Blog de Hugo Martínez Abarca

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Que alguien les informe de que Zaplana está en la calle

Durante algunos meses varios dirigentes del PP hablaron de Zaplana. Nos dijeron que era una persona gravemente enferma y que si seguía en la cárcel moriría pronto. No tengo ni idea de si es así, pero sí sé que prefiero un criminal en la calle al ensañamiento con cualquier ser humano en la cárcel. No voy a hacer como hizo el PP (político-mediático) con Bolinaga cuando salió de la cárcel y periódicamente preguntaban por qué no se había muerto ya, como negando que fuera verdad su enfermedad, hasta que de hecho murió.

Llama la atención que hayan dejado de hablar de Zaplana. Ya no hay razones humanitarias, está en la calle cuidándose y, ojalá, curándose. Pero cada día tenemos una nueva noticia que evidencia que el portavoz del Gobierno de Aznar, portavoz del Grupo Parlamentario Popular con Rajoy y Presidente de la Generalitat Valenciana con el PP, Eduardo Zaplana, robó a manos llenas. La mansión en el barrio de Puerta de Hierro, la vida de lujo de sus hijas supuestamente mileuristas, las cuentas en Suiza, en Curaçao, la confesión de un testaferro uruguayo que habla de millones de euros…

Nadie del PP ha dicho ni mu. Todo lo más, estos días han hecho un amable homenaje a Zaplana y Acebes (otro corrupto) recuperando sus mentiras sobre el 11M y el desprecio a las víctimas del atentado terrorista.

Muchos pedimos la libertad de Zaplana: lo hicimos por humanidad. Ojalá se hubieran descubierto sus delitos antes; no debía de ser muy difícil puesto que hay al menos un libro (Zaplana, el brazo incorrupto del PP; de Alfredo Grimaldos) que hace más de diez años contó su currículo de fechorías desde que ganó la alcaldía de Benidorm gracias a un tránsfuga y al apoyo de la familia Barceló, su familia política. Zaplana fue un corrupto durante toda su carrera política y toda España lo sabía, aunque se haya tardado tanto en probar sus entramados concretos: muy especialmente lo sabían quienes lo nombraban y quienes lo aplaudían. Ojalá lo hubieran pillado antes para juzgarlo, apartarlo de la política y que hubiera cumplido su condena. Ojalá ahora se cure para que pueda ser juzgado y cumplir una condena justa.

Pablo Casado, Aznar… el Partido Popular en su conjunto pidieron la excarcelación a Zaplana. Pero ellos no lo hicieron por humanidad. Pedían su libertad por la misma razón que lo nombraron y aplaudieron: porque es uno de sus corruptos, un corrupto ejemplar, de los de las esencias del PP.

¿Alguien recuerda un solo dirigente del PP pidiendo que se excarcele a un preso gravemente enfermo que no fuera del PP? Más bien al revés, cuando otros lo hemos hecho nos han acusado de complicidad con los delitos del preso. Son precisamente quienes con unos presos son implacables y con otros, con los suyos, muestran tanta compasión quienes demuestran que la diferencia que les solidarizó con éste preso es que lo consideran uno de los suyos, independientemente de lo que haya robado.

Una vez en la calle, si en el PP molestara que se usara su partido para robar, estarían escandalizados al ver lo que Zaplana hizo desde los cargos que el PP le daba, para qué usaba los nombramientos de Aznar y Rajoy, los aplausos de Casado… Pero no les escandaliza. No dicen nada. No les sorprende, les debe de parecer lo normal. Al menos hay que reconocerles la ausencia de hipocresía.

El dinero del libro de Pedro Sánchez

Hace ya bastantes años un grupo de periodistas fundaron un pequeño medio de comunicación llamado Cuarto Poder. Su director, Paco Frechoso, debía de conocer mi blog (fíjate si hace tiempo, que había gente que leía blogs) y me propuso que escribiera un par de artículos al mes en Cuarto Poder. Lo que e dejó muy claro Paco Frechoso (que es un tío que se la ha jugado por los derechos de los periodistas) es que en su periódico, por pequeño que fuera, la gente cobraría por su trabajo, lo que fuera posible, pero algo. Si no recuerdo mal Cuarto Poder me pagaba 65 euros por artículo (más IVA) y lo que sí recuerdo perfectamente es que es el único medio en el que he escrito que ha sido tan exigente en pagar a un colaborador tan poco interesante como yo (y bien que me ayudaba a redondear el mes, por cierto).

