Blog de Hugo Martínez Abarca

Etiqueta: Rafael Reig

Al camarada y amigo Rafael Reig (artículo en Contrapoder, eldiario.es)

Tengo la impresión de que existen dos formas posibles de ser leninista (habiendo leído a Lenin, quiero decir) en este tiempo. Puede haber terceras vías, no digo que no. Pero esas nunca llevan a buen puerto. Una era la de Manuel Fernández-Cuesta a quien no pude conocer en persona. La otra es la tuya con quien sí he tenido el placer de compartir charlas y copas. Una de esas ocasiones la contaste en tu blog en Hotel Kafka (sobre todo de las copas, policía mediante): fue tras una charla que organizamos en La Tercera sobre tu anterior libro “Todo está perdonado” (Tusquets, 2011) y el de Juan Carlos Monedero “La Transición contada a nuestros padres” (Catarata, 2013). En otra charla que organizamos en La Tercera sobre el Estado laico viniste a decir que como eres leninista te opones al Estado laico. Y al no laico, vaya. Recuerdo algún verano sintonizar la radio y escuchar que te preguntaba una presentadora qué libros recomendabas para el verano, supongo que esperando alguna lectura fresquita para leer en la playa, con un tinto de verano. “Pues yo recomiendo que este verano la gente lea a Lenin”. En concreto recomendaste el estupendo “Lenin. El revolucionario que no sabía demasiado” de Constantino Bértolo (Catarata, 2012).

Sigue en el blog de El Diario Contrapoder.

No me enrolles

Hace unos días Pascual Serrano publicó una interesantísima entrevista a Rafael Reig. Toda su lectura es recomendable: Rafael Reig es uno de las pocas personas que siempre sorprende, que va a su bola, pero no como provocador sino como pensador autónomo. Llamar a alguien provocador es tan cabrón como llamarle borrego: quiere decir que no tiene pensamiento propio sino que espera a ver qué piensan los demás para decir lo mismo/contrario. Reig muchas veces dice lo que se espera de un pensador de izquierdas y lo dice de forma argumentada; pero cuando piensa algo distinto (o algo distinto de la izquierda más acomodada) lo dice con el mismo arrojo. En fin, leed la entrevista, que me he enrollado.

Al fin y al cabo ése era el tema. Enrollarse. Hace unos días tomé una decisión sobre los posts de este blog. Muchas veces me enrollo demasiado. Como escribo por la mañana, muchas veces con cierta prisa (entre el desayuno y la escapada hacia el trabajo), no siemrpe tengo el orden que me gustaría. Por eso desde hace un par de semanas me impuse un cambio: ni un post de más de 2.500 caracteres. Es bastante para expresar cualquiera de las cosas que quiero contar en mis posts matutinos. Si hay algo más extenso, lo dejo para el fin de semana. No se trata de ganar lectores (para eso sería mejor apostar por títulos más llamativos: éste post, por ejemplo, debería titularse Rafael Reig la tiene más larga que yo y las visitas estarían garantizadas).

En fin, que preguntan a Reig sobre su blog y contesta:

En primer lugar, no hacer demasiado caso a los que saben. Empecé con el blog y me puse a hacer todo lo contrario de lo que dicen los doctores de la Iglesia internauta. ¿Entradas muy breves, rapidez, impactos fugaces? Naranjas: yo me largo entradas de tres folios. ¿Actualidad, inmediatez, cercanía? Más naranjas: yo escribo sobre Propercio o sobre Wittgenstein. ¿Tono coloquial, juvenil y directo? Otra carretada de naranjas: yo escribo, con la mayor precisión de la que soy capaz, cosas bastante elaboradas y que exigen esfuerzo (a mí seguro y, supongo, al lector). Como el blog no funciona mal, me empieza a resultar sospechosa todas esta poética-web de la que nos quieren convencer. ¿Por qué nos aseguran que lo que nos interesa es lo posmoderno, fragmentario, cotidiano y patatín patatán? No veo mucha diferencia entre eso y la violencia con la que nos quieren convencer de que en realidad necesitamos y queremos un coche nuevo cada cinco años. Todo esto me hace desconfiar, no sólo de la preceptiva oficial sobre la retórica web, sino de la ideología de la estética de la posmodernidad o como rayos se llame ahora.

