Hace casi cinco años miles de personas salieron (salimos) a la calle y se instalaron en ellas. Fue el 15M, en 2011. Se llenaron las plazas de todo el país, nos llamaron de todo: éramos cómplices de ETA, claro que sí, olíamos a porro y éramos totalitarios. Nada de todo eso tuvo efecto (acaso efecto bumerán) pero todo eso se dijo ya entonces. Hubo varios factores que ayudaron al éxito del 15M. Uno muy importante fue la lucidez que llevó a un movimiento nuevo que no perdiera un ápice de radicalidad democrática y que renunció a ser una protesta minoritaria estéril de tantas que habíamos vivido. El 15 de mayo de 2011 fuimos a la calle sin nuestras banderas, con lenguajes nuevos, apelando a un pueblo, a un 99% al que saqueaba un 1%, defendiendo la democracia usurpada por una élite de políticos y banqueros a la que aún no llamábamos casta ni ubicábamos en Panamá. Se hablaba de spanish revolution como disimulando en otro idioma la radicalidad de lo que se estaba proponiendo: una revolución democrática y popular que plantase cara al secuestro del país por una oligarquía. Íbamos despacio, pero íbamos lejos.
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Cualquiera que tenga un poco de contacto con militancia de IU-CM (sospecho que de toda IU) ha podido constatar el efecto demoledor del asunto de las tarjetas de crédito. Ya había una importante crítica a lo que se había hecho en Cajamadrid-Bankia. Tanto en la última asamblea regional como en la asamblea federal de IU-CM y IU se aprobaron sendas resoluciones muy duras con lo que se había hecho en nombre de nuestra organización allí. En 2012 se anunció la expulsión de Moral Santín, que él vistió de decisión personal aprovechando que una organización democrática no puede expulsar a sus miembros a golpe de anuncio en la prensa. E incluso IU se había querellado contra él como contra el resto de los consejeros del tinglado.
Pero el asunto de las tarjetas es moralmente desolador, es obsceno, aunque sólo sea una guinda de un pastel putrefacto implica que mientras miles de militantes se dejaban horas, esfuerzos, sinsabores e incluso algo de dinero intentando cambiar el país, había quien se aprovechaba de ellos para atornillar el sistema cacicquil político financiero enemigo y forrarse por la vía civil o militar. Que muchos militantes y cuadros están al límite de tirar la toalla es algo que sabe cualquiera. Como sabe cualquiera que eso sería demoledor para Izquierda Unida: desde luego en Madrid, pero si sucede en Madrid el daño para el conjunto de IU será inmenso.
Ayer se celebró el primer Consejo Político Regional desde que estalló el escándalo concreto de las tarjetas. Se abordó el asunto de las tarjetas, pero dado el formato que se adoptó no tuve la oportunidad de intervenir. Sin ánimo de generar fracturas internas, que hoy también serían letales para IU-CM, pero con la voluntad de que pasen cosas (porque hacer como si nada también sería letal) expongo aquí lo que habría dicho esperando que sea útil para el futuro inmediato de mi organización.
En IU-CM se ha abierto una comisión de investigación sobre el caso Bankia, las tarjetas y los escándalos anexos. Estoy seguro de que de esta comisión saldrá luz y que señalará a personas que tuvieron responsabilidad en que falláramos, en que en nuestro nombre se hiciera lo contrario de lo que somos. Las responsabilidades políticas se depurarán, algunas en muy pocos días, y ese es el canal.
Ello no es incompatible con la constatación de que en este momento tan difícil IU-CM necesita exhibir que aquella es una época distinta. No peor, no mejor, simplemente una época distinta a una nueva IU-CM para este tiempo crítico. No se trata de un eslogan sino de una necesidad urgente para la supervivencia como organización. Es lo que algunos han llamado «una refundación express». Y sólo se puede exhibir con un golpe de efecto consistente en que las personas que evidentemente han representado la IU-CM de estos años den un paso al lado. No porque sean culpables de nada sino por generosidad con su organización, por generosidad con IU-CM. Tampoco porque formen parte de tal o cual parte interna: no se trata de transmitir que dentro de IU-CM ha ganado tal o cual bando: esa dinámica es hoy tan letal como el mero inmovilismo real o aparente.
