Blog de Hugo Martínez Abarca

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De la «nueva política» al chalaneo más obsceno

No hace tanto la política española estaba empapada de lo que se llamó la nueva política, una suerte de cultura política ascética en la que se presumía de la renuncia a todo cargo, de la fugacidad de los pocos cargos que fueran imprescindibles, los sueldos moderados y a un simulacro exagerado de voto casi de pobreza. Tenía todo el sentido: veníamos de años de podredumbre en los que la corrupción había cooptado a muchos cargos políticos y sindicales y para ello se había servido de sobres, regalos, invitaciones y privilegios inaccesibles al común de los mortales. Los cargos políticos vivían en unas alturas desde las que se veía muy lejos al pueblo al que tenían que representar y servir.

De los consejos de administración de Cajamadrid a la universalización del coche oficial (el Ayuntamiento de Madrid llegó a poner un coche con su conductor para cada uno de sus concejales de gobierno y oposición) pasando por el palco del Bernabéu, los cargos públicos tenían difícil no sentirse una élite separada por un infranquable foso de la ciudadanía común. Había más complicidad muchas veces entre los miembros de esa élite (aunque aparentemente fueran adversarios) que con los representados. Eso fomentaba unas políticas en las que el interés general se convertía en una anécdota secundaria y una sensación de impunidad que ayudó a naturalizar una corrupción absolutamente extendida (desde el regalo de áticos hasta el regalo de títulos universitarios).

Las exigencias de la nueva política tenían todo el sentido como anticuerpos frente a una degradación absoluta de la política española.

No hace demasiado de esto. Apenas unos meses. Y sin embargo lo que estamos viendo desde el 28A y el 26M ha supuesto un giro radical que marea incluso al observador menos atento. No hay una sola exigencia o negociación de gobierno municipal, autonómico o nacional en la que el foco no esté en el reparto de cargos. No se conoce una línea roja programática, una conquista irrenunciable. Sólo sabemos que unos quieren entrar en consejos de gobierno, que otros quieren que los unos no entren aunque se hagan sus políticas, que Ciudadanos quiere trincar buenos sillones con los votos de Vox haciendo contorsionismos para devolvérselos y que al PP le da igual cómo se arregle lo de los sillones de los otros mientras se le garantice el suyo.

Uno recuerda casi con nostalgia cómo las negociaciones de Pujol y Arzalluz con Felipe González y Aznar nos parecían irritantes pasteleos sin escrúpulos porque la investidura dependía abiertamente de la entrega de competencias y presupuesto a sus Comunidades Autónomas. Hoy esto parecería un ejercicio de transparencia y altruismo enternecedor.

¿Alguien conoce alguna diferencia política insalvable para formar gobierno en España que no sea quién será ministro y quién no o si en vez de compartir ministerios se comparten direcciones generales? ¿Tiene alguna queja Vox de los primeros diez días de sectarismo, prohibiciones y censuras del Ayuntamiento de Madrid o sólo le preocupa qué concejalías, consejerías y chiringuitos va a trincar? ¿Sabemos qué le parece a Ciudadanos que los gobiernos de los que forma parte adopten las políticas de Vox o lo único que le preocupa es que no salgan en la foto compartiendo los sillones que con tanta renuncia política han logrado apañarse?

El culmen de la degradación fue el documento exhibido ayer por Vox. Primero por su carácter secreto, algo absolutamente intolerable y que debería ser ilegal. Y en segundo lugar por su obsceno contenido con sólo tres puntos: el primero, los sillones del PP; el segundo, los sillones de Vox; el tercero, la opacidad del acuerdo. Hasta los futbolistas que fichan por un equipo nuevo que les ofrece más dinero tratan de disimular diciendo que éste era su equipo desde niño o que buscaban nuevos retos.

No nos hemos curado todavía de tantos años de saqueo e indecencia como para dejar de tomar la medicación tan abruptamente. Disimulen un poco, que abriendo tanto la puerta va a pasar mucho frío.

No es un ayuntamiento Frankenstein: es un ayuntamiento machista

Ayer fuimos conscientes de cuál ha sido la primera medida del Ayuntamiento de Madrid del PP, Ciudadanos y Vox. Han retirado de muchas Juntas de Distrito las pancartas contra la violencia machista con lemas tan partidistas como «Vivas nos queremos» o «Ni una menos«.

