Blog de Hugo Martínez Abarca

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Ea, ea, ea. ¡La izquierda se flagela!

El Partido Popular programó el año 2026 como una sucesión de «dominguitos» que iban a llenar el año de elecciones autonómicas en las que el PP tendría un éxito arrollador, el PSOE se hundiría y las fuerzas de izquierda desaparecerían. Llevamos dos de esos dominguitos, Extremadura (a finales de 2025) y Aragón. Y de sus tres objetivos Feijóo sólo ha conseguido uno: efectivamente el PSOE está cayendo con constancia. Pero el PP está teniendo también caídas sostenidas, que encuentran el consuelo en que el auge de los ultras les permite conservar gobiernos a cambio de escorarlos hacia el fascismo. Y las fuerzas de izquierda han obtenido en ambos casos subidas considerables, aunque no alcanzan a compensar la caída del PSOE y quedan empañados por un resultado global que acentúan en Extremadura y Aragón el giro fascitrumpista de los gobiernos autonómicos de derechas.

En la izquierda tiene cierto prestigio el flagelo. La izquierda siempre está fatal, porque suponer que no está fatal sería no ser autocríticos, ser complacientes. Y la izquierda tiene que ser autocrítica, aunque llamemos «autocrítica» a asumir acríticamente lo que la derecha dice sobre la izquierda.

Pero la autocrítica no es eso: la autocrítica parte de analizar con realismo lo que realmente está pasando para, a partir del mundo real, corregir deficiencias y errores y potenciar aciertos y fortalezas.

Es un hecho que la izquierda no está a punto de tomar el Palacio de Invierno. Ha pasado unos años de difícil indefinición pero sería un error no contemplar algunos hechos difícilmente cuestionables de los que partimos.

En julio de 2023 hubo unas elecciones generales que nadie esperaba y a las que se llegó sin una alianza electoral definida en la izquierda. A toda velocidad se constituyó una candidatura unitaria que fue «Sumar», cuya mera existencia no todos en la izquierda apoyaban (había quienes asumían que Feijóo y Abascal iban a gobernar y en ese escenario derrotista podía ser más confortable retirarse a las trincheras de cada uno): yo mismo no estaba de acuerdo con la inclusión de Podemos, porque sabía (y acertaba) que priorizarían el interés de su conglomerado político-empresarial y no pensaba que aportasen electoralmente más de lo que restaban, algo en lo que, visto el resultado electoral, no estuve tan seguro. Las elecciones generales supusieron varios éxitos: la audaz respuesta de Pedro Sánchez al resultado de las elecciones de mayo, el combate retórico en los medios de la derecha… pero también la alianza de los partidos de las izquierdas de toda España que fue Sumar en 2023 es la historia de un éxito que nadie esperaba. España ha sido una isla progresista que ha resistido hasta ahora al tsunami trumpista (del que empieza a haber los primeros síntomas de retroceso).

El Sumar de 2023 fue, pues, un éxito para el país de dificilísima gestión para quienes componían aquel Sumar. Podemos ejerció enseguida su papel de escorpión y las costuras entre las distintas organizaciones que conformaron a la carrera aquella candidatura han sido difíciles de gestionar. Pero España se ha beneficiado de cinco ministerios (Trabajo; Sanidad; Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030; Cultura; y Juventud e Infancia) a los que se ha sacado un triple partido extraordinario: primero adoptando políticas sustantivas que hacen que los españoles vivan mejor; segundo frenando las tropelías de todo tipo cometidas por los gobiernos autonómicos de las derechas trumpistas (Ayuso se ha encontrado en el Ministerio de Sanidad de Mónica García por primera vez una piedra en el zapato a su ofensiva contra la sanidad pública; Bustinduy ha usado su ministerio para poner coto a los carroñeros inmobiliarios…); y tercero tirando del gobierno progresista hacia las políticas de izquierdas a las que el PSOE siempre se resiste (con más éxito en materia internacional -colocando a España en la vanguardia mundial de defensa de Palestina y de resistencia contra Trump- o en materia de migración y con menos éxito pero evidente esfuerzo en materia de vivienda, por ejemplo).

