Blog de Hugo Martínez Abarca

Etiqueta: Partido Popular (Página 1 de 3)

De la «nueva política» al chalaneo más obsceno

No hace tanto la política española estaba empapada de lo que se llamó la nueva política, una suerte de cultura política ascética en la que se presumía de la renuncia a todo cargo, de la fugacidad de los pocos cargos que fueran imprescindibles, los sueldos moderados y a un simulacro exagerado de voto casi de pobreza. Tenía todo el sentido: veníamos de años de podredumbre en los que la corrupción había cooptado a muchos cargos políticos y sindicales y para ello se había servido de sobres, regalos, invitaciones y privilegios inaccesibles al común de los mortales. Los cargos políticos vivían en unas alturas desde las que se veía muy lejos al pueblo al que tenían que representar y servir.

De los consejos de administración de Cajamadrid a la universalización del coche oficial (el Ayuntamiento de Madrid llegó a poner un coche con su conductor para cada uno de sus concejales de gobierno y oposición) pasando por el palco del Bernabéu, los cargos públicos tenían difícil no sentirse una élite separada por un infranquable foso de la ciudadanía común. Había más complicidad muchas veces entre los miembros de esa élite (aunque aparentemente fueran adversarios) que con los representados. Eso fomentaba unas políticas en las que el interés general se convertía en una anécdota secundaria y una sensación de impunidad que ayudó a naturalizar una corrupción absolutamente extendida (desde el regalo de áticos hasta el regalo de títulos universitarios).

Las exigencias de la nueva política tenían todo el sentido como anticuerpos frente a una degradación absoluta de la política española.

No hace demasiado de esto. Apenas unos meses. Y sin embargo lo que estamos viendo desde el 28A y el 26M ha supuesto un giro radical que marea incluso al observador menos atento. No hay una sola exigencia o negociación de gobierno municipal, autonómico o nacional en la que el foco no esté en el reparto de cargos. No se conoce una línea roja programática, una conquista irrenunciable. Sólo sabemos que unos quieren entrar en consejos de gobierno, que otros quieren que los unos no entren aunque se hagan sus políticas, que Ciudadanos quiere trincar buenos sillones con los votos de Vox haciendo contorsionismos para devolvérselos y que al PP le da igual cómo se arregle lo de los sillones de los otros mientras se le garantice el suyo.

Uno recuerda casi con nostalgia cómo las negociaciones de Pujol y Arzalluz con Felipe González y Aznar nos parecían irritantes pasteleos sin escrúpulos porque la investidura dependía abiertamente de la entrega de competencias y presupuesto a sus Comunidades Autónomas. Hoy esto parecería un ejercicio de transparencia y altruismo enternecedor.

¿Alguien conoce alguna diferencia política insalvable para formar gobierno en España que no sea quién será ministro y quién no o si en vez de compartir ministerios se comparten direcciones generales? ¿Tiene alguna queja Vox de los primeros diez días de sectarismo, prohibiciones y censuras del Ayuntamiento de Madrid o sólo le preocupa qué concejalías, consejerías y chiringuitos va a trincar? ¿Sabemos qué le parece a Ciudadanos que los gobiernos de los que forma parte adopten las políticas de Vox o lo único que le preocupa es que no salgan en la foto compartiendo los sillones que con tanta renuncia política han logrado apañarse?

El culmen de la degradación fue el documento exhibido ayer por Vox. Primero por su carácter secreto, algo absolutamente intolerable y que debería ser ilegal. Y en segundo lugar por su obsceno contenido con sólo tres puntos: el primero, los sillones del PP; el segundo, los sillones de Vox; el tercero, la opacidad del acuerdo. Hasta los futbolistas que fichan por un equipo nuevo que les ofrece más dinero tratan de disimular diciendo que éste era su equipo desde niño o que buscaban nuevos retos.

No nos hemos curado todavía de tantos años de saqueo e indecencia como para dejar de tomar la medicación tan abruptamente. Disimulen un poco, que abriendo tanto la puerta va a pasar mucho frío.

No es un ayuntamiento Frankenstein: es un ayuntamiento machista

Ayer fuimos conscientes de cuál ha sido la primera medida del Ayuntamiento de Madrid del PP, Ciudadanos y Vox. Han retirado de muchas Juntas de Distrito las pancartas contra la violencia machista con lemas tan partidistas como «Vivas nos queremos» o «Ni una menos«.

