Blog de Hugo Martínez Abarca

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Nueve años ensanchando la grieta

El Partido Popular había perdido las elecciones. Zapatero, Pasqual Maragall, Carod Rovira e incluso Artur Más fueron valientes y decidieron sentarse a hablar, negociar, recibir insultos y llegar a acuerdos que incluían renuncias importantes.

El Partido Popular no había aceptado que había perdido las elecciones. Atacaba la legitimidad de las propias elecciones (sin que les importara para ello mentir gravísimamente sobre el mayor atentado terrorista de nuestra Historia), atacó los avances en igualdad y libertad con lo que entonces llamábamos el matrimonio homosexual, atacó el intento de conseguir que ETA dejara de asesinar… y, por supuesto, atacó la posibilidad de una solución pactada para el encaje de Cataluña en España que nos habría traído décadas sin importantes conflictos territoriales.

El Estatut de Catalunya de 2006 fue la última solución difícil y valiente para la unidad de España. El Partido Popular había perdido las elecciones en España en 2004 y las volvió a perder en 2008 tras aprobarse el Estatut. En Cataluña el Partido Popular comenzó su desaparición electoral. Y sustituyó la política por los recursos judiciales; sustituyó la defensa de la unidad de España por la defensa del nicho electoral, ayudada, hay que decirlo, por algunos personajes del PSOE.

En 2010 el Tribunal Constitucional tumbó parte del Estatut que habían aprobado el Congreso de los Diputados español por amplia mayoría y el pueblo catalán en referendum (legal). Y lo que podía haber sido una solución muy duradera para la unidad de España dio paso a la mayor crisis de la unidad de España desde la CEDA. El independentismo no ha ido creciendo poco a poco en Cataluña por el adoctrinamiento de TV3 y la escuela: el independentismo comenzó a crecer de golpe en Cataluña por lo que significaba la sentencia del Estatut.

Políticamente no es lo más relevante el análisis jurídico de la sentencia del Supremo de ayer (aunque haya extremos muy llamativos); como lo más importante de la sentencia del Constitucional de 2010 no fue el texto concreto de su fallo (por mucho que declarase inconstitucionales artículos del Estatut que hoy están perfectamente vigentes en otras autonomías y allí España no se rompe). Lo más importante de ambas sentencias es el abismo que generan entre una parte importantísima de Cataluña (la mitad de su población, la mayoría de su representación democrática) y el conjunto de España. No hay nada más peligroso para la democracia y la convivencia que la instalación de una buena parte de la sociedad en la frustración y la melancolía. Y esto es absolutamente independiente de si esa frustración y esa melancolía son razonables o erradas.

Puede haber quién se sienta muy satisfecho del bofetón sacudido a los independentistas catalanes; hay incluso machotes supuestamente muy patriotas que se lamentan porque la sentencia no es todo lo dura que hubieran querido. Lo mismo pasó en 2010. Es probable que la mayor responsabilidad no esté (sólo) en los jueces sino en quienes deciden usar la justicia como vanguardia en un conflicto político de fondo. Igual que sucedió en 2010, tras la sentencia la unidad de España y la convivencia entre catalanes es hoy más difícil que ayer. Igual que sucedía en 2010 hoy es más necesaria que ayer la valentía y la generosidad patriótica (ésta sí) de quienes se atreven a sentarse a hablar, a renunciar a sus máximos, a borrar líneas rojas por muy legítimas que sean, a no escuchar los insultos y ataques… y a buscar solcuiones acordadas que no satisfagan completamente a nadie, que nos parezcan a todos que hemos cedido demasiado, pero que permita convivir. Incluso aunque por ello se pierdan votos.

En 2006 fue posible. Desde 2010 falta esa política valiente, generosa y patriota. Es imposible ensanchar más y más una grieta sin que se acabe rompiendo todo.

