Blog de Hugo Martínez Abarca

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Celebrar la flebitis del dictador

Es razonable que la derecha española tenga un trauma histórico con la dictadura. Pese a lo mucho que lo reiteran, no han cerrado esa herida, porque las heridas no se curan mirando para otro lado hasta que se infecten y la derecha española siempre ha presumido de que la forma de curar los crímenes de la dictadura era no hablar de ellos y silenciar a sus víctimas mientras se van muriendo. Ese trauma les lleva a hacer el ridículo como están haciendo estos días con sus argumentos para rechazar que 50 años después de la muerte de Franco, los demócratas aprovechemos para celebrar la democracia, recordar a las víctimas del mayor asesino de españoles de la Historia y agradecer a nuestros mayores que lo dieron todo por conseguir que sus hijos, sus nietos, sus bisnietos… recuperásemos la libertad y la democracia que a ellos les habían arrebatado.

La celebración de aniversarios redondos del fin de la dictadura no es ninguna novedad que se haya inventado este gobierno.

En los años 90 el tardofelipismo puso en marcha la operación de sacralización de la Transición. Sacaron del cajón unos documentales de Victoria Prego que llevaban un par de años terminados. Los emitieron en La2 en agosto (suponían que la Transición era una cosa que ya no le importaba a nadie) y con duras críticas de los medios de la derecha. Porque el sentido de aquella propaganda de la Transición por parte de los gobiernos de Felipe González era ensalzar el «consenso» en contraposición a la «crispación», esto es, a que la oposición de derecha e izquierda criticase los GAL, Filesa, Mariano Rubio, Luis Roldán… El PP de Aznar vio que esta religión de Estado le podía ser útil (en su manipulación nacionalista del patriotismo constitucional, que arrancó a Habermas para atacar entonces al PNV) e hizo suya la Buena Nueva de la Transición.

El caso es que la sacralización de la Transición triunfó. Triunfó como un mito religioso, con su Biblia (los documentales de Prego, que pronto se regalaron con todos los periódicos), con su santoral de hombres ilustres (el masculino no es genérico) y con sus fiestas de guardar. Las fiestas de guardar consistían en que todos los años eran el aniversario redondo de algún gran evento que teníamos que recordar todo el año.

Si era 1995, había que celebrar el 20º aniversario de la muerte del dictador (nadie discutía entonces la obviedad de que aquella muerte suponía el hito más importante del tránsito de su dictadura a esta democracia). Si era 1996, conmemorábamos el 15º aniversario del 23-F, que fusionaba democracia y monarquía. En 1997 celebrábamos el 20º aniversario de las primeras elecciones democráticas y el PSOE intentaba también colar el 15º aniversario de su victoria electoral en 1982, la primera victoria electoral de la izquierda desde el golpe del 18 de julio. En 1998, por supuesto, el 20º aniversario de la Constitución y, los más audaces, el 25º aniversario de la muerte de Carrero Blanco (hecho con el que arrancaba la Transición en el documental de Victoria Prego). En 1999 celebraríamos el 20º aniversario de los primeros ayuntamientos democráticos. Y en 2000 volvíamos a empezar el ciclo añadiendo cinco años a cada aniversario: 25 años de la muerte de Franco, 20 del 23-F…

Aquel ciclo de conmemoraciones perpetuas se reiteró ininterrumpidamente hasta que la crisis económica de 2008 y el 15M convirtieron la propaganda de la Transición en un bumerán muy poco eficaz para un bipartidismo que pretendiera sobrevivir.

Entre las respuestas ridículas que está dando el PP a la conmemoración del 50º aniversario de la muerte de Franco está que con la muerte del dictador no pasó nada (no hubo democracia al día siguiente: Juan Carlos empezó su reinado como dictador) y, en concreto, en enero el dictador tenía flebitis pero aún tenía fuerza para cometer sus últimos crímenes (las palabras ‘dictador’ y ‘crímenes’ no constan en el argumentario oficial del PP; ‘flebitis’, sí).