En las recientes elecciones de Extremadura, Irene de Miguel tuvo la fuerza suficiente como para que el núcleo dirigente de Podemos no pudiera impedirle una alianza de las izquierdas que recogiera el fruto del trabajo bien hecho en el territorio, en defensa de políticas progresistas frente a la alianza trumpista. Pasó de cuatro diputados a siete. Hubo quien, desde su interesado sectarismo, intentó hacer una lectura basada en las marcas: era la resurrección de la marca «Podemos» y los electores se habían fijado muchísimo en que en la papeleta no ponía «Sumar» y esa era la clave del éxito.

Las elecciones aragonesas desmintieron semejante simpleza: Podemos decidió arrinconarse como la oposición «de izqueirdas» a todas las izquierdas y obtuvo una foto precisa de ese rincón: el 0’9% del electorado (la unidad de la izquierda a veces no se hace en la papeleta, pero sí en la urna). La candidatura de Izquierda Unida-Sumar mantuvo su representación parlamentaria y fue la Chunta Aragonesista la que duplicó su representación obteniendo el premio al buen trabajo en el territorio, la defensa de los derechos de los aragoneses y representó la fuerza progresista que sube para plantar cara a la alianza trumpista.

La izquierda, en todo el mundo, está en una notable crisis: pero donde se está cuajando esa crisis es en la socialdemocracia clásica, mientras las izquierdas están recuperando un crecimiento demasiado lento y todavía insuficiente, pero que no merece la flagelación que tanto nos gusta.

Es normal que el PSOE trate de instalar un discurso según el cual el problema para mantener el gobierno progresista está a su izquierda y que eso pasa por candidaturas unitarias que incluyan a la izquierda independentista y también a Podemos. Por una parte, ese discurso sitúa el problema de la izquierda como algo ajeno al PSOE, la crisis la tienen los otros, curiosamente aquellos que suben en las elecciones y que están remontando en las encuestas. Por otra, el tipo de unidad que promueve el PSOE no es la que más beneficia al espacio progresista, es la que más beneficia al PSOE: a nadie se le escapa que una candidatura que incluyera las fuerzas independentistas y el histrionismo del núcleo dirigente de Podemos- Canal Red podría recoger unos restos menguantes pero sobre todo arrojaría de vuelta miles de votantes de izquierdas a los brazos del PSOE.

La izquierda tiene deberes que hacer, sin ninguna duda. El acto que se anuncia este sábado con los partidos que están en el gobierno progresista es un primer paso público de un trabajo de fraternidad, reflexión conjunta, respeto mutuo… que se lleva trabajando meses. Se están haciendo las cosas bien por primera vez en mucho tiempo.

Lo que no nos podemos permitir es ruido, sobre todo porque es un ruido que no se corresponde con la situación actual del mundo ni de nuestro espacio. El mundo merece altura de miras para detener una ola a la que no es exagerado calificar de fascista. Y nuestro espacio está creciendo con un nivel de armonía y una cabeza que no tienen nada que ver con los psicodramas de un pasado lejano en el tiempo y en el espacio. Para evitar ese ruido molesto es importante que no esquivemos debates, pero que esos debates no conduzcan a la melancolía: es obvio con quién se puede construir una alianza electoral fructífera y con quién es impensable; es obvio con quién habrá una alianza parlamentaria en defensa de un gobierno progresista al día siguiente de las elecciones; es obvio quién ha decidido estar arrinconado contra todos y recogiendo los reducidos frutos electorales de su estrategia. Simular que es posible y deseable lo que todos sabemos que no va a suceder sólo sirve para aburrir y decepcionar.

El acto del sábado es la primera buena noticia que la izquierda va a proporcionar al país progresista y democrático que queremos defender. No va a ser la última. Porque estamos haciendo las cosas bien, porque estamos haciendo las cosas con cabeza y con calma. Y porque es imprescindible que esta semilla germine y crezca mucho.

Es obvia la expectación que ha despertado la izquierda. Es un síntoma de que había más gente con ganas de que hiciéramos bien las cosas de la que nos merecemos. Y lo que no se merecen es que les arrojemos caras tristes.

Sonriamos, porque vamos a ganar.

