Blog de Hugo Martínez Abarca

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Es la antipolítica, amigo

Cuando eclosionó el 15M y después con la irrupción de Podemos hubo muchos dirigentes políticos que no entendieron nada. Acusaban a lo que estaba sucediendo de ser la antipolítica, y por tanto la antidemocracia. Su denuncia de cómo funcionaban los partidos políticos realmente existentes entonces (unos como una máquina de podredumbre antidemocrática, otros como un aparato comprobadamente ineficaz para vencerlos) se quiso leer como un discurso general contra los partidos y contra la política.

Y se caricaturizó todo aquello como un discurso antidemocrático (joseantoniano), meritocrático («el gobierno de los mejores») y caudillista (recordemos las reacciones al er la papeleta europea de Podemos). Frente a ese diagnóstico, por supuesto, ofrecían los mecanismos democráticos de los partidos, fuera de los cuales está el infierno como demuestra la Constitución del 78 cuando explica (con estrechez democrática) que los partidos son el instrumento fundamental para la participación política. No prestaron atención a que la ciudadanía estaba yendo en masa a participar de eso que ellos denunciaban como caudillista y meritocrático mientras se quedaban solos con su gesto arisco explicando que la democracia se hacía como querían ellos. Son tics del pasado pero que reaparecen como si fueran otra ley de hierro de los partidos políticos.

Desde entonces el sistema de partidos español ha cambiado muchísimo y tiene pinta de no haber terminado su cambio aún. Empezó a cambiar, por cierto, cuando aquellos maestros de democracia retaron a los de la antipolítica a montar un partido y presentarse a las elecciones. Y si algo ha empapado retóricamente el cambio en los partidos es la exigencia de que sean organizaciones internamente democráticas hasta el punto de que organizaciones monolíticas y cupulares como PP y Ciudadanos simulan tener votaciones internas.

Parece intuitivo que quien cree que un partido es algo que una persona monta para que otros cumplan órdenes, quien quiere un colectivo uniforme y militarizado, quien premia a los sumisos con sobres y castiga a quien lo merezca con dosieres y vídeos en prensa, quien confunde la lealtad al colectivo con la sumisión a la cúpula, gobernará el país con una ética semejante. Uno puede entender que un partido demócrata se organice con una cultura militar cuando vive en la clandestinidad; cuando lo hace en democracia podemos sospechar que no es un partido para gobernar en democracia sino algo más parecido a una mafia que quiere mangonear un país: el ejemplo del PP es evidente.

La democracia interna es, sobre todo, una decisión práctica e inteligente en una organización política del siglo XXI que quiera ser grande, incluso gobernar.

Es imposible un partido importante sin unas bases grandes y movilizadas. Pero en el siglo XXI y en un país con un margen de libertades real, casi nadie quiere ser militante de un ejército o una secta; y quien quiera serlo aportará mucho esfuerzo pero muy poca cabeza. Uno milita para ser útil, para estar razonablemente informado de la vida del partido, para que sus posiciones se tengan en cuenta, para que los debates en los que participa sirvan para conformar las posiciones del partido no sólo cosméticamente.

Y además, un partido que quiera ser grande, incluso gobernar, tiene que ser muy diverso, tiene que abarcar un amplio abanico político. Por eso la democracia interna de un partido es válida si es un instrumento también para enriquecerse (incluso fomentar) el pluralismo. Ese pluralismo, además, puede ser una garantía de controles internos frente a los excesos y la corrupción. E incluso si se sabe gestionar fraternalmente, el pluralismo permite siempre pensar colectivamente mejor, es decir, ser mucho más inteligente y eficaz.

En un país la democracia es una cuestión moral: los ciudadanos tenemos derecho a gobernar el país en el que vivimos y los países no son propiedad de nadie más que de todos los ciudadanos. En los partidos es, sobre todo, una cuestión práctica y que no se mide sólo con instrumentos nominalmente democráticos (recordemos, por ejemplo, que el PSOE lleva muchos años haciendo primarias, compatibles con que el aparato se cargue al vencedor si no es apropiado) sino que sobre todo debe buscar la promoción real de la diversidad interna y la participación cotidiana y real de la gente que quiere militar. La democracia en la vida de un partido no la marcan tanto los formalismos reglamentistas como la cultura política fraternal. No es una cuestión moral sino sobre todo práctica.