Que en enero de 1975 el dictador no había muerto, es un hecho. De hecho, los últimos años y meses de la dictadura fueron de los más duros para la oposición democrática, sólo superados por los terribles años 40. Pero a quienes recordamos cómo se usaba cualquier aniversario para instalar el mito fundacional de la Transición… la exquisitez con la que el PP pretende celebrar la Navidad exclusivamente el 25 de diciembre, el Black Friday sólo un día y la muerte del dictador en la fecha exacta en la que se produjo nos saca una condescendiente sonrisa .

Pero la crítica más reveladora es la otra: la que pretende que la muerte del dictador no supuso ningún evento políticamente rescatable. Lo explican, además, rescatando que el dictador murió en la cama: lo hacen pretendiendo que eso ridiculiza a la oposición democrática. «No sería tan valiente la izquierda», dijo un diputado de Ayuso en diciembre, asumiendo que la derecha no combatía a Franco, que era legítima la violencia armada contra la dictadura -era reprochable que su muerte hubiera sido natural- y ninguneando la valentía de los hombres y mujeres que pagaron con cárcel, tortura, miedo y muerte la defensa de la democracia.

Y es reveladora porque evidencia que quienes vomitan estos argumentarios no han hablado en su vida con ningún demócrata que se opusiera entonces a la dictadura. Porque aquellos demócratas sabían muy bien que la muerte biológica del dictador no traía inmediatamente la democracia. Pero celebraron con cava, con discreción, con cierto miedo pero mucha más alegría que el tirano, el criminal, la figura que había encarnado el golpe de Estado, la alianza fascista contra España y la eterna dictadura… se iba a la mierda. Por supuesto que tenían enorme incertidumbre. Pero los miles de valientes demócratas a los que más agradecimiento y reconocimiento debemos los españoles de hoy sabían que la muerte de Franco era un hito que iba a cambiar su país y sus vidas, que estaba más cerca poder defender ideas sin tener que ser un héroe. Que, al menos, a esa figura criminal ya no iban a verla tanto, ya no iban a verla siempre en todos los segundos, en todas las visiones.

Hace 50 años miles de mujeres y hombres demócratas lloraban de alegría o de incertidumbre: ninguno negaba la grandeza del momento histórico. Lo hacían aún escondidas, igual que la derecha española querría que no hagan ruido hoy quienes quieren homenajearles. Muchos de ellos están entre nosotros: quien no quiera hacer el ridículo, haría bien en preguntarles cómo vivieron los demócratas de 1975 la muerte de Franco.

Le preocupa a la menguante derecha democrática que la memoria de la dictadura sea útil a la izquierda española. Lo tiene muy fácil: la derecha democrática alemana nunca duda en recordar el nazismo y ponerse del lado de sus víctimas y gracias a eso la memoria es un pilar del Estado, no un asunto electoral. Las heridas se curan limpiándolas. El día en que la derecha española deje de evidenciar su incomodidad al señalar como enemigo de España al criminal y como héroes a los demócratas que le enfrentaron habrá hecho un gran favor a España, a la democracia… y también se habrá hecho un gran favor a sí misma.

¿Lo volverían a hacer?

1.- A estas horas y con las últimas encuestas encima de la mesa sólo hay una cosa evidente. La convocatoria de elecciones no sólo fue una irresponsabilidad histórica y estratégica: incluso desde el tacticismo imperante fue un catastrófico error de cálculo. Pensaron en los intereses de partido en vez de en los intereses de país. Y aún así perjudicaron a los intereses de sus partidos.

