Blog de Hugo Martínez Abarca

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Girauta y la opinión «libre»

Estos días estamos conociendo algunas declaraciones de bienes de los nuevos eurodiputados. Ha sido conocida la Luis Pérez, alias ‘Alvise’, por ser absolutamente opaca: supuestamente vive de «donaciones», de las que no aclara ni el origen ni la cantidad. Es decir, al personaje le ha estado pagando alguien por vomitar sus mentiras, su odio, sus chantajes y sus amenazas y no nos quiere decir quién ni cuánto. Eso es precisamente lo que se intenta evitar con las declaraciones de bienes y actividades de los cargos públicos: que en vez de tener cargos públicos independientes y libres tengamos testaferros parlamentarios de quien le paga.

Más transparente que la de Pérez es la declaración del nuevo eurodiputado de Vox, Juan Carlos Girauta. Según la Asociación de la Prensa de Madrid, el salario medio de un periodista en España es de 18.000 euros anuales. Pues bien, Juan Carlos Girauta declara que cobraba 6.000 euros al mes por sus columnas en ABC hasta que la web de la Asociación Católica de Propagandistas, ‘El Debate’, le empezó a pagar 7.000 euros al mes por esas columnas. No anualmente ni por trabajar como periodista: 7.000 euros al mes por sus columnas en una web.

Uno, que tiene bastante estómago y se pasa por las mañanas por algunas de las webs que alimentan el discurso de la derecha (o viceversa), ha leído de vez en cuando alguna de las piezas literarias de este señor. Aunque tiene pinta de que nadie se lo haya dicho a Girauta, sus columnas no son la cumbre intelectual de la civilización occidental: obviamente Girauta no cobra 7.000 euros por la calidad de sus columnas ni por la cantidad de visitas (y por tanto ingresos) que aportan a la web que le paga (cuyos ingresos tampoco se deben a lo rentable que es poner publicidad en ella dada la inmensa audiencia que tiene). No sabemos si este pastizal explica la deriva de Girauta, que no hace tanto militaba en el PSC y ha acabado (de momento) en Vox. Lo que sabemos es que le ha salido muy rentable su radical y entusiasta cambio de opiniones políticas.

Una de las cosas que hace Girauta es justificar el genocidio de Netanyahu en Palestina e insultar a cualquiera que critique los crímenes del gobierno israelí: si no te gusta que asesinen a niños, civiles, que bombardeen escuelas, hospitales, maten periodistas… si no crees que la ONU es una organización terrorista… eres antisemita (lo cual es una lógica puramente antisemita, pues vincula el judaísmo con los crímenes que perpetran estos asesinos, no el pueblo judío, y con las gilipolleces de sus propagandistas).

Pues bien, es posible que Girauta piense sinceramente estas memeces. Lo que sabemos es que si pensara lo contrario, si defendiera los derechos humanos, la legalidad internacional y, en fin, que no está bien asesinar a más de 30.000 personas… dejaría de ingresar los 3.000 euros al mes que le ingresan (como asesor, ojo) las asociaciones de propaganda de la ultraderecha israelí.

Obviamente Girauta no cobraba esos 10.000 euros cada mes por su trabajo de columnista ni de asesoría jurídica a propagandistas ultraderechistas. Le pagaban un dinero absolutamente fuera de mercado por mantener en público unas opiniones con la beligerancia con la que las ha defendido (¡nos han jodido!) haciendo creer al público que son opiniones sinceras fruto de la reflexión de un señor que aparenta creerse inteligente. Porque la clave es que el lector, el espectador… quien quiera que escuche las opiniones de Girauta y del coro de ultras y fanáticos del que forma parte, no sabe que decir eso es extraordinariamente rentable para él y que si opinara lo que opinaba hace pocos años (lo que ahora él vincula con crímenes y totalitarismos), perdería un pastizal y todo el protagonismo que ha adquirido.

¿Cuántos Girautas habrá cuyas derivas ultraderechistas y cómplices de crímenes monstruosos vayan de la mano de ingresos extraordinarios que en ningún caso tendrían si mantuvieran opiniones sencillamente humanas? ¿Cuántos periodistas, políticos o distintos personajes más o menos públicos están diciendo barbaridades porque de una forma u otra se está engrasando financieramente su opinión?

Hemos conocido cómo se ha, digamos, condicionado la opinión de un personaje en concreto. Pero en los últimos años ha habido una nutrida fauna de nuevos ultraderechistas que no hace tanto pudieran parecer razonables y demócratas y que han adquirido súbitamente un feroz fanatismo. Seguramente muchos no cobren la enorme cantidad que ganaba Girauta (aunque sin duda algunos cobren bastante más); los habrá que se dejen arrastrar por cantidades muy menores por escribir una columna que no le interesaría a nadie o por aparecer en una tertulia como si su opinión representase algo más que el dinero que ingresan: que compartan la condición de sobornables no implica que la tarifa sea homogénea.