El dinero del libro de Pedro Sánchez

Hace ya bastantes años un grupo de periodistas fundaron un pequeño medio de comunicación llamado Cuarto Poder. Su director, Paco Frechoso, debía de conocer mi blog (fíjate si hace tiempo, que había gente que leía blogs) y me propuso que escribiera un par de artículos al mes en Cuarto Poder. Lo que e dejó muy claro Paco Frechoso (que es un tío que se la ha jugado por los derechos de los periodistas) es que en su periódico, por pequeño que fuera, la gente cobraría por su trabajo, lo que fuera posible, pero algo. Si no recuerdo mal Cuarto Poder me pagaba 65 euros por artículo (más IVA) y lo que sí recuerdo perfectamente es que es el único medio en el que he escrito que ha sido tan exigente en pagar a un colaborador tan poco interesante como yo (y bien que me ayudaba a redondear el mes, por cierto).

En mayo de 2015 llamé a Paco Frechoso y le conté una obviedad que él ya sabía: que había sido elegido diputado autonómico. Lo que le expliqué (para su sorpresa, por cierto) es que consideraba que en el trabajo de diputado considero incluida la difusión de opiniones, conocimientos, etc y que por tanto mientras fuera diputado me parecía poco ético cobrar esos artículos que, entiendo, están ya pagados con mi nómina de diputado. Que seguiría escribiéndolos, como he hecho, pero que no iba a cobrar por ellos mientras fuera diputado (como me habría parecido mal cobrar por conferencias, charlas, tertulias…).

Cuento esto porque hoy aparace la polémica sobre el libro que, al parecer, va a publicar Pedro Sánchez. No me meto en si ha tenido tiempo o no: dicen que le ha ayudado (aka: lo ha escrito) Irene Lozano (periodista que, por cierto, también estaba en la fundación de Cuarto Poder); tampoco en la editorial que ha elegido, aunque sea sorprendentemente la misma que ficha, a veces por muchísimo dinero, a dirigentes políticos (desde la reina Sofía a José María Aznar pasando por José Luis Rodríguez Zapatero): la capacidad de seducción de Planeta con los poderosos es digna de ser investigada pero no es el tema.

Lo que sí deberíamos saber es cuánto va a cobrar y a qué va a destinar el dinero Pedro Sánchez.

Porque por un lado el presidente del Gobierno tiene un sueldo suficiente, especialmente careciendo de gastos (como es lógico). Pero sobre todo porque el conocimiento y las opiniones que puede aportar en el libro forman parte de la actividad por la que lleva cobrando años de la sociedad y su difusión debería formar parte de su actividad.

Desde hace años he defendido que los presidentes, ministros, etc tengan las polémicas pensiones vitalicias a cambio de cerrar herméticamente las puertas giratorias. Pero siempre he defendido que ello tiene que tener un único contrapeso: que tras dejar su cargo tengan la obligación de dar clases contando los conocimientos y experiencias que sin duda habrán adquirido, ofrecer conferencias, charlas, tertulias, artículos y, los que mejor se organicen, libros… sin cobrar. Porque deben a la sociedad todo lo adquirido intelectualmente en cargos que son de todos y porque esa pensión vitalicia (o el sueldo mientras se está en ejercicio)  hace especialmente justo que no se cobre por devolver la deuda.

Haría bien Pedro Sánchez (y cualquiera en su situación) en aclarar cuánto va a cobrar y, en el probable caso de que sea algo, si se va a quedar ese dinero o lo va a donar a cualquier causa no lucrativa. Porque, al fin y al cabo, sólo está cumpliendo su obligación.

Casado no es Aznar: Casado es Rajoy

La grey del Partido Popular anda explicando a la prensa cuál es el papel en la Historia de Pablo Casado. Ya sabíamos, por su prodigiosa capacidad académica, que en la facultad de Derecho había demostrado ser un Kelsen millennial. En su modestia, nos han explicado que es el mejor orador desde Cánovas del Castillo (no es broma). Más allá de estas astracanadas, la comparación que sí tiene sentido es la que se quiere escenificar en el PP (y que ayer alentó Joan Tardá): que Casado es como José María Aznar y no como Mariano Rajoy.

Parece evidente que Casado está siendo algo así como un ahijado político de Aznar. Pero más allá de la afinidad personal o incluso retórica de Casado con el actual Aznar no está ejerciendo la presidencia del PP como lo hizo Aznar sino como lo hizo Rajoy.

