seres humanos asesinan a otros. Jugar a canalizar esos buenos sentimientos para aprovecharlos construyendo odio contra inocentes, en ese caso contra Manuela Carmena, Ahora Madrid y Podemos.

Yo no estuve en la manifestación de Barcelona de ayer, estaba en Madrid. Sí estuve en la concentración convocada por el Ayuntamiento de Madrid en julio en recuerdo de Miguel Ángel Blanco y de todas las víctimas del terrorismo. La derecha política y su pesebre mediático llevaban varios días organizando una campaña de odio contra Manuela Carmena, Ahora Madrid y Podemos. Yo llegué un poco antes con la tranquilidad de ser una persona básicamente desconocida. Mientras esperaba pude escuchar un grupito de señores y señoras que explicaban a qué habían ido: «Voy a llamarla ¡sectaria! que es lo que han dicho en la radio que es. Eso es ¡una sectaria! ¡sectaria! ¡sectaria! ¡sectaria!». Quien sí me reconoció fue un tipo que cobra de una página web de las cloacas. Cámara en mano me persiguió, alentó a que ese grupito me dijera lo que tuviera a bien y me explicó que los de Podemos defendíamos el asesinato de Miguel Ángel Blanco y que éramos unos miserables, que «la gente» (en referencia a ese grupito) nos lo estaba diciendo. Hablé educadamente con él un minuto, le dije que una vez aclaradas sus mentiras no iba a hablar más con él y me persiguió impidiéndome hablar con quien quisiera hasta que el personal del Ayuntamiento me recomendó meterme dentro del edificio y salí con el resto de concejales, diputados, trabajadores municipales, etc que allí fueron.

Ayer el dueño de la web que paga a ese tipo aparecía en televisión muy triste porque en Barcelona se hubiera «politizado» el dolor causado por el terrorismo, hoy su web está cargada de ira contra quienes además de rechazar el terrorismo criticaron y abuchearon a cargos políticos.

Hace falta ser hipócrita. No sólo el dueño de esa página web, un simple mercenario (muy bien pagado, pero nada más decente que un mercenario). También cuantos alentaron aquella campaña de hace sólo mes y medio y ahora se escandalizan. Y también quienes no explicaron que la derecha política y su pesebre mediático estaban manoseando el dolor y el recuerdo emocionado de la gente buena para lanzar una campaña vil y mezquina contra personas y grupos políticos que siempre se opusieron a aquel crimen y a cualquier otro. Hace mes y medio nadie denunció el «boicot» de la derecha a los homenajes de Miguel Ángel Blanco, no había una defensa del PP «por encima» de Miguel Ángel Blanco, no fue una afrenta de nadie. Hace mes y medio había una «polémica».

Aquél grupito de personas que fueron a los actos por Miguel Ángel Blanco a abuchear cuando hablaban Rita Maestre y Manuela Carmena estaban equivocados y manipulados. No existe absolutamente ningún motivo para que Rita Maestre ni Manuela Carmena reciban reproche alguno en memoria de Miguel Ángel Blanco. Que nadie se haya siquiera acordado de la posibilidad de una pancarta en el Ayuntamiento muestra lo artificialmente que se creó la campaña de odio. Pero reconozco, claro que sí y en ningún momento he dejado de hacerlo, el derecho de aquellos ciudadanos a criticar, incluso sin llevar razón, incluso en circunstancias dolorosas y sensibles, a sus cargos públicos. Que nos tocara a algunos va en el cargo; otras veces nos emocionan reconocimientos también excesivos.

Lo que no fue decente entonces fue la campaña mezquina y manipuladora de esos mismos cargos políticos y medios de comunicación serviles que hoy se hacen los escandalizados porque en Barcelona hubiera gente que entendiera que en la manifestación de ayer se debía criticar, además, a quien tiene unas relaciones cómplices con dictaduras responsables del auge del terrorismo yihadista. Personalmente creo que no lo habría hecho, desde luego no en mi condición actual de diputado autonómico, pero es una opción legítima. Incluso si fuera errónea.

