Blog de Hugo Martínez Abarca

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Pablo Casado: el daño a España del hombre fraude

«Su currículo parece diseñado en un laboratorio«. En 2012 el periodista Luis Gómez explicaba en El País quién era Ángel Carromero, el joven del PP que había saltado a la fama mundial por su accidente de tráfico en Cuba. Y para explicarlo tenía que contar quién era Pablo Casado, que entonces no era una persona muy conocida. «A Casado se le puede considerar un proyecto de joven neocon criado entre Aznar y Esperanza Aguirre. Su currículo parece diseñado en un laboratorio: licenciado en Derecho, con cursos de perfeccionamiento en el IESE, Harvard y Georgetown, trabajó varios años como jefe de gabinete de Aznar, una vez dejó la presidencia del Gobierno, y ahora es diputado. Un neocon de escuela, revestido de liberal. Celebrados son sus discursos donde critica el relativismo moral de los socialistas, Mayo del 68 y sus continuas referencias a los muertos de la guerra. Casado es un asiduo al canal Intereconomía, como él mismo propaga en su Twitter«, decía el artículo que hoy podemos leer con mejores ojos.

Hace unos minutos eldiario.es ha revelado la enésima sospecha sobre el currículo de Casado. En esa sumaria investigación que realizó la Universidad Complutense sobre la licenciatura (no menos sumaria) de Pablo Casado en el centro privado que tiene adscrito, la Universidad Cardenal Cisneros. Según las preguntas de un test que la Complutense dirigió a una profesora (por escrito, para que no se agobiara) la Universidad había encontrado cambios en la nota de la asignatura de la misma profesora que había reconocido que le habían presionado para que ese chico no tuviera problemas académicos. El aprobado en esa asignatura no fue tan sumario como la carrera de Casado y la investigación de la Complutense, sino que llegó con retraso y con una firma que a quien redactara el cuestionario le resultaba distinta a otras de la profesora.

Resulta tan evidente que nadie terminó tan rápido la carrera de Derecho al ir obteniendo cargos políticos tras haber sido incapaz de hacerlo cuando se tenía todo el tiempo del mundo, que casi llama menos la atención esa chapuza que la precariedad de la investigación sobre el título de Casado. Es comprensible que a día de hoy sea complicado probar si Casado hizo el amago de examinarse realmente de alguna asignatura, pero igual se podría pensar algún método de investigación más incisivo que mandar un cuestionario por escrito a los profesores a ver si con la presión alguno confesara haber prevaricado. Obviamente de una investigación así sale que todos los implicados están de acuerdo en que no delinquieron.

Del currículo diseñado en un laboratorio de Pablo Casado hay algunas cosas que resultan casi cómicas: la necesidad de ponerse títulos de Estados Unidos que en realidad eran un fin de semana en Aravaca sólo revelan, supongo, un complejo intelectual tremendo, una titulitis patética y no poco dinero de más para pagarse esas chorradas. Pero la concatenación de fraudes es un ataque mucho más serio a la Universidad del que Casado no sería el único beneficiario: una trama que, para colocar una imagen falsa de gran formación académica de esos neocon de escuela, revestidos de liberales, no dudó en atacar a la Universidad y su prestigio. Y un país cuya universidad no tiene prestigio es un país tremendamente devaluado.

Que Pablo Casado es un fraude andante no lo duda nadie. Quien encuentre un tertuliano, un columnista, un periódico… dispuesto a simular que cree que Casado sí que hizo Derecho como cualquier estudiante que lo haga saber: hasta ahora lo único que han podido hacer es tratar de equiparar su fraude con inventos o naderías ajenas. No sabemos cómo fue la segunda carrera de Casado, Administración y Dirección de Empresas en su querida universidad Rey Juan Carlos. ¿Terminó la carrera convalidando alguna de las asignaturas que traía de Derecho exprés de la Cardenal Cisneros? Ya sabemos que el supuesto máster del Instituto de Derecho Público en la Rey Juan Carlos se hizo en un 80% gracias a convalidaciones anómalas de esos sorprendentes estudios y el resto con trabajos que se niega a enseñar y la Universidad no encuentra. Si uno no cree que Casado fuera repentinamente el genio académico que necesitaba ser para fulminar la carrera de Derecho, el castillo de naipes de Casado se le cae de las manos.