Cuando Aznar llegó a la presidencia del Partido Popular, su esfuerzo constante y expreso fue por alejarse de la derecha dura y hacer un interminable y obsesivo giro al centro. Además, ese primer Aznar no se disfrazaba de patético intelectual ni nos explicaba su papel central en la Historia de España. Todo lo contrario: Aznar combatía a Felipe González presumiendo de su mediocridad y lo hacía con un criterio democrático. Nos explicaba él y su séquito mediático que el carisma y la supuesta brillantez de Felipe González eran un problema para la democracia porque generaban cierto caudillismo y, al fin, el lodazal sobre el que se asentaban los últimos años del felipismo. Es cierto que su oposición a Felipe González fue durísima, pero fue el propio PSOE de González el que se lo puso en bandeja con innumerables casos de corrupción y crímenes de Estado: fue el PSOE que acompañó a la puerta de la cárcel para abrazarse a dos condenados por el secuestro cometido por una banda terrorista. La respuesta de Aznar fue dura pero siempre en la dirección de democratizar la seguridad del Estado y luchar contundentemente contra la corrupción. Que fuera todo mentira es otro problema.

En cambio el primer Rajoy (2004-2008) fue mucho más parecido a este Pablo Casado. Cuando ayer Casado acusó a Pedro Sánchez de golpista más que a Cánovas recordó a un elegante lord británico a poco que se le compare con aquel Rajoy. Rajoy acusó a Zapatero de estar detrás del 11M, le dijo que traicionaba a los muertos (a las víctimas de ETA), le acusó de estar destruyendo a la familia y persiguiendo a los heterosexuales… y por supuesto, también de ser cómplice de un golpe de Estado en Cataluña como el de Companys en 1934 (entonces era por el Estatut, con el que tan tranquilos estaríamos hoy, ¿verdad?). Como hoy Casado, aquel Rajoy no se rodeó de nuevos dirigentes sin vínculos con el pasado corrupto, sino de lo más turbio y rancio del PP de Aznar, con especial protagonismo para tipos como Zaplana y Acebes, uno hoy en la cárcel y otro yendo de juzgado en juzgado.

En lo único que se parecen este Casado y aquel Aznar es en tratar de equipararse con figuras de nuestra historia política. Hoy nos cuentan que Casado es nuestro Cánovas. Pero es que Aznar elegía para su endiosamiento a Manuel Azaña porque hasta su segunda legislatura en el gobierno Aznar no promocionó el revisionismo franquista sino que más bien huía del pasado ligado a la dictadura de su partido.

Decía ayer Tardá que Casado «si pudiera, nos fusilaría» y que Rajoy «sólo nos metería en la cárcel». Se equivoca Tardá: Casado y Rajoy, como Aznar, harían lo que creyeran que les interesaba en cada momento sin reparar en principio o convicción alguna: encarcelar o alcanzar acuerdos de gobierno. Lo que es seguro es que la oposición de Casado a la que se parece es a la de Rajoy. A la oposición que garantizó la reelección de Zapatero.

Ni TINA, ni ZP: Tsipras no es un traidor, es un derrotado

Desde la crisis de los 70 la economía neoliberal se ha impuesto a base de «No hay alternativa» (There is no alternative, TINA). Las recetas de shock se pretendían hacer tragar no como fruto de una imposición sino como la única decisión racional posible. TINA significa que el productor de la película no escoge a la actriz que le dice la mafia porque le pongan una cabeza de caballo sino porque, aunque aparentemente no es la mejor actriz, en realidad es la única actriz capaz de hacer ese papel, que le guste al público y, finalmente, que la película obtenga una recaudación suficiente como para poder seguir produciendo películas. La cabeza de caballo no es que no haya tenido nada que ver: es que nunca existió. TINA fue la consigna que permitió a un pensador mediocre vender que habíamos llegado a El Fin de la Historia y lograr con ello un éxito editorial.

TINA, There is no alternative, no hay alternativa: fue la forma con la que nos saquearon el país a nosotros y a todos los demás. Cuando el PSOE de Felipe González empezó a privatizar, desregular, hacer reformas laborales antisociales… era porque era la única lógica real, cualquier alternativa era ruinosa. Fue la consigna empleada por los gobiernos de Aznar, Rato y Rajoy para terminar las privatizaciones y liberalizar el suelo para fabricar esa burbuja que nos ha matado que no sólo era la única posibilidad sino que fue incluso un milagro («Yo soy el milagro«, dijo el tipo).

