Blog de Hugo Martínez Abarca

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Algunas obviedades sobre la investidura en la Comunidad de Madrid

Las matemáticas no aman, pero tampoco fallan:

En la Comunidad de Madrid no va a haber un gobierno progresista esta legislatura. Si alguien dijera que puede haberlo, mentiría. Las opciones progresistas sumaron 64 escaños el 26 de mayo y son necesrios 67 para la investidura.

En la Comunidad de Madrid no va a haber un gobierno «de centro derecha liberal« esta legislatura. Quien dice que puede haberlo, miente. Las opciones de centro derecha liberal (siendo generosos en la definición de Ciudadanos y PP-Madrid) sumaron 56 escaños el 26 de mayo y para ellas también son necesarios 67.

En la Comunidad de Madrid puede haber un gobierno de la derecha y la extrema derecha homófoba, machista y xenófoba. Es lo que están intentando PP y Ciudadanos aunque Ciudadanos intente evitar la foto, como si lo grave fuera el teatro con el que se explican los hechos y no los hechos. Cuando Ciudadanos se negó a firmar el compromiso con el Orgullo de no gobernar con la extrema derecha sólo podía tener una razón: que querían gobernar con la extrema derecha. Salvo que Ciudadanos reconozca su identidad con los fanáticos del odio, sería un gobierno cuyos apoyos tendrían grandes dificultades para avanzar por sus grandes diferencias políticas. ¿O no?

En la Comunidad de Madrid puede haber un gobierno transversal de regeneración democrática tras 25 años de casos de corrupción, golpes a la democracia y campañas electorales adulteradas con financiación ilegal a manos del PP de Madrid. En la Comunidad de Madrid puede haber un gobierno transversal de defensa de las libertades y los derechos de los madrileños y de las madrileñas que ataca Vox. Sería un gobierno en el que se tendrían que encontrar fuerzas con enormes diferencias políticas, por lo que no cabe duda de que no se podría avanzar en aspectos esenciales (económicos, sociales…) pero al menos se podría sanear la Comunidad de Madrid y se defendería la democracia y las libertades.

Las leyes prevén la repetición de elecciones (o los plenos de investidura sin candidato) para situaciones excepcionales que hagan imposible alcanzar una investidura sin grandes cataclismos. Fue lo que sucedió en 2003, por ejemplo, cuando dos corruptos hicieron imposible una mayoría y unas nuevas elecciones darían una Asamblea de Madrid sin esos corruptos.

No es lo que sucede en 2019: en 2019 lo único que sucede es que Ciudadanos no acaba de entender que no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos. Si Ciudadanos quiere un gobierno de derechas con la extrema derecha, los madrileños se darán cuenta por mucha retórica infantil que emplee Ignacio Aguado. Si Ciudadanos no quiere un gobierno de derechas con la extrema derecha, tendrá que sentarse a hablar con fuerzas democráticas aunque tenga grandes diferencias ideológicas con ellas.

Si Ciudadanos no quiere hacerse mayor, habrá elecciones de nuevo y los madrileños irán a votar por enésima vez por la sencilla razón de que dieron la llave a una fuerza inmadura e irresponsable que sigue queriendo estar en misa mientras presume de lo bien que repica las campanas.

De la «nueva política» al chalaneo más obsceno

No hace tanto la política española estaba empapada de lo que se llamó la nueva política, una suerte de cultura política ascética en la que se presumía de la renuncia a todo cargo, de la fugacidad de los pocos cargos que fueran imprescindibles, los sueldos moderados y a un simulacro exagerado de voto casi de pobreza. Tenía todo el sentido: veníamos de años de podredumbre en los que la corrupción había cooptado a muchos cargos políticos y sindicales y para ello se había servido de sobres, regalos, invitaciones y privilegios inaccesibles al común de los mortales. Los cargos políticos vivían en unas alturas desde las que se veía muy lejos al pueblo al que tenían que representar y servir.

De los consejos de administración de Cajamadrid a la universalización del coche oficial (el Ayuntamiento de Madrid llegó a poner un coche con su conductor para cada uno de sus concejales de gobierno y oposición) pasando por el palco del Bernabéu, los cargos públicos tenían difícil no sentirse una élite separada por un infranquable foso de la ciudadanía común. Había más complicidad muchas veces entre los miembros de esa élite (aunque aparentemente fueran adversarios) que con los representados. Eso fomentaba unas políticas en las que el interés general se convertía en una anécdota secundaria y una sensación de impunidad que ayudó a naturalizar una corrupción absolutamente extendida (desde el regalo de áticos hasta el regalo de títulos universitarios).

