Blog de Hugo Martínez Abarca

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Que alguien les informe de que Zaplana está en la calle

Durante algunos meses varios dirigentes del PP hablaron de Zaplana. Nos dijeron que era una persona gravemente enferma y que si seguía en la cárcel moriría pronto. No tengo ni idea de si es así, pero sí sé que prefiero un criminal en la calle al ensañamiento con cualquier ser humano en la cárcel. No voy a hacer como hizo el PP (político-mediático) con Bolinaga cuando salió de la cárcel y periódicamente preguntaban por qué no se había muerto ya, como negando que fuera verdad su enfermedad, hasta que de hecho murió.

Llama la atención que hayan dejado de hablar de Zaplana. Ya no hay razones humanitarias, está en la calle cuidándose y, ojalá, curándose. Pero cada día tenemos una nueva noticia que evidencia que el portavoz del Gobierno de Aznar, portavoz del Grupo Parlamentario Popular con Rajoy y Presidente de la Generalitat Valenciana con el PP, Eduardo Zaplana, robó a manos llenas. La mansión en el barrio de Puerta de Hierro, la vida de lujo de sus hijas supuestamente mileuristas, las cuentas en Suiza, en Curaçao, la confesión de un testaferro uruguayo que habla de millones de euros…

Nadie del PP ha dicho ni mu. Todo lo más, estos días han hecho un amable homenaje a Zaplana y Acebes (otro corrupto) recuperando sus mentiras sobre el 11M y el desprecio a las víctimas del atentado terrorista.

Muchos pedimos la libertad de Zaplana: lo hicimos por humanidad. Ojalá se hubieran descubierto sus delitos antes; no debía de ser muy difícil puesto que hay al menos un libro (Zaplana, el brazo incorrupto del PP; de Alfredo Grimaldos) que hace más de diez años contó su currículo de fechorías desde que ganó la alcaldía de Benidorm gracias a un tránsfuga y al apoyo de la familia Barceló, su familia política. Zaplana fue un corrupto durante toda su carrera política y toda España lo sabía, aunque se haya tardado tanto en probar sus entramados concretos: muy especialmente lo sabían quienes lo nombraban y quienes lo aplaudían. Ojalá lo hubieran pillado antes para juzgarlo, apartarlo de la política y que hubiera cumplido su condena. Ojalá ahora se cure para que pueda ser juzgado y cumplir una condena justa.

Pablo Casado, Aznar… el Partido Popular en su conjunto pidieron la excarcelación a Zaplana. Pero ellos no lo hicieron por humanidad. Pedían su libertad por la misma razón que lo nombraron y aplaudieron: porque es uno de sus corruptos, un corrupto ejemplar, de los de las esencias del PP.

¿Alguien recuerda un solo dirigente del PP pidiendo que se excarcele a un preso gravemente enfermo que no fuera del PP? Más bien al revés, cuando otros lo hemos hecho nos han acusado de complicidad con los delitos del preso. Son precisamente quienes con unos presos son implacables y con otros, con los suyos, muestran tanta compasión quienes demuestran que la diferencia que les solidarizó con éste preso es que lo consideran uno de los suyos, independientemente de lo que haya robado.

Una vez en la calle, si en el PP molestara que se usara su partido para robar, estarían escandalizados al ver lo que Zaplana hizo desde los cargos que el PP le daba, para qué usaba los nombramientos de Aznar y Rajoy, los aplausos de Casado… Pero no les escandaliza. No dicen nada. No les sorprende, les debe de parecer lo normal. Al menos hay que reconocerles la ausencia de hipocresía.

Muerte, infamia y dignidad: quince años del 11M

Hace quince años se pararon 192 vidas y se paró la democracia española. Unos criminales pensaron que la mejor forma de responder a la guerra de Aznar era asesinar a personas inocentes. Daba igual que muchas de esas personas hubieran mostrado su rechazo a aquella guerra ni que hubiera sido infame el crimen aún si todos los españoles hubieran apoyado los bombardeos de las Azores: el fanatismo criminal no entiende de matices ni de derechos humanos y asesinó el 11 de marzo en Madrid.