No se preocupe por nuestra transversalidad, gracias

Desde que apareció Podemos ha habido varios intentos de acabar con su empuje. Algunos salidos de las cloacas de forma demasiado obscena como para deteriorar a Podemos de verdad. Otros son menos agresivos pero quizás más peligrosos porque no busca convencer sino desanimar. El más constante hasta ahora fue el de dar por muerto a Podemos: hasta aquí muy bien, pero ya están perdiendo fuelle, se acabó la gracia, su gente está desanimada. Si hace un año ya íbamos por las mil muertes de Podemos es imposible saber cuántas debemos de llevar ya entre crecimiento electoral y crecimiento electoral.

Obviamente quien intente difundir ese estado de derrota hoy lo tiene crudo. Es imposible ocultar el estado de euforia que ha generado la unidad de acción de fuerzas del cambio y que hoy somos la clara alternativa al PP. Acaso en unas semanas nos ilustren con encuestas que tratan de decirnos que eso fue flor de un día pero hoy tienen realmente difícil deprimir al personal diciéndole que ya nadie va a votar Unidos Podemos y que lo mejor es resignarse, votar al PSOE y que consigan el acuerdo que sea con Ciudadanos si sirve para echar a Rajoy.

Así que lo que están intentando es contarnos lo políticamente divididos que estamos: dividen el espacio del cambio entre buenos y malos y oponen radicales y transversales: los apocalípticos y los integrados de hace tanto tiempo mostrando que no han entendido nada. Ahora nos cuentan una supuesta división por las nuevas incorporaciones y los acuerdos recientes que harían situar el cambio en el identitarismo de izquierda de siempre, perdiendo la transversalidad. Nos lo ilustran en editoriales, en supuestos artículos enterados que nos cuentan cómo andan nuestras entrañas o haciendo extraños titulares de entrevistas que pretenden enfrentar a personas por el simple dato de no conocerse en persona.

Quienes pretendan hacer de la apuesta por la transversalidad un sinónimo del centrismo se han saltado algunas clases. Lo que muchos venimos aprendiendo es que con la geografía del bipartidismo no teníamos nada que hacer y que durante demasiado tiempo ha servido para engañar a mucha gente. Hemos aprendido que tenemos que contar con mucha gente que se siente de derechas por ser cristiana, por ejemplo, o por la apropiación de nuestra derecha  de España o simplemente por tradición familiar pero que se identifica mucho más con el sufrimiento de la gente común que con esa élite que ha saqueado el país con sus cuentas en Panamá y sus sobornos de constructores. También, claro, con toda esa gente que sentía que esa identificación con la gente común era ser de izquierdas y que eso llevaba a veces a votar a los partidos que se reivindicaban de izquierdas aunque luego se entregaran con impotencia a los de Panamá, a los dictados del IBEX o a las órdenes más sociópatas de Bruselas. Y contar con ellos significa tomar conciencia de que somos lo mismo, que no estamos aquí para pasar facturas ni exámenes ideológicos sino para que dejen de robarnos el país a todos.

La transversalidad es incluyente y no tiene nada que ver con dejar de incorporar a gente que defiende los derechos del 99% de la población venga de donde venga o se identifique donde se identifique en esa geografía que secuestraron. Nadie sobra por sentirse de izquierdas, faltaría más: lo que hemos aprendido es que tampoco nos sobra nadie por sentirse de derechas o por sentirse de centro o por no sentirse nada de eso… que nos han prostituido demasiado el juego como para que el sujeto que construya el nuevo país no trace esas fronteras sino unas fronteras materiales entre los que han mandado y los que hemos sido saqueados. Se trata de estar unidos quienes buscamos más democracia, más soberanía y no aceptamos excusas para no tener garantizados todos nuestros derechos humanos. Durante muchos años yo a eso le he llamado izquierda pero me parece perfecto que otros no lo hayan llamado así. Quienes se encuentren ahí no tienen por qué enseñar certificados de pedigree ideológicos; ni tampoco certificados de ausencia de pedigree. Simplemente el momento histórico no va de eso.

No se preocupen por nuestra división entre buenos y malos, entre radicales y transversales, entre populistas y gente de orden o entre populistas y comunistas (que todo tipo de divisiones hacen, tan desorientados andan). No tenemos apocalípticos ni integrados, mala suerte. Nos dieron por muertos mil veces, y por divididos quinientas. Nunca ha habido tanta unidad, tanta cohesión y tanta ilusión por un cambio real que cada vez se ve más cerca. 

Preocúpense mejor de por qué sus cuentos y sus campañitas de la resignación y el miedo ya no tienen ningún efecto. Quizás si empiezan a entender eso irán comprendiendo a nuestro pueblo.