Las exigencias de la nueva política tenían todo el sentido como anticuerpos frente a una degradación absoluta de la política española.

No hace demasiado de esto. Apenas unos meses. Y sin embargo lo que estamos viendo desde el 28A y el 26M ha supuesto un giro radical que marea incluso al observador menos atento. No hay una sola exigencia o negociación de gobierno municipal, autonómico o nacional en la que el foco no esté en el reparto de cargos. No se conoce una línea roja programática, una conquista irrenunciable. Sólo sabemos que unos quieren entrar en consejos de gobierno, que otros quieren que los unos no entren aunque se hagan sus políticas, que Ciudadanos quiere trincar buenos sillones con los votos de Vox haciendo contorsionismos para devolvérselos y que al PP le da igual cómo se arregle lo de los sillones de los otros mientras se le garantice el suyo.

Uno recuerda casi con nostalgia cómo las negociaciones de Pujol y Arzalluz con Felipe González y Aznar nos parecían irritantes pasteleos sin escrúpulos porque la investidura dependía abiertamente de la entrega de competencias y presupuesto a sus Comunidades Autónomas. Hoy esto parecería un ejercicio de transparencia y altruismo enternecedor.

¿Alguien conoce alguna diferencia política insalvable para formar gobierno en España que no sea quién será ministro y quién no o si en vez de compartir ministerios se comparten direcciones generales? ¿Tiene alguna queja Vox de los primeros diez días de sectarismo, prohibiciones y censuras del Ayuntamiento de Madrid o sólo le preocupa qué concejalías, consejerías y chiringuitos va a trincar? ¿Sabemos qué le parece a Ciudadanos que los gobiernos de los que forma parte adopten las políticas de Vox o lo único que le preocupa es que no salgan en la foto compartiendo los sillones que con tanta renuncia política han logrado apañarse?

El culmen de la degradación fue el documento exhibido ayer por Vox. Primero por su carácter secreto, algo absolutamente intolerable y que debería ser ilegal. Y en segundo lugar por su obsceno contenido con sólo tres puntos: el primero, los sillones del PP; el segundo, los sillones de Vox; el tercero, la opacidad del acuerdo. Hasta los futbolistas que fichan por un equipo nuevo que les ofrece más dinero tratan de disimular diciendo que éste era su equipo desde niño o que buscaban nuevos retos.

No nos hemos curado todavía de tantos años de saqueo e indecencia como para dejar de tomar la medicación tan abruptamente. Disimulen un poco, que abriendo tanto la puerta va a pasar mucho frío.

Ciudadanos. Próxima estación: Madrid

«¿Cómo vamos a superar la dinámica de confrontación de rojos y azules que vinimos a combatir si nos convertimos en azules? ¿Cómo vamos a ser creíbles en nuestro compromiso con la regeneración si vamos a apoyar a gobiernos que llevan mas de 20 años en el poder? ¿Cómo vamos a construir un proyecto liberal en España si no somos capaces de enfrentarnos a la  extrema derecha que esta en las antípodas de todo lo que pensamos?«

Ayer Ciudadanos demostró una cosa positiva para ellos: que, contra las apariencias, en su interior hay vida política, debate e incluso enfado. Es una buena noticia para ellos: es mejor que haya una tensión entre quienes apuestan por el suicidio (convertirse en una mera corriente subalterna del peor PP) y quienes parecen creer aún en ese supuesto centro liberal que Ciudadanos decía ser. La alternativa sería la aquiescencia acrítica en el camino hacia la inmolación ordenada por el líder de una secta milenarista.

Visceralmente uno podría desea la (probable) victoria de Albert Rivera que conduzca a Ciudadanos a la irrelevancia cuando no a la expresa absorción por parte del PP. Sin embargo, ocurre que en su rendición al PP Ciudadanos puede causar mucho sufrimiento y deterioro democrático.

El próximo hito al que se enfrenta Ciudadanos es la investidura en Madrid. En los próximos días el presidente de la Asamblea de Madrid debe consultar a los portavoces y proponer una candidatura a la presidencia de la Comunidad.