La que no es una opción legítima es haber estado hace mes y medio alentando o al menos condescendiendo con la conversión de un homenaje a Miguel Ángel Blanco en una campaña de furia y manipulación contra Manuela Carmena, Ahora Madrid y Podemos, que ni tienen ni han tenido nada que ver con aquel crimen salvo la denuncia de todos los crímenes como aquel, y ahora llevarse las manos a la cabeza porque creen que ellos no pueden ser abucheados, porque a ellos no se les puede toser o porque cuando es a ellos a quienes se dirigen las miradas la «unidad contra el terrorismo» pasa, esta vez, por el silencio o por repetir los lemas que ellos decidan que hay que corear.

Esa hipocresía es de una indecencia moral mayúscula. A otro perro con ese hueso.

La indignidad del PP contra las víctimas

Hace unos meses hubo en la Asamblea de Madrid un debate sobre la posibilidad de poner una placa que recordara a los miles de personas que habían sido secuestradas, torturadas e incluso asesinadas en la actual sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, la Puerta del Sol, antigua Dirección General de Seguridad franquista. Entre el público había varias personas que habían sufrido allí las prácticas sistemáticas de la dictadura contra la libertad política y también la libertad y diversidad sexual, religiosa… Pocas semanas antes parecía haber acuerdo entre los cuatro grupos pero personalmente Cristina Cifuentes ordenó que no se aprobara y así sucedió. Nuestro intento fue siempre que tal placa se pusiera no como reclamo electoral para insultar a un partido actual sino como reconocimiento de consenso entre los cuatro grupos a todas las víctimas de la dictadura genocida que sufrieron nuestros padres, abuelos, nuestros vecinos, amigos, compañeros… para concienciar a nuestros hijos y nietos de lo que nunca debe volver a ocurrir en este país.

Ayer el Partido Popular hizo un homenaje a Miguel Ángel Blanco. Sería absolutamente razonable que el Partido Popular tenga en Miguel Ángel Blanco a un pilar moral cuyo asesinato fue una de las mayores crueldades que se recuerdan y por ello es más que comprensible un homenaje de su partido. Es un pilar moral para toda la sociedad española, cuánto más para el partido al que pertenecía y cuyos militantes vascos se jugaban la vida por pertenecer a él. Que una partida de sinvergüenzas usara los homenajes a Miguel Ángel Blanco para robar a toda España debería abochornar en primerísimo lugar a quienes más doliera su asesinato y por tanto a sus compañeros de partido. Estoy seguro de que eso sucede con las personas honradas que tiene que haber en el PP.

A los diputados de la Asamblea de Madrid no se nos ha convocado a ningún homenaje de la Comunidad de Madrid a Miguel Ángel Blanco en concreto, así que supongo que no lo hay. Ni en la Puerta del Sol, ni en la fachada de ninguna consejería de la Comunidad de Madrid, ni en el Congreso de los Diputados… ni en ninguna de las instituciones con sede en Madrid que gobierna el Partido Popular se ha desplegado pancarta alguna sobre Miguel Ángel Blanco. Pero dirigentes del PP han decidido volver a usar el dolor de todo un país y la solidaridad con las víctimas del terrorismo para sus fines miserables e intentar situar al Ayuntamiento de Madrid como ambiguo frente al crimen por hacer exactamente lo mismo que las instituciones gobernadas por el PP hacen con ese mismo crimen.

La desvergüenza con la que el PP ha manoseado tantos crímenes, mintiendo sobre el 11-M el mismo día en que iban al banco a blanquear dinero ilegal, usando actos de homenajes a víctimas del terrorismo para financiar el partido en B, usando cada crimen para señalar como cómplice a cualquiera que, por mucho que se opusiera al crimen, no compartiera los dictados políticos del PP… Ahora la usan para arrogarse una exclusividad en el dolor que en realidad es sólo la exclusividad en la inmoralidad.