2.- Primero fue Unidas Podemos. Tenía ganada una buena posición: aquella vicepresidencia y tres ministerios los consiguió con la hábil renuncia a que Pablo Iglesias ostentara personalmente uno de esos cargos tras el farol de Pedro Sánchez. Pero, como siempre, pensaron que era mejor tensar la cuerda porque nunca se rompe, porque al otro lado siempre hay alguien más responsable que prefiere soltar la cuerda antes de que se rompa. Y no lo hubo porque no entendieron que Pedro Sánchez juega con la misma agresividad suicida que ellos. La oferta que tenían en julio era tan buena que según Pablo Iglesias sólo faltaban las políticas activas de empleo y/o tres horas de conversación. Eso fue lo que les separó de aceptar una propuesta de gobierno que nos habría ahorrado a todos los españoles jugar a la ruleta rusa y a su propio partido a unas nuevas elecciones en las que volverán a perder diputados, por supuesto por culpa de los otros. Esa, probablemente, fue la última oportunidad de Unidas Podemos.

3.- Desde que Pablo Iglesias cometió aquel catastrófico error, Pedro Sánchez no disimuló que no aspiraba a nada más que a nuevas elecciones. Se creyó las encuestas según las cuales iba a subir decenas de escaños y podría gobernar sin los partidos independentistas (que fueron este verano mucho más responsables con España que los partidos parlamentarios nítidamente españoles) y decidió lanzarnos a nuevas elecciones. Supongo que tendría alguna garantía de que la sentencia de los EREs (anunciada para la semana pasada desde hace tiempo) se aplazaría; supongo que pensó que la sentencia de Cataluña le reforzaría (es posible que lo haya hecho). Pero a estas alturas no hay nadie del PSOE salvo Tezanos que no firmase repetir los 123 escaños y las posibles alianzas de entonces (excluido el agónico Ciudadanos, que no sumará en ninguna combinación). Si no fuera porque el 11 de noviembre habrá que buscar gobierno, lo normal sería que ese día rodaran las principales cabezas.

4.- Tras este monumental fracaso, ya innegable salvo por la fe religiosa, nadie ha dicho que tras el 10 de noviembre vaya a hacer nada distinto de lo que hizo tras el 28 de abril. Pablo Iglesias sigue insistiendo en que o coalición o nada sin que hayamos escuchado (desde el 28 de abril) una sola condición de acuerdo que afecte a los españoles y no al reparto de ministerios. Pedro Sánchez no sabemos qué propone: parece claro que está en un nuevo paso de la yenka renunciando a sus propuestas progresistas… pero lo que sabemos es que en ningún caso culpa más que a los otros de haberse cerrado en banda a un acuerdo de gobierno que era posible y sencillo y que sólo fracasó por el reparto de ministerios: porque unos exigían tener más y otros se plantaron hasta exigir quedárselos todos. Los dos creen que la culpa fue del otro; así que los dos volverían a hacer lo mismo.

5.- El 10N no va a operar el voto del miedo del 28A. Según todas las encuestas la irresponsabilidad de PSOE y UP sólo va a beneficiar a la extrema derecha más zafia de Europa. Pero no hay una sola encuesta que dé posibilidades de gobierno al PP con Vox: Ciudadanos va a aportar una minucia (posiblemente su última minucia) y con Vox al lado el PP sabe que no podrá sumar a ningún partido para gobernar salvo el tenaz Ciudadanos. Sólo una enorme abstención haría posible un viraje tal que permitiera el gobierno ultra conservador y corrupto que traería la alianza PP-Vox. Por eso era absolutamente necesaria una alternativa progresista en las urnas que permitiera que los votantes indignados con la irresponsabilidad de PSOE y UP fueran (fuéramos) al colegio electoral y sumemos nuestros votos para que haya futuro.

6.- Que el 10N no pueda haber una mayoría de PP-Vox que permita gobierno no supone que eso vaya a ser así para siempre. ¿Volverían el PSOE y UP a hacer lo mismo tras las elecciones del 10N? Si ninguno cree que ellos lo hicieron mal, si ambos creen que es el otro el que tiene que cambiar, ¿se enrocarían ambos en el reparto de ministerios llevándonos a unas terceras elecciones? En tal caso, sí, el resultado sería impredecible como siempre que colapsa un sistema político. Y un nuevo fracaso supondría un colapso intolerable de consecuencias impredecibles pero en ningún caso positivas para los demócratas y mucho menos, en concreto, para los progresistas.