Sin esos dos elementos (participación cotidiana y pluralismo razonablemente fraternal) un partido político se condena a una vida corta y a un techo electoral bajo. Los ciudadanos lo entienden pronto. En un país necesitado de democracia pero sobrado de quienes dan lecciones de democracia, la gente ya tiene bastante olfato para no dejarse engañar.

Quered un poco a Madrid, quered un poco a Podemos

No. Las primarias que se han convocado en Podemos para elegir la lista que participará en las primarias que se convocarán en la plataforma que concurrirá a las elecciones municipales en Madrid no son «las primarias que dan la palabra a los inscritos porque en Podemos decide la gente«. No. Esta convocatoria tan incomprensible para cualquier persona que no pase las 24h mirando el ombligo de una organización política es simplemente un instrumento tacticista (con sus truquitos, normas ad hoc y fotos de colores) para presionar a Manuela Carmena.

Tras meses pidiéndoselo todo el mundo, cargos políticos, concejales, pero sobre todo miles y miles de ciudadanos de Madrid (y no sólo de Madrid), Manuela Carmena aceptó volver a ser candidata en 2019. Es un acto de generosidad mayúsculo en una persona mayor que bien podría querer descansar y disfrutar de su familia de una vez, que bien merecido lo tendría.  Cuando Manuela Carmena aceptó, explicó públicamente que una de las razones era que contaba con los concejales que han contribuido al mejor equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid desde Tierno. Ayer mismo Manuela Carmena especificó que Rita, Jorge, Paco, Esther, Marta y José Manuel eran, obviamente, parte de ese equipo con el que cuenta.

No, no eran unas primarias para que decidiera la gente. Eran la forma de coger a una parte sustantiva del equipo de Manuela Carmena como rehén: si quieres a tu equipo te tienes que tragar el mío. De hecho ni en 2015 Podemos planteó unas primarias propias previas a las de Ahora Madrid ni en 2019 las va a plantear en otras ciudades donde no se quiere echar este pulso a la alcaldesa: nada que ver con ningún supuesto ADN. Los concejales (de las diversas corrientes internas, esto no va de eso) que llevan cuatro años dejándose la vida por la ciudad de Madrid (sus amigos somos muy conscientes) decidieron el domingo por la noche que no estaban dispuestos a dejarse usar en esos términos. Y ayer la dirección madrileña de Podemos decidió primero filtrar a la prensa y luego aprobar la suspensión de militancia a los principales cargos públicos que tiene su partido (la portavoz de la capital de España, el concejal de Hacienda de la capital de España, el concejal de urbanismo de la capital de España… chorradas) mediante una resolución condicional («si finalmente la intención pública manifestada de concurrir en las listas electorales sin haber sido elegidos en el proceso de primarias de Podemos no se concreta, la suspensión se anulará inmediatamente«) no ya incompatible con el valor revolucionario de la fraternidad (¡ay!) sino con los más triviales principios liberales y democráticos.

Flaco favor a Madrid, flaco favor a Manuela Carmena. Pero además, un suicidio para Podemos. No sólo porque un recorrido tan grotesco con una meta tan inaudita no es precisamente una ayuda para revalidar el gobierno de la capital de España. También porque contribuye a esa dinámica de poda interna que ha ido sustituyendo el fenomenal ejemplo de inteligencia colectiva por una extraña cultura de obediencia ciega y tacticismo interno, que usa mecanismos nominalmente democráticos para implantar la aquiescencia, que sustituye la inteligente militancia líquida de los orígenes por una férrea disciplina impropia siquiera de otros partidos. Pero sobre todo porque con esta automutilación, si es que finalmente se mantiene, Podemos se está quedando como una parte importante, pero cada vez con menos peso, del bloque del cambio que se manifiesta en toda España de mil formas; en algún momento habrá que repensarse como bloque y no parece tampoco brillante llegar a esa situación empequeñecidos por voluntad propia.

Quiero pensar que imperará la cordura y que los disparates se revertirán. Que alguien aprenderá que la inteligencia y la audacia (y su consecuencia: la flexibilidad intelectual) con las que nació Podemos están en las antípodas de lo que manifiestan decisiones como la de anoche, que pone un punto y seguido a todo este disparatado proceso. Quered un poco a Madrid, quered un poco a Podemos, quered un poco a nuestro pueblo. Evitad este desastre… para todos.