La acción es muy grave: el Ayuntamiento de Madrid está lanzando el mensaje de que la preocupación por la violencia machista (más de mil mujeres asesinadas en una década y media) es una cuestión ideológica, de partido. Que no es una prioridad absoluta de toda la sociedad independientemente del partido político; y que lo más urgente que tenía el Ayuntamiento era hacer saber que es así, que eso ya no es una prioridad. El mensaje del Ayuntamiento es letal, es intolerable. Y tiene consecuencias reales en la renaturalización de la violencia machista.

En España se ha ilegalizado a partidos políticos por su indiferencia activa con asesinatos al considerar que esa indiferencia activa era complicidad. ¿Alguien imagina qué diríamos a día de hoy si en algún Ayuntamiento vasco llegara la izquierda abertzale y lo primero que hiciera fuera retirar carteles de rechazo a los crímenes terroristas? ¿Qué estarían haciendo ya los jueces y fiscales? Afortunadamente eso ya no pasa: ya no nadie que relativice la gravedad de esos crímenes que felizmente se terminaron. Desgraciadamente no ocurre lo mismo con los crímenes machistas.

En el Ayuntamiento de Madrid gobiernan PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox (hasta que en unos días les den los ansiados carguetes y gobiernen los tres de la mano). Ciudadanos, además, se ha cogido la responsabilidad de igualdad. Sin embargo ayer atacó a quienes informaban sobre la retirada de las pancartas diciendo que ellos no tenían nada que ver, que eso era en las juntas del PP. A quien no criticaron, por cierto, fue al PP por retirar las pancartas: de nuevo no les importaba lo que está pasando sino cómo queda la foto de lo que pasa. No les parece grave que el Ayuntamiento renuncie a rechazar los crímenes, les parece grave salir feos en la foto.

Madrid no tiene dos ayuntamientos, uno del PP y otro de Ciudadanos. Madrid tiene un Ayuntamiento que gobiernan juntos PP y Ciudadanos. Ni en breve tendrá tres ayuntamientos sino uno con PP, Ciudadanos y Vox. Ciudadanos es muy escrupuloso a la hora de señalar complicidades: la excusa para no sentarse a hablar con Ángel Gabilondo en Madrid es que es del mismo partido que Pedro Sánchez al que en España votó una vez ERC y ERC en Cataluña ha participado en el intento independentista. ¿Puede un partido que usa tales argumentos decir que ellos no tienen nada que ver con lo que hace el gobierno municipal del que ellos mismos son parte?

Van a ser cuatro años muy duros. Pero a Ciudadanos le convendría dejar de tomar a la gente por imbécil. El Ayuntamiento de Madrid ha optado como prioridad por arrancar la lucha contra la violencia machista. Podía haber otro Ayuntamiento, nadie obligó a Ciudadanos a ser los responsables de igualdad del Ayuntamiento de Madrid. Nadie obligó a Ciudadanos a gobernar con la mugre, la corrupción y el odio. Nadie le obligó ni nadie lo olvidará.

Un pacto secreto

«¿No sería el momento de hacer público el documento pactado? No lo vamos a hacer por consideración a Almeida.» La respuesta de Ortega Smith en una entrevista en La Razón de esta mañana es la guinda de una actuación política bochornosa y profundamente antidemocrática.

No se recuerda en una democracia que dos partidos alcancen un acuerdo de gobierno y que sea secreto: que los ciudadanos no puedan saber a qué acuerdos han llegado quienes van a gobernar sus instituciones, que los partidos de la oposición no puedan controlar el contenido y el cumplimiento de los compromisos a los que hayan llegado los partidos de gobierno… es algo absolutamente ilegítimo en una democracia. Puedes (debes) tener negociaciones en privado, pero una vez firmado y sobre todo ejecutado (ya se han votado las investiduras fruto de ese acuerdo) no cabe guardar en secreto los acuerdos de gobierno. Y sin embargo PP y Vox no hacen el menor esfuerzo en, al menos, disimular el bochorno, presumen de ese pacto secreto y hasta se amenazan con difundirlo sin que sus pesebres mediáticos les alerten sobre la vergüenza que supone.