La apuesta inicial de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid reúne todos los síntomas que señalaba Toni Roldán: un bloque de (muy) azules tras más de 20 años de gobiernos del PP y de la mano imprescindible de la extrema derecha. Pero además en la Comunidad de Madrid se añaden tres factores que hacen aún más sangrante la entrega de Ciudadanos:

-No es sólo que el PP lleve gobernando más de 20 años; es que estas dos décadas y media han estado regadas de podredumbre corrupta (Gurtel, Púnica, Lezo, máster, Fundescam…) y golpes a la democracia (tamayazo, financiación ilegal) en una decadencia institucional que el propio Ciudadanos ha señalado durante la legislatura pasada;

-No es sólo que necesiten a Vox para gobernar; es que Vox tiene paralizado el diálogo para formar gobierno en Madrid por su exigencia de cargos, chiringuitos y sueldos. Vox en Madrid tiene su cantera más parásita: donde Abascal se forró con sueldazos sin trabajo en dos chiringuitos;

-En la Comunidad de Madrid, además, existe la posibilidad de entenderse con Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón con los que se podría formar una alternativa que suma una clara mayoría absoluta. ¿Creen Ignacio Aguado y Albert Rivera que encontrarán a alguien que considere que entre Isabel Díaz Ayuso, David Pérez y Rocío Monasterio o Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón, la sensatez y la moderación están en el lado del PP-Madrid y Vox? Se añade que Ángel Gabilondo fue el candidato más votado tras el desplome electoral del PP, al que sus votantes han castigado más que Ciudadanos por la corrupción y la pésima gestión.

Si Ciudadanos quiere simular que conserva un ápice de ese supuesto centrismo moderado, sensato y liberal, si pretende parecer algo así como una fuerza europea, moderna y del siglo XXI… en Madrid tiene su última oportunidad. Es probable que prefieran renunciar a ella y consolidarse como una triste muleta de la corrupción y el odio. La ciudadanía madrileña lo pagaría con cuatro años más de colapso institucional y decadencia de nuestros servicios públicos. Sería, sin duda, el último servicio (porque no habría más) de Ciudadanos a un PP corrupto y fanatizado enterrado por los españoles y resucitado por Albert Rivera.

Ciudadanos: una muerte ridícula

Ciudadanos debería asumir el triste papel que han decidido libremente jugar en vez de hacer el ridículo con un teatro tan malo. En serio: nadie va a creerse que mantener al PP en todos los gobiernos autonómicos en los que el PP lleva más de 20 años tenga algo que ver con cambio; nadie va a entender que quien pacta con Vox está combatiendo el populismo ni el nacionalismo (tampoco nadie se va a tragar los tristes juegos retóricos y escénicos para decir que no están pactando con Vox); nadie mirará a quien resucita al PP de Madrid, de Murcia o de Castilla y León como a un regenerador.

Ciudadanos hizo una apuesta en campaña electoral: adelantar al PP en el conjunto de España o al menos en lugares relevantes y disputar la hegemonía de la derecha. Fracasó. Fracasó rotundamente. Ni siquiera lo consiguió con Begoña Villacís, tan exageradamente promocionada en su campaña de disparates y mentiras contra Manuela Carmena: quedó por detrás de un desconocido de virtudes por descubrir, que ha sacado los peores resultados del PP en el Ayuntamiento de Madrid y aún así son mejores que los de Ciudadanos.

Ciudadanos se queda en la derecha, en la derecha más dura, demagoga, antisocial, antiliberal y antigua. Pero ya para siempre como fuerza subalterna, ni siquiera como bisagra: está siendo humillado cada día por PP y Vox y cada día acepta la humillación con cara de seriedad como si estuvieran exhibiendo una gran dignidad: la dignidad nueva del emperador.

Ayer Ciudadanos aceptó incorporar a los presupuestos andaluces la visión cómplice con la violencia machista de Vox y su política xenófoba. En la Comunidad de Madrid excluyó a dos fuerzas democráticas de la Mesa de la Asamblea (algo que no había hecho ni Esperanza Aguirre con su sectarismo y sus mayorías absolutísimas) para conseguir ellos su sillón de presidente de la Asamblea de Madrid (¿alguien recuerda el nombre de alguna presidenta o presidente de la Asamblea de Madrid?) y convertir la exigua mayoría de las derechas madrileñas en un rodillo (5-2) con sillón para los ultras.

Se comerán los carguetes que el PP le prometa a Vox, se comerán los escándalos que vayamos conociendo del PP, se comerán las políticas más reaccionarias que hayan impulsado nuestras administraciones públicas desde la restauración de la democracia.

Durante unas semanas es posible que sigan haciendo el ridículo pidiendo hacerse fotos en el Orgullo o poniendo nuevos y sugerentes adjetivos a su impostado feminismo. Pero ya nadie, nadie les hará caso más que para reírse de ellos.