Los renglones torcidos

Ayer dimitió Lorena Ruiz-Huerta, la portavoz de nuestro grupo parlamentario desde diciembre de 2016. Es sin duda un gesto de coherencia: desde su cargo de portavoz del grupo ha expuesto desde hace tiempo su discrepancia con la línea política de Podemos y ha sido crítica con nuestros referentes políticos más evidentes: parece normal que en esas condiciones no representaba una voz coral y por tanto su marcha como portavoz era razonable.

Como explicó ayer, desde pocas semanas después de su nombramiento la mayoría del Grupo Parlamentario del que era portavoz tenía posiciones políticas muy distintas de las que expresaba como portavoz. Si las diferencias políticas de quienes mantienen las posiciones políticas de Lorena Ruiz-Huerta son incompatibles con el escaño, es coherente dejar el escaño como hizo ayer Lorena.

El  Grupo Parlamentario que llegó a la Asamblea de Madrid en 2015 reunía a mucha gente valiosísima, habíamos logrado un grupo con un potencial político muy alto (y con la capacidad de ayudarnos a mejorar a quienes no teníamos tanta brillantez). Ese grupo, encabezado por José Manuel López, fue diseñado en unas primarias en las que votaron los inscritos y a las que pudo presentarse, obviamente, quien quiso.

Aunque casi siempre lo que han trascendido han sido disensos o conflictos, creo que hemos hecho un trabajo estupendo, liderando una oposición eficaz, contundente y rigurosa y que en ese trabajo la pluralidad no ha sido casi nunca un obstáculo, todo lo contrario: un factor enriquecedor hacia dentro y hacia fuera. Ayer habló Lorena en su despedida de “puñaladas” y “tremenda lucha por el poder” y creo que es excesivo la retórica, sin negar que ha habido errores que hemos acarreado, como cuando por un acuerdo de reparto de cargos para los órganos internos del partido se destituyó, por sorpresa y en plenas navidades, al portavoz que había ganado las primarias de 2015, José Manuel López.

Muchos hemos intentado colaborar cotidianamente, en cada pregunta, en cada debate al margen de diferencias internas . Seguro que habrá quien perciba que cada uno podríamos haber colaborado más, no sé; quizás sí se pueda mirar quién ha podido hacer más. Lo que nadie encontrará son críticas en público ni cuando discrepábamos rotundamente de que en la voz del grupo parlamentario se pusieran críticas a compañeros y compañeras o que la opinión que se expresara fuera la de una corriente minoritaria.

Lorena Ruiz-Huerta es una persona de enorme valía. Una diputada a la que han perseguido por decir lo que pensaba y defender los derechos humanos. Conozco a Lorena desde que hace más de 20 años nos conocimos en el movimiento universitario y tengo claro que es un activo enorme en la lucha por una sociedad mejor. Para ello no hace falta compartir todo: al cambio en España contribuiremos mucha gente que no pensamos lo mismo. E igual que me he reencontrado tantas veces con Lorena estoy seguro de que nos volveremos a reencontrar, quizás en momentos menos complejos de gestionar.

Antes del verano Podemos de la Comunidad de Madrid celebró sus primarias para las elecciones de 2019. En ellas pudo presentarse quien quisiera: como en 2015. Íñigo Errejón fue respaldado en unas primarias con más de 20.000 votantes. La persona a la que más inscritos votaron tras Íñigo Errejón fue Clara Serra, una compañera estupenda, inteligente, valiente, feminista… y amiga. Así que ayer por unanimidad, el grupo decidió que fuera nuestra portavoz en lo que queda de legislatura. Sé que lo hará de maravilla: ya ha demostrado en estos años que lo hará. Y tengo la certeza de que su trabajo estará al servicio de que tras  las elecciones de mayo de 2019 ni Íñigo, ni Clara sean portavoces de un grupo de oposición porque, además del respaldo de las inscritas en Podemos, tendrán el apoyo de la ciudadania madrileña para gobernar la Comunidad de Madrid.

Gracias, Manuela

A Manuela Carmena nadie le mandaba meterse en este follón a su edad. Manuela Carmena decidió aceptar presentarse a alcaldesa de Madrid en 2015 en vez de disfrutar de la jubilación. Tuvo la generosidad de sacrificar años de descanso y ocio, de familia y tiempo libre. En lo personal supongo que el único beneficio que ha obtenido es el inmenso cariño que le demuestra la gente de Madrid vaya a donde vaya.

