Blog de Hugo Martínez Abarca

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Si pudiera no acatar

Hay palabras que en nuestra política ibérica han adquirido una solemnidad que va mucho más allá de su contenido real (muy escaso) pero que parecen colocar fuera o dentro de lo aceptable según su uso. Una es la «condena«. No tengo muy claro qué diferencia hay entre que yo diga que me parece asquerosa, injusta, repugnante y criminal el hambre en el mundo y que condene el hambre en el mundo (¿desde qué magistratura?). Otra, últimamente en boca de mucha gente, es «acatar«.

Sé qué es acatar una orden: si me dan una orden y la cumplo, la estoy acatando, pues desde los juicios de Nührenberg sabemos que no existe la obediencia debida a órdenes injustas. Sé qué quiere decir que el poder acate una ley o una sentencia: si una ley dice que el callejero no tiene que homenajear a dirigentes políticos y militares de una dictadura un alcalde puede no acatarla y lo demostrará manteniendo calles que honren, por ejemplo, al General Yagüe.

Sarkozy, por ejemplo, gran colaborador en la lucha contra ETA, no acata ninguna de todas esas sentencia derivadas de la Ley de Partidos: la expresión «ETA/Batasuna» que tan alegremente usa el Supremo (sin ordenar encarcelar en coherencia a los miles de militantes de Batasuna por pertenencia a banda armada) debe sonar a chino en Francia. Batasuna no tiene ningún problema en decir que su lista es Euskal Herriaren Alde y la podrá votar la ciudadanía francesa en estas elecciones europeas. ¿Sarkozy es cómplice de ETA? Pues va a los mítines del PP, así que sigan ilegalizando.

No estando en la posición de aplicar o no ni de cumplir o incumplir una norma (ley o sentencia) resulta metafísica la distinción entre acatar o no una sentencia o una ley. Estoy en contra de Bolonia, por ejemplo, pero ¿lo acato?  Puede no acatar el plan Bolonia un rector de universidad, o un consejero de educación, ¿pero yo? Sería pura retórica. ¿Acatáis la pitada a la Marcha Real y al Jefe del Estado del otro día? ¿acatamos la censura que hizo TVE de la misma? ¿hay por aquí alguien que acate la tasa de paro? ¿Acatará mi vecino las sandalias que me he comprado este fin de semana? Para mentes simples como la mía es mucho mejor decir simplemente si nos parece justo, injusto, feo o bonito o nos da exactamente igual.

El pasado jueves el Tribunal Supremo ilegalizó la lista de Iniciativa Internacionalista, pegándose una pasada de diecisiete pueblos democráticos y mostrando que el nuestro es cada vez más un pluralismo limitado, uno de los rasgos que algunos achacan a los regímenes autoritarios. Los argumentos conculcan principios tales como la irretroactividad de las leyes, la interpretación restrictiva de las normas que restringen el ejercicio de derechos fundamentales, la seguridad jurídica… A estas alturas no hay mucho que añadir a lo expresado por JavierM. Y yo mismo ya escribí al respecto al enterarme de esta última vuelta de tuerca de nuestro gobierno progresista y con talante.

No es nada nuevo, por otra parte, salvo la exagerada obviedad de este caso incluso para quienes suelen ver con distanciamiento las ilegalizaciones que hubo hasta ahora y que ahora ven que el autor de la obra de teatro que representaba el Centro Dramático Nacional,  que el matemático que escribe columnas sobre ciencia, que la diputada que fue de Izquierda Unida,… resultan ser el instrumento de ETA para llegar a las instituciones europea. No hace falta no compartir el ideario político de Iniciativa Internacionalista (si tiene ideario político, que no lo sé) para constatar la aberración de los argumentos sometidos al contorsionismo intelectual: si IU decidiera que Marcelino Camacho encabezara simbólicamente una candidatura suya en una provincia, podrían ilegalizarla por llevar a un viejo. Tal decía la denuncia de la abogacía del Estado: Alfonso Sastre es un viejo, así que es un banderín de enganche de ETA.