Aquella propuesta nuestra para que Madrid honrara a las víctimas de la DGS se retrasó varios meses. Los portavoces del PP y de Ciudadanos saben bien por qué: estuvimos meses intentando que se sumaran, que fuera un reconocimiento de las instituciones madrileñas a los suyos, a las personas que defendieron la democracia de este país heroicamente frente a una dictadura genocida; y haremos lo mismo en la búsqueda de la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición de otros crímenes en otros contextos.

Porque hay quien honra a las víctimas defendiendo sus derechos y hay quien sólo busca cómo aprovecharse de ellas y jugar con el dolor profundo de un país. Hay demócratas decentes defensores de los derechos humanos y hay quien rebaja la política a vilezas ruines. No merecemos un país ni una Comunidad que hunda sus instituciones al nivel moral de estos últimos.

Cuatro preguntas para Cristina Cifuentes

Ayer Cristina Cifuentes siguió el manual de todos los dirigentes del Partido Popular que han sido señalados por haber participado en el saqueo de nuestras instituciones. Siguiendo el patrón de Rajoy, compareció sin aceptar preguntas; siguiendo el patrón de todos sus compañeros lo negó todo tajantemente; siguiendo el patrón de Esperanza Aguirre explicó que ella es pobre de solemnidad (algo sorprendente con sus sueldos pero, en todo caso, irrelevante dado que nadie le acusa de haberse lucrado ella sino de haber participado en la financiación ilegal del PP); y, siguiendo el patrón de Ignacio González, amenazó a quien hiciera suyas las afirmaciones de la Guardia Civil sobre la adjudicación a Arturo Fernández de la cafetería de la Asamblea de Madrid.

Son ya tantos años escuchando idéntica contundencia y solemnidad que ya no impresionan a nadie, así que lejos de amilanarnos lo que toca es hacer algunas preguntas:

1.- ¿Estaba en la mesa de adjudicación y en el comité de expertos? ¿Sí o no?

Cifuentes se escuda en que la adjudicación de la cafetería se dio por unanimidad de todos los partidos políticos. Y eso es cierto en la mesa de adjudicación a la que ella pertenecía. Pero la mesa de adjudicación lo que hace es ratificar la propuesta de un comité de expertos. Esto es bastante razonable porque los miembros de la Mesa de la Asamblea no tienen capacidad humana de examinar cada contrato; de la misma forma que un alcalde o concejal suele atenerse a lo que le propone su interventor.

El problema está en que, según la Guardia Civil, en ese comité de expertos también estaba ella. Y eso es ilegal según el artículo 150 de la Ley de Contratos del Sector Público que dice que «deberá constituirse un comité que cuente con un mínimo de tres miembros, formado por expertos no integrados en el órgano proponente del contrato y con cualificación apropiada»: NO INTEGRADOS en el órgano proponente, que era la mesa de adjudicación. Es decir, si la respuesta a esta pregunta es Sí (sí estaba tanto en la mesa de adjudicación como en la mesa de expertos) no cabe ninguna duda: hubo una ilegalidad.

Que tal ilegalidad sea delito o que en determinada fase de la instrucción el juez se centre en otras investigaciones no quita un ápice a la evidencia de ilegalidad, por lo que es urgente que conteste Cristina Cifuentes sí o no a esta pregunta que no es, como dice Cifuentes, un «juicio de valor» sino un hecho objetivo sin ambigüedad posible.

2.- ¿En calidad de qué estaba Cristina Cifuentes en la mesa de expertos?

Expertos con cualificación adecuada. Además de no pertenecer a la mesa de adjudicación esos son los requisitos (obvios) para ser miembro de la mesa de expertos que cita la Ley. ¿En calidad de  qué se consideró a Cristina Cifuentes experta y adecuadamente cualificada para examinar y proponer las ofertas al concurso? La Ley cifra en un mínimo de tres expertos en este tipo de comité. Por alguna razón se decidió que en este hubiera cuatro. Y de ellos tres eran funcionarios (a los que ya ha interrogado la UCO) y solo una era un cargo político: Cristina Cifuentes. No había ningún otro ni de ningún otro partido político. Y su cargo político no era menor ni único: además de vicepresidenta de la Asamblea de Madrid (que iba a adjudicar a Arturo Fernández la cafetería), era patrona de Fundescam (a la que Arturo Fernández hacía donaciones económicas) y responsable de campaña electoral del PP-Madrid (campañas que se financiaban con ese dinero donado a Fundescam).

