Blog de Hugo Martínez Abarca

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Granjas de niños

Lo llamativo de la propuesta de Pablo Casado sobre los embarazos de las mujeres extranjeras sin papeles es que coincide con la visión mercantil del nacimiento que ya mostró cuando dijo que había que abortar menos para que hubiera más cotizantes a la Seguridad Social. Tener hijos porque es rentable: ya sea para que nos paguen las pensiones, ya para que no te echen del país en el que vives. No tengas hijos por amor, porque quieres construir una familia, porque quieres disfrutar con ellos. Tenlos porque es rentable. Como quien incrementa o reduce la producción de pollos en una granja.

En realidad esa concepción de la natalidad no es nueva. Uno de los triunfos de la modernidad ha sido su abandono. La natalidad de muchas sociedades agrícolas venía condicionada por la rentabilidad y se buscaba un número suficiente de descendientes (niños o niños y niñas en función del tipo de labores agrícolas al que estuvieran destinados) que pronto permitiera el sostenimiento de la familia.

En nuestras sociedades industriales complejas un niño nunca es rentable en términos mercantiles para la familia. Necesitamos conocimientos complejos hasta que nos ponemos a trabajar por lo que se tarda mucho (felizmente) en dejar de gastar y ponerse a trabajar: la prohibición del trabajo infantil es un desastre para el sueño de Pablo Casado de niños productores rentables. Un hijo no sale rentable para una familia nunca: más vale no llevar una libreta de gastos e ingresos. Y sin embargo muchísimas personas quieren seguir teniéndolos. Y lo hacen (lo hacemos) por deseos afectivos, emotivos, vitales… No por dinero ni por papeles. Por generosidad, por una forma (en absoluto la única) de amor a la vida. Por esas cosas tontas que hacemos los humanos.

Un hijo nunca es rentable y eso probablemente no sea una mala noticia. Pero el problema demográfico en España no es porque no sea rentable sino porque tener un hijo resulta imposible. En un país con altísimas tasas de paro, de precariedad laboral, en el que el acceso a la vivienda está absolutamente imposible… no hay quien pueda tener hijos salvo en entornos privilegiados.

España es el segundo país de Europa en el que tenemos menos hijos y donde las mujeres que tienen un primer hijo lo tienen más tarde. La única razón para ello es que no somos libres de tener hijos cuando nos da la gana. Los mismos que nos quieren impedir la libertad para no tener hijos si no queremos han hecho las políticas que nos impiden tener hijos si queremos.

Hace falta tener una visión del mundo muy inhumana y sanguinaria para querer fomentar la natalidad con técnicas de criadero de terneras.

Dejen libres a las familias, y muy especialmente a las mujeres. Permitan que sean (seamos) libres de tener hijos o no, sin ningún chantaje pero con todos los derechos. Que si una mujer no quiere tener un hijo pueda evitarlo con absoluta libertad. Pero que tenga exactamente la misma libertad para poder tenerlos cuando quieran. Es decir: que tengamos vivienda, sueldos previsiblemente estables y dignos, que haya escuelas infantiles asequibles… Si fuéramos realmente libres para tener los hijos que nos diera la gana si nos da la gana no sólo habría menos sufrimiento: habría también más niños.

Frente al modelo de granjas de niños que tiene Pablo Casado en la cabeza (sin que ningún dirigente del PP tenga la decencia moral de toserle) está la LIBERTAD. Y esa libertad para diseñar nuestro futuro familiar pasa por acabar con los dogmas morales y económicos que nos quiere seguir imponiendo gente como Pablo Casado.

España, ahora sí, ha dejado de ser católica

El entierro de la contrarreforma de la ley del aborto es una victoria clara del movimiento feminista. No sólo del que ha combatido la reaccionaria propuesta de Gallardón en los últimos años, sino del movimiento feminista que durante décadas viene combatiendo el dominio machista, las leyes restrictivas y la cultura del vivan las caenas hegemónica en España durante siglos y que ponía doble cadena sobre las mujeres. Pero además supone una grave derrota de la jerarquía católica que ya sí puede ir asumiendo definitivamente  que ha perdido el control moral y cultural sobre la sociedad española.

El aborto no es cualquier cosa para nuestra Iglesia Católica. Según sus consignas es un infanticidio, el asesinato de más de cien mil bebés al año. Un horror comparable con el nazismo y mucho peor que cualquier otro gran crimen que la humanidad haya perpetrado. Y sin embargo… un gobierno clerical ha tenido que renunciar a prohibir tal horror porque en la gran mayoría de la sociedad española los apocalipsis anunciados con sotana causan una mezcla de irritación, hastío y risa.

No es la primera derrota. Que este mismo gobierno no se haya atrevido a reinstaurar la discriminación a los homosexuales en el matrimonio civil (¿os acordáis de que la situación actual iba a destruir la familia?) ya probaba que el estruendo de los torquemadas se oía tanto sólo porque tienen buenos altavoces.

