Blog de Hugo Martínez Abarca

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La institución es mía

No hay nada menos liberal que la apropiación de las instituciones públicas por una parte. Un presidente de la Asamblea de Madrid, cuando ejerce de presidente, lo es de toda la Asamblea de Madrid y tiene que defender su dignidad y su correcto funcionamiento de acuerdo con la legalidad, no sometiéndola arbitrariamente a los intereses de su partido. Tan es así que incluso escénicamente los miembros de la Mesa no aplauden en los debates, como si fueran neutrales, y si va a intervenir en alguno, se baja antes al patio de butacas para diferenciar al diputado de partido del gobierno de toda la Asamblea.

El presidente de la Asamblea de Madrid, de Ciudadanos, ha hecho todo lo contrario. Ayer hizo una pirueta para retorcer el Reglamento de la Asamblea de Madrid convocó un pleno de investidura sin candidato pese a que era posible designar un candidato (de hecho, dos) por una única razón: era lo que le convenía a Ciudadanos, muy especialmente si son ciertas las informaciones de ayer de varias periodistas según las cuales hay una quiebra interna muy intensa en Ciudadanos Madrid por la oposición a convertirse en una corriente de PP-Vox.

El Reglamento de la Asamblea de Madrid permite un pleno sin candidato cuando no es posible nombrar un candidato para evitar que, si nadie quiere presentarse y dado que no se le puede obligar a nadie, empiece la cuenta atrás hasta nuevas elecciones. Es lo que sucedió cuando el tamayazo (como no existía esta modalidad de pleno la Asamblea y el Consejo de Estado retorcieron la legalidad pero esta vez en beneficio y con acuerdo de todos para evitar un colapso institucional).

Pero ayer había dos candidatos que querían someter su investidura al Pleno: el candidato del partido más votado el 26 de mayo, Ángel Gabilondo (que contaba de entrada con 64 votos a favor) y la segunda, Isabel Díaz Ayuso (con 56 votos, los del PP azul y los del PP naranja). Ahí sí cabe la discrecionalidad del presidente de la Asamblea que podría haber hecho una pirueta criticable pero seguramente legal y proponer como candidata a quien tiene menos apoyos haciendo el cálculo de que Ciudadanos y Vox mienten y se pondrán de acuerdo. Lo que no cabía era decir que el presidente no había podido presentar un candidato porque evidentemente sí podía.

La interpretación que hace imposible presentar la candidatura es casi peor. Lo que hace la ronda de contactos con portavoces de los grupos es tantear su opinión sobre qué votarán los diputados una semana después. Pero se supone que el parlamentarismo es vivo, que (según esa Constitución tan sagrada cuando hablamos de reyes y fronteras) los diputados no tenemos mandato imperativo (que el portavoz de un grupo exprese su opinión no determina qué van a votar cada uno de sus diputados, que votaremos lo que tengamos a bien) y que incluso los debates parlamentarios sirven para algo y podría haber cambios de opinión en función de ellos. Así que la ronda de contactos sirve para ver si hay alguien que se ofrezca como candidato y, si hay varios, para intuir cuál de ellos tiene más posibilidades de ganar una votación.

Lo que en ningún caso puede hacer el presidente de la Asamblea es decretar cuál va a ser el resultado del debate y votación parlamentaria. Eso es un desprecio a la Asamblea, a cada uno de los diputados y a la democracia representativa. Sólo es imposible presentar un candidato exitoso (condición que en ningún caso exige la ley pero que parece haberse inventado el presidente de la Asamblea) si anunciamos que el pleno es un mero paripé teatral para salir en la tele, que los diputados somos monigotes y que todo es una ficción porque el resultado de la investidura ya está decidido pero se juega al escondite para evitar fotos desagradables. Que no digo yo que no sea así, que seguramente el presidente de la Asamblea, siendo de Ciudadanos, sepa mejor que yo cómo está actuando su partido; pero que debería disimular un poco.

Nuestras dos únicas alternativas

Escribía ayer sobre las tres únicas opciones que tiene Ignacio Aguado en la Comunidad de Madrid: o gobernar con Vox o sentarse a hablar con el PSOE y Más Madrid o llevarnos a los madrileños a nuevas elecciones como si eso solucionara algo. Después se reunieron Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón y propusieron a Ciudadanos sentarse a hablar para una posible investidura del candidato más votado y que suma más apoyos (salvo que PP y Ciudadanos ya sumen los votos de Vox como propios).

