Blog de Hugo Martínez Abarca

Etiqueta: Izquierda Unida (Página 1 de 9)

Podemos, IU y el respeto mutuo

Ayer se presentaron los documentos político, organizativo, ético y de igualdad de “Recuperar la ilusión” (aka: el errejonismo) para el proceso de Vistalegre 2 en que anda Podemos. Una de las cuestiones en las que más se han centrado los medios de comunicación ha sido en este párrafo del documento organizativo:

“6. Los acuerdos de la Asamblea Ciudadana Estatal se adoptarán por mayoría simple, excepto en los casos de disolución del partido, modificación de su nombre, composición, ámbito, naturaleza y cualquier proceso de fusión orgánica con otras fuerzas políticas, para lo cual se requieren mayorías cualificadas de dos tercios de las personas inscritas, que serán también requeridas para aquellos otros que estatutaria y reglamentariamente se determinen o que la ley pudiera obligar.”

El titular en casi todos los medios es Íñigo Errejón blinda a Podemos ante una fusión con IU pese a que en realidad lo que hace el documento es pedir mayorías cualificadas para todas las decisiones que afecten esencialmente a la naturaleza de Podemos, no sólo una potencial fusión. Tan razonable es la propuesta en sí que inmediatamente vimos a Juan Carlos Monedero proponer exactamente lo mismo y a Pablo Iglesias y Alberto Garzón dejar constancia de que tal fusión no está en el horizonte de ninguno de los dos. Cualquiera que conozca un poco ambas fuerzas sabe que la defensa de sus autonomías es una cuestión de mutuo respeto pues la militancia de ambas la desea y en todo caso pedir mayorías cualificadas para decisiones esenciales no es un blindaje contra nadie sino algo bastante habitual en cualquier organización o incluso en las constituciones estatales. Resumía lo aparentemente obvio Pablo Echenique: el horizonte de la fusión entre Podemos e IU no es que no esté en la cabeza de Íñigo Errejón, es que es algo que  nadie en Podemos ni en el planeta Tierra jamás se había planteado”

No debería haber polémica, pues. Sin embargo, al leer a Alberto Garzón sobre esta cuestión que “no parece coherente insultar una y otra vez a quien comparte tu proyecto” veo que permanece latente una sensación de mutua falta de respeto que sinceramente creí más que superada.

Como es sabido yo fui militante de IU durante 20 años. Llegó un momento en que tuve claro que mi proyecto político era Podemos pero no por ello dejo de estar orgulloso de esos veinte años y, sobre todo, no he dejado de querer a IU no sólo por seguir habiendo en IU amigas y amigos con quienes mantengo intacto el afecto sino porque es una parte importantísima de mi vida. Por ello me dolieron cuando efectivamente (y a diferencia de ahora) hubo intercambio de insultos de dirigentes de Podemos a IU y de IU a Podemos.

Siendo militante de IU me dolió aquel “Podemos no va a ser la UCI de ningún partido del régimen del 78‘” de Juan Carlos Monedero. Pero ya estando con Podemos también me dolieron más palabras contra ese pedazo de mí que fue IU. Todo el mundo recuerda aquel verano en que Pablo Iglesias reaccionó con especial virulencia a las llamadas de unidad con IU (aquel famoso “cuécete en tu salsa llena de estrellas rojas y de cosas, pero no te acerques, porque sois precisamente vosotros los responsables de que en este país no cambie nada o aquel pitufo gruñón de un par de semanas después). Por cierto, Pablo Iglesias reconoció que aquello fue un error, algo poco habitual en un dirigente político y eso le honra mucho.

Sería injusto cerrar ahí los recuerdos de ataques recíprocos entre Podemos e IU. En la campaña de las elecciones de 2015 IU fue especialmente dur  a (supongo que por cálculos electorales) con Podemos. Se avisó del “peligro de un crecimiento del fascismo en España si ganan PP, PSOE, Ciudadanos o Podemos ya que estos partidos seguirán obedeciendo los postulados de la Troika”, se acusó a Podemos de renunciar a los principios y de estar “bendecido por Rosell, el presidente de la CEOE” y de defender “la OTAN, el libre mercado en el sector eléctrico, en manos del régimen desde el franquismo. Ha alabado la Constitución del 78.” Todo ello, obviamente, también dolía aunque se llevara con discreción.