En mayo de 2015 llamé a Paco Frechoso y le conté una obviedad que él ya sabía: que había sido elegido diputado autonómico. Lo que le expliqué (para su sorpresa, por cierto) es que consideraba que en el trabajo de diputado considero incluida la difusión de opiniones, conocimientos, etc y que por tanto mientras fuera diputado me parecía poco ético cobrar esos artículos que, entiendo, están ya pagados con mi nómina de diputado. Que seguiría escribiéndolos, como he hecho, pero que no iba a cobrar por ellos mientras fuera diputado (como me habría parecido mal cobrar por conferencias, charlas, tertulias…).

Cuento esto porque hoy aparace la polémica sobre el libro que, al parecer, va a publicar Pedro Sánchez. No me meto en si ha tenido tiempo o no: dicen que le ha ayudado (aka: lo ha escrito) Irene Lozano (periodista que, por cierto, también estaba en la fundación de Cuarto Poder); tampoco en la editorial que ha elegido, aunque sea sorprendentemente la misma que ficha, a veces por muchísimo dinero, a dirigentes políticos (desde la reina Sofía a José María Aznar pasando por José Luis Rodríguez Zapatero): la capacidad de seducción de Planeta con los poderosos es digna de ser investigada pero no es el tema.

Lo que sí deberíamos saber es cuánto va a cobrar y a qué va a destinar el dinero Pedro Sánchez.

Porque por un lado el presidente del Gobierno tiene un sueldo suficiente, especialmente careciendo de gastos (como es lógico). Pero sobre todo porque el conocimiento y las opiniones que puede aportar en el libro forman parte de la actividad por la que lleva cobrando años de la sociedad y su difusión debería formar parte de su actividad.

Desde hace años he defendido que los presidentes, ministros, etc tengan las polémicas pensiones vitalicias a cambio de cerrar herméticamente las puertas giratorias. Pero siempre he defendido que ello tiene que tener un único contrapeso: que tras dejar su cargo tengan la obligación de dar clases contando los conocimientos y experiencias que sin duda habrán adquirido, ofrecer conferencias, charlas, tertulias, artículos y, los que mejor se organicen, libros… sin cobrar. Porque deben a la sociedad todo lo adquirido intelectualmente en cargos que son de todos y porque esa pensión vitalicia (o el sueldo mientras se está en ejercicio)  hace especialmente justo que no se cobre por devolver la deuda.

Haría bien Pedro Sánchez (y cualquiera en su situación) en aclarar cuánto va a cobrar y, en el probable caso de que sea algo, si se va a quedar ese dinero o lo va a donar a cualquier causa no lucrativa. Porque, al fin y al cabo, sólo está cumpliendo su obligación.

Cuando el Estado está en manos de una Mafia.

 

Mafia
Del it. mafia.
1. f. Organización criminal y secreta de origen siciliano.
2. f. Cualquier organización clandestina de criminales.
3. f. despect. Grupo organizado que trata de defender sus intereses sin demasiados escrúpulos. 

Diccionario de la Real Academia Española

Según publicó ayer una web de las cloacas del PP, cuando el PP estaba en el gobierno usó dinero público para secuestrar a una familia y destruir las pruebas que había en su casa de delitos cometidos por toda la cúpula del PP. La familia era la de Bárcenas. El secuestro, de hecho, se produjo aunque entonces todos pensamos que se trataba de una persona con más ganas de notoriedad que cabeza. No sabemos si las cloacas del PP andan en guerra entre sí o si la publicación en esa web obedece más bien a evitar que un escándalo así tenga la repercusión que merece: que lo publique una web como mínimo amarilla y sin credibilidad, que lo entierre tras quince «noticias» contra Podemos al día siguiente y que siga la vida.

Nadie ha desmentido la noticia que probablemente sería la más grave desde el secuestro de Segundo Marey que llevó a la cárcel (por poquísimo tiempo gracias al indulto de Aznar) a José Barrionuevo y a Rafael Vera.

Se trataría de usar el aparato del Estado, el Ministerio del Interior, para financiar el secuestro de una familia. Y, además, el ánimo de ese secuestro inducido por el Ministerio del Interior no sería investigar ni impedir delito alguno sino, todo lo contrario, destruir las pruebas de delitos que investigaban los tribunales. Y para terminar de elevar la gravedad, los delitos cuyas pruebas se intentaron destruir los cometió el partido del gobierno e implicarían al entonces presidente del Gobierno, a la vicepresidenta, a la ministra de Defensa… a toda la cúpula del partido y a buena parte del Gobierno.

Hace unos años, cuando detuvieron a Francisco Granados, Esperanza Aguirre recordó (tan ingenua ella) cuando a la mujer de Granados le quemaron en el garaje su coche que resultó no ser suyo sino de un constructor. «No se me ocurrió que fuera algo lindando con lo mafioso«, dijo entonces. Desde entonces hemos conocido al pequeño Nicolás, la policía patriótica de Fernández Díaz, las mentiras fabricadas en Interior contra la oposición democrática, todos los asuntos que se están conociendo del «caso Kitchen»

No, no lindan con lo mafioso. El Partido Popular lo ha demostrado una y mil veces. El Partido Popular es una organización con apariencia de partido político que ha puesto el Estado al servicio de tramas criminales.

