Blog de Hugo Martínez Abarca

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De los tuits de Zapata a esta salvamización de la política

¿Se acuerdan de los primeros años de gobierno municipal de Ahora Madrid? Salíamos de un ayuntamiento enfangado, con gravísimos casos de corrupción, gestión paralizada y una deuda municipal que sumaba más que todas las demás ciudades de España. Pero estábamos escandalizados: habíamos encontrado chistes negros en la cuenta de twitter de Guillermo Zapata, en la cabalgata los Reyes Magos iban vestidos tan modernos que destrozaron las ilusiones de la hija de una conocida tertuliana, Rita Maestre había sido activista por una universidad laica y Manuela Carmena se fue de vacaciones con su familia a Cádiz pagándoselo ella e incluso tuvo la desfachatez de pasear con una flor en una mano.

Hoy es ridículo todo (aunque los nuevos apocalipsis municipales no sean mucho más serios), pero a principio de legislatura daba la impresión de que el gobierno municipal estaba a punto de caer a base de gilipolleces.

Lo que está apareciendo sobre el gobierno de Pedro Sánchez no son exactamente gilipolleces. Una notable evasión fiscal y la participación en la misma trama universitaria que Cifuentes y Casado hicieron dimitir a dos ministros. Estos días estamos conociendo la cercanía de una ministra con Villarejo (una cercanía fea, pero de cuyo contenido lo peor que se ha encontrado para la entonces fiscala son unos insultos homófobos en privado hace una década) y que Pedro Duque usó una sociedad patrimonial probablemente para pagar menos impuestos por su patrimonio. No son gilipolleces, pero tampoco tienen nada que ver con las enormes tramas de corrupción lindando con lo mafioso que han estructurado todos los gobiernos del PP. Tienen tan poco que ver que sólo Casado aúna en su persona dos de las razones por las que el PP ha pedido dimisiones: la participación en la trama corrupta universitaria y el chalaneo con Villarejo. El tema de la tesis de Pedro Sánchez si, parece ser una gilipollez. Y, salvo en el caso de Carmen Montón, ninguno es un hecho realizado desde cargos políticos, lo cual es una diferencia importante frente a las numerosas tramas que el PP ha articulado desde los gobiernos municipales, autonómicos y nacional.

La diferencia entre las gilipolleces que tuvieron que usar para atacar al equipo de Manuela Carmena y las acusaciones con las que acosan al de Pedro Sánchez probablemente está en los distintos orígenes: el equipo de Manuela Carmena está formado por gente muy valiosa que viene en general de entornos sociales y vitales más que comunes, donde uno no tiene capacidad de evadir más impuestos que el IVA del fontanero. Y de tener algún trato con la cloaca del Estado, el que habrían tenido los concejales es el de ser sus víctimas. ¿O alguien se cree que esos tuits de Zapata se encontraron solos? Pedro Sánchez decidió montar un gobierno elitista para suplir otras debilidades (hostilidad del aparato de su partido, debilidad parlamentaria…) y está encontrando que las élites de nuestro país suelen acarrear unas mochilas que huelen mucho peor que los carritos de la compra de la gente común.

Lo que sí tienen en común ambas situaciones es el tipo de oposición. La sobreactuación, los espumarajos, las medias verdades o mentiras y la incoherencia del PPCs (político-mediático) junto con el turbio origen de las informaciones rebajan el debate político a un Sálvame de bajísima calidad cuyo único objetivo es tumbar a un gobierno legítimo que, cumplirá o no, pero tiene en su mano llevar a cabo cambios políticos, sociales y éticos que, esto sí, no lo perdonarán jamás los amigos de la cloaca.

 

Como sigan investigando a Pedro van a acabar de matar a Pablo

Decía ayer mi buen amigo Jorge Caplan que si él fuera Pedro Sánchez diría «¿Acaso tengo pinta de Premio Nóbel de Economía? Pues eso, mi tesis está flojita«. Pedro Sánchez no es Joseph Stiglitz ni Thomas Piketty ni tiene por qué serlo. Ni siquiera es Manuel Azaña o Pericles, ni tiene por qué serlo. Es Pedro Sánchez, un presidente del Gobierno cuyas tres principales virtudes son haber sucedido a un Gobierno del PP, por lo que toda comparación lo coloca en los altares; haber sido acosado por el aparato del PSOE, por lo que cobra la credibilidad que el PSOE había perdido; y tener sólo 84 escaños, por lo que es mucho más receptivo a adoptar propuestas ajenas que el PSOE nunca ha aceptado cuando ha gobernado con más fuerza.

El intento desesperado del PP (político-mediático) por elevar la tesis de Pedro Sánchez a caso es completamente suicida. Probablemente la tesis de Pedro Sánchez no sea nada del otro mundo pero hasta ahora nadie ha mostrado nada que sea un ataque a la universidad como sí lo es la trama de títulos falsos de los másters de la Rey Juan Carlos, o el regalo de media licenciatura de Derecho en cuatro meses mientras se es diputado autonómico (tarea que lleva unas horitas, lo puedo asegurar).

Lo más que han hecho entre ayer y hoy algunos medios y periodistas especializados a construir trampantojos (titulares escandalosos tras lo cual no hay absolutamente nada) es acusar de plagio con tres datos absolutamente inocuos.

-Se dice que años después de la tesis apareció un libro fundamentalmente con los contenidos de la tesis firmado por el propio Pedro Sánchez y otro señor que hoy trabaja en el Real Madrid. Lo cual es perfectamente normal; que el otro señor hubiera ejercido de negro de la tesis de Sánchez es algo de lo que hasta ahora nadie ha aportado el menor indicio aunque se haya puesto como titular de una exclusiva de una web basura.