Al camarada y amigo Rafael Reig (artículo en Contrapoder, eldiario.es)

Tengo la impresión de que existen dos formas posibles de ser leninista (habiendo leído a Lenin, quiero decir) en este tiempo. Puede haber terceras vías, no digo que no. Pero esas nunca llevan a buen puerto. Una era la de Manuel Fernández-Cuesta a quien no pude conocer en persona. La otra es la tuya con quien sí he tenido el placer de compartir charlas y copas. Una de esas ocasiones la contaste en tu blog en Hotel Kafka (sobre todo de las copas, policía mediante): fue tras una charla que organizamos en La Tercera sobre tu anterior libro “Todo está perdonado” (Tusquets, 2011) y el de Juan Carlos Monedero “La Transición contada a nuestros padres” (Catarata, 2013). En otra charla que organizamos en La Tercera sobre el Estado laico viniste a decir que como eres leninista te opones al Estado laico. Y al no laico, vaya. Recuerdo algún verano sintonizar la radio y escuchar que te preguntaba una presentadora qué libros recomendabas para el verano, supongo que esperando alguna lectura fresquita para leer en la playa, con un tinto de verano. “Pues yo recomiendo que este verano la gente lea a Lenin”. En concreto recomendaste el estupendo “Lenin. El revolucionario que no sabía demasiado” de Constantino Bértolo (Catarata, 2012).

Sigue en el blog de El Diario Contrapoder.

Cuatro caminos hacia la convergencia (artículo en Contrapoder, eldiario.es)

Las elecciones del 25M han supuesto varios terremotos políticos de los que uno de los más importantes es el auge de las fuerzas rupturistas democráticas y la reconfiguración del mapa de éstas. Por primera vez aparecen en todo el Estado tales opciones con porcentajes de votos muy importantes: sólo en Ceuta y Melilla la suma de estos votos no alcanza el 10% (y no falta mucho) y en la mayoría del país supera el 15%. Nunca fue así: siempre hubo zonas blancas en las que no aparecía un voto cuantitativamente relevante que escapara a PP y PSOE, y este cambio muestra que la quiebra del sistema de partidos dominante es algo muy extendido. Si de lo que se trata es de cambiar el país, no se puede ser marginal en ningún punto del mismo: es la primera vez que se da esta condición.

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Rosalía Mera, la izquierda, los de abajo y el 99%

Ha llamado mucho la atención cómo muchos medios de comunicación están calificando a Rosalía Mera como multimillonaria de izquierdas. La mayoría de las cosas que sé de esta persona las he sabido tras su muerte y son muy pocas cosas, así que lejos de mí la voluntad de hacerle un juicio a favor ni en contra. Pero una de las cosas que está clara es que esta mujer era una de las propietarias de Inditex, empresa que trabaja con mano de obra esclava por medio mundo, que evade impuestos, etc. Se conoce la aportación de la señora Mera a varias organizaciones que podríamos calificar como filántropas y al parecer protestó contra los recortes en sanidad y educación, cosas, todas ellas, que son positivas por mucho que la defensa de la sanidad y la educación pública y de calidad es algo que no debería ser exclusiva de la defensa de los trabajadores: a los grandes empresarios con un poco de luces también les interesa trabajadores formados y sanos como al granjero le interesa que sus cerdos estén bien alimentados (con la salvedad de que a muchos les interese un sector productivo sin necesidad de formación con trabajadores poco cualificados y peor pagados; pero al menos les vendrá bien que estén sanos).

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En modo suicida

Uno a veces duda entre un par de temas para el blog. Ayer fue una de esas veces. Tenía en mente escribir algo titulado «Nos jubilaremos a los 70«. Iba a decir que dado que Díaz Ferrán había pedido que se retrasara la jubilación hasta los 70, el gobierno se pasaría un par de meses poniendo a parir la desfachatez del hombre que no volaría en sus aviones, pero transcurrido un tiempo pondría en marcha tal medida. Craso error: ni un minuto han tardado en filtrar a la prensa de derechas que a los 70 no, pero a los 67 de momento sí. Según el grupo Vocento, es lo que aprobará hoy mismo el Consejo de Ministros.

