Si eres joven seguramente ya lo sabes: tus condiciones de vida son injustas porque las pensiones públicas que cobran los mayores son demasiado altas. Si eres pensionista, también lo habrás oído: que no te reduzcan la pensión es la causa de que el salario de un joven no alcance para pagar un alquiler o una hipoteca.
En el caso del pensionista, tiene una ventaja: ya escuchó la misma cantinela cuando trabajaba y cotizaba para la pensión que está cobrando ahora. El mundo ha cambiado mucho, pero la consigna no: las pensiones públicas no tienen futuro. Tú, que trabajas en 2025, nunca tendrás pensión. Como tú, que trabajabas en 1990, nunca ibas a tener la pensión que cobras en 2025.
En los años 90 la consigna era parcialmente distinta de la actual. Se les decía que el sistema de pensiones iba a estallar (en eso no hemos cambiado) en el mejor de los casos, cuando se jubilara (ahora) tendría una pensión de mierda, por lo que lo único razonable era empezar ya con un plan de pensiones privado, que eso era lo rentable, lo seguro, lo que garantizaba una jubilación tranquila.
Esas pensiones de los trabajadores de los 90 que iban a ser una mierda cuando se jubilaran son exactamente las de los pensionistas de los años 20 que son tan altas que hacen insostenible el sistema, según te cuentan los opinadores que te dicen «lo que nadie se atreve a decir». Mirando atrás, lo que ha sido una mierda, en muchos casos, ha sido la rentabilidad de su plan de pensiones privado, que en función de múltiples variables ha llegado a ser negativa. La consigna de los noventa y los dosmiles se decía con la misma cara de severo rigor económico que la de ahora y ha pasado exactamente lo contrario de lo que auguraron los economistas que anunciaron «una verdad incómoda»: lo cierto es que las cotizaciones que permitieron una pensión digna fueron las públicas mientras que las aportaciones a planes de pensiones lo único que aseguraron durante aquellos años fueron rebajas fiscales para los salarios más holgados.
La propaganda fue tan eficaz, que hoy el Estado se encuentra con cientos de miles de profesionales a los que se les permitió no cotizar en el sistema público sino en mutualidades privadas y que hoy se encuentran con prestaciones ínfimas y cuya necesaria solución será traspasar al sistema público lo que aportaron al modelo privado y darles la protección, la seguridad y la eficacia que sólo da el sistema público: aquel que iba a estallar que hacía muy recomendable refugiarse en sistemas privados.
El mundo ha cambiado. Pero la consigna no. Porque la causa de la consigna no es el análisis del mundo real sino la publicidad de intereses muy concretos: los intereses financieros de quienes gestionan fondos de pensiones.
«Los planes de pensiones acumulan 3.500 millones de salidas de dinero desde 2020«, titulaba Cinco Días hace un par de días. Es frecuente encontrar titulares de este tenor desde hace bastantes años: los planes de pensiones privados han sido en muchos casos una ruina sólo compensada por el colchón que proporciona la seguridad de las pensiones públicas. Un colchón, por cierto, que supuso durante la crisis de 2008 el salvavidas de muchas familias ante el desmantelamiento de la protección pública con el que reaccionaron el último gobierno del PSOE en solitario y el último gobierno del PP que ha sufrido España hasta ahora.
Hoy ya no puede colar una consigna dirigida al ciudadano individual como la de los años 90 por varias razones. Por eso ya no pretenden convencer a nadie de que es mejor que confíe en un sistema de pensiones privado que en su pensión pública. La nueva táctica no es convencer; es el chantaje: no te voy a convencer de que dentro de 30 años (esta vez sí) el sistema habrá colapsado, sino que voy a presionar para que bajen las pensiones ya, para que veas que con la pública no llega.
Ahora no te recomiendan que tú te hagas un plan de pensiones privado (en parte porque no cuela y en parte porque es difícil que, tras pagar el alquiler o la hipoteca, un trabajador de 2025 ahorre para un plan de pensiones): exigen que el Estado baje las pensiones ya, para que te lo pienses mejor, para que el banco te pueda hacer una oferta que no puedas rechazar.
¿Quieren reflotar los planes de pensiones privados o el producto financiero que les convenga? No es tan difícil: permitan que los trabajadores tengan margen de ahorro. Si los sueldos suben, los empleos se hacen estables y los costes de vida (el precio de la vivienda, vaya) bajan… no faltará gente que aparte algo de lo que gana para tener un piquito que complemente su pensión en el futuro.
La otra opción es conseguir un gobierno que haga caso a los asustaviejos (en este caso: asustafuturosviejos) y rebaje las pensiones para que no le quede más remedio a quien quiera una pensión digna que sacar dinero de donde pueda para apostarlo en el último chollo súper rentable que haya sacado el banco que más publicidad ponga en la web que tan bien te explicó que el sistema de pensiones públicos era insostenible.
No nos cuenten historias de terror pensionista, que los abuelos (que siempre son quienes mejor cuentan las historias a sus nietos) se saben perfectamente el final. Y no es el que cuentan. Porque el cuento que están narrando… lo ha escrito el lobo.