Rescatar todas estas declaraciones es relevante por aclarar dos cosas, ambas bastante positivas.

La primera es que felizmente esa falta mutua de respeto terminó en 2015. Es imposible encontrar declaraciones de este tenor después de las elecciones de diciembre de 2015 ni desde Podemos ni desde IU. Ya no hay intercambio de insultos ni habitual ni esporádicamente. Y eso no es sólo un alivio, es una buenísima noticia.

La segunda es que, contra la caricatura, de quien es imposible encontrar una falta de respeto hacia IU es de Íñigo Errejón y de quienes se alinean (nos alineamos) con sus tesis, que defendemos legítimamente un proyecto transversal cuya identidad no cuelgue de la izquierda sino del pueblo; y que para ello no entienda la unidad popular como la unidad de la izquierda sin que ello suponga expulsar a la izquierda de la unidad popular sino entender ésta de una forma mucho más amplia.

Quizás en este caso sí cobre sentido la otra caricatura de Íñigo Errejón, la de la supuesta moderación, pues efectivamente lejos de ser quien más agresivamente se ha pronunciado con IU es uno de quienes más prudente y moderadamente se ha referido siempre a IU: tanto en la reivindicación de la autonomía de ambos proyectos (que la ha defendido como todos pero sin que se le pueda encontrar una falta de respeto al otro) como en la defensa de la alianza electoral el 26J, que defendió como defendimos muchísimos.

Cabe pues, si queremos debatir honestamente, reconducir el debate: no hay insultos sino una normal y ampliamente compartida autonomía entre dos organizaciones que no comparten estrategia pero sí la oposición al saqueo al que las élites políticas y económicas de nuestro país han sometido a su pueblo y por tanto están llamadas a encontrarse muchas veces. Salvo que alguien sí crea que hay que caminar hacia una fusión.

Confluencia y transversalidad

Desde que hace unas semanas se empezó a ver como posible un acuerdo electoral entre Podemos e Izquierda Unida para acudir juntos a las elecciones de 26J surgió un debate sobre si esa suma añadía votos o no. El famoso 5+1 no tiene por qué ser 6: en política, y más en política electoral, juegan muchísimos factores, que pueden hacer que una suma reste o que multiplique.

En este caso hay bastantes razones de tipo coyuntural para pensar que el acuerdo suma más que 5+1 y sobre todo más que 69+2 (factores como la ley electoral, el voto útil, el caballo ganador o el mero valor emocional de la imagen de unidad frente a la de división). Sin embargo el posible factor de resta es estratégico y es uno de los hallazgos políticos que han permitido construir Podemos de forma pensada y que permitió el éxito del 15M de una forma más o menos espontánea: la búsqueda de una transversalidad popular mediante la huida de la eje «izquierda-derecha» tras constatar que ese imaginario había sido secuestrado por el bipartidismo y que su asunción condenaba a la marginalidad (al margen) a cualquier proyecto emancipador. Huir de la retórica «izquierda-dereecha» es la mejor manera de avanzar en la dialéctica  para la que supuestamente servía esa retórica. Parecería intuitivamente claro que el encuetro con Izquierda Unida reubicaría el eje de enfrentamiento en «izquierda Vs derecha» y que IU izquierdiza a Podemos.

Existirían, pues, una perspectiva a corto plazo para la que la unidad de fuerzas del cambio sería sin duda ventajosa pero una importante dificultad estratégica para el proyecto a medio o largo plazo.

De cara a las elecciones del 26 de junio existen posibilidades reales de ganar las elecciones. Pero como mínimo lo que está al alcance de nuestra mano es dinamitar el sistema de partidos turnista, el bipartidismo para conquistar un nuevo sistema de partidos que sí sea capaz de disputar el poder político a las élites.

Según el estudio postelectoral del CIS hay muy pocos votantes de Podemos que se negarían a votar a Izquierda Unida. Sí hay algunos pocos (uno de cada cinco, más o menos) votantes de IU que dicen que en ningún caso votarían a Podemos. Eso, de confirmarse el supuesto más pesimista, haría perder en las urnas muchos menos votos con un acuerdo electoral que en la mera conversión de los votos en escaños sin ese acuerdo.