Se han entregado, se han rendido. Los tiranillos más patéticos de la Historia siempre que han perdido guerras se han pasado unos días haciendo encendidos discursos proclamando su victoria, discursos muy solemnes que desde lejos causan sólo entre risa y pena. Pocas semanas después sus vencedores los ahorcan sin necesidad de grandes discursos.

Si Def Con Dos escribiera ahora su «Pánico a una muerte ridícula« incluiría, sin duda, lo que le está haciendo Albert Rivera a su Ciudadanos.

El PP da Madrid por perdida

Son muy reveladoras las portadas del entorno mediático del PP para entender el desánimo de la derecha con los candidatos señalados por el dedo de Pablo Casado para Madrid. La Razón explica que «Casado desoye a los que pedían un golpe de efecto y apuesta por leales«; ABC define a Díaz Ayuso como «figura del partido» cuyo objetivo es «retener la Comunidad» y a Martínez Almeida como «el líder de la oposición municipal para frenar el efecto Carmena».

No tienen mucho entusiasmo que ofrecer. Retener el poder que se les escapa, frenar el apoyo popular a una alcaldesa, y para ello dos personas de partido cuyo gran mérito político, ético e intelectual es la adhesión inquebrantable al Jefe, Jefe, Jefe.

La designación de Almeida, un hombre que sigue siendo desconocido para casi todos los madrileños tras haber sustituido a la fugada Esperanza Aguirre durante media legislatura, revela probablemente un aluvión de negativas a enfrentarse a Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid. No tienen más: más allá de su histriónica oposición a Manuela Carmena, son conscientes de que sólo pueden volver a destrozar la capital si la gente no va a votar (como en Andalucía). No han encontrado nada mejor frente al asumido «efecto Carmena» (ABC dixit).

La candidatura de Díaz Ayuso es una muestra del fracaso del PP en la Comunidad de Madrid. En los últimos ocho años el PP de Madrid ha tenido que poner cuatro presidentes distintos. El PP nos pide que asumamos a una quinta tras Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes y el purgado Ángel Garrido. Los tres primeros acosados por la corrupción, el fraude, la mentira y los juzgados. El único que no ha tenido problemas conocidos de corrupción (y a quien siempre he reconocido públicamente que hizo cambios positivos -no tenía el listón alto- cuando presidió el Canal de Isabel II) no era suficientemente ultra para Pablo Casado y tenía el pecado de haber apoyado a Cospedal antes que a Casado.

En eso Ayuso ha sido mucho más lista: su oportunismo le llevó a ser la más aguirrista de la clase, la mano de Cifuentes en la Asamblea de Madrid y ahora la más casadista del PP. Del mismo modo que en los años del tamayazo fue la estudiante de la Complutense más afín a Dionisio Ramos. En estas semanas navideñas las televisiones dieron a conocer a Ayuso como la portavoz fanática de este PP ultra, sin complejos. Pero su biografía política muestra que no es fanática sino mercenaria, de lo que carece no es de complejos sino de principios.

Casado da por perdida Madrid. Sus designaciones sólo son comprensibles en clave de política interna de partido: leales al Jefe que reconstruyan una organización corrupta y atraigan a votantes de extrema derecha. No son designaciones para gobernar Madrid sino para gobernar el PP de Madrid.

Le toca a la ciudadanía madrileña, nos toca a todos, recuperar la Comunidad para que junto con el Ayuntamiento demos la espalda a ocho años de sectarismo, mangoneo y desgobierno y pongamos nuestra sanidad, nuestra educación, nuestro metro… nuestra Comunidad a funcionar de la mano de los ayuntamientos.

¡Funciona!

La estrategia de llamar populista a todo el que hiciera una propuesta decente, democrática, más justa y equitativa quería transmitirnos un mensaje: «todo eso es muy bonito, pero al final no salen los números». Era una nueva forma de transmitir el mensaje machacón de los últimos 40 años de desmantelamiento mundial de los derechos sociales y democráticos: There is no alternative, No hay alternativa. Como en los últimos años se demostró con una crisis monumental que las políticas de recortes y destrucción de lo público eran un fracaso, que si había algo que no era una alternativa eran sus políticas, nos explicaron que la nuestra era el caos, los soviets de distrito, la cochofobia, Caracas, hambre, destrucción y cabalgatas de Reyes Magos. Y, además, nos fueron explicando que somos igual de corruptos que ellos, faltaría más.

