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Pablo Casado: el daño a España del hombre fraude

«Su currículo parece diseñado en un laboratorio«. En 2012 el periodista Luis Gómez explicaba en El País quién era Ángel Carromero, el joven del PP que había saltado a la fama mundial por su accidente de tráfico en Cuba. Y para explicarlo tenía que contar quién era Pablo Casado, que entonces no era una persona muy conocida. «A Casado se le puede considerar un proyecto de joven neocon criado entre Aznar y Esperanza Aguirre. Su currículo parece diseñado en un laboratorio: licenciado en Derecho, con cursos de perfeccionamiento en el IESE, Harvard y Georgetown, trabajó varios años como jefe de gabinete de Aznar, una vez dejó la presidencia del Gobierno, y ahora es diputado. Un neocon de escuela, revestido de liberal. Celebrados son sus discursos donde critica el relativismo moral de los socialistas, Mayo del 68 y sus continuas referencias a los muertos de la guerra. Casado es un asiduo al canal Intereconomía, como él mismo propaga en su Twitter«, decía el artículo que hoy podemos leer con mejores ojos.

Hace unos minutos eldiario.es ha revelado la enésima sospecha sobre el currículo de Casado. En esa sumaria investigación que realizó la Universidad Complutense sobre la licenciatura (no menos sumaria) de Pablo Casado en el centro privado que tiene adscrito, la Universidad Cardenal Cisneros. Según las preguntas de un test que la Complutense dirigió a una profesora (por escrito, para que no se agobiara) la Universidad había encontrado cambios en la nota de la asignatura de la misma profesora que había reconocido que le habían presionado para que ese chico no tuviera problemas académicos. El aprobado en esa asignatura no fue tan sumario como la carrera de Casado y la investigación de la Complutense, sino que llegó con retraso y con una firma que a quien redactara el cuestionario le resultaba distinta a otras de la profesora.

Resulta tan evidente que nadie terminó tan rápido la carrera de Derecho al ir obteniendo cargos políticos tras haber sido incapaz de hacerlo cuando se tenía todo el tiempo del mundo, que casi llama menos la atención esa chapuza que la precariedad de la investigación sobre el título de Casado. Es comprensible que a día de hoy sea complicado probar si Casado hizo el amago de examinarse realmente de alguna asignatura, pero igual se podría pensar algún método de investigación más incisivo que mandar un cuestionario por escrito a los profesores a ver si con la presión alguno confesara haber prevaricado. Obviamente de una investigación así sale que todos los implicados están de acuerdo en que no delinquieron.

Del currículo diseñado en un laboratorio de Pablo Casado hay algunas cosas que resultan casi cómicas: la necesidad de ponerse títulos de Estados Unidos que en realidad eran un fin de semana en Aravaca sólo revelan, supongo, un complejo intelectual tremendo, una titulitis patética y no poco dinero de más para pagarse esas chorradas. Pero la concatenación de fraudes es un ataque mucho más serio a la Universidad del que Casado no sería el único beneficiario: una trama que, para colocar una imagen falsa de gran formación académica de esos neocon de escuela, revestidos de liberales, no dudó en atacar a la Universidad y su prestigio. Y un país cuya universidad no tiene prestigio es un país tremendamente devaluado.

Que Pablo Casado es un fraude andante no lo duda nadie. Quien encuentre un tertuliano, un columnista, un periódico… dispuesto a simular que cree que Casado sí que hizo Derecho como cualquier estudiante que lo haga saber: hasta ahora lo único que han podido hacer es tratar de equiparar su fraude con inventos o naderías ajenas. No sabemos cómo fue la segunda carrera de Casado, Administración y Dirección de Empresas en su querida universidad Rey Juan Carlos. ¿Terminó la carrera convalidando alguna de las asignaturas que traía de Derecho exprés de la Cardenal Cisneros? Ya sabemos que el supuesto máster del Instituto de Derecho Público en la Rey Juan Carlos se hizo en un 80% gracias a convalidaciones anómalas de esos sorprendentes estudios y el resto con trabajos que se niega a enseñar y la Universidad no encuentra. Si uno no cree que Casado fuera repentinamente el genio académico que necesitaba ser para fulminar la carrera de Derecho, el castillo de naipes de Casado se le cae de las manos.

