Blog de Hugo Martínez Abarca

Categoría: Economía-Trabajo (Página 1 de 17)

¿Brecha generacional? Pues claro

Hace unos días «ardieron las redes«. El titular de una entrevista promocional del libro de Analía Plaza, La vida cañón, hacía ver que los boomers (las personas nacidas entre 1957 y 1970, según explica ella en el artículo) estarían viviendo de lujo. Y se armó la gran bola de nieve sobre la que algunos (pocos) intentaron argumentar y la gran mayoría se lanzó al insulto personal y frecuentemente machista contra la autora: nada que no se esté fomentando por los magnates de la comunicación trumpistas.

De alguna forma tras el titular se intuye como una causa de que los jóvenes actuales normales tengan una imposibilidad manifiesta de alcanzar unas condiciones de vida razonablemente dignas sin tener que irse de sus ciudades. Y si no es una causa, al menos presenta una comparación que se percibe como injusta.

Hay una obviedad previa: ninguna generalización sociológica es universal. Por supuesto existen muchísimas personas mayores que no se están pegando ninguna vida cañón ni nada que remotamente se le parezca. Por el otro lado, también hay jóvenes, muchos menos, que no van a tener el menor problema económico en su vida: la mayoría de ellos estará convencida de que es gracias a su talento cuando en realidad es casi siempre gracias a su herencia.

Pero más allá de eso, es innegable que las políticas públicas que hubo entre los primeros años 70 y la crisis de los 2010 (y según dónde, todavía ahora) han causado un grave deterioro de las condiciones que permitían un inicio digno y hasta seguro a la adultez.

Hay tres ejemplos evidentes y muy claros. Es evidente que la conversión de la vivienda en un bien especulativo ha ido dificultando el acceso a la misma hasta hacerlo imposible para los más jóvenes; es evidente que hace décadas un puesto de trabajo era una razonable garantía de estabilidad y que las sucesivas reformas laborales del PSOE y del PP (hasta el cambio de rumbo histórico que supuso la exitosa reforma de Yolanda Díaz) fueron convirtiendo el puesto de trabajo en una mera conquista de supervivencia coyuntural; es evidente incluso que en lugares como la Comunidad de Madrid la educación universitaria ha pasado de ser accesible (¡hasta llegaron a inventarse el oxímoron «sobrecualificados«) a la situación actual en la que el abandono de la universidad pública hace que sólo se alcance con notas extraordinarias o con rentas familiares que permitan acceder a la (mucho peor) universidad privada.

Pero igual de obvio que el deterioro de las condiciones de vida de la juventud actual es que éste se está usando precisamente para seguir deteriorando sus condiciones. «¡Mira qué mal viven los jóvenes y qué altas son las pensiones de los viejos!«, aúllan. Hoy mismo, una web de la derecha ayusista defiende que el fin de las pensiones garantizadas (es decir, públicas) es el futuro de Europa. ¿Alguien se cree que le van a rebajar la pensión a los actuales pensionistas? La propaganda anti pensiones de la derecha lo que busca es deteriorar las pensiones futuras para que quien pueda tenga la obligación de hacerse un plan de pensiones privado. Es lo que llevan intentando cincuenta años: y a quien quieren perjudicar no es a los actuales pensionistas sino a los actuales jóvenes.

No hay que negar la brecha generacional sino revertirla. Y revertirla no significa que los mayores estén igual de jodidos que los jóvenes sino que los jóvenes puedan disfrutar de una vida razonablemente cañón. Legislar para que sea imposible convertir la vivienda en un bien especulativo, que las viviendas de las ciudades sean para que vivan sus ciudadanos, no para que se forren cuatro fondos buitre… que el precio de la vivienda esté tan regulado como el de otros bienes esenciales que están garantizados; que se profundice en la conquista de derechos laborales y sociales que se ha producido con los gobiernos progresistas de coalición; que se recupere la educación pública como una conquista social irrenunciable… ¡Y garantizar que los jóvenes actuales tendrán pensiones mucho más dignas de las que tienen sus abuelos! ¡Y que tengan un planeta habitable! ¡Y que las condiciones de vida que entre los boomers sólo estaban garantizadas para los hombres no distingan ahora entre hombres y mujeres! ¡Y mil conquistas más que los boomers no pudieron ni soñar y a las que las derechas siempre se opondrán!

