Constataba ayer Aurora en los comentarios una de las únicas leyes económicas que se han generalizado en toda Europa:

a qué demonios se debe que en cada país europeo, partiendo de supuestos diferentes, de economías, poblaciones, pirámides de población, etc, diferentes, se llegue siempre a la misma conclusión: hay que alargar la vida laboral hasta los 67 años.

Sí que es casualidad, sí. Los liberales nos presentan la economía como una ciencia exacta. Si fuera tal, ante hechos distintos propondrían recetas diversas y ante hechos análogos presentarían recetas parecidas. Si fuera tal, cuando varios países a los que le va mal presentan una característica similar empezarían a sospechar que hay que luchar contra esa característica.

Por ejemplo el despido. Según las leyes de la economía para evitar que la gente compre más tabaco o más alcohol hay que incrementar sus precios. Si además una parte de su coste va a parar al erario, servirá para pagar sus consecuencias (sanitarias, por ejemplo). Con el despido es al revés: para luchar contra el paro (incrementado por el millón largo de despidos que ha habido y por los que sigue habiendo) lo mejor es reducir el coste del despido y que el estado siga sin recibir ni un duro de las empresas que despiden pese a que sea el que carga después con el pago del subsidio.

O la inflación. Cuando la inflación era un problema económico (no hace tanto) nos decían que la mejor forma de luchar contra ella era la moderación salarial: si suben los salarios, decían, hay más dinero para consumo, sube la demanda y por tanto suben los precios. Estupendo. Habrá que deducir por tanto que si hubiera un problema de deflación, la receta será el incremento salarial para que haya más dinero para consumo, suba la demanda y por tanto los precios. ¿Alguien ha escuchado esa receta cuando hemos pasado casi un año entero deflacionista?

Si tres personas tienen un mismo dolor estomacal después de haber tomado una misma salsa, un médico les recomendará por prudencia que no vuelvan a probar esa salsa. Sólo un cabrón con bata blanca les recomendaría que se atiborraran con tres botes más de salsa cada uno. La ciencia económica no funciona así. Portugal, España y Grecia son tres de los países con más bajos salarios de la UE-15. Son también tres de los países en los que más se está cebando la crisis: el economista nos recomienda que doblemos la ración de salsa: tenemos que bajar más los salarios. En España, además, se ha disparado el paro coincidiendo con la más alta flexibilidad laboral de Europa: ¿qué nos recomiendan los sabios? Que aumentemos la dosis de salsa, que nos ha venido muy bien.

En otras ciencias los antecedentes hacen que varíen las consecuencias. Si un meteorólogo nos dice cuando hay borrasca que nos compremos un paraguas y cuando hay anticiclón que nos compremos un paraguas, podemos estar seguros de que tiene una tienda de paraguas. Quienes nos dan la misma receta (despido barato, sueldos bajos, pensiones menguantes, trabajar hasta el día del juicio,…) independientemente de los hechos, tienen una tienda de paraguas que además se han mostrados llenos de agujeros al primer chaparrón. Son los fabricantes de esa salsa cuya ración piden que doblemos porque nos vendrá fenomenal para ese dolor de estómago que casualmente apareció al probar la salsa.

La economía es una ciencia muy rara. Si un médico hubiera matado a todos los pacientes enfermos que hubieran pasado por su consulta, pocos enfermos escucharían sus recetas. Si eso se aplicara a la economía, cada vez que el FMI, el Banco Mundial,… abrieran la boca correríamos a hacer exactamente lo contrario. Eso es lo que proponemos los imbéciles: que ya que se han equivocado tantas veces, probemos por una vez a hacer lo contrario de lo que dicen. Dejemos de tomar esa salsa que casualmente tomamos siempre antes de la diarrea.