Decía Kiko Veneno hace unos años que «la mafia española es más perfecta que la italiana porque no necesita matar«. A estas alturas, no sé quién pondría la mano en el fuego porque haya sido así.

Cuando «constitucionalista» ya no es sinónimo de «demócrata»

En 2002 Aznar aprobó una resolución en el Congreso del Partido Popular que reivindicaba una cosa que llamaron patriotismo constitucional. Usaban el nombre de una propuesta del filósofo Jürgen Habermas para darle la vuelta: una propuesta republicana que apostaba por vincular el patriotismo a instituciones democráticas en vez de a la nación se convertía en un discurso que subordinaba las instituciones a una idea de nación española muy concreta. Aznar (y los medios y partidos que lo acompañaron) fue el primero en usar la Constitución como martillo de herejes y redujo su contenido simbólico a la unidad de España (entonces frente al PNV) y a la monarquía.

La propuesta le fue útil como partido: desde entonces usamos constitucionalista como martillo de herejes que define a quien antepone como principios irrenunciables a cualquier cosa la unidad nacional y la monarquía. Pero fue suicida para el sistema político e institucional. Como muy bien explicaba ayer Sebas Martín «no hay indicio tan ostensible de la crisis que atraviesa la Constitución que el intento de apropiación de su marco normativo por parte de ciertos partidos. De simbolizar un espacio ecuménico de convivencia, donde cabían todas las expectativas que se adecuasen a sus principios y reglas democráticos, la Constitución vuelve a ser, otra vez en nuestra historia, un artilugio banderizo instrumentalizado por facciones.»

El relato de la Transición de los 90 era extremadamente eficaz: la Transición, la Constitución, acogían en su seno a todo el mundo salvo a fascistas inadaptados y terroristas contumaces. El resto, ex franquistas, socialdemócratas, comunistas, nacionalistas, demócratas cristianos… no es que cupieran en la Transición, es que eran sus autores, sus dueños. Pero con el giro aznarista la cosa cambió: se nos explicó que la Transición, la Constitución… era una cosa de las derechas españolas en la que más nos valía estar a los demás. Esa arma propagandística que sigue usando el aznarismo repartiendo carnés de constitucionalistas (ahora se lo quita al PSOE y se lo da a Vox) puede ser eficaz para la derecha española, pero condena al Régimen de la Transición a su superación: al pasar de ser transversal a ser de la derecha, sólo falta encontrar un nuevo imaginario de transversalidad para paliar la orfandad nacional.

Ayer aprovecharon el 40º aniversario de la Constitución para defender la maltrecha monarquía (la portada de La Razón parece la única transparente sobre qué se intentaba ayer: el acto de homenaje a la Constitución «se convierte en un homenaje a la Corona«). Sin duda la derecha ha conseguido hacer de constitucionalismo un sinónimo de defensa en concreto de la Constitución del 78 y ha reducido la Constitución del 78 a unidad nacional y monarquía.

La ventaja de la irrupción de Vox es que esta extrema derecha es nítidamente nacionalista española y monárquica. Por eso es coherente que la incluyan en el club cada vez más estrecho y tenebroso del constituionalismo. Pero por eso también es más urgente que contrapongamos un espacio mucho más amplio y esperanzador que sea el de los demócratas, el de quienes queremos una Constitución que no se fundamente en la indisoluble unidad de España (que puede ser un postulado constitucional pero no el fundamento de la Constitución) sino en la voluntad del pueblo español, en sus derechos y libertades.

Van dos constitucionalistas y se cae el de en medio

El PSOE ya tampoco es constitucionalista, pobrecito mío. Ayer Pablo Casado había convocado una cosa pomposamente llamada «cumbre constitucionalista» a la que estaban invitados los partidos que defendieron en el Congreso la permanencia de Rajoy en la Moncloa (PP, Ciudadanos y los partidos regionales de la derecha monárquica). No parecen haber sacado mucho resultado, ni siquiera una foto bonita: la foto de unidad de familia más hermosa que tienen fue la del acto de Alsasua con Ciudadanos, PP y Vox.

En realidad el acto no tiene ninguna relevancia política (como nada de lo que está haciendo Casado: todo son píldoras de rápido consumo comunicativo e inmediato olvido) pero lo que sí es importante es el nuevo estrechamiento a la derecha de eso que llaman constitucionalismo.