La acción es muy grave: el Ayuntamiento de Madrid está lanzando el mensaje de que la preocupación por la violencia machista (más de mil mujeres asesinadas en una década y media) es una cuestión ideológica, de partido. Que no es una prioridad absoluta de toda la sociedad independientemente del partido político; y que lo más urgente que tenía el Ayuntamiento era hacer saber que es así, que eso ya no es una prioridad. El mensaje del Ayuntamiento es letal, es intolerable. Y tiene consecuencias reales en la renaturalización de la violencia machista.

En España se ha ilegalizado a partidos políticos por su indiferencia activa con asesinatos al considerar que esa indiferencia activa era complicidad. ¿Alguien imagina qué diríamos a día de hoy si en algún Ayuntamiento vasco llegara la izquierda abertzale y lo primero que hiciera fuera retirar carteles de rechazo a los crímenes terroristas? ¿Qué estarían haciendo ya los jueces y fiscales? Afortunadamente eso ya no pasa: ya no nadie que relativice la gravedad de esos crímenes que felizmente se terminaron. Desgraciadamente no ocurre lo mismo con los crímenes machistas.

En el Ayuntamiento de Madrid gobiernan PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox (hasta que en unos días les den los ansiados carguetes y gobiernen los tres de la mano). Ciudadanos, además, se ha cogido la responsabilidad de igualdad. Sin embargo ayer atacó a quienes informaban sobre la retirada de las pancartas diciendo que ellos no tenían nada que ver, que eso era en las juntas del PP. A quien no criticaron, por cierto, fue al PP por retirar las pancartas: de nuevo no les importaba lo que está pasando sino cómo queda la foto de lo que pasa. No les parece grave que el Ayuntamiento renuncie a rechazar los crímenes, les parece grave salir feos en la foto.

Madrid no tiene dos ayuntamientos, uno del PP y otro de Ciudadanos. Madrid tiene un Ayuntamiento que gobiernan juntos PP y Ciudadanos. Ni en breve tendrá tres ayuntamientos sino uno con PP, Ciudadanos y Vox. Ciudadanos es muy escrupuloso a la hora de señalar complicidades: la excusa para no sentarse a hablar con Ángel Gabilondo en Madrid es que es del mismo partido que Pedro Sánchez al que en España votó una vez ERC y ERC en Cataluña ha participado en el intento independentista. ¿Puede un partido que usa tales argumentos decir que ellos no tienen nada que ver con lo que hace el gobierno municipal del que ellos mismos son parte?

Van a ser cuatro años muy duros. Pero a Ciudadanos le convendría dejar de tomar a la gente por imbécil. El Ayuntamiento de Madrid ha optado como prioridad por arrancar la lucha contra la violencia machista. Podía haber otro Ayuntamiento, nadie obligó a Ciudadanos a ser los responsables de igualdad del Ayuntamiento de Madrid. Nadie obligó a Ciudadanos a gobernar con la mugre, la corrupción y el odio. Nadie le obligó ni nadie lo olvidará.

El PP da Madrid por perdida

Son muy reveladoras las portadas del entorno mediático del PP para entender el desánimo de la derecha con los candidatos señalados por el dedo de Pablo Casado para Madrid. La Razón explica que «Casado desoye a los que pedían un golpe de efecto y apuesta por leales«; ABC define a Díaz Ayuso como «figura del partido» cuyo objetivo es «retener la Comunidad» y a Martínez Almeida como «el líder de la oposición municipal para frenar el efecto Carmena».

No tienen mucho entusiasmo que ofrecer. Retener el poder que se les escapa, frenar el apoyo popular a una alcaldesa, y para ello dos personas de partido cuyo gran mérito político, ético e intelectual es la adhesión inquebrantable al Jefe, Jefe, Jefe.

La designación de Almeida, un hombre que sigue siendo desconocido para casi todos los madrileños tras haber sustituido a la fugada Esperanza Aguirre durante media legislatura, revela probablemente un aluvión de negativas a enfrentarse a Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid. No tienen más: más allá de su histriónica oposición a Manuela Carmena, son conscientes de que sólo pueden volver a destrozar la capital si la gente no va a votar (como en Andalucía). No han encontrado nada mejor frente al asumido «efecto Carmena» (ABC dixit).

La candidatura de Díaz Ayuso es una muestra del fracaso del PP en la Comunidad de Madrid. En los últimos ocho años el PP de Madrid ha tenido que poner cuatro presidentes distintos. El PP nos pide que asumamos a una quinta tras Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes y el purgado Ángel Garrido. Los tres primeros acosados por la corrupción, el fraude, la mentira y los juzgados. El único que no ha tenido problemas conocidos de corrupción (y a quien siempre he reconocido públicamente que hizo cambios positivos -no tenía el listón alto- cuando presidió el Canal de Isabel II) no era suficientemente ultra para Pablo Casado y tenía el pecado de haber apoyado a Cospedal antes que a Casado.