La libertad de expresión es sagrada. Pero la expresión sobornada no es libre sino un instrumento propagandístico comprado para condicionar una opinión pública que no es consciente de que el opinador no dice lo que piensa sino lo que tiene que decir para que le paguen.

Aunque lo esquiven y lo hagan difícil de percibir, en los medios de comunicación está prohibida la publicidad encubierta: cuando algo no es una información sino un anuncio que simula formar parte del medio, tienen que aclararlo de alguna forma. Cuando un opinador es un hombre anuncio cuya furia intelectual es una impostura comprada con mucho dinero, debería ocurrir lo mismo sin esperar a que el sobornado acabe en un cargo público que destape la farsa: para que quienes no están comprados no caigan en el mismo saco de sospecha y para permitir que la ciudadanía sepa diferenciar la expresión libre de la mera publicidad mercenaria.

Impusturas liberales

Hace un par de décadas dos físicos (Alan Sokal y Jean Bricmont) publicaron un libro muy conocido titulado «Imposturas intelectuales». En él trataban de denunciar el uso espurio de metáforas científicas complejas por parte de filósofos, sociólogos… El problema, decían Sokal y Bricmont, no es usar metáforas científicas o del tipo que sean; el problema es que una metáfora se usa para hacer más sencillo y comprensible algo difícil de explicar, pero cuando la metáfora es mucho más compleja que lo que pretende explicar y además no tiene nada que ver con lo que se está contando, muchas veces no se trata más que de enmarañar la explicación para que no se entienda nada. El problema, decían, es cuando la apelación a la ciencia no es más que una pedantería que, lejos de explicar, intenta desviar la atención sobre el argumento de fondo.

A raíz del interrogatorio a José María Aznar, uno de tantos intelectuales fundadores de Ciudadanos y agitadores del odio fanático y simplista escribió: «Aznar se equivocó con Rufián. A Rufián hay que contestarle en sede parlamentaria diciéndole: «La polla, mariconazo, cómo prefieres comérmela: ¿de un golpe o por tiempos?»». La viril memez era marca de la casa con un tono algo elevado quizás por la querencia visceral del caballero a defender a corruptos o quizás porque últimamente recibía menos casito que otros bravos pensadores de su entorno.

El caso es que en la propia redacción de su periódico mucha gente protestó por esta profunda reflexión de nuestro intelectual liberal. Así que ayer nos explicó que no hemos entendido nada: «Ayer llegó a casa el último libro de Julian Baggini Breve historia de la verdad. Empecé a hojearlo y en sus primeras páginas venía la célebre sentencia de Alfred Tarski: «Toda proposición ‘P’ es verdad si y solo si P es verdad». Baggini continua, aclarándola con el propio ejemplo de Tarski: «Por ejemplo: ‘La nieve es blanca’ si y solo si la nieve es blanca. (…) ‘P’ entre comillas es un afirmación lingüística, mientras que P sin comillas es una verdad sobre el mundo». 

Esto lo usaba para explicar lo del mariconazo y la comida de polla en uno o varios tiempos. El intelectual explicaba que no es lo mismo decir que Aznar tenía que haber dicho que Rufián es un mariconazo que decir «Rufián es un mariconazo». Esto no tiene nada que ver con Tarski, lógico polaco que reflexionó sobre la relación entre la verdad en el mundo real y el valor de verdad lógico. Doy por hecho que la infinita mayoría de lectores de este señor no habían oído hablar de Tarski en su vida (no tienen por qué) y tampoco habrán reflexionado demasiado sobre el sentido de la verdad en la lógica de enunciados; como casi ninguno hemos reflexionado sobre el número de tacos que debe tener una bota de fútbol para césped artificial. Así que no faltaría quien confiara en el intelectual liberal y pensara: ah, joder, lo que escribió este tipo no es una mamarrachada infame propia de un imbécil homófobo que busca casito entre sus sostres y sus dragós, sino que yo no lo entiendo porque no leo textos filosóficos sobre la verdad.

Nuestro intelectual no quería explicarse: lo que quería era decir que el emperador no está desnudo, que él no está simplemente intentando provocar por provocar: algo muy distinto de pensar libremente y exponer las ideas aunque éstas vayan a ser incómodas. Decir o escribir algo no porque uno lo piense sino porque sabe que así va a escandalizar es tan imbécil como decir o escribir algo no porque uno lo piense sino porque sabe que eso es lo que hay que decir. Eso sí, en ambos casos puede ser imbécil pero muy rentable.

No hace falta comprender que Tarski no estaba invitado a la fiesta de Arcadi para ser muy consciente de que las imbecilidades que cacarea una recua de librepensadores políticamente incorrectos sin complejos no tienen ningún contenido intelectualmente rescatable más allá del uso generoso de palabras esdrújulas. Nuestros autoproclamados liberales son mucho más pedantes que inteligentes. Los sastres que dijeron a aquel emperador que quien no viera su traje era imbécil no eran unos genios, eran unos estafadores; quien sí era inteligente y pensaba con libertad era la niña que alertó sin complejos de que el emperador estaba desnudo.