Lo único que hoy puede ser un paso útil para la revitalización de IU-CM y la devolución de la ilusión a todos esos cuadros y militantes no es ninguna suerte de venganza ni de derrota sino la puesta en marcha de una nueva IU-CM en pocos días y para ello es imprescindible un cierto patriotismo de organización, traducido en la generosidad que supone sacrificar el protagonismo personal para permitir que entre todos superemos con la celeridad imprescindible el ánimo tan tocado; que comprobemos que a diferencia de los caraduras que tiraban de tarjeta, las personas engañadas por ellos sí que ponen su organización y las luchas a las que ésta sirve por encima de su posición personal.
No tenemos mucho tiempo. La estocada nos vino en un momento de máxima complejidad política en general y para IU en particular. Del mismo modo que el patriotismo no es exhibir banderas banderas y cantar himnos sino defender los servicios públicos el patriotismo de organización se demuestra hoy haciendo lo necesario para que la organización capee este desastre incluso no siendo responsable del mismo. A ello apelo a los compañeros adelantando que esa generosidad sólo podrá ser agradecida más allá de cualquier diferencia política.
Como desde el 25M todo posicionamiento político pasa por responder preguntas sobre Podemos, Pedro Sánchez se ha pronunciado. Y lo ha hecho refiriéndose a algunos de los aspectos que Podemos comparte con muchas otras organizaciones políticas, singularmente con IU. «Plantear cuestiones como el impago de la deuda o plantear que no se rescaten a las cajas y bancos y que se dejen quebrar es llevarnos directamente a la Gran Depresión de 1929«.
En primer lugar, no sabemos si Pedro Sánchez es ignorante o un mentiroso. Ni Podemos ni IU plantean que las cajas y bancos en vez de ser rescatados «se dejen quebrar«: la propuesta de Izquierda Unida es transformar en Banca Pública las cajas (la puede ver Sánchez en este documento «Izquierda Unida reclama la intervención de las Cajas de Ahorro y su transformación en Banca Pública« o en cualquiera de los 47.000 resultados que arroja esta búsqueda en google). Podemos, como en casi todo, propone lo mismo: «Creación de una banca pública con gestión democrática bajo control social efectivo, a partir de las antiguas cajas de ahorros convertidas hoy en entidades bancarias y recapitalizadas con dinero público» (página 4 de su programa electoral a las europeas). Así que Pedro Sánchez o no sabe de qué habla o miente (sin descartar que compatibilice ambas). A ver si la próxima vez algún periodista le pregunta si fue la creación de una banca pública lo que trajo el crack del 29.
Sobre la deuda, la cuestión del impago es una evidencia: la deuda no se va a pagar. Lo que hay que hacer es decidir cuánta y cuál no se va a pagar, cómo se va a pagar el resto y si esa decisión la toma el pueblo español o la banca alemana. En función de eso seremos un pueblo soberano que rija su economía con más o menos dificultades o seguiremos sometidos. Pero como Pedro Sánchez sabrá (no en vano es profesor de economía por la prestigiosa universidad privada Camilo José Cela, por la que también obtuvo su doctorado un año después de dejar de ser diputado la primera vez) no hay un sólo país que haya ido a la quiebra por auditar la deuda pública, declarar el impago de la deuda odiosa y negociar una quita del resto de la deuda: todos los países que lo han hecho son casos exitosos. Hay, en cambio, múltiples ejemplos de países quebrados cuyos pueblos han sufrido mucho por el sometimiento a una deuda insoportable: ha sido la política constante del FMI y el Banco Mundial por todo el mundo, la que ahora traen a Europa. A la Gran Depresión nos conduce (más) el artículo 135 de la Constitución (propuesto por el PSOE y votado por Pedro Sánchez) que afrontar la realidad: que la deuda es impagable y que su función hoy es más política (nuestro sometimiento) que meramente mercantil.