El 11 de marzo sacó lo mejor de las personas buenas y lo peor de las personas indecentes. Recuerdo la cola de gente en Conde de Casal para donar sangre hasta que pidieron que se volviera otro día, que ya había suficiente, los taxis trasladando a gente gratis, los voluntarios en Ifema, ayudando a familiares… Pero también a Acebes, Zaplana, Aznar y Rajoy y a sus títeres mediáticos mintiendo porque les importaban más sus votos que los muertos, preferían sus mentiras a la democracia.

Durante años hubo sinvergüenzas que se forraron con sus mentiras sobre el 11M, mentiras que sabían falsas, canallas que se meaban en la memoria de las víctimas usando su imagen contra la expresa voluntad de sus familiares. Acebes consiguió dinero negro de la caja B del PP, la de Bárcenas, para financiar Libertad Digital, la empresa de Federico Jiménez Losantos para que difundiera la mentira, en algunos casos intentando así la impunidad de algunos terroristas.

Apareció en España la figura luminosa de Pilar Manjón, madre de un joven asesinado y mujer cuya dignidad le costó muy cara. Tenía que ir con escolta no por miedo a los terroristas que habían asesinado a su hijo sino por la ira violenta fomentada por los mentirosos, por esa época ruín y oscura a la que llaman, orgullosos, las esencias del PP. Con Pilar Manjón estaban muchas víctimas dignas y honradas a las que Esperanza Aguirre marginaba e insultaba, contra las que su Telemadrid financiaba propaganda que había quedado «ideológicamente bien«.

España no ha sido vengativa con los terroristas, algunos de los cuales siguen cumpliendo la condena legal, y ha sido muy generosa con los mentirosos del 11M evitando recordarles continuamente su infamia manchada de muerte. Sería una gran noticia que quienes reivindican el legado aznarista hoy lamentaran la podredumbre moral con la que respondieron al 11M. Como no pasará, esperamos al menos que no aprovechen para volver a retozar en el lodazal, como ya ha empezado a hacer Vox. Veremos.

Amenazar al Estado con tirar de la manta

Ayer confesó el chófer de Bárcenas. Contó que el Ministerio del Interior, a través de la policía española, le había sobornado para que obtuviera pruebas de delitos. Para destruirlas. El Gobierno español había usado dinero del Estado y estructuras policiales para cometer un delito que evitara la investigación de otros. El PP gobernó como quien dirige una mafia. Y no nos escandaliza: lo tenemos tan normalizado que nadie llama golpista (pese a la facilidad con la que usamos ese adjetivo) a quienes desde el Estado invirtieron la función del Estado, a quienes pusieron a la policía y los fondos reservados al servicio del delito y no de su persecución. Todavía no han llamado golpistas a quienes delinquían para adulterar las campañas electorales y luego delinquían para tapar los delitos previos. Más allá de cómo los llamemos: todavía ningún juzgado ha llamado a declarar a Mariano Rajoy y Jorge Fernández Díaz ante la evidencia delictiva, ante el bochorno mafioso.

Hemos normalizado de tal manera la apropiación por mafiosos de nuestras instituciones que entendemos como amenaza y chantaje al Estado que los delincuentes cuenten lo que saben. Una de las últimas apariciones del mafioso público número uno, el comisario Villarejo, fue una carta a Pedro Sánchez en la que amenazaba con contar «datos que deberían permanecer siempre en la penumbra«.

