Blog de Hugo Martínez Abarca

Etiqueta: Presupuestos

Los presupuestos ya no son lo que eran

Hasta hace poco la votación de los presupuestos era la votación más importante que había cada año. No sólo se aprobaban las cuentas sino que, con los presupuestos, se revalidaba o se negaba la confianza en el gobierno: pasaba con el gobierno estatal pero también con los gobiernos autonómicos y municipales. Un gobierno que aprobaba sus presupuestos podía respirar tranquilo un año; un gobierno que no conseguía aprobar sus presupuestos entraba en una crisis severísima y la convocatoria de elecciones era el paso inmediato.

Desde que en 2015 empezaron a desaparecer las mayorías cómodas en municipios, comunidades y finalmente en el Congreso de los Diputados las cosas ya no son así. Los presupuestos son importantísimos, sí, pero porque aprueban unas cuentas adaptadas al año que comienza (o incluso al año en curso muchas veces) pero ni garantizan ni tumban gobiernos, al menos no por sí solos. El ejemplo más evidente fue Mariano Rajoy, que no consiguió aprobar los presupuestos de 2018 durante el año 2017 sin que eso anunciara elecciones inminentes. Pero una semana después de conseguir aprobarlos, cayó por una moción de censura.

Especialmente mientras siga la crisis catalana (y no tiene pinta de que se resuelva pronto) el Parlamento español está condenado a la precariedad. Precisamente el nacionalismo catalán era el que garantizaba la estabilidad de los gobiernos españoles: era cuando llamábamos seny a la corrupción de los partidos de Pujol y Duran i Lleida en la que se apoyaban Felipe González y Aznar para obtener la mayoría que no tenían solos. Eso desapareció y durante unos años más bien tendremos partidos catalanes sometidos a vaivenes importantes mientras no se arregle política y penitenciariamente el conflicto catalán. Sólo la hidra aznarista (PP, Ciudadanos y Vox) parece que podrían llegar a sumar una mayoría estable en los próximos ciclos electorales.

Los Presupuestos no son lo que eran. El gobierno de Sánchez no estaría condenado a unas elecciones inmediatas si no consigue aprobar los Presupuestos. Pero precisamente por eso tiene poco sentido que ERC y PDCat actúen como si los Presupuestos fueran una especie de cuestión de confianza en el gobierno de Sánchez. Los Presupuestos hoy ni dan ni quitan la confianza al gobierno; los Presupuestos aprueban sólo las cuestiones materiales que se aplicarán a todos los ciudadanos que viven en España lo cual incluye, qué le van a hacer, a Cataluña.

Descargados de la carga simbólica, los PGE son, simplemente, los que permitirán aumentar el gasto en dependencia, la subida de las pensiones y una mayor justicia fiscal, los que permitirán que el conjunto de la península ibérica le diga a Europa que hay otra política económica que no consiste asfixiar a sus ciudadanos. Es lo que permitirá romper con la política económica de Rajoy más allá de parches que troceen el presupuesto… y también tengan que aprobarse en el Congreso.

Claro que es importantísimo que se aprueben los presupuestos. Pero es mucho más importante para la ciudadanía que para el gobierno de Pedro Sánchez. Quizás por eso el gobierno de Pedro Sánchez esté haciendo tan pocos esfuerzos por lograr aprobarlos.

Pablo Casado, el feloncito

Hay palabras en castellano que ya sólo se usan en un concretísimo contexto. Una es ‘felón‘ que sólo se usa para hablar de Fernando VII, el rey felón. Según el diccionario ‘felón‘ es quien realiza una deslealtad, una traición, una acción fea… pero en mal. La traición y la deslealtad no pocas veces es la acusación a quien piensa por si mismo, a quien no es sumiso, a quien actúa con criterio propio: a quienes así actúan muchas veces les acusa de traidores quien quería obediencia y sometimiento y no lo encuentra. La felonía no, no hay por dónde coger la felonía; la felonía la comete un tipo que es un mierda. Fernando VII se ganó su simbiosis con la palabra ‘felón’ por irse a Francia a pactar la ocupación de España, el país del que era rey, para evitar la libertad del mismo e invadirlo por una potencia extranjera sin más provecho propio que someter al país que se le podía rebelar: seguramente para él los españoles fueran unos traidores a su regia figura, por eso él decidió colaborar en su sumisión aunque ni siquiera a él le trajera gran beneficio.