Más allá de estos detallitos lo que llama la atención es que los dirigentes del PP y PSOE, que nos han traído a esta quiebra, anden dando lecciones de políticas económicas realistas. Son sus políticas económicas (las del PSOE y PP y las de los PP y los PSOE del resto del mundo) las que nos han traído a esta Gran Depresión, que no es la del 29 sino la de ahora. ¿No estaría mal al menos un poquito de humildad y no dar lecciones tan altivas a quienes no somos responsables de tanto sufrimiento?
¿Nos están diciendo que lo que proponemos es tan terrible que nos conduciría a un punto parecido al que nos han traído estos impresentables? No sé, supongamos que el profesor Sánchez tiene razón. Igual, para llegar a este mismo punto, sería mejor hacerlo con un poco de dignidad. Con populismo, que es como ellos llaman a la dignidad.
Quienes hayan participado en un congreso de una organización política saben que estos se dividen en dos espacios. Los salones de plenarios y las comisiones donde se debate unos documentos políticos y organizativos (con mecanismos ciertamente mejorables) y los pasillos, convertidos en un mercado persa de avales, a tantos avales el puesto en el consejo político, cruzado con negociadores de distintos grupos mayores o pequeños que intentan llegar a acuerdos… para construir una lista de la que finalmente saldrá el máximo órgano de la organización y de él el resto de órganos. Para llegar a ese clímax el proceso previo es similar de abajo hacia arriba: en cada federación, en cada asamblea… se hacen enmiendas políticas y se negocian, discuten, presentan y votan candidaturas para ser delegados en el congreso. En el caso de IU, la votación final es la que elige al Consejo Político Federal que elige también al Coordinador. En el del PSOE, si no me equivoco, lo que se votaba al final era el Secretario General directamente.
En IU hemos tenido recientemente alguna experiencia distinta. En Fuenlabrada, hace unos años, hicimos una asamblea dentro del proceso de refundación. No se elegía órgano alguno: sólo se debatió de política, de la política que nos tenía que llevar a refundar la izquierda. Tampoco se hizo enmendando la línea 3 de la página 5 con una adición sino con un debate menos burocratizado, más razonado. Todo el proceso fue mucho más productivo, más ameno y puso a la organización a pensar su política. Finalmente las conclusiones fueron mejor compartidas y más osadas que otras veces (aunque sin duda el problema fue su falta de desarrollo posterior).
De esa experiencia saqué una conclusión: es bueno para las organizaciones políticas separar temporalmente el debate político de la elección de los órganos. No por dar mayor protagonismo a las personas sino para todo lo contrario: para que tenga lugar el debate político y se le conceda el máximo interés, que es el que merece.
El PSOE ha separado ambos procesos. En unas semanas tendrá un congreso federal en el que no habrá emoción: sabemos quién va a ganar, Pedro Sánchez. El mismo, por cierto, que si se hubiera hecho un proceso clásico mediante avales, delegados y control de los aparatos. Sin embargo tiene toda la pinta de que va a ser más bien un congreso a la americana, una puesta de largo escénica del nuevo líder a quien hay que dar a conocer. Porque la elección previa hace impensable que durante estas semanas las agrupaciones del PSOE hayan estado debatiendo textos políticos. Será una escena de liderazgo y de construcción de equipos al servicio del nuevo líder. Para más inri, al tener Pedro Sánchez la elección garantizada, la participación de las minorías en los órganos será la que a Sánchez le dé la gana dada la inexistente capacidad de negociación de los distintos grupos.
Uno, que no piensa en el PSOE sino en la izquierda, intuye que igual la idea de desvincular la elección de órganos de los congresos no sea mala… siempre que se haga exactamente al revés: que se llegue al congreso a debatir de política y una vez conocido el resultado del debate, dos, tres o cuatro semanas después, se proceda a elegir por sufragio universal de la militancia los órganos que sean (el Consejo Político en el caso de IU). Se sanearía así la asamblea (que es como en IU llamamos al congreso) y además sería más probable que la elección de personas fuera acorde con la política previamente decidida.