Los datos que hasta ahora hemos sabido por sus grabaciones son la corrupción del rey Juan Carlos, el funcionamiento mafioso del segundo banco español, la conspiración del PP para destruir pruebas criminales (que habrían llevado a la disolución de cualquier otra persona jurídica), la construcción de falsos informes policiales contra la oposición política, la voluntad del Gobierno de destruir hasta la sanidad de una comunidad autónoma por intereses políticos…

En una democracia normal saber esto beneficiaría al Estado porque permitiría depurarlo de quienes se han infiltrado en él para destruirlo y convertirlo en un instrumento antidemocrático y al servicio del crimen. Sin embargo, no paramos de escuchar que lo que hace Villarejo es echar un pulso al Estado, una amenaza al sistema: no a las personas y organizaciones que lo han destrozado sino al Estado.

Que tire de la manta Villarejo, que lo haga Bárcenas, que no se calle nada ningún delincuente. O mejor, que un juez entre en sus casas, en sus cajas fuertes, donde quiera que puedan guardar dossieres, grabaciones y pen drives, que no puedan administrar a su capricho informaciones que permitan mantenerse en la vida pública a delincuentes que han arrasado el funcionamiento democrático.

El chantaje al Estado no es publicar esa información. Con lo que amenazan a la democracia es con no publicarla y que todo siga igual.

¿Rajoy pena de banquillo?

La mejor defensa que ha tenido Rajoy para evitar que declare como testigo es la del fiscal, que ha dicho que su declaración es prescindible porque ya está acreditadísima la financiación ilegal del Partido Popular y el testimonio de Rajoy no podría ni desmentirla ni probar más lo que ya está sobradamente probado. Que no hace falta que Rajoy nos cuente que está el frente de una organización ladrona y tramposa porque ya lo sabemos: esa es la defensa que tiene Rajoy, actual presidente del Gobierno de España gracias a lo que PSOE y Ciudadanos llaman «responsabilidad».

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El final abierto del traje nuevo del emperador

El gobierno de Rajoy, más rajoyista que nunca, del que incluso ha expulsado al único ministro que parecía tener criterio propio (ni mejor ni peor, pero al menos propio), que era Margallo, me ha recordado una discusión que tengo frecuentemente con uno de los mejores cuentos infantiles que nos han contado a todos: el del traje nuevo del emperador.

 

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El colapso

No parece muy arriesgado dar por hecho que el día de hoy concluirá sin un candidato a la presidencia del gobierno que tenga garantizada su investidura. Los planes de Rajoy de ser investido la semana que viene ya no tienen sentido. Su amenaza, filtrada a varios medios, según la cual o esos planes se cumplían o provocaría terceras elecciones han pasado al olvido.

El contraste entre el resultado del 26J y lo que esperábamos nos hizo interiorizar que la profunda crisis política («crisis de régimen») que llevábamos tiempo diagnosticando o no era tan profunda o al menos estaba en vías de solucionarse sin los importantes cambios políticos y sociales que eran deseables. Hoy podemos constatar que no es del todo así, que más bien ocurre que pensábamos que lo viejo sí se estaba muriendo ya, que lo nuevo sí estaba ya naciendo y que lo único que nos dijo el 26J es que no había condiciones para el parto de lo nuevo. Pero lo viejo agoniza y de qué manera.

Que no hubiera gobierno tras el 20D ya fue una disfunción absoluta. Lo ordenado habría sido un gobierno de continuidad (uno infame presidido por Rajoy o el más aseadito de Pedro Sánchez con el programa de Ciudadanos que intentaron) que hoy estuviera aplicando ya los 10.000 millones de recortes que dicta Bruselas y los al menos 5.000 añadidos que tocarán para el año que viene. Lo ordenado habría sido que en plena crisis territorial España tuviera un gobierno regular que mantuviera la estabilidad sin arriesgarse a que apareciera la cloaca de Interior en una campaña electoral. Lo ordenado, desde luego, no era someterse al riesgo de que unas nuevas elecciones podrían haber traído un gobierno liderado por Unidos Podemos o que, como mínimo, hicieran añicos el sistema de partidos. Lo ordenado no les salió y desde luego no fue por un maléfico plan de El Poder (que contara con adelantos electorales distintos a los que tenía todo el mundo) sino porque los resortes del orden continuista fracasaron.