En España y especialmente en Madrid, hay una corte de corruptos que no perdonan a quien hace política al servicio de la ciudadanía: somos percibidos como intrusos, que nos hemos metido en su finca particular y estamos toqueteando su vajilla. Son muchos años de poner lo de todos al servicio de quienes pagaban comisiones y tarjetas black. En junio de 2015 Manuela Carmena fue nombrada alcaldesa. Un par de meses después el pesebre mediático de la mafia que gobernó la ciudad de Madrid ya montó la primera campaña de persecución acusándola de haberse ido de vacaciones en familia a Cádiz; y de haber cogido una flor. Desde entonces no han parado.

Pero gracias a ese sacrificio, que no se nos olvide nunca, Esperanza Aguirre no es hoy alcaldesa de Madrid como habría sucedido si el PP o Begoña Villacís hubieran obtenido un escaño más.

Madrid estaba arrasada por décadas de gobiernos anclados en un modelo urbano de los años 60, cuando los tecnócratas franquistas equiparaban progreso a metros de asfalto y kilos de humo vertidos al aire. No era tanto una opción ideológica como la consecuencia de millones de euros de las constructoras al Partido Popular. El Madrid de las candidaturas olímpicas y las obras faraónicas generó la ruina que ha padecido Madrid pero financió campañas electorales y engordó los bolsillos de los sinvergüenzas.

La legislatura 2015-2019 no ha sido fácil y es evidente que el rumbo emprendido de modernización, reequilibrio y recuperación de la ciudad no habrá sido terminado en mayo de 2019.

El Ayuntamiento de Madrid es un inmenso trasatlántico que ya tenía comprometidas algunas importantes actuaciones del PP y al que llegaba el gobierno de Manuela Carmena en minoría entre otras cosas porque no eran muchos los madrileños que eran conscientes de que era posible que Esperanza Aguirre no fuera alcaldesa ni con el esperable apoyo de Ciudadanos. La inmensa deuda recibida ha sido otro lastre inmenso que ha ralentizado los avances que, sin duda, cada vez pueden ser mayores gracias a la drástica reducción de la deuda por la mayor eficacia y honestidad en la gestión y, también, gracias al cambio en el gobierno central que necesariamente levantará la bota con la que Montoro ha impedido a las ciudades que los españoles vivamos mejor. Junto a estas dificultades, la precaria mayoría en el pleno municipal no siempre ha sido preservada, habiendo quien a veces ha priorizado una lealtad colectiva a espacios políticos más pequeños y que probablemente no necesitaban tanto mimo como el que merecía Madrid, especialmente en un momento histórico para la ciudad como están siendo estos años.

Que Manuela Carmena repita como alcaldesa es una gran noticia para quienes queremos que nuestra ciudad siga avanzando, para que se respire aire más limpio: el aire físico y el aire moral. El PP y Ciudadanos y su pesebre periodístico harán lo posible para volver a entregar Madrid al fango y al humo. Entre 2015 y 2019 Madrid ha mejorado mucho; pero sobre todo Madrid ha puesto los cimientos para que en cuatro años más Madrid pueda culminar proyectos que suponen inmensos avances en modernización, en servicios públicos, en democracia, en movilidad europea, en cuidados, en fraternidad…

Que Manuela Carmena decida continuar pone un poquito más difícil a los corruptos volver a destrozar Madrid. Que Manuela Carmena decida continuar poner un poquito más fácil a Madrid seguir avanzando mucho más rápidamente. Y, eso sí, le pone a ella mucho más difícil descansar, disfrutar de su ocio y su intimidad y cuidarse, que es obvio que se lo tendría más que ganado. Mientras rabian la mezquindad, la corrupción y el pasado, toca dar las gracias por tanta generosidad personal con Madrid.

Madrid merece que sonriamos

No hay pocos datos para pensar que el cambio en la Comunidad de Madrid es posible. Hace unos días ElDiario.es publicaba una encuesta que a primera vista podría ser desalentadora pero que escondía la posibilidad cierta del cambio. Tal y como se presentaba en 2019 se recompondría el bloque del saqueo y pasaríamos de un gobierno del PP sostenido por Ciudadanos a un gobierno de Ciudadanos sostenido por el PP por un margen de seis escaños.

