Blog de Hugo Martínez Abarca

Etiqueta: López Garrido

Al camarada y amigo Rafael Reig (artículo en Contrapoder, eldiario.es)

Tengo la impresión de que existen dos formas posibles de ser leninista (habiendo leído a Lenin, quiero decir) en este tiempo. Puede haber terceras vías, no digo que no. Pero esas nunca llevan a buen puerto. Una era la de Manuel Fernández-Cuesta a quien no pude conocer en persona. La otra es la tuya con quien sí he tenido el placer de compartir charlas y copas. Una de esas ocasiones la contaste en tu blog en Hotel Kafka (sobre todo de las copas, policía mediante): fue tras una charla que organizamos en La Tercera sobre tu anterior libro “Todo está perdonado” (Tusquets, 2011) y el de Juan Carlos Monedero “La Transición contada a nuestros padres” (Catarata, 2013). En otra charla que organizamos en La Tercera sobre el Estado laico viniste a decir que como eres leninista te opones al Estado laico. Y al no laico, vaya. Recuerdo algún verano sintonizar la radio y escuchar que te preguntaba una presentadora qué libros recomendabas para el verano, supongo que esperando alguna lectura fresquita para leer en la playa, con un tinto de verano. “Pues yo recomiendo que este verano la gente lea a Lenin”. En concreto recomendaste el estupendo “Lenin. El revolucionario que no sabía demasiado” de Constantino Bértolo (Catarata, 2012).

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Decíamos ayer

Hace una semana quedé a tomar un café con Manolo Monereo, referente de la historia y el presente de Izquierda Unida. Hablando de todo un poco recordaba cómo hoy le está dando la razón la historia a los disparates que generaron la mayor crisis que tuvo Izquierda Unida.

En los 90 se puso en marcha la Europa de Maastricht, que abandonaba definitivamente la posibilidad de una Europa unida política y socialmente para centrarnos en una unidad monetaria basada en criterios liberales sin centralizar las políticas fiscales y laborales, abandonadas como campo de competencia entre los Estados. Juan Francisco Martín Seco era entonces el economista de cabecera de IU y explicó claramente las repercusiones que el modelo de Maastricht tenía para el conjunto de la Unión Europea y singularmente para España, que renunciaba a tener la moneda como mecanismo de ajuste económico por lo que competiría con ajustes fiscales (y por tanto sociales) y laborales. Y que España, carente de industria de alto valor añadido, sólo tendría la opción de entregarse a un crecimiento especulativo con desastrosas consecuencias sociales y medioambientales.

Aquello supuso un via crucis: frente a la posición de IU se alzaron todos los medios de comunicación, partidos políticos, sindicatos… y fue lo que utilizó Nueva Izquierda como cuña para la quiebra interna. Sólo en los movimientos sociales se apoyaba la posición contraria a Maastricht. Cuando se votó en el Congreso el Tratado de Maastricht, IU decidió que, para evitar la guerra interna, en vez de votar No, se abstendría: la razón era que IU pedía que no se votara en el Congreso de los Diputados, sino en un referendo entre toda la ciudadanía, dado que entrar en ese modelo de Europa iba a ser una de las decisiones más relevantes que se iban a tomar en décadas. Ni por esas: los diputados de Nueva Izquierda votaron a favor de aquel modelo de Unión Europea y tardó poco en reventar Izquierda Unida: los mandamases de Nueva Izquierda se fueron al PSOE (el bienpagao es ahora Secretario de Estado para la UE), la tropa se quedó desubicada (fuera de IU, pero sin querer entrar en el PSOE) e IU se quedó hecha unos zorros.

Hoy es una evidencia que llevaban razón quienes se oponían al modelo de Unión Europea que nos ha llevado a esta profunda crisis económica, social y política: a toda Europa, pero especialmente a España. No hay que buscar en viejos extremistas (Martín Seco, no es ni era viejo ni extremista: es un socialdemócrata lúcido y coherente con sus ideas). En las últimas semanas Paul Krugman ha situado ese modelo de construcción europea en el origen del desastre español. El propio Joaquín Almunia dijo sin rubor que algunos países, como España, habían perdido competitividad desde su entrada en el euro.Por no citar a Vicenç Navarro, otro socialdemócrata que hoy pasa por peligroso extremista.

Ellos lo reconocen. Teníamos razón. Quienes entonces escuchaban los argumentos sólidos contra ese modelo de construcción europea pero no querían asumir su consecuencia (negarse a ese modelo y luchar por otro: una Europa social, democrática y ecológica) replicaban con fe: vale, esto esta mal, pero seguro que la unión monetaria será el primer paso para la unidad fiscal, política…

Hace casi 20 años del Tratado de Maastricht y aquella fe sólo tiene la suerte de haber sido olvidada: la UE ha crecido geográficamente (como buen mercado que es) y no ha dado un paso relevante hacia la unidad política (y democrática) ni hacia la unidad social y fiscal, con lo que se han ido debilitando todos los servicios públicos y se insiste en recortar derechos.

¿Hemos aprendido la lección? Posiblemente: ahora sabemos que alzar la voz y denunciar lo evidente se paga muy caro a corto plazo, y da pánico. Pero mirar para otro lado y renunciar a defender lo evidente trae el desastre en pocos años y la indignidad en el momento. Ahora falta ver cómo se aplica esa lección a esta crisis.