La escena teatral de los acuerdos y desacuerdos municipales y autonómicos es tan patética que a veces el ridículo eclipsa la agresión democrática. En este caso, el papelón de Ciudadanos haciendo como que desconoce ese pacto secreto entre Vox y PP que condiciona los gobiernos en los que Ciudadanos es protagonista mueve casi a una mezcla de risa y pena aún mayor que la indignación que debería generar la opacidad de los compromisos que se han alcanzado para nuestras instituciones a nuestras espaldas. En el colmo de la indignidad Ciudadanos no hace ni el simulacro de exigir a sus socios que le enseñen qué han pactado sobre los gobiernos en los que ellos están.

No se recuerda en política (democrática) que dos partidos convoquen a la prensa para que difundan cómo firman un papel… y escondan ese papel para que no lo conozca nadie. ¿Qué contendrán esos pactos para que PP, Vox y Ciudadanos piensen que lo mejor es que no sepa nadie qué tienen firmado hacer con nuestras ciudades? Los partidos políticos suelen presumir de sus intenciones de gobierno porque al menos antes de empezar suelen ser buenas para sus votantes; es después, con los fracasos, las prácticas y las mentiras cuando algunos tienen que maquillar lo que realmente han hecho. Que antes de empezar a gobernar ya nos estén ocultando lo que tienen pensado no sólo es democráticamente ilegítimo, es que además permite hacernos una idea de la agresión que tienen prevista contra los madrileños.

En los tiras y aflojas para repartirse cargos y presupuesto público, es probable que estos días PP y Vox vayan filtrando en los medios de que disponen los contenidos de ese acuerdo que les interesen para debilitar la posición del otro. Eso, espero, llevará a que tarde o temprano conozcamos el documento que han firmado sobre nuestras instituciones. Pero ya habrán dejado clara su categoría democrática: ese pacto secreto que llevó la semana pasada al reparto de ciudades entre las derechas y los ultras empieza con toda una exhibición de lo que es intolerable en democracia.

Que alguien les informe de que Zaplana está en la calle

Durante algunos meses varios dirigentes del PP hablaron de Zaplana. Nos dijeron que era una persona gravemente enferma y que si seguía en la cárcel moriría pronto. No tengo ni idea de si es así, pero sí sé que prefiero un criminal en la calle al ensañamiento con cualquier ser humano en la cárcel. No voy a hacer como hizo el PP (político-mediático) con Bolinaga cuando salió de la cárcel y periódicamente preguntaban por qué no se había muerto ya, como negando que fuera verdad su enfermedad, hasta que de hecho murió.

Llama la atención que hayan dejado de hablar de Zaplana. Ya no hay razones humanitarias, está en la calle cuidándose y, ojalá, curándose. Pero cada día tenemos una nueva noticia que evidencia que el portavoz del Gobierno de Aznar, portavoz del Grupo Parlamentario Popular con Rajoy y Presidente de la Generalitat Valenciana con el PP, Eduardo Zaplana, robó a manos llenas. La mansión en el barrio de Puerta de Hierro, la vida de lujo de sus hijas supuestamente mileuristas, las cuentas en Suiza, en Curaçao, la confesión de un testaferro uruguayo que habla de millones de euros…

Nadie del PP ha dicho ni mu. Todo lo más, estos días han hecho un amable homenaje a Zaplana y Acebes (otro corrupto) recuperando sus mentiras sobre el 11M y el desprecio a las víctimas del atentado terrorista.

Muchos pedimos la libertad de Zaplana: lo hicimos por humanidad. Ojalá se hubieran descubierto sus delitos antes; no debía de ser muy difícil puesto que hay al menos un libro (Zaplana, el brazo incorrupto del PP; de Alfredo Grimaldos) que hace más de diez años contó su currículo de fechorías desde que ganó la alcaldía de Benidorm gracias a un tránsfuga y al apoyo de la familia Barceló, su familia política. Zaplana fue un corrupto durante toda su carrera política y toda España lo sabía, aunque se haya tardado tanto en probar sus entramados concretos: muy especialmente lo sabían quienes lo nombraban y quienes lo aplaudían. Ojalá lo hubieran pillado antes para juzgarlo, apartarlo de la política y que hubiera cumplido su condena. Ojalá ahora se cure para que pueda ser juzgado y cumplir una condena justa.

Pablo Casado, Aznar… el Partido Popular en su conjunto pidieron la excarcelación a Zaplana. Pero ellos no lo hicieron por humanidad. Pedían su libertad por la misma razón que lo nombraron y aplaudieron: porque es uno de sus corruptos, un corrupto ejemplar, de los de las esencias del PP.