Ayer presentaron Manuela Carmena y Jorge García Castaño (concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Madrid y un compañero y amigo por el que sentirme tan orgulloso) los últimos presupuestos de esta legislatura. Y lo hizo con unos números y unos resultados para que los madrileños vivan mejor espectaculares. Han sido muchísimos los palos en la rueda contra este Ayuntamiento. Montoro intentó asfixiarlo, entre la Fundación Francisco Franco, el Partido Popular y otras organizaciones del entorno, han intentado parar en los tribunales desde la democratización del callejero a todas las obras que van a llevar a los barrios polideportivos, piscinas, zonas infantiles

Pero no lo han conseguido. Hoy cualquier madrileño tiene la conciencia de que el Ayuntamiento ha realizado innumerables actuaciones para mejorar los barrios, la vida de las familias. No hay una gran obra en el Madrid de Manuela Carmena. En esta legislatura los madrileños no hemos enterrado una autopista para que paguen hasta nuestros nietos y cobren hasta los tataranietos de los constructores amigos. No hay una gran obra en el Madrid de Manuela Carmena. Pero para atacar su gestión un diario conservador la acusaba hace unos días de febril: es decir, la crítica era la cantidad de cosas que está haciendo el Ayuntamiento. Y, sin duda, a los madrileños nos gustaría que la fiebre fuera aún más alta. A veces olvidamos que en 2015 Madrid llevaba años sin siquiera una operación asfalto: la ruina de la ciudad se traducía, entre otras cosas, en baches y rajas en nuestras calles que hoy van recuperándose. Por cierto, aquel abandono de las calzadas sí que era cochofobia.

La memoria a veces es corta, pero la comparación con la Comunidad de Madrid nos refresca siempre la diferencia. No, nadie acusará al gobierno de la Comunidad de Madrid (PP-Ciudadanos) de febril. Lo único que recordaremos de esta agonía asistida del PP en la Comunidad de Madrid es el bochorno de la salida de Cristina Cifuentes. Tan desaparecida está la Comunidad que no son pocos los madrileños que se olvidan de su existencia y piden a Manuela Carmena que arregle los destrozos del PP-Cs (¿cuántos madrileños siguen pidiendo al Ayuntamiento que arregle el desastre de Metro sin saber que sólo es competencia de la Comunidad?).  Una evidencia: en 2019 el Ayuntamiento de Madrid habrá hecho 13 escuelas infantiles nuevas; la Comunidad de Madrid (que es la que tiene la obligación de hacerlas) ninguna. Eso es ayudar (o no) a las familias madrileñas.

Lo impresionante es que hacer cosas es más eficiente: mientras la Comunidad de Madrid no para de aumentar la deuda pública, el Ayuntamiento ha reducido la monstruosa deuda que dejaron Gallardón y Botella a la mitad. No, no era populismo: era democracia, cercanía y eficacia. Era pensar en el bien común en vez de en la financiación del partido y el relleno de sobres. Era dejar que Madrid volviera a ser una ciudad viva y moderna. Y, qué raro, funciona. Por el camino, Madrid va de la mano de Copenhague, Berlín, París, Londres, Amsterdam… en políticas de movilidad mientras el PP (político-mediático) nos quiere anclar en algo mucho más parecido a su obsesiva Caracas.

Sin duda el mayor error de esta legislatura ha sido no ser conscientes de que el PP (en sentido amplio) odia a Madrid (como a España) hasta el punto de intentar paralizarla, joder a los madrileños hasta que le devuelvan la llave de la caja fuerte, que tan bien han exprimido siempre. Ha sido un aprendizaje duro que ralentizó el comienzo de la legislatura. Por eso y por tantos años de destrozo queda tanto por hacer.

Pero la evidencia ya está aquí y es una lección también para administraciones autonómicas y nacional. Funciona. A lo mejor era cierto que No hay alternativa: No hay alternativa a los gobiernos decentes, equitativos y democráticos que hoy están haciendo funcionar las ciudades que ellos destrozaron.

Moverse en Madrid

Madrid es una Comunidad extraña. El peso de la capital (50% de la población de la Comunidad pero con un peso vital y laboral incalculable también en los municipios de su cinturón) y el olvido generalizado de la política local por parte de los madrileños hace que muchas veces no sepamos qué administración lo está haciendo bien o mal. Si uno pregunta en la calle de quién es competencia el tren de Cercanías, el metro y el autobús, muy poca gente acertará las tres. Hasta ahora eso se traducía siempre en «qué mal lo hace el PP«, pues durante un par de décadas han saqueado el Ayuntamiento y la Comunidad y el deterioro de Cercanías (competencia estatal) ha sido claramente durante los gobiernos de Rajoy.