En eso Ayuso ha sido mucho más lista: su oportunismo le llevó a ser la más aguirrista de la clase, la mano de Cifuentes en la Asamblea de Madrid y ahora la más casadista del PP. Del mismo modo que en los años del tamayazo fue la estudiante de la Complutense más afín a Dionisio Ramos. En estas semanas navideñas las televisiones dieron a conocer a Ayuso como la portavoz fanática de este PP ultra, sin complejos. Pero su biografía política muestra que no es fanática sino mercenaria, de lo que carece no es de complejos sino de principios.

Casado da por perdida Madrid. Sus designaciones sólo son comprensibles en clave de política interna de partido: leales al Jefe que reconstruyan una organización corrupta y atraigan a votantes de extrema derecha. No son designaciones para gobernar Madrid sino para gobernar el PP de Madrid.

Le toca a la ciudadanía madrileña, nos toca a todos, recuperar la Comunidad para que junto con el Ayuntamiento demos la espalda a ocho años de sectarismo, mangoneo y desgobierno y pongamos nuestra sanidad, nuestra educación, nuestro metro… nuestra Comunidad a funcionar de la mano de los ayuntamientos.

Cómo nos ven (a todos) desde Europa

Mientras en Europa llevan años combatiendo a la extrema derecha, Ciudadanos y PP acaban de llegar a un acuerdo de gobierno con Vox. Merkel sigue anteponiendo tímidamente por con desgaste los derechos humanos de los refugiados a sus intereses electorales aunque crezca la extrema derecha con la que ni se le ocurriría pactar; Macron no entiende que ante los ultras se haga otra cosa que combatirlos. Mientras, Ciudadanos y PP se reparten los sillones andaluces pactando un programa de gobierno con la extrema derecha a la primera oportunidad.. No en una situación excepcional, asfixiados por la falta de alternativas. Desde el primer día ambos apostaron por un gobierno acordado con el partido de la manada. Tan poco asfixiante era la situación que hace mes y medio Ciudadanos gobernaba en Andalucía con el PSOE de Susana Díaz. Pero ha optado por entregarse al partido liderado por un delincuente condenado por desproteger a un niño de su padre maltratador.

Mientras PP y Ciudadanos se oponen con mentiras, boicots y anuncios apocalípticos a las medidas del Ayuntamiento de Madrid para la movilidad y la lucha contra la corrupción, Bruselas ha escrito a la Comunidad de Madrid pidiendo que deje de boicotear la implantación de Madrid Central, la Comisión Europea ha levantado las sanciones a España por las medidas de las principales ciudades contra el tráfico y Madrid se ha ahorrado 500 millones en sanciones europeas heredadas de la época del PP. Madrid, Barcelona y el resto de los ayuntamientos del cambio se han puesto en la vanguardia europea por una movilidad moderna y saludable y así lo están reconociendo Europa y sus principales ciudades.

Ahora que PP y Ciudadanos se alían con una fuerza expresamente homófoba hay que recordar que Europa tenía a España por un país rancio y discriminador. Que se sorprendió al ver la fuerza que tenía el Orgullo, cómo sus fiestas se convertían en las verdaderas fiestas de todo Madrid. Europa vio cómo España se adelantaba llevando la igualdad y la libertad al matrimonio de todos, quiera a quien quiera cada cual. El PP (aún con Vox dentro) hizo todo lo posible por colocar a España de nuevo en el furgón de cola de Europa; Albert Rivera se mostró en desacuerdo con el avance. Se opusieron, como siempre hicieron los parásitos de la Historia de España, a la libertad, la modernidad, la felicidad y el amor. Pero España se situó en la cabeza de Europa. Hoy hasta Vox tiene que esconder su oposición a la igualdad de todas las familias con eufemismos irracionales como que «defendemos la familia natural» sin aclarar que si pudieran combatirían las formas de familia no canónicas (que, por cierto, son la mayoría en la España de 2019).