7.- A diferencia del PSOE y UP (y de Ciudadanos, QEPD), el Partido Popular sí se ha sabido mover. Han escondido a Pablo Casado, hasta le han cambiado la cara, sólo Isabel Díaz Ayuso ha sido incapaz de callarse, y probablemente obtengan un resultado catastrófico en términos históricos pero bueno en comparación con el 28A. Si me tuviera que apostar una caña con pincho de tortilla diría que el PP ofrecerá a Pedro Sánchez su abstención en la investidura. Y sólo en la investidura. Y mantendría al PSOE en un gobierno frágil, aislado y paralizado, con los presupuestos de Montoro prorrogados sine die y teniendo que gestionar en esas condiciones la crisis catalana, el Brexit… y sobre todo los nubarrones económicos que asoman. Casado sólo tendría que esperar sentado a la descomposición del PSOE.

8.- Más País es el único partido que habría preferido seguir sin ningún escaño pero que hubiera un gobierno progresista. Incluso en términos de partido, lo que necesitábamos era tiempo para construir un partido verde y feminista, estructurado con democracia, participación y fraternidad y que frente a la política espasmódica se construya a fuego lento. Pero la irresponsabilidad de los partidos que podían haber formado gobierno nos hizo tomar una decisión que no nos convenía. Eso es lo que hay que hacer en política, eso es lo que tuvieron que haber hecho PSOE y UP: si los supuestos intereses de partido y los evidentes intereses de país chocan, hay que elegir los intereses de país. Y, a medio plazo, esos intereses suelen coincidir, como están comprobando PSOE y UP en las encuestas de estos días.

9.- Ante este panorama sigue siendo tan imprescindible como en abril votar. Un hundimiento de la participación es lo único que posibilitaría un gobierno del PP y Vox. Ya lo vimos en Andalucía. Puede que haya gente que piense que el PSOE lo hizo fenomenal negándose a todo acuerdo desde julio porque prefería elecciones. Quien lo piense, que vote al PSOE. Puede que haya gente que piense que Unidas Podemos volvió a acertar negándose a aceptar el gobierno de coalición que tenía en la mesa en julio. Quien lo piense, que vote a Unidas Podemos. Seguro que hay gente que piensa que ambos fueron unos irresponsables con su país y que tendrían ganas de quedarse en casa, que ya votaron pese a todo en abril… Quien lo piense, que vuelva a pensar qué pasará si todos somos tan irresponsables como fueron ellos. Si los mismos hacen lo mismo, no sucederá lo mismo, será mucho peor aún.

Ciudadanos: una muerte ridícula

Ciudadanos debería asumir el triste papel que han decidido libremente jugar en vez de hacer el ridículo con un teatro tan malo. En serio: nadie va a creerse que mantener al PP en todos los gobiernos autonómicos en los que el PP lleva más de 20 años tenga algo que ver con cambio; nadie va a entender que quien pacta con Vox está combatiendo el populismo ni el nacionalismo (tampoco nadie se va a tragar los tristes juegos retóricos y escénicos para decir que no están pactando con Vox); nadie mirará a quien resucita al PP de Madrid, de Murcia o de Castilla y León como a un regenerador.

Ciudadanos hizo una apuesta en campaña electoral: adelantar al PP en el conjunto de España o al menos en lugares relevantes y disputar la hegemonía de la derecha. Fracasó. Fracasó rotundamente. Ni siquiera lo consiguió con Begoña Villacís, tan exageradamente promocionada en su campaña de disparates y mentiras contra Manuela Carmena: quedó por detrás de un desconocido de virtudes por descubrir, que ha sacado los peores resultados del PP en el Ayuntamiento de Madrid y aún así son mejores que los de Ciudadanos.