Pablo Casado: el daño a España del hombre fraude

«Su currículo parece diseñado en un laboratorio«. En 2012 el periodista Luis Gómez explicaba en El País quién era Ángel Carromero, el joven del PP que había saltado a la fama mundial por su accidente de tráfico en Cuba. Y para explicarlo tenía que contar quién era Pablo Casado, que entonces no era una persona muy conocida. «A Casado se le puede considerar un proyecto de joven neocon criado entre Aznar y Esperanza Aguirre. Su currículo parece diseñado en un laboratorio: licenciado en Derecho, con cursos de perfeccionamiento en el IESE, Harvard y Georgetown, trabajó varios años como jefe de gabinete de Aznar, una vez dejó la presidencia del Gobierno, y ahora es diputado. Un neocon de escuela, revestido de liberal. Celebrados son sus discursos donde critica el relativismo moral de los socialistas, Mayo del 68 y sus continuas referencias a los muertos de la guerra. Casado es un asiduo al canal Intereconomía, como él mismo propaga en su Twitter«, decía el artículo que hoy podemos leer con mejores ojos.

Hace unos minutos eldiario.es ha revelado la enésima sospecha sobre el currículo de Casado. En esa sumaria investigación que realizó la Universidad Complutense sobre la licenciatura (no menos sumaria) de Pablo Casado en el centro privado que tiene adscrito, la Universidad Cardenal Cisneros. Según las preguntas de un test que la Complutense dirigió a una profesora (por escrito, para que no se agobiara) la Universidad había encontrado cambios en la nota de la asignatura de la misma profesora que había reconocido que le habían presionado para que ese chico no tuviera problemas académicos. El aprobado en esa asignatura no fue tan sumario como la carrera de Casado y la investigación de la Complutense, sino que llegó con retraso y con una firma que a quien redactara el cuestionario le resultaba distinta a otras de la profesora.

Resulta tan evidente que nadie terminó tan rápido la carrera de Derecho al ir obteniendo cargos políticos tras haber sido incapaz de hacerlo cuando se tenía todo el tiempo del mundo, que casi llama menos la atención esa chapuza que la precariedad de la investigación sobre el título de Casado. Es comprensible que a día de hoy sea complicado probar si Casado hizo el amago de examinarse realmente de alguna asignatura, pero igual se podría pensar algún método de investigación más incisivo que mandar un cuestionario por escrito a los profesores a ver si con la presión alguno confesara haber prevaricado. Obviamente de una investigación así sale que todos los implicados están de acuerdo en que no delinquieron.

Del currículo diseñado en un laboratorio de Pablo Casado hay algunas cosas que resultan casi cómicas: la necesidad de ponerse títulos de Estados Unidos que en realidad eran un fin de semana en Aravaca sólo revelan, supongo, un complejo intelectual tremendo, una titulitis patética y no poco dinero de más para pagarse esas chorradas. Pero la concatenación de fraudes es un ataque mucho más serio a la Universidad del que Casado no sería el único beneficiario: una trama que, para colocar una imagen falsa de gran formación académica de esos neocon de escuela, revestidos de liberales, no dudó en atacar a la Universidad y su prestigio. Y un país cuya universidad no tiene prestigio es un país tremendamente devaluado.

Que Pablo Casado es un fraude andante no lo duda nadie. Quien encuentre un tertuliano, un columnista, un periódico… dispuesto a simular que cree que Casado sí que hizo Derecho como cualquier estudiante que lo haga saber: hasta ahora lo único que han podido hacer es tratar de equiparar su fraude con inventos o naderías ajenas. No sabemos cómo fue la segunda carrera de Casado, Administración y Dirección de Empresas en su querida universidad Rey Juan Carlos. ¿Terminó la carrera convalidando alguna de las asignaturas que traía de Derecho exprés de la Cardenal Cisneros? Ya sabemos que el supuesto máster del Instituto de Derecho Público en la Rey Juan Carlos se hizo en un 80% gracias a convalidaciones anómalas de esos sorprendentes estudios y el resto con trabajos que se niega a enseñar y la Universidad no encuentra. Si uno no cree que Casado fuera repentinamente el genio académico que necesitaba ser para fulminar la carrera de Derecho, el castillo de naipes de Casado se le cae de las manos.

Desgraciadamente las universidades están muchas veces sometidas al chantaje de su financiación. No debe de resultar sencillo para una universidad madrileña ser rigurosa en una investigación a costa de los intereses del partido de gobierno de la Comunidad de Madrid, cuyo consejero de Economía fue vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos en los años de plomo. Tampoco debe de serlo cuestionar la validez de centros privados con los que une una relación económica provechosa. El peor ataque a la autonomía universitaria se da a través de su financiación, un chantaje intolerable que debe ser corregido por el bien del país.

