Blog de Hugo Martínez Abarca

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No se preocupe por nuestra transversalidad, gracias

Desde que apareció Podemos ha habido varios intentos de acabar con su empuje. Algunos salidos de las cloacas de forma demasiado obscena como para deteriorar a Podemos de verdad. Otros son menos agresivos pero quizás más peligrosos porque no busca convencer sino desanimar. El más constante hasta ahora fue el de dar por muerto a Podemos: hasta aquí muy bien, pero ya están perdiendo fuelle, se acabó la gracia, su gente está desanimada. Si hace un año ya íbamos por las mil muertes de Podemos es imposible saber cuántas debemos de llevar ya entre crecimiento electoral y crecimiento electoral.

Obviamente quien intente difundir ese estado de derrota hoy lo tiene crudo. Es imposible ocultar el estado de euforia que ha generado la unidad de acción de fuerzas del cambio y que hoy somos la clara alternativa al PP. Acaso en unas semanas nos ilustren con encuestas que tratan de decirnos que eso fue flor de un día pero hoy tienen realmente difícil deprimir al personal diciéndole que ya nadie va a votar Unidos Podemos y que lo mejor es resignarse, votar al PSOE y que consigan el acuerdo que sea con Ciudadanos si sirve para echar a Rajoy.

Así que lo que están intentando es contarnos lo políticamente divididos que estamos: dividen el espacio del cambio entre buenos y malos y oponen radicales y transversales: los apocalípticos y los integrados de hace tanto tiempo mostrando que no han entendido nada. Ahora nos cuentan una supuesta división por las nuevas incorporaciones y los acuerdos recientes que harían situar el cambio en el identitarismo de izquierda de siempre, perdiendo la transversalidad. Nos lo ilustran en editoriales, en supuestos artículos enterados que nos cuentan cómo andan nuestras entrañas o haciendo extraños titulares de entrevistas que pretenden enfrentar a personas por el simple dato de no conocerse en persona.

Quienes pretendan hacer de la apuesta por la transversalidad un sinónimo del centrismo se han saltado algunas clases. Lo que muchos venimos aprendiendo es que con la geografía del bipartidismo no teníamos nada que hacer y que durante demasiado tiempo ha servido para engañar a mucha gente. Hemos aprendido que tenemos que contar con mucha gente que se siente de derechas por ser cristiana, por ejemplo, o por la apropiación de nuestra derecha  de España o simplemente por tradición familiar pero que se identifica mucho más con el sufrimiento de la gente común que con esa élite que ha saqueado el país con sus cuentas en Panamá y sus sobornos de constructores. También, claro, con toda esa gente que sentía que esa identificación con la gente común era ser de izquierdas y que eso llevaba a veces a votar a los partidos que se reivindicaban de izquierdas aunque luego se entregaran con impotencia a los de Panamá, a los dictados del IBEX o a las órdenes más sociópatas de Bruselas. Y contar con ellos significa tomar conciencia de que somos lo mismo, que no estamos aquí para pasar facturas ni exámenes ideológicos sino para que dejen de robarnos el país a todos.

La transversalidad es incluyente y no tiene nada que ver con dejar de incorporar a gente que defiende los derechos del 99% de la población venga de donde venga o se identifique donde se identifique en esa geografía que secuestraron. Nadie sobra por sentirse de izquierdas, faltaría más: lo que hemos aprendido es que tampoco nos sobra nadie por sentirse de derechas o por sentirse de centro o por no sentirse nada de eso… que nos han prostituido demasiado el juego como para que el sujeto que construya el nuevo país no trace esas fronteras sino unas fronteras materiales entre los que han mandado y los que hemos sido saqueados. Se trata de estar unidos quienes buscamos más democracia, más soberanía y no aceptamos excusas para no tener garantizados todos nuestros derechos humanos. Durante muchos años yo a eso le he llamado izquierda pero me parece perfecto que otros no lo hayan llamado así. Quienes se encuentren ahí no tienen por qué enseñar certificados de pedigree ideológicos; ni tampoco certificados de ausencia de pedigree. Simplemente el momento histórico no va de eso.

No se preocupen por nuestra división entre buenos y malos, entre radicales y transversales, entre populistas y gente de orden o entre populistas y comunistas (que todo tipo de divisiones hacen, tan desorientados andan). No tenemos apocalípticos ni integrados, mala suerte. Nos dieron por muertos mil veces, y por divididos quinientas. Nunca ha habido tanta unidad, tanta cohesión y tanta ilusión por un cambio real que cada vez se ve más cerca. 

Preocúpense mejor de por qué sus cuentos y sus campañitas de la resignación y el miedo ya no tienen ningún efecto. Quizás si empiezan a entender eso irán comprendiendo a nuestro pueblo.