Ciudadanos se queda en la derecha, en la derecha más dura, demagoga, antisocial, antiliberal y antigua. Pero ya para siempre como fuerza subalterna, ni siquiera como bisagra: está siendo humillado cada día por PP y Vox y cada día acepta la humillación con cara de seriedad como si estuvieran exhibiendo una gran dignidad: la dignidad nueva del emperador.

Ayer Ciudadanos aceptó incorporar a los presupuestos andaluces la visión cómplice con la violencia machista de Vox y su política xenófoba. En la Comunidad de Madrid excluyó a dos fuerzas democráticas de la Mesa de la Asamblea (algo que no había hecho ni Esperanza Aguirre con su sectarismo y sus mayorías absolutísimas) para conseguir ellos su sillón de presidente de la Asamblea de Madrid (¿alguien recuerda el nombre de alguna presidenta o presidente de la Asamblea de Madrid?) y convertir la exigua mayoría de las derechas madrileñas en un rodillo (5-2) con sillón para los ultras.

Se comerán los carguetes que el PP le prometa a Vox, se comerán los escándalos que vayamos conociendo del PP, se comerán las políticas más reaccionarias que hayan impulsado nuestras administraciones públicas desde la restauración de la democracia.

Durante unas semanas es posible que sigan haciendo el ridículo pidiendo hacerse fotos en el Orgullo o poniendo nuevos y sugerentes adjetivos a su impostado feminismo. Pero ya nadie, nadie les hará caso más que para reírse de ellos.

Se han entregado, se han rendido. Los tiranillos más patéticos de la Historia siempre que han perdido guerras se han pasado unos días haciendo encendidos discursos proclamando su victoria, discursos muy solemnes que desde lejos causan sólo entre risa y pena. Pocas semanas después sus vencedores los ahorcan sin necesidad de grandes discursos.

Si Def Con Dos escribiera ahora su «Pánico a una muerte ridícula« incluiría, sin duda, lo que le está haciendo Albert Rivera a su Ciudadanos.

¡Lex Luthor, candidato!

Este fin de semana PP, Vox, PSOE y Ciudadanos han ido anunciando algunos detalles de las que serán sus listas a las generales de 2019. Las claves comunes han sido la laminación de la pluralidad interna (donde la hubiere) y, en el caso de PP, Vox y Ciudadanos, algunos fichajes que dicen mucho del partido.

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Malvados y estúpidos contra unos presupuestos

Uno de los libritos que más veces he regalado es Las leyes fundamentales de la estupidez humana, un cuaderno divertidísimo pero sobre todo muy inteligente del economista italiano Carlo M. Cipolla. En él define al estúpido como aquel que hace daño a otros sin beneficio propio o incluso en perjuicio propio. El estúpido es mucho más peligroso (por imprevisible) que el malvado, que es quien hace daño a otros pero al menos lo hace en beneficio propio.

Ayer resultaba imposible encontrar dirigentes de PP, ERC, PDCat o de Ciudadanos argumentar en qué beneficiaba a los ciudadanos haber tumbado los presupuestos. Económicamente beneficia a algunos (las grandes fortunas que verán sus impuestos congelados) pero perjudica a la infinita mayoría de españoles directamente; y tampoco queda bien decir que uno defiende a los millonarios frente al 99% de la población: esas cosas se hacen, pero no se dicen.

Que a PP y Ciudadanos les daba igual el bienestar de los españoles quedó en evidencia cuando tumbaron la expansión de la senda de déficit que autorizaba la UE y proponía el Gobierno (como habría hecho cualquier gobierno de cualquier país): pero PP y Ciudadanos bloquearon que hubiera miles de millones de euros que ayudaran a los españoles a vivir mejor por puro interés partidista: si los españoles vivimos mejor, la oposición es más difícil, así que que se jodan los españoles. Si cabe señalar felones, ahí tenemos algunos.

Más sorprendente es la cerrazón de PDCat y ERC. No sólo porque con su voto millones de catalanes vivirán objetivamente peor. Sino porque los argumentos que dan son un disparate. Claro que hace falta arrojo y diálogo para solucionar el conflicto catalán. Por supuesto que es una vergüenza que se pida que estén en la cárcel tantísimos años unos dirigentes políticos que han podido cometer graves errores pero que nadie mínimamente humano puede pensar que es justo (ni beneficioso para España, por cierto) que tengan penas equivalentes a un asesino.