¿Alguien recuerda un solo dirigente del PP pidiendo que se excarcele a un preso gravemente enfermo que no fuera del PP? Más bien al revés, cuando otros lo hemos hecho nos han acusado de complicidad con los delitos del preso. Son precisamente quienes con unos presos son implacables y con otros, con los suyos, muestran tanta compasión quienes demuestran que la diferencia que les solidarizó con éste preso es que lo consideran uno de los suyos, independientemente de lo que haya robado.

Una vez en la calle, si en el PP molestara que se usara su partido para robar, estarían escandalizados al ver lo que Zaplana hizo desde los cargos que el PP le daba, para qué usaba los nombramientos de Aznar y Rajoy, los aplausos de Casado… Pero no les escandaliza. No dicen nada. No les sorprende, les debe de parecer lo normal. Al menos hay que reconocerles la ausencia de hipocresía.

El pinchazo de Albert Rivera

Durante mucho tiempo Ciudadanos jugó a parecer un partido moderno, liberal y progresista. El nacionalismo catalán le daba la oportunidad de poder simular que su oposición a éste no era un férreo nacionalismo español. Su lejanía de todo poder electo le permitía no ubicarse en un espacio ideológico. La ensayada retórica hueca les permitía evitar posición política alguna. El favor mediático y la irrelevancia les ayudaba a que se olvidara si en el pasado se habían aliado con ultras, si habían rechazado el matrimonio homosexual y la nueva ley del aborto o aplaudido a Mario Conde.

Pero se acabó.

La foto de ayer es letal para ese primer Ciudadanos. Se ubica definitivamente en una derecha muy dura, que comparte modelo de país con la extrema derecha, que intenta huir de la foto en un patético esfuerzo por evitar que nos enteremos de con quién quiere gobernar el país.

El precio a cobrar por esa foto fue muy pequeño: la concentración de Colón fue muy nutrida… para ser una convocatoria de Vox; pero fue un evidente fiasco para partidos como PP y Ciudadanos, para sus pesebres mediáticos, que lo dieron todo (autobuses, portadas, gritos) para llenar Madrid y que se supone que aspiran a representar a medio país (a todo el país, a juzgar por su retórica: en su «España» sólo cabe el fanatismo, el odio y la crispación). A Pablo Casado es probable que no le preocupe porque no parece estar pensando en que el PP crezca sino en primero construir un PP a su imagen y semejanza y por tanto escorado al margen ultra y limpio de disidentes (aka derecha acomplejada).

La manifestación de ayer no era una cosa sectorial y pequeña. No se juntaron para pedir que funcione el Metro o que baje el precio del coñac. No. Era una manifestación sobre el modelo de país. Por eso es tan letal la foto. Porque Albert Rivera convocó una manifestación sobre su modelo de España y Vox, Falange y Hogar Social entendieron que era también el suyo.

Hizo bien Inés Arrimadas en huir del evento. No sé si calculaba el fracaso, pero era evidente que la movilización iba a ubicar definitivamente a los asistentes en el rincón ultra, del odio, del nacionalismo inmovilista y excluyente, de la España rancia y antigua, de quienes llaman feminazis a las personas que denuncian la violencia machista. Ay, si a Manuel Valls se le hubiera ocurrido la excusa del avión para poder disimular él también al menos hasta mayo. A cambio, Albert Rivera colocó a Begoña Villacís e Ignacio Aguado en la foto: para que los madrileños tengamos claro con quién gobernarán si pueden.

Un 30% de los votantes de Ciudadanos está a favor de alejarse rotundamente de Vox (están a favor del cordón sanitario): uno de cada tres votantes de Ciudadanos, que buscaban esa opción moderna, liberal y democrática ya sabe que ese no es su partido, aunque los votantes del PP y Vox constaten que puede ser el suyo.

Ciudadanos pasó ayer su Rubicón. Hay que agradecerles la claridad.

Dadme un prejuicio y moveré el mundo

«Dadme un prejuicio y moveré el mundo.» La frase la pone García Marquez en la pluma del juez instructor de su Crónica de una muerte anunciada.