Zapatero, en mayo de 2010, nos explicó que no había alternativa. Que no se podía vivir por encima de nuestras posibilidades, que a él le dolía mucho pero que no era una imposición de nadie sino el principio de realidad el que le dictaba lo que había que hacer. No podemos gastar más de lo que ingresamos, ninguna familia lo haría; hay que dar confianza a los mercados… no hay alternativa. No vino derrotado: vino a convencernos de esa verdad revelada en los 70.

Tsipras no ha vuelto de Bruselas defendiendo que la actriz contratada es la mejor, qué digo la mejor, la única posible. Ha vuelto explicando que le pusieron una cabeza de caballo en la cama. Y que tuvo que escoger a esa mierda de actriz, pero que es una mierda de actriz, que había otras mucho mejores para ese papel, para esa película y para la taquilla. No es TINA, sí había alternativa sólo que nos han ganado, nos han puesto una pistola en la cabeza. Nadie habrá escuchado a Tsipras decir que las recetas que le han impuesto son beneficiosas para el pueblo griego.

Puede que Tsipras haya sido un mal negociador; tampoco está claro que hubiera muchas otras formas de negociar con todos los posibles aliados internacionales con unas crisis económicas internas muy importantes y recién aparecidas: Grecia estaba radicalmente sola en el mundo y eso no es culpa de Tsipras, que bastante consiguió inquietando a Obama con su visita a Putin. Creo que eso que parecía reforzar su posición negociadora (ir con un acuerdo con la oposición) finalmente ha debilitado su posición porque no podía usar la baza de que igual Syriza se le rebelaba: daba igual dado que ND y PASOK apoyarían lo que fuera.

Puede ser que se equivocara claudicando. Quizás si se hubiera negado a firmar el Gobierno griego no tendría para pagar pensiones ni sueldos públicos pero puede que eso se pudiera reestructurar de urgencia (pensiones y salarios ajustados a sus niveles inferiores unos meses con la legitimidad del referéndum, qué sé yo). Seguro que Tsipras no ha dado con la solución ideal a una situación radicalmente compleja. Entre dos tragedias eligió una. Quizás se equivocó al escoger esa. Quizás había forma de evitar la disyuntiva. Ni lo sé ni nadie ha explicado qué forma, más allá de cuatro consignazos de manual mal estudiado.

Me reconozco inmerso en un mar de dudas, con más tristeza que certezas sobre Grecia, Tsipras y Syriza. Seguro que tanto cuñao que lo habría arreglado dando dos hostias a la Merkel sabe mejor cómo salir de una situación infernal como ésta. Confieso que yo no sé qué habría hecho y posiblemente tras la decisión que fuera hubiera dimitido para huir cuanto antes de ahí, pero habría sido eso: una huida, no ningún favor al pueblo griego ni a las opciones europeas de cambio sino por pura cobardía: seguro que por eso no valgo para presidente de un país que intenta salvar a su país de los ataques de ingentes mafiosos. Por que la situación no exige quedar bien, ni ser muy digno ni… se trata de una guerra en la que en vez de tanques usan las finanzas porque es su arma más demoledora. Y entre mis dudas está la de si mi bando, el de los pueblos, el del pueblo griego, sería más fuerte si Tsipras dimitiera: tiendo a pensar que no, por muy digna y razonable que fuera tal dimisión.

Grecia no tiene importancia para nadie más que para los griegos. La Unión Europea podía permitirse incluso que Grecia dijera que no iba a pagar ni un euro de su deuda. La deuda griega es una puta mierda en Europa y su economía apenas un 2% del PIB europeo. Lo que la euromafia no podía permitirse es el ejemplo de que se produzca una reestructuración de la deuda por interés del deudor, no también del acreedor (que de esas ha habido muchas, ¿verdad, Alemania?). Zapatero en 2010 sí podía haber amenazado a Europa. España puede quebrar la economía bancaria mundial (no ya la europea) en una negociación sobre su deuda. La deuda española, como la italiana, sí pueden amenazar a quien le ponga una cabeza de caballo en la cama. Por eso paró la espiral de prima de riesgo cuando los países amenazados ya no eran Grecia, Portugal e Irlanda sino España e Italia. Sin embargo, lejos de plantar cara como ha hecho Tsipras hasta caer derrotado, los gobiernos españoles (el del PSOE primero y el del PP después) nos quisieron convencer de que efectivamente no había alternativa, de que no es que nadie impusiera nada (la carta a Zapatero del BCE la conocimos con sus memorias con ánimo de lucro y aún así negaba que fuera un dictado), que la reforma de la constitución era democrática, que el rescate a la banca era muy ventajoso para los españoles…

