Blog de Hugo Martínez Abarca

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La Internacional Idiota: por qué Ayuso ataca a la Universidad

En la vieja Atenas se identificaba la palabra idiota (ἰδιώτης) con aquellas personas que no se meten en política, aquellos cuya única preocupación es su vida privada y que renuncian a tener iniciativa en los asuntos colectivos (la política) yendo contra su propia naturaleza como ζῷον πολῑτῐκόν, como animal político, como animal cívico.

Esta idea de “idiota” define, exactamente, el concepto de “libertad” que ha cacareado la nueva derecha, una libertad antisocial, una libertad exaltadamente individualista consistente en hacer lo que a uno le dé la gana…

Puedes seguir leyendo el artículo en Infolibre.

El pinchazo de Albert Rivera

Durante mucho tiempo Ciudadanos jugó a parecer un partido moderno, liberal y progresista. El nacionalismo catalán le daba la oportunidad de poder simular que su oposición a éste no era un férreo nacionalismo español. Su lejanía de todo poder electo le permitía no ubicarse en un espacio ideológico. La ensayada retórica hueca les permitía evitar posición política alguna. El favor mediático y la irrelevancia les ayudaba a que se olvidara si en el pasado se habían aliado con ultras, si habían rechazado el matrimonio homosexual y la nueva ley del aborto o aplaudido a Mario Conde.

Pero se acabó.

La foto de ayer es letal para ese primer Ciudadanos. Se ubica definitivamente en una derecha muy dura, que comparte modelo de país con la extrema derecha, que intenta huir de la foto en un patético esfuerzo por evitar que nos enteremos de con quién quiere gobernar el país.

El precio a cobrar por esa foto fue muy pequeño: la concentración de Colón fue muy nutrida… para ser una convocatoria de Vox; pero fue un evidente fiasco para partidos como PP y Ciudadanos, para sus pesebres mediáticos, que lo dieron todo (autobuses, portadas, gritos) para llenar Madrid y que se supone que aspiran a representar a medio país (a todo el país, a juzgar por su retórica: en su «España» sólo cabe el fanatismo, el odio y la crispación). A Pablo Casado es probable que no le preocupe porque no parece estar pensando en que el PP crezca sino en primero construir un PP a su imagen y semejanza y por tanto escorado al margen ultra y limpio de disidentes (aka derecha acomplejada).

La manifestación de ayer no era una cosa sectorial y pequeña. No se juntaron para pedir que funcione el Metro o que baje el precio del coñac. No. Era una manifestación sobre el modelo de país. Por eso es tan letal la foto. Porque Albert Rivera convocó una manifestación sobre su modelo de España y Vox, Falange y Hogar Social entendieron que era también el suyo.

Hizo bien Inés Arrimadas en huir del evento. No sé si calculaba el fracaso, pero era evidente que la movilización iba a ubicar definitivamente a los asistentes en el rincón ultra, del odio, del nacionalismo inmovilista y excluyente, de la España rancia y antigua, de quienes llaman feminazis a las personas que denuncian la violencia machista. Ay, si a Manuel Valls se le hubiera ocurrido la excusa del avión para poder disimular él también al menos hasta mayo. A cambio, Albert Rivera colocó a Begoña Villacís e Ignacio Aguado en la foto: para que los madrileños tengamos claro con quién gobernarán si pueden.

Un 30% de los votantes de Ciudadanos está a favor de alejarse rotundamente de Vox (están a favor del cordón sanitario): uno de cada tres votantes de Ciudadanos, que buscaban esa opción moderna, liberal y democrática ya sabe que ese no es su partido, aunque los votantes del PP y Vox constaten que puede ser el suyo.

Ciudadanos pasó ayer su Rubicón. Hay que agradecerles la claridad.

No se preocupe por nuestra transversalidad, gracias

Desde que apareció Podemos ha habido varios intentos de acabar con su empuje. Algunos salidos de las cloacas de forma demasiado obscena como para deteriorar a Podemos de verdad. Otros son menos agresivos pero quizás más peligrosos porque no busca convencer sino desanimar. El más constante hasta ahora fue el de dar por muerto a Podemos: hasta aquí muy bien, pero ya están perdiendo fuelle, se acabó la gracia, su gente está desanimada. Si hace un año ya íbamos por las mil muertes de Podemos es imposible saber cuántas debemos de llevar ya entre crecimiento electoral y crecimiento electoral.

