Blog de Hugo Martínez Abarca

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En defensa de los periodistas de investigación (que hacen periodismo y de investigación)

En cualquier democracia el periodismo libre es un cimiento fundamental. Una condición sine qua non de la democracia. En una democracia con tantas grietas como la española el periodismo de investigación, en concreto, está siendo esencial para detectar la podredumbre que la corroe. Y ha habido muchos casos de periodismo de investigación de extraordinaria calidad que permitió destapar gran parte de la corrupción de Ignacio González diez años antes de que intervinieran los jueces, los papeles de Bárcenas… Recientemente las informaciones que hemos conocido por investigaciones rigurosas han mostrado la puerta de salida a Moix, Maxim Huerta, Cristina Cifuentes, José Manuel Soria, Carmen Montón y Pablo Casado, que es el único que no ha entendido el mensaje. Aún.

Desde hace bastantes años vengo tratando con varios de los mejores periodistas de investigación que hay. Al menos desde que empezó la lucha contra el campo de golf de Ignacio González y Esperanza Aguirre en Chamberí. Por activismo político y por cierta capacidad de intuición he podido colaborar mal que bien con ellos en algunas ocasiones y ver cómo trabajan muchos de ellos (y de ellas, que diría que son mayoría). Son gente de una capacidad de trabajo asombrosa, con tal cantidad de datos interconectados en la cabeza que abruma y, sobre todo, con muchísimo rigor. No sé cuantas veces he escuchado «esto no lo puedo publicar si no lo compruebo por varias vías más» (una de las informaciones más importantes de los últimos meses no la publicó un medio sino su competencia porque el primero, que la tenía desde semanas antes, quería poder contrastar con más rotundidad aún antes de publicar algo tan relevante, por ejemplo) o «esto me lo habéis dicho varios, así que debo de estar equivocada en lo que pensaba«. Sólo una vez un periodista (con quien perdí el contacto) me contó una información que no iba a publicar porque perjudicaba a un partido al que no quería hacer daño. También he visto a periodistas de distintos medios trabajar juntas para desenredar una madeja infernal: un trabajo conjunto que probablemente no viniera bien a sus medios ni a ellas mismas como profesionales que quisieran el reconocimiento de la exclusiva… en exclusiva.

El periodismo de investigación es una de las joyas que tiene nuestra democracia y merece ser protegido. Porque es atacado.

A veces los ataques vienen de las personas señaladas por informaciones más que fundadas. Recordemos que Ignacio González se querelló contra los periodistas que empezaron a informar de la punta del iceberg de su trama corrupta: alguna de las querellas las pagó con dinero público de todos los madrileños (hasta que una jueza le dijo que se lo pagara él); o que hace pocas semanas Ignacio Escolar y Raquel Ejerique tuvieron que declarar como imputados por una querella de Cristina Cifuentes, que les pide cárcel por las informaciones sobre su máster que ya nadie niega. Algún medio de comunicación tuvo que pedirle a una de las mejores periodistas de investigación de España que dejara de investigar un caso (que acabó con el investigado en la cárcel) porque era ruinoso ante la avalancha de querrellas.

Pero otras veces el ataque viene de otro rincón del periodismo, convertido en mera propaganda de ataque e infamia y disfrazado de periodismo de investigación. Es perfectamente obvio que hay personas cuyas especialidades son el trampantojo periodístico (publicar un extraordinario titular de trascendencia histórica sustentado por un texto que no demuestra más que la imposibilidad de sostener argumentadamente el titular) y la corrección sintáctica para que quede bien redactada la publicación de un dossier recibido de cloacas del poder con independencia de que lo publicado sea verdad, un invento o algo irrelevante que, como en el caso del trampantojo, se pueda disfrazar de escandalazo para cubrir objetivos partidarios o de mero interés mafioso. Hay que solidarizarse con estos conciudadanos porque el encarcelamiento de Villarejo les ha hecho mucho daño, pero aun así no les quedan pocos colaboradores.

Este tipo de periodismo supone dos problemas. El primero: que trata de mezclar a corruptos, tramposos y mentirosos con gente perfectamente honrada: para salvar a los primeros no dudan en joder la vida a los segundos. Además del problema humano esto trae un problema democrático dado que distorsiona todo para engañar a la ciudadanía (casi nadie tiene por qué ser un informadísimo lector experto en detectar grietas en los textos: para eso deberían estar las redacciones de los medios, que se opusieran a publicar basura).