Negar la brecha generacional no sólo es negar la realidad. Además es suicida en términos políticos dar la espalda a esos jóvenes negando que estén en una situación absolutamente inadmisible. Y, sobre todo, es ridículo que precisamente la izquierda no señale el rotundo fracaso de las políticas neoliberales que se generalizaron en los 70 y 80 (poniendo fin al bienestar de las socialdemocracias europeas de los 50-60), que estallaron en la gran crisis de los años 2008-2012 y que han generado este inmenso deterioro de las condiciones de vida con las que se salía a la edad adulta.

Claro que existe brecha generacional. Claro que los jóvenes actuales tienen en general unas condiciones de vida inadmisibles. ¿Cómo vamos a negarlo quienes nos opusimos a las políticas que nos han traído este deterioro?

Por supuesto que la situación de la juventud actual es inadmisible y por eso hay que frenar a quienes ayudan a los fondos buitre, a quienes defienden que el salario mínimo es excesivo, a quienes defienden que la destrucción del planeta, que sufrirán los jóvenes, no es para tanto, a quienes se oponen a cada avance de las mujeres y de cada persona que no viva de acuerdo con el esquema familiar y vital que se le imponía a nuestros abuelos, a quienes atacan la universidad para que los jóvenes actuales sólo puedan estudiar si tienen pasta para ello…

¿De verdad alguien va a permitir a los ultras que simulen defender a los jóvenes como decían defender a los trabajadores cuando arrasaron sus condiciones de vida?

Sospechosos habituales

La propuesta de Mónica García para que los trabajadores puedan declarar responsablemente la baja laboral los tres primeros días de gripe o similar es tan obvia que lo que llama la atención es que aún no estuviera en marcha y que genere alguna sorpresa. Es obvia porque beneficia a todas las partes: al trabajador porque no depende de una visita prescindible al médico (no va en busca de una atención sanitaria sino de un papel burocrático), al sistema público de salud, que necesita más personal sanitario (muy especialmente en Madrid, lo sabemos bien) pero para curar enfermos, no para rellenar papeles innecesarios, y a los empresarios responsables que quieran evitar focos de contagio en sus centros de trabajo.

Existen multitud de circunstancias en las que las declaraciones responsables evitan que la realidad se paralice hasta que la Administración la compruebe. En la realización de obras, apertura de negocios, incluso en las demandas para desahucios de viviendas…

En septiembre fue conocido el colapso de las becas comedor en la Comunidad de Madrid, que no se conceden hasta que la administración madrileña comprueba que es real cada papel que justifica que la familia necesita la beca para que sus hijos coman en el cole: la consejería era incapaz de tramitarlas y las familias no sabían si las iban a tener o no (estamos hablando de 100€ al mes por niño: no era ninguna broma). Esto se habría solucionado de un plumazo si se admitieran las declaraciones responsables por las cuales a las familias que declaren cumplir los requisitos se les dé la beca y si después se comprueba que han engañado devuelven la beca y pagan las consecuencias del engaño (como sucede con cualquier declaración responsable). Pero ni se les ocurre que una beca también pueda facilitarse confiando en que, en general, quien la solicita no miente.

¿Por qué nunca hay «declaraciones responsables» para presumir el cumplimiento de los requisitos de becas, ayudas, subvenciones, rentas mínimas… para las personas con menos ingresos? ¿Por qué nos llama la atención que la comunicación responsable del trabajador baste para que pueda cogerse una baja cuando está enfermo?

Porque buena parte del aparato burocrático se basa en la desconfianza del de abajo (que precisamente es quien más dificultad tiene en el acceso a la administración). La declaración responsable es para el «emprendendor», para la economía emergente. Pero el de abajo es sospechoso. ¿cómo le vamos a dar una beca por una declaración responsable? ¿cómo le vamos a permitir que, si comunica que está enfermo, aceptemos que está enfermo?