Obviamente quien intente difundir ese estado de derrota hoy lo tiene crudo. Es imposible ocultar el estado de euforia que ha generado la unidad de acción de fuerzas del cambio y que hoy somos la clara alternativa al PP. Acaso en unas semanas nos ilustren con encuestas que tratan de decirnos que eso fue flor de un día pero hoy tienen realmente difícil deprimir al personal diciéndole que ya nadie va a votar Unidos Podemos y que lo mejor es resignarse, votar al PSOE y que consigan el acuerdo que sea con Ciudadanos si sirve para echar a Rajoy.

Así que lo que están intentando es contarnos lo políticamente divididos que estamos: dividen el espacio del cambio entre buenos y malos y oponen radicales y transversales: los apocalípticos y los integrados de hace tanto tiempo mostrando que no han entendido nada. Ahora nos cuentan una supuesta división por las nuevas incorporaciones y los acuerdos recientes que harían situar el cambio en el identitarismo de izquierda de siempre, perdiendo la transversalidad. Nos lo ilustran en editoriales, en supuestos artículos enterados que nos cuentan cómo andan nuestras entrañas o haciendo extraños titulares de entrevistas que pretenden enfrentar a personas por el simple dato de no conocerse en persona.

Quienes pretendan hacer de la apuesta por la transversalidad un sinónimo del centrismo se han saltado algunas clases. Lo que muchos venimos aprendiendo es que con la geografía del bipartidismo no teníamos nada que hacer y que durante demasiado tiempo ha servido para engañar a mucha gente. Hemos aprendido que tenemos que contar con mucha gente que se siente de derechas por ser cristiana, por ejemplo, o por la apropiación de nuestra derecha  de España o simplemente por tradición familiar pero que se identifica mucho más con el sufrimiento de la gente común que con esa élite que ha saqueado el país con sus cuentas en Panamá y sus sobornos de constructores. También, claro, con toda esa gente que sentía que esa identificación con la gente común era ser de izquierdas y que eso llevaba a veces a votar a los partidos que se reivindicaban de izquierdas aunque luego se entregaran con impotencia a los de Panamá, a los dictados del IBEX o a las órdenes más sociópatas de Bruselas. Y contar con ellos significa tomar conciencia de que somos lo mismo, que no estamos aquí para pasar facturas ni exámenes ideológicos sino para que dejen de robarnos el país a todos.

La transversalidad es incluyente y no tiene nada que ver con dejar de incorporar a gente que defiende los derechos del 99% de la población venga de donde venga o se identifique donde se identifique en esa geografía que secuestraron. Nadie sobra por sentirse de izquierdas, faltaría más: lo que hemos aprendido es que tampoco nos sobra nadie por sentirse de derechas o por sentirse de centro o por no sentirse nada de eso… que nos han prostituido demasiado el juego como para que el sujeto que construya el nuevo país no trace esas fronteras sino unas fronteras materiales entre los que han mandado y los que hemos sido saqueados. Se trata de estar unidos quienes buscamos más democracia, más soberanía y no aceptamos excusas para no tener garantizados todos nuestros derechos humanos. Durante muchos años yo a eso le he llamado izquierda pero me parece perfecto que otros no lo hayan llamado así. Quienes se encuentren ahí no tienen por qué enseñar certificados de pedigree ideológicos; ni tampoco certificados de ausencia de pedigree. Simplemente el momento histórico no va de eso.

No se preocupen por nuestra división entre buenos y malos, entre radicales y transversales, entre populistas y gente de orden o entre populistas y comunistas (que todo tipo de divisiones hacen, tan desorientados andan). No tenemos apocalípticos ni integrados, mala suerte. Nos dieron por muertos mil veces, y por divididos quinientas. Nunca ha habido tanta unidad, tanta cohesión y tanta ilusión por un cambio real que cada vez se ve más cerca. 

Preocúpense mejor de por qué sus cuentos y sus campañitas de la resignación y el miedo ya no tienen ningún efecto. Quizás si empiezan a entender eso irán comprendiendo a nuestro pueblo.

