Blog de Hugo Martínez Abarca

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No es la democracia, es el mercado, amigo

«Puede no compartir la sentencia, pero supongo que la acata ¿no?»; «se comparta o no la sentencia, hay que respetar a la Justicia»; «Dura lex, sed lex«… Cada vez que los tribunales han emitido una sentencia difícilmente aceptable recitábamos la retahíla de tópicos para evitar las críticas. Uno a uno han sido tumbados por el Tribunal Supremo. Es el propio Supremo el que ha decidido no acatar la sentencia del Supremo sobre el pago del impuesto a las hipotecas. Es la propia Justicia la que ha decidido faltarse el respeto a sí misma, es el Tribunal Supremo el que ha decidido flexibilizar la ley para regatear una sentencia propia y reducir su aplicación al mínimo.

Al conocer el texto dictado por la sala contencioso-administrativa llamé a mi buen amigo Jorge Caplan, abogado con experiencia en asuntos bancarios y que trabaja habitualmente con el Tribunal Supremo. «En el caso de que haya sentencias contradictorias hay un recurso para unificación de doctrina para dirimir, pero esto no sé lo que ha sido, creo que nadie lo sabe; es que han montado una estructura que yo no sé si tiene encaje legal. Porque lo de juntar a toda la sala se hace en temas complejos antes de emitir la sentencia.. aquí lo han hecho a posteriori«, me dice Caplan. «Es una cosa inexplicable y que hasta donde yo sé no tiene precedente. Por la nota de prensa del C.G.P.J. se deduce que en los próximos días publicarán las sentencias, supongo que enmendadas, pero yo no conozco la estructura que soporta esto. Una cosa es cuando hay discusión y el Tribunal Supremo o un Pleno de Magistrados de Audiencia Provincial fijan un criterio, pero desdecir una sentencia que ha declarado nulo un Reglamento es una barbaridad.»

Seguro que esta mañana ya estarán circulado los argumentarios para que tertulianos y columnistas dóciles puedan explicarnos que no tenemos ni puta idea, que hay que respetar a la Justicia y acatar esto que ha publicado el Supremo, sea lo que decidan que ha sido, que la ley es dura, pero es la ley. Ayer no había un solo jurista que pudiera explicar por qué el Tribunal Supremo había hecho este giro contorsionista salvo porque la banca siempre gana.

No sé si la banca española podía resistir pagar los impuestos que le tocaban y que encasquetó a los ciudadanos de a pie. La que no va a poder resistir el golpe es la Justicia española, que ha perdido por su propia voluntad toda la legitimidad que da ser una justicia independiente. Porque la separación de poderes y la independencia judicial debe abarcar al poder económico y ayer se evidenció que nuestro poder judicial se somete sin disimulo a la banca, la misma banca a la que se sometió el gobierno arruinando a los españoles para rescatarla. Aquel Gobierno como este Tribunal Supremo responden a la banca: la democracia es precisamente el sistema por el que el pueblo elige unas instituciones fuertes que defiendan al pueblo de los poderosos y estamos viendo que sucede lo contrario. La misma crisis de régimen que acarreó aquella felonía toca de nuevo a la puerta con ésta.

No es de extrañar que millones de españoles estén hartos. Muchos de ellos porque saben lo que les está costando pagar la hipoteca. Todos porque sabemos que en la última década hemos pasado a vivir peor porque nuestro país, nuestras instituciones, nuestros derechos, se han puesto al servicio de una banca que reparte dividendos millonarios mientras los salarios españoles bajan, las Pymes están asfixiadas y los pensionistas tienen que poner en jaque a los gobiernos para que no baje el poder adquisitivo de las pensiones por las que cotizaron toda la vida.

No es la democracia, es el mercado, amigos.

Con ustedes, Obama el bueno

Como Obama es bueno, se puede permitir ciertas licencias. Ayer hizo un anuncio que suena bien: la intervención pública en la banca sin que sea para sregalarle nada sino para limitar su capacidad de hacer daño y de concentrar poder en pocas manos. Dice que prohibirá algunas operaciones arriesgadas y, sobre todo, limitará el crecimiento de los bancos evitando que ninguno de ellos supere una cuota de mercado (por especificar).

La idea que hay detrás es profundamente liberal: Si se limitan los riesgos que puede correr cada banco y el peso que pueden alcanzar individualmente en la economía, en la próxima crisis (que no tiene por qué ser lejana) o en los próximos coletazos de ésta el Estado podría abstenerse de socorrer a tal o cual banco. El sistema estará más seguro y será menos dependiente del socorro público.