Ahora se dan dos fenómenos inéditos. En primer lugar que cada administración tiene un gobierno distinto y, sobre todo, que el Ayuntamiento de Manuela Carmena ha lanzado una ofensiva por la modernización de la movilidad. No es una cosa rara que se le ha ocurrido a la alcaldesa: la ciudad de Madrid está yendo de la mano de Londres, París, Berlín, Copenhague, Amsterdam… De hecho, lo raro está siendo el discurso del PP-Cs (político-mediático) cuyas propuestas se alejan de las ciudades europeas y resucitan la concepción de modernidad de los tecnócratas de los años 50 y 60 en España para los cuales el progreso se medía en kilos de humo lanzados al aire y en metros cuadrados de asfalto arrancados a las aceras. El humo en la Plaza Mayor, el Retiro y la Casa de Campo eran señal de progreso en el segundo franquismo; son muestras de libertad en los discursos de la oposición al Ayuntamiento.

Más allá de los rancios apocalipsis que nos anuncian Begoña Villacís y su escudero del PP cada vez que se abre un carril bici, se amplía una escuálida acera o se facilita la movilidad de los peatones en el centro, los madrileños están cambiando el coche privado por el transporte público. Esto sería una gran noticia para cualquier gobernante responsable del mundo en 2018.

Pero increíblemente el gobierno de la Comunidad de Madrid ha hecho dos cosas. La primera reducir la frecuencia de Metro: desde septiembre, cualquier madrileño (que use Metro) puede notar esperas propias de Agosto, continuas averías que interrumpen o retrasan los trayectos y unas aglomeraciones más propias de las estaciones del centro en Navidad. La segunda decir que la culpa de que Metro esté funcionando tan mal es de Manuela Carmena por fomentar el transporte público; o, dicho en palabras de Ángel Garrido, «por la mala gestión del Ayuntamiento muchas personas más de lo normal están recurriendo al metro«: ¡con lo bien que habría quedado diciendo que gracias a la buena gestión de la Comunidad muchas más personas de lo normal están recurriendo al metro!

Madrid es una comunidad muy rara en la que casi nadie sabe quién tiene la obligación de hacer qué. Por eso, uno podría sospechar que el gobierno de la Comunidad está siendo un pésimo gestor. Pero cuando uno lee a la consejera de Transportes explicar que van a hacer un «esfuerzo extraordinario» en metro consistente en no poner ni un solo tren más… cabría sospechar que lo que está haciendo el PP es dificultar la vida y la movilidad a los madrileños para que con un poco de suerte piensen que es Manuela Carmena (y no Ángel Garrido) quien conduce las locomotoras de Metro.

Madrid: Donde tú ves un problema, el PP ve una oportunidad.

Supongo que en el PP de Madrid andarán ya preparando en parte la campaña electoral de 2019. Aunque aún no tengan candidato tienen muchos mimbres. Y no hay razón para no estar ya pensando, por ejemplo, lemas y carteles electorales. Se me ocurre que podrían usar como lema algo que les ubique como esos anuncios de optimistas emprendedores: «PP-Madrid: donde tú ves un problema, nosotros vemos una oportunidad«.

Madrid tenía muchos problemas. De sanidad, de educación, de movilidad, de colapso de la Justicia… y en todos el PP de Madrid vio una oportunidad.

La sanidad se convirtió en una oportunidad para el ladrillo: construyó hospitales que quedaron estupendos en inauguraciones y carteles electorales aunque no aumentaran ni en una plaza el total de camas hospitalarias de la Comunidad; además apostó por entregar la gestión a empresas privadas con contratos opacos y extremadamente lesivos para las cuentas madrileñas, un chollo. La educación fue otra gran oportunidad para construir y ganar: se licitó la construcción de colegios privados con fondos públicos a cambio de casi un millón de euros en mordidas por colegio y de paso se avanzaba en el modelo de adoctrinamiento educativo expandido en Madrid. Para la movilidad era más fácil aún: autopistas con peajes en la sombra, radiales inútiles, soterramiento de la M30 con sobres para el partido a cambio… no se ha modernizado ni facilitado la movilidad madrileña, pero las cuentas del núcleo PP-constructores corruptos no salieron mal paradas.