Quizás también cabría plantear, como con Ciudadanos, cuáles son las alternativas de las fuerzas progresistas. 

El 26 de mayo los madrileños repartieron las cartas de la partida. Con esas hay que jugar. A muchos nos gustaría poder hacer todo lo posible por un gobierno de transformación para la Comunidad de Madrid. Pero es que todo lo posible es nada. Hay 64 diputados para un gobierno progresista (no ya transformador) y 56 de derechas y 12 de extrema derecha (por resumir, aunque es evidente que entre los 56 de derechas alguno de extrema derecha también hay, como el ínclito David Pérez). 

Las sumas posibles para conformar gobierno son las siguientes (no hay otra, aunque a cada una de estas sumas se pueden sumar más partidos, obviamente):

-PP+Ciudadanos+Vox (todos votando sí)

-Psoe+Ciudadanos+MM (podría abstenerse uno de los tres que no fuera el PSOE)

-PSOE+PP+Ciudadanos (podría abstenerse uno de los tres que no fuera el PSOE)

Unidas Podemos no da ni quita la mayoría a ninguna de las combinaciones posibles. Y en todas las combinaciones es necesario el voto favorable o abstención de Ciudadanos. Así que sólo Ciudadanos puede mandarnos a otras elecciones más en otoño y por tanto sólo a Ciudadanos cabría responsabilizar del fracaso de tener que ir a unas nuevas elecciones claramente evitables.

Todo lo que no sean esas tres combinaciones o una nueva convocatoria electoral no es que sea iluso, simplemente es imposible: como cantaban Mártires del Compás, las matemáticas no aman, pero tampoco fallan. Y no hace falta ser leninista para saber que en política se actúa sobre la realidad existente, no sobre la que nos gustaría que sucediese: es lo que diferencia la política de la vida contemplativa religiosa. Esas son las combinaciones por mucho que nadie se empeñe en que hará lo posible por construir otras.

Así pues podemos pensar qué objetivo tiene un partido progresista. Puede aspirar a echar cuentas electorales y crecer en las próximas elecciones. En ese caso estoy bastante convencido de que Más Madrid no saldría perjudicado de unas nuevas elecciones, aunque uno nunca sabe en qué se va a transformar la justa indignación ciudadana ante unos partidos incapaces. Pero si un partido se diferencia de una empresa que sólo busca balances contables es en que debería buscar mejorar la vida de la gente a la que representa. 

¿Cuál de las opciones realmente existentes es mejor para la vida de los madrileños y (sobre todo) de las madrileñas? 

Parece innegable que un gobierno acordado y condicionado por Vox sólo puede acarrear más sufrimiento, discriminaciones y recortes de derechos y libertades salvo para miembros de manadas y agresores de mujeres, homosexuales, bisexuales, trans, negros, moros… ¿Hay alguien progresista (o simplemente demócrata) que no prefiera que Vox sea lo más irrelevante posible?

Una opción sin Vox (probablemente la más difícil de todas) sería el PSOE con el PP y Ciudadanos. No parece una gran idea salvo para los corruptos amamantados por el PP durante 25 años de degradación institucional. Más allá de que se antoja imposible que el PP colaborase en su desalojo del tinglado (le interesa mucho más arriesgarse a elecciones que permitir que otros puedan abrir cajones) no creo que haya ningún progresista madrileño que crea que esa suma pueda suponer algo de limpieza institucional ni que fuera la mejor de las posibles. Pero igual alguien prefiere que el PP siga en el gobierno autonómico madrileño.

Por tanto queda la opción de intentar un gobierno en el que como mínimo Más Madrid, PSOE y Ciudadanos estemos de acuerdo. Esto presenta dos grandes dificultades. La primera es la resistencia de Ciudadanos, que sigue simulando que su acuerdo con el PP (56 diputados, uno menos que PSOE más Más Madrid) tiene alguna viabilidad sin más socios. O Ciudadanos ha decidido condenar a los madrileños a elecciones o tendrán que ser flexibles hacia algún lado: hacia el lado progresista o hacia la extrema derecha. La otra dificultad obvia es que un gobierno así no sería un gobierno que lograra los avances sociales, económicos y posiblemente medioambientales (si Ciudadanos mantiene la irresponsable posición que tiene en la ciudad de Madrid) que necesita Madrid. Sería un gobierno de higiene democrática, de regeneración de una Comunidad de Madrid torturada por la corrupción estructural y de defensa de la democracia y las libertades amenazadas por la extrema derecha. Pero de las opciones realmente existentes ¿hay algún progresista, algún demócrata, que no crea que es la que mejor vendría a los madrileños?