Por ello es urgente una investigación externa, rigurosa, que no sólo nos aclare la trama de los títulos falsos sino que nos ayude a recuperar la Universidad como vértice intelectual y moral del país. No es ya que Casado (como otros compañeros suyos) sea un fraude andante; es que por el camino están arrasando la imagen de España por un lodazal del que será muy difícil levantarnos.

En defensa de los periodistas de investigación (que hacen periodismo y de investigación)

En cualquier democracia el periodismo libre es un cimiento fundamental. Una condición sine qua non de la democracia. En una democracia con tantas grietas como la española el periodismo de investigación, en concreto, está siendo esencial para detectar la podredumbre que la corroe. Y ha habido muchos casos de periodismo de investigación de extraordinaria calidad que permitió destapar gran parte de la corrupción de Ignacio González diez años antes de que intervinieran los jueces, los papeles de Bárcenas… Recientemente las informaciones que hemos conocido por investigaciones rigurosas han mostrado la puerta de salida a Moix, Maxim Huerta, Cristina Cifuentes, José Manuel Soria, Carmen Montón y Pablo Casado, que es el único que no ha entendido el mensaje. Aún.

Desde hace bastantes años vengo tratando con varios de los mejores periodistas de investigación que hay. Al menos desde que empezó la lucha contra el campo de golf de Ignacio González y Esperanza Aguirre en Chamberí. Por activismo político y por cierta capacidad de intuición he podido colaborar mal que bien con ellos en algunas ocasiones y ver cómo trabajan muchos de ellos (y de ellas, que diría que son mayoría). Son gente de una capacidad de trabajo asombrosa, con tal cantidad de datos interconectados en la cabeza que abruma y, sobre todo, con muchísimo rigor. No sé cuantas veces he escuchado «esto no lo puedo publicar si no lo compruebo por varias vías más» (una de las informaciones más importantes de los últimos meses no la publicó un medio sino su competencia porque el primero, que la tenía desde semanas antes, quería poder contrastar con más rotundidad aún antes de publicar algo tan relevante, por ejemplo) o «esto me lo habéis dicho varios, así que debo de estar equivocada en lo que pensaba«. Sólo una vez un periodista (con quien perdí el contacto) me contó una información que no iba a publicar porque perjudicaba a un partido al que no quería hacer daño. También he visto a periodistas de distintos medios trabajar juntas para desenredar una madeja infernal: un trabajo conjunto que probablemente no viniera bien a sus medios ni a ellas mismas como profesionales que quisieran el reconocimiento de la exclusiva… en exclusiva.

El periodismo de investigación es una de las joyas que tiene nuestra democracia y merece ser protegido. Porque es atacado.

A veces los ataques vienen de las personas señaladas por informaciones más que fundadas. Recordemos que Ignacio González se querelló contra los periodistas que empezaron a informar de la punta del iceberg de su trama corrupta: alguna de las querellas las pagó con dinero público de todos los madrileños (hasta que una jueza le dijo que se lo pagara él); o que hace pocas semanas Ignacio Escolar y Raquel Ejerique tuvieron que declarar como imputados por una querella de Cristina Cifuentes, que les pide cárcel por las informaciones sobre su máster que ya nadie niega. Algún medio de comunicación tuvo que pedirle a una de las mejores periodistas de investigación de España que dejara de investigar un caso (que acabó con el investigado en la cárcel) porque era ruinoso ante la avalancha de querrellas.

Pero otras veces el ataque viene de otro rincón del periodismo, convertido en mera propaganda de ataque e infamia y disfrazado de periodismo de investigación. Es perfectamente obvio que hay personas cuyas especialidades son el trampantojo periodístico (publicar un extraordinario titular de trascendencia histórica sustentado por un texto que no demuestra más que la imposibilidad de sostener argumentadamente el titular) y la corrección sintáctica para que quede bien redactada la publicación de un dossier recibido de cloacas del poder con independencia de que lo publicado sea verdad, un invento o algo irrelevante que, como en el caso del trampantojo, se pueda disfrazar de escandalazo para cubrir objetivos partidarios o de mero interés mafioso. Hay que solidarizarse con estos conciudadanos porque el encarcelamiento de Villarejo les ha hecho mucho daño, pero aun así no les quedan pocos colaboradores.

Este tipo de periodismo supone dos problemas. El primero: que trata de mezclar a corruptos, tramposos y mentirosos con gente perfectamente honrada: para salvar a los primeros no dudan en joder la vida a los segundos. Además del problema humano esto trae un problema democrático dado que distorsiona todo para engañar a la ciudadanía (casi nadie tiene por qué ser un informadísimo lector experto en detectar grietas en los textos: para eso deberían estar las redacciones de los medios, que se opusieran a publicar basura).