Ayer supimos que la Audiencia Nacional está investigando también la oportunidad que vio el PP-Madrid en el problema de la Justicia madrileña. Decidieron construir edificios y edificios en coherencia con el resto de oportunidades.

A principio de legislatura, los diputados de la comisión de auditoría de la deuda tuvimos la ocasión de visitar el Campus de la Justicia. Nada más llegar cruzó la calle uno de los conejos que habita el descampado; por una parte de un túnel no pudimos entrar porque estaban rodando una película de terror; el único edificio en pie construido era el de medicina legal, un precioso edificio circular con el pequeño inconveniente de que las camillas no son redondas y no tenían buen encaje en la pared. Esto último tampoco era más que teoría porque el único instrumental que había llegado a aquel edificio eran las numerosísimas neveras para cadáveres que, al parecer, no eran atrezzo del rodaje. Todo esto nos ha costado a los madrileños una cantidad indeterminada pero que es bastante superior a 80 millones de euros. Hace ya varios meses presentamos una denuncia sobre el caso que ahora investiga la Audiencia Nacional.

La corrupción del PP en Madrid no se ha dejado ni un rincón por exprimir. Por ello nos ha dejado una retahíla de momentos tragicómicos que dan para una buena historia de lo que Íñigo Errejón llamaba lumpen oligarquía. Del volquete de putas a la crema del Eroski se puede decir lo de Gila: no han dejado ni las raspas, pero ¡lo que me he reído!

Hace dos días dimitía como diputada del PP por motivos personales Regina Plañiol, que fue consejera de Justicia con Esperanza Aguirre después de Alfredo Prada: entrará en su lugar el número 79 de la lista del PP, que obtuvo 48 diputados; los treinta de diferencia responden a dimisiones o incluso a renuncias antes siquiera de tomar posesión. Eso da la imagen de la descomposición del PP en Madrid.

Plañiol continuó el legado de Alfredo Prada, ideólogo del Campus de la Justicia. Hoy Prada es el responsable en la dirección del PP de Casado de vigilar la idoneidad de los candidatos del PP en las próximas elecciones, incluidos, por supuesto, los del PP de Madrid. Casado contó que quería recuperar las esencias del PP: con Alfredo Prada seleccionando candidatos, las esencias del PP deben de estar felices.

Ciudadanos rompe el pacto; se baja el telón

Ciudadanos llegó a la política para regenerarla. Bueno y para combatir el nacionalismo y el populismo, que, como el infierno, son los otros. Entró en ayuntamientos, comunidades y en el Congreso. Y en todos, si estuvo en su mano, apoyó al partido que llevara gobernando lustros bajo la condición de que tuviera gravísimos y numerosos casos de corrupción a sus espaldas. Así, en Andalucía apoyó al PSOE de los EREs y en Madrid al PP de la Púnica y Lezo. Si hubiera tenido los votos suficientes habría hecho alcaldesa de Madrid a Esperanza Aguirre y de Valencia a Rita Barberá. Si hubiera podido habría mantenido al PP en los gobiernos del País Valenciano y de Baleares. Si por Ciudadanos fuera, seguiríamos gobernados por Rajoy dijeran los jueces lo que dijeran.

Ciudadanos ha tenido la virtud de escenificar un enfado sistemático mientras apoyan todas las decisiones importantes del gobierno de turno. Ha llegado a decir (con mucha solemnidad, cómo no) que no nos precipitáramos e investigásemos si Cifuentes había hecho su «máster» o no.

El teatro de Ciudadanos era extremadamente previsible. Era evidente que unos pocos meses antes de las elecciones se haría el ofendidísimo, escenificaría una ruptura de la servidumbre que ha mantenido durante toda la legislatura y nos contaría lo dignos que son.

Ayer, al tiempo, Ciudadanos simuló un ultimátum a Susana Díaz en Andalucía y otro al PP en la Comunidad de Madrid.

En el caso andaluz el bochorno es tal que todo el mundo (incluso los medios que suelen apoyar cualquier disparate de Albert Rivera) dan por evidente que la ruptura entre el PSOE y Ciudadanos es una escenificación acordada entre ambos por interés electoral compartido.

En el caso madrileño el paripé consiste en exigir la gratuidad de la enseñanza de 0 a 3 años (eso sí: exigiendo que ello se haga mediante una red de escuelas infantiles privadas y concertadas que pagáramos todos, seguramente por la libertad ideológica o alguna barbaridad así) tras tres años votando con el PP en contra de las propuestas de Podemos de abaratar las escuelas infantiles. El paripé pasa por tomar por imbéciles a los padres y madres madrileños.