El principal éxito del relato de la Transición como mito fundacional del sistema político del 78 fue convencer de que en la Transición (y por tanto en la paternidad de la Constitución del 78) cabía todo el mundo excepto terroristas y fascistas inadaptados a los nuevos tiempos. Desde Alianza Popular (aunque no votara la Constitución) al Partido Comunista de España, desde Fraga a Tarradellas: todos hombres, todos padres de la Constitución, ninguna madre, pero tampoco era cuestión de entrar en detalles. Era un relato tremendamente inteligente para evitar graves disidencias: ser crítico con aspectos sustantivos de la Constitución o del sistema político (con la monarquía, por poner un ejemplo evidente) era situarse en un margen, fuera del sentido común, apartarse del lugar donde todos cabemos.

Cuando Aznar dejó de necesitar a Arzalluz y Pujol para gobernar cambió el relato. Se inventó un patriotismo constitucional (apropiándose y falsificando de una idea republicana y democrática de Habermas) para sacudir al PNV. Se creó la categoría de constitucionalista a la que pertenecía, básicamente, quien antepusiera la unidad de España a cualquier otro principio: al fin y al cabo la Constitución española no se fundamenta en la voluntad popular, ni en la democracia ni en los derechos humanos ni… «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles.«: la extraña y reiterativa (la indisoluble unidad es además indivisible) redacción del artículo 2 da un sustento nacionalista y primordialista a la Constitución al que se agarró el aznarismo.

Y desde ahí el estrechamiento. Supongo que para el PP de Aznar fue inteligente, pero para los defensores del Régimen de la Transición fue suicida: en vez de seguir usando el mito político como un abrazo del oso del que sólo escaparan flecos marginales, se convirtió en un látigo contra herejes. Cada vez más gente fuera del constitucionalismo (con la aquiescencia del PSOE): nacionalistas vascos, catalanes, Izquierda Unida, socialistas catalanes… Poco a poco constitucionalista se convertía en sinónimo sólo de PP y ala derecha del PSOE. Sin ese disparate habría sido mucho más complicada una impugnación política tan importante como el 15M.

Con su deriva ultra y ese constitucionalismo apropiado, PP, Ciudadanos y Vox (que también forma parte del bloque constitucionalista según supimos, por ejemplo, en Alsasua) han expulsado también al PSOE. No es sólo Casado: Albert Rivera también ha situado al PSOE fuera de la religión única y verdadera.

Ser constitucionalista no significa defender que España tenga una Constitución democrática, ni significa defender que la Constitución de 1978 no deba cambiarse ni una coma (PP y PSOE la han cambiado, ¿por qué otros cambios serían menos legítimos?). Ser constitucionalista ya sólo significa formar parte de las derechas monárquicas. Nada más. Y ello puede ser temporalmente útil para esas derechas monárquicas, pero desde luego es suicida para quienes quieran defender el statu quo del 78. Ellos sabrán.

Casado no es Aznar: Casado es Rajoy

La grey del Partido Popular anda explicando a la prensa cuál es el papel en la Historia de Pablo Casado. Ya sabíamos, por su prodigiosa capacidad académica, que en la facultad de Derecho había demostrado ser un Kelsen millennial. En su modestia, nos han explicado que es el mejor orador desde Cánovas del Castillo (no es broma). Más allá de estas astracanadas, la comparación que sí tiene sentido es la que se quiere escenificar en el PP (y que ayer alentó Joan Tardá): que Casado es como José María Aznar y no como Mariano Rajoy.

Parece evidente que Casado está siendo algo así como un ahijado político de Aznar. Pero más allá de la afinidad personal o incluso retórica de Casado con el actual Aznar no está ejerciendo la presidencia del PP como lo hizo Aznar sino como lo hizo Rajoy.

Cuando Aznar llegó a la presidencia del Partido Popular, su esfuerzo constante y expreso fue por alejarse de la derecha dura y hacer un interminable y obsesivo giro al centro. Además, ese primer Aznar no se disfrazaba de patético intelectual ni nos explicaba su papel central en la Historia de España. Todo lo contrario: Aznar combatía a Felipe González presumiendo de su mediocridad y lo hacía con un criterio democrático. Nos explicaba él y su séquito mediático que el carisma y la supuesta brillantez de Felipe González eran un problema para la democracia porque generaban cierto caudillismo y, al fin, el lodazal sobre el que se asentaban los últimos años del felipismo. Es cierto que su oposición a Felipe González fue durísima, pero fue el propio PSOE de González el que se lo puso en bandeja con innumerables casos de corrupción y crímenes de Estado: fue el PSOE que acompañó a la puerta de la cárcel para abrazarse a dos condenados por el secuestro cometido por una banda terrorista. La respuesta de Aznar fue dura pero siempre en la dirección de democratizar la seguridad del Estado y luchar contundentemente contra la corrupción. Que fuera todo mentira es otro problema.