Pero el segundo problema es que erosiona profundamente al periodismo de investigación serio, riguroso y que sí es un pilar de la democracia. Una de las funciones de estas publicaciones basura es también la de conseguir que cualquier crítica aparezca causada no por la falta de sustancia de la investigación sino porque «esta vez señalan a los tuyos«. Sin duda habrá quien lea este elogio y esta denuncia en esa clave pese a que muchas veces he aplaudido a quienes han publicado con rigor informaciones ciertas sobre personas que compartieran filiación política conmigo: entre otras razones porque eso ayudaba a limpiar (es decir, fortalecer) el espacio político en el que yo participara.

Con el periodismo basura pasa como con la política basura: pese a que es peligrosísimo para la democracia es más peligroso aún intentar limpiar el periodismo o la política. Es mejor que se publique mierda, que se presente mierda a las elecciones que el control autoritario de qué se publica o qué se puede presentar a las elecciones. Pero eso no quiere decir que no sepamos que es mierda.

Más nos vale como ciudadanos aprender a leer para distinguir el caviar de la basura. Más le vale al periodismo (al bueno, al de verdad, al riguroso, al mayoritario) distinguirse de la ponzoña y evitar reírle las gracias en tertulias y revistas de prensa, le va la vida en ello.

Vallejo Nájera busca independentistas

En los últimos días muchos medios están sobrepasando peligrosísismas líneas para analizar por qué en Cataluña hay tanta gente que quiere independizarse. Lo están tratando como una patología anómala, una disfunción social y siempre el resultado de no ser libre, de estar determinado genéticamente o haber perdido la voluntad política como fruto de la manipulación educativa.

Así, nos han explicado (tampoco es la primera vez) que el sistema educativo catalán manipula a los niños y por eso acaban siendo independentistas. Algo que no ocurre en el resto de España. A nadie se le ocurriría explicar cómo es posible que una organización corrupta como el PP consiga todavía varios millones de votos porque tiene un alto nivel de voto entre las personas que fueron educadas bajo el franquismo (un régimen, convendremos, en el que el sistema educativo manipulaba un poquito más que ningún sistema educativo actual): esto, con ser rigurosamente cierto, supondría tomar a los ciudadanos por seres manipulados y sin libertad, es decir, supondría renunciar a la democracia. O que la cantidad de dinero que la Comunidad de Madrid dedica a colegios ultrarreligiosos es la razón por la que la organización corrupta ha ganado elecciones en Madrid. Tampoco entiende uno cómo en 1977 no arrasó Alianza Popular tras cuarenta años de adoctrinamiento franquista en los colegios: ¿los españoles son más inteligentes y libres que los catalanes o sólo lo eran los de hace cuarenta años?

También nos hemos encontrado con supuestos «estudios científicos» que explican que se ponen más esteladas en los balcones de unos barrios de Barcelona que en otros y que ello demostraría que no las ponen libremente sino por la presión vecinal. Ayer fui a la Asamblea de Madrid en bicicleta. Pasé por el barrio de Salamanca, Menéndez Pelayo, Vallecas… y puedo asegurar que en el barrio de Salamanca hay más banderas de España en balcones que en Vallecas. ¿Quiere decir esto que los vecinos del barrio de Salamanca no son libres y ponen las banderas fruto de una presión totalitaria? Obviamente, no. Y no creo que nadie escriba tal majadería y menos con un marchamo que diga que eso es «científico».

Hoy también leemos que se es más independentista si se tienen ocho apellidos catalanes, es decir, que el independentismo tendría cierta raíz genética, Por supuesto, leemos que está condicionado por origen social, renta…

Nunca hemos leído en ese tono artículos que expliquen cómo puede haber tanta gente que vote al PP, un partido corrupto que nos ha arruinado a todos los españoles, por ejemplo. Se trata al independentismo no como una posición política legítima (que muchos consideramos equivocada, pero tan legítima y libre como cualquier otra posición política) sino como una patología del mismo modo que Vallejo Nájera investigaba el Biopsiquismo del fanatismo marxista. Es peligrosísimo instalar esa línea de análisis porque imposibilita la convivencia democrática: no hay gente que piensa distinto sino una patología política que no es libre, con la que no hay que dialogar entre libres e iguales sino que habría que tratar como una enfermedad, corrigiendo sus causas.

Por supuesto que la posición política se debe a muchísimos factores: sociológicos, educativos, familiares…  e incluso políticos. ¿Cómo explican los aprendices de Vallejo Nájera que antes de que Rajoy empezara su campaña contra el Estatut de 2005 (que contaba con el acuerdo de partidos independentistas y habría dado estabilidad territorial para varias décadas) el independentismo fuera la opción del 15% y ahora ronde el 50%? ¿Hubo un inmenso y secreto baby boom catalán en los 90 que ha incorporado a millones de votantes manipulados en los colegios catalanes? ¿Se han expandido los barrios opresores e independentistas? ¿Se ha descubierto de golpe que apellidos que parecían cacereños son en realidad del Alt Penedés, con el consiguiente giro ideológico de quienes los llevan en su DNI?

