No toda historia terrible es una tragedia. La tragedia exige un destino, un héroe trágico que conoce su destino, la rebeldía del héroe contra ese destino y, en principio, su fracaso. El héroe trágico conoce su destino y decide rebelarse contra él, nunca se resigna. Edipo, Antígona… son las historias de una rebelión contra los hados, contra los designios de los dioses, como exigiendo una autonomía, una libertad incompatible con la obediencia a dioses ni destinos injustos.

Hoy el destino no lo diseñan los dioses del Olimpo ni lo interpretan profetisas ciegas. Los hados son económicos, el “no hay alternativa” en el que el mundo lleva encerrado unos cuarenta años. La economía es una ciencia (esto es: es tan predecible como el parricidio de Edipo) y el poder real es invencible. No hay otro camino: Alexis, tu destino como gobernante es recortar más los derechos de tu pueblo, a ver si te enteras.

Nos dijeron que no confundiéramos los referendos con mayor democracia, que eso es plebiscitario (lo cual es malo por alguna razón), que la mejor democracia es la representativa. Ocurre que en Grecia hay un gobierno representativo: ganó las elecciones hace apenas medio año prometiendo plantar cara. Da igual cómo se quiera defender la democracia: si se pide democracia directa o si se pide democracia representativa la decisión de Alexis Tsipras es inequívocamente la legítima. Le votaron para esto y, por si acaso, pide a los griegos que lo ratifiquen. En un lado del conflicto está, innegablemente, la democracia, esto es: la libertad.

Lo que la euromafia le dice a Tsipras es que el destino que dictan los dioses no se desobedece. Que da igual lo altos que sean sus objetivos o la voluntad de libertad del pueblo griego: tiene que elegir entre haber matado a su padre, haberse casado con su madre y resignarse o haber matado a su padre, haberse casado con su madre y arrancarse los ojos.

Lo que nos jugamos en Grecia todos, especialmente los pueblos del Sur de Europa sometidos mediante la deuda, es la democracia, si los pueblos tienen derecho a conducirse o si estamos sometidos a unos dioses que trazan para nosotros destinos crueles y sanguinarios pero a los que más nos vale someternos.

Hace cinco años ensayaron con Grecia el primer rescate. Como veían que no se caían fueron a llamar a otro rescate. Expandieron por el Sur de Europa lo ensayado en Grecia. Hoy tampoco les importa Grecia. Es su juguete trágico. Lo que necesitan es convencer a todo el mundo, en especial a aquellos grandes países que tengan elecciones pronto, de que la rebeldía es aún peor que la sumisión a un destino que es inexorable. Lo que nos jugamos, todos, es que los destinos de los pueblos los hagan los pueblos, no quienes viven de su sufrimiento.

Tiresias le decía a Edipo: “No quieras saber”. Como no podría cambiar su destino, mejor no conocerlo, entregarse a él sin sufrir por ello. Los ilustrados nos decían Sapere aude, atrévete a saber: como eres libre, conoce para que sea tu razón la que escriba tu historia. En Grecia nos jugamos volver a una Europa trágica o recuperar la libertad, la autodeterminación de la Europa de la Ilustración.