Sin embargo, la batalla crucial del 26J, la que puede cambiar el país, no está en esa suma sino en la disputa electoral entre Podemos y PSOE como instrumento más eficaz para acabar con el gobierno del PP y sus políticas.

El 20D se demostró que, pese a los augurios, Podemos estuvo a un puñado de votos de ser la segunda fuerza más votada y por tanto la llamada a encabezar una alternativa real a un gobierno del PP. Aunque sólo fuera por esa imposibilidad actual de la llamada al «voto útil» del PSOE estaríamos en unas condiciones absolutamente nuevas. El reto el 26J tiene que ser convencer al menos a medio millón de votantes del PSOE de que su voto es mucho más útil en Podemos que en el PSOE: la gestión cobarde y estéril del resultado del 20D hecha por la dirección del PSOE ayudará sin duda. Si ese medio millón de votos cambia las condiciones políticas del país serán absolutamente diferentes.

Esta batalla es en la que es determinante la famosa transversalidad. Y aquí es donde salta la paradoja.

Según este último CIS, aproximadamente el 60% de los votantes del PSOE sitúa a su partido en el 3-4 en una escala del 1 al 10 (1 sería extrema izquierda y 10 extrema derecha). Esos mismos votantes sitúan a Podemos en el 1-2 y más en el 1 que en el 2:

podemos para psoe

Ubicación de Podemos para los votantes del PSOE en el eje izquierda-derecha

Esto es un desastre obvio, pues tanta distancia hace muy difícil el salto del PSOE a Podemos. Por eso es crucial hacer amable ese salto.

Sin embargo, los votantes del PSOE ven más cercana en el eje izquierda-derecha (menos de extrema izquierda) a Izquierda Unida:

IU para PSOE

Ubicación de IU en el eje izquierda-derecha para los votantes del PSOE

Es decir, contra la posible intuición, Izquierda Unida transversaliza a Podemos para los votantes del PSOE. Y por tanto es posible que una candidatura conjunta de Podemos e IU (y de todos los demás actores de cambio) no sólo sume a casi todos los seis millones de votantes de Podemos y de Izquierda Unida sino que ayude a que un buen puñado de votantes del PSOE den el salto. Eso transformaría definitivamente el mapa de partidos español y, en el peor de los casos (si no sirviera para formar gobierno inmediatamente, que dependería de que el PSOE decidiera suicidarse apoyando al PP o apostar por el cambio al que no se atrevió siendo segunda fuerza) pondría los cimientos para acabar de una vez por todas con el fatalismo que nos dice que no sé puede.

Vale la pena intentarlo.

La estrategia por asalto, artículo en eldiario.es

Hace casi un mes asistí a un acto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid que venía a ser una puesta de largo de Ahora en Común. Iba más que nada como observador, a escuchar bastante y hablar un poco menos. Allí me encontré con muchos amigos y compañeros: desde algunos compañeros del grupo parlamentario de Podemos en la Asamblea de Madrid a gente con la que compartí organización política durante muchos años pasando, claro, por compañeros de Convocatoria por Madrid, mi actual organización. Todos ellos compañeros, fundamentalmente, porque son gente que lucha por aprovechar las grietas para cambiar el país y democratizarlo para que nuestro pueblo viva con más libertad y justicia. También, claro, había una inevitable cuota de oportunistas desplazados a los rincones. Y, lo peor de todo: algún periodista. Especialmente uno de ellos, de eldiario.es, que me preguntó a la salida qué pensaba sobre Ahora en Común, las posibilidades de confluencia de los distintos espacios de emancipación… Le contesté, con toda sinceridad, que era un mar de dudas, que por primera vez desde que empezó este histórico ciclo electoral tengo inmensas dudas sobre cuál debería ser el siguiente paso en las circunstancias dadas para conseguir el objetivo: aprovechar las próximas elecciones generales para traer el cambio al país. “¿Por qué no nos escribes un artículo sobre eso?”, “¿Sobre que no tengo ni idea?”, “Sí”. Suelo escribir con bastante rapidez, pero esa propuesta de artículo me lleva rondando la cabeza estas semanas porque la dificultad del momento me lleva incluso a no tener mucha idea sobre por qué no tengo ni idea. Intentémoslo.