Desgraciadamente las universidades están muchas veces sometidas al chantaje de su financiación. No debe de resultar sencillo para una universidad madrileña ser rigurosa en una investigación a costa de los intereses del partido de gobierno de la Comunidad de Madrid, cuyo consejero de Economía fue vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos en los años de plomo. Tampoco debe de serlo cuestionar la validez de centros privados con los que une una relación económica provechosa. El peor ataque a la autonomía universitaria se da a través de su financiación, un chantaje intolerable que debe ser corregido por el bien del país.

Por ello es urgente una investigación externa, rigurosa, que no sólo nos aclare la trama de los títulos falsos sino que nos ayude a recuperar la Universidad como vértice intelectual y moral del país. No es ya que Casado (como otros compañeros suyos) sea un fraude andante; es que por el camino están arrasando la imagen de España por un lodazal del que será muy difícil levantarnos.

Quejarse sirve

La semana pasada éramos mucha gente indignada por la ocultación de un 19.1% de la población en la encuesta de El País. Por cierto, idéntico porcentaje al de trabajadores en paro. Y nos pusimos a enviar mails a la defensora del lector. Hoy han tenido que responder, lo que permite que los argumentos de esta minoría tengan la presencia que se le quiere quitar. Además la pobre respuesta del director adjunto del diario incurre en varios desvaríos.

Dice, por ejemplo que estos barómetros sociales «no son encuestas preelectorales«. Vaya. La primera frase, ¡la primera! del artículo que explicaba aquel barómetro era: «El panorama electoral del PSOE tiende al negro» (la negrita es mía).

Se dice también que la ocultación de los datos de las minorías se debe al rigor: una muestra tan pequeña como la de la encuesta no permite meterse en miserias como si ese 20% tiene a más gente del IU o de Falange Española. Total, qué más da. Ay, el rigor. Si fuera por rigor, la encuesta de El País tendría que haber añadido una mínima ficha técnica en la que se nos informara de cuántas encuestas se habían hecho, si por teléfono o presencialmente, en qué fechas (la interpretación varía mucho, por ejemplo, en función de si la encuesta era anterior o posterior a los proyectos antisociales del gobierno en su semana negra), margen de error, nivel de confianza. Pero es que, si de rigor se tratara, con 500 entrevistas no se puede hacer una encuesta con un nivel de confianza asumible. Dentro de tal rigor, el director adjunto de El País nos da uno de los datos que echábamos de menos: 10 encuestados afirman que votaron a IU en 2008 y 17 (un 70% más) que votarían a IU en 2012. Ello no tiene ningún rigor, pero a la vista de lo sucedido, más bien parece que el conjunto de la encuesta era un mero ejercicio de propaganda apoyada en 500 cuestionarios.

En cualquier caso, la respuesta bien merece que nos felicitemos: si no nos callamos nuestros cabreos, éstos se hacen visibles. Y al menos eso es un gran paso.

Os copio el artículo de la defensora del lector, añadiendo unos cuantos enlaces a lo que dice:

La invisibilidad de los partidos pequeños

Bajo el epígrafe Barómetro de clima social, EL PAÍS viene publicando desde mayo de 2009 una encuesta de Metroscopia sobre el estado de opinión en torno a temas de actualidad política y económica. La última, publicada el domingo 7 de febrero, con un texto titulado El PSOE acelera su caída, reflejaba la evolución de la intención de voto de los dos grandes partidos mayoritarios, PP (43,4%) y PSOE (37,5%) y la valoración de sus respectivos líderes, Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero.

Este barómetro había suscitado ya algunas quejas de militantes de Izquierda Unida (IU) y de Unión Progreso y Democracia (UPyD) por su exclusión del sondeo. Durante esta semana, las quejas han arreciado. He recibido un centenar de cartas, de las cuales 71 contienen un mismo texto: «Si las cuentas no fallan, 43,4% y 37,5% suman 80,90%. El restante 19,1% es el porcentaje que EL PAÍS escondió. Para ustedes, uno de cada cinco ciudadanos no existe, su voto no tiene interés. Algunos de ellos debemos ser lectores de EL PAÍS. (…) Ignorar la intención de voto de casi el 20% de la población muestra la evidente intención de generar la falsa idea de que en España sólo existen dos opciones políticas».