Tenemos una crisis política grave, por supuesto, pero como generalicemos una lógica política tan peligrosa saldremos de ella muy mal parados. Mucho peor que una España rota es una España en la que domine un pensamiento tan antidemocrático. No juguemos con fuego.

Insultar con muchas esdrújulas

Ayer lo volví a hacer. Leí, de nuevo, una columna de Javier Marías. La anterior que leí fue una en la que, tras aclarar en la pimera frase que «hace años que no voy al teatro» explicaba con mucha solemnidad por qué el teatro que se ha hecho en estos años es una mierda. No necesitaba ver aquello que desprecia para despreciarlo.

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Los temibles ciberactivistas y otras historias de terror podemita

Si eres conocido y criticas a Podemos lo más probable es que haya un montón de gente (por lo general anónima) que te insulten en las redes sociales. Esto es así y es de lo poco evidente que se está contando en estos días a raíz del sorprendente comunicado de la APM. Si cambias «Podemos» por cualquier otro partido, por un equipo de fútbol, una religión… Qué va. En realidad, si eres conocido y dices cualquier cosa que no sea una nadería lo más probable es que haya un montón de gente (por lo general anónima) que te insulten en las redes sociales. Según contra quién seas crítico también te puede caer una amenaza o una querella de alguna asociación ultra de corte mafioso o incluso del Gobierno.

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En defensa de los periodistas

En las últimas semanas el PP y Ciudadanos han emprendido una campaña en las Juntas de Distrito de Madrid contra la ampliación de la oferta mediática en los centros municipales. Antes, cuando gobernaba el PP, la oferta se limitaba en muchos casos a La Razón y El Mundo. Ahora se ha ampliado con ABC, El País, As, La Marea y Diagonal (supongo que a partir de ahora será El Salto). Éstas últimas apenas suponen coste pues no son diarios. Pero el PP y Ciudadanos han presentado mociones en las Juntas de Distrito pidiendo la cancelación de la suscripción a La Marea y Diagonal sin disimular que la razón es su línea editorial (es muy recomendable el vídeo que acompaña esta noticia y que evidencia el acoso del PP y su escudero Ciudadanos a los medios que no consideran de su cuerda).

En los últimos días las noticias en ABC no van firmadas. La razón es la amenaza de una nueva oleada de despidos en el periódico que se cierne sobre sus periodistas. La caída de ABC empezó con una campaña de acoso y derribo contra su director cuando éste mantuvo a su periódico en sus posiciones políticas conservadoras pero sin vomitar las mentiras sobre el 11-M con las que el PP y su séquito intentó manipular el mayor atentado terrorista de nuestra Historia. El principal hostigador de ABC y valedor de la mentira sobre el 11-M fue Libertad Digital, medio que se financió con dinero de la caja B del PP repartida por Bárcenas y cuyo presidente acaba de ser condenado por las tarjetas black. ABC ha vuelto a ser domado, pero sus periodistas siguen amenazados.

En los últimos meses el Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha una emisora pública de radio. Una emisora con información sobre cultura, ocio, turismo y servicio público y que trabaja con escuelas de radio y estudiantes de periodismo en prácticas. Sin esperar a que la radio hubiera emitido un minuto PP y Ciudadanos emprendieron un acoso contra la que llamaron «Radio Carmena», hicieron un examen ideológico a los periodistas que trabajan en ella e intentaron impedir que iniciara sus emisiones. En los seis meses que han pasado desde aquella campaña la oposición al Ayuntamiento no han conseguido encontrar una sola noticia o programa que justifique no ya la campaña de acoso sino una sola de las críticas preventivas.

En España hay amenazas a la libertad de prensa. No sólo las consabidas presiones de anunciantes (incluir una noticia que no sea publicitaria sobre El Corte Inglés, Coca Cola o Banco Santander es una prueba de algodón de independencia) o de los dirigentes de medios de comunicación, sino que las campañas del PP contra los medios que se salen de sus dictados son durísimas y nunca amparadas. Incluida, por supuesto, la asfixia sin publicidad institucional a medios que no sean afines y el premio (aka soborno) con dinero público para los medios leales. Por no retrotraerse al cierre ilegal de medios de comunicación llevado a cabo por gobiernos y jueces.