Tras años rechazando la reducción del gasto público que en abstracto proponía el PP, advirtiendo que eso necesariamente sería antisocial, se anuncia un recorte en 50.000 millones de euros de gasto público. El PSOE lleva años diciendo, con razón, que eso conllevaría la reducción de gasto social.

El giro no sólo es en lo económico. Del mismo modo que hace unas semanas el PSOE ponía a parir a los alcaldes de Vic y Torrejón y después filtraron a El País que impondrán medidas restrictivas al empadronamiento. También el pacto blindado que ofrece Gabilondo incluye cuestiones claves reclamadas por la derecha como la especialización a edades tempranas y exámenes como los que Esperanza Aguirre ha incluido con la oposición de todo el tejido de defensa de la educación pública. Eso sí, de homologar el gasto educativo con el europeo, ni hablar.

Qué grave error. Supongo que tras el evidente giro a la derecha del PSOE está la constatación de que el electorado español está virando a la derecha. Y es cierto. En toda Europa se ha derrumbado la post-socialdemocracia antes de que lo haga (como parece en España),ha emergido una izquierda más coherente y se han reforzado las opciones más reaccionarias.

El error está en pensar que si el PSOE gira a la derecha mantendrá esa porción electoral que se está yendo hacia la derecha. El ejemplo más evidente fue el alemán, cuyo partido socialdemócrata se entregó a Angela Merkel y cavó así su fosa. Cualquier espectador observará que con su giro el PSOE está reconociendo su error y dando la razón al PP al aceptar todas las propuestas que hagan por disparatadas que sean. Si llevaban razón, habrá que votarles, pensarán esos votantes que se escoran hacia la derecha y con razón, según el gobierno.

El PSOE no sólo se está suicidando. Está poniendo los cimientos de varios años de hegemonía de la derecha. Cuando la crisis empezaba a asomar con toda su crudeza algunos veíamos un lado positivo: se demostraría que los críticos con el capitalismo teníamos razón y se evidenciaría la necesidad de una alternativa a un sistema fracasado e injusto. Nos equivocamos: salvo por el crecimiento de partidos a la izquierda de la post-socialdemocracia en Alemania, Francia, Portugal… lo que está habiendo es una potente reacción de la derecha en todo el mundo. Y nunca (¡nunca!) debilitó a la derecha que los partidos a los que vota la gente de izquierdas asumieran sus ideas.

«Las convicciones, al presupuesto»

Leí hace unos días en el blog de Rafael Reig en Hotel Kafka una cita de Ángel Gabilondo que me sorprendió: «Las convicciones, al presupuesto«. Fui alumno de Gabilondo en dos asignaturas y nunca le oí nada que se pareciera a esta cita, aunque es cierto que las asignaturas que cursé con él (Metafísica y Poética y retórica) se prestaban poco a sentencias tan terrenales. La cita, sea de Gabilondo o apócrifa, es terriblemente cabrona porque pone a cualquier charlatán frente a un espejo mágico que informa la imagen deformada que lanzan los discursos de buen rollo.

Las convicciones del gobierno, por ejemplo, al presupuesto. Aquellos discursos según los cuales la crisis la iban a pagar los poderosos, el puño en alto y la Internacional, al presupuesto.

Cuando Zapatero explicó su regresivo incremento fiscal pensé que era un farol. Un suicidio de ese calibre sólo podría tener como objetivo plantear un horizonte tan derechista que las izquierdas parlamentarias se resignarían a aceptar una migaja social a cambio de su apoyo en la votación. Hoy todavía creo que no quitarán los 400€ a las nóminas más bajas, aunque sea de cara a la galería y no consiga así el voto de la izquierda parlamentaria. Pero lo que ha quedado claro es con quién ha querido llegar a acuerdos el PSOE.

Pactar unos presupuestos con el PNV y con CC es comodísimo, pues nunca pedirán cambios de fondo, sino una inversión aquí, un voto a favor del presupuesto de allá o una transferencia por acullá. En una jornada sobre fiscalidad progresiva organizada por IU-ICV, Joan Tardá, de ERC, explicó que lo que decían los diputados de IU, ICV y BNG estaba muy bien, pero que si el gobierno transfería el aeropuerto del Prat ellos votaban que sí tan campantes. Las convicciones de ERC, también, al presupuesto. PNV (¿qué opina Rubalcaba de pactar las convicciones con quien sigue la estrategia de ETA?) y CC se han adelantado, han sacado su cacho antes, y ERC ha mostrado sus convicciones y encima se ha quedado sin presupuestos.