De entre el resto, Jesús Lacasa Vidal no entiende que en el barómetro sólo aparezcan dos partidos: «Cierto es que son los mayoritarios, pero muchos lectores nos identificamos con otras opciones. Su ausencia es preocupante y empobrecedora. No está nuestra democracia tan boyante como para causar más desafección política».

David Moreno habla de «información sesgada» y aprecia intencionalidad política en la omisión. Pilar García de Gracia insiste, por su parte, en que «España no es un país bipartito, aunque comience a ser sospechosa la insistencia de muchos medios de comunicación en hacérnoslo creer». Esta suscriptora nos recuerda que IU también existe, como existen sus dirigentes, «gente honesta, trabajadora y fuera de sospecha» que no merecen este trato. «Entiendo que la lógica mediática tienda a tratar la política como una competición deportiva, centrándose en las personas en lugar de los partidos, pero lo que no puedo entender es que se oculte deliberadamente la opinión del 20%», abunda David Aurusa, sociólogo. «La única explicación que se me ocurre -y me entristece- es que su diario quiera ser un agente activo en la promoción del bipartidismo en España».

Sergio López Sardinero se declara también dolido. «Noto que no existo para ustedes. Soy votante de UPyD y todas las encuestas otorgan a ese partido unos resultados del 4% o el 5%. ¿Es un acto de censura, falta de profesionalidad o desprecio al 20% de los electores ignorarlo?», pregunta.Ciertamente, la vida política de este país no se reduce a dos siglas, por mucho que entre las dos alcancen el 80% de la intención de voto. La razón por la que la representación política ha evolucionado en España hacia un bipartidismo creciente escapa a los propósitos de este artículo, pero lo que los lectores plantean no es una cuestión baladí: ¿Está contribuyendo EL PAÍS a instaurar un modelo bipartidista y a reducir, en consecuencia, la pluralidad política? He trasladado las quejas y la pregunta al director adjunto Vicente Jiménez. Ésta es su respuesta:

«EL PAÍS no fomenta el bipartidismo. Lo fomentan los españoles con su voto y, aunque esto es más discutible, nuestro sistema electoral. Desde 1993, PSOE y PP han ido incrementando su peso conjunto sobre el total de votos y de escaños. Respeto las quejas de los votantes de IU o UPyD en el sentido de que el sistema electoral les penaliza, pero niego rotundamente que el barómetro que Metroscopia realiza para EL PAÍS tenga alguna responsabilidad en ello. Con la misma rotundidad rechazo las malvadas intenciones que varios lectores nos atribuyen».

Vicente Jiménez aclara que «los barómetros de clima social son mediciones de los estados de opinión predominantes en el momento del estudio. No son encuestas preelectorales. Para una encuesta de clima social resulta aceptable una muestra pequeña como la que utiliza Metroscopia (500 entrevistas, con un margen de error de +/-4,5%), suficiente para el retrato, de relativo trazo grueso, que se busca obtener. La valoración de los líderes políticos y las intenciones de voto para el supuesto hipotético de que se celebraran en ese momento unas elecciones forman parte de ese clima social general que se pretende captar. Pero los datos que obtenemos no son presentados como predisposiciones o decisiones en cuanto al voto, sino sólo como reflejo del estado de ánimo coyuntural».