Pero el segundo problema es que erosiona profundamente al periodismo de investigación serio, riguroso y que sí es un pilar de la democracia. Una de las funciones de estas publicaciones basura es también la de conseguir que cualquier crítica aparezca causada no por la falta de sustancia de la investigación sino porque «esta vez señalan a los tuyos«. Sin duda habrá quien lea este elogio y esta denuncia en esa clave pese a que muchas veces he aplaudido a quienes han publicado con rigor informaciones ciertas sobre personas que compartieran filiación política conmigo: entre otras razones porque eso ayudaba a limpiar (es decir, fortalecer) el espacio político en el que yo participara.

Con el periodismo basura pasa como con la política basura: pese a que es peligrosísimo para la democracia es más peligroso aún intentar limpiar el periodismo o la política. Es mejor que se publique mierda, que se presente mierda a las elecciones que el control autoritario de qué se publica o qué se puede presentar a las elecciones. Pero eso no quiere decir que no sepamos que es mierda.

Más nos vale como ciudadanos aprender a leer para distinguir el caviar de la basura. Más le vale al periodismo (al bueno, al de verdad, al riguroso, al mayoritario) distinguirse de la ponzoña y evitar reírle las gracias en tertulias y revistas de prensa, le va la vida en ello.

Como sigan investigando a Pedro van a acabar de matar a Pablo

Decía ayer mi buen amigo Jorge Caplan que si él fuera Pedro Sánchez diría «¿Acaso tengo pinta de Premio Nóbel de Economía? Pues eso, mi tesis está flojita«. Pedro Sánchez no es Joseph Stiglitz ni Thomas Piketty ni tiene por qué serlo. Ni siquiera es Manuel Azaña o Pericles, ni tiene por qué serlo. Es Pedro Sánchez, un presidente del Gobierno cuyas tres principales virtudes son haber sucedido a un Gobierno del PP, por lo que toda comparación lo coloca en los altares; haber sido acosado por el aparato del PSOE, por lo que cobra la credibilidad que el PSOE había perdido; y tener sólo 84 escaños, por lo que es mucho más receptivo a adoptar propuestas ajenas que el PSOE nunca ha aceptado cuando ha gobernado con más fuerza.

El intento desesperado del PP (político-mediático) por elevar la tesis de Pedro Sánchez a caso es completamente suicida. Probablemente la tesis de Pedro Sánchez no sea nada del otro mundo pero hasta ahora nadie ha mostrado nada que sea un ataque a la universidad como sí lo es la trama de títulos falsos de los másters de la Rey Juan Carlos, o el regalo de media licenciatura de Derecho en cuatro meses mientras se es diputado autonómico (tarea que lleva unas horitas, lo puedo asegurar).

Lo más que han hecho entre ayer y hoy algunos medios y periodistas especializados a construir trampantojos (titulares escandalosos tras lo cual no hay absolutamente nada) es acusar de plagio con tres datos absolutamente inocuos.

-Se dice que años después de la tesis apareció un libro fundamentalmente con los contenidos de la tesis firmado por el propio Pedro Sánchez y otro señor que hoy trabaja en el Real Madrid. Lo cual es perfectamente normal; que el otro señor hubiera ejercido de negro de la tesis de Sánchez es algo de lo que hasta ahora nadie ha aportado el menor indicio aunque se haya puesto como titular de una exclusiva de una web basura.

-Se dice que hay párrafos copiados de informes gubernamentales sin dar más detalles que que no se entrecomillaba ni citaba. Lo cual sería una chapuza que debería haber sido corregida en su momento salvo que suponga un volumen importante de la tesis, algo que no sabemos porque los «periodistas de investigación» que dicen haber accedido a la tesis no desarrollan la información ni dan detalle alguno. Pero, vamos: si es cierto (que es imposible saber), mal. No se copian textos ocultando que es una cita y menos en un trabajo académico. Eso no se hace.