Tras el 26J el camino ordenado parecía despejado tanto por la terquedad y el hastío del electorado (que hacen suponer que tantas veces como sea convocado dejará un puzzle parecido) como por la urgencia con la que nos tienen que asestar los recortes vitales que conllevarán esos 15.000 millones de euros. Que Rajoy pusiera una ministra al frente del Congreso cuando ya perdió a Soria y no tiene capacidad de nombrar nuevos ministros evidencia que ese plan de lograr una investidura en breve era sincero.

Pero de nuevo fracasan. No ayuda, desde luego, que el PP tenga cada día un escándalo mayor, cualquiera de los cuales conduciría a una asociación ordinaria a la disolución: no ponen fácil que les dé el gobierno nadie que pretenda volver a pedir el voto a ciudadanos mínimamente escrupulosos. El parche Ciudadanos a duras penas se mantiene en juego pero desde la irrelevancia real. Su concurso es meramente estético pues si pasa de la abstención al sí hará más sencilla la rendición del PSOE, pero nada más: la utilidad de Ciudadanos ha sido mantener a los partidos más corruptos en el poder autonómico, recoger una parte de la sangría de votos del PP y del PSOE para evitar que cayera en malos lugares y esperar que cuando suceda la upeydización esos votos vuelvan a casa.

El PP y Ciudadanos no están funcionando bien, pero el colapso real del continuismo está en otro lado. El PSOE sufre una parálisis absoluta. Más pendiente de su crisis interna, de su inminente Congreso y de la batalla por mandar a Sánchez a la Historia, nadie del PSOE (salvo quienes ya están fuera del juego) puede impulsar la vía de orden: dar el gobierno a Rajoy y su partido procesado.

El otro motivo del colapso es que tres de las cuatro mayores fuerzas políticas habían decidido proscribir todo diálogo con el artista antes conocido como CDC y ERC, lo cual obligaba a conseguir 175 diputados sobre 350 pero excluyendo a 17 de los posibles 175. Felizmente la falta de escrúpulos del PP, Ciudadanos y CDC han roto este bloqueo: el único avance de todos estos meses es que ya se puede hablar con ellos sin ser un rompeEspañas.

Sólo hay tres alternativas y las consecuencias de dos de ellas son un previsible desastre. Las terceras elecciones serían un disparate y la permanencia en el gobierno del partido procesado, estructuralmente corrupto y que nos ha asestado tantos recortes sociales y democráticos en tan poco tiempo sería un suicidio para el país. Queda la posibilidad de un gobierno liderado por el PSOE que sería más precario por su situación orgánica como partido que por los apoyos parlamentarios que podría tener para la investidura y al que las exigencias de los otros partidos para poder sacar adelante leyes y presupuestos ayudarían a no ser el PSOE rendido a poderes ilegítimos que tantas veces hemos sufrido.

No sería una gran noticia un gobierno del PSOE ni de Pedro Sánchez: intentamos un gobierno de cambio real, que apostara valiente y sinceramente por la democracia, sin más ataduras la soberanía popular y el cumplimiento efectivo de todos los derechos humanos. Pero más allá de las razonables aspiraciones,  las cartas que se repartieron el 26J dan sólo esas tres opciones. Falta que, tras el fracaso reincidente de Rajoy hoy, Pedro Sánchez tenga el coraje, esta vez sincero, de intentar apoyarse en la mayoría parlamentaria que quiere mejorar este país.

No atreverse sería entregar a nuestro país a opciones desastrosas y evitables, sería traicionar a nuestro país. Lo nuevo no ha acabado de nacer, pero hay que ir enterrando lo más putrefacto de lo viejo  para evitar que surjan monstruos. Y para eso sí tenemos cartas.