No sólo resulta difícil argumentar el carácter de experta y cualificada de Cristina Cifuentes para ese puesto sino que es más que razonable pensar que incluso aunque lo fuera no resulta muy edificante que, con sus cargos en el PP, formara parte de ese órgano.

¿Por qué tanto empeño en que alguien como Cristina Cifuentes estuviera en todo el proceso de adjudicación contraviniendo incluso la ley para ello?

3.- ¿Conocía Cristina Cifuentes el presupuesto de la campaña electoral en la que tenía responsabilidad?

Cristina Cifuentes tenía mando en las campañas electorales del PP de Madrid en tanto que responsable de movilización territorial del partido: es la razón que en conversaciones grabadas a los hermanos Pablo e Ignacio González tenían para entender que Cifuentes se atara a Jaime González Taboada. El tesorero del PP de Madrid era Carlos Izquierdo, actual consejero del gobierno de Cifuentes y responsable de organización del PP-Madrid de Cifuentes. ¿Ella era responsable de una campaña financiada ilegalmente, que contaba con muchísimo más dinero que sus competidores y no se enteraba de nada? ¿En que la diferencia eso de Esperanza Aguirre que acaba de dimitir por no enterarse de todo lo que se robaba bajo su responsabilidad? ¿Para qué sirve un tesorero en el PP de Madrid si carece de responsabilidad política sobre las finanzas del PP de Madrid?

4.- Si se querella contra quien informe de posibles irregularidades ¿quién lo pagará?

La amenaza de Cristina Cifuentes de emprender «acciones legales» contra quien «ponga en duda su honradez» no es nueva. Cuando la Cadena SER informó de las grabaciones a Ignacio González portando bolsas en Colombia de contenido dudoso, Ignacio González se querelló contra Pilar Velasco. Cuando el diario Público informó de numerosas irregularidades sobre Ignacio González, éste se querelló contra Manuel Rico, Ignacio Escolar, Félix Monteira y Jesús Maraña. En ambos casos la justicia archivó las querellas, pero a Ignacio González le permitió hacer pasar un mal rato a los periodistas que habían hecho su trabajo. En ambos casos Ignacio González usó los abogados y recursos económicos de la Comunidad de Madrid, llegando al bochorno de que en el segundo de los casos la justicia le obligó a pagarse su defensa de su bolsillo. Hace unas semanas registré una petición (que tendrá que votar el PP) para que Ignacio González devuelva el dinero público que usó para tales amenazas.

¿Seguirá Cifuentes el ejemplo completo de Ignacio González o al menos se pagará de su bolsillo las querellas contra quien investigue, informe y ponga en duda lo que le venga en gana?

Que Cifuentes denunció ¿qué?

Durante las primeras horas de la Operación Lezo contra una década de saqueo de la Comunidad de Madrid Cifuentes consiguió dirigir la representación mediática. Daba igual que la Audiencia Nacional explicase que todo había arrancado en 2015: nos contaban en tertulias y columnas que el origen había sido un escrito de 2016 de Cifuentes que nadie conoce.

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El culto a la personalidad

En Madrid, el Parque de Valdebebas va a recuperar su nombre por decisión de todos los vecinos de su distrito que quisieron votar. Hoy, en el Pleno de la Asamblea, mi compañero Pablo Padilla propondrá que el Hospital del Sur, en Parla, también recupere su nombre en vez de Hospital Infanta Cristina, como lo bautizó Esperanza Aguirre cuando se obsesionó en dar nombre regio a los hospitales de los que se llevaba un pico de dinero para el partido.

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Una mentira transparente

Ayer el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid se dedicó a evidenciar su desparpajo en Twitter. Los diputados ya lo conocemos bien (¡qué buenos ratos pasamos con él hasta que recordamos que gestiona nuestra sanidad!) pero gracias a Twitter los madrileños no se privan de este placer.

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