-Se dice que hay párrafos copiados de informes gubernamentales sin dar más detalles que que no se entrecomillaba ni citaba. Lo cual sería una chapuza que debería haber sido corregida en su momento salvo que suponga un volumen importante de la tesis, algo que no sabemos porque los «periodistas de investigación» que dicen haber accedido a la tesis no desarrollan la información ni dan detalle alguno. Pero, vamos: si es cierto (que es imposible saber), mal. No se copian textos ocultando que es una cita y menos en un trabajo académico. Eso no se hace.

-Se titula que se plagió artículos de otros autores aunque luego se explica que estaban citados aunque se cuestiona que fueran citados correctamente («Sánchez incluyó una cita trampa, en la que decía que «para un análisis más detallado» se podía consultar el artículo plagiado»). Se suele decir que copiar un texto es plagio, pero copiar muchos es un trabajo de investigación. En ningún caso citar incorrectamente (si hubiera sido así) sería un escándalo a poner en la misma mesa que la trama de la Rey Juan Carlos sino, todo lo más, un chascarrillo de barra de bar.

Pues vale. Eso es lo que tienen tras una orgía de búsqueda de mierda que tape la participación aparentemente delictiva de Pablo Casado en una trama universitaria de títulos falsos; lo cual es más sorprendente por innecesario tras haber demostrado, él sí, una capacidad para el Derecho asombrosa: al líder del PP tapoco se le pide ser Hans Kelsen, pero a alguien capaz de hacer la mitad de la licenciatura de Derecho en cuatro meses mientras se trabaja, sí.

Lo que hizo Pablo Casado en el máster es análogo a lo que hizo Carmen Montón y está fuera de la política. Lo que hizo Pablo Casado en la licenciatura no tiene comparación conocida.

Es absolutamente insostenible.

El PP (político-mediático) está demostrando la histeria de quien se sabe acorralado. Pablo Casado es un fraude andante. Y cuanto más tratan de demostrar que en todas partes cuecen habas más obscena es la cantidad de puchero que se han zampado en Génova 13 desde tiempos inmemoriales. No hay un solo español con nombres y apellidos (incluidos tertulianos, columnistas y cargos públicos del PP) que hayan dicho que sí, que cree que Casado estudió la licenciatura de Derecho correctamente y que también cree que hizo lo necesario para obtener limpiamente el máster.

Lo peor para el PP es que no les ha sorprendido que Pablo Casado sea un fraude. Lo peor es que lo eligieron cuando toda España (y ellos más que nadie) sabían que Pablo Casado era un fraude. Y no les importó, no les pareció un obstáculo. Necesitan hacer este ridículo para salvar a Casado. Y lo que está haciendo el PP es enterrarse con él.

Titulitis

Cuando eldiario.es mostró el chanchullo del máster de Cifuentes pensé, como tanta gente, que lo quería para garantizarse una plaza en la Universidad. Que quería que le regalaran el máster como paso previo a que le regalaran el doctorado y tras él la plaza como profesora en la Universidad por si acaso. No son pocos los enchufes en algunas universidades y, en concreto la Universidad Rey Juan Carlos había mostrado una enorme predisposición a acoger a quienes arroparon el saqueo de Bankia: Cifuentes no tendría ningún problema.

Hoy creo que no era exactamente así. Primero porque Cifuentes acabará en alguna empresa privada que no la valore por lo que vale sino por lo que ha hecho. Pero también porque el goteo de casos demuestra que lo que hay es una perversión del carácter de los títulos universitarios convertidos en esas alturas en una especie de título nobiliario. De alguna forma deben de creer que son personas tan importantes que son merecedores de un título que otros tienen que currarse porque, al fin y al cabo, son mucho menos importantes. Qué coño va a tener que aprender de derecho público toda una delegada del Gobierno en Madrid o todo un señor diputado autonómico y líder de los jóvenes del PP en Madrid. La duda no es si ellos merecen el máster, sino si el máster les merece a ellos.

El caso es aún más patético con Carmen Montón. Montón no necesitaba ninguna acreditación de su conocimiento en temas de género. Probablemente, como todos, podría haber aprendido más, conocido textos nuevos, teóricas y estudios… pero no necesitaba acreditación. Había sido ponente en algunas de las leyes más importantes al respecto y eso, necesariamente, exige un aprendizaje colosal. Pero fue seducida por la medallita regalada. Aquí tienes tu máster, mira qué bien te queda. Y se lo puso, lo paseó por la alta sociedad política. Como si no fuera fácil distinguir quién sabe de lo que habla, quién no tiene ni idea, quién habla tras cierta reflexión, quién cacarea los eslóganes de rigor.

Cuando el PP optó por defenderse del caso másters expandiendo mierda acusaron a Toni Cantó de haber puesto en su currículo que era pedagogo pese a no tener ningún título que lo acreditase. Lo cierto es que parece que Cantó enseñaba interpretación, dada su dilatada experiencia como actor. Enseña, pues es pedagogo. Como a Ignacio Escolar, reciente premio Gabriel García Márquez de periodismo, le acusaron de no tener el título de periodista. Yo soy licenciado en Filosofía por la Autónoma y en Ciencias Políticas por la Complutense pero desde luego no se me ocurre presentarme como filósofo ni como politólogo salvo, acaso, a nivel usuario, como la ofimática.

Un imbécil con título sigue siendo un imbécil. Y se le nota. Como al tipo brillante se le nota que lo es sin necesidad de pedirle un currículum vitae. Además del nivel de corrupción y nepotismo que lleva a sentirse tan superiores como para merecer regalado lo que al común le cuesta tanto esfuerzo ¿qué nivel de complejo intelectual que lleva a querer aceptar títulos regalados, sea la licenciatura en Derecho o el máster de la rey Juan Carlos?