¿Habrá jetas que se escaqueen del trabajo inventándose enfermedades? Seguro. ¿Habría estafadores que comuniquen datos económicos falsos para obtener una beca a la que no tienen derecho? ¡Pues claro! Y si le pillan después, le saldrá caro. Del mismo modo que es una obviedad que hay gente que miente en sus declaraciones responsables para legalizar una obra u obtener una licencia municipal. ¿Por qué éstos nos merecen menos sospechas? O peor aún, ¿por qué nos parece menos grave que se nos cuele un engaño de estos últimos que conceder una beca o una baja de tres días a quien no se la merece? ¿Es peor retrasar cien licencias de negocios para evitar que la obtenga un mentiroso que colapsar la sanidad o hacer fracasar medidas sociales para evitar que un jeta entre cien se quede en casa u obtenga una beca?

¿O es que sospechamos más de los de abajo? No será eso, ¿verdad?

Los presupuestos ya no son lo que eran

Hasta hace poco la votación de los presupuestos era la votación más importante que había cada año. No sólo se aprobaban las cuentas sino que, con los presupuestos, se revalidaba o se negaba la confianza en el gobierno: pasaba con el gobierno estatal pero también con los gobiernos autonómicos y municipales. Un gobierno que aprobaba sus presupuestos podía respirar tranquilo un año; un gobierno que no conseguía aprobar sus presupuestos entraba en una crisis severísima y la convocatoria de elecciones era el paso inmediato.

Desde que en 2015 empezaron a desaparecer las mayorías cómodas en municipios, comunidades y finalmente en el Congreso de los Diputados las cosas ya no son así. Los presupuestos son importantísimos, sí, pero porque aprueban unas cuentas adaptadas al año que comienza (o incluso al año en curso muchas veces) pero ni garantizan ni tumban gobiernos, al menos no por sí solos. El ejemplo más evidente fue Mariano Rajoy, que no consiguió aprobar los presupuestos de 2018 durante el año 2017 sin que eso anunciara elecciones inminentes. Pero una semana después de conseguir aprobarlos, cayó por una moción de censura.

Especialmente mientras siga la crisis catalana (y no tiene pinta de que se resuelva pronto) el Parlamento español está condenado a la precariedad. Precisamente el nacionalismo catalán era el que garantizaba la estabilidad de los gobiernos españoles: era cuando llamábamos seny a la corrupción de los partidos de Pujol y Duran i Lleida en la que se apoyaban Felipe González y Aznar para obtener la mayoría que no tenían solos. Eso desapareció y durante unos años más bien tendremos partidos catalanes sometidos a vaivenes importantes mientras no se arregle política y penitenciariamente el conflicto catalán. Sólo la hidra aznarista (PP, Ciudadanos y Vox) parece que podrían llegar a sumar una mayoría estable en los próximos ciclos electorales.

Los Presupuestos no son lo que eran. El gobierno de Sánchez no estaría condenado a unas elecciones inmediatas si no consigue aprobar los Presupuestos. Pero precisamente por eso tiene poco sentido que ERC y PDCat actúen como si los Presupuestos fueran una especie de cuestión de confianza en el gobierno de Sánchez. Los Presupuestos hoy ni dan ni quitan la confianza al gobierno; los Presupuestos aprueban sólo las cuestiones materiales que se aplicarán a todos los ciudadanos que viven en España lo cual incluye, qué le van a hacer, a Cataluña.

Descargados de la carga simbólica, los PGE son, simplemente, los que permitirán aumentar el gasto en dependencia, la subida de las pensiones y una mayor justicia fiscal, los que permitirán que el conjunto de la península ibérica le diga a Europa que hay otra política económica que no consiste asfixiar a sus ciudadanos. Es lo que permitirá romper con la política económica de Rajoy más allá de parches que troceen el presupuesto… y también tengan que aprobarse en el Congreso.

Claro que es importantísimo que se aprueben los presupuestos. Pero es mucho más importante para la ciudadanía que para el gobierno de Pedro Sánchez. Quizás por eso el gobierno de Pedro Sánchez esté haciendo tan pocos esfuerzos por lograr aprobarlos.

Por fin: el «populismo» que se puede tocar

«Un presupuesto populista» titula esta mañana El Mundo. ABC habla del «proyecto de socialistas y comunistas». «Populismo presupuestario» es la expresión de moda entre los medios del entorno del PP. Pablo Casado pone, qué sorpresa, la guinda: «estos presupuestos traerán hambre, como en Venezuela«. A falta de un examen más exhaustivo, sorprende que no nos explique nadie que son los presupuestos de la ETA. A ver si mañana.