España está colapsada por la falta de ideas, de riesgos, de cintura ante las situaciones novedosas. La propuesta de hace semanas de Íñigo Errejón concretada ayer de acuerdo con Gabilondo es arriesgada, difícil y posiblemente menos rentable para Errejón y para Más Madrid que otras más conservadoras. Pero para los madrileños no parece dudoso que sea la mejor opción entre las posibles.

Hay dos opciones: intentar, por difícil que sea, el mejor gobierno posible para los madrileños, o resignarnos a que la extrema derecha aplique el programa que recitó el jueves Rocío Monasterio. No tengo dudas.

Las tres alternativas de Ignacio Aguado

Ayer fue especialmente contundente Ignacio Aguado tras las exigencias de Rocío Monasterio para una investidura de derechas. «Ciudadanos no va a llegar a ningún tipo de acuerdo con aquellos partidos que quieran hacer retroceder a la Comunidad de Madrid. No gobernaremos con partidos que frivolicen con la violencia machista, que estigmaticen a los inmigrantes, que ataquen al colectivo LGTB y a los derechos y libertades que con tanto tiempo y sacrificio se han ido conquistando en la Comunidad de Madrid. No habrá un Gobierno bajo esas condiciones. Mis principios y los de mi partido están por encima de un Gobierno. Queremos llegar a un acuerdo con aquellos partidos que quieran progresar.«

Es una buena noticia: esta declaración de Ignacio Aguado saca a Ciudadanos de su ambigüedad (seamos amables) en la Comunidad de Madrid tras haber pactado con Vox el reparto de la Mesa de la Asamblea y el Ayuntamiento de Madrid: Ciudadanos sabe perfectamente de la gravedad que tiene la Comunidad de Madrid en su crisis interna. Esa declaración (y el tono contundente que empleó) es irreversible. Con esa declaración es imposible que Ciudadanos sume sus votos a PP y Vox para gobernar la Comunidad de Madrid salvo que Aguado admita que el discurso de ayer le persiga machaconamente señalándolo como un mentiroso el resto de la legislatura. Fue, además, una comparecencia sin preguntas por lo que parece que dijo exactamente lo que quería decir sin improvisar ni una coma, sin arriesgarse a que una pregunta le pillase con la guardia baja y le llevara a salirse de un guion claro y contundente. Una buena noticia, insisto, para los demócratas de Madrid (y de España).

Tras esas declaraciones, Ignacio Aguado sólo tiene tres posibilidades echando números.

1- Quedar como un auténtico mentiroso, violando lo que él ha definido como «mis principios y los de mi partido» y acabar sumando los votos al PP de Madrid y Vox para un gobierno de continuidad a 25 años de saqueo con el lastre añadido de los acuerdos (escenificados de tal o cual forma, públicos u ocultos) con Vox. Es difícil explicar mejor que lo hizo ayer Aguado qué significaría para Madrid, para Ciudadanos y para él que eso sucediera.

2- Explorar la posibilidad de una alternativa de gobierno. Ángel Gabilondo fue el candidato más votado el 26 de mayo con cierta distancia. Nadie puede acusar a Gabilondo de extremista, histriónico, etc. Tampoco es probable que nadie que no sea muy fanático pueda tachar a Íñigo Errejón de peligroso radical que no defienda cada derecho y conquista democrática alcanzada. Entre Isabel Díaz Ayuso, David Pérez y Rocío Monasterio por un lado y Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón por otro (que son las dos posibilidades que suman escaños suficientes para que Ciudadanos decante una mayoría) creo que poca gente duda dónde está el extremismo, dónde la demagogia populista, donde el peligro para las instituciones y para las libertades e incluso dónde el nacionalismo más reaccionario. Evidentemente un acuerdo de gobierno de este tipo no podría ser lo ambicioso que nos gustaría a quienes no logramos una mayoría progresista el 26 de mayo pero permitiría preservar derechos y libertades, regenerar unas instituciones podridas por 25 años de aguirrismo y preservar la democracia frente al fanatismo y el odio. No es poca cosa si se piensa en el bienestar de la ciudadanía más que en los cálculos electorales del partido propio (probablemente a Más Madrid no le iría nada mal en unas nuevas elecciones) pero incluso pensando en esos cálculos, no creo que Ciudadanos pagara precio alguno por una opción que cada vez es más obvia.