Incluso se podría entender que antepusieran esas razones democráticas a las razones materiales desde un punto de vista moralista que olvide que las necesidades de nuestra ciudadanía no son poco urgentes. Está bien. ¿De verdad algún dirigente catalán piensa que hoy está más cerca el diálogo político y la solución a Cataluña que ayer? Lo que hoy tenemos abierto es la certeza de unas elecciones en las que puede (o no, pero puede) abrirse la Moncloa a tres partidos nacionalistas y autoritarios que deteriorarán la autonomía catalana todo lo posible (a día de hoy aseguran que la destruirán). Y los presos… saben perfectamente que si PP, Vox y Ciudadanos gobiernan se pudrirán en la cárcel y probablemente en la cárcel más lejana a las casas de sus familias.

Volviendo a Cipolla (siempre hay que volver a Cipolla). PP y Ciudadanos son, según el esquema del economista italiano, malvados: han hecho daño a millones de españoles que vivirán peor que si se hubieran aprobado los presupuestos; pero lo han hecho en provecho propio, para sacar tajada electoral. Pero ERC y PDCat han demostrado simple y llana estupidez. Enhorabuena.

Nosotros los perseguiditos

Soy hombre, heterosexual, blanco, nacido en España, en Madrid. Si me hubiera conservado católico creo que pertenecería a todos los colectivos que gozan de ciertos privilegios (frente a quienes son otra cosa) por razones no directamente materiales.

La primera vez que fui consciente de que alguien estaba intentando convencernos de que no sólo no vivíamos con una comodidad injustificablemente superior sino que nos estaban persiguiendo fue cuando se eliminó la discriminación en el matrimonio (cuando se aprobó el matrimonio homosexual, como decíamos en 2005).

La campaña de odio (manifestaciones, recursos judiciales, propaganda) lanzadas por el PP y la Conferencia Episcopal intentaron convencernos de que la familia (el único modelo de familia aceptable: el matrimonio entre un hombre y una mujer, preferiblemente por la Iglesia) estaba en peligro y que estaban convirtiéndonos a los heterosexuales en una especie perseguida y en extinción. Era una gilipollez notable, pero lo insistían machaconamente. Era difícil que nadie que no estuviera cegado por el odio sintiera que le quitaban nada por que le dieran a otros el mismo derecho que ella a ser feliz, que no le negaran los mismos derechos que teníamos los heterosexuales. Tan insostenible era la memez que hoy hasta Vox trata de ocultar tras eufemismos (¡la familia natural!) qué haría con el matrimonio si gobernara, porque probablemente ni los jóvenes más ultras conciben una vuelta atrás. Pero entonces ya nos lo contaron: los heterosexuales estábamos perseguidos.

Nos han contado que en España estábamos discriminados los españoles porque a los inmigrantes se le daban ayudas (subvenciones, trabajos, plazas en escuelas infantiles…) que los españoles no teníamos, que los castellanoparlantes estábamos discriminados, que los católicos sufren una persecución (no en Irak tras la invasión de las Azores, donde sí se ha dado de forma terrible, sino aquí, en España), que a los gitanos no se les puede regañar en el cole ni encarcelar porque te buscas un lío, pero si tú hicieras lo que hacen ellos, yo no soy racista pero ya verías tú.

Probablemente nos hayan contado mil razones más por las que colectivos injustamente privilegiados en realidad deben (debemos) sentirse perseguidos porque los discriminados están consiguiendo conquistar cierta igualdad o simplemente para justificarnos la permanencia de la injusticia. Probablemente me hayan pasado desapercibidos por lo naturalizados que llegamos a tener ciertos privilegios.