Me ha venido a la cabeza al leer el titular de la última diatriba de Juan Carlos Monedero contra Íñigo Errejón en forma de entrevista:»Errejón quiere un Gobierno en Madrid con PSOE y Ciudadanos. Que lo asuma y lo diga«, dice Juan Carlos Monedero. Nada ha dicho Íñigo Errejón sobre ese deseo. No lo ha dicho (como reconoce Monedero), así que la frase no obedece más que a un nuevo invento en una ofensiva que no por reiterada deja de ser irresponsable. En este caso, lo es especialmente (aunque no dañe a Más Madrid) porque lo que hace es beneficiar a Ciudadanos.

Íñigo Errejón nolo ha dicho probablemente porque es tan consciente como todos los madrileños (acaso menos Monedero) de que en ningún caso Ciudadanos tiene otra apuesta para Madrid que repetir el pacto de la vergüenza andaluz con Vox y el PP. Lo explicó Begoña Villacís y lo ha dejado aún más claro hoy mismo Ignacio Aguado: «Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que Errejón no sea presidente de la Comunidad de Madrid«.

Monedero tiene pleno derecho a hacer daño a las opciones políticas del cambio dado que no es dirigente ni cargo público de ningún partido y por tanto sólo se representa a sí mismo.

En todo caso, parece evidente que Juan Carlos Monedero no está excesivamente atento a la política madrileña. También porque evidencia que no es consciente de lo que Podemos ha hecho esta misma legislatura, hace menos de un año, en la Comunidad de Madrid.

Cuando se destapó el fraude universitario de Cristina Cifuentes, Ciudadanos hacía lo imposible por mantenerla en el poder. Y Ángel Gabilondo presentó una moción de censura que necesitaba, para prosperar, que Podemos y Ciudadanos la apoyasen. Y, obviamente, Podemos de la Comunidad de Madrid (cuyo secretario general era Ramón Espinar, a quien Monedero había defendido con el agresivo entusiasmo que ha cultivado en los últimos años; y cuya portavoz parlamentaria era la anticapitalista Lorena Ruiz-Huerta) anunció que Podemos apoyaría la moción de censura sin condiciones con la voluntad de que Ciudadanos apoyase el mismo gobierno (condición indispensable para que prosperase la moción de censura).

Lo que denuncia Monedero que haría Errejón, es lo mismo que ha hecho Podemos en la Comunidad de Madrid con (lógico) apoyo de Monedero.

Y se hizo, por cierto, con toda la razón del mundo, porque Madrid vive desde hace un cuarto de siglo en manos de la mafia. Un cuarto de siglo robándonos el agua, los hospitales, los colegios, las carreteras. Robando incluso las elecciones cuando las perdieron en 2003 y cuando las financiaron ilegalmente en todas las campañas posteriores. Ojalá hubiera sido posible acordar con Ciudadanos y el PSOE un gobierno insuficiente pero decente. Lo que plantea Monedero no puede ser una denuncia salvo para gente de Vox, del PP y de la dirección de Ciudadanos.

Desgraciadamente sabemos que Ciudadanos intentará un gobierno de la corrupción y del odio. Lo han hecho en la Comunidad esta legislatura (con dos investiduras y mil escándalos que obligarían Ciudadanos a expulsar al PP de Madrid de la Puerta del Sol); y no dieron el Ayuntamiento a Esperanza Aguirre gracias a que los madrileños dejaron al PP y Cs en minoría y optaron por Manuela Carmena.

Y sabemos también que Ciudadanos intentará que sus votantes centristas o liberales sigan engañados pensando que puede ser que, igual que se giraron hacia la extrema derecha en Andalucía, cabe como hipótesis que Ciudadanos en Madrid no intente un gobierno con Vox y PP. Eso no va a pasar, pero Ciudadanos necesita que un porcentaje alto de sus votantes (el 30% de los cuales defiende un cordón sanitario contra Vox) lo crea posible. Para desalojar a la mafia y el odio de la Puerta del Sol hace falta que Más Madrid y PSOE dejen en minoría al PP, Ciudadanos y Vox, esa es la alternativa real.

Por eso la nueva diatriva de Monedero vuelve a faltar a la verdad, pero lo grave de este caso es que, intentando consolidar una falsa imagen contra Más Madrid, lo único que hace es defender a Ciudadanos.