No es tan llamativa la falta de convicciones de izquierda del gobierno (ya son seis presupuestos llenos de convicciones), sino su falta de sentido práctico: ha conseguido que voten contra los presupuestos todos los partidos con los que tiene acuerdos en varios ayuntamientos y gobiernos autonómicos, ha disgustado incluso a las cúpulas sindicales y ha quedado desnudito ante los trabajadores. No han tenido sentido práctico, porque por encima de lo práctico están las convicciones.

Y las convicciones, como dice Gabilondo, Reig o quien sea, al presupuesto. Y el presupuesto, a la memoria, que luego se nos olvida.

30.000.000.000 euros

Con una inversión pública de 8.000 millones de euros el Estado ha generado un mínimo repunte del empleo. Antes de eso, el gobierno había inyectado liquidez en la banca, rebajado impuestos (léase «comprado el voto») mediante los famosos 400 € y otras medidas de carácter liberal: menos dinero en el Estado, más en manos privadas. Con ninguna de esas medidas se consiguió parar la sangría laboral; con un poquito de inversión pública se ha conseguido rápidamente.

En el pasado debate sobre el Estado de la nación (aquel que recordaremos todos por la cantidad de promesas que hizo Zapatero que no eran competencia suya) el presidente del Gobierno presumió de haber reducido la fiscalidad en 30.000 millones de euros para 2008 y 2009. El plan de desarrollo local ha costado la cuarta parte de eso. Y el gasto previsto de aquí a 2012 en la aplicación de la Ley de Dependencia es de 40.000 millones de euros.

El plan de desarrollo local sólo tuvo un objetivo: reactivar durante unos meses el sector de la construcción. Si el PSOE anunciaba un cambio en el modelo productivo ha empezado disimulando bastante bien. Si en vez de poner ese dinero al servicio de la construcción el Estado no hubiera renunciado a esos 30.000 millones de euros y los hubiera puesto junto con los 8.000 millones de las obras locales para acelerar la puesta en marcha de la Ley de Dependencia, nos encontraríamos a final de 2009 con el trabajo de cuatro años hecho en una materia social de máxima importancia y que genera un empleo potencialmente estable; eso sí hubiera sido un cambio de modelo productivo.

Incluso si se quieren seguir poniendo parches mientras se arregla el desaguisado generado en estos años, se podría haber mantenido la inversión en obras locales de 8.000 euros. Lo que no tiene ninguna excusa (y menos en un gobierno que hace una campaña presumiendo de defensa de los trabajadores y de los derechos sociales) es que el mayor esfuerzo que se ha hecho para combatir la crisis haya sido en reducción de ingresos públicos. Ya vimos el impacto de «los 400€ de Zapatero«: mucho ruido y ni un empleo. Esos 400€ han supuesto una reducción de ingresos del Estado del 75% del coste del plan de desarrollo local: podría haber salido casi gratis si a algún asesor electoral no se le hubiera ocurrido la gilipollez de los 400€ para rascar algunos votos en las generales del año pasado. Podrían incluso haberse puesto en marcha con ese dinero las 300.000 plazas en escuelas infantiles que prometió el PSOE en las generales del 2008 y de las que ya se ha olvidado, seguramente porque no hay dinero.

Posiblemente los tiempos en que se podía hacer política argumentando serenamente hayan acabado. Posiblemente hoy sea mejor sacar un vídeo con una señora solitaria en un autobús cuyos derechos sociales sólo protegen aquellos que bajan impuestos. No lo sé. Pero algún día esa señora se dará cuenta de que podría tener empleo, derechos sociales y un Estado de Bienestar digno de ese nombre, si el gobierno no hubiera renunciado a 30.000.000.000 euros para que se quedaran en bolsillos que en ningún caso generan derechos sociales y que ha quedado claro que tampoco generan empleo.

De la corrupción al paro

La corrupción urbanística ha sido consustancial al modelo de crecimiento por el que apostaron los gobiernos de González, Aznar y Zapatero: la política económica se ha basado en la construcción y ésta en la compra de voluntades políticas comisión o traje mediante. España se ha convertido en uno de los paraísos de la corrupción. Y también en el paraíso del paro.