La última razón para sentirnos perseguiditos es ser varón. Sería absurdo enumerar las razones por las que los varones vivimos con más comodidad. Desde la ausencia de miedos a agresiones a la exhibición de atención preferente cuando hablamos, pasando por los innegables mejores salarios en términos estadísticos o… Hay mil rincones en los que vivimos mejor y de esos mil seguramente yo no haya percibido novecientos de puro interiorizados. Que las mujeres las que sufren innumerables discriminaciones por su género es una obviedad para cualquier bípedo.

Y sin embargo llevamos un mes de bombardeo propagandístico sobre que estamos perseguidos, que nos matan como a ellas pero hay una conspiración para ocultarlo, que hemos perdido la presunción de inocencia, que el feminismo nos arrincona, nos criminaliza. Que tenemos indefensión en los juzgados cuando nos acusan caprichosamente de violencia machista (¿a qué hombre no le han acusado de matar a una mujer o de violación? Mira la pobre Manada), que con ese feminismo politizado parece que los hombres seamos culpables de algo por el hecho de ser hombres.

Los argumentos por los que los hombres estamos perseguiditos son tan gilipollas como aquellos de hace una década que nos convencía de que los heterosexuales estábamos perseguiditos. Probablemente estemos ante el canto del cisne de un machismo asustado por la velocidad a la que el feminismo ha decidido que la igualdad entre hombres y mujeres es inaplazable; o quizás, como escribía ayer Santiago Alba Rico, que «lo normal, tras varios milenios de patriarcado, es ser machista«.

No sé. Puede haber mil razones para que aparezcan de golpe estos alaridos machistas. Pero no nos cuenten que estamos perseguidos, que los discriminados somos nosotros. Que podemos tener privilegios, pero no somos gilipollas.

Ciudadanos: la cabeza frágil de la hidra (artículo en La Mirada Común)

En Andalucía no nació un problema de extrema derecha para España, en Andalucía eclosionó un problema de extrema derecha para la derecha española. Vox no tiene mucho que ver con lo que representan Marine Le Pen o incluso Trump, Vox es la cabeza de la hidraque antes de decir lo mismo que el resto de partidos aznaristas se toma tres whiskies y eructa. Pero dice básicamente lo mismo y se nutre del mismo caladero de votos.

Sigue leyendo en La Mirada Común.

Polo democrático

Las elecciones andaluzas cambian el país. Es una obviedad. La hidra aznarista va a gobernar, deja de ser una hipótesis y la extrema derecha se convierte en la fuerza de moda. Comienza un nuevo ciclo histórico en España que tenemos que leer con urgencia pero sin brochazos ni tics.

Democracia, feminismo, derechos humanos y ecologismo son los cuatro motores que pueden construir un futuro ilusionante para el país, que resista a la alianza de corruptos, demagogos, oportunistas y reaccionarios que toma las riendas de Andalucía mirando a España. En torno a esos cuatro motores hay que construir una unidad cuya base son hoy, sin ninguna duda, las grandes ciudades: el principal motor ahora mismo de modernización, futuro, alegría y dignidad de nuestro país.

España no entra en crisis política hoy. Lo lleva estando tiempo. Precisamente por ese deterioro democrático que se consagra hoy en Andalucía. A la crisis política e institucional que teníamos la única respuesta de cambio se la están dando las ciudades y están funcionando, por eso son la gran esperanza de España, por eso hay que defenderlas sin media tontería.

Junto a las ciudades, sólo el feminismo está en marcha como movimiento emancipador vigoroso. Por eso es el principal enemigo de la hidra: Vox recupera aquella propuesta de Ciudadanos de eliminar la violencia machista del Código Penal para diluirla en una violencia intra familiar y confronta, como Casado, con «las ideologías de género», es decir, con el feminismo y con los derechos del colectivo LGTBI, es decir, con los derechos de todos.

El feminismo y las ciudades son hoy el principal motor de una España alegre y moderna frente a esa alianza triste, rancia y turbia.