Pablo Casado está difundiendo su voluntad de ir a Bruselas a emular a Fernando VII. Pero Pablo Casado no merece el calificativo de felón. Le queda grande.

Dice que va a Bruselas para que la Comisión Europea someta al Congreso de los Diputados, esto es, que la representación de la soberanía nacional no pueda aprobar los presupuestos nacionales porque lo impiden las potencias extranjeras. Recordemos esto la próxima vez que Pablo Casado hable de Cataluña y diga que la soberanía nacional no se negocia. Pablo Casado, como Albert Rivera, tienen perfecto derecho a oponerse a los presupuestos, buscar aliados parlamentarios, movilizarse si encuentran españoles dispuestos y, en última instancia, decir que son un desastre y usarlo para las próximas elecciones generales; pueden incluso recurrirlos al Tribunal Constitucional. Pero lo que están intentando es un ataque ilegal a la democracia (impedir en la Mesa del Congreso que el Pleno del Congreso pueda siquiera debatir los presupuestos) y un ataque injusto a la soberanía nacional (intentar que desde fuera de España se impida a España dotarse de unos presupuestos absolutamente legítimos).

Sin embargo, Pablo Casado no va a Bruselas a tumbar los presupuestos. Su anunciada felonía no es más que otro episodio de su reiterada búsqueda de titulares haciendo el ridículo. Casado va a Bruselas porque todos los dirigentes de partidos populares tienen reuniones en Bruselas estos días. Volverá fotos con sus compañeros, Merkel y Viktor Orban. Y nadie le hará mucho caso. En medio de la negociación del Brexit y el reto de Italia, que Portugal y España hagan de Iberia la punta de lanza de la recuperación de las políticas sociales, la recuperación de los derechos y la expansión económica es un problema menor incluso para los más rígidos burócratas neoliberales de la UE.

Pablo Casado intenta ser un feloncito, Un impotente que hace como que quiere traicionar a su país cuando lo único que busca es casito, como cuando hace el ridículo hablando de la Hispanidad o de la eutanasia. No, no es un rey traidor que vaya a conseguir que ocupen a su país para impedir que prospere dándole la espalda. Ya quisiera. Es mucho más patético que eso Pablo Casado, el feloncito.

Por fin: el «populismo» que se puede tocar

«Un presupuesto populista» titula esta mañana El Mundo. ABC habla del «proyecto de socialistas y comunistas». «Populismo presupuestario» es la expresión de moda entre los medios del entorno del PP. Pablo Casado pone, qué sorpresa, la guinda: «estos presupuestos traerán hambre, como en Venezuela«. A falta de un examen más exhaustivo, sorprende que no nos explique nadie que son los presupuestos de la ETA. A ver si mañana.

Tras años de populismo penal (¡prisión permanente revisable!), populismo nacionalista (¡pon tu bandera en el balcón!) y mil formas de demagogia que nunca se llamaban «populismo» en esos mismos diarios, lo que ahora llaman populismo se puede tocar, va a mejorar la vida diaria de los españoles: aumenta el salario mínimo, se garantiza el poder adquisitivo de las pensiones, se recupera la sanidad, la investigación, se acota la burbuja del alquiler… Tras hacer el ridículo diciendo que le suben los impuestos a «la clase media y trabajadora» (a las personas que ganan más de 130.000 euros, cuando el salario más común en España está en 16.500 euros), PP, Ciudadanos y sus mariachis mediáticos han tenido que recurrir a los adjetivos menos imaginativos para atacar unos presupuestos que ayudarán a vivir mejor a la infinita mayoría de los españoles y exigirán arrimar el hombro a las grandes fortunas, las multinacionales, las grandes empresas y a la economía especulativa. Mientras, los impuestos bajarán para las pequeñas empresas y baja el IVA a productos como los de higiene femenina, veterinarios…

Es difícil convencer a la infinita mayoría de los españoles de que eso no es positivo. Y más difícil es atacar medidas concretas sin que sea demasiado evidente que se está sirviendo a los intereses de una pequeñísima minoría de millonarios.