Cuando ayer se supo que la timidísima intervención pública en la economía había hecho disminuir el paro en todas las comunidades autónomas excepto Madrid, Valencia y Canarias instantáneamente me llamó la atención que justo esas tres son las comunidades en las que la corrupción está siendo más escandalosa por el indisimulado apoyo de algunos partidos a los corruptos.No hace falta hablar de la correa que une a Madrid y Valencia, ni de cómo el conjunto de partidos canarios han arropado a los corruptos hasta el momento de su detención e incluso más allá. Junto a aparatos podridos como el Partido Popular en Madrid y Valencia y Coalición Canaria, hace pocos días conocimos la detención de concejales del PSOE en Arrecife cuya corrupción, extrañamente, no había sido intuida por ninguno de sus compañeros hasta el momento de la detención (frente a la experiencia que indica que casi nunca es condenado por delitos de corrupción aquel cargo político a quienes todos tenían por ejemplo de honradez).

España es en Europa el reino de la corrupción (trono compartido con Italia) y del paro (en solitario). Y dentro de España, Madrid, Valencia y Canarias sobresalen en niveles de corrupción. Y también de paro.

Seseña¿Hay alguna flecha que lleve de la corrupción a la generación de paro? Probablemente la corrupción no genere paro, sino que hay un factor que genera a un tiempo corrupción y paro: el sometimiento de lo público a lo privado. La economía española en su conjunto ha despreciado lo público, lo que ha generado una generalización repugnante de la corrupción (¿recordamos cuánta gente apoyó al Pocero, señores Bono y Zaplana?), pero también una cesión de la política económica a los poderes empresariales cuyo interés social es nulo. Casi todo el mundo asume ya que la economía de rapiña es la causa de que el modelo español esté más enfangado y genere más desempleo que ninguna otra economía occidental.

Quien tiene más interés en tener un euro en su bolsillo que en el urbanismo decente de su pueblo es el mismo que prefiere que controle la economía un empresario (presumiblemente generoso) que su pueblo (que acaso sea tirando a exigente). La ética que genera corrupción, genera también paro.

Quienes ponemos gran parte de nuestra energía política en expulsar a los corruptos (y las corruptas) de la vida pública no sólo lo hacemos por una supuesta pureza ética. No, también hay una apuesta política. La izquierda valora lo público como motor de bienestar colectivo, de emancipación social, como eje de la vida en común. Quienes anteponen sus intereses privados anuncian qué tipo de política van a hacer. Por eso la izquierda se impone a sí misma durísimos códigos éticos. Porque sabemos que la ética pública es la medida del compromiso con los valores de la izquierda.

Se milite donde se milite: cuanta mayor sea la tolerancia con la corrupción, más a la derecha se está: se está en la ética del beneficio privado frente a la del bienestar colectivo.

En la foto construcciones del Pocero en Seseña

Zarandajas

Desde las posiciones de poder siempre se ha luchado con fiereza contra la discrepancia ideológica. Para ello se ridiculizaba todo debate de proyectos políticos, pues si no se debate sobre política siempre queda en pie la forma de hacer política vigente, la del poder (permitidme la obviedad). Hemos asistido a Fukuyamas del mundo reclamando la unidad porque habíamos llegado al fin de las ideologías, al fin de la Historia y, por cierto, al fin de los ciclos económicos, como la evidencia demuestra. Incluso dentro de la supuesta izquierda se nos ridiculiza a quienes planteamos enmiendas a la totalidad (aunque a veces sea simplemente enmiendas de devolución) al régimen político y económico vigente: al capitalismo. Es lógico que, por ejemplo, las distintas direcciones del PSOE hayan hecho lo posible por minusvalorar todo posible debate de fondo: pues si a su izquierda nadie se opone al modelo existente esa izquierda deja de ser útil.