No es el momento de trincheras sino de horizontes. Las trincheras y los eslóganes de identidades por desgracia derrotadas abren las puertas de la hidra. Necesitamos contar un reto ilusionarte que no es tanto derrotar al fascismo construir construir una democracia ambiciosa y fuerte con la bandera de los derechos humanos. A este lado los que defienden todos los derechos humanos, su conquista efectiva para todas las personas que viven en España. Al otro los que desmantelaron el derecho a la vivienda y al trabajo, los que atacan los derechos de las mujeres y de inmigrantes y refugiados, los que quieren devolver España a ese oscuro pasado tenebroso y mugriento del que la España del siglo XXI ha conseguido huir con tantísimo esfuerzo.

Democracia, feminismo, derechos humanos y ecologismo. Desde las ciudades. Sonriendo, que es la mejor forma de enseñar los dientes.

Miedo a la democracia

Estos días se están celebrando en muchas universidades españolas consultas populares sobre monarquía o república. Y este domingo 2 de diciembre habrá más de cien mesas por todo Madrid donde la gente pueda votar en consultas análogas. Evidentemente el lunes nadie proclamará la república o asumirá la monarquía en función del resultado. Estas consultas son un ejercicio libre, pacífico y democrático de libertad de expresión de gente, fundamentalmente joven, que tiene una opinión legítima sobre su país y quiere expresarla. Y tienen un potencial inmenso de futuro porque las mueve gente común con una propuesta sensata de país al margen de ningún partido.

Hace un par de días el PP de Madrid organizó una charla con el asombroso título ‘Estado de derecho como garantía de libertad‘ en la que al parecer se explicó como saltarse el Estado de derecho para vulnerar la libertad. La oradora (Isabel Díaz Ayuso, la jefa de la comunicación del PP de Casado, viceconsejera de Presidencia de la Comunidad de Madrid, conocida por diferenciar entre musulmanas y españolas, por atacar el feminismo y acosar en público desde el gobierno a Telemadrid por informar sobre la inauguración de Gran Vía) anunció que emprenderían acciones legales contra estas consultas porque son «ilegales» y sirven «para alentar el odio».

Es evidente la legalidad de las consultas, que son un nítido ejercicio de libertad de expresión y además es un instrumento de manifestación de opiniones que se ha utilizado muchísimas veces (contra la privatización del Canal de Isabel II que intentó el PP, por ejemplo, votaron 167.000 personas). Y, para cualquier persona con mínima sensibilidad no ya democrática sino simplemente racional, es evidente que en absoluto significa alentar el odio algo tan legítimo como expresar la voluntad de un cambio político e institucional en clave democrática y modernizadora. Sólo los discursos que defienden dictaduras, porque la democracia divide al pueblo, puede encontrar odio en la expresión democrática y pacífica de una propuesta absolutamente legítima para su país.

Si el PP piensa que una expresión así debe ser ilegal y alienta el odio, el PP se está haciendo un retrato como un partido fanático y profundamente autoritario.

Lo verdaderamente interesante es la alergia que produce a las élites políticas y empresariales que han podrido nuestras instituciones (las instituciones del 78, por cierto) que haya movimientos populares que propongan un cambio sustancial para España vertebrado desde la democratización de la jefatura del Estado. Como es revelador el miedo del CIS a volver a preguntar sobre la cuestión tras el enésimo (pero primero con Felipe VI) suspenso de la monarquía en 2015. Hay toda una corte corrupta que ha vivido muy bien a la sombra de Zarzuela y que necesita la supervivencia del tinglado.

Si España es una democracia consolidada, si la Transición salió tan bien, si libertad sin ira libertad y si no la hay sin duda la habrá, si habla pueblo habla… ¿qué miedo tienen al pueblo? ¿Tan seguros están de que a poco que la gente debata, hable, opine, se exprese… pondremos en marcha un país distinto más difícil de parasitar por los corruptos? ¿Siguen manejando encuestas como aquella de Suárez que le llevó a no consultar sobre la monarquía porque igual los españoles querían otro futuro para su país?

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