Confluencia y transversalidad

Desde que hace unas semanas se empezó a ver como posible un acuerdo electoral entre Podemos e Izquierda Unida para acudir juntos a las elecciones de 26J surgió un debate sobre si esa suma añadía votos o no. El famoso 5+1 no tiene por qué ser 6: en política, y más en política electoral, juegan muchísimos factores, que pueden hacer que una suma reste o que multiplique.

En este caso hay bastantes razones de tipo coyuntural para pensar que el acuerdo suma más que 5+1 y sobre todo más que 69+2 (factores como la ley electoral, el voto útil, el caballo ganador o el mero valor emocional de la imagen de unidad frente a la de división). Sin embargo el posible factor de resta es estratégico y es uno de los hallazgos políticos que han permitido construir Podemos de forma pensada y que permitió el éxito del 15M de una forma más o menos espontánea: la búsqueda de una transversalidad popular mediante la huida de la eje «izquierda-derecha» tras constatar que ese imaginario había sido secuestrado por el bipartidismo y que su asunción condenaba a la marginalidad (al margen) a cualquier proyecto emancipador. Huir de la retórica «izquierda-dereecha» es la mejor manera de avanzar en la dialéctica  para la que supuestamente servía esa retórica. Parecería intuitivamente claro que el encuetro con Izquierda Unida reubicaría el eje de enfrentamiento en «izquierda Vs derecha» y que IU izquierdiza a Podemos.

Existirían, pues, una perspectiva a corto plazo para la que la unidad de fuerzas del cambio sería sin duda ventajosa pero una importante dificultad estratégica para el proyecto a medio o largo plazo.

De cara a las elecciones del 26 de junio existen posibilidades reales de ganar las elecciones. Pero como mínimo lo que está al alcance de nuestra mano es dinamitar el sistema de partidos turnista, el bipartidismo para conquistar un nuevo sistema de partidos que sí sea capaz de disputar el poder político a las élites.

Según el estudio postelectoral del CIS hay muy pocos votantes de Podemos que se negarían a votar a Izquierda Unida. Sí hay algunos pocos (uno de cada cinco, más o menos) votantes de IU que dicen que en ningún caso votarían a Podemos. Eso, de confirmarse el supuesto más pesimista, haría perder en las urnas muchos menos votos con un acuerdo electoral que en la mera conversión de los votos en escaños sin ese acuerdo.

Sin embargo, la batalla crucial del 26J, la que puede cambiar el país, no está en esa suma sino en la disputa electoral entre Podemos y PSOE como instrumento más eficaz para acabar con el gobierno del PP y sus políticas.

El 20D se demostró que, pese a los augurios, Podemos estuvo a un puñado de votos de ser la segunda fuerza más votada y por tanto la llamada a encabezar una alternativa real a un gobierno del PP. Aunque sólo fuera por esa imposibilidad actual de la llamada al «voto útil» del PSOE estaríamos en unas condiciones absolutamente nuevas. El reto el 26J tiene que ser convencer al menos a medio millón de votantes del PSOE de que su voto es mucho más útil en Podemos que en el PSOE: la gestión cobarde y estéril del resultado del 20D hecha por la dirección del PSOE ayudará sin duda. Si ese medio millón de votos cambia las condiciones políticas del país serán absolutamente diferentes.

Esta batalla es en la que es determinante la famosa transversalidad. Y aquí es donde salta la paradoja.

Según este último CIS, aproximadamente el 60% de los votantes del PSOE sitúa a su partido en el 3-4 en una escala del 1 al 10 (1 sería extrema izquierda y 10 extrema derecha). Esos mismos votantes sitúan a Podemos en el 1-2 y más en el 1 que en el 2:

podemos para psoe

Ubicación de Podemos para los votantes del PSOE en el eje izquierda-derecha

Esto es un desastre obvio, pues tanta distancia hace muy difícil el salto del PSOE a Podemos. Por eso es crucial hacer amable ese salto.

Sin embargo, los votantes del PSOE ven más cercana en el eje izquierda-derecha (menos de extrema izquierda) a Izquierda Unida:

IU para PSOE

Ubicación de IU en el eje izquierda-derecha para los votantes del PSOE

Es decir, contra la posible intuición, Izquierda Unida transversaliza a Podemos para los votantes del PSOE. Y por tanto es posible que una candidatura conjunta de Podemos e IU (y de todos los demás actores de cambio) no sólo sume a casi todos los seis millones de votantes de Podemos y de Izquierda Unida sino que ayude a que un buen puñado de votantes del PSOE den el salto. Eso transformaría definitivamente el mapa de partidos español y, en el peor de los casos (si no sirviera para formar gobierno inmediatamente, que dependería de que el PSOE decidiera suicidarse apoyando al PP o apostar por el cambio al que no se atrevió siendo segunda fuerza) pondría los cimientos para acabar de una vez por todas con el fatalismo que nos dice que no sé puede.

Vale la pena intentarlo.