-La tercera posibilidad es la repetición de elecciones. No hay más posibilidades de sumar una mayoría que con Ciudadanos habiendo mentido y atándose a PP y Vox o con Ciudadanos buscando ese acuerdo de regeneración y defensa de las libertades con Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón. O se da una de esas sumas o el 11 de septiembre se disuelve la Asamblea de Madrid y vamos a elecciones nuevas. No parece verosímil que esas elecciones dieran un resultado que beneficiara a Ciudadanos no ya por su posible caída sino por cómo quedaría, de nuevo, ante la necesidad de una investidura. Salvo un improbable vuelco electoral, las posibilidades son las que había el 26 de mayo (quizás alterando el equilibrio interno de cada bloque): o un reparto muy parecido al actual en el que Ciudadanos se encontraría de nuevo ante las mismas opciones ante las que hoy no habría sido capaz de decidir; o ante una mayoría progresista que permitiera un gobierno más ambicioso en políticas fiscales, medioambientales y económicas del que podríamos configurar hoy y en el que Ciudadanos e Ignacio Aguado serían completamente irrelevantes.

En su mano está. Ignacio Aguado puede rescatar a la Comunidad de Madrid de años de parálisis, reacción, corrupción y desmantelamiento de derechos y conducirla hacia la normalidad democrática (que no es poco avance) o pegarse un tiro en el pie de los madrileños.

Madrid, en serio

El lunes publicó Telemadrid una encuesta para el Ayuntamiento de Madrid previa al acuerdo entre Manuela Carmena e Íñigo Errejón. En ella Manuela Carmena sería la más votada pero la irrupción de Vox haría posible otro pacto de la vergüenza a la andaluza con Villacís y PP dado el flojo resultado del PSOE.

Una semana antes Telemadrid había publicado una encuesta realizada en las mismas fechas que arrojaba una suerte de cuádruple empate (cuatro puntos de diferencia entre los cuatro grandes partidos) que daba a Vox la posibilidad, de nuevo, de que el pacto de la vergüenza diera a Madrid cuatro años más de corrupción y odio.

Las dos encuestas dan una conclusión similar: es posible darle la vuelta a la partida si queremos que Madrid funcione, avance y no se ancle en ese pasado ruinoso y grasiento. Pero algo hay que hacer. Algo había que hacer. Tradicionalmente las fuerzas progresistas en Madrid se han dejado caer. No es que no ganaran, es que apenas competían y no pocas veces incluso llegaban a tener jugadores compitiendo en el equipo rival.

En las dos semanas posteriores a las encuestas ha habido dos golpes en la mesa que explican que sí, que hay partida, que esta vez se va a jugar a pleno rendimiento. El acuerdo entre Manuela Carmena e Íñigo Errejón pone la batalla electoral por Madrid en primera línea con una foto que cualquier analista electoral identificaría como un enorme acierto político. Y ayer por la noche el PSOE anunció que Pepu Hernández es su candidato al Ayuntamiento de Madrid.

Causa cierto pudor poner en un lado a Manuela Carmena, Íñigo Errejón, Ángel Gabilondo y Pepu Hernández y en el otro a Ayuso, Almeida, Villacís y Aguado. Y a estos últimos falta por unírseles algún Ortega Smith, o el matón con que nos quieran castigar a los madrileños. En todo caso es la diferencia entre un bloque que ha comprobado en el Ayuntamiento que Madrid puede avanzar y que merece la pena apostar muy fuerte y quienes siguen en la inercia de la chapuza, el mangoneo y la bendición del camión de la basura.

Hay los mimbres para ganar Madrid, para que nunca más se nos ponga como ejemplo de cutrez, saqueo y decrepitud. Sólo es necesario ponernos ya mismo a hablar de Madrid, a hacer propuestas para Madrid y a convencer a la ciudadanía madrileña de que no falte ni un voto en la urna, que nos estamos jugando el futuro.

Tenemos mimbres, lo que no tenemos es tiempo.