El periodismo es un poder de la democracia. Merece por tanto protección de su independencia, pero también está sometido a la libre crítica. Como las merecemos los cargos políticos, los jueces o cualquier poder democrático. Que algunos periodistas reciban críticas incluso injustas es tan legítimo como que los diputados recibamos críticas, faltaría más: más vale tener la piel algo gruesa si se está en según que lugares de una democracia. Que haya cargos políticos (y periodistas) que no tienen contención en la forma con la que critican lo que no les gusta es cierto, por supuesto; como es una obviedad que esos excesos no son monopolio de partido alguno. Y es cierto que tendremos que poner todos los empeños en evitar que esos excesos se produzcan desde nuestros ámbitos porque en eso también tenemos que ser más pulcros que nadie, sin que eso signifique tragar en absoluto con ataques injustos ni aceptar que quienes menos tenemos qué ocultar seamos los únicos señalados.

La libertad de prensa en España no tiene problemas anecdóticos sino estructurales cuyo origen es vertical, viene de arriba, de los poderes políticos y empresariales que deciden qué es publicable y qué no, qué noticias merecen vetos, sobre quién no se puede hablar, sobre quién sólo se puede hablar bien o mal o de quién hay que ocultar los lazos comerciales con criminales y en paraísos fiscales, qué medios deben prevalecer, cuáles hay que asfixiar, cuáles hay incluso que cerrar. Y por detrás de esos problemas estructurales sin duda hay colecciones de tratos equivocados (en todas las direcciones, de gente concreta de cualquier partido hacia los medios de comunicación y también, por supuesto, de algunos medios de comunicación hacia gente de partidos concretos). Afrontense éstos también, pero aquel que sólo ponga el acento en unos concretos problemas (y explicados de forma difusa con lo que es imposible darles solución) y nunca en los estructurales está delatándose como organización servil con las carencias en libertad de prensa que sufre nuestro país.

No se preocupe por nuestra transversalidad, gracias

Desde que apareció Podemos ha habido varios intentos de acabar con su empuje. Algunos salidos de las cloacas de forma demasiado obscena como para deteriorar a Podemos de verdad. Otros son menos agresivos pero quizás más peligrosos porque no busca convencer sino desanimar. El más constante hasta ahora fue el de dar por muerto a Podemos: hasta aquí muy bien, pero ya están perdiendo fuelle, se acabó la gracia, su gente está desanimada. Si hace un año ya íbamos por las mil muertes de Podemos es imposible saber cuántas debemos de llevar ya entre crecimiento electoral y crecimiento electoral.

Obviamente quien intente difundir ese estado de derrota hoy lo tiene crudo. Es imposible ocultar el estado de euforia que ha generado la unidad de acción de fuerzas del cambio y que hoy somos la clara alternativa al PP. Acaso en unas semanas nos ilustren con encuestas que tratan de decirnos que eso fue flor de un día pero hoy tienen realmente difícil deprimir al personal diciéndole que ya nadie va a votar Unidos Podemos y que lo mejor es resignarse, votar al PSOE y que consigan el acuerdo que sea con Ciudadanos si sirve para echar a Rajoy.

Así que lo que están intentando es contarnos lo políticamente divididos que estamos: dividen el espacio del cambio entre buenos y malos y oponen radicales y transversales: los apocalípticos y los integrados de hace tanto tiempo mostrando que no han entendido nada. Ahora nos cuentan una supuesta división por las nuevas incorporaciones y los acuerdos recientes que harían situar el cambio en el identitarismo de izquierda de siempre, perdiendo la transversalidad. Nos lo ilustran en editoriales, en supuestos artículos enterados que nos cuentan cómo andan nuestras entrañas o haciendo extraños titulares de entrevistas que pretenden enfrentar a personas por el simple dato de no conocerse en persona.

Quienes pretendan hacer de la apuesta por la transversalidad un sinónimo del centrismo se han saltado algunas clases. Lo que muchos venimos aprendiendo es que con la geografía del bipartidismo no teníamos nada que hacer y que durante demasiado tiempo ha servido para engañar a mucha gente. Hemos aprendido que tenemos que contar con mucha gente que se siente de derechas por ser cristiana, por ejemplo, o por la apropiación de nuestra derecha  de España o simplemente por tradición familiar pero que se identifica mucho más con el sufrimiento de la gente común que con esa élite que ha saqueado el país con sus cuentas en Panamá y sus sobornos de constructores. También, claro, con toda esa gente que sentía que esa identificación con la gente común era ser de izquierdas y que eso llevaba a veces a votar a los partidos que se reivindicaban de izquierdas aunque luego se entregaran con impotencia a los de Panamá, a los dictados del IBEX o a las órdenes más sociópatas de Bruselas. Y contar con ellos significa tomar conciencia de que somos lo mismo, que no estamos aquí para pasar facturas ni exámenes ideológicos sino para que dejen de robarnos el país a todos.