Cuando PP y Ciudadanos llegan a un acuerdo programático con un partido machista que quiere evitar la lucha contra la violencia machista es bueno sentirnos orgullosos de cómo el 8 de marzo España se puso de nuevo al frente de Europa con su huelga feminista y las históricas movilizaciones en defensa de la igualdad. El feminismo avanza en Europa pero toda Europa se quedó asombrada de cómo esa España caricaturizada como rancia, casposa y cutre era ahora la que lideraba las conquistas de libertad y modernización. PP y Ciudadanos han decidido formar parte de un bloque que quiere decirle a Europa que esa caricatura de España era real.

En mayo hay elecciones europeas. Y en todos los países las fuerzas democráticas defenderán Europa de los ultras que están atacando los valores de la Ilustración y la modernidad, los valores que están en la raíz de Europa. Mientras, en España, PP y Ciudadanos estarán gobernando con los enemigos declarados de todos esos valores, con quien quiere devolvernos a las tinieblas; y se excusarán explicando que esos que han puesto a España al frente de los avances de Europa son peores que quienes quieren devolvernos al lodazal. que quienes quieren recortar derechos, deportar personas y olvidar la Historia de España, tan relacionada con la de Europa, no son tan malos como quienes quieren conquistar derechos y avanzar en democracia.

Con perspectiva se ven las cosas más claramente. Y con la perspectiva europea se entiende muy bien lo que está pasando en España. Ciudadanos y PP quieren recuperar esa España que veía Europa terminar en los Pirineos. Otros queremos que España siga liderando la modernización de Europa.

¡Funciona!

La estrategia de llamar populista a todo el que hiciera una propuesta decente, democrática, más justa y equitativa quería transmitirnos un mensaje: «todo eso es muy bonito, pero al final no salen los números». Era una nueva forma de transmitir el mensaje machacón de los últimos 40 años de desmantelamiento mundial de los derechos sociales y democráticos: There is no alternative, No hay alternativa. Como en los últimos años se demostró con una crisis monumental que las políticas de recortes y destrucción de lo público eran un fracaso, que si había algo que no era una alternativa eran sus políticas, nos explicaron que la nuestra era el caos, los soviets de distrito, la cochofobia, Caracas, hambre, destrucción y cabalgatas de Reyes Magos. Y, además, nos fueron explicando que somos igual de corruptos que ellos, faltaría más.

Ayer presentaron Manuela Carmena y Jorge García Castaño (concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Madrid y un compañero y amigo por el que sentirme tan orgulloso) los últimos presupuestos de esta legislatura. Y lo hizo con unos números y unos resultados para que los madrileños vivan mejor espectaculares. Han sido muchísimos los palos en la rueda contra este Ayuntamiento. Montoro intentó asfixiarlo, entre la Fundación Francisco Franco, el Partido Popular y otras organizaciones del entorno, han intentado parar en los tribunales desde la democratización del callejero a todas las obras que van a llevar a los barrios polideportivos, piscinas, zonas infantiles

Pero no lo han conseguido. Hoy cualquier madrileño tiene la conciencia de que el Ayuntamiento ha realizado innumerables actuaciones para mejorar los barrios, la vida de las familias. No hay una gran obra en el Madrid de Manuela Carmena. En esta legislatura los madrileños no hemos enterrado una autopista para que paguen hasta nuestros nietos y cobren hasta los tataranietos de los constructores amigos. No hay una gran obra en el Madrid de Manuela Carmena. Pero para atacar su gestión un diario conservador la acusaba hace unos días de febril: es decir, la crítica era la cantidad de cosas que está haciendo el Ayuntamiento. Y, sin duda, a los madrileños nos gustaría que la fiebre fuera aún más alta. A veces olvidamos que en 2015 Madrid llevaba años sin siquiera una operación asfalto: la ruina de la ciudad se traducía, entre otras cosas, en baches y rajas en nuestras calles que hoy van recuperándose. Por cierto, aquel abandono de las calzadas sí que era cochofobia.

La memoria a veces es corta, pero la comparación con la Comunidad de Madrid nos refresca siempre la diferencia. No, nadie acusará al gobierno de la Comunidad de Madrid (PP-Ciudadanos) de febril. Lo único que recordaremos de esta agonía asistida del PP en la Comunidad de Madrid es el bochorno de la salida de Cristina Cifuentes. Tan desaparecida está la Comunidad que no son pocos los madrileños que se olvidan de su existencia y piden a Manuela Carmena que arregle los destrozos del PP-Cs (¿cuántos madrileños siguen pidiendo al Ayuntamiento que arregle el desastre de Metro sin saber que sólo es competencia de la Comunidad?).  Una evidencia: en 2019 el Ayuntamiento de Madrid habrá hecho 13 escuelas infantiles nuevas; la Comunidad de Madrid (que es la que tiene la obligación de hacerlas) ninguna. Eso es ayudar (o no) a las familias madrileñas.