Desgraciadamente las universidades están muchas veces sometidas al chantaje de su financiación. No debe de resultar sencillo para una universidad madrileña ser rigurosa en una investigación a costa de los intereses del partido de gobierno de la Comunidad de Madrid, cuyo consejero de Economía fue vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos en los años de plomo. Tampoco debe de serlo cuestionar la validez de centros privados con los que une una relación económica provechosa. El peor ataque a la autonomía universitaria se da a través de su financiación, un chantaje intolerable que debe ser corregido por el bien del país.

Por ello es urgente una investigación externa, rigurosa, que no sólo nos aclare la trama de los títulos falsos sino que nos ayude a recuperar la Universidad como vértice intelectual y moral del país. No es ya que Casado (como otros compañeros suyos) sea un fraude andante; es que por el camino están arrasando la imagen de España por un lodazal del que será muy difícil levantarnos.

Como sigan investigando a Pedro van a acabar de matar a Pablo

Decía ayer mi buen amigo Jorge Caplan que si él fuera Pedro Sánchez diría «¿Acaso tengo pinta de Premio Nóbel de Economía? Pues eso, mi tesis está flojita«. Pedro Sánchez no es Joseph Stiglitz ni Thomas Piketty ni tiene por qué serlo. Ni siquiera es Manuel Azaña o Pericles, ni tiene por qué serlo. Es Pedro Sánchez, un presidente del Gobierno cuyas tres principales virtudes son haber sucedido a un Gobierno del PP, por lo que toda comparación lo coloca en los altares; haber sido acosado por el aparato del PSOE, por lo que cobra la credibilidad que el PSOE había perdido; y tener sólo 84 escaños, por lo que es mucho más receptivo a adoptar propuestas ajenas que el PSOE nunca ha aceptado cuando ha gobernado con más fuerza.

El intento desesperado del PP (político-mediático) por elevar la tesis de Pedro Sánchez a caso es completamente suicida. Probablemente la tesis de Pedro Sánchez no sea nada del otro mundo pero hasta ahora nadie ha mostrado nada que sea un ataque a la universidad como sí lo es la trama de títulos falsos de los másters de la Rey Juan Carlos, o el regalo de media licenciatura de Derecho en cuatro meses mientras se es diputado autonómico (tarea que lleva unas horitas, lo puedo asegurar).

Lo más que han hecho entre ayer y hoy algunos medios y periodistas especializados a construir trampantojos (titulares escandalosos tras lo cual no hay absolutamente nada) es acusar de plagio con tres datos absolutamente inocuos.

-Se dice que años después de la tesis apareció un libro fundamentalmente con los contenidos de la tesis firmado por el propio Pedro Sánchez y otro señor que hoy trabaja en el Real Madrid. Lo cual es perfectamente normal; que el otro señor hubiera ejercido de negro de la tesis de Sánchez es algo de lo que hasta ahora nadie ha aportado el menor indicio aunque se haya puesto como titular de una exclusiva de una web basura.

-Se dice que hay párrafos copiados de informes gubernamentales sin dar más detalles que que no se entrecomillaba ni citaba. Lo cual sería una chapuza que debería haber sido corregida en su momento salvo que suponga un volumen importante de la tesis, algo que no sabemos porque los «periodistas de investigación» que dicen haber accedido a la tesis no desarrollan la información ni dan detalle alguno. Pero, vamos: si es cierto (que es imposible saber), mal. No se copian textos ocultando que es una cita y menos en un trabajo académico. Eso no se hace.

-Se titula que se plagió artículos de otros autores aunque luego se explica que estaban citados aunque se cuestiona que fueran citados correctamente («Sánchez incluyó una cita trampa, en la que decía que «para un análisis más detallado» se podía consultar el artículo plagiado»). Se suele decir que copiar un texto es plagio, pero copiar muchos es un trabajo de investigación. En ningún caso citar incorrectamente (si hubiera sido así) sería un escándalo a poner en la misma mesa que la trama de la Rey Juan Carlos sino, todo lo más, un chascarrillo de barra de bar.

Pues vale. Eso es lo que tienen tras una orgía de búsqueda de mierda que tape la participación aparentemente delictiva de Pablo Casado en una trama universitaria de títulos falsos; lo cual es más sorprendente por innecesario tras haber demostrado, él sí, una capacidad para el Derecho asombrosa: al líder del PP tapoco se le pide ser Hans Kelsen, pero a alguien capaz de hacer la mitad de la licenciatura de Derecho en cuatro meses mientras se trabaja, sí.