No sé, es una posibilidad. Por aprender algo del PSOE. Aunque sea de lo que podrían no haber hecho mal.
En las últimas semanas el país parece asistir a grandes convulsiones institucionales. La abdicación de Juan Carlos, el terremoto electoral del 25M… muestran que la posibilidad de cambios muy profundos es real. Que el PP introduzca ahora un debate inexistente para blindar gobiernos a minorías mayoritarias evidencia que no es sólo el optimismo de la voluntad, sino que nuestra esperanza es también su miedo. Que ambos, nuestra esperanza y su miedo, son realistas.
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Las elecciones del 25M han supuesto varios terremotos políticos de los que uno de los más importantes es el auge de las fuerzas rupturistas democráticas y la reconfiguración del mapa de éstas. Por primera vez aparecen en todo el Estado tales opciones con porcentajes de votos muy importantes: sólo en Ceuta y Melilla la suma de estos votos no alcanza el 10% (y no falta mucho) y en la mayoría del país supera el 15%. Nunca fue así: siempre hubo zonas blancas en las que no aparecía un voto cuantitativamente relevante que escapara a PP y PSOE, y este cambio muestra que la quiebra del sistema de partidos dominante es algo muy extendido. Si de lo que se trata es de cambiar el país, no se puede ser marginal en ningún punto del mismo: es la primera vez que se da esta condición.
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.@mdcospedal «Los minoritarios no tienen influencia en el Parlamento Europeo para defender a los españoles» #VotaPP
— Partido Popular (@PPopular) Mayo 20, 2014
Esta debe de estar siendo la primera campaña electoral en la que expresamente dirigentes del PP y del PSOE además de pedir el voto a su partido piden que aquellos que no vayan a votarles den su voto al otro, que no se metan en líos. Ha habido múltiples expresiones despectivas, ataques directos, etc… que han demostrado una verdadera preocupación por la quiebra del bipartidismo que puedan certificar estas elecciones. El propio Rajoy explicó que en el fondo son lo mismo. No se trata sólo de la pérdida de poder cuantitativo. Todas las informaciones sobre las presiones para una gran coalición (PP-PSOE) o sobre acuerdos de Estado cuentan que el problemón que ve la gente de Rubalcaba es que el descontento con su entrega oficial generaría un chorro de votos a IU. Cuanto más fuerte sea el bipartidismo más libres tienen las manos para abrazarse.
Cuando se ha hablado de una futura Gran Coalición en España inmediatamente han salido Rubalcaba y Valenciano a desmentirlo («¡No mientras yo sea Secretario General!», dice Rubalcaba como si alguien pensara en él a largo plazo). Y es obvio que, si pueden, no nos brindarán esa escena. Como explicaba Isaac Rosa el bipartidismo funciona porque no son exactamente iguales, porque dejan flecos (estéticos muchas veces pero alguna vez incluso sustantivos) de diferencias que les permitan escenificar el Gran Enfrentamiento. La Gran Coalición tumbaría la escenificación de tantos años y obligaría a replantearla. Sólo lo harán si no les queda otro remedio pues lo ideal es lo que han hecho hasta ahora: gobernar como si de hecho existiera esa Gran Coalición en casi todos los aspectos fundamentales económicos e institucionales, desde el artículo 135 de la Constitución a la heroica defensa de la monarquía, pero haciendo como que no se pueden ni ver. No sólo sucede así en España pero cuando ha hecho falta no ha habido un sólo país donde no se hayan dado la mano: de Grecia a Alemania pasando por Italia.
En Europa no hace falta disimular. Nos dicen que es importantísima Europa, que todo cambiará si votamos a conservadores (PP) o socialdemócratas (PSOE) durante quince días, pero durante los cinco siguientes años ocultan todas las noticias que vienen de Europa, no nos vayamos a enterar de que el «Bruselas nos obliga» significa siempre «PP y PSOE nos hemos puesto de acuerdo en Bruselas en esto«.