El teatro de Ciudadanos es de una obscenidad insultante. Por mucho apoyo mediático del que gocen sus altivas simplezas no pueden pensar que los españoles, los andaluces, los madrileños… son tan idiotas, que no se han enterado de lo que ha pasado en estos años.

Cuando intentaron mantener al PP de la Gürtel en Moncloa cavaron la tumba de sus paripés.

Madrid merece que sonriamos

No hay pocos datos para pensar que el cambio en la Comunidad de Madrid es posible. Hace unos días ElDiario.es publicaba una encuesta que a primera vista podría ser desalentadora pero que escondía la posibilidad cierta del cambio. Tal y como se presentaba en 2019 se recompondría el bloque del saqueo y pasaríamos de un gobierno del PP sostenido por Ciudadanos a un gobierno de Ciudadanos sostenido por el PP por un margen de seis escaños.

Pero la encuesta deja sin representación al 4.7% que votaría a Izquierda Unida y si algo está dejando claro Íñigo Errejón es que cuenta con todos los actores del cambio (Izquierda Unida, Equo y cuantas plataformas y personas civiles y políticas quieran arrimar el hombro para poner la Comunidad de Madrid a funcionar) y que no podemos volver a tirar los votos que en 2015 habrían echado al PP del gobierno autonómico. Sólo eso añadiría prácticamente 7 escaños al bloque del cambio, lo cual desestabilizaría el mapa previo.

Pero quizás el factor emocional más importante lo ha dado la presentación de un candidato como Íñigo Errejón con una candidatura que une a todas las posiciones de Podemos que han querido participar en el proceso de primarias (ojalá hubieran sido más pero dejar pasar un tren que no se quiere coger es una decisión legítima) y que garantiza cerrar la crisis interna que hubo en las fechas de esa encuesta. El candidato goza del mayor de los prestigios entre los madrileños, como una persona capaz, inteligente, sensata y con grandes dosis de humanidad. Y la unidad permite exhibir la madurez que faltó días antes.

Ambos factores suponen un empujón considerable en plena demolición del gobierno del PP de Madrid. La prueba más evidente sucedió ayer en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid, en el que tanto el Partido Popular como Ciudadanos se olvidaron de los barrios y necesidades de Madrid y se centraron en atacar a Íñigo Errejón: mostraron a las claras qué es un competidor temible para quienes quieren mantener a Madrid bajo las políticas rancias e injustas del PP de estos últimos 20 años.

Por eso resulta incomprensible que haya quien no haya sido consciente del potencial que tiene para Podemos el cambio de ciclo que se abrió el jueves por la tarde con el anuncio del acuerdo por una lista unitaria. Si antes de aquello estaba justificado el “Ni media tontería”, hoy suena a “tontería y media” lo que ha venido publicando un compañero como Juan Carlos Monedero haciendo insinuaciones que todo el mundo sabe que responden a falsedades sobre el delirante documento de Carolina Bescansa o abriendo un más que arriesgado juego sobre quién suma y quién resta en Podemos para atacar a Tania Sánchez, un activo importantísimo de Podemos como demuestran los inscritos cada vez que se presenta a procesos internos y obtiene un respaldo óptimo por parte de esas bases que no necesitan tribunos que ejerzan de sus traductores. No creo que sea buena idea discutir sobre quién es o no un lastre: más bien está claro que en un espacio como Podemos toda persona que defienda con honradez un proyecto de avances democráticos y sociales es un activo no ya para Podemos sino para nuestro pueblo.

Más allá de la desubicación concreta, es un hecho que este fin de semana hemos puesto en marcha un proyecto que abre el proceso de sustitución del bloque del saqueo; tenemos capacidad para explicar a los madrileños un proyecto ilusionante que acabe con 25 años de saqueos que van de Cajamadrid al Canal de Isabel II pasando por el tamayazo.

Tenemos razones para exhibir la sonrisa de quien está en disposición de hacer las cosas bien, con un candidato que ilusiona, que es reconocido y que lleva tiempo trabajando para presidir un gobierno madrileño eficaz y que lleve a la Comunidad de Madrid el buen gobierno que ya ejerce Manuela Carmena en el ayuntamiento de la capital y muchos otros compañeros y compañeras en los municipios que ya se han puesto a modernizarse con gobiernos honestos y capaces.

 

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