Cómo nos ven (a todos) desde Europa

Mientras en Europa llevan años combatiendo a la extrema derecha, Ciudadanos y PP acaban de llegar a un acuerdo de gobierno con Vox. Merkel sigue anteponiendo tímidamente por con desgaste los derechos humanos de los refugiados a sus intereses electorales aunque crezca la extrema derecha con la que ni se le ocurriría pactar; Macron no entiende que ante los ultras se haga otra cosa que combatirlos. Mientras, Ciudadanos y PP se reparten los sillones andaluces pactando un programa de gobierno con la extrema derecha a la primera oportunidad.. No en una situación excepcional, asfixiados por la falta de alternativas. Desde el primer día ambos apostaron por un gobierno acordado con el partido de la manada. Tan poco asfixiante era la situación que hace mes y medio Ciudadanos gobernaba en Andalucía con el PSOE de Susana Díaz. Pero ha optado por entregarse al partido liderado por un delincuente condenado por desproteger a un niño de su padre maltratador.

Mientras PP y Ciudadanos se oponen con mentiras, boicots y anuncios apocalípticos a las medidas del Ayuntamiento de Madrid para la movilidad y la lucha contra la corrupción, Bruselas ha escrito a la Comunidad de Madrid pidiendo que deje de boicotear la implantación de Madrid Central, la Comisión Europea ha levantado las sanciones a España por las medidas de las principales ciudades contra el tráfico y Madrid se ha ahorrado 500 millones en sanciones europeas heredadas de la época del PP. Madrid, Barcelona y el resto de los ayuntamientos del cambio se han puesto en la vanguardia europea por una movilidad moderna y saludable y así lo están reconociendo Europa y sus principales ciudades.

Ahora que PP y Ciudadanos se alían con una fuerza expresamente homófoba hay que recordar que Europa tenía a España por un país rancio y discriminador. Que se sorprendió al ver la fuerza que tenía el Orgullo, cómo sus fiestas se convertían en las verdaderas fiestas de todo Madrid. Europa vio cómo España se adelantaba llevando la igualdad y la libertad al matrimonio de todos, quiera a quien quiera cada cual. El PP (aún con Vox dentro) hizo todo lo posible por colocar a España de nuevo en el furgón de cola de Europa; Albert Rivera se mostró en desacuerdo con el avance. Se opusieron, como siempre hicieron los parásitos de la Historia de España, a la libertad, la modernidad, la felicidad y el amor. Pero España se situó en la cabeza de Europa. Hoy hasta Vox tiene que esconder su oposición a la igualdad de todas las familias con eufemismos irracionales como que «defendemos la familia natural» sin aclarar que si pudieran combatirían las formas de familia no canónicas (que, por cierto, son la mayoría en la España de 2019).

Cuando PP y Ciudadanos llegan a un acuerdo programático con un partido machista que quiere evitar la lucha contra la violencia machista es bueno sentirnos orgullosos de cómo el 8 de marzo España se puso de nuevo al frente de Europa con su huelga feminista y las históricas movilizaciones en defensa de la igualdad. El feminismo avanza en Europa pero toda Europa se quedó asombrada de cómo esa España caricaturizada como rancia, casposa y cutre era ahora la que lideraba las conquistas de libertad y modernización. PP y Ciudadanos han decidido formar parte de un bloque que quiere decirle a Europa que esa caricatura de España era real.

En mayo hay elecciones europeas. Y en todos los países las fuerzas democráticas defenderán Europa de los ultras que están atacando los valores de la Ilustración y la modernidad, los valores que están en la raíz de Europa. Mientras, en España, PP y Ciudadanos estarán gobernando con los enemigos declarados de todos esos valores, con quien quiere devolvernos a las tinieblas; y se excusarán explicando que esos que han puesto a España al frente de los avances de Europa son peores que quienes quieren devolvernos al lodazal. que quienes quieren recortar derechos, deportar personas y olvidar la Historia de España, tan relacionada con la de Europa, no son tan malos como quienes quieren conquistar derechos y avanzar en democracia.

Con perspectiva se ven las cosas más claramente. Y con la perspectiva europea se entiende muy bien lo que está pasando en España. Ciudadanos y PP quieren recuperar esa España que veía Europa terminar en los Pirineos. Otros queremos que España siga liderando la modernización de Europa.

Laura Luelmo sin «ideología de género»

Normalmente tras cada crimen repugnante que protagoniza el dolor popular suele haber cierta prudencia de los dirigentes políticos. Conscientes de lo nauseabundo que es manosear el dolor en provecho propio, resultaba poco rentable sustituir la mera expresión de dolor y empatía por la búsqueda de carroña.