Tengo bastante claro que si mi discrepancia del PSOE se basara únicamente en la necesidad de más (y/o mejores) colegios y hospitales públicos, lo normal sería afiliarme al PSOE y constituirme en una especie de ala izquierda del mismo. Es lógico que quienes hacen llamamientos a ‘la unidad‘ sin mirar debajo de la alfombra reniegen como de la peste del debate político. Las continuas llamadas en torno a la ‘unidad de la izquierda‘, la ‘causa común‘, etc… pretendían situar el debate en sólo matices numéricos: ‘nosotros planteamos que se hagan 150.000 escuelas infantiles y tenemos posibilidad de gobernar; ellos plantean que se hagan 200.000, pero como mucho serán un grupito pequeño de moscas genitales: venid con papá oso, todos juntos, a hacer escuelas infantiles y dejaos de zarandajas‘. Sólo desde la consideración de que debatir el modelo en el que vivimos son zarandajas se puede llamar ‘voto útil’ a la abdicación de las ideas propias para atarse a tal o cual proyecto concreto sin mayores contemplaciones: siempre en nombre de la ‘unidad de la izquierda‘.

Incluso el PP se basa en esa supuesta renuncia a la ideología (que siempre es un apoyo al sistema existente) para apoyar su modelo: ‘Los madrileños no se preocupan de si la gestión es pública o privada, sino de tener un hospital gratuito cerca de casa‘, nos dicen sistemáticamente la lideresa y sus mariachis.

Sin embargo hoy ya no es posible mirar al mundo real y eludir las zarandajas políticas. Si lo fue para algunos mientras el capitalismo sólo provocaba millones de muertos de hambre, desplazados, explotación…, hoy  ya no lo es, pues no estamos hablando de cuatro negros, sino de los banqueros. Hasta la derecha llama a ‘refundar el capitalismo‘ (Sarkozy dixit), mientras por aquí hay quien pasa por la derecha a Sarkozy pretendiendo que una fuerza política de la izquierda alternativa no se posicione claramente al respecto: ¡vamos a ser los únicos del mundo que no se enteren de lo que le está pasando al capitalismo!.

La izquierda alternativa, izquierda crítica, tiene la suerte de llevar mucho tiempo diciendo que el capitalismo era un régimen inhumano, insostenible y criminal. Tiene, por tanto la suerte de poder decir que teníamos razón. Ello se plasma en cositas muy concretas: es la crisis del capitalismo la que paraliza en Madrid la construcción de escuelas infantiles. ¿Por qué soltamos pasta para sanear bancos, pero se congela el gasto público porque no hay dinero? Por estas zarandajas: es una consecuencia muy concretita que afecta a nuestra vida de la sumisión de una política no democratizada al poder económico. Los muertos en el estrecho, el hambre en África, el cambio climático y los cientos de muertes en accidentes laborales son consecuencias también directas, pero obviamente menos importantes, más etéreas, según parece.

Quienes planteamos una crítica radical al capitalismo tenemos una suerte inmensa: un simple vistazo al mundo nos da la razón. Nuestra crítica al capitalismo presenta una alternativa: la democracia. Sólo el pueblo gobernado tiene legitimidad para gobernar. Pero tiene legitimidad para gobernar todos los asuntos colectivos: desde una jefatura del Estado a la economía y los medios de comunicación. La economía al servicio de la ciudadanía no es una zarandaja, sino la única alternativa democrática. Y no todo anticapitalismo es democrático: por eso la crítica que hace la izquierda al capitalismo lleva desde que uno tiene memoria reivindicando el radicalismo democrático como forma de gestionar legítimamente los asuntos públicos. En España tenemos la suerte de que podemos poner un nombre a ese radicalismo democrático: se llama Tercera República y sólo quien no haya ido a una manifestación de la izquierda en los últimos diez años no es consciente del incremento en los apoyos que vive el proyecto republicano. Y sólo quien no haya querido leer y escuchar ignora en qué consiste la reivindicación por la Tercera República.

Sólo desde la alternativa tiene sentido que existamos como alternativa (insisto en ser redundante, pero a veces hay que explicar lo obvio). De los proyectos generales deben emanar propuestas y consecuencias concretas. Pero si no tenemos un proyecto político diferenciado no tiene ningún sentido que mantengamos un proyecto autónomo: sería más cómodo para todos reivindicar la unidad a lo bestia, a la casa común. La democracia como forma de organizarse ya es un proyecto político quimérico para algunos: efectivamente, reivindicar la renuncia a determinados proyectos para la sociedad tiene como correlato interno en una organización política la renuncia a la democracia y transparencia para someternos sólo a los cálculos electorales inmediatos (que tanto éxito han supuesto, por cierto).

Se le puede llamar ‘unidad‘, pero sin política sólo estamos hablando de entregarse al poder.