En cambio el primer Rajoy (2004-2008) fue mucho más parecido a este Pablo Casado. Cuando ayer Casado acusó a Pedro Sánchez de golpista más que a Cánovas recordó a un elegante lord británico a poco que se le compare con aquel Rajoy. Rajoy acusó a Zapatero de estar detrás del 11M, le dijo que traicionaba a los muertos (a las víctimas de ETA), le acusó de estar destruyendo a la familia y persiguiendo a los heterosexuales… y por supuesto, también de ser cómplice de un golpe de Estado en Cataluña como el de Companys en 1934 (entonces era por el Estatut, con el que tan tranquilos estaríamos hoy, ¿verdad?). Como hoy Casado, aquel Rajoy no se rodeó de nuevos dirigentes sin vínculos con el pasado corrupto, sino de lo más turbio y rancio del PP de Aznar, con especial protagonismo para tipos como Zaplana y Acebes, uno hoy en la cárcel y otro yendo de juzgado en juzgado.

En lo único que se parecen este Casado y aquel Aznar es en tratar de equipararse con figuras de nuestra historia política. Hoy nos cuentan que Casado es nuestro Cánovas. Pero es que Aznar elegía para su endiosamiento a Manuel Azaña porque hasta su segunda legislatura en el gobierno Aznar no promocionó el revisionismo franquista sino que más bien huía del pasado ligado a la dictadura de su partido.

Decía ayer Tardá que Casado «si pudiera, nos fusilaría» y que Rajoy «sólo nos metería en la cárcel». Se equivoca Tardá: Casado y Rajoy, como Aznar, harían lo que creyeran que les interesaba en cada momento sin reparar en principio o convicción alguna: encarcelar o alcanzar acuerdos de gobierno. Lo que es seguro es que la oposición de Casado a la que se parece es a la de Rajoy. A la oposición que garantizó la reelección de Zapatero.

La adulta juventud de la generación del 78

Forma parte del relato de «La Transición» un endiosamiento generacional tan llamativo como torpe. Este verano descubrí con cierta gracia que a mis (entonces) casi 42 años, estaba justo en la mediana de edad de España, esto es, que la mitad de los españoles son mayores y la mitad menores que yo. Hay una abrumadora mayoría de españoles que no vivimos La Transición, muchos millones son incluso demasiado jóvenes para haberse aprendido el credo de La Transición que locutó Victoria Prego en los 90. Ese endiosamiento generacional nos explica que hubo una generación inteligente y generosa que diseñó en un despacho sin influencia popular un régimen democrático y que aquí estamos. Y que los jóvenes (los menores de 50 o 60 años, que con la juventud se es generoso) somos tan mezquinos e ignorantes que vamos a echarlo todo por la borda.

Cayetana Álvarez de Toledo es una de las mujeres de FAES, de Aznar, vaya. Fue diputada del PP, tuvo distintos cargos en FAES y ahora escribe en El Mundo y opina en la Ser. Es la autora del «No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena» con el que tuiteaba una anécdota familiar, suponemos que inventada, a raíz del más grave error del Ayuntamiento de Madrid en cuatro años, Ayer escribió muy molesta con Lucía Méndez por haber escrito que la generación de Felipe González y Aznar no es ni mejor que la actual generación de políticos y periodistas.

Por edad, a Álvarez  de Toledo le podría haber molestado que le equipararan con Aznar y González (a mí, ciertamente, no me gustaría que me equipararan al menos moralmente con esos dos personajes). Pero no: «sin caspa en la mirada y modernamente anti-identitarios, lo tercero que une a Aznar y González es su adulta juventud frente a la mayoría de los políticos y periodistas de nuestro parvulario nacional. Tan pueriles y tan viejos a la vez.» La patrona de FAES traza una línea generacional (los menores de 50 años) y muestra a las claras que quienes en los 70 y 80 protagonizaban la política española eran brillantes y los actuales son unos memos. No le hace falta ni argumentarlo: simplemente enumera a los grandes líderes de la Transición (olvidando, casualmente, a Carrillo, Marcelino Camacho, Dolores Ibárruri…) y a los pequeños personajes que habitan hoy nuestra política (donde también hay olvidos: Pablo Casado, Albert Rivera… y cualquiera de los suyos, quizás por prudencia: quien falsifica los estudios también puede haber falsificado la edad). Lo único que debe de unir a ambas generaciones es que están compuestas sólo por hombres. Pero a Álvarez de Toledo no le hace falta explicar por qué unos son mejores y otros son peores: simplemente salta a la vista. Es curioso, por cierto, que se incluya a Aznar como parte de la generación del 78, cuando era un desconocido que estaba en La Rioja escribiendo artículos joseantonianos.