-Se titula que se plagió artículos de otros autores aunque luego se explica que estaban citados aunque se cuestiona que fueran citados correctamente («Sánchez incluyó una cita trampa, en la que decía que «para un análisis más detallado» se podía consultar el artículo plagiado»). Se suele decir que copiar un texto es plagio, pero copiar muchos es un trabajo de investigación. En ningún caso citar incorrectamente (si hubiera sido así) sería un escándalo a poner en la misma mesa que la trama de la Rey Juan Carlos sino, todo lo más, un chascarrillo de barra de bar.

Pues vale. Eso es lo que tienen tras una orgía de búsqueda de mierda que tape la participación aparentemente delictiva de Pablo Casado en una trama universitaria de títulos falsos; lo cual es más sorprendente por innecesario tras haber demostrado, él sí, una capacidad para el Derecho asombrosa: al líder del PP tapoco se le pide ser Hans Kelsen, pero a alguien capaz de hacer la mitad de la licenciatura de Derecho en cuatro meses mientras se trabaja, sí.

Lo que hizo Pablo Casado en el máster es análogo a lo que hizo Carmen Montón y está fuera de la política. Lo que hizo Pablo Casado en la licenciatura no tiene comparación conocida.

Es absolutamente insostenible.

El PP (político-mediático) está demostrando la histeria de quien se sabe acorralado. Pablo Casado es un fraude andante. Y cuanto más tratan de demostrar que en todas partes cuecen habas más obscena es la cantidad de puchero que se han zampado en Génova 13 desde tiempos inmemoriales. No hay un solo español con nombres y apellidos (incluidos tertulianos, columnistas y cargos públicos del PP) que hayan dicho que sí, que cree que Casado estudió la licenciatura de Derecho correctamente y que también cree que hizo lo necesario para obtener limpiamente el máster.

Lo peor para el PP es que no les ha sorprendido que Pablo Casado sea un fraude. Lo peor es que lo eligieron cuando toda España (y ellos más que nadie) sabían que Pablo Casado era un fraude. Y no les importó, no les pareció un obstáculo. Necesitan hacer este ridículo para salvar a Casado. Y lo que está haciendo el PP es enterrarse con él.

La indignidad del PP contra las víctimas

Hace unos meses hubo en la Asamblea de Madrid un debate sobre la posibilidad de poner una placa que recordara a los miles de personas que habían sido secuestradas, torturadas e incluso asesinadas en la actual sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, la Puerta del Sol, antigua Dirección General de Seguridad franquista. Entre el público había varias personas que habían sufrido allí las prácticas sistemáticas de la dictadura contra la libertad política y también la libertad y diversidad sexual, religiosa… Pocas semanas antes parecía haber acuerdo entre los cuatro grupos pero personalmente Cristina Cifuentes ordenó que no se aprobara y así sucedió. Nuestro intento fue siempre que tal placa se pusiera no como reclamo electoral para insultar a un partido actual sino como reconocimiento de consenso entre los cuatro grupos a todas las víctimas de la dictadura genocida que sufrieron nuestros padres, abuelos, nuestros vecinos, amigos, compañeros… para concienciar a nuestros hijos y nietos de lo que nunca debe volver a ocurrir en este país.

Ayer el Partido Popular hizo un homenaje a Miguel Ángel Blanco. Sería absolutamente razonable que el Partido Popular tenga en Miguel Ángel Blanco a un pilar moral cuyo asesinato fue una de las mayores crueldades que se recuerdan y por ello es más que comprensible un homenaje de su partido. Es un pilar moral para toda la sociedad española, cuánto más para el partido al que pertenecía y cuyos militantes vascos se jugaban la vida por pertenecer a él. Que una partida de sinvergüenzas usara los homenajes a Miguel Ángel Blanco para robar a toda España debería abochornar en primerísimo lugar a quienes más doliera su asesinato y por tanto a sus compañeros de partido. Estoy seguro de que eso sucede con las personas honradas que tiene que haber en el PP.

