Blog de Hugo Martínez Abarca

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La guinda del esperpento

Todo el mundo es cómplice de ETA. Quien más, quien menos está en el entorno, o en el entorno del entorno del entorno del entorno, o una vez se tomó una caña en una herriko, u otra vez vio a Otegi en la tele y no destrozó el aparato con un bate de beisbol. Por supuesto la izquierda batasuna es ETA; también Aralar, claro (si no, ¿por qué no hay gobierno de izquierdas en Navarra?); por supuesto el PNV, Eusko Alkartasuna y Ezker Batua, saliente tripartito del odio y el frentismo; desde el 11-M y durante la tregua el propio PSE y ZetaP fueron ETA…

No es la primera vez que se acusa a la policía de ocultar pruebas al poder político sobre ETA en sentido amplio. Uno de los relatos de la conspiración de los peones negros se basaba en que la policía no había facilitado información a Acebes y por eso éste había hecho (otra vez) el ridículo. Ayer Conde Pumpido entró de lleno en la lógica de la conspiración: no es que él no tuviera pruebas, es que la policía se las da a Garzón. Los únicos que aportan pruebas son los miembros de la Benemérita.

Sin embargo uno diría que no debe descartarse que la Guardia Civil esté también en el ajo proetarra: en general cualquiera puede pensar que la presencia de gente que no tiene restringido el derecho de sufragio pasivo no es ninguna prueba de que una lista sea de ETA; pero en las últimas ilegalizaciones el gobierno dio una triple pirueta (con red judicial debajo, eso sí) y reconoció que ilegalizaba Askatasuna sin pruebas ni indicios, sino con un novedoso «relato de indicios«. En algún otro caso lo que se hizo fue construir imputaciones para evitar que las condenas se rigieran por algo tan peregrino como una sentencia.

Ni la Guardia Civil ni la Policía ni juez alguno han presentado pruebas de todo lo que se ha dicho a la opinión pública: ni una prueba de que la financiación de ETA y la de Batasuna fueran vasos comunicantes; ni una prueba de que ANV, AuB, Askatasuna, EHAK, y un largo etcétera fueran lo mismo que Batasuna y por tanto lo mismo que ETA. Más de una década después todavía nadie ha explicado por qué se cerró un periódico como Egin, a pesar de que hay pocas cosas más graves en una democracia que cerrar un periódico o ilegalizar un partido.

No nos equivoquemos: cuando Aznar cerró sin pruebas Egin utilizando a Garzón (pero sin disimular que el juez era un títere: Aznar reconoció públicamente que éramos nosotros quienes nos atrevíamos a cerrar Egin) ya empezaba a ser víctima de ese complot policial que se negaba a aportar pruebas.

Desde Aznar a Conde Pumpido España no se arruga ante los complots: si la policía se niega a aportar las pruebas, cerramos lo que haya que cerrar sin pruebas, que esto se arregla en dos patás. El Estado de Derecho es una mariconada. O peor, una mariconada del entorno de ETA.

Consejos vendo

En 2001 se produjeron los atentados del 11-S y George Bush decidió que eran un instrumento perfecto para el todo vale: invasiones, bombardeos, violación de la intimidad, campos de concentración, anulación de derechos sin juicio… Excepto el exótico Aznar, todo el mundo ha venido criticando los excesos de Estados Unidos: «no todo vale en la lucha contra el terrorismo» le hemos escuchado mil veces a Zapatero hablando de Estados Unidos.

El impulso dado por Bush al todo vale permitió a decenas de gobiernos dar pasos que hubieran resultado insólitos pocos meses antes. Esa es la única razón que hace entender, por ejemplo, que la Ley de Partidos Políticos (eufemismo por el que se conoce a la ley de ilegalización de partidos políticos vascos) no se promulgara hasta junio de 2002, nueve meses después del 11-S. Las primeras ilegalizaciones fueron en agosto de 2002, casi un año después de los atentados de Nueva York.

Todos dábamos por descontada la ilegalización de D3M como una continuidad de la dinámica ilegalizadora: no es más que un paso más en el mismo camino. Es un camino que hace ocho años hubiera parecido una hipótesis antidemocrática a casi toda la población y que hoy sólo la siguen considerando así unos pocos (que somos proetarras; como fuimos partidarios de Sadam Hussein quienes nos opusimos al bombardeo de Irak).

Lo de Askatasuna en cambio es una vuelta de tuerca más: el Gobierno ha defendido la ilegalización afirmando que hay «un relato de indicios» (sic), que «es probable que haya vinculaciones aún no conocidas» (sic)… Las contundentes pruebas presentadas consisten en que algunos miembros de Askatasuna firmaron los avales que necesitaba D3M. Sé que muchos militantes de Izquierda Unida han avalado con su firma a Izquierda Anticapitalista (yo mismo creo que lo habría hecho si alguien me lo hubiera pedido) por considerar que éstos tienen derecho a presentarse, aunque deseemos que todos sus posibles votantes acaben prefiriendo a IU: ¿ahora es ilegal defender derechos políticos para cualquiera que no sea uno mismo? El paso coherente sería ilegalizar a todos los partidos que se hayan declarado contrarios a las ilegalizaciones: según la lógica de nuestro gobierno progresista es imposible que defiendan que no se ilegalice a Batasuna sin ser Batasuna misma, como es imposible firmar para que se presente D3M sin ser D3M.

También dijo Rubalcaba que no se puede hablar de democracia si se permite que estén en las instituciones los proetarras. ¿Quiere esto decir que en España no hubo democracia hasta 2002? ¡Viva Aznar, que nos trajo la democracia!

Desde la distancia madrileña no asusta tanto el atropello democrático (uno se acostumbra a casi todo) como el consenso que lo permite. Asusta que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tenga las ilegalizaciones como uno de los escasísimos casos que admite a trámite porque es, como mínimo, muy dudoso, mientras ni un sólo juez duda lo más mínimo (el auto de ayer se produjo por unanimidad). No asustan tanto las bobadas incoherentes presentadas como argumento: lo que asusta más es que la población española haya adoptado un cambio de posición radical hasta el punto de considerar cómplices de todo a quienes digan lo mismo que ellos mismos decían hace sólo una década: quienes decimos que las ilegalizaciones son impresentables somos tan proetarras como lo era Aznar en 1996. Y asusta que hace unos años uno siempre tuviera la esperanza de que hubiera algún disenso frente al disparate y ahora ya sepamos con mucha antelación que habrá la misma unanimidad que se produjo en Israel cuando se ilegalizaron hace unas semanas a todos los partidos árabes por oponerse a la integridad del estado judío y no oponerse con la requerida contundencia al terrorismo.

No hay razón para que lo que pensáramos en 1996 o lo que pensamos para Estados Unidos de América y para Israel no sea válido tal cual para aquí y ahora. Salvo que sea verdad eso de que no nos mueven principios democráticos sino la fobia a EUA e Israel, pero que somos capaces de admitir lo que hacen éstos con la única condición de que lo hagan otros.