La sentencia del otro día no es jurídica. Tampoco lo fueron las denuncias. Fueron políticas las denuncias y lo fue la sentencia. Bajo la apariencia mal disimulada de judicialidad se ha vulnerado el derecho fundamental al sufragio pasivo por motivos políticos. Defender el mismo ideario que Batasuna ha sido una prueba: ¿os acordáis de cuando decían que la Ley de Partidos no ilegalizaba ideas?

Ninguna ley española, incluida la Ley de Partidos, priva de su derecho de sufragio pasivo a quienes no sean inhabilitados judicialmente para ejercer cargos públicos. Con la ley en la mano cualquiera de los concejales de ANV cuyo aval contamina podría ser candidato: son las interpretaciones extensivas (cuando no marcianas) de la ley las que permiten sentencias como la de la madrugada de San Isidro.

Ni el gobierno ni los jueces están aplicando ley alguna. Están restringiendo derechos arbitrariamente con criterios meramente políticos. Si estuvieran aplicando leyes tampoco tendríamos por qué dar el nihil obstat. Israel tiene leyes que permiten la tortura o que amparan la discriminación racial a la hora, por ejemplo, de transmitir la nacionalidad por matrimonio. Su aplicación responde al Estado de Derecho, pero no a la democracia, por supuesto.

Si yo pudiera no acatar la sentencia, no la acataría, pero como no sé cómo se hace eso, sólo digo que me repugnan la sentencia y sus instigadores (sean gobiernos, partidos populares, fiscales, abogados del estado, periodistas,…). La sentencia marca ya una profunda división entre demócratas y otra cosa que son quienes defienden esta restricción de derechos. Esta sentencia escandaliza a todo demócrata a poco que lea los argumentos empleados para la ilegalización.

Uno se siente orgulloso de militar en Izquierda Unida cuya posición es nítida. Hace unos meses leíamos en El País una entrevista a Cayo Lara que terminaba así:

P. ¿Le alegra o le molesta que el Supremo haya anulado las listas de D3M y Askatasuna?

R. No compartimos la ilegalización, es tremendamente peligroso ilegalizar a la gente por no condenar a ETA. ¿Ilegalizamos a los que no han condenado la invasión de Gaza? ¿A los que apoyaron la invasión de Irak? Es sólo una pregunta que dejo en el aire. Es que eso de la ilegalización es muy peligroso. Y no ayuda a resolver el problema del País Vasco: creamos mártires.

P. ¿Y no es peligroso tener en las instituciones a partidos que apoyan a ETA?

R. La preocupación de que estén ahí es más indiferente. Si hay partidos que sirven a ETA, hay que lograr que los ciudadanos no les voten. El tema del País Vasco tapa como una inmensa cortina de humo los problemas sociales de España.

Y esta misma semana nuestra candidata a eurodiputada Esther López Barceló dejaba clara que esa sigue siendo nuestra postura:

Como organización democrática y socialista que represento en las Elecciones Europeas, denuncio públicamente la acción de la Fiscalía al prohibir la presentación de la candidatura de Iniciativa Internacionalista, no porque represente mis principios políticos, no porque quiera que consiga muchos votos, no porque me alegre que la izquierda se divida en cientos de candidaturas que confunden al electorado de izquierdas y debilitan a la única fuerza anticapitalista capaz de hacer frente a las políticas privatizadoras de PP y PSOE -por supuesto, me refiero a la mía: a IU-; sino porque, como demócrata, me opondré siempre a la Ley de Partidos.

También el documento que se aprobó en su última Asamblea Federal es también claro:

IU se compromete en la defensa de plenas libertades democráticas, y por tanto promoverá la derogación de la Ley de Partidos y la anulación de las ilegalizaciones de organizaciones por sus silencios, ideas o simpatías.

Así que no caben cantos de sirena y toda declaración que se haya interpretado de otra forma debe ser reinterpretada en la línea de la política general de Izquierda Unida: estamos en contra de la Ley de Partidos y de las ilegalizaciones que la utilizan como argumento.