No sé si somos conscientes del tamaño del golpe que recibimos las opciones de cambio europeas (singularmente las españolas) con la derrota griega. O somos capaces de responder muy pronto o será una derrota de nuestro paradigma: las derrotas internacionales a veces no llegan como tales a la población menos informada, pero llegan con mucha radicalidad, tenemos experiencia de ello. Esto es una crisis y no la de los tuits. Firmes, fraternales, leales y comprensivos. Y a la ofensiva. O estamos muertos.

Tsipras no es un traidor, es un derrotado. Es, en concreto, un compañero derrotado.

El 135 son los padres. Y la democracia son los reyes magos

Hay que reconocer a Zapatero que hasta ahora no había sucumbido a la tentación de sus predecesores de cobrarse los servicios prestados en diversos consejos de administración o cargos de asesor de empresas mediáticas internacionales (Slim en el caso de González, Murdoch en el de Aznar) ni de multinacionales españolas energéticas (Gas Natural Fenosa Felipe González, Endesa José María Aznar). Sin embargo la manzana que no ha podido dejar de morder Zapatero es la de los libros de memorias y reflexiones generosamente pagados de la campaña literaria navideña. Es otra forma de puerta giratoria: un grupo empresarial como Planeta depende en buena medida de su relación con el poder político (que dé las oportunas licencias televisivas y radiofónicas, que transija con la concentración de emisoras y cadenas de TV, que incline la balanza si hay otra guerra del fútbol…) y para ello viene bien garantizar un suculento pago por unas memorias inanes o un buen premio a una ministra saliente especialmente sensible a los intereses de las patronales culturales.

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Solbes y Zapatero, como una piña

Anda Solbes vendiendo un libro que ha debido de escribir en los ratos que le deja libre la tarea como consejero de Enel, la empresa italiana que se hizo con Endesa cuando Solbes era vicepresidente económico del gobierno. En las presentaciones del libro Solbes echa el muerto de la crisis a Zapatero. Cuenta Solbes, como autocrítica, que no debió seguir como ministro en 2008. Que él le dijo a Zapatero que la crisis que venía era morrocotuda y que en vez de empezar el shock neoliberal en 2010 había que adelantarlo suponemos al día siguiente del debate con Pizarro en el que negó con tanto éxito la crisis.

Forma parte de la estrategia del PP y PSOE (desde Aznar y Felipe González a Rajoy y Rubalcaba): en ningún caso hablar de la política económica que nos llevó a la crisis sino de si los recortes tuvieron que empezar antes o después, de si tenían que ser estos recortes u otros… pero nunca de la política económica previa a la crisis. Porque ahí estaban y están juntos como una piña. Sobre la burbuja inmobiliaria cabalgaron ambos, en parte porque el crecimiento aún ficticio era electoralmente rentable y en parte (en el caso del PP ya lo sabemos) por el reparto de sobres.

También estuvieron unidos como una piña en la burbuja de los macrogastos en infraestructuras: quedarán para el recuerdo el aeropuerto de Castellón, pero fue política de Estado (asumida por prácticamente todas las Comunidades Autónomas y muchísimos ayuntamientos) llevar el AVE a todas las provincias mientras se abandonaba el tren ordinario, asfaltar de autopistas todo el país e inaugurar horribles rotondas con variopintos monumentos en la entrada de cualquier pueblo. Sobre esa política se creció desde los 90 (con Solbes), esa política fue acelerada por el exitoso asesor de Telefónica y del Santander Rodrigo Rato y mantenida después de nuevo por Solbes. No conocemos a un sólo dirigente político que haya renegado o reconocido el error (propio) de haber arruinado al país: todos se centran en discutir quién gestionó peor la ruina, como si ésta hubiera llovido del cielo, como si lo anterior a la crisis hubiera sido un camino plagado de aciertos en cuyo final había un abismo por pura mala suerte.