Angela Merkel dijo ayer lo evidente: que como siempre los conservadores y los socialdemócratas se pondrán de acuerdo, repartirán cargos y formarán un gobierno conjunto de la Unión Europea una vez superado el paripé electoral de estos días: «Lograremos también ponernos de acuerdo para la composición de la nueva Comisión Europea» superando «diferencias personales«, dijo Merkel.
A diferencia de con Felipe González, nadie ha salido a desmentir a Merkel. No sería creíble. La mayoría de los votantes desconoce qué es la Comisión Europea y por tanto el impacto del anuncio es mínimo. Además quienes sí que lo saben son conscientes de que el anuncio de Merkel es una obviedad: siempre fue así y continuará siéndolo mientras se lo permitamos. Mientras en los países hay que escenificar democracia y pluralismo (y por tanto diferencias insalvables entre partidos teatralmente antagónicos) la UE se construye como lo irrechazable, el bien absoluto cuyas decisiones neoliberales no son tomadas por nadie sino que suceden porque son racionales, objetivas… el ideal tecnocrático tiene que escenificarse con unidad del mismo modo que un laboratorio científico ideal no se divide ideológicamente.
Nadie refuta a Merkel porque lo que dice Merkel es el tipo de escena que se corresponde con el modelo de UE que tenemos, el que han fabricado de la mano los grandes partidos que comparten lo esencial y ponen los países al servicio del poder económico. La Gran Coalición europea refuerza esta UE tecnócrata (antidemocrática). Refutan a Felipe González porque el tipo de escena que se corresponde con nuestros países exige dos antagonistas. Los partidos que se abrazan en la UE son los mismos que se enfrentan en cada país. Como se decía en los 80, en Europa se desnudan por exigencias del guion. Lo único que cambia son las exigencias del guion.
Hacen bien PP y PSOE en pedir que votemos a los dos actores de siempre: imagínate que el domingo le da a los europeos por votar actores que se nieguen a aprenderse ese guion. Qué lío.
En 2011, hace tres años, la federación extremeña de Izquierda Unida tomó una de las decisiones más discutidas dentro de IU de los últimos años: en la sesión de investidura se abstuvo, lo que dio el gobierno al partido al que más extremeños habían votado, que por desgracia era el PP. Personalmente no compartí esa decisión como no comparto mucho de lo que se ha hecho en Extremadura desde entonces.
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El 2 de mayo es la fiesta de la Comunidad de Madrid. Durante el siglo XIX fue la fiesta nacional, una fiesta instaurada por los liberales (esto es los progresistas) y sustituida por el 12 de octubre (más imperial y pilarico) por los conservadores hasta hoy. Madrid se quedó la fiesta nacional de los progresistas y los conservadores llevan unos años queriéndose quedar la fiesta de los madrileños. Como el 2 de mayo es la fiesta de los madrileños, El País suele publicar encuestas electorales de la Comunidad de Madrid; otros años ha esperado al 15 de mayo, San Isidro para publicar la encuesta municipal pero este año ha publicado las dos a la vez, el 2 de mayo.