La transversalidad es incluyente y no tiene nada que ver con dejar de incorporar a gente que defiende los derechos del 99% de la población venga de donde venga o se identifique donde se identifique en esa geografía que secuestraron. Nadie sobra por sentirse de izquierdas, faltaría más: lo que hemos aprendido es que tampoco nos sobra nadie por sentirse de derechas o por sentirse de centro o por no sentirse nada de eso… que nos han prostituido demasiado el juego como para que el sujeto que construya el nuevo país no trace esas fronteras sino unas fronteras materiales entre los que han mandado y los que hemos sido saqueados. Se trata de estar unidos quienes buscamos más democracia, más soberanía y no aceptamos excusas para no tener garantizados todos nuestros derechos humanos. Durante muchos años yo a eso le he llamado izquierda pero me parece perfecto que otros no lo hayan llamado así. Quienes se encuentren ahí no tienen por qué enseñar certificados de pedigree ideológicos; ni tampoco certificados de ausencia de pedigree. Simplemente el momento histórico no va de eso.

No se preocupen por nuestra división entre buenos y malos, entre radicales y transversales, entre populistas y gente de orden o entre populistas y comunistas (que todo tipo de divisiones hacen, tan desorientados andan). No tenemos apocalípticos ni integrados, mala suerte. Nos dieron por muertos mil veces, y por divididos quinientas. Nunca ha habido tanta unidad, tanta cohesión y tanta ilusión por un cambio real que cada vez se ve más cerca. 

Preocúpense mejor de por qué sus cuentos y sus campañitas de la resignación y el miedo ya no tienen ningún efecto. Quizás si empiezan a entender eso irán comprendiendo a nuestro pueblo.

¿Dónde están los de «dónde está la Comunidad Internacional»?

Cada vez que ha habido un bombardeo de EEUU, la OTAN o quien se haya encargado sobre un país la secuencia ha comenzado con una serie de preguntas tramposas de la tertuliada internacional. «¿Dónde está la Comunidad Internacional?» «¿Cómo es posible que no se haga nada para impedir esta matanza?» «¿Cuál es tu alternativa? ¿cruzarte de brazos?» son las letanías que se han escuchado antes de bombardear Libia, las que se escuchaban cuando se barajaba el bombardeo sobre Siria (ya nadie habla de Al Asad, acaso porque la serpiente incubada en Siria asuste ahora aún más); también lo escuchamos hace un poco más cuando parecía que había que bombardear Irán o Corea del Norte y un poco más recientemente en Ucrania pese a que ahí el enemigo era suficientemente poderoso como para convertir las bombas habituales en sanciones económicas grotescas a altos cargos rusos. Quien se opusiera a que la OTAN/EEUU/UE usase su fuerza para imponer regímenes títeres donde todavía no los hubiera o hubieran salido rana era cómplice de Gadafi, Al Asad, Ahmadineyad, los distintos Kim Jons y Putin del mismo modo que quien no ría las gracias a Esperanza Aguirre es cómplice de la ETA.

Pero hete aquí que Israel vuelve a bombardear Palestina. Gaza de nuevo: el último dato es de ayer a las 23h, 90 muertos (más de 20 de ellos niños), y 550 heridos. Las bombas han seguido asesinando esta noche.

Y no se oye nada. Las informaciones de los grandes medios han puesto más el foco en los cohetes recibidos por Israel (sin daños personales, afortunadamente) y en el mejor de los casos se hace una narración como si se tratara de un fenómeno meteorológico. Los palestinos mueren. No hay asesinatos, ocupación, violación de la legalidad internacional y de los derechos humanos. Es una zona muy conflictiva, ya se sabe. Ojalá ambas partes se sienten a hablar.

Los partidos políticos de orden miran para otro lado. Menos UPyD que se pone al lado de los criminales sin disimular.

Ya no aparece ese «algo habrá que hacer para parar este horror». Ni rastro de esas preguntas aparentemente ingenuas.

Nadie, ni quienes más sentimos como propia la causa palestina, ni quienes más sufren con cada crimen del Estado de Israel pedimos bombas sobre Israel que acaben con el gobierno israelí e impongan un gobierno no ya títere sino que respete la legalidad internacional y los derechos humanos. Nadie acusa de cruzarse de brazos a quienes renuncien a extender los crímenes denunciados para que Israel padezca lo mismo que su gobierno hace: el bombardeo criminal por potencias militares muy superiores. Acaso pediríamos que Israel deje de tener el ejército más subvencionado por EEUU (cuyo presidente es Nobel de la Paz) o que la UE rompa su tratado con Israel por el que éste es socio preferente: ese tratado prevé su ruptura si una de las dos partes viola derechos internacionales, fíjate tú qué risa. Sólo pediríamos que el Estado criminal deje de ser nuestro aliado y que el pueblo oprimido pase a tener nuestra complicidad.

Aqullas preguntas no eran ingenuas. Era pura propaganda de guerra servil al poder. Aquellas preguntas, aquella alarma tertuliana es perfectamente coherente con esta asepsia, esta falsa equidistancia, esta comprensión con el criminal. Ambas son el alimento del pesebre. Ambas son cómplices de las bombas por las que los poderosos imponen su control en todo el mundo. También en la prensa.

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