El secuestro, violación y asesinato de Laura Luelmo llega, en cambio, en un momento nuevo en el que hay una competición trágica (para el país) por las posiciones más reaccionarias. Y al oler el dolor de la sociedad han decidido arrastrarse para manosearlo y aprovecharlo sin someterse al menor escrúpulo. 

La exhibición de indecencia de los dirigentes de Vox y de Pablo Casado es repugnante. Pero además es de una ausencia de pudor muy llamativa. Tratan de aprovechar el crimen machista para su demagogia imbécil aprovechando que enfrente tienen la decencia que combate sus ideas sin exprimir el dolor reciente, con racionalidad y un poco de frialdad.

Porque si señala a alguien, el secuestro, la violación y el asesinato de Laura Luelmo no lo hace a quienes no defendemos la cadena perpetua (que no habría evitado este crimen). A quien señala es a quienes hasta que apareció el cadáver estaban denunciando con una sonrisa de oreja a oreja la ideología de género (es decir, el feminismo), «un colectivismo social que se tiene que combatir» según Pablo Casado, a quienes el lunes llamaban feminazis a gente como Laura Luelmo, cuyo último tuit fue su ilustración para el 8 de marzo, el mismo día en que Vox publicó un repugnante vídeo machista acusando a gente como Laura Luelmo de formar «un colectivo violento, revanchista, fomentador del odio, discriminador y opresivo«: eso decía Vox de gente como Laura Luelmo. 

Lo que Vox y Pablo Casado (por limitarnos a las alimañas que estos días han buscado carroña) defienden al rechazar la ideología de género es que si Santiago Abascal, Pablo Casado o yo mismo salimos a correr por el campo o nos vamos de marcha por la noche sentiremos el mismo miedo que cualquier mujer. Que también nos hubieran secuestrado, violado y asesinado como a Laura Luelmo. Que sí, que hay hombres que violan a las mujeres pero que también hay mujeres que violan a los hombres, que negarlo sería colectivismo social y discriminación.

Si no fuera tan repugnante sería patéticamente cómico. Pero ese es el discurso de quienes cinco minutos antes de encontrarse el cadáver de Laura Luelmo defendían la desprotección de las mujeres a las que se ataca por ser mujeres y cinco minutos después nos daban lecciones de cómo responder a estos crímenes con dos cojones y mucha cárcel.

Tiene mucha suerte la gentuza machista de que enfrente no haya gente como ellos que les ponga ante sus vergüenzas cada vez que hay un asesinato machista (por cierto, formalmente el asesinato de Laura Luelmo no es un asesinato machista, en una grave carencia del Pacto de Estado contra la violencia de género). Porque estos días se les debería caer la cara de vergüenza a quienes han hecho de la lucha contra el feminismo, contra la igualdad, contra el derecho de las mujeres a vivir con la misma ausencia de miedo que vivimos los hombres, la última batalla mezquina por una sociedad peor. Y en vez de avergonzarse, están envalentonados.

Cuando el Estado está en manos de una Mafia.

 

Mafia
Del it. mafia.
1. f. Organización criminal y secreta de origen siciliano.
2. f. Cualquier organización clandestina de criminales.
3. f. despect. Grupo organizado que trata de defender sus intereses sin demasiados escrúpulos. 

Diccionario de la Real Academia Española

Según publicó ayer una web de las cloacas del PP, cuando el PP estaba en el gobierno usó dinero público para secuestrar a una familia y destruir las pruebas que había en su casa de delitos cometidos por toda la cúpula del PP. La familia era la de Bárcenas. El secuestro, de hecho, se produjo aunque entonces todos pensamos que se trataba de una persona con más ganas de notoriedad que cabeza. No sabemos si las cloacas del PP andan en guerra entre sí o si la publicación en esa web obedece más bien a evitar que un escándalo así tenga la repercusión que merece: que lo publique una web como mínimo amarilla y sin credibilidad, que lo entierre tras quince «noticias» contra Podemos al día siguiente y que siga la vida.

Nadie ha desmentido la noticia que probablemente sería la más grave desde el secuestro de Segundo Marey que llevó a la cárcel (por poquísimo tiempo gracias al indulto de Aznar) a José Barrionuevo y a Rafael Vera.