La idea no puede ser más boba. A muchas personas de la generación de nuestros padres y abuelos sí que hay que reconocerles una generosidad con su país inmensa: quienes se jugaban la libertad, la salud y la vida por la democracia frente a la dictadura. Afortunadamente nosotros no hemos tenido que demostrar que, en circunstancias parecidas, también habría unos cuantos miles de personas jugándoselas por su país. No hay nada más mágico (y menos liberal, por cierto) que pensar que hay generaciones mejores que otras. Es un colectivismo tan ridículo como pensar que hay razas, naciones o sexos mejores que otros.

Pero además es un relato suicida. ¿Le están diciendo a la grandísima mayoría de españoles que su generación (sus generaciones) es una porquería que está hundiendo España? ¿Pretenden así ganarse el afecto a su obra? ¿Diciéndonos que la admiremos porque somos unos mierdas que nunca llegaremos a hacer nada inteligente? Brillante idea, Cayetana, brillante idea.

Impusturas liberales

Hace un par de décadas dos físicos (Alan Sokal y Jean Bricmont) publicaron un libro muy conocido titulado «Imposturas intelectuales». En él trataban de denunciar el uso espurio de metáforas científicas complejas por parte de filósofos, sociólogos… El problema, decían Sokal y Bricmont, no es usar metáforas científicas o del tipo que sean; el problema es que una metáfora se usa para hacer más sencillo y comprensible algo difícil de explicar, pero cuando la metáfora es mucho más compleja que lo que pretende explicar y además no tiene nada que ver con lo que se está contando, muchas veces no se trata más que de enmarañar la explicación para que no se entienda nada. El problema, decían, es cuando la apelación a la ciencia no es más que una pedantería que, lejos de explicar, intenta desviar la atención sobre el argumento de fondo.

A raíz del interrogatorio a José María Aznar, uno de tantos intelectuales fundadores de Ciudadanos y agitadores del odio fanático y simplista escribió: «Aznar se equivocó con Rufián. A Rufián hay que contestarle en sede parlamentaria diciéndole: «La polla, mariconazo, cómo prefieres comérmela: ¿de un golpe o por tiempos?»». La viril memez era marca de la casa con un tono algo elevado quizás por la querencia visceral del caballero a defender a corruptos o quizás porque últimamente recibía menos casito que otros bravos pensadores de su entorno.

El caso es que en la propia redacción de su periódico mucha gente protestó por esta profunda reflexión de nuestro intelectual liberal. Así que ayer nos explicó que no hemos entendido nada: «Ayer llegó a casa el último libro de Julian Baggini Breve historia de la verdad. Empecé a hojearlo y en sus primeras páginas venía la célebre sentencia de Alfred Tarski: «Toda proposición ‘P’ es verdad si y solo si P es verdad». Baggini continua, aclarándola con el propio ejemplo de Tarski: «Por ejemplo: ‘La nieve es blanca’ si y solo si la nieve es blanca. (…) ‘P’ entre comillas es un afirmación lingüística, mientras que P sin comillas es una verdad sobre el mundo». 

Esto lo usaba para explicar lo del mariconazo y la comida de polla en uno o varios tiempos. El intelectual explicaba que no es lo mismo decir que Aznar tenía que haber dicho que Rufián es un mariconazo que decir «Rufián es un mariconazo». Esto no tiene nada que ver con Tarski, lógico polaco que reflexionó sobre la relación entre la verdad en el mundo real y el valor de verdad lógico. Doy por hecho que la infinita mayoría de lectores de este señor no habían oído hablar de Tarski en su vida (no tienen por qué) y tampoco habrán reflexionado demasiado sobre el sentido de la verdad en la lógica de enunciados; como casi ninguno hemos reflexionado sobre el número de tacos que debe tener una bota de fútbol para césped artificial. Así que no faltaría quien confiara en el intelectual liberal y pensara: ah, joder, lo que escribió este tipo no es una mamarrachada infame propia de un imbécil homófobo que busca casito entre sus sostres y sus dragós, sino que yo no lo entiendo porque no leo textos filosóficos sobre la verdad.

Nuestro intelectual no quería explicarse: lo que quería era decir que el emperador no está desnudo, que él no está simplemente intentando provocar por provocar: algo muy distinto de pensar libremente y exponer las ideas aunque éstas vayan a ser incómodas. Decir o escribir algo no porque uno lo piense sino porque sabe que así va a escandalizar es tan imbécil como decir o escribir algo no porque uno lo piense sino porque sabe que eso es lo que hay que decir. Eso sí, en ambos casos puede ser imbécil pero muy rentable.