Lo que da más solidez a las dos encuestas es que su resultado es muy parecido a las de hace justo un año. Entonces sorprendió a mucha gente (me incluyo) el resultado. Que un año después haya variado tan poco indica que estas encuestas están señalando algo que está ocurriendo y realmente con cierta solidez. De las dos encuestas la del ayuntamiento es la que ofrece un mayor posible terremoto político a la vista: el PP perdería su mayoría absoluta, UPyD sería prescindible en un posible gobierno y, sobre todo, PSOE e IU están separados por sólo 2.6 puntos y el margen de error de la encuesta es un 4.1%, es decir, PSOE e IU están en empate técnico. Esto es, la encuesta (cuya veracidad parece consolidada) ofrece la posibilidad de que el PP pierda la mayoría absoluta y que la segunda fuerza sea Izquierda Unida que sólo necesitaría que el PSOE decidiera que no puede entregar la capital al PP de Esperanza Aguirre unos meses antes de las elecciones generales. No es una certeza: conseguir que eso suceda será difícil. Pero lo que tenemos con esta encuesta es que ese escenario no es una ensoñación ni una quimera sino una posibilidad bien cierta en cuya actualización nos tenemos que empeñar. La de la comunidad permite pensar en escenarios parecidos aunque no muestre una imagen tan contundente como la del ayuntamiento: especialmente en una comunidad como Madrid en la que es difícil pensar que un gran cambio en la capital no fuera de la mano de la comunidad.
Tal posibilidad (que Izquierda Unida pusiera alcalde en Madrid) supondría un terremoto político en el conjunto del país. Madrid permite desde hace mucho visibilizar lo posible. Madrid antes que el conjunto de España dio un gobierno al PSOE (al PSOE más ilustrado, el de Tierno Galván, un PSOE difícil de encontrar en el PSOE actual); y antes que el conjunto de España se echó en manos del PP. Desde 1991 Madrid parecía condenada a ser la ciudad en la que el PP adelantara sus proyectos para el país: saqueo de los servicios públicos para arruinar la ciudad entregada a las constructoras primero y para pagar la deuda generada con esas megaoperaciones después, todo ello engrasado de comisiones para financiar el partido, privatizaciones y actuaciones urbanísticas corruptas y áticos marbellíes.
Que en Madrid se dé este vuelco puede afectar en primer lugar a la vida de más de tres millones de personas; pero también a toda la política del país. Es un grave reto el que tenemos de aquí a un año los ciudadanos políticamente activos para contagiar de entusiasmo por el cambio real a nuestros vecinos. Pero también es una altísima responsabilidad para las direcciones políticas. En primer lugar para la de IU, que afronta este reto en una situación insólitamente positiva en Madrid ciudad (con las diferencias internas normalizadas y donde por fin la afiliación de la capital es la que regirá su política, sus candidaturas, sus alianzas… tras un acuerdo entre las partes más importantes de IU-CM): tenemos que hacer las cosas bien, con audacia, ambición, generosidad, honradez e inteligencia. Y también es una responsabilidad muy seria para esas otras fuerzas que no aparecen en el reparto de concejales pero sí en ese 7.7% de «otros». Madrid es probablemente donde se agrupa más voto a nuevas candidaturas por la derecha y por la izquierda: es donde con más ímpetu emergió UPyD y donde depositan el grueso de su fuerza organizaciones como Equo y Podemos y otras que han surgido o puedan surgir en el próximo año, que en esto somos muy productivos.
No podemos dejar pasar la oportunidad real de construir un cambio drástico que puede empezar en Madrid para contagiar a todo el país. No podemos seguir poniendo trabas y excusas pueriles para poner en marcha una alternativa real para echar a quienes han robado, destrozado Madrid en provecho propio y consumado en Madrid lo más repugnante de la política instalada después en todo el país. Claro que hay diferencias entre nosotros (y dentro de cada una de las organizaciones) pero el reto es de un calibre histórico y ético tal que quien las ponga bajo una lupa y facilite la permanencia de los saqueadores mercerá el justo castigo de una ciudadanía que merece recuperar su ciudad.
No hemos tenido otra ocasión
así. Toca demostrar que estamos a la altura de la Historia.
De las críticas que ha recibido Jordi Évole por su falso documental sobre el 23F la que me parece más ridícula es la de «sobre eso no se bromea«. No dudo que hubo mucha gente que el 23F pasó mucho miedo (alguno, por cierto, participó en el montaje de Évole). Pero precisamente la gravedad del asunto es lo que permite que una (buena) broma sobre él tenga más altura. Hemos visto Ser o no ser de Lubtitsch, sobre la invasión nazi de Polonia, Teléfono rojo, volamos hacia Moscú de Kubrick sobre la amenaza real de apocalipsis nuclear durante la Guerra Fría o El verdugo de Berlanga. Hay quien prefiere comedias blancas, que no manchan, inocuas… pero felizmente no hemos sucumbido del todo a esa beatería y queremos bromear especialmente sobre las cosas más graves. Quizás para pensarlas mejor, quizás sólo para pasarlo mejor, que no es poco ni malo.