A los diputados de la Asamblea de Madrid no se nos ha convocado a ningún homenaje de la Comunidad de Madrid a Miguel Ángel Blanco en concreto, así que supongo que no lo hay. Ni en la Puerta del Sol, ni en la fachada de ninguna consejería de la Comunidad de Madrid, ni en el Congreso de los Diputados… ni en ninguna de las instituciones con sede en Madrid que gobierna el Partido Popular se ha desplegado pancarta alguna sobre Miguel Ángel Blanco. Pero dirigentes del PP han decidido volver a usar el dolor de todo un país y la solidaridad con las víctimas del terrorismo para sus fines miserables e intentar situar al Ayuntamiento de Madrid como ambiguo frente al crimen por hacer exactamente lo mismo que las instituciones gobernadas por el PP hacen con ese mismo crimen.

La desvergüenza con la que el PP ha manoseado tantos crímenes, mintiendo sobre el 11-M el mismo día en que iban al banco a blanquear dinero ilegal, usando actos de homenajes a víctimas del terrorismo para financiar el partido en B, usando cada crimen para señalar como cómplice a cualquiera que, por mucho que se opusiera al crimen, no compartiera los dictados políticos del PP… Ahora la usan para arrogarse una exclusividad en el dolor que en realidad es sólo la exclusividad en la inmoralidad.

Aquella propuesta nuestra para que Madrid honrara a las víctimas de la DGS se retrasó varios meses. Los portavoces del PP y de Ciudadanos saben bien por qué: estuvimos meses intentando que se sumaran, que fuera un reconocimiento de las instituciones madrileñas a los suyos, a las personas que defendieron la democracia de este país heroicamente frente a una dictadura genocida; y haremos lo mismo en la búsqueda de la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición de otros crímenes en otros contextos.

Porque hay quien honra a las víctimas defendiendo sus derechos y hay quien sólo busca cómo aprovecharse de ellas y jugar con el dolor profundo de un país. Hay demócratas decentes defensores de los derechos humanos y hay quien rebaja la política a vilezas ruines. No merecemos un país ni una Comunidad que hunda sus instituciones al nivel moral de estos últimos.

Cifuentes 2017: el triste epílogo del “régimen del tamayazo”

En 2003 se inauguró una época en la Comunidad de Madrid. El tamayazo supuso una quiebra democrática que inauguró una larga etapa política que reúne todas las condiciones de un régimen no democrático. Han sido años en los que se han violentado todas las estructuras democráticas mientras se gobernaba con prácticas “lindando con lo mafioso” (Esperanza Aguirre dixit) que están conduciendo a prisión a buena parte de sus protagonistas.

Las elecciones del tamayazo fueron las primeras del siglo XXI y a partir de ellas sabemos que a todas las elecciones el PP de Madrid ha ido con financiación ilegal llegando a superar el dinero negro al legal. Entre el tamayazo y la información judicial que ya tenemos sobre la financiación del PP-Madrid podemos decir sin un ápice de exageración que el PP no ha ganado legítimamente una sola elección en Madrid en lo que va de siglo XXI.

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Cuatro preguntas para Cristina Cifuentes

Ayer Cristina Cifuentes siguió el manual de todos los dirigentes del Partido Popular que han sido señalados por haber participado en el saqueo de nuestras instituciones. Siguiendo el patrón de Rajoy, compareció sin aceptar preguntas; siguiendo el patrón de todos sus compañeros lo negó todo tajantemente; siguiendo el patrón de Esperanza Aguirre explicó que ella es pobre de solemnidad (algo sorprendente con sus sueldos pero, en todo caso, irrelevante dado que nadie le acusa de haberse lucrado ella sino de haber participado en la financiación ilegal del PP); y, siguiendo el patrón de Ignacio González, amenazó a quien hiciera suyas las afirmaciones de la Guardia Civil sobre la adjudicación a Arturo Fernández de la cafetería de la Asamblea de Madrid.

Son ya tantos años escuchando idéntica contundencia y solemnidad que ya no impresionan a nadie, así que lejos de amilanarnos lo que toca es hacer algunas preguntas:

1.- ¿Estaba en la mesa de adjudicación y en el comité de expertos? ¿Sí o no?

Cifuentes se escuda en que la adjudicación de la cafetería se dio por unanimidad de todos los partidos políticos. Y eso es cierto en la mesa de adjudicación a la que ella pertenecía. Pero la mesa de adjudicación lo que hace es ratificar la propuesta de un comité de expertos. Esto es bastante razonable porque los miembros de la Mesa de la Asamblea no tienen capacidad humana de examinar cada contrato; de la misma forma que un alcalde o concejal suele atenerse a lo que le propone su interventor.