Pero la encuesta deja sin representación al 4.7% que votaría a Izquierda Unida y si algo está dejando claro Íñigo Errejón es que cuenta con todos los actores del cambio (Izquierda Unida, Equo y cuantas plataformas y personas civiles y políticas quieran arrimar el hombro para poner la Comunidad de Madrid a funcionar) y que no podemos volver a tirar los votos que en 2015 habrían echado al PP del gobierno autonómico. Sólo eso añadiría prácticamente 7 escaños al bloque del cambio, lo cual desestabilizaría el mapa previo.

Pero quizás el factor emocional más importante lo ha dado la presentación de un candidato como Íñigo Errejón con una candidatura que une a todas las posiciones de Podemos que han querido participar en el proceso de primarias (ojalá hubieran sido más pero dejar pasar un tren que no se quiere coger es una decisión legítima) y que garantiza cerrar la crisis interna que hubo en las fechas de esa encuesta. El candidato goza del mayor de los prestigios entre los madrileños, como una persona capaz, inteligente, sensata y con grandes dosis de humanidad. Y la unidad permite exhibir la madurez que faltó días antes.

Ambos factores suponen un empujón considerable en plena demolición del gobierno del PP de Madrid. La prueba más evidente sucedió ayer en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid, en el que tanto el Partido Popular como Ciudadanos se olvidaron de los barrios y necesidades de Madrid y se centraron en atacar a Íñigo Errejón: mostraron a las claras qué es un competidor temible para quienes quieren mantener a Madrid bajo las políticas rancias e injustas del PP de estos últimos 20 años.

Por eso resulta incomprensible que haya quien no haya sido consciente del potencial que tiene para Podemos el cambio de ciclo que se abrió el jueves por la tarde con el anuncio del acuerdo por una lista unitaria. Si antes de aquello estaba justificado el “Ni media tontería”, hoy suena a “tontería y media” lo que ha venido publicando un compañero como Juan Carlos Monedero haciendo insinuaciones que todo el mundo sabe que responden a falsedades sobre el delirante documento de Carolina Bescansa o abriendo un más que arriesgado juego sobre quién suma y quién resta en Podemos para atacar a Tania Sánchez, un activo importantísimo de Podemos como demuestran los inscritos cada vez que se presenta a procesos internos y obtiene un respaldo óptimo por parte de esas bases que no necesitan tribunos que ejerzan de sus traductores. No creo que sea buena idea discutir sobre quién es o no un lastre: más bien está claro que en un espacio como Podemos toda persona que defienda con honradez un proyecto de avances democráticos y sociales es un activo no ya para Podemos sino para nuestro pueblo.

Más allá de la desubicación concreta, es un hecho que este fin de semana hemos puesto en marcha un proyecto que abre el proceso de sustitución del bloque del saqueo; tenemos capacidad para explicar a los madrileños un proyecto ilusionante que acabe con 25 años de saqueos que van de Cajamadrid al Canal de Isabel II pasando por el tamayazo.

Tenemos razones para exhibir la sonrisa de quien está en disposición de hacer las cosas bien, con un candidato que ilusiona, que es reconocido y que lleva tiempo trabajando para presidir un gobierno madrileño eficaz y que lleve a la Comunidad de Madrid el buen gobierno que ya ejerce Manuela Carmena en el ayuntamiento de la capital y muchos otros compañeros y compañeras en los municipios que ya se han puesto a modernizarse con gobiernos honestos y capaces.

 

El culto a la personalidad

En Madrid, el Parque de Valdebebas va a recuperar su nombre por decisión de todos los vecinos de su distrito que quisieron votar. Hoy, en el Pleno de la Asamblea, mi compañero Pablo Padilla propondrá que el Hospital del Sur, en Parla, también recupere su nombre en vez de Hospital Infanta Cristina, como lo bautizó Esperanza Aguirre cuando se obsesionó en dar nombre regio a los hospitales de los que se llevaba un pico de dinero para el partido.