Las críticas hacia el program de Jordi Évole, pues, sólo por cómo era la broma, no por sobre qué era la broma.
Si el programa no hubiera pretendido moraleja alguna, si hubiera sido sólo una broma, creo que no tendría nada que objetar: no habría hecho falta explicar más tras el viaje de la caja blanca del despacho real a la foto del elefante tiroteado que evidenciaba la gamberrada. En tal caso habría sido uno de los millones de espectadores que lo vio en directo, que me lo pasé muy bien, que lo comentaba en varios grupos de whatsapp en los que no faltaba quien se lo creyó. Formalmente me pareció excesivo el paralelismo con el falso documental sobre la Luna poniendo a Garci en el papel de Stanley Kubrick (¡con eso sí que no se bromea!), pero pasé un buen rato, qué caray.
No me lo creí desde pronto pero tengo alguna ventaja. Fui alumno de Jorge Verstrynge y en sus clases no se callaba ni una: recuerdo cuando nos contó que un congreso de Alianza Popular en Baleares no podía arrancar por las mañanas porque todos los delegados se habían pasado la noche en los puticlubs de la isla para indignación de don Manuel. Es sólo un ejemplo: la farsa incluía a demasiada gente como para que aquellos que tenemos conocidos en la política de entonces y hemos leído bastante sobre el 23F no tuviésemos noticia de esa Operación Palace. Según el documental había demasiada gente en el ajo como para que fuera verosímil el silencio de tres décadas. Y era incompatible con el relato el hecho de que TVE no retransmitiera en directo la votación mientras en la ficción se ponía tanto énfasis en una retransmisión televisiva que no ocurrió.
Que pareciera claro el montaje no me hace mofarme tampoco de quienes se lo tragaron, algunas personas bastante inteligentes. De quien sí me descojono es de los prepotentes que se lo tragaron con la altivez de llamar analfabetos a quienes no se lo tragaron:
Ojalá lo que dicen en el documental no lo hubiésemos leído antes en investigaciones SERiAS! Pero sí…Ale, a espabilar que nos toman el pelo
— beatriz talegon (@BeatrizTalegon) febrero 23, 2014
Nada más patético que la prepotencia intelectual tan propia de quienes menos deberían permitírsela.
Pero sí que hubo críticas atinadas al, digamos, arriesgado experimento:
Prefiero no pensar que están comparando a quienes cuestionamos versión oficial 23-F con los conspiranoides q creen lo de la luna un montaje
— Isaac Rosa (@_isaacrosa) febrero 23, 2014
El programa no se presentó como un mero divertimento o producto audiovisual (como el «F for Fake» de Orson Welles o el «Zelig» de Woody Allen, que no necesitaba moraleja ni aclaración) sino que hubo una moraleja, que es con lo que el falso documental pasó a tener cierto peligro.
Como no sabemos nada cualquier conspiranoia es creíble. Y eso no es del todo así. Conocemos muy pocos documentos oficiales, llamadas que fueron grabadas, etc. lo cual, por cierto es un dato: si la información clasificada confirmara la versión de la secta del 78 se habría sacado aunque fuera editada como el primer vídeo sobre el crimen de Ceuta. Pero es que hay bastante investigado, bastantes datos, bastantes reuniones conocidas. Es más, alguna parte del guión (como decía Verstrynge al final), coincide con explicaciones dadas, con argumentos, datos, documentos… por ejemplo, cómo Tejero fue una de las cosas que salió rana, pues un tipo con tricornio pegando tiros en un parlamento impedía blanquear el golpe con una Solución Armada.