El problema está en que, según la Guardia Civil, en ese comité de expertos también estaba ella. Y eso es ilegal según el artículo 150 de la Ley de Contratos del Sector Público que dice que «deberá constituirse un comité que cuente con un mínimo de tres miembros, formado por expertos no integrados en el órgano proponente del contrato y con cualificación apropiada»: NO INTEGRADOS en el órgano proponente, que era la mesa de adjudicación. Es decir, si la respuesta a esta pregunta es Sí (sí estaba tanto en la mesa de adjudicación como en la mesa de expertos) no cabe ninguna duda: hubo una ilegalidad.

Que tal ilegalidad sea delito o que en determinada fase de la instrucción el juez se centre en otras investigaciones no quita un ápice a la evidencia de ilegalidad, por lo que es urgente que conteste Cristina Cifuentes sí o no a esta pregunta que no es, como dice Cifuentes, un «juicio de valor» sino un hecho objetivo sin ambigüedad posible.

2.- ¿En calidad de qué estaba Cristina Cifuentes en la mesa de expertos?

Expertos con cualificación adecuada. Además de no pertenecer a la mesa de adjudicación esos son los requisitos (obvios) para ser miembro de la mesa de expertos que cita la Ley. ¿En calidad de  qué se consideró a Cristina Cifuentes experta y adecuadamente cualificada para examinar y proponer las ofertas al concurso? La Ley cifra en un mínimo de tres expertos en este tipo de comité. Por alguna razón se decidió que en este hubiera cuatro. Y de ellos tres eran funcionarios (a los que ya ha interrogado la UCO) y solo una era un cargo político: Cristina Cifuentes. No había ningún otro ni de ningún otro partido político. Y su cargo político no era menor ni único: además de vicepresidenta de la Asamblea de Madrid (que iba a adjudicar a Arturo Fernández la cafetería), era patrona de Fundescam (a la que Arturo Fernández hacía donaciones económicas) y responsable de campaña electoral del PP-Madrid (campañas que se financiaban con ese dinero donado a Fundescam).

No sólo resulta difícil argumentar el carácter de experta y cualificada de Cristina Cifuentes para ese puesto sino que es más que razonable pensar que incluso aunque lo fuera no resulta muy edificante que, con sus cargos en el PP, formara parte de ese órgano.

¿Por qué tanto empeño en que alguien como Cristina Cifuentes estuviera en todo el proceso de adjudicación contraviniendo incluso la ley para ello?

3.- ¿Conocía Cristina Cifuentes el presupuesto de la campaña electoral en la que tenía responsabilidad?

Cristina Cifuentes tenía mando en las campañas electorales del PP de Madrid en tanto que responsable de movilización territorial del partido: es la razón que en conversaciones grabadas a los hermanos Pablo e Ignacio González tenían para entender que Cifuentes se atara a Jaime González Taboada. El tesorero del PP de Madrid era Carlos Izquierdo, actual consejero del gobierno de Cifuentes y responsable de organización del PP-Madrid de Cifuentes. ¿Ella era responsable de una campaña financiada ilegalmente, que contaba con muchísimo más dinero que sus competidores y no se enteraba de nada? ¿En que la diferencia eso de Esperanza Aguirre que acaba de dimitir por no enterarse de todo lo que se robaba bajo su responsabilidad? ¿Para qué sirve un tesorero en el PP de Madrid si carece de responsabilidad política sobre las finanzas del PP de Madrid?

4.- Si se querella contra quien informe de posibles irregularidades ¿quién lo pagará?

La amenaza de Cristina Cifuentes de emprender «acciones legales» contra quien «ponga en duda su honradez» no es nueva. Cuando la Cadena SER informó de las grabaciones a Ignacio González portando bolsas en Colombia de contenido dudoso, Ignacio González se querelló contra Pilar Velasco. Cuando el diario Público informó de numerosas irregularidades sobre Ignacio González, éste se querelló contra Manuel Rico, Ignacio Escolar, Félix Monteira y Jesús Maraña. En ambos casos la justicia archivó las querellas, pero a Ignacio González le permitió hacer pasar un mal rato a los periodistas que habían hecho su trabajo. En ambos casos Ignacio González usó los abogados y recursos económicos de la Comunidad de Madrid, llegando al bochorno de que en el segundo de los casos la justicia le obligó a pagarse su defensa de su bolsillo. Hace unas semanas registré una petición (que tendrá que votar el PP) para que Ignacio González devuelva el dinero público que usó para tales amenazas.