Lo impresionante es que hacer cosas es más eficiente: mientras la Comunidad de Madrid no para de aumentar la deuda pública, el Ayuntamiento ha reducido la monstruosa deuda que dejaron Gallardón y Botella a la mitad. No, no era populismo: era democracia, cercanía y eficacia. Era pensar en el bien común en vez de en la financiación del partido y el relleno de sobres. Era dejar que Madrid volviera a ser una ciudad viva y moderna. Y, qué raro, funciona. Por el camino, Madrid va de la mano de Copenhague, Berlín, París, Londres, Amsterdam… en políticas de movilidad mientras el PP (político-mediático) nos quiere anclar en algo mucho más parecido a su obsesiva Caracas.

Sin duda el mayor error de esta legislatura ha sido no ser conscientes de que el PP (en sentido amplio) odia a Madrid (como a España) hasta el punto de intentar paralizarla, joder a los madrileños hasta que le devuelvan la llave de la caja fuerte, que tan bien han exprimido siempre. Ha sido un aprendizaje duro que ralentizó el comienzo de la legislatura. Por eso y por tantos años de destrozo queda tanto por hacer.

Pero la evidencia ya está aquí y es una lección también para administraciones autonómicas y nacional. Funciona. A lo mejor era cierto que No hay alternativa: No hay alternativa a los gobiernos decentes, equitativos y democráticos que hoy están haciendo funcionar las ciudades que ellos destrozaron.

Moverse en Madrid

Madrid es una Comunidad extraña. El peso de la capital (50% de la población de la Comunidad pero con un peso vital y laboral incalculable también en los municipios de su cinturón) y el olvido generalizado de la política local por parte de los madrileños hace que muchas veces no sepamos qué administración lo está haciendo bien o mal. Si uno pregunta en la calle de quién es competencia el tren de Cercanías, el metro y el autobús, muy poca gente acertará las tres. Hasta ahora eso se traducía siempre en «qué mal lo hace el PP«, pues durante un par de décadas han saqueado el Ayuntamiento y la Comunidad y el deterioro de Cercanías (competencia estatal) ha sido claramente durante los gobiernos de Rajoy.

Ahora se dan dos fenómenos inéditos. En primer lugar que cada administración tiene un gobierno distinto y, sobre todo, que el Ayuntamiento de Manuela Carmena ha lanzado una ofensiva por la modernización de la movilidad. No es una cosa rara que se le ha ocurrido a la alcaldesa: la ciudad de Madrid está yendo de la mano de Londres, París, Berlín, Copenhague, Amsterdam… De hecho, lo raro está siendo el discurso del PP-Cs (político-mediático) cuyas propuestas se alejan de las ciudades europeas y resucitan la concepción de modernidad de los tecnócratas de los años 50 y 60 en España para los cuales el progreso se medía en kilos de humo lanzados al aire y en metros cuadrados de asfalto arrancados a las aceras. El humo en la Plaza Mayor, el Retiro y la Casa de Campo eran señal de progreso en el segundo franquismo; son muestras de libertad en los discursos de la oposición al Ayuntamiento.

Más allá de los rancios apocalipsis que nos anuncian Begoña Villacís y su escudero del PP cada vez que se abre un carril bici, se amplía una escuálida acera o se facilita la movilidad de los peatones en el centro, los madrileños están cambiando el coche privado por el transporte público. Esto sería una gran noticia para cualquier gobernante responsable del mundo en 2018.

Pero increíblemente el gobierno de la Comunidad de Madrid ha hecho dos cosas. La primera reducir la frecuencia de Metro: desde septiembre, cualquier madrileño (que use Metro) puede notar esperas propias de Agosto, continuas averías que interrumpen o retrasan los trayectos y unas aglomeraciones más propias de las estaciones del centro en Navidad. La segunda decir que la culpa de que Metro esté funcionando tan mal es de Manuela Carmena por fomentar el transporte público; o, dicho en palabras de Ángel Garrido, «por la mala gestión del Ayuntamiento muchas personas más de lo normal están recurriendo al metro«: ¡con lo bien que habría quedado diciendo que gracias a la buena gestión de la Comunidad muchas más personas de lo normal están recurriendo al metro!

