Blog de Hugo Martínez Abarca

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La España jeta

Uno de los mantras más usados por nuestra derecha política y mediática es que representan a la España que madruga. Vendrían a sostener el mito de que la derecha defiende a las personas que trabajan y cuyo esfuerzo es usurpado mediante impuestos mientras la izquierda defiende a quienes viven de la subvención, de gorra, de lo público. La idea es baturra y parte de considerar un chollo los (aún insuficientes) derechos que conquistaron nuestros padres y abuelos y por los que además pagamos mientras trabajamos… pero la repiten tanto que casi diría que se la creen.

La ventaja de la hornada de delfines de Esperanza Aguirre (singularmente Pablo Casado y Santiago Abascal) es que ilustra sin matices que estamos precisamente ante lo contrario, ante una pequeña corte de sinvergüenzas y jetas que llevan toda la vida trampeando y obteniendo gigantescos sueldos públicos y títulos universitarios sin pegar un palo al agua.

El currículo de Pablo Casado es evidente. Mientras insultaba a los familiares de víctimas del genocidio español, le regalaban una licenciatura de Derecho que nunca estudió. Pablo Casado compatibilizó su escaño en la Asamblea de Madrid con sacarse la mitad de la licenciatura en cuatro meses. Lo cual quiere decir que cobraba su sueldo de diputado pese a que no hacía absolutamente nada o que le regalaron la carrera o las dos cosas. Releyendo estos días los autos judiciales del caso Máster resulta absolutamente evidente que Pablo Casado no hizo absolutamente nada más que dejarse regalar el título universitario que otros obtenían con esfuerzo. Qué lástima que el PSOE impidiera retratar a este jeta. No se conoce actividad decente de Pablo Casado: ni laboral, ni política; ni intelectual, ni académica. Lo más eficaz que ha hecho Casado es hacer de intermediario entre Gadafi y Aznar para que el criminal de las Azores cobrara comisiones del dictador libio.

Santiago Abascal no anda a la zaga de Pablo Casado como jeta mayúsculo. Esperanza Aguirre creó para él carguetes sin ninguna actividad y siempre le ponía un sueldo superior al del Presidente del Gobierno: siempre el mismo, 93.855 euros al año. Primero en una Agencia de Protección de Datos autonómica, que era tan inútil que cerró nada más salir Abascal. Después en una Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social, en la que Abascal no hizo absolutamente nada, no se conoce actividad ni cuentas; y de nuevo, tras Abascal, cerró: porque los chiringuitos no tenían ninguna utilidad más que ponerle el enorme sueldo al jeta de Abascal. En ambos cargos Esperanza Aguirre hizo lo mismo: cambiar el sueldo del cargo justo para que Abascal cobrara la misma cantidad, al céntimo, en los dos puestos fantasma: 93.855 euros, la tarifa plana de Santiago Abascal por no hacer absolutamente nada mientras pagábamos los madrileños.

Son los dos ejemplos más notables de la España jeta, la España parásita, la España que hace creer que las instituciones están llenas de sinvergüenzas que no hacen nada cuando son sólo un puñado, pero muy mimados por nuestros tristes partidos de derechas: dos de los más evidente lideran sendos partidos cuya acción de gobierno podemos suponer coherente con la trayectoria de sus líderes: vivir como dios a costa de los españoles que trabajan y pagan impuestos mientras les recortan derechos sociales porque eso y no sus sueldos y títulos son privilegios.

Efectivamente hay una España que madruga, infinitamente mayoritaria. Y efectivamente esa España que madruga está amamantando a una corte de sinvergüenzas que se atreven a cacarear en nombre de España en vez de callar para que no les pillen. Hay millones de trabajadores, autónomos, pensionistas, parados, estudiantes… a los que les cuesta infinito trabajo sacar adelante sus vidas mientras esta caterva de estafadores se lo lleva crudo.

La España que madruga merecería gobernarse con gente que en vez de gritar trabaja, que en vez de mentir investiga, estudia, propone. Que dejen de gritar estos jetas y hagan algo decente por una vez en su vida: aunque sea callarse.

Las memorias de España

No es cierto que la derecha autoritaria española no reivindique la memoria historia, que no mire atrás, que no se ocupe del pasado. Lo que no reivindica nuestra derecha más dura es una memoria democrática.

Ayer publicó el diario El Mundo un artículo de Rosa Díez (ex consejera del gobierno vasco con Ardanza -PNV-, ex eurodiputada del PSOE con Zapatero y ex portavoz de UPyD consigo misma) llamando a un alzamiento nacional (para defender la democracia, por supuesto, como todos los golpes de Estado) y para ello invocó los años 30: «Lo que ocurre en España se parece mucho a lo que se vivió en los años 30 del siglo pasado cuando la unión del radicalismo de izquierdas y los nacionalistas provocaron la destrucción del orden constitucional, la República.». En la memoria histórica que ha construido Rosa Díez fueron las izquierdas y los nacionalistas (catalanes y vascos, se entiende) los que provocaron la destrucción del orden constitucional. Ello le sirve para leer el momento presente de España y saber qué hay que hacer. Así que, ayudados por su memoria, tenemos que entender que el alzamiento que propone Rosa Díez para salvar la democracia debe de ser parecido a la operación quirúrgica del 18 de julio de 1936.

Ayer el artículo de Rosa Díez fue una de las cosas más comentadas en las redes sociales pero ninguno de los comentarios afeó que estuviese mirando 80 años atrás, anclada en el pasado, reabriendo heridas que han cicatrizado, que lo que toca es mirar al futuro. No.

Y es normal porque en las últimas semanas la competición en la que andan metidos en esos lares de Dios les ha llevado a ir mucho más atrás de 80 años. El famoso discurso de Pablo Casado sobre la Hispanidad se remonta más de 500 años para narrar una arcadia de la raza, un pasado feliz en el que España descubría un mundo en blanco y negro y lo pintaba de color, de cristianismo, de español y de felicidad. Y más allá, hace tres años, Santiago Abascal, el caudillito de Vox, empezó una gira por España en Covadonga. Vale mucho la pena leer este delirante artículo con el que explicaba por qué Covadonga con la misma lógica memorialística que Rosa Díez: recordar el pasado para saber qué hay que hacer en el presente. Así, en 711 los moros destrozaron España por culpa de los traidores (don Julián) y la cobardía de los políticos españoles (los nobles), pero don Pelayo se levantó entones contra el multiculturalismo como ahora el propio Santi, Santi, Santi Abascal. De una forma menos histriónica, esa misma memoria es a la que apela la monarquía actual cuando Felipe VI elige también Covadonga como primer acto público de la Princesa de Asturias, el mismo sitio en el que Juan Carlos I le dio la cruz de la victoria a Felipe cuarenta años antes: y como la virgen de Covadonga a don Pelayo a finales del siglo VIII.

La memoria construye país. No hay país sin memoria. Mirar al pasado, recordar hitos, homenajear héroes, señalar crímenes, traiciones y catástrofes es un acto imprescindible para construir futuro, para explicar en qué país está uno pensando: todo el mundo lo hace, no hay identidad política ni nacional sin memoria. No nos dicen que no miremos al pasado: lo que nos dicen es que no pensemos en democracia cuando miramos al futuro.