Más allá de los fracasos del gobierno clerical, todas las estadísticas nos hablan de una acelerada huida de la sociedad española del control vaticano. Es muy significativo que dentro de la gente que se casa (que ya es un sesgo pues muchísimos no católicos vivimos en pareja sin habernos casado de ninguna forma) ya hay más que se casan por lo civil que por la Iglesia Católica. Como lo es que entre los menores de 35 años apenas supere el 50% los que se declaran católicos y de ellos no llegue a un 5% (esto es, 2.5% del total) los que dicen que suelen cumplir la obligación de ir a misa los domingos.

La Iglesia Católica ha dejado de controlarnos. No debería ser ningún drama para ellos: nadie les va a obligar a incumplir su moral, sus costumbres y sus principios, simplemente cada vez les va a resultar más complicado decirnos qué tenemos que hacer los demás y mucho más mantener los pecados en el código penal.

Tienen aún mucho poder. Controlan buena parte de la educación; tienen recursos económicos ingentes gracias a que los gobiernos les permiten incumplir su promesa de hace 35 años de autofinanciarse y a que se les regala ingresos por entradas a buena parte de nuestro patrimonio cultural (que, eso sí, restauramos entre todos, como tiene que ser). Gozan de presencia exclusiva en espacios públicos (capellanes militares, capillas católicas en recintos públicos, estos días descubriremos si aún hay biblias y crucifijos en la toma de posesión de ministros…), se prohibe que los ateos y los laicos expresemos nuestras ideas cuando vienen papas o los católicos deciden que son fechas sagradas… Pero esto ya sólo obedece a que nuestros gobiernos han estado entregados (unos más y con más entusiasmo; otros, el de Zapatero, menos aunque también) y les han prestado una posición de dominio que no sólo no se merecen sino que ha sido nociva, ha generado atraso, falta de libertades, triunfo de la superstición frente a la razón y siempre discriminación a las mujeres, a los  homosexuales, lesbianas, a los diferentes…

España sigue concediendo un poder ilegítimo a la jerarquía católica, pero no porque los españoles sigan siendo sumisos y obedientes a sus soflamas sino porque nuestros gobiernos son dóciles a los poderes ilegítimos vengan de donde vengan; y este poder viene de ese pasado nacional-católico que no se quiso conjurar. España ha dejado de ser católica. Ahora falta que el Estado español se entere.

El «voto en conciencia» de sus señorías

Empieza a haber alguna voz discrepante dentro del PP sobre la Ley de Aborto. Cristina Cifuentes ha pedido una ley de plazos, el alcalde de Valladolid, León de la Riva,  dice que incluiría el supuesto de malformación… No se trata de alabarlos: ambos han dado muestras sobradas de ser unos perfectos reaccionarios; simplemente constatar una grieta en el PP en este asunto es una buena noticia. Sin embargo, entre los discrepantes ha surgido una voz especialmente irritante: la de Borja Sémper pidiendo que los diputados voten en conciencia porque «hay materias sensibles que, por sus particularidades y sensibilidad, que afectan a cómo entiendes la vida, como es este caso, o cómo entiendes el derecho del no nacido, en las que creo que debe prevalecer la conciencia«.

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Discriminar al malformado y eugenesia

Quizás la cima de la sandez que rodea a la nueva ley del aborto sea esa según la cual era discriminar por razón de discapacidad (Gallardón dixit) incluir la malformación del feto como un supuesto que permitiera el aborto incluso algunas semanas más allá del plazo general (pues hay malformaciones que tardan en detectarse).

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Algunas preguntas sobre la ley de aborto

Cuándo un conjunto de células (incluido el conjunto de una sola célula) se convierte en un ser humano es algo arbitrario. Hay quienes ponen el límite en la conquista del óvulo por el espermatozoide. El Derecho Civil considera que hay persona a partir del nacimiento siempre y cuando el bebé sobreviva 24 horas. El islam dice que cuando el alma se insufla en el feto pero los distintos hadices ponen tal acontecimiento en distintos momentos (entre los cuarenta días y los ciento veinte días después de la concepción): en todo caso el islam permitiría una suerte de ley de plazos que el integrismo católico prohibe.

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Si por marketing no molestan, que hagan mucho marketing

De las «bombas» que soltó el papa en la famosa entrevista de hace unos días la de que nunca fuera un hombre de derechas es la más irrelevante salvo que él mismo explicara qué quiere decir con eso. Para ser muy de derechas, mucha gente dice que no es de derechas, que eso son categorías arcaicas, decimonónicas, o lo que sea. Que uno no se defina como de derechas no es incompatible con ser tremendamente de derechas. Y en todo caso, que el papa fuera muy de izquierdas es algo que a quienes no pertenecemos a la Iglesia nos importa poquísimo: aunque a veces podamos usar propagandísticamente los alegatos de los papas contra las guerras, lo que llevamos toda la vida defendiendo es que las opiniones del teócrata que gobierna el Estado vaticano sólo afectan a quienes decidan seguirlas por ser miembros de la Iglesia Católica.