Madrid es una comunidad muy rara en la que casi nadie sabe quién tiene la obligación de hacer qué. Por eso, uno podría sospechar que el gobierno de la Comunidad está siendo un pésimo gestor. Pero cuando uno lee a la consejera de Transportes explicar que van a hacer un «esfuerzo extraordinario» en metro consistente en no poner ni un solo tren más… cabría sospechar que lo que está haciendo el PP es dificultar la vida y la movilidad a los madrileños para que con un poco de suerte piensen que es Manuela Carmena (y no Ángel Garrido) quien conduce las locomotoras de Metro.

Gracias, Manuela

A Manuela Carmena nadie le mandaba meterse en este follón a su edad. Manuela Carmena decidió aceptar presentarse a alcaldesa de Madrid en 2015 en vez de disfrutar de la jubilación. Tuvo la generosidad de sacrificar años de descanso y ocio, de familia y tiempo libre. En lo personal supongo que el único beneficio que ha obtenido es el inmenso cariño que le demuestra la gente de Madrid vaya a donde vaya.

En España y especialmente en Madrid, hay una corte de corruptos que no perdonan a quien hace política al servicio de la ciudadanía: somos percibidos como intrusos, que nos hemos metido en su finca particular y estamos toqueteando su vajilla. Son muchos años de poner lo de todos al servicio de quienes pagaban comisiones y tarjetas black. En junio de 2015 Manuela Carmena fue nombrada alcaldesa. Un par de meses después el pesebre mediático de la mafia que gobernó la ciudad de Madrid ya montó la primera campaña de persecución acusándola de haberse ido de vacaciones en familia a Cádiz; y de haber cogido una flor. Desde entonces no han parado.

Pero gracias a ese sacrificio, que no se nos olvide nunca, Esperanza Aguirre no es hoy alcaldesa de Madrid como habría sucedido si el PP o Begoña Villacís hubieran obtenido un escaño más.

Madrid estaba arrasada por décadas de gobiernos anclados en un modelo urbano de los años 60, cuando los tecnócratas franquistas equiparaban progreso a metros de asfalto y kilos de humo vertidos al aire. No era tanto una opción ideológica como la consecuencia de millones de euros de las constructoras al Partido Popular. El Madrid de las candidaturas olímpicas y las obras faraónicas generó la ruina que ha padecido Madrid pero financió campañas electorales y engordó los bolsillos de los sinvergüenzas.

La legislatura 2015-2019 no ha sido fácil y es evidente que el rumbo emprendido de modernización, reequilibrio y recuperación de la ciudad no habrá sido terminado en mayo de 2019.

El Ayuntamiento de Madrid es un inmenso trasatlántico que ya tenía comprometidas algunas importantes actuaciones del PP y al que llegaba el gobierno de Manuela Carmena en minoría entre otras cosas porque no eran muchos los madrileños que eran conscientes de que era posible que Esperanza Aguirre no fuera alcaldesa ni con el esperable apoyo de Ciudadanos. La inmensa deuda recibida ha sido otro lastre inmenso que ha ralentizado los avances que, sin duda, cada vez pueden ser mayores gracias a la drástica reducción de la deuda por la mayor eficacia y honestidad en la gestión y, también, gracias al cambio en el gobierno central que necesariamente levantará la bota con la que Montoro ha impedido a las ciudades que los españoles vivamos mejor. Junto a estas dificultades, la precaria mayoría en el pleno municipal no siempre ha sido preservada, habiendo quien a veces ha priorizado una lealtad colectiva a espacios políticos más pequeños y que probablemente no necesitaban tanto mimo como el que merecía Madrid, especialmente en un momento histórico para la ciudad como están siendo estos años.

Que Manuela Carmena repita como alcaldesa es una gran noticia para quienes queremos que nuestra ciudad siga avanzando, para que se respire aire más limpio: el aire físico y el aire moral. El PP y Ciudadanos y su pesebre periodístico harán lo posible para volver a entregar Madrid al fango y al humo. Entre 2015 y 2019 Madrid ha mejorado mucho; pero sobre todo Madrid ha puesto los cimientos para que en cuatro años más Madrid pueda culminar proyectos que suponen inmensos avances en modernización, en servicios públicos, en democracia, en movilidad europea, en cuidados, en fraternidad…

Que Manuela Carmena decida continuar pone un poquito más difícil a los corruptos volver a destrozar Madrid. Que Manuela Carmena decida continuar poner un poquito más fácil a Madrid seguir avanzando mucho más rápidamente. Y, eso sí, le pone a ella mucho más difícil descansar, disfrutar de su ocio y su intimidad y cuidarse, que es obvio que se lo tendría más que ganado. Mientras rabian la mezquindad, la corrupción y el pasado, toca dar las gracias por tanta generosidad personal con Madrid.