¿Seguirá Cifuentes el ejemplo completo de Ignacio González o al menos se pagará de su bolsillo las querellas contra quien investigue, informe y ponga en duda lo que le venga en gana?

Que Cifuentes denunció ¿qué?

Durante las primeras horas de la Operación Lezo contra una década de saqueo de la Comunidad de Madrid Cifuentes consiguió dirigir la representación mediática. Daba igual que la Audiencia Nacional explicase que todo había arrancado en 2015: nos contaban en tertulias y columnas que el origen había sido un escrito de 2016 de Cifuentes que nadie conoce.

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Una mentira transparente

Ayer el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid se dedicó a evidenciar su desparpajo en Twitter. Los diputados ya lo conocemos bien (¡qué buenos ratos pasamos con él hasta que recordamos que gestiona nuestra sanidad!) pero gracias a Twitter los madrileños no se privan de este placer.

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Ada Colau intentará llevarse ARCO a Barcelona

Hace un año se celebró en Barcelona, como estos días, el Mobile World Congress. Coincidió con una huelga de metro. Así que Cristina Cifuentes decidió ser todo lo desleal que pudo con Barcelona para satisfacer su prioridad política: salir en los informativos aunque fuera con otra de sus noticias sin contenido. Madrid quería quedarse el Mobile World Congress, nos dijeron. Entonces se habló mucho de aquello: un año después nadie se acuerda porque no hay nada que recordar.

El fin de semana pasado se celebró en Madrid ARCO. Un año después donde hay una huelga de metro es en Madrid. Pero eso no ha afectado en absoluto a ARCO, porque la línea de Metro que va al recinto ferial, construida hace pocos años, está cerrada por obras: forma parte del desastre que ha generado el PP en la Comunidad de Madrid construyendo a toda velocidad unas líneas que sólo buscaban rédito electoral a corto plazo y beneficio para los constructores donantes.

A diferencia de lo que hizo la presidenta de Madrid, la alcaldesa de Barcelona (como el presidente de Cataluña) no ha aprovechado para atacar a Madrid. No ha sido fácil enterarse de la imposibilidad de ir a ARCO en metro porque a diferencia de lo que hicieron con la huelga del año pasado en Barcelona, los problemas de Metro en Madrid se mantienen en absoluto silencio. mediático. Pero en cualquier caso lo que no ha habido es un sólo gobernante de otros lugares atacando a Madrid e intentando aprovechar la situación para obtener un titular y deteriorar la imagen de nuestra Comunidad.

Imaginemos qué estarían diciendo las tertulias si este fin de semana hubiera salido Ada Colau o Puigdemont a decir que va a intentar llevarse ARCO a Barcelona. Estaríamos escuchando todos esos insultos que, por pleitesía en unos casos y buena educación en los otros, nunca se dirigen a Cifuentes.

Imagina que Manuela Carmena…

Imagina las portadas que verías en el kiosko si Manuela Carmena hubiera perdido la mayoría de gobierno y no pudiese aprobar una sola medida que dependiera del pleno: incluidos los presupuestos municipales. Imagina que no fuera porqueel PSOE hubiera visto la luz y se entregara en manos del PP sino porque la número 4 del grupo municipal de Ahora Madrid está de baja médica como consecuencia, denuncia, del acoso laboral al que la somete el número 2 del grupo municipal de Ahora Madrid.

Imagina cómo bramaría la tertuliada si Manuela Carmena, lejos de alarmarse por esa denuncia y al menos investigarla, hubiese impuesto un «¡Prietas las filas!» en solidaridad… con el concejal acusado de acoso laboral. Imagínate las comparaciones (¡Bulgaria, Corea del Norte!) si todos los concejales del grupo de Manuela Carmena hubieran tenido que firmar (el mismo día que se publica en prensa que la concejala está de baja médica por ese supuesto acoso, como si fuera fácil encontrar a todos los concejales de ese grupo trabajando si no hay pleno) una carta de apoyo, sin más investigación ni preguntas ni nada, al concejal al que una compañera suya que está de baja acusa de acoso laboral.