Tras años de populismo penal (¡prisión permanente revisable!), populismo nacionalista (¡pon tu bandera en el balcón!) y mil formas de demagogia que nunca se llamaban «populismo» en esos mismos diarios, lo que ahora llaman populismo se puede tocar, va a mejorar la vida diaria de los españoles: aumenta el salario mínimo, se garantiza el poder adquisitivo de las pensiones, se recupera la sanidad, la investigación, se acota la burbuja del alquiler… Tras hacer el ridículo diciendo que le suben los impuestos a «la clase media y trabajadora» (a las personas que ganan más de 130.000 euros, cuando el salario más común en España está en 16.500 euros), PP, Ciudadanos y sus mariachis mediáticos han tenido que recurrir a los adjetivos menos imaginativos para atacar unos presupuestos que ayudarán a vivir mejor a la infinita mayoría de los españoles y exigirán arrimar el hombro a las grandes fortunas, las multinacionales, las grandes empresas y a la economía especulativa. Mientras, los impuestos bajarán para las pequeñas empresas y baja el IVA a productos como los de higiene femenina, veterinarios…

Es difícil convencer a la infinita mayoría de los españoles de que eso no es positivo. Y más difícil es atacar medidas concretas sin que sea demasiado evidente que se está sirviendo a los intereses de una pequeñísima minoría de millonarios.

Aunque los últimos cuarenta años hayan arrasado con un modelo más justo, el acuerdo se parece mucho a recuperar las políticas socialdemócratas que llevaron a Europa a sus mejores datos económicos y sociales en los años 50 y 60. No sólo son presupuestos viables, es que es el único camino viable: la política de recortes, las nuevas burbujas, la radicalización del modelo que nos había llevado a la crisis… vuelve a amenazar al mundo con otra crisis. España se acercó ayer a Portugal: el único país de Europa en el que se está logrando avanzar en bienestar material para todos y con ello saliendo de la crisis.

La política es esto. La política es pelear mucho por arrancar unas mejoras. Unas mejoras insuficientes, claro que sí, por supuesto que hay que seguir avanzando, pero también es evidente que no recordamos un giro presupuestario tan positivo como el que se plantea gracias a que tenemos el primer gobierno obligado a negociar con fuerzas que defienden mayores avances sociales y democráticos.

La política es lo que pedían las plazas, la política es lo que llaman populismo y comunismo quienes se creen que España está llena de salarios de 10.000 euros al mes. Esta sí es la política con la que da gusto arrimar el hombro. Recuperemos la política.

El antigobierno español contra Tsipras

El gobierno español está escenificando con insólita virulencia su oposición al gobierno griego de Tsipras. La cumbre de la mezquindad mentirosa la ha puesto Margallo (el jefe de la diplomacia, nada menos) diciendo que si no hubiéramos prestado a Grecia 26.000 millones habrían subido un 38% las pensiones de los españoles. Algo que además de canalla es falso: ni se han prestado 26.000 millones (20.000 millones son avales que no han supuesto depositar ni un euro español) ni en caso de tener 26.000 millones de más el gobierno español los usaría en pensiones sino en infraestructuras que cobrarían los constructores que a cambio dan sobres en Génova o a rescatar bancos, radiales y lo que haga falta. Por cierto, ¿alguien cree que a los bancos rescatados les vamos a pedir que devuelvan un euro? ¿acaso si lo devolvieran ese dinero valdría menos que los inventados 26.000 millones griegos?

Pero más allá de la mentira, el gobierno español (como el irlandés y el portugués) está actuando contra los intereses de España. Si Grecia consigue reestructurar su deuda se dará el primer paso para que los países cuya deuda nos ahoga podamos también reestructurar la nuestra y respirar. En esa situación sí que podríamos adecentar las pensiones y recuperar una cierta dignidad social. Para España es crucial transformar la crisis de deuda del Sur de Europa y hacerla viable. Por tanto nos va la vida en que Grecia se imponga y ojalá tuviéramos un gobierno que luchara igual por nosotros que lo hace el de Tsipras por su pueblo.