Consejos vendo

En 2001 se produjeron los atentados del 11-S y George Bush decidió que eran un instrumento perfecto para el todo vale: invasiones, bombardeos, violación de la intimidad, campos de concentración, anulación de derechos sin juicio… Excepto el exótico Aznar, todo el mundo ha venido criticando los excesos de Estados Unidos: «no todo vale en la lucha contra el terrorismo» le hemos escuchado mil veces a Zapatero hablando de Estados Unidos.

El impulso dado por Bush al todo vale permitió a decenas de gobiernos dar pasos que hubieran resultado insólitos pocos meses antes. Esa es la única razón que hace entender, por ejemplo, que la Ley de Partidos Políticos (eufemismo por el que se conoce a la ley de ilegalización de partidos políticos vascos) no se promulgara hasta junio de 2002, nueve meses después del 11-S. Las primeras ilegalizaciones fueron en agosto de 2002, casi un año después de los atentados de Nueva York.

Todos dábamos por descontada la ilegalización de D3M como una continuidad de la dinámica ilegalizadora: no es más que un paso más en el mismo camino. Es un camino que hace ocho años hubiera parecido una hipótesis antidemocrática a casi toda la población y que hoy sólo la siguen considerando así unos pocos (que somos proetarras; como fuimos partidarios de Sadam Hussein quienes nos opusimos al bombardeo de Irak).

Lo de Askatasuna en cambio es una vuelta de tuerca más: el Gobierno ha defendido la ilegalización afirmando que hay «un relato de indicios» (sic), que «es probable que haya vinculaciones aún no conocidas» (sic)… Las contundentes pruebas presentadas consisten en que algunos miembros de Askatasuna firmaron los avales que necesitaba D3M. Sé que muchos militantes de Izquierda Unida han avalado con su firma a Izquierda Anticapitalista (yo mismo creo que lo habría hecho si alguien me lo hubiera pedido) por considerar que éstos tienen derecho a presentarse, aunque deseemos que todos sus posibles votantes acaben prefiriendo a IU: ¿ahora es ilegal defender derechos políticos para cualquiera que no sea uno mismo? El paso coherente sería ilegalizar a todos los partidos que se hayan declarado contrarios a las ilegalizaciones: según la lógica de nuestro gobierno progresista es imposible que defiendan que no se ilegalice a Batasuna sin ser Batasuna misma, como es imposible firmar para que se presente D3M sin ser D3M.

También dijo Rubalcaba que no se puede hablar de democracia si se permite que estén en las instituciones los proetarras. ¿Quiere esto decir que en España no hubo democracia hasta 2002? ¡Viva Aznar, que nos trajo la democracia!

Desde la distancia madrileña no asusta tanto el atropello democrático (uno se acostumbra a casi todo) como el consenso que lo permite. Asusta que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos tenga las ilegalizaciones como uno de los escasísimos casos que admite a trámite porque es, como mínimo, muy dudoso, mientras ni un sólo juez duda lo más mínimo (el auto de ayer se produjo por unanimidad). No asustan tanto las bobadas incoherentes presentadas como argumento: lo que asusta más es que la población española haya adoptado un cambio de posición radical hasta el punto de considerar cómplices de todo a quienes digan lo mismo que ellos mismos decían hace sólo una década: quienes decimos que las ilegalizaciones son impresentables somos tan proetarras como lo era Aznar en 1996. Y asusta que hace unos años uno siempre tuviera la esperanza de que hubiera algún disenso frente al disparate y ahora ya sepamos con mucha antelación que habrá la misma unanimidad que se produjo en Israel cuando se ilegalizaron hace unas semanas a todos los partidos árabes por oponerse a la integridad del estado judío y no oponerse con la requerida contundencia al terrorismo.

No hay razón para que lo que pensáramos en 1996 o lo que pensamos para Estados Unidos de América y para Israel no sea válido tal cual para aquí y ahora. Salvo que sea verdad eso de que no nos mueven principios democráticos sino la fobia a EUA e Israel, pero que somos capaces de admitir lo que hacen éstos con la única condición de que lo hagan otros.