Sigue leyendo en eldiario.es

El pueblo, unido (artículo en Cuarto Poder)

Hay dos consecuencias inmediatas de las elecciones municipales y autonómicas. En primer lugar, que la crisis de régimen está claramente abierta. Nuestro país sabe, por su historia, lo que significa en términos de régimen el cambio en las grandes ciudades y precisamente en éstas es donde el cambio sobrepasa con mucho las previsiones más optimistas. En segundo lugar, que la fórmula que mejor articula el cambio (y de paso es más lesiva para los partidos del régimen) es la unidad popular entendida como suma de actores rupturistas no contaminados por el compadreo con los protagonistas del saqueo.

Sigue en CuartoPoder.es

Alberto Garzón y la reconfiguración política del cambio

A la semana siguiente de las últimas elecciones europeas un amigo concejal de un municipio de la Comunidad de Madrid me contaba que al llegar al pleno que tenían esa semana todos los concejales se miraban como reconociendo el hueco: tras la aparición estelar de Podemos faltaba ahí la representación de un actor que había llegado para quedarse. Si las instituciones suelen tener bastante de teatral, desde aquel mayo de 2014 además faltaba el actor que interpretaba al galán.

Con esa perspectiva multiplicada afrontábamos ayer el Debate sobre el Estado de la Nación. Acostumbrados a que en ese debate tengan voz los actores políticos relevantes, ayer faltaba el actor revelación. De hecho Rajoy dedicó el último tercio de su primera intervención a anunciar la hecatombe que sería la victoria de los demagogos (se refería a Podemos) e inició su réplica a Pedro Sánchez diciéndole que al PSOE lo que le pasaba era que temía a Pablo Iglesias.

Curiosamente a Alberto Garzón no le dijo nada de Pablo Iglesias ni de Podemos. Porque Garzón atronó el Congreso con el discurso rupturista, con una forma y un contenido que nada tenía que ver con los usos y costumbres cortesanos. En cualquier tracking sociológico, en cualquier medio… o intentan ignorar el discurso de Alberto Garzón (que es, por cierto, la opción que ha adoptado en las redes el núcleo que controla la federación madrileña de Izquierda Unida y sus feligreses) o reconocen que fue la voz diferente, que si existe eso de «ganar un debate» el de ayer lo ganó Alberto Garzón.

¿Quiere esto decir que IU ha solucionado sus problemas? No, lo que quiere decir es que ahí hay un dirigente que ha entendido los problemas de su país, que ha entendido el momento histórico y que sabe comunicarlo. También es un dirigente que entiende perfectamente los problemas de su organización y por eso se encuentra con las resistencias numantinas de quienes se resistirán hasta la muerte a afrontar los problemas de su país y de su organización, pues forman parte de ellos. ¿Quiere decir enotnces que el espacio que le sentaría bien a Alberto Garzón no es IU sino Podemos? En absoluto: Podemos también tiene sus problemas, fruto sobre todo de una apuesta por un modelo de organización que es imposible que dure en el mejor de los casos mucho más allá de este ciclo electoral sea cual sea el desenlace. Y hay una parte importantísima de Izquierda Unida (sin duda la amplia mayoría de su militancia, pese a algunos núcleos dirigentes) que está perfectamente representada por el discurso y las prácticas de un dirigente mayúsculo como Alberto Garzón.

¿Qué quiere decir entonces?

Probablemente la mayor dificultad del momento político que estamos viviendo es que no tenemos un año más antes de todo el ciclo electoral. Es seguro que en 2016 se reconfigurará el mapa político, no cabe otra posibilidad. Por un montón de razones, especialmente porque el maratón electoral dejará un país institucionalmente irreconocible; pero aunque no hubiera elecciones ocurriría seguro porque el mapa actual es insostenible.