Ocurre que la agresividad del gobierno español contra el de Grecia no se hace en defensa de los intereses de España sino en defensa de los intereses de la oligarquía española: si a Grecia le sale bien, España podría tomar ejemplo y en noviembre votar gobiernos de cambio que dejen de estar sumisos a la troika, a los bancos alemanes y al poder financiero y constructor español. Eso supondría el final del gobierno del PP en primer lugar y sobre todo de los gobiernos que ponen a los pueblos de España al servicio de los poderosos.

A los españoles nos interesa, de qué manera, que Grecia gane esta batalla. Y el gobierno español está peleando en provecho propio y de sus jefes reales contra los intereses de su pueblo.

86 tarjetas

Vaya por delante que del saqueo de Cajamadrid-Bankia las tarjetas-saqueo son el detalle más obsceno, pero seguramente el menos relevante. Es a la vez causa y consecuencia natural de convertir una caja de ahorros cuyo fin es social en un banco privado, primero de facto y después de hecho.

Causa, porque la elevación estratosférica del nivel de vida de quienes tomaban las decisiones es siempre uno de los instrumentos para la cooptación: el problema no fue la politización de Cajamadrid sino su despolitización mediante la corrupción: por eso parecía dar igual el origen político, sindical o empresarial de cada consejero, no había disputas relevantes por la política de la caja, sólo por el reparto del botín.

Consecuencia porque nadie puede imaginar que esa práctica es aislada, que en las cúpulas de los grandes bancos privados, de las grandes constructoras, de ese gran capitalismo español que gobierna el país y reparte «donaciones» y sobres se vive con una austeridad monacal y unos inmensos escrúpulos a la hora de pagar con la tarjeta personal. Vivieron como dios porque en las altas esferas se vive como dios. Y ellos estaban en otro nivel: eran banqueros, no representantes de nadie en ninguna institución sin ánimo de lucro. Y vivían como banqueros. Cuando la mona se viste de seda, deja de ser mona; al menos no recuerda que es mona y por tanto no actúa como una mona, que es lo que importa.

El saqueo de Cajamadrid-Bankia nos ha costado al menos 22.424 millones de euros. Es, junto con el resto de saqueos bancario-inmobiliarios, la principal causa de la ruina del país y del sometimiento extraordinario (y culpable) de sus gobiernos a poderes ilegítimos. Las tarjetas han costado 15 millones de euros. Una «miseria» comparada con el montante del saqueo. Seguramente es lo más obsceno, lo que evidencia de una vez por todas la catadura moral con que se arruinó al país. Es la evidencia de que cuando se llamaba ignorante o iluso a quienes defendían otro funcionamiento orientado a lo social no se estaba pensando en el buen gobierno de la Caja sino en la buena vida de quienes vivían a costa de ella.

Ayer se reiteró la petición de comisión de investigación del caso Bankia por parte de IU-CM. Tocará retratarse. No vale hacerse el indignado sin investigar a fondo qué ocurrió: el PP sigue sin decir si volverán a negarse o esta vez tienen demasiada mierda a la vista como para seguir disimulando. Las comisiones de investigación en España han sacado a la luz muchas cosas (recuérdese la del tamayazo -por cierto, muy ligado a la necesidad de mantener a Blesa al frente de Cajamadrid-, las de los últimos años del felipismo…) aunque las conclusiones siempre sean un paripé de la mayoría parlamentaria. Supongo que la instrucción judicial durará años. Que muchas cosas habrán prescrito y otras serán simplemente repugnantes, indecentes… pero no delito. Por eso no hay excusa para poner en marcha ya mismo una comisión de investigación.

Urge sentar a todos los responsables y acribillarles a preguntas. Falta mucho por saber. Vamos conociendo la podrida guinda del pastel. Pero el pastel era inmenso y ha arrasado con todo. Sólo ha dejado mierda.

Cuando ya no llamemos a esto crisis (artículo en CuartoPoder.es)

En pocos días hemos conocido tres noticias económicas que evidencian que esa supuesta recuperación es más falsa que la herencia de Jordi Pujol. Dos de esas noticias hasta hace poco eran jinetes que anunciaban el apocalipsis. Hemos vuelto a la deflación interanual como en 2009, en tiempos de Solbes yZapatero, algo que no se había producido desde la II Guerra Mundial y nunca en la Historia de España. La deuda pública sigue disparada, alcanza el billón de euros y casi el 100% del PIB: esta era la madre de todas las batallas, a la que sometimos todos nuestros derechos, por la que cambiamos la Constitución en un cuarto de hora; y seguimos perdiendo esa batalla supuestamente central.