Ciudadanos-PSOE: La agotada escena del poli bueno y el poli malo (artículo en Cuarto Poder)

A la salida de la reunión a tres, José Manuel Villegas, en nombre de Ciudadanos, explicó la situación: “Con las actuales propuestas de Podemos, un acuerdo es inviable e imposible a día de hoy. Vamos a llamar a Podemos a rectificar y la única posibilidad es que apoyen el pacto de PSOE y Ciudadanos porque creemos que mejora la vida de los españoles”. Por el PSOE comparecía Antonio Hernando y confirmaba que el pacto PSOE y Ciudadanos seguía vigente. El PSOE proponía un acuerdo a tres siempre de la mano de quien acababa de dejar claro que el acuerdo a tres era imposible.

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El tablero y el terremoto

Desde hace mucho (al menos desde el 15M) España vive un terremoto. Los edificios más altos, los más feos, los edificios del poder… parecían no caer lo cual ayudaba a quienes no querían que cayeran a negar la evidencia: ¿ves? ¡No hay terremoto ninguno! Lo había pero los edificios más sólidos no caen solos mientras miramos: había que empujar, salir en pleno terremoto a jugársela y empujar su caída.

En medio del terremoto había jugadores de ajedrez. Andaban sujetando el tablero como podían, durante una turbulencia creciente, intentando evitar que se movieran las piezas más importantes e intentar jugar como si nada para sacar el provecho que se pudiera del terremoto pero sin interrumpir la partida: con las mismas piezas, con las mismas posiciones, las tácticas, las salidas, los ataques, las defensas (sobre todo las defensas) de tantos años… sujetando el tablero por un lado mientras el rival lo sujeta por el otro para, entre los dos, evitar que el terremoto obligue a jugar de otra forma o incluso a otra cosa. La partida debía continuar, la misma partida que cuando no había terremoto e interrumpir la partida era aventurerismo, adanismo y mil adjetivos que se nos fueran ocurriendo: todos para demostrar que había quien sabía de qué iba el juego y quien no tenía ni idea; y si alguien tenía idea y jugaba a cambiarlo podía ser desde un oportunista a un fascista pasando, cómo no, por un traidor. Siempre un jugador sin principios ni valores.

El 15M fue el primer paso para arrebatar el tablero. El 15M y el entorno del 15M (Juventud Sin Futuro, las PAH, los rodea el congreso, las asambleas de barrio, los laboratorios de ideas, las actividades de centros sociales, proyectos de comunicación) vinieron a trabajar en el terremoto sin competir con esos jugadores que sostenían un tablero sino al margen de ellos, echando cimientos. Pero ya entonces fueron criticados por no hablar como esos jugadores de ajedrez y (¡qué temeridad!) por no intentar ganar esa partida.

El principal valor de Podemos no ha sido saber jugar, pensar tácticas nuevas, nuevas jugadas… Ni siquiera tener una brillantez táctica que hace salir exitosamente de encerronas infernales. El principal valor de Podemos es, además de saber pensar las jugadas, atreverse a hacerlas, atreverse a tirar el tablero al suelo una y otra vez cada vez que la partida obligara a ser defensivos o a comerse un par de peones o incluso un alfil cuando todos sabemos que al ajedrez se gana comiéndote el rey del poder y lo demás son cuentos más o menos vistosos. No han caído pocos de esos edificios que pensábamos eternos desde que estos chicos empezaron a jugar.

En medio de los terremotos si uno no se esconde, da saltos que nunca pensaba hacer e incluso anunció que nunca haría: no saltos que vulneren principio alguno sino movimientos que serían impensables… si jugáramos a mantener esa partida en pie con los movimientos por inercia de siempre. Todos atesoramos una colección de jugadas de ese tipo porque estamos jugando en serio, en un terremoto en serio, para cambiar el país en serio. La avestruz cuando mete la cabeza en el agujero se garantiza que nadie le podrá criticar por no hacer exactamente lo que se preveía y si se la zampa un león habrá sido porque el león es muy mala gente.