Existe un país en situación crítica, existen mimbres sociales y políticos para darle la vuelta al país. Y existen liderazgos para aprovechar hacia la ruptura democrática esos mimbres: no sólo están Pablo Iglesias y Alberto Garzón sino también Tania Sánchez y Ada Colau, por citar sólo voces muy conocidas y que encarnan ese liderazgo rupturista.

La reconfiguración del mapa político no va a ser sencilla. Muy al contrario: será traumática. Exigirá romper instrumentos (todos) que fueron diseñados para otro momento político: como muy tarde el día siguiente a las elecciones generales habrán quedado obsoletas las actuales organizaciones que apuestan por la ruptura con el 78. No sé si eso es bueno, pero es inevitable.

Quizás toque recomponer desde los añicos. Es imposible saberlo antes de tantas citas electorales trascendentales y mucho más si no sabemos si lo haremos con un gobierno de cambio, con un gobierno de cerrojazo o, en el escenario más probable: con una inestabilidad parlamentaria que haga de la próxima legislatura un periodo muy breve. Algo parecido, por ejemplo, a lo que ocurrió tras las elecciones griegas de 2012: inestabilidad que prolonga el ciclo un par de años hasta conseguir por fin un gobierno de cambio.

Haríamos bien en adelantar pasos, en adelantar el trabajo: todo eso que le habremos ganado al enemigo. Y sobre todo haremos bien en tener claro que ese camino se producirá: ya sea por voluntad política o por necesidad inevitable tras el ciclo electoral. Sólo con esa óptica podemos entender que las quiebras y los acuerdos que se están produciendo son sólo el anticipo de lo que necesariamente vendrá y entenderemos que hoy no son las siglas sino el proyecto de país lo que hace que seamos compañeros o rivales. Y en función de eso también habrá que responder a cada ataque que reciba un compañero; el enemigo ajeno y propio lo tiene clarísimo.


A modo de curiosidad: vale la pena leer este hilo en el foro de Podemos (Plaza Podemos) sobre la intervención de Alberto Garzón y este tuit de Joan Tardá, de ERC:

Ganar ¿para qué?, artículo de CuartoPoder.es

En los últimos meses un eje de discusión de la comunicación política de las fuerzas rupturistas ha sido “generar mayorías sociales”. Tenemos la oportunidad de generar una mayoría social que apueste por el cambio y ante esa responsabilidad histórica cabe reorientar la forma de hablar, los énfasis, los instrumentos y los significantes como medios para conseguir transformar el país. No se trataría de sacrificar contenidos sino de tomar conciencia de que la forma en que se han escenificado los conflictos políticos en los últimos 40 años sirve para el continuismo bipartidista, no para la ruptura democrática que ahora es posible y urgente. Por eso uno no tendría mayor dificultad en sacrificar la retórica izquierda-derecha, por ejemplo, siempre y cuando ello sirva para reforzar a los oprimidos, los de abajo, es decir, para reforzar la dialéctica izquierda-derecha aunque la llamemos de otra forma.

Sigue en Cuarto Poder

Una aclaración innecesaria

Hace unos días se constituyó una comisión de investigación sobre las tarjetas Black de Bankia en Izquierda Unida. Esta comisión presentará su primer informe hoy a la presidencia regional tras haberlo presentado el miércoles a la ejecutiva. Una de sus miembros, que además ejerce de portavoz de la misma, Carmen Pérez-Carballo ha aparecido alguna vez en este blog. En concreto cuando pasó a ejercer de diputada autonómica durante unos pocos meses por la dimisión de otra diputada. Escribí sobre ella como amigo, sobre todo como amigo; pero también por tratarse de una de las personas que he conocido en IU a la que considero más ejemplar, en el sentido de que ojalá mucha gente siguiera su ejemplo político y ético. Y por eso mismo, por esas dos razones, vuelvo a escribir hoy sobre ello.

Hoy en Infolibre se cuestiona la independencia de la comisión de investigación por la presencia en ella de dos personas que fueron de la asamblea de Cajamadrid. Una de ellas, Carmen Pérez-Carballo. Esto es algo así como cuestionar la independencia de una comisión de investigación sobre el gobierno porque en esa comisión haya personas que fueron diputados: en mi opinión, es perfectamente irrelevante. Pero en el caso de Carmen Pérez-Carballo, en caso de poner en duda su independencia, lo que se podría cuestionar es si no está predeterminada contra la gestión de Moral Santín, en ningún caso, como podría deducirse de que eso sea noticia, que fuera complaciente con este episodio oscuro de nuestra organización.