La indignidad del PP contra las víctimas

Hace unos meses hubo en la Asamblea de Madrid un debate sobre la posibilidad de poner una placa que recordara a los miles de personas que habían sido secuestradas, torturadas e incluso asesinadas en la actual sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, la Puerta del Sol, antigua Dirección General de Seguridad franquista. Entre el público había varias personas que habían sufrido allí las prácticas sistemáticas de la dictadura contra la libertad política y también la libertad y diversidad sexual, religiosa… Pocas semanas antes parecía haber acuerdo entre los cuatro grupos pero personalmente Cristina Cifuentes ordenó que no se aprobara y así sucedió. Nuestro intento fue siempre que tal placa se pusiera no como reclamo electoral para insultar a un partido actual sino como reconocimiento de consenso entre los cuatro grupos a todas las víctimas de la dictadura genocida que sufrieron nuestros padres, abuelos, nuestros vecinos, amigos, compañeros… para concienciar a nuestros hijos y nietos de lo que nunca debe volver a ocurrir en este país.

Ayer el Partido Popular hizo un homenaje a Miguel Ángel Blanco. Sería absolutamente razonable que el Partido Popular tenga en Miguel Ángel Blanco a un pilar moral cuyo asesinato fue una de las mayores crueldades que se recuerdan y por ello es más que comprensible un homenaje de su partido. Es un pilar moral para toda la sociedad española, cuánto más para el partido al que pertenecía y cuyos militantes vascos se jugaban la vida por pertenecer a él. Que una partida de sinvergüenzas usara los homenajes a Miguel Ángel Blanco para robar a toda España debería abochornar en primerísimo lugar a quienes más doliera su asesinato y por tanto a sus compañeros de partido. Estoy seguro de que eso sucede con las personas honradas que tiene que haber en el PP.

A los diputados de la Asamblea de Madrid no se nos ha convocado a ningún homenaje de la Comunidad de Madrid a Miguel Ángel Blanco en concreto, así que supongo que no lo hay. Ni en la Puerta del Sol, ni en la fachada de ninguna consejería de la Comunidad de Madrid, ni en el Congreso de los Diputados… ni en ninguna de las instituciones con sede en Madrid que gobierna el Partido Popular se ha desplegado pancarta alguna sobre Miguel Ángel Blanco. Pero dirigentes del PP han decidido volver a usar el dolor de todo un país y la solidaridad con las víctimas del terrorismo para sus fines miserables e intentar situar al Ayuntamiento de Madrid como ambiguo frente al crimen por hacer exactamente lo mismo que las instituciones gobernadas por el PP hacen con ese mismo crimen.

La desvergüenza con la que el PP ha manoseado tantos crímenes, mintiendo sobre el 11-M el mismo día en que iban al banco a blanquear dinero ilegal, usando actos de homenajes a víctimas del terrorismo para financiar el partido en B, usando cada crimen para señalar como cómplice a cualquiera que, por mucho que se opusiera al crimen, no compartiera los dictados políticos del PP… Ahora la usan para arrogarse una exclusividad en el dolor que en realidad es sólo la exclusividad en la inmoralidad.

Aquella propuesta nuestra para que Madrid honrara a las víctimas de la DGS se retrasó varios meses. Los portavoces del PP y de Ciudadanos saben bien por qué: estuvimos meses intentando que se sumaran, que fuera un reconocimiento de las instituciones madrileñas a los suyos, a las personas que defendieron la democracia de este país heroicamente frente a una dictadura genocida; y haremos lo mismo en la búsqueda de la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición de otros crímenes en otros contextos.

Porque hay quien honra a las víctimas defendiendo sus derechos y hay quien sólo busca cómo aprovecharse de ellas y jugar con el dolor profundo de un país. Hay demócratas decentes defensores de los derechos humanos y hay quien rebaja la política a vilezas ruines. No merecemos un país ni una Comunidad que hunda sus instituciones al nivel moral de estos últimos.

¡Crisis en el Ayuntamiento de Madrid!