No hace falta comprender que Tarski no estaba invitado a la fiesta de Arcadi para ser muy consciente de que las imbecilidades que cacarea una recua de librepensadores políticamente incorrectos sin complejos no tienen ningún contenido intelectualmente rescatable más allá del uso generoso de palabras esdrújulas. Nuestros autoproclamados liberales son mucho más pedantes que inteligentes. Los sastres que dijeron a aquel emperador que quien no viera su traje era imbécil no eran unos genios, eran unos estafadores; quien sí era inteligente y pensaba con libertad era la niña que alertó sin complejos de que el emperador estaba desnudo.

Aznar libera al PP

A modo de disculpas hubo ayer un puñado de opinadores que trataron de convencer de que las comparecencias de Aznar de ayer fueron una «bronca entre Aznar e Iglesias», «una colección de ataques recíprocos» o que «Aznar faltó el respeto a todos y todos le faltaron el respeto a él«. Es mentira. Aznar llevaba los insultos y las mentiras preparados de casa y no tuvo siquiera la cintura de entender que, por ejemplo, Pablo Iglesias le estaba haciendo un interrogatorio muy medido, no estaba entrando a ninguno de sus trapos por obsceno que fuera y no se salía del tema ni del tono; a falta de cintura, con el piloto automático y el guion memorizado, Aznar respondía sin que viniera a cuento con las mentiras sobre Irán, los dólares de Venezuela, los hijos de Pablo Iglesias y la frase aprendida que quería colocar como titular aunque le preguntaran si en agosto hace frío, usted es un peligro para las libertades y para la democracia. Tenía el guion Aznar tan aprendido que como la primera pregunta de Rufián era sobre la familia de José Couso y no tenía preparada esa respuesta (era difícil llamar al cámara asesinado populista, golpista, peligro, etc) se quedó callado con la cara helada durante varios eternos segundos hasta que Rufián le hizo el favor de preguntarle otra cosa.

No, no fue recíproco, ni un intercambio ni… La comparecencia de Aznar debería ponerse en vídeo a niños y a no pocos adultos para explicarles cómo no se debe dialogar nunca. No sólo en el parlamento: esa estupidez de la «cortesía parlamentaria» debe de significar algo así como que no hay que respetar a todo el mundo, pero sí a los diputados, una especie de aforamiento del respeto. Niños, cuando os pregunte la profesora si habéis hecho los deberes no le respondáis que ella es un peligro para la educación: dadle los deberes si los habéis hecho y contestadle educadamente que no en caso contrario y que no se repita.

Aznar pertenece al pasado friqui de quienes estamos obsesionados por la política. No debería tener más interés que el arqueológico y el judicial. Pero la mentira, el insulto, el fanatismo y el ataque de Aznar de ayer estuvo rodeado de dos verdades que son las que dotan a su intervención de más gravedad: «Tengo la sensación de que el PP me quiere mucho«, dijo José María Aznar; «Estoy muy orgulloso de Aznar«, contestó Casado tras exhibir el abrazo entre maestro y pupilo (Aznar es el único profesor del que Casado sí parece haber aprendido).

La intervención de Aznar de ayer libera al PP. Cualquiera que tenga un poco de atención a las instituciones (desde el Congreso a cualquier ayuntamiento pasando por los parlamentos autonómicos) conoce la querencia natural del PP por el insulto y la mentira como estrategia retórica. El «pederastas, terroristas y narcotraficantes» de la Asamblea de Madrid se hizo famoso en toda España porque ese día (moción de censura contra Cifuentes) los medios de comunicación prestaron atención por fin a nuestro parlamento autonómico. Entonces, por cierto, también decidieron algunos disculpar la miseria retórica inventando que había sido recíproca.

Sin embargo la línea oficial del PP hasta hace relativamente poco trataba de atar esa tendencia natural a la verborrea fanática. Intentaban que los dejaran hacerse la foto en primera línea de la manifestación del Orgullo y buscaban competir por el voto de centro con Ciudadanos. Recordemos que incluso Aznar, antes de que le convencieran de que es un intelectual, un estadista y un tipo gracioso capitaneaba un eterno «giro al centro» del Partido Popular.

Desde ayer el PP se siente liberado. No sólo compite sin disimulo por el voto ultra (ya explicó Casado en su congreso que su objetivo son los votantes de Vox) sino que las formas con las que se exhibe la discrepancia desde ayer quedaron claras: la política del macarra de discoteca que atiza un puñetazo a quien le caiga mal argumentando que me has mirado mal; y a por otro. Es lo que hizo ayer Aznar. Y ya sabemos: «el PP me quiere mucho» y «estoy muy orgulloso de Aznar«.