Al camarada y amigo Rafael Reig (artículo en Contrapoder, eldiario.es)

Tengo la impresión de que existen dos formas posibles de ser leninista (habiendo leído a Lenin, quiero decir) en este tiempo. Puede haber terceras vías, no digo que no. Pero esas nunca llevan a buen puerto. Una era la de Manuel Fernández-Cuesta a quien no pude conocer en persona. La otra es la tuya con quien sí he tenido el placer de compartir charlas y copas. Una de esas ocasiones la contaste en tu blog en Hotel Kafka (sobre todo de las copas, policía mediante): fue tras una charla que organizamos en La Tercera sobre tu anterior libro “Todo está perdonado” (Tusquets, 2011) y el de Juan Carlos Monedero “La Transición contada a nuestros padres” (Catarata, 2013). En otra charla que organizamos en La Tercera sobre el Estado laico viniste a decir que como eres leninista te opones al Estado laico. Y al no laico, vaya. Recuerdo algún verano sintonizar la radio y escuchar que te preguntaba una presentadora qué libros recomendabas para el verano, supongo que esperando alguna lectura fresquita para leer en la playa, con un tinto de verano. “Pues yo recomiendo que este verano la gente lea a Lenin”. En concreto recomendaste el estupendo “Lenin. El revolucionario que no sabía demasiado” de Constantino Bértolo (Catarata, 2012).

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Rosalía Mera, la izquierda, los de abajo y el 99%

Ha llamado mucho la atención cómo muchos medios de comunicación están calificando a Rosalía Mera como multimillonaria de izquierdas. La mayoría de las cosas que sé de esta persona las he sabido tras su muerte y son muy pocas cosas, así que lejos de mí la voluntad de hacerle un juicio a favor ni en contra. Pero una de las cosas que está clara es que esta mujer era una de las propietarias de Inditex, empresa que trabaja con mano de obra esclava por medio mundo, que evade impuestos, etc. Se conoce la aportación de la señora Mera a varias organizaciones que podríamos calificar como filántropas y al parecer protestó contra los recortes en sanidad y educación, cosas, todas ellas, que son positivas por mucho que la defensa de la sanidad y la educación pública y de calidad es algo que no debería ser exclusiva de la defensa de los trabajadores: a los grandes empresarios con un poco de luces también les interesa trabajadores formados y sanos como al granjero le interesa que sus cerdos estén bien alimentados (con la salvedad de que a muchos les interese un sector productivo sin necesidad de formación con trabajadores poco cualificados y peor pagados; pero al menos les vendrá bien que estén sanos).

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En modo suicida

Uno a veces duda entre un par de temas para el blog. Ayer fue una de esas veces. Tenía en mente escribir algo titulado «Nos jubilaremos a los 70«. Iba a decir que dado que Díaz Ferrán había pedido que se retrasara la jubilación hasta los 70, el gobierno se pasaría un par de meses poniendo a parir la desfachatez del hombre que no volaría en sus aviones, pero transcurrido un tiempo pondría en marcha tal medida. Craso error: ni un minuto han tardado en filtrar a la prensa de derechas que a los 70 no, pero a los 67 de momento sí. Según el grupo Vocento, es lo que aprobará hoy mismo el Consejo de Ministros.

Tras años rechazando la reducción del gasto público que en abstracto proponía el PP, advirtiendo que eso necesariamente sería antisocial, se anuncia un recorte en 50.000 millones de euros de gasto público. El PSOE lleva años diciendo, con razón, que eso conllevaría la reducción de gasto social.

El giro no sólo es en lo económico. Del mismo modo que hace unas semanas el PSOE ponía a parir a los alcaldes de Vic y Torrejón y después filtraron a El País que impondrán medidas restrictivas al empadronamiento. También el pacto blindado que ofrece Gabilondo incluye cuestiones claves reclamadas por la derecha como la especialización a edades tempranas y exámenes como los que Esperanza Aguirre ha incluido con la oposición de todo el tejido de defensa de la educación pública. Eso sí, de homologar el gasto educativo con el europeo, ni hablar.

Qué grave error. Supongo que tras el evidente giro a la derecha del PSOE está la constatación de que el electorado español está virando a la derecha. Y es cierto. En toda Europa se ha derrumbado la post-socialdemocracia antes de que lo haga (como parece en España),ha emergido una izquierda más coherente y se han reforzado las opciones más reaccionarias.