Los ataques al Ayuntamiento de Madrid desde el princpio fueron por temas absolutamente anecdóticos (o inventados o grotescamente manipulados). Ello colocó en el punto de mira a la Concejalía de Cultura: es difícil encontrar en otros ámbitos trajes de reyes magos, obras de títeres que sacar de quicio… Así empezaron los ataques contra la gestión municipal antes de que empezar a andar: con una campaña brutal y ridícula (pero que en el momento inicial del Ayuntamiento fue efectiva) contra Guillermo Zapata por los famosos tuits.

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En defensa de Ana Botella

Se nos va Ana Botella. La mujer que elevó el papel del cónyuge de presidente de gobierno a un nivel que no había tenido nunca antes ni felizmente ha tenido después. El pesebre mediático (que entonces no intentaba ocultar que Aznar es tonto) nos la presentaba como la inteligente de la familia. Hoy no sabemos si es la más inteligente de la familia pero sí que comparada con el bípedo medio es bastante zoquete. Pero no se nos va como intelectual, como profesora universitaria… Se nos va como alcaldesa. Y ahí creo que está habiendo cierta injusticia en su valoración.

No porque haya sido buena alcaldesa. En absoluto. Ana Botella se va al día siguiente de que una rama mate al segundo madrileño de este verano, en el que se han caído decenas de ramas de árboles fruto de los recortes. Cada vez que ha habido un problema en Madrid se ha mostrado como una incompetente. De hecho en algunos casos se defendía así, afirmando su incompetencia, como cuando intentó hacer como que la huelga de limpieza no iba con ella porque era un conflicto entre empresa y trabajadores. Es la alcaldesa que se fue a un spa de lujo en Lisboa preocupadísima con la muerte de cinco chicas en un recinto municipal y lanzó la consigna al pesebre mediático de que había sido mala suerte, que sus amigos habían vendido las entradas permitidas. Una alcaldesa que ha tenido una crisis de gobierno cada quince días. Un desastre.

Pero de ahí a hablar de «la peor alcaldesa de la democracia» va un trecho. Ni siquiera tengo claro que sea la más zoquete (recordemos que hemos tenido de alcalde a Álvarez del Manzano, haciendo tándem con el fascista Matanzo -ese que pasó del PP a Alianza por la Unidad Nacional sin tener que cambiar de ideas-). Álvarez del Manzano ya empezó a tirar de obra como si esa fuera la única política municipal posible y agujereó Madrid. Pero nada comparado con Alberto Ruiz-Gallardón quien sí que merecee a mi juicio la distinción de peor alcalde que se recuerda en Madrid. Madrid está arruindada para mucho tiempo por un volumen de gasto para las constructoras que haría creer a los malpensados que estaba incentivado por  la financiación al partido y los sobres a los decisores como única posible explicación. Madrid no se arruinó por buscar una vida mejor para los madrileños sino por enterrar una autovía de forma ilegal (el 75% de la obra incumplía la legalidad medioambiental según los tribunales), por preparar unas olimpiadas y otras y otras que nunca llegarían… No busquéis en Madrid una escuela infantil pública: a los gigantescos impuestos municipales (un IBI que sube cada año hasta lo inasumible) no se contraponen servicios públicos que nos hagan la vida mejor (y más barata) sino sólo deuda con bancos para pagar a constructores. A los mismos constructores que hacían «donativos» al PP.

Probablemente Ana Botella tenía un gran potencial como pésima alcaldesa. Pero el legado de Gallardón no le dejó desarrollarlo y sólo hemos podido ver lo inútil que es resolviendo problemas. Seguro que si hubiera podido habría tenido brillantes ideacas que nos deslumbraran a todos. Pero Madrid ha sido el paradigma de la política de saqueo de lo público y forraje de los constructores del PP. Ninguna ciudad está arruinada como Madrid, ninguna ciudad tiene la hipoteca que tiene Madrid por el saqueo iniciado por Álvarez del Manzano y elevado a arte por Gallardón. Ante eso Ana Botella no ha podido ni presentar una nueva candidatura olímpica con su sello personal, que tan felices nos habría hecho: su relaxing ridículo internacional también forma parte del legado de sus antecesores.

Ana Botella se va. Probablemente el PP también se vaya de Madrid. Ojalá para siempre. La pujanza con la que se está tejiendo la posible candidatura Ganemos Madrid es hoy una alternativa real de poder municipal y esperemos que autonómico. En el PP lo saben y por eso centran su batalla en Madrid. Ganaremos. Y tendremos que tener valor e inteligencia para no dejarnos enterrar por el legado de ruina y saqueo que habrá dejado el PP de Madrid.