Lo que hizo Pablo Casado en el máster es análogo a lo que hizo Carmen Montón y está fuera de la política. Lo que hizo Pablo Casado en la licenciatura no tiene comparación conocida.

Es absolutamente insostenible.

El PP (político-mediático) está demostrando la histeria de quien se sabe acorralado. Pablo Casado es un fraude andante. Y cuanto más tratan de demostrar que en todas partes cuecen habas más obscena es la cantidad de puchero que se han zampado en Génova 13 desde tiempos inmemoriales. No hay un solo español con nombres y apellidos (incluidos tertulianos, columnistas y cargos públicos del PP) que hayan dicho que sí, que cree que Casado estudió la licenciatura de Derecho correctamente y que también cree que hizo lo necesario para obtener limpiamente el máster.

Lo peor para el PP es que no les ha sorprendido que Pablo Casado sea un fraude. Lo peor es que lo eligieron cuando toda España (y ellos más que nadie) sabían que Pablo Casado era un fraude. Y no les importó, no les pareció un obstáculo. Necesitan hacer este ridículo para salvar a Casado. Y lo que está haciendo el PP es enterrarse con él.

Titulitis

Cuando eldiario.es mostró el chanchullo del máster de Cifuentes pensé, como tanta gente, que lo quería para garantizarse una plaza en la Universidad. Que quería que le regalaran el máster como paso previo a que le regalaran el doctorado y tras él la plaza como profesora en la Universidad por si acaso. No son pocos los enchufes en algunas universidades y, en concreto la Universidad Rey Juan Carlos había mostrado una enorme predisposición a acoger a quienes arroparon el saqueo de Bankia: Cifuentes no tendría ningún problema.

Hoy creo que no era exactamente así. Primero porque Cifuentes acabará en alguna empresa privada que no la valore por lo que vale sino por lo que ha hecho. Pero también porque el goteo de casos demuestra que lo que hay es una perversión del carácter de los títulos universitarios convertidos en esas alturas en una especie de título nobiliario. De alguna forma deben de creer que son personas tan importantes que son merecedores de un título que otros tienen que currarse porque, al fin y al cabo, son mucho menos importantes. Qué coño va a tener que aprender de derecho público toda una delegada del Gobierno en Madrid o todo un señor diputado autonómico y líder de los jóvenes del PP en Madrid. La duda no es si ellos merecen el máster, sino si el máster les merece a ellos.

El caso es aún más patético con Carmen Montón. Montón no necesitaba ninguna acreditación de su conocimiento en temas de género. Probablemente, como todos, podría haber aprendido más, conocido textos nuevos, teóricas y estudios… pero no necesitaba acreditación. Había sido ponente en algunas de las leyes más importantes al respecto y eso, necesariamente, exige un aprendizaje colosal. Pero fue seducida por la medallita regalada. Aquí tienes tu máster, mira qué bien te queda. Y se lo puso, lo paseó por la alta sociedad política. Como si no fuera fácil distinguir quién sabe de lo que habla, quién no tiene ni idea, quién habla tras cierta reflexión, quién cacarea los eslóganes de rigor.

Cuando el PP optó por defenderse del caso másters expandiendo mierda acusaron a Toni Cantó de haber puesto en su currículo que era pedagogo pese a no tener ningún título que lo acreditase. Lo cierto es que parece que Cantó enseñaba interpretación, dada su dilatada experiencia como actor. Enseña, pues es pedagogo. Como a Ignacio Escolar, reciente premio Gabriel García Márquez de periodismo, le acusaron de no tener el título de periodista. Yo soy licenciado en Filosofía por la Autónoma y en Ciencias Políticas por la Complutense pero desde luego no se me ocurre presentarme como filósofo ni como politólogo salvo, acaso, a nivel usuario, como la ofimática.

Un imbécil con título sigue siendo un imbécil. Y se le nota. Como al tipo brillante se le nota que lo es sin necesidad de pedirle un currículum vitae. Además del nivel de corrupción y nepotismo que lleva a sentirse tan superiores como para merecer regalado lo que al común le cuesta tanto esfuerzo ¿qué nivel de complejo intelectual que lleva a querer aceptar títulos regalados, sea la licenciatura en Derecho o el máster de la rey Juan Carlos?