Sigue en CuartoPoder.es

El programa imposible del profesor Sánchez

Como desde el 25M todo posicionamiento político pasa por responder preguntas sobre Podemos, Pedro Sánchez se ha pronunciado. Y lo ha hecho refiriéndose a algunos de los aspectos que Podemos comparte con muchas otras organizaciones políticas, singularmente con IU. «Plantear cuestiones como el impago de la deuda o plantear que no se rescaten a las cajas y bancos y que se dejen quebrar es llevarnos directamente a la Gran Depresión de 1929«.

En primer lugar, no sabemos si Pedro Sánchez es ignorante o un mentiroso. Ni Podemos ni IU plantean que las cajas y bancos en vez de ser rescatados «se dejen quebrar«: la propuesta de Izquierda Unida es transformar en Banca Pública las cajas (la puede ver Sánchez en este documento «Izquierda Unida reclama la intervención de las Cajas de Ahorro y su transformación en Banca Pública« o en cualquiera de los 47.000 resultados que arroja esta búsqueda en google). Podemos, como en casi todo, propone lo mismo: «Creación de una banca pública con gestión democrática bajo control social efectivo, a partir de las antiguas cajas de ahorros convertidas hoy en entidades bancarias y recapitalizadas con dinero público» (página 4 de su programa electoral a las europeas). Así que Pedro Sánchez o no sabe de qué habla o miente (sin descartar que compatibilice ambas). A ver si la próxima vez algún periodista le pregunta si fue la creación de una banca pública lo que trajo el crack del 29.

Sobre la deuda, la cuestión del impago es una evidencia: la deuda no se va a pagar. Lo que hay que hacer es decidir cuánta y cuál no se va a pagar, cómo se va a pagar el resto y si esa decisión la toma el pueblo español o la banca alemana. En función de eso seremos un pueblo soberano que rija su economía con más o menos dificultades o seguiremos sometidos. Pero como Pedro Sánchez sabrá (no en vano es profesor de economía por la prestigiosa universidad privada Camilo José Cela, por la que también obtuvo su doctorado un año después de dejar de ser diputado la primera vez) no hay un sólo país que haya ido a la quiebra por auditar la deuda pública, declarar el impago de la deuda odiosa y negociar una quita del resto de la deuda: todos los países que lo han hecho son casos exitosos. Hay, en cambio, múltiples ejemplos de países quebrados cuyos pueblos han sufrido mucho por el sometimiento a una deuda insoportable: ha sido la política constante del FMI y el Banco Mundial por todo el mundo, la que ahora traen a Europa. A la Gran Depresión nos conduce (más) el artículo 135 de la Constitución (propuesto por el PSOE y votado por Pedro Sánchez) que afrontar la realidad: que la deuda es impagable y que su función hoy es más política (nuestro sometimiento) que meramente mercantil.

Más allá de estos detallitos lo que llama la atención es que los dirigentes del PP y PSOE, que nos han traído a esta quiebra, anden dando lecciones de políticas económicas realistas. Son sus políticas económicas (las del PSOE y PP y las de los PP y los PSOE del resto del mundo) las que nos han traído a esta Gran Depresión, que no es la del 29 sino la de ahora. ¿No estaría mal al menos un poquito de humildad y no dar lecciones tan altivas a quienes no somos responsables de tanto sufrimiento?

¿Nos están diciendo que lo que proponemos es tan terrible que nos conduciría a un punto parecido al que nos han traído estos impresentables? No sé, supongamos que el profesor Sánchez tiene razón. Igual, para llegar a este mismo punto, sería mejor hacerlo con un poco de dignidad. Con populismo, que es como ellos llaman a la dignidad.

Las SICAVs en paraísos fiscales de sus euroseñorías

Hace dos años y medio escribí un apunte titulado «El plan de pensiones de sus señorías» a raíz del plan de pensiones privado (en el BBVA) al que el Congreso de los Diputados contribuía como parte del salario de los diputados. Entonces también fueron diputados de Izquierda Unida quienes dieron un paso que nadie esperaba en ningún otro grupo: Alberto Garzón y Cayo Lara primero y todo el grupo inmediatamente después renunciaron a él; poco después, supongo que con cierto rubor, el Congreso canceló el plan para todos los diputados.