Tampoco conocemos un dirigente político que lo esté pasando mal por la ruina a la que nos condujeron. Quien no sigue en primera línea política (empezando por Rajoy y Rubalcaba) está en tres o cuatro consejos de administración de las empresas que hicieron caja en aquellos años: como para arrepentirse. Sólo el pobre Camps espera en su escaño valenciano tiempos mejores, aunque no sean malos los que vive como diputado observador. Como una piña: nos condujeron al desastre como una piña. Solbes y Zapatero. Solbes y Rato. González, Aznar y Zapatero. Una piña que colgaba del pino cuyas ramas son el Santander, Sacyr, Endesa, Iberdrola, Bankia, BBVA, ACS, FCC… Es lógico que mientras hacen caja revisen críticamente sólo aquel periodo que está dificultando que la caja crezca a un ritmo tan obsceno como entonces.

Lo que carece de sentido es que nosotros nos fijemos si entre Solbes y Zapatero cruzaron informes o no. El problema no fue que Zapatero negara la crisis: el problema fue que Zapatero antes decía que estábamos en la Champions League de la economía. Como todos ellos.

Medios de comunicación rentables

En este famoso vídeo en el que Tania Sánchez le canta las cuarenta al director de La Razón hay un momento especialmente revelador. Cuando Tania le espeta a Marhuenda que el Partido Popular le suelta a través del gobierno un pastizal desproporcionado en publicidad institucional el director de La Razón le contesta orgullosísimo: «¿Sabes quién me financia? ¡El dueño de esta cadena!«, esto es, José Manuel Lara, dueño del grupo Planeta (min 1:45 del vídeo). Curiosamente no responde «me financian mis lectores» ni nada por el estilo: le financia un empresario que sabe que pierde dinero.

Los medios de comunicación están casi sin excepción perdiendo dinero. La quiebra amenaza a PRISA, ABC, El Mundo, La Gaceta… Cada poco amanecemos con la noticia de que un medio de comunicación inicia un nuevo ERE sin que ello haga que los cebrianes, pedrojotas o marhuendas se sientan fracasados sino que más bien parecen los pavos reales del cotarro, los que parten el bacalao. Y sin embargo sus dueños (esos empresarios que supuestamente no están dispuestos a despilfarrar su dinero; a diferencia del Estado) los mantienen. Llegan incluso a hacer lo que Roures: cerrar Público para recomprárselo una vez desmantelado y con sus trabajadores luchando por cobrar en el FOGASA lo que les debe el empresario. Con esa operación Roures parecía intentar sobre todo que el medio no cayera bajo control de los trabajadores de Público que junto con socios lectores habían (habíamos) creado una cooperativa para editar el medio sin tutelas empresariales ni de ningún tipo. Pero a Roures le valía la pena hacer una oferta de compra altísima con tal de mantener el medio de comunicación (y que no se lo quedasen otros incontrolables). Roures perdió dinero y, sobre todo, prestigio a raudales. Pero parece que le valía la pena.

La construcción de esas ruinas privadas, por cierto, se hizo con un gran impulso público: regalando licencias de TDT, regateando en las sucesivas guerras del fútbol, distribuyendo publicidad institucional arbitrariamente, con sobres (Matas financió Libertad Balear, Bárcenas puso un sobrecito en Libertad Digital), facilitando fusiones, cambios de licencias… o incluso rellenando fiestas como la de La Razón de hace pocos días en la que no faltaron príncipes, ministros y presidentes del gobierno. Incluidos ex presidentes tan insultados en La Razón como Zapatero, pero que acaba de cobrar un pastizal por publicar sus dilemas en Planeta, ese grupo que financia a La Razón. En Madrid tenemos a Ignacio González con un ático en Marbella que, si no fuera porque sabemos del carácter incorruptible del presidente madrileño, parecería un regalo de Enrique Cerezo, el único que fue agraciado con licencias de TDT en todas las demarcaciones madrileñas gracias al entonces vicepresidente madrileño, Ignacio González.