Aunque los últimos cuarenta años hayan arrasado con un modelo más justo, el acuerdo se parece mucho a recuperar las políticas socialdemócratas que llevaron a Europa a sus mejores datos económicos y sociales en los años 50 y 60. No sólo son presupuestos viables, es que es el único camino viable: la política de recortes, las nuevas burbujas, la radicalización del modelo que nos había llevado a la crisis… vuelve a amenazar al mundo con otra crisis. España se acercó ayer a Portugal: el único país de Europa en el que se está logrando avanzar en bienestar material para todos y con ello saliendo de la crisis.

La política es esto. La política es pelear mucho por arrancar unas mejoras. Unas mejoras insuficientes, claro que sí, por supuesto que hay que seguir avanzando, pero también es evidente que no recordamos un giro presupuestario tan positivo como el que se plantea gracias a que tenemos el primer gobierno obligado a negociar con fuerzas que defienden mayores avances sociales y democráticos.

La política es lo que pedían las plazas, la política es lo que llaman populismo y comunismo quienes se creen que España está llena de salarios de 10.000 euros al mes. Esta sí es la política con la que da gusto arrimar el hombro. Recuperemos la política.

«Las convicciones, al presupuesto»

Leí hace unos días en el blog de Rafael Reig en Hotel Kafka una cita de Ángel Gabilondo que me sorprendió: «Las convicciones, al presupuesto«. Fui alumno de Gabilondo en dos asignaturas y nunca le oí nada que se pareciera a esta cita, aunque es cierto que las asignaturas que cursé con él (Metafísica y Poética y retórica) se prestaban poco a sentencias tan terrenales. La cita, sea de Gabilondo o apócrifa, es terriblemente cabrona porque pone a cualquier charlatán frente a un espejo mágico que informa la imagen deformada que lanzan los discursos de buen rollo.

Las convicciones del gobierno, por ejemplo, al presupuesto. Aquellos discursos según los cuales la crisis la iban a pagar los poderosos, el puño en alto y la Internacional, al presupuesto.

Cuando Zapatero explicó su regresivo incremento fiscal pensé que era un farol. Un suicidio de ese calibre sólo podría tener como objetivo plantear un horizonte tan derechista que las izquierdas parlamentarias se resignarían a aceptar una migaja social a cambio de su apoyo en la votación. Hoy todavía creo que no quitarán los 400€ a las nóminas más bajas, aunque sea de cara a la galería y no consiga así el voto de la izquierda parlamentaria. Pero lo que ha quedado claro es con quién ha querido llegar a acuerdos el PSOE.

Pactar unos presupuestos con el PNV y con CC es comodísimo, pues nunca pedirán cambios de fondo, sino una inversión aquí, un voto a favor del presupuesto de allá o una transferencia por acullá. En una jornada sobre fiscalidad progresiva organizada por IU-ICV, Joan Tardá, de ERC, explicó que lo que decían los diputados de IU, ICV y BNG estaba muy bien, pero que si el gobierno transfería el aeropuerto del Prat ellos votaban que sí tan campantes. Las convicciones de ERC, también, al presupuesto. PNV (¿qué opina Rubalcaba de pactar las convicciones con quien sigue la estrategia de ETA?) y CC se han adelantado, han sacado su cacho antes, y ERC ha mostrado sus convicciones y encima se ha quedado sin presupuestos.

No es tan llamativa la falta de convicciones de izquierda del gobierno (ya son seis presupuestos llenos de convicciones), sino su falta de sentido práctico: ha conseguido que voten contra los presupuestos todos los partidos con los que tiene acuerdos en varios ayuntamientos y gobiernos autonómicos, ha disgustado incluso a las cúpulas sindicales y ha quedado desnudito ante los trabajadores. No han tenido sentido práctico, porque por encima de lo práctico están las convicciones.

Y las convicciones, como dice Gabilondo, Reig o quien sea, al presupuesto. Y el presupuesto, a la memoria, que luego se nos olvida.