Ayer Pablo Iglesias volvió a tirar el tablero al suelo. Desde el 20D ha habido múltiples ruedas de prensa de distintos partidos hablando de buscar un gobierno de cambio, de progreso, de izquierdas, alternativo… cada uno con sus adjetivos pero ninguno con sustancia. La diferencia fue que ayer Pablo Iglesias puso sobre la mesa una propuesta en serio: la parte importante para un hipotético gobierno fueron los contenidos políticos que anunció, empezando por la respuesta inmediata a las emergencias sociales y llegando a la ley electoral; la parte importante para volver a tirar al suelo el tablero y repartir fichas fue su tangibilidad: una propuesta con un diseño, una exigencia de compromisos incluso personales con el potencial gobierno, la propia puesta sobre la mesa de nombres (aunque fueran evidentes) y la llamada a contar con los partidos en proporción a sus votos. Fue una propuesta que se podía tocar y era la primera propuesta de ese tipo que hace líder alguno salvo la abstención masiva para que gobernaran Rajoy y su partido imputado por destruir pruebas de sus robos que propuso Albert Rivera

Si Pablo Iglesias sólo hubiera anunciado que quiere negociar con Pedro Sánchez, sin más, no habría pasado del movimiento de un peón sin mayor peso, uno más acaso significativo pero con más aspecto de rendición de Podemos que de ninguna otra cosa. Si Pablo Iglesias hubiera pedido un gobierno sobre las mismas líneas políticas que anunció le habrían criticado por pedir algo imposible, una impostura, no nos quepa duda. Si Pablo Iglesias no hubiera definido líneas políticas sino sólo propuesto un gobierno en el que él fuera vicepresidente y alguna otra persona obtuviera un ministerio de relumbrón los jugadores de la partida eterna habrían visto los cielos abiertos al permitir incorporar a la partida a quien parecía amenazar su juego: así lo hicieron siempre, nunca fue complicado negociar cargos, lo difícil fue cambiar el juego. Si Pablo Iglesias hubiera comunicado antes de esa rueda de prensa la propuesta que iba a hacer la maquinaria del poder habría estado haciendo la propaganda (un poco menos ridícula que la de estos días) y diseñando estrategias para responder. Ayer quienes se empeñan en que se siga jugando a lo de siempre sólo pudieron responder primero con sus insultos habituales (de diestra y de siniestra) y luego con los regates en corto que se pudiera incluida la renuncia de Rajoy.

El golpe sobre la mesa de ayer de Pablo Iglesias y la dirección de Podemos es probablemente el movimiento político más audaz e inteligente en mucho tiempo. Por supuesto abre riesgos: de eso se trata, jugar sin arriesgar ya sabíamos y siempre ganaban las blancas. Pueden suceder dos cosas: que el PSOE se vea obligado a buscar un gobierno como el propuesto por Podemos, en cuyo caso se transformarán buena parte de los cimientos del país (incluido el propio PSOE incluso en el caso de que pudiera dar ese paso sin romperse) o el PSOE se entregue una vez más (y probablemente la última) a los mandatos del poder y se niegue a un gobierno de cambio posible o incluso enjuague un gobierno conservador. Esto sería, sin duda, tras el golpe sobre la mesa de ayer, la tumba del PSOE, generando una polarización nítida entre PP y Podemos, entre saqueo inmovilista y cambio democrático: una virtud del gesto de ayer es que el PSOE ya no podrá entregar el país a los poderosos haciendo como que no tiene otra alternativa. La tiene, la estamos tocando con los dedos.

No sabemos cómo acabará la partida: pero no podremos arrepentirnos de no haber puesto toda la audacia en que de este terremoto salgamos con edificios más decentes, más justos, más populares. El país, de hecho, está cambiando desde hace tiempo: que nadie se ponga una venda en los ojos, que así sólo saben jugar las avestruces. Y queda mucha partida.

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