Carmen Pérez-Carballo decidió dimitir de su puesto en la asamblea de Cajamadrid hace unos años porque ya etaba bien. Pero eso fue solo el colofón a un claro y agrio enfrentamiento a las políticas que nos llevaban a estar en la Caja haciendo lo contrario de lo que se espera de IU. Recuerdo en la VIII Asamblea Regional (la primera en la que participé) cómo un histérico José Antonio Moral Santín se dirigía a Carmen Pérez-Carballo y le amenazaba: «Te voy a plantar una querella y nos vamos a ver en los tribunales«. Fue, por cierto, a raíz de una intervención de Álvaro Aguilera, hoy felizmente secretario general del Partido Comunista de Madrid y conocido también por su histórica y firme oposición al bochorno que causaba la actuación en Cajamadrid. La anunciada querella nunca la puso porque Moral Santín tenía dos costumbres inquebrantables: bajar todas las semanas al cajero a sacar efectivo de la visa gratis y anunciar querellas que luego nunca presentaba; como aquella que anunció haber presentado contra el concejal madrileño de IU Jorge García Castaño y que tampoco existió más que en su imaginación. En IU-CM siempre hubo mucha gente que discrepaba duramente con la política que en nombre de IU-CM llevaba a cabo Moral Santín en Cajamadrid y Carmen Pérez-Carballo fue una protagonista de esa oposición. Por eso quienes estábamos en esa posición política la queríamos en la asamblea de Cajamadrid.

El viernes pasado, en el Consejo Político Regional (unos 200 miembros) un dirigente de IU-CM usó precisamente a Carmen Pérez-Carballo y su paso por la asamblea de Cajamadrid como aval de la seriedad de la comisión de investigación ante los más escépticos con la misma. Nadie ha considerado un secreto que haya sido miembro de la asamblea de Cajamadrid porque como dato abstracto es irrelevante pero como dato concreto es una razón para confiar en que en esa comisión no se mirará a otro lado. Seguro que hay muchas críticas que hacer, seguro que tendríamos que estar siendo más rápidos y contundentes mostrando una nueva IU-CM que haya superado la que nos llevó a cometer tan graves errores. Pero desde luego el dato presentado como problema no lo es; es más bien una esperanza de que no nos vamos a contentar con hacer como que ya está todo hecho.

Contra el “nacionalismo de siglas” (artículo en Cuarto Poder)

La noche del 25M fuimos sacudidos por un shock electoral no previsto. Por un lado se desmemoraba el régimen bipartidista del 78, que no alcanzaba el 50% del voto; inmediatamente anunció Rubalcaba que dejaba la dirección del PSOE y Juan Carlos de Borbón que dejaba el trono. Por el otro se producía una profunda reconfiguración de la composición de la alternativa popular con una importante subida de IU y la explosión política que ha supuesto Podemos. Ello hace que haya muchísima fuerza en la alternativa a ese mundo que se desmorona pero también que la urgencia con la que intentar culminar el cambio (en un año habremos tenido elecciones municipales y muchas autonómicas y estaremos preparando las generales) choque con la necesidad de digerir el terremoto y ordenar las ideas para que la respuesta sea inteligente.

Sigue leyendo en CuartoPoder.es

El programa imposible del profesor Sánchez

Como desde el 25M todo posicionamiento político pasa por responder preguntas sobre Podemos, Pedro Sánchez se ha pronunciado. Y lo ha hecho refiriéndose a algunos de los aspectos que Podemos comparte con muchas otras organizaciones políticas, singularmente con IU. «Plantear cuestiones como el impago de la deuda o plantear que no se rescaten a las cajas y bancos y que se dejen quebrar es llevarnos directamente a la Gran Depresión de 1929«.