Se trataría de usar el aparato del Estado, el Ministerio del Interior, para financiar el secuestro de una familia. Y, además, el ánimo de ese secuestro inducido por el Ministerio del Interior no sería investigar ni impedir delito alguno sino, todo lo contrario, destruir las pruebas de delitos que investigaban los tribunales. Y para terminar de elevar la gravedad, los delitos cuyas pruebas se intentaron destruir los cometió el partido del gobierno e implicarían al entonces presidente del Gobierno, a la vicepresidenta, a la ministra de Defensa… a toda la cúpula del partido y a buena parte del Gobierno.

Hace unos años, cuando detuvieron a Francisco Granados, Esperanza Aguirre recordó (tan ingenua ella) cuando a la mujer de Granados le quemaron en el garaje su coche que resultó no ser suyo sino de un constructor. «No se me ocurrió que fuera algo lindando con lo mafioso«, dijo entonces. Desde entonces hemos conocido al pequeño Nicolás, la policía patriótica de Fernández Díaz, las mentiras fabricadas en Interior contra la oposición democrática, todos los asuntos que se están conociendo del «caso Kitchen»

No, no lindan con lo mafioso. El Partido Popular lo ha demostrado una y mil veces. El Partido Popular es una organización con apariencia de partido político que ha puesto el Estado al servicio de tramas criminales.

Decía Kiko Veneno hace unos años que «la mafia española es más perfecta que la italiana porque no necesita matar«. A estas alturas, no sé quién pondría la mano en el fuego porque haya sido así.

La derecha española sigue siendo otra cosa

De entre las reacciones por la llegada de Vox, una que hemos tenido mucha gente es cierta resignación más o menos aliviada: pues mira, ya están aquí, como en todo el mundo. Nos habíamos hecho mil análisis explicando la rareza de carecer en España de la extrema derecha que está creciendo en toda Europa (menos Portugal) y en grandes países del mundo: que si el 15M y Podemos habían vacunado a España de este virus, que si en España no necesitábamos odiar a los inmigrantes porque ya odiábamos a los catalanes… Ya no hace falta preguntárnoslo más: se acabó la rareza y cuando haya nuevas encuestas sobre toda España lo constataremos mucho más.

Pero la irrupción de Vox sigue arrojando rarezas en nuestra derecha básicamente inéditas en la Europa occidental.

Por un lado, el propio programa y discurso de Vox no es exactamente homologable al de Marine Le Pen y otras extremas derechas análogas. En Europa (y en Estados Unidos) la extrema derecha es antielitista y antineoliberal y no excesivamente rancia en aspectos morales (recordemos, por ejemplo, a Pim Fortuyn, el líder xenófobo holandés que fue asesinado y que no tenía ningún problema con su homosexualidad). Los ultras europeos se parecen, en eso, a los fascismos de los años 30, que eran modernos, laicos e inteligentes, antielitistas y con un componente social importante. Vox, en esto, se parece mucho más a lo que fue el segundo franquismo español, tecnócrata y opusino: sus propuestas económicas son más neoliberales que las del PP, sin una sola propuesta de carácter social conocida, nunca critican a las élites políticas ni económicas (empezando por el rey, cuya defensa aparece en el tercero de los cien puntos programáticos de Vox) y se anclan sin ninguna duda en la versión más rancia del catolicismo español, en defensa de la «familia natural» (sic) y con propuestas claramente machistas y homófobas.

La diferencia más preocupante, con todo, no se encuentra en Vox sino en el resto de la derecha española. Al conocer el resultado andaluz, el líder de los «liberales» europeos felicitó a su referente español, Ciudadanos, «sin embargo, el éxito de la extrema derecha debería preocuparnos a todos. Habrá una batalla por el alma de Europa en los comicios europeos de mayo«. La derecha europea occidental no ha tenido dudas en introducir un cordón sanitario frente a la extrema derecha. Ni Macron, ni Chirac ni incluso Sarkozy coquetearon con el Frente Nacional (aunque alimentaran sus ideas); ni Merkel encuentra ninguna prioridad política que no sea una clarísima línea de separación frente a Alternativa por Alemania. En cambio, en España, PP y Ciudadanos en ningún caso se niegan a ir de la mano de Vox y sonroja escuchar a Albert Rivera contestar patéticamente que «no soy analista político» cuando le preguntan qué es Vox.

Teníamos camuflada la caja de Pandora. Y de repente ha salido a la luz, la hemos abierto y ya están los monstruos entre nosotros. Y lo más terrible es que aquí tenemos a demasiados prometeos que, en vez de buscar la esperanza en el fondo de la caja, se ponen a bailar con los monstruos liberados.

« Entradas anteriores