Decía en aquel apunte que uno de los problemas de ese plan es que incentivaba a los legisladores en una determinada dirección: sus situación personal mejoraría no si mejoraban las pensiones públicas sino si mejoraba el IBEX, si la fiscalidad de los planes de pensiones privados era favorable… Es decir, generaba unos intereses en los diputados que podían tener menos peso que sus principios pero, oye, mejor que sus intereses estén del lado de la mayoría popular y no del IBEX y el BBVA. Eso que algunos llaman antipolíticapopulismo a veces no es más que intentar que no se coopte a los representantes del pueblo.

En el caso del plan de pensiones que destapó la inmensa periodista Alicia Gutiérrez en Infolibre muchos eurodiputados tenían un plan de pensiones al que contribuyó el Parlamento Europeo en una SICAV en Luxemburgo, paraíso fiscal central de la UE. De nuevo IU ha sido la única en responder. No ya en responder a la altura, que también, sino en responder. En poco más de 24 horas  de gran convulsión interna el compañero Willy Meyer pidió que se le sacara de ese fondo y presentó su dimisión como eurodiputado y como miembro de la ejecutiva de IU. Algo que todo el que conozca a IU un poquito sabe que es poco menos (o algo más) que un terremoto y que dice mucho de la generosidad del paso dado por el compañero Willy Meyer. En el resto, nada. Ni Elena Valenciano, ni Arias Cañete ni Rosa Díez han dicho esta boca es mía. Ni tampoco Montoro, ministro de Hacienda del Reino de España que también participa en ese plan de pensiones en una SICAV en un paraíso fiscal tributando (por llamarlo de alguna forma) al 0.01%.

Se juntan aquí dos asuntos.

De nuevo el de los incentivos. Evidentemente con un plan como el explicado un eurodiputado no tendría demasiado interés en castigar las SICAVs, luchar contra los paraísos fiscales dentro y fuera de la Unión… Eso es evidente. Por ello, que salgan beneficiarios del plan diciendo que todo es legal es un disparate: ¡claro que es legal! ¡como que quienes tenían que legislar en contra estaban beneficiándose!

Pero en este caso asalta un segundo problema gravísimo. El que podríamos llamar de «ejemplaridad» o más bien de imperativo categórico. Es decir, ¿qué pasaría si todos hiciésemos lo mismo? Si todos los ciudadanos normales nos juntásemos y pusiéramos lo poco que podamos y nos lo llevásemos a una SICAV en Luxemburgo a tributar a un 0.01%. Evidentemente el país caería pese a que la mayoría de los ciudadanos tenemos poquísima capacidad de ahorro. Pero si toda la que tuviésemos la evadiéramos del fisco español (cumpliendo la ley o no, a efectos fiscales da lo mismo) el país se hundiría. Que eso lo hagan los Botín y los Borbón saltándose la ley es normal: están en el otro lado, son a los que tenemos que combatir y para eso sirve la democracia, para que los más nos impongamos a los menos por poderosos que sean éstos. Que eso lo hagan los supuestos representantes populares hace que se sitúen en la orilla de los que saquean el país, es decir, de los enemigos del pueblo.

El PP ha salido diciendo que todos sabían que el plan de pensiones era una SICAV en un paraíso fiscal. Lo que diga el PP tiene en el terreno de la verdad un recorrido más bien escaso. Pero supongo que al menos compromete al PP. Pues bien, según el PP Montoro sabía que el plan de pensiones al que estaba contribuyendo era una SICAV en un paraíso fiscal. Esto es, un instrumento para el saqueo de las haciendas públicas de los países con fiscalidades más o menos decentes. Es decir, para el saqueo de la hacienda de la que él es ministro, por ejemplo.

Hemos asumido tales niveles de sinvergonzonería que nadie pedirá la dimisión de Montoro. Y tras él del resto de eurodiputados que ahora tengan caargos en el PP, PSOE o UPyD. Porque conscientemente o no (los del PP conscientemente según dice el PP de todos los eurodiputados) participaron en un instrumento para el empobrecimiento de nuestro país. Menos banderitas rojigualdas y más patriotismo como el que ha demostrado IU alarmándose y zanjando toda responsabilidad exigible.

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