Y digo yo que buena parte de razón tiene. No se puede comparar su blog con el mío (al menos no sin dejar fatal al mío), entre otras muchísimas razones porque el suyo es un blog literario y yo a lo único que aspiro es a escribir clarito para que simplemente se entienda lo que quiero decir. Él escribe muy bien. Yo intento no escribir del todo mal. Sí me lleva mi trabajo escribir, previo a ponerme a escribirlas: pensar temas, pensar el enfoque, la línea argumental, la estructura del apunte: normalmente me siento en el ordenador con el texto muy pensado, incluso buena parte de sus frases literalmente previstas, y por eso su escritura concreta me lleva poco tiempo.

Coincido sobre todo en no hacer ni caso a los gurús de esto: si el éxito fuera el objetivo al abrir un blog (o un perfil de facebook o lo que sea), la única fórmula de éxito que conozco en internet es la de inventarse palabras en inglés y decir que es un nuevo concepto que hay que conocer para estar en el ajo. Qué se yo, la FaceSocietwitt: si lo definimos de forma suficientemente abstracta, seguramente nos inviten a dar una charla a Mónaco con el cuento. Lo único que triunfa siempre es el cuento chino, si se cuenta en inglés. Y además tampoco tengo muy claro qué es triunfar en esto de internet, ni si sería algo a lo que aspirar cuando escribe un blog.

Estoy diciendo vaguedades. Sólo quería comentar el párrafo de Reig, porque llega justo en el momento en el que yo había decidido, como ejercicio de estilo, tratar de limitar la longitud de mis apuntes dado que siempre puedo continuar al día siguiente con lo que empecé el anterior. Sólo quería decir eso y me ha salido este apunte de 4413 caracteres.

No tengo remedio. Quod erat demostrandum. Al menos, pondré una foto del blog de Reig, ¿será ésa la fórmula de su éxito?

Rafael Reig y Público

Soy lector de Público desde el primer día. Uno de los pilares del diario han sido en estos dos años las «Cartas con respuesta» de Rafael Reig y sus «Papeleras de reciclaje». Me dicen que ya no habrá más, que supuestas razones económicas han sido la excusa para el cese de Rafa Reig en Público. Quiero pensar que no, que los correos que enviaremos algunos al diario les harán rectificar, les harán darse cuenta de que es difícil calcular la rentabilidad de tener una persona que piensa a su bola, que tiene ideas propias y que no se someten.

Incluso desde la ocasional discrepancia (yo soy un rojo mucho más convencional), los escritos de Rafa Reig son una bocanada de aire libre y han sido una de las referencias de Público: ¿por qué Público es diferente? Entre otras cosas porque tiene a Rafael Reig.

No la caguemos, amigos.

Marcos Ana y el premio contra

Veo en el blog de Rafael Reig una idea tomada de «un artículo de Carlos Fuentes, que es uno de mis humoristas favoritos.» Da cuenta de un artículo de Fuentes en el cual explica lo merecido que fue el Nobel a Obama, no porque éste haya hecho nada, sino porque la extrema derecha estadounidense lo recibirá como una sonora cachetada. A partir de ahí Reig desarrolla una idea sobre los premios contra alguien por persona interpuesta que merece ser leída.

Me ha venido a la cabeza el interesante debate sobre el premio Príncipe de Asturias de la Concordia que le dieron a la ciudad de Berlín, evitando dárselo a Marcos Ana, a favor de cuya candidatura se montó una hermosa campaña.

Si le llegan a dar el premio a Marcos Ana, probablemente habría sido un premio contra Marcos Ana y contra quienes denunciamos que la Transición es un régimen que no se sigue llevando al franquismo en la mochila: ¡Cómo dices eso! – habrían dicho los adeptos al régimen – ¡Si hasta le damos el premio más monárquico a un comunista y republicano que se pasó más de medio franquismo en la cárcel por sus ideas!

Sin embargo, al negarle el premio a Marcos Ana y dárselo a Berlín hemos tenido un premio contra la Transición, que se muestra incapaz de reconocer a las víctimas del franquismo, que tiene que dar un premio a una ciudad para no dárselo a una persona.

Interpretándolo como premio contra no cabe duda de que la candidatura fue muy arriesgada, pero gracias a que no ganó Marcos Ana, ha sido un exitazo: la candidatura ha mostrado la naturaleza del Régimen y permitió deslegitimar unos premios a mayor gloria de una familia cuya existencia muestra que Leti tiene razón: nuestra sociedad no valora el esfuerzo y gracias a eso ellos viven como dios.