El tinglado de medios de comunicación privados no es económicamente rentable pero tiene una importancia tal que nadie se desprende de ellos. Es más, las peleas por ellos son sangrientas: a veces con focos encima, otras con corruptelas debajo.

Los medios de comunicación son un poder estructural para el control hegemónico. Por eso es tan importante participar en ellos contrarrestando discurso (llamando sinvergüenza, como hace Tania en el vídeo, a quien amenaza con que como gane en las urnas la izquierda habrá un golpe de Estado financiero). No es gratuito hablar de «cuarto poder».

Por eso es crucial la existencia de medios de comunicación públicos. Incluso degradados, privatizados de hecho, apropiados por partidos ladrones. Del mismo modo que los otros tres poderes no están (aún) legalmente privatizados, en democracia el protagonismo mediático no puede estar en manos de grandes empresarios para los que es un gasto absolutamente rentable porque les permite distorsionar la percepción popular del mundo.

Es comprensible que las grandes empresas privadas estén en manos de quienes potencian reformas laborales (que usan, también, contra sus trabajadores), que mientan contra los gobiernos que defiendan intereses populares y no los de sus empresas, etc. Ante eso hay dos posibles contrapesos. Uno son los medios no controlados por grandes empresarios sino por los propios periodistas o, en un caso ideal y extremadamente ilusionante, por los trabajadores y lectores del medio (aprovecho para hacer publicidad de La Marea, que necesita llegar a los 5.000 suscriptores para ser viable sin dependencias bastardas). Los medios populares son uno de los pilares, por ejemplo, que se promueven en América Latina en detrimento de los medios de propiedad privada concentrada en pocas y poderosas manos.

El otro posible contrapeso son los medios públicos. Evidentemente hemos asistido a su putrefacción que hace que mucha gente los vea sólo como un lastre, un carísimo instrumento de la propaganda de un partido que los controla. Incluso de una facción del partido, como en los casos madrileño y valenciano. Pero del mismo modo que no pedimos la privatización ni el cierre del Congreso o del Gobierno como tales por su evidente degradación (y privatización de hecho), lo que tenemos que reivindicar es medios públicos democráticos, no la eliminación de lo poco que hay y que al menos tiene la obligación de informar, mal que bien, de la existencia de diversas opciones políticas inexistentes en las privadas y son susceptibles de ser recuperados para la ciudadanía si cambian las mayorías políticas.

Parece haber entendido esto mejor la derecha que la izquierda. Por eso el gobierno títere de Grecia quiso cargarse la televisión pública, por eso Fabra intenta cargarse la televisión valenciana, por eso a Ignacio González se le pone la mirada vidriosa de emoción al amenazar con el cierre de la madrileña (por culpa de los sindicatos, claro). Los medios privados tienen dueños y no son recuperables por la ciudadanía, sólo son contrarrestables con leyes de medios que prohíban su concentración. Los medios sin potentes tutelas sólo son asfixiables económicamente, hasta ahora. Destrozar los medios públicos es el paso que tienen más a mano en su carrera hacia el fascismo del siglo XXI.

Un país es una democracia si sus poderes son controlados por el pueblo. La pelea por los medios de comunicación no tiene nada que ver con los balances contables sino con la operación de saqueo democrático que viene de la mano del shock neoliberal. Los medios de comunicación son un poder político. Y como tal tienen que ser democráticos. Contra ese horizonte luchan.

Las memorias giratorias de Zapatero

Zapatero está a punto de publicar un libro en la editorial Planeta en el que dicen que va a contar cómo tomó la decisión de entregar el país a la troika e iniciar una política de shock neoliberal que no se detuvo en ningún derecho ni en ninguna ley, incluida la reforma del 135 de la Constitución. Es interesante el tema que bien merece explicaciónes públicas pero es una lástima que quien lo va a contar tenga tan poca credibilidad y ya en el título («El Dilema«) anuncie que va a presentar lo que fue una traición a su pueblo como un duro proceso personal (para él) en el que tuvo que tomar la mejor decisión (para su pueblo). Seguro que acabará explicando que para él lo fácil habría sido no sacrificarnos en el altar de los mercados pero que lo hizo por nuestro bien, aunque nos duelan las hostias.