En primer lugar, no sabemos si Pedro Sánchez es ignorante o un mentiroso. Ni Podemos ni IU plantean que las cajas y bancos en vez de ser rescatados «se dejen quebrar«: la propuesta de Izquierda Unida es transformar en Banca Pública las cajas (la puede ver Sánchez en este documento «Izquierda Unida reclama la intervención de las Cajas de Ahorro y su transformación en Banca Pública« o en cualquiera de los 47.000 resultados que arroja esta búsqueda en google). Podemos, como en casi todo, propone lo mismo: «Creación de una banca pública con gestión democrática bajo control social efectivo, a partir de las antiguas cajas de ahorros convertidas hoy en entidades bancarias y recapitalizadas con dinero público» (página 4 de su programa electoral a las europeas). Así que Pedro Sánchez o no sabe de qué habla o miente (sin descartar que compatibilice ambas). A ver si la próxima vez algún periodista le pregunta si fue la creación de una banca pública lo que trajo el crack del 29.

Sobre la deuda, la cuestión del impago es una evidencia: la deuda no se va a pagar. Lo que hay que hacer es decidir cuánta y cuál no se va a pagar, cómo se va a pagar el resto y si esa decisión la toma el pueblo español o la banca alemana. En función de eso seremos un pueblo soberano que rija su economía con más o menos dificultades o seguiremos sometidos. Pero como Pedro Sánchez sabrá (no en vano es profesor de economía por la prestigiosa universidad privada Camilo José Cela, por la que también obtuvo su doctorado un año después de dejar de ser diputado la primera vez) no hay un sólo país que haya ido a la quiebra por auditar la deuda pública, declarar el impago de la deuda odiosa y negociar una quita del resto de la deuda: todos los países que lo han hecho son casos exitosos. Hay, en cambio, múltiples ejemplos de países quebrados cuyos pueblos han sufrido mucho por el sometimiento a una deuda insoportable: ha sido la política constante del FMI y el Banco Mundial por todo el mundo, la que ahora traen a Europa. A la Gran Depresión nos conduce (más) el artículo 135 de la Constitución (propuesto por el PSOE y votado por Pedro Sánchez) que afrontar la realidad: que la deuda es impagable y que su función hoy es más política (nuestro sometimiento) que meramente mercantil.

Más allá de estos detallitos lo que llama la atención es que los dirigentes del PP y PSOE, que nos han traído a esta quiebra, anden dando lecciones de políticas económicas realistas. Son sus políticas económicas (las del PSOE y PP y las de los PP y los PSOE del resto del mundo) las que nos han traído a esta Gran Depresión, que no es la del 29 sino la de ahora. ¿No estaría mal al menos un poquito de humildad y no dar lecciones tan altivas a quienes no somos responsables de tanto sufrimiento?

¿Nos están diciendo que lo que proponemos es tan terrible que nos conduciría a un punto parecido al que nos han traído estos impresentables? No sé, supongamos que el profesor Sánchez tiene razón. Igual, para llegar a este mismo punto, sería mejor hacerlo con un poco de dignidad. Con populismo, que es como ellos llaman a la dignidad.

Salir en la tele

Para los más perezosos, la irrupción de Podemos se debe a que sale mucho en la tele. Personalmente creo que Pablo Iglesias (que es el único de Podemos que salía en medios de masas hasta el domingo) no sale mucho en la televisión. Y muy poco o nada en otros medios de masas como las grandes radios o le prensa impresa. Podemos sacó el domingo casi un millón y cuarto de votos. Lo cual quiere decir que su discurso tiene un importante impacto popular y que por tanto en algunos sitios ha tenido la aparición que le correspondía y en otros muchísima menos. La desproporción democrática no está en que aparezca Pablo Iglesias sino en la costumbre arraigadísimade que en los escaparates mediáticos sólo aparezcan el PP y el PSOE (o voceros suyos disfrazados de periodistas) y que cuando se ha roto en algunos programas de masas ese cerrojazo a la pluralidad no se ha hecho dando también la voz proporcional a gentes de Izquierda Unida. Quejémonos, claro, de que siguen sobrerrepresentados PP y PSOE en todos los espacios comunicativos, quejémonos de la práctica desaparición de IU en esos medios, perfecto. Pero no hagamos el ridículo.