Imagínate las explicaciones de todo tipo que habrían tenido que dar Manuela Carmena, su número 2 y toda cara visible de Podemos y del resto de ayuntamientos del cambio si las únicas reacciones del partido en el que sucede esto fueran pedir un informe al Ayuntamiento para ver cómo apartan a la concejala que denuncia haber sufrido acoso y que está de baja médica, quitarle sus cargos en el grupo (que es todo lo que le pueden quitar) y presentar una denuncia contra ella en la que el número 2 de Carmena le pide 100.000 euros.

Imagina lo prudente que sería la oposición del PP (y de Ciudadanos, que en uso de informes de Marcelo no suele quedarse atrás), que entendería lo delicado del asunto; aunque sea evidente que alguien muy importante del grupo de gobierno ha cometido un grave delito (o efectivamente la denunciante se sintió acosada por su compañero o está ella haciendo una denuncia falsa) y que ello conduce a la ingobernabilidad del ayuntamiento, es precisamente la gravedad del asunto la que aconseja prudencia. Porque ni PP ni Ciudadanos se pasan los debates usando basura inventada en sus cloacas contra Ahora Madrid y Podemos y tampoco lo harían ahora cuando no se trata de un invento publicado por el charlatán obsesivo (y estupendamente recompensado) de siempre sino que son denuncias que los propios cargos del equipo de gobierno se lanzan entre sí.

Ahora deja de imaginar.

Todo esto es exactamente lo que ha sucedido en el grupo parlamentario de Cifuentes. Su número 4 ha denunciado al portavoz del grupo por  “agresiones verbales, delitos contra la integridad moral, delitos de lesiones psíquicas, coacciones, amenazas e imposición de condiciones de trabajo que afectan al trabajador”. Lleva desde octubre de baja médica, lo cual hace impensable para los juristas que la denuncia no sea admitida a trámite por el TSJM con la consiguiente imputación del portavoz parlamentario de Cifuentes. No se conoce que haya habido investigación alguna, sólo un cierre de filas como el imaginado unos párrafos más arriba. Y, mientras en los plenos de la Asamblea de Madrid Cifuentes suelta todas las semanas la misma retahíla de sandeces inventadas contra Podemos (¡Venezuela, la ETA, ustedes gobiernan en Bangaldesh y miren lo pobres que son!) y argumentos sonrojantes contra el PSOE (¡Madrid paga los colegios andaluces!) los partidos de la oposición hemos tenido una exquisita prudencia ante una acusación tan grave que no se ha inventado un ministro de Podemos sino que ha presentado en los tribunales una importante diputada de Cifuentes.

No prejuzgo nada. Espero que los tribunales por fin estudien qué ha pasado aunque políticamente sí es un asunto grave la incapacidad del gobierno de Cifuentes para aprobar una sola ley, incluidos los presupuestos, mientras no se resuelva el asunto que han despachado con tanta sencillez. Lo que sí tengo claro es que las varas de medir están trucadas, que mientras algunos nos enfrentamos a la maquinaria estrambótica de un partido-trama y un pesebre mediático especializados en la fabricación de basura, no tienen enfrente una oposición simétrica pese a que la corrupción estructural y las decenas de casos vergonzosos (de corrupción o de otro tipo) facilitarían muchísimo atacar con infinita más dureza pero con justicia al Partido Popular. Y, por cierto, me alegro de no ser como ellos, de tratar estos asuntos con la delicadeza que merecen sin hacer acusaciones graves sin saber a ciencia cierta que éstas son justas. No somos como ellos no sólo porque no robamos sino porque nos tomamos en serio lo que denunciamos sobre ellos, porque cuando lo hacemos es porque está clarísimo lo que sucede.

Pregúntate cómo se trataría el caso si sucediera en el Ayuntamiento de Madrid o de Barcelona. Y ahora pregunta en tu trabajo, a tu familia, a tus amigos… si se han enterado de que eso es lo que ocurre en el grupo parlamentario de Cristina Cifuentes, presidenta del PP de Madrid y de la Comunidad de Madrid.

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