La farsa de Évole facilitaba el descrédito de toda tesis que cuestione el relato según el cual los dos militares más monárquicos de España montaron un golpe de Estado de espaldas al rey, que lo paró heroicamente. La farsa podría, por ejemplo, haber ido por otro lado: que el rey hubiera ido al Congreso, a Valencia a pararlo personalmente y por eso hubiera emitido su vídeo tan tarde… ridiculizar la versión oficial que nos pone al rey como salvador de la democracia por lo cual estamos en deuda: al fin y al cabo si se pretende denunciar la ocultación de datos una versión así habría evidenciado que son quienes sostienen una versión concreta quienes impiden que conozcamos los datos que supuestamente la corroborarían.
Ese es mi problema con el programa de Jordi Évole. ¿Sirve para el objetivo declarado (cuestionar la información que recibimos)? No creo. Hace unos cuantos programas (hace un par de años o tres) en un Salvados Jordi Évole mostró a un diputado del PSOE estas imágenes «de unos diputados de Izquierda Unida«:
Obviamente el diputado del PSOE no aclaró nada. Pero tampoco Jordi Évole aclaró que precisamente esa denuncia fue la que hizo que IU rompiera definitivamente con el grupo que había actuado de esa manera, que esa actuación no sólo no era la actuación de IU sino la que separaba de IU a un grupo, es decir, ante comportamientos corruptos IU hizo lo que había que hacer por alto que fuera el coste electoral (que lo fue: hoy en Euskadi IU es decente, pero extraparlamentaria aunque las encuestas permitan pensar en la próxima vuelta de IU al parlamento vasco). Nunca hubo aclaración. Fue manipulación. Como denuncia Jordi Évole hoy, «hay portadas de periódico que en la contraportada no te dicen que es falso«. Ni en la contraportada de aquel programa, ni en posteriores programas al ver el error, ni en twitter ni en su columna de El Periódico aclaró nunca Jordi Évole que aquel programa había llevado a espectadores a entender algo contrario de lo que sucedió. Debería haberlo aclarado si su intención es que sepamos cuestionar lo que vemos en la televisión, aprender a evitar manipulaciones.
Hay estos días muchos debates sobre el programa. Algunos no merecen la pena (aquellos que te señalan como hereje si te felicitas por un buen programa de Jordi Évole -y muchos han sido muy recomendables-). Otros me interesan más como la veracidad que tiene después quien mintió una vez (y lo aclaró): ese me interesa pues siempre he sospechado, por ejemplo, de los periodistas que se prestan a protagonizar anuncios, pero por otra parte no me creo capaz de pedir a nadie que no bromee nunca. Ahí hay uno de los dilemas interesantes que planteó el programa. Quizás por los debates interesantes suscitados el programa valió la pena: más allá de la audiencia, no recuerdo muchos programas televisivos que hayan suscitado debates, dudas, cuestionamientos. Bienvenidos sean.
Y en cuanto al contenido concreto del falso documental, el 23F es uno de los dogmas de fe que mantiene en pie a la religión del 78. Si bromear sobre él permite que se relaje el dogma, es una buena noticia. Una buena noticia política. Simplemente no creo que sea así. Me da la impresión de que sirve más bien para arrojar un falso «no sabemos nada» que esconde que algunas cosas sí sabemos. Se podría hacer un reportaje (en serio) muy bueno e inédito con cuestiones sobre el 23F que ponen muy en duda la heroicidad de los santos que edificaron la decadente Transición. Eso de momento sólo está en (algunas) librerías: ningún medio de masas se ha atrevido a dar voz a los argumentos sólidos que hay para decir que el 23F no fue una historia de un puñado de golpistas parados por un heroico monarca. Estaría bien saber si Jordi Evolé querría y podría hacerlo, si le dejarían emitirlo en La Sexta, si tendría tanta audiencia, si generaría tantos debates.
Y a todo esto seguimos sin saber cómo Garci pudo obtener un Oscar.