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En su momento escribieron sobre el premio Rafa Hortaleza, Javi Busto, Pascual Serrano y Jorge García Castaño.

Un año de Público

Hoy hace un año salió a la calle el diario Público (y su página Público.es). En muchas zonas supuso el fin del monopolio de los diarios impresos para lectores de izquierdas.  Esto ya hubiera sido un avance monumental, pues hasta ahora no había réplica posible a los puntos de vista sinceros o de alquiler y cada vez más conservadores de El País. Así, para algunos la expectativa fue enorme, aunque otros nos conformábamos con el paso del monopolio al duopolio que permitiera que se colaran algunas rarezas.

En este año algunas firmas que sólo aparecían en medios alternativos (fundamentalmente medios digitales y Diagonal) han tenido un espacio desde el que alcanzar mayor difusión. ¿Alguien espera leer en El País artículos de Fernández Buey, Amador Fernández Savater, Rafael Reig, Javier Ortiz,…? Incluso parece que El País ha tenido que reaccionar incorporando la columna de Almudena Grandes y la de Enric González: desde que murieron Haro Tecglen y Vázquez Montalbán encontrar puntos de vista diferentes en El País sólo sucedía cuando Vargas Llosa se ponía reaccionario. Bienvenida sea la novedad.

Se ha incorporado la frescura de algunos periodistas que alguno conocía sólo (o principalmente) por sus blogs como los propios Nacho Escolar, Manuel Rico y  Javier Ortiz; y hemos descubierto a Wyoming como columnista, del que esperaba mucho menos.

Público no es un diario de la izquierda alternativa. Ni mucho menos de Izquierda Unida. Público es un diario que podríamos situar en el lado izquierdo del PSOE. Ocurre que los lectores que antes sólo frecuentábamos El País veíamos en él un monolitismo ideológico entre cuyos márgenes apenas cabía nada que se alejase de las doctrinas de Javier Pradera. Público no es un diario de la izquierda alternativa, pero en él tiene cabida la izquierda alternativa: a través de los autores que he citado pero también del enfoque dado a algunos temas como la cultura libre, por ejemplo. Y por primera vez en los últimos años un diario con sede en Madrid cuenta lo que sucede en América Latina sin defender como neutrales puntos de vista de extrema derecha.

Mucho menos es un diario afín a Izquierda Unida. No tendría por qué serlo. Sin embargo sí se entrega con un exceso sorprendente al bipartidismo. No recuerdo la última noticia que han dado sobre Izquierda Unida. Y mucho menos la última que no sea sobre la situación interna de IU. ¿Es que no tiene interés, por ejemplo, la posición ante la crisis económica de la única fuerza política que denunció que el modelo de crecimiento de estos años era insostenible? En cambio sí es de reconocer que sólo en Público ha tenido ocasión de manifestarse una pluralidad de dirigentes de IU que han podido difundir en sus páginas algunos artículos y, mientras El País echaba mierda sobre algún compañero, Público dio cabida a un punto de vista que simplemente no hubiera existido hace un año y un día.

Las portadas de Público han mejorado mucho. Desde aquellas que hacían pensar en un diario meramente amarillo hemos pasado a unas que siguen siendo vistosas pero que sí anuncian contenidos informativos. Se hecha de menos más contenido: sus secciones de Mundo y de Política a menudo se quedan cortas y sería deseable una sección local (de Madrid, en mi caso). Supongo que es a lo que hay que renunciar a cambio de que cueste medio euro. Yo pagaría gustoso un euro entero si con ello mejorara el diario, pero  los contables y directores de marketing parece que mandan. También han ido incorporando gente y formatos nuevos y buenos: la carta con respuesta y la papelera de reciclaje de Rafael Reig son ya géneros periodísticos propios; y la incorporación reciente de Javier Vizcaíno es una delicia para la izquierda morbosa, entre la que me encuentro.

Como es lógico Público no es el periódico del que emanan mis puntos de vista, pero sí que se ha convertido en un notabilísimo avance para una izquierda que andaba huérfana de diarios en los que buscar puntos de vista afines. Aunque, por supuesto, quien quiera información de referencia de izquierda tendrá que seguir buscando medios digitales.