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De tramas, castas y gobiernos frágiles (artículo en cuartopoder.es)

Cuando Podemos introdujo machaconamente la idea de la casta como forma de designar a una oligarquía tóxica a muchos nos rechinó. Su contenido sustantivo era plenamente asumible (y así lo defendí cuando aún no estaba en Podemos) pero las personas que tienen la política en el centro de sus inquietudes solemos tener algo de religiosos (aunque queramos evitarlo a toda costa) y nos resulta ciertamente incómodo ver cómo se cambian nuestros rezos y simular que espontáneamente ya no tenemos que perdonar las deudas, sino las ofensas. Lo que rechinaba era una suerte de imposición artificial de una consigna a la que costaba sumarse sin impostar excesivamente: su evidente éxito popular mostró que esa resistencia era más un desdén aristocrático, que un análisis material de las posibilidades políticas de la casta.

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Los temibles ciberactivistas y otras historias de terror podemita

Si eres conocido y criticas a Podemos lo más probable es que haya un montón de gente (por lo general anónima) que te insulten en las redes sociales. Esto es así y es de lo poco evidente que se está contando en estos días a raíz del sorprendente comunicado de la APM. Si cambias «Podemos» por cualquier otro partido, por un equipo de fútbol, una religión… Qué va. En realidad, si eres conocido y dices cualquier cosa que no sea una nadería lo más probable es que haya un montón de gente (por lo general anónima) que te insulten en las redes sociales. Según contra quién seas crítico también te puede caer una amenaza o una querella de alguna asociación ultra de corte mafioso o incluso del Gobierno.

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En defensa de los periodistas

En las últimas semanas el PP y Ciudadanos han emprendido una campaña en las Juntas de Distrito de Madrid contra la ampliación de la oferta mediática en los centros municipales. Antes, cuando gobernaba el PP, la oferta se limitaba en muchos casos a La Razón y El Mundo. Ahora se ha ampliado con ABC, El País, As, La Marea y Diagonal (supongo que a partir de ahora será El Salto). Éstas últimas apenas suponen coste pues no son diarios. Pero el PP y Ciudadanos han presentado mociones en las Juntas de Distrito pidiendo la cancelación de la suscripción a La Marea y Diagonal sin disimular que la razón es su línea editorial (es muy recomendable el vídeo que acompaña esta noticia y que evidencia el acoso del PP y su escudero Ciudadanos a los medios que no consideran de su cuerda).

En los últimos días las noticias en ABC no van firmadas. La razón es la amenaza de una nueva oleada de despidos en el periódico que se cierne sobre sus periodistas. La caída de ABC empezó con una campaña de acoso y derribo contra su director cuando éste mantuvo a su periódico en sus posiciones políticas conservadoras pero sin vomitar las mentiras sobre el 11-M con las que el PP y su séquito intentó manipular el mayor atentado terrorista de nuestra Historia. El principal hostigador de ABC y valedor de la mentira sobre el 11-M fue Libertad Digital, medio que se financió con dinero de la caja B del PP repartida por Bárcenas y cuyo presidente acaba de ser condenado por las tarjetas black. ABC ha vuelto a ser domado, pero sus periodistas siguen amenazados.

En los últimos meses el Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha una emisora pública de radio. Una emisora con información sobre cultura, ocio, turismo y servicio público y que trabaja con escuelas de radio y estudiantes de periodismo en prácticas. Sin esperar a que la radio hubiera emitido un minuto PP y Ciudadanos emprendieron un acoso contra la que llamaron «Radio Carmena», hicieron un examen ideológico a los periodistas que trabajan en ella e intentaron impedir que iniciara sus emisiones. En los seis meses que han pasado desde aquella campaña la oposición al Ayuntamiento no han conseguido encontrar una sola noticia o programa que justifique no ya la campaña de acoso sino una sola de las críticas preventivas.

En España hay amenazas a la libertad de prensa. No sólo las consabidas presiones de anunciantes (incluir una noticia que no sea publicitaria sobre El Corte Inglés, Coca Cola o Banco Santander es una prueba de algodón de independencia) o de los dirigentes de medios de comunicación, sino que las campañas del PP contra los medios que se salen de sus dictados son durísimas y nunca amparadas. Incluida, por supuesto, la asfixia sin publicidad institucional a medios que no sean afines y el premio (aka soborno) con dinero público para los medios leales. Por no retrotraerse al cierre ilegal de medios de comunicación llevado a cabo por gobiernos y jueces.