El error está en pensar que si el PSOE gira a la derecha mantendrá esa porción electoral que se está yendo hacia la derecha. El ejemplo más evidente fue el alemán, cuyo partido socialdemócrata se entregó a Angela Merkel y cavó así su fosa. Cualquier espectador observará que con su giro el PSOE está reconociendo su error y dando la razón al PP al aceptar todas las propuestas que hagan por disparatadas que sean. Si llevaban razón, habrá que votarles, pensarán esos votantes que se escoran hacia la derecha y con razón, según el gobierno.

El PSOE no sólo se está suicidando. Está poniendo los cimientos de varios años de hegemonía de la derecha. Cuando la crisis empezaba a asomar con toda su crudeza algunos veíamos un lado positivo: se demostraría que los críticos con el capitalismo teníamos razón y se evidenciaría la necesidad de una alternativa a un sistema fracasado e injusto. Nos equivocamos: salvo por el crecimiento de partidos a la izquierda de la post-socialdemocracia en Alemania, Francia, Portugal… lo que está habiendo es una potente reacción de la derecha en todo el mundo. Y nunca (¡nunca!) debilitó a la derecha que los partidos a los que vota la gente de izquierdas asumieran sus ideas.

De la corrupción al paro

La corrupción urbanística ha sido consustancial al modelo de crecimiento por el que apostaron los gobiernos de González, Aznar y Zapatero: la política económica se ha basado en la construcción y ésta en la compra de voluntades políticas comisión o traje mediante. España se ha convertido en uno de los paraísos de la corrupción. Y también en el paraíso del paro.

Cuando ayer se supo que la timidísima intervención pública en la economía había hecho disminuir el paro en todas las comunidades autónomas excepto Madrid, Valencia y Canarias instantáneamente me llamó la atención que justo esas tres son las comunidades en las que la corrupción está siendo más escandalosa por el indisimulado apoyo de algunos partidos a los corruptos.No hace falta hablar de la correa que une a Madrid y Valencia, ni de cómo el conjunto de partidos canarios han arropado a los corruptos hasta el momento de su detención e incluso más allá. Junto a aparatos podridos como el Partido Popular en Madrid y Valencia y Coalición Canaria, hace pocos días conocimos la detención de concejales del PSOE en Arrecife cuya corrupción, extrañamente, no había sido intuida por ninguno de sus compañeros hasta el momento de la detención (frente a la experiencia que indica que casi nunca es condenado por delitos de corrupción aquel cargo político a quienes todos tenían por ejemplo de honradez).

España es en Europa el reino de la corrupción (trono compartido con Italia) y del paro (en solitario). Y dentro de España, Madrid, Valencia y Canarias sobresalen en niveles de corrupción. Y también de paro.

Seseña¿Hay alguna flecha que lleve de la corrupción a la generación de paro? Probablemente la corrupción no genere paro, sino que hay un factor que genera a un tiempo corrupción y paro: el sometimiento de lo público a lo privado. La economía española en su conjunto ha despreciado lo público, lo que ha generado una generalización repugnante de la corrupción (¿recordamos cuánta gente apoyó al Pocero, señores Bono y Zaplana?), pero también una cesión de la política económica a los poderes empresariales cuyo interés social es nulo. Casi todo el mundo asume ya que la economía de rapiña es la causa de que el modelo español esté más enfangado y genere más desempleo que ninguna otra economía occidental.

Quien tiene más interés en tener un euro en su bolsillo que en el urbanismo decente de su pueblo es el mismo que prefiere que controle la economía un empresario (presumiblemente generoso) que su pueblo (que acaso sea tirando a exigente). La ética que genera corrupción, genera también paro.

Quienes ponemos gran parte de nuestra energía política en expulsar a los corruptos (y las corruptas) de la vida pública no sólo lo hacemos por una supuesta pureza ética. No, también hay una apuesta política. La izquierda valora lo público como motor de bienestar colectivo, de emancipación social, como eje de la vida en común. Quienes anteponen sus intereses privados anuncian qué tipo de política van a hacer. Por eso la izquierda se impone a sí misma durísimos códigos éticos. Porque sabemos que la ética pública es la medida del compromiso con los valores de la izquierda.

Se milite donde se milite: cuanta mayor sea la tolerancia con la corrupción, más a la derecha se está: se está en la ética del beneficio privado frente a la del bienestar colectivo.

En la foto construcciones del Pocero en Seseña