Blog de Hugo Martínez Abarca

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Artículo en Cuarto Poder: La irrelevancia de la derecha xenófoba en España

Por toda Europa están cobrando gran fuerza opciones de extrema derecha cuyo discurso se centra en el odio al inmigrante. Finlandia, Grecia, Reino Unido, Holanda, Bélgica, Suiza…por todas partes están en auge las fuerzas políticas xenófobas y en el centro de todas ellas Francia, con Marine Le Penencabezando los sondeos de las elecciones europeas. Es un fenómeno bastante heterogéneo cuyo tronco común es la xenofobia: el inmigrante como causante de la crisis.

Llamativamente en España, uno de los países con mayor tasa de desempleo de Europa y donde la crisis (y su gestión política) está sacudiendo más duramente, no está surgiendo un fenómeno de este tipo. Por un lado, la extrema derecha no ha conseguido presentar un referente político propio (separado del PP) que sea mínimamente relevante; por otro, el CIS descarta tozudamente que la población española sitúe la inmigración como uno de sus principales problemas pese a las machaconas amenazas de los 30.000, 40.000, 80.000 africanos o los que haga falta que acechan nuestras fronteras para asaltarlas.

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Los límites de la descentralización

Unos cuantos ayuntamientos están decidiendo meter bajo su suelo mierda nuclear que tardará cientos de miles de años en dejar de estar activa: no deberíamos hablar de cementerio nuclear, pues los residuos no están muertos, sino más bien de un área de terminales tóxicos y peligrosos cuya agonía sobrevivirá a todas las generaciones de descendientes imaginables. Para que nos hagamos una idea: si los neandertales, extinguidos hace 40.000 años, hubieran enterrado residuos de una central núclear, estarían ahora en sus primeros años de actividad.

No se conoce ninguna indemnización que se dé a cambio de nada. Ni los más liberales, que casualmente son los más defensores de la energía nuclear , cuestionan que se riegue de millones de euros de una empresa pública a los pueblos que acojan los residuos y a los de 20 kilómetros a la redonda (¡una subvención que los liberales no critican!). El sábado escuchaba a un diputado socialista explicar que lo que no tiene sentido es que un pueblo de Segovia sea el premiado porque allí hay mucho turismo. ¿Para qué esos millones? ¿Por qué privar a los turistas del sanísimo olor a plutonio por la mañana? Sólo podemos deducir que los máximos defensores de la energía nuclear saben que es una mierda, pero que da muchos millones de euros a alguna gente, incluidos los alcaldes de Yebra y Ascó, empleados de empresas energéticas.

La cuestión es qué legitimidad tienen los municipios para aceptar el soborno que repercutirá en la seguridad de ciudadanos que no son del pueblo y de generaciones y generaciones que no han podido decidir al respecto porque ni han nacido ni se les espera. La respuesta es obvia: ninguna. Nuestros descendientes no pueden ciscarse en nuestras muelas aún, pero resulta clarificador que mientras los alcaldes (y buena parte de sus vecinos) reclaman el plutonio y los millones de euros, los presidentes catalán y castellano-manchego junto con los partidos de la oposición lo rechazan y piden que, si no te importa, se suicide la madre que te parió: hay que recibir muchos millones para tragarse tanta mierda y sonreir.

Hay pocos asuntos en los que sería positiva la máxima centralización. Uno de ellos es el medio ambiente. La contaminación que arroja a la atmósfera un estadounidense o entierra bajo el suelo un francés nos repercute al resto de seres humanos (vivos y por nacer). Puedo decidir suicidarme con la condición de que no lo haga volando el edificio con todo el vecindario dentro. Y a eso nos están arriesgando unos alcaldes por un puñado de euros.