No sé qué buscan en los programas de La Sexta y Cuatro en los que han invitado tanto a Pablo Iglesias. Supongo que lo mismo que cuando invitan a Julio Anguita. Desde luego si a mí me invitaran, iría. No tengo ni idea de qué buscan, pero me da igual: no se trata de qué quiere el poder sino de cómo aprovechar cualquier  grieta para ensancharla. Hace tiempo que Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, etc han comprendido que la comunicativa es una batalla fundamental: no la única, obviamente, pero si una fundamental. Y que esa batalla no se gana desde ateneos ni desde espacios (como este mismo blog) que sólo leemos los propios (y no muchos propios). Dudo que hayan emprendido esa batalla contra IU. No hace muchos meses, en una escuela de formación de Jóvenes de IU, Pablo Iglesias y yo compartimos una mesa sobre comunicación. Las reflexiones de Pablo Iglesias sobre la batalla comunicativa fueron nítidas y las expuso para que las aprovecháramos. Del mismo modo que ayudaron a IU para que obtuviera el mejor resultado posible en las generales de 2011 y a Alternativa Galega de Esquerdas en las últimas elecciones gallegas.

No sé si Berlusconi, Roures y Lara se coordinaron para poner en marcha un plan para acabar con IU dando voz a Pablo Iglesias, aunque ciertamente me parecería poco inteligente. Menos inteligente aún les debe haber parecido a quienes llevan desde el domingo a las 23h diciendo que IU ha sacado un resultado excelente: si IU ha sacado un resultado excelente no sólo han fracasado quienes conspiraban contra IU sino que además han regalado un espacio nítidamente rupturista que según estas tesis no habría erosionado ni un ápice el crecimiento de IU. Fenomenal.

No sé qué pretenden La Sexta y Cuatro. No lo sé y me da igual. Lo importante es qué pretendemos nosotros. Tampoco sé qué buscaban Lara (dueño de Planeta y de La Sexta) y Polanco dando voz a Vázquez Montalbán. Pero lo que buscaran no palió que Vázquez Montalbán aprovechó el hueco para un discurso rupturista, el de entonces: no se le acusaba de ser un esbirro de Planeta y Prisa porque Planeta y Prisa le dieran voz.

Hay que conquistar espacios comunicativos de los que carecemos. En la izquierda no bipartidista esa es una carencia de casi 40 años y que nunca nos hemos preocupado de paliar. De lo poco que criticaría de la época de Anguita fue ese desdén por la comunicación de masas pensando que bastaba con la coherencia, la decencia, el diagnóstico correcto y las propuestas alternativas para alcanzar a las capas populares. Nadie hizo una revolución desde los ateneos. Es la revolución la que acerca la gente a los ateneos, nunca al revés.

Uno puede discrepar o no en aspectos políticos, discursivos u organizativos de Podemos, cómo no. Pero es innegable el éxito comunicativo de sus promotores. Cuando no tuvieron nada de eso además de lamentarse apostaron por montar su propio espacio, muy minoritario, en una televisión comunitaria de Vallecas. Así nació La Tuerka.

La batalla comunicativa como la cultural se debe organizar. Lamentarse está muy bien, pero sólo lamentarse conduce únicamente a la melancolía. La presencia institucional permite sin duda presionar para conquistar espacios comunicativos, fomentar proyectos populares y si los conseguimos por oscuras maniobras del poder lo que tendremos que hacer no es recluirnos en ateneos sino conseguir que les salga el tiro por la culata. Gramsci no denunciaba que el sentido común fuera de derechas como lamento fatalista sino como diagnóstico para saber que hay que hacer cosas para construir una hegemonía antagónica. Habrá cambios cuando modifiquemos el sentido común. Y eso mancha, claro que sí. Como mancha la presencia en ayuntamientos, en comunidades autónomas, en instituciones, en organizaciones en las que no todo es perfecto… Quien no quiera mancharse que se haga monje de clausura o pitufo gruñón.

La política transformadora es otra cosa. Es poner y aprovechar las condiciones para transformar. En todos los ámbitos y también en el comunicativo.

« Entradas anteriores