Pablo Casado: el daño a España del hombre fraude

«Su currículo parece diseñado en un laboratorio«. En 2012 el periodista Luis Gómez explicaba en El País quién era Ángel Carromero, el joven del PP que había saltado a la fama mundial por su accidente de tráfico en Cuba. Y para explicarlo tenía que contar quién era Pablo Casado, que entonces no era una persona muy conocida. «A Casado se le puede considerar un proyecto de joven neocon criado entre Aznar y Esperanza Aguirre. Su currículo parece diseñado en un laboratorio: licenciado en Derecho, con cursos de perfeccionamiento en el IESE, Harvard y Georgetown, trabajó varios años como jefe de gabinete de Aznar, una vez dejó la presidencia del Gobierno, y ahora es diputado. Un neocon de escuela, revestido de liberal. Celebrados son sus discursos donde critica el relativismo moral de los socialistas, Mayo del 68 y sus continuas referencias a los muertos de la guerra. Casado es un asiduo al canal Intereconomía, como él mismo propaga en su Twitter«, decía el artículo que hoy podemos leer con mejores ojos.

Hace unos minutos eldiario.es ha revelado la enésima sospecha sobre el currículo de Casado. En esa sumaria investigación que realizó la Universidad Complutense sobre la licenciatura (no menos sumaria) de Pablo Casado en el centro privado que tiene adscrito, la Universidad Cardenal Cisneros. Según las preguntas de un test que la Complutense dirigió a una profesora (por escrito, para que no se agobiara) la Universidad había encontrado cambios en la nota de la asignatura de la misma profesora que había reconocido que le habían presionado para que ese chico no tuviera problemas académicos. El aprobado en esa asignatura no fue tan sumario como la carrera de Casado y la investigación de la Complutense, sino que llegó con retraso y con una firma que a quien redactara el cuestionario le resultaba distinta a otras de la profesora.

Resulta tan evidente que nadie terminó tan rápido la carrera de Derecho al ir obteniendo cargos políticos tras haber sido incapaz de hacerlo cuando se tenía todo el tiempo del mundo, que casi llama menos la atención esa chapuza que la precariedad de la investigación sobre el título de Casado. Es comprensible que a día de hoy sea complicado probar si Casado hizo el amago de examinarse realmente de alguna asignatura, pero igual se podría pensar algún método de investigación más incisivo que mandar un cuestionario por escrito a los profesores a ver si con la presión alguno confesara haber prevaricado. Obviamente de una investigación así sale que todos los implicados están de acuerdo en que no delinquieron.

Del currículo diseñado en un laboratorio de Pablo Casado hay algunas cosas que resultan casi cómicas: la necesidad de ponerse títulos de Estados Unidos que en realidad eran un fin de semana en Aravaca sólo revelan, supongo, un complejo intelectual tremendo, una titulitis patética y no poco dinero de más para pagarse esas chorradas. Pero la concatenación de fraudes es un ataque mucho más serio a la Universidad del que Casado no sería el único beneficiario: una trama que, para colocar una imagen falsa de gran formación académica de esos neocon de escuela, revestidos de liberales, no dudó en atacar a la Universidad y su prestigio. Y un país cuya universidad no tiene prestigio es un país tremendamente devaluado.

Que Pablo Casado es un fraude andante no lo duda nadie. Quien encuentre un tertuliano, un columnista, un periódico… dispuesto a simular que cree que Casado sí que hizo Derecho como cualquier estudiante que lo haga saber: hasta ahora lo único que han podido hacer es tratar de equiparar su fraude con inventos o naderías ajenas. No sabemos cómo fue la segunda carrera de Casado, Administración y Dirección de Empresas en su querida universidad Rey Juan Carlos. ¿Terminó la carrera convalidando alguna de las asignaturas que traía de Derecho exprés de la Cardenal Cisneros? Ya sabemos que el supuesto máster del Instituto de Derecho Público en la Rey Juan Carlos se hizo en un 80% gracias a convalidaciones anómalas de esos sorprendentes estudios y el resto con trabajos que se niega a enseñar y la Universidad no encuentra. Si uno no cree que Casado fuera repentinamente el genio académico que necesitaba ser para fulminar la carrera de Derecho, el castillo de naipes de Casado se le cae de las manos.

Desgraciadamente las universidades están muchas veces sometidas al chantaje de su financiación. No debe de resultar sencillo para una universidad madrileña ser rigurosa en una investigación a costa de los intereses del partido de gobierno de la Comunidad de Madrid, cuyo consejero de Economía fue vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos en los años de plomo. Tampoco debe de serlo cuestionar la validez de centros privados con los que une una relación económica provechosa. El peor ataque a la autonomía universitaria se da a través de su financiación, un chantaje intolerable que debe ser corregido por el bien del país.

Por ello es urgente una investigación externa, rigurosa, que no sólo nos aclare la trama de los títulos falsos sino que nos ayude a recuperar la Universidad como vértice intelectual y moral del país. No es ya que Casado (como otros compañeros suyos) sea un fraude andante; es que por el camino están arrasando la imagen de España por un lodazal del que será muy difícil levantarnos.

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