El periodismo es un poder de la democracia. Merece por tanto protección de su independencia, pero también está sometido a la libre crítica. Como las merecemos los cargos políticos, los jueces o cualquier poder democrático. Que algunos periodistas reciban críticas incluso injustas es tan legítimo como que los diputados recibamos críticas, faltaría más: más vale tener la piel algo gruesa si se está en según que lugares de una democracia. Que haya cargos políticos (y periodistas) que no tienen contención en la forma con la que critican lo que no les gusta es cierto, por supuesto; como es una obviedad que esos excesos no son monopolio de partido alguno. Y es cierto que tendremos que poner todos los empeños en evitar que esos excesos se produzcan desde nuestros ámbitos porque en eso también tenemos que ser más pulcros que nadie, sin que eso signifique tragar en absoluto con ataques injustos ni aceptar que quienes menos tenemos qué ocultar seamos los únicos señalados.

La libertad de prensa en España no tiene problemas anecdóticos sino estructurales cuyo origen es vertical, viene de arriba, de los poderes políticos y empresariales que deciden qué es publicable y qué no, qué noticias merecen vetos, sobre quién no se puede hablar, sobre quién sólo se puede hablar bien o mal o de quién hay que ocultar los lazos comerciales con criminales y en paraísos fiscales, qué medios deben prevalecer, cuáles hay que asfixiar, cuáles hay incluso que cerrar. Y por detrás de esos problemas estructurales sin duda hay colecciones de tratos equivocados (en todas las direcciones, de gente concreta de cualquier partido hacia los medios de comunicación y también, por supuesto, de algunos medios de comunicación hacia gente de partidos concretos). Afrontense éstos también, pero aquel que sólo ponga el acento en unos concretos problemas (y explicados de forma difusa con lo que es imposible darles solución) y nunca en los estructurales está delatándose como organización servil con las carencias en libertad de prensa que sufre nuestro país.

Y súbitamente el gobierno de Cifuentes envejeció


El Roto retrató con esta viñeta lo que supuso el 15M en una estructura de partidos que pensaba que podía vivir de la mera inercia. Salvando las distancias algo así sucedió el pasado sábado cuando Podemos, en palabras de Pablo Iglesias, se comprometió a poner toda la carne en el asador en las próximas elecciones autonómicas de 2019 con la Comunidad de Madrid como reto crucial. Fue ponerse el nombre de Íñigo Errejón en circulación y súbitamente el gobierno de Cifuentes envejeció.

Que una presidenta de la Comunidad de Madrid califique de destierro o desprecio la hipótesis de que alguien aspire a presidir la Comunidad de Madrid debería ser una ofensa a los madrileños. Que una persona tan ponderada como Ángel Gabilondo nos diga que no miremos la Luna sino el dedo sorprendería. Que Ignacio Aguado respondiese hablando del comunismo, la Unión Soviética y Siberia podría llegar hasta a causar vergüenza ajena otra vez. Pero las tres reacciones juntas no son más que la constatación de que la Comunidad de Madrid puede vivir el terremoto político que ya vivimos en el Ayuntamiento de la capital si somos capaces de ofrecer una alternativa ilusionante que ponga lo mejor del bagaje de estos años al servicio de Madrid.

Algún diputado del PP reconocía en privado hace unos meses que el gobierno de Cifuentes no tiene política pero transmite una imagen sólida mientras que el Ayuntamiento sí tiene política pero no conseguía transmitir todo lo que estaba haciendo. Sospecho que de hablar ahora con él no diría lo mismo. Desde hace meses el Ayuntamiento transmite sensación de solvencia y de proyecto de ciudad y es acompañado por la ciudadanía al innovar incluso en proyectos que puedan ser molestos (como los cambios en movilidad, que rompen inercias de tantos años llevándonos a la modernidad urbana). Y mientras, el gobierno de Cifuentes no transmite más que propaganda hueca sin que haya un solo madrileño que sepa contestar a la pregunta “¿qué ha hecho Cifuentes?”: siendo desastrosos para Madrid, al menos Gallardón era el presidente que hacía Metro y Aguirre la que construía hospitales. Cifuentes es la presidenta que hace entrevistas, nada más.

El gobierno de Cifuentes es la nada manchada de corrupción, ineficacia y desigualdades. Y por eso la mera sugerencia de una posible alternativa tan sólida de gobierno ha sido demoledora. El cambio que se empezó a construir por los municipios continuará e incorporará a las grandes comunidades.

Querían dar el cambio por enterrado y, de repente, se confirme o no lo publicado por la prensa, se dieron cuenta de que tienen un problema.

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