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Rouco Varela, Letizia y la política

Parece ser que el papa Francisco mantiene la arraigada tradición católica de homenajear a un sector de víctimas de la guerra civil: aquellos a los que considera víctimas de una persecución religiosa, es decir, aquellos cuya muerte no puede achacar a los fascistas.Va a betificar a algo más de 500 «mártires del 36» en Tarragona el 13 de octubre (el día siguiente al 12 de octubre en Cataluña: todo muy oportuno para que  allí se desligue la españolidad del fascismo, claro que sí). Rouco Varela, que probablemente tiene más peso en el asunto que el papa, dice que esto «no tiene nada que ver con la política«. Que eso es una estupidez es evidente: la Iglesia Católica no beatifica a ningún religioso al que asesinaran los golpistas (curas vascos, por ejemplo) ni piden perdón por su colaboración con el mayor asesino de la Historia de España, al que paseaba bajo palio y que inauguró su diplomacia tras la II Guerra Mundial con el Vaticano. Pero esto no es nuevo: no hay nada nuevo que comentar de la complicidad voluntaria y mantenida de la Iglesia Católica con el genocidio español. Lo llamativo es que Rouco invita «a la Casa Real» a la beatificación.

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Cuando uno no piensa lo que dice que piensa

He visto este vídeo en el blog de Jessica Fillol (que a su vez lo ha sacado del manifestómetro):

Podéis ver en su blog lo que le sorprende a ella.

Dentro de todo el esperpento intelectual, a mí me llaman mucho la atención los comentarios sobre la opinión que debería prevalecer, si la de los padres o la hija si ésta es menor.

Si de verdad se creyeran lo que dicen, deberían contestar que ninguna: que piense lo que piense cada uno de ellos no deben poder asesinar al pequeño bebé. Pero no: lo que dicen es que la de los padres, suponiendo que la menor querrá abortar y los padres que lo tenga. Pero, ¿y si la menor quiere seguir con el embarazo y los padres quieren que aborte porque no quieren destrozar la vida de su inconsciente hija? ¿También tiene que prevalecer la opinión de los padres?

Pues esta vez la Iglesia lleva razón

La franquicia española de la organización nihilista «Iglesia Católica» ha sacado una campaña que pagaremos entre todos y todas, como sucede con todo lo que hace esa organización. La campaña tiene dos ejes: uno explícito y otro implícito.

El explícito dice que los animales tienen derechos fundamentales que en los humanos no se respetan. En eso lleva toda la razón. Además del derecho animal a una sexualidad libre sin metomentodos hay un caso especialmente extremo que ilustra que los animales tienen derechos que el gobierno, como dice la organización, niega a los humanos. Si un animal contrae una enfermedad incurable que le provoca grandes sufrimientos y una vida que nadie quisiera para sí, sus seres queridos tienen derecho a llevarle a un profesional de la medicina para su especie y que se ponga fin al sufrimiento. Una decisión análoga con un ser humano es hoy ilegal. Ni siquiera con los humanos que libre y explícitamente son capaces de expresar su voluntad de no vivir un minuto más. Los perros y los gatos tienen derecho a la eutanasia (buena muerte); los seres humanos no tenemos derecho a evitar el dolor. ¡Gracias, Martínez Camino, por señalarlo!

El eje implícito es más curioso. La organización está iracunda porque una ley va a despenalizar el aborto en determinadas fases del embarazo. Esto es: cuando se aborte voluntariamente en las primeras semanas ni la mujer embarazada ni el equipo médico podrán ser llevados a la cárcel. Para un creyente debe de ser sorprendente: qué más da que no vayan a la cárcel si el castigo que les espera es un paso ad eternum por el sufrimiento infinito, el infierno. Quienes no creen que haya dioses justicieros que otorguen premios y castigos a los dueños y dueñas de cuerpos putrefactos, piensan que el mal hay que solventarlo en La Tierra. Los obispos tampoco se deben de fiar demasiado de que su dios castigue severamente a quienes participan en un aborto si exigen con tanto énfasis que sea el Estado el que lo castigue por si las moscas.

Van dando pasitos. La campaña que iniciaron ayer puede parecer a simple vista una monumental parida (lógicamente), pero es un primer paso para facilitar derechos a los humanos de los que hoy carecemos por las posturas arcaicas de la organización y va acercando a la Iglesia al entendimiento de que su reino o es de este mundo o no es.

NOTA: Veo que no soy el único en detectar derechos que tienen los animales de los que se nos priva a los humanos: Isaac Rosa también apunta hoy por ahí. Por fin la Iglesia tiende puentes hacia quienes estamos lejos de su redil.