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El Régimen y el activista por los derechos humanos

Imaginemos que en un país malo (qué sé yo: Cuba, Irán, Rusia, China…) un oficial del ejército destapara las pruebas de violaciones masivas de derechos humanos sistemáticas y organizadas por todo el mundo gracias a la red diplomática del país. No inventos del oficial, no, vídeos de matanzas de civiles, relatos de embajadores contando cómo se conchababan con autoridades locales para garantizar la impunidad de estadounidenses que habían asesinado a periodistas de otro país, intrigas con opositores a gobiernos democráticos para que cayeran… Supongamos que este oficial es condenado por su país, por un tribunal militar de ese país tan malo, a 35 años de cárcel por haber desvelado las pruebas de esa trama criminal.

El titular estaría servido: «El Régimen [cubano/venezolano/iraní/ruso/chino] condena a 35 años de cárcel al activista por los derechos humanos Bradley Manning por denunciar crímenes de Estado«. Sin embargo la referencia a la condena a 35 años por parte del régimen estadounidense pasó básicamente desapercibida entre las denuncias de los posibles nuevos crímenes del gobierno sirio, del pseudoconflicto de gibraltar y de la Supercopa española de fútbol. En ningún caso se da a la noticia el trato de represión dictatorial sino que se notifica asépticamente la condena sin más valoración, como si condenaran a un carterista a devolver las monedas robadas.

Recordemos rápidamente las consecuencias del caso Wikileaks: Bradley Manning ha sido condenado en Estados Unidos a 35 años. Como a Julian Assange no lo tenían en EEUU y no iban a conseguir una extradición por haber publicado sus crímenes, se elabora una imputación por delitos sexuales con la complicidad de los gobiernos suecos y británicos. Assange recibe el asilo de Ecuador en cuya pequeña embajada londinense permanece encerrado desde hace catorce meses. Entre medias vimos desplegar el poder mundial de Estados Unidos para, por ejemplo, evitar que donáramos dinero a Wikileaks para que siguiera revelando pruebas de crímenes con la complicidad de Visa, Mastercard, Paypal… Nadie ha ilegalizado Wikileaks pero la «libre circulación de capitales» terminaba allí donde queríamos donar veinte o treinta euros a la organización que estaba arrojando luz sobre delitos del poder político mundial.

Mientras se tejía esta red totalitaria para silenciar a quienes denunciaran crímenes sólo el eje del mal latinoamericano apostó por el derecho a la información. Mientras Ecuador daba asilo a Assange, el gobierno boliviano de Evo Morales no sólo no prohibía la difusión de los cables que afectaran a Bolivia sino que los colgó todos en la web de la vicepresidencia del gobierno, donde siguen pudiendo consultarse.

Además de las revelaciones que hizo Wikileaks, las consecuencias orquestadas por Estados Unidos, sus gobiernos títeres y las empresas financieras del mundo han evidenciado que uno de los lugares del mundo donde se reprime con más dureza a los disidentes y que ha tejido una red muy parecida a eso que llaman «totalitarismo» es el régimen estadounidense. Y de los más liberales en cuanto a derechos políticos, los gobiernos «malos» de América Latina.

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Los españoles siempre tendremos que agradecerle a Manning que destapara la complicidad activa del gobierno de Zapatero y de la fiscalía de Conde Pumpido (hoy magistrado del Supremo) para garantizar la impunidad de los asesinos de José Couso. Manning está en la cárcel. Zapatero y Conde Pumpido no.

Para evitar que me mates, ya me suicido yo

En esta foto empezó todo. Sentaron en Davos a Zapatero junto a Grecia y Letonia. Con la escoria. Con los que merecen mano dura. Y a Zapatero le faltó tiempo para rendirse. En la foto estaba explicando que algo harían. Al día siguiente, en menos de veinticuatro horas, el Gobierno anunciaba que de momento nos jubilamos a los 67 años y que el gasto público se reducirá en 50.000 millones (en los que no entran los gastos de la ocupación de Afganistán: si no retiramos las tropas por decencia, ¿no lo podríamos hacer por pasta?).

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