No es eso lo importante sino que en el reino del capitalismo aparece por primera vez un discurso que se plantea imponer el poder político al económico y establecer límites desde lo público a la banca.

Hace pocas semanas la prensa encontraba nuevos motivos para señalar a Hugo Chávez como un autoritario: anunció que el ejército impediría que se produjera un gran aumento de precios. En Venezuela no tienen un problema con los agujeros bancarios sino con la inflación. Obama ha decidido también que el poder político tiene legitimidad para marcar los límites al mercado. Es un liberal y por tanto el problema que detecta es otro, pero (anuncia que) impone su política económica y también apela a la fuerza: “Si los bancos quieren pelea, estoy preparado para ella”. Si Chávez anunciara estar preparado para la pelea, estaríamos en ciernes de una convocatoria del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero el anuncio de Obama sólo recibe elogios en nuestra prensa y, en el peor de los casos, silencios. ¿Qué diferencia hay entre la intervención en la economía apoyada por la fuerza del Estado en Venezuela y en EEUU?

Cada vez es más evidente que lo que molesta de Venezuela no son los modos, ni la forma de hacer política. La satanización de Chávez obedece exclusivamente a que, con el mismo estilo que muchos otros de los nuestros, no hace lo que los nuestros. En vez de garantizar la pervivencia del sistema (aunque sea imponiéndole límites para que el fracaso de un poderoso no haga que se derrumbe el poder), se ha puesto, con éxito, a revertir el sistema para poner la sociedad al servicio de los de abajo. Eso es lo imperdonable, eso es lo dictatorial. Lo accesorio es sólo una excusa.

La devaluación

No sé exactamente cuál es el objetivo que buscan las autoridades venezolanas al depreciar la moneda tanto. Se dice que limitar las importaciones, aunque supongo que un país exportador de petróleo debe de tener una balanza comercial holgadamente positiva. Posiblemente se trate de potenciar los productos manufacturados en Venezuela y diversificar una economía demasiado basada en el petróleo. Si esa es la idea, estoy más que de acuerdo: una de las críticas al proceso venezolano es su excesiva (por muy comprensible que sea) dependencia del petróleo.

Con ser importante, lo crucial de la medida tomada no es para qué se toma. Lo crucial es que Venezuela, como otros países de la zona, ha decidido que la política económica también debe someterse a la legitimidad democrática. En Europa ningún gobernante tendría la capacidad de decidir no ya la devaluación de la moneda, sino la mera modificación de los tipos de interés. Han decidido que la política económica ha de estar completamente al margen de ningún control democrático y aquí los bancos centrales y especialmente el Banco Central Europeo son independientes.

En economía, ser independiente significa no ser dependiente del poder político, sino del económico. Las decisiones del BCE afectan al conjunto de los europeos: por ejemplo, durante años se negaron a bajar los tipos de interés pese a que ello beneficiaría a millones de ciudadanos hipotecados: sería en detrimento de los beneficios bancarios. Ahora la crisis limita los beneficios de las grandes empresas y se baja el tipo de interés para que el crédito salga más barato a la banca. Son decisiones absolutamente políticas y precisamente por eso se quieren alejar de todo posible control popular: el pueblo es por definición demagogo y prefiere a un hipotecado que a Botín.

Ay, pero habrá problemas que no tendrán solución. Telefónica pensaba repartir dividendos entre sus accionistas en Venezuela y la devaluación del bolívar hace que esos dividendos valgan menos… para quien pensara sacarlos del país (un bolívar seguirá valiendo un bolívar; pero valdrá menos euros). Y eso sí que resulta intolerable: ¡quién ha dado permiso a ese indio de mierda a tomar decisiones que no beneficien la fuga de capitales! Tranquilidad: a Repsol le viene bien la devaluación del bolívar, así que no se hablará demasiado de medida dictatorial, salvo que Telefónica aumente su gasto en publicidad de ADSL en la prensa. Atentas a los anuncios.

Anecdotario asambleario

Junio de 2008. En una reunión abierta para discutir el documento de ‘Otra IU es posible‘, un grupo propone que se incorpore la nacionalización de la banca. Un dirigente expone esa petición como ejemplo de lo que no deberíamos incorporar: ‘Debemos incluir aquello que seamos capaces de defender y de aplicar si gobernamos; si nacionalizamos la banca, al día siguiente somos expulsados de la Unión Europea y no podemos asumir eso‘. A regañadientes el defensor de la nacionalización de la banca renuncia a que se incorpore al documento una reivindicación tan radical.

Octubre de 2008. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, confirmó que su Gobierno está pensando en nacionalizar la banca.