Sobre por qué sólo se toma en cuenta a PSOE y PP, el director adjunto responde: «Por una razón bien sencilla: dado el tamaño de la muestra, no suele haber en el trabajo de campo un número de entrevistados suficiente de todos los demás partidos que permita una estimación de resultado electoral. En el caso de IU, por ejemplo, hay que tener en cuenta que en 2008 votó por esa coalición el 2,8% de todos los posibles electores (el 32,7% lo hizo por el PSOE y el 30%, por el PP). Como saben, IU obtuvo en esas elecciones un 3,7% de los votos, sin embargo, en este tipo de sondeos, la comparación se ha de hacer, no con el total de votantes que han participado, sino sobre el total de posibles electores residentes en España, puesto que en los sondeos no se puede contactar con los electores que viven fuera. Así pues, en una muestra de 500 personas, ese 2,8% representa 14 personas (de hecho, en la última encuesta publicada por EL PAÍS, sólo 10 personas recordaron haber votado a IU y 17 manifestaron su intención de votarla). Con esas cifras no se pueden hacer inferencias válidas. Lo mismo ocurre con los demás partidos minoritarios. Sería una irresponsabilidad hacer una estimación de voto para ellos con una muestra tan mínima», concluye.

Tal vez la cuestión sea entonces si el barómetro debería ampliarse hasta ser suficientemente representativo de toda la pluralidad política. Pues es cierto que, aunque la intención del diario no sea fomentar el bipartidismo, la invisibilidad de las fuerzas minoritarias, insistente y reiterada, contribuye a crear la impresión de que importan poco, de que todo se dirime entre dos grandes rivales. Lo cual puede a su vez alimentar la tendencia a la polarización del voto, que tan poderosamente contribuye, con esta ley electoral, al bipartidismo.

IU ha sido históricamente la gran perjudicada por esta situación y ahora puede serlo también UPyD, los dos partidos minoritarios de ámbito nacional. En las últimas elecciones, cada escaño le costó a IU 481.520 votos y a UPyD 303.535, mientras que al PP le costó 66.405 y al PSOE 65.471. EL PAÍS no es responsable de esta situación, pero tampoco puede ignorarla. Su ideario incluye la defensa del pluralismo.

La dificultad para hacerse visibles a través de EL PAÍS parece ser, por las cartas recibidas, una herida que sangra desde hace tiempo entre los lectores próximos a IU. César Pérez Navarro lo expresa así: «No sólo los reportajes, sino también los editoriales y artículos de opinión se escriben en clave bipartidista». De ello se deriva que «se pierda interés por aquello de lo que no se habla». Dando visibilidad a dos fuerzas e ignorando al resto, el mensaje que subyace, según este lector es «que esas fuerzas representan la opinión válida, frente a la que es prescindible, la que no importa, frente a lo marginal».

La invisibilidad siempre tiene consecuencias. Y en la sociedad mediática, muchas más, como recuerda otra lectora, Ángels Martínez Castells, que dice saber bien de qué habla porque reúne «todas las invisibilidades imaginables: mujer, de izquierdas, mayor, jubilada a mi pesar, y con una enfermedad crónica». «No acepte», me dice, «como normal la prepotencia de sumir en la invisibilidad las políticas, propuestas y valores de la izquierda».

Una de cada cinco personas no existen

Acabo de enviar esta carta a la defensora del lector de El País y os animo a que hagáis algo parecido: el correo es defensora@elpais.es

Señora defensora del lector de El País:
Si las cuentas no fallan 43.4+37.5= 80.9; Si tal suma es cierta, no será falso que 100-80.9=19.1

Pues bien, esa cifra, 19.1 es el porcentaje que El País escondió en su encuesta publicada el 7 de febrero. Por redondear, uno de cada cindo ciudadanos no existe, su voto no tiene interés. Algunos de ellos debemos de ser lectores de El País. Quienes leímos esa encuesta sabemos que un 43.4% votaría al PP, que un 37.5% votaría al PSOE… y nada más: se oculta en la edición digital, en la edición en papel, en el gráfico y en el texto cómo se reparte ese 19.1% que probablemente sería imprescindible para conformar una mayoría parlamentaria con un resultado electoral como el descrito por la encuesta de El País.

Puede ser disculpable (o no) la falta de rigor informativo (por ejemplo, no publicar la ficha técnica de la encuesta) pero ocultar deliberadamente la opción política de casi un 20% del electorado muestra la evidente intención de generar la falsa idea de que en España sólo existen dos opciones políticas. Según la última encuesta del CIS esa es una manipulación cada vez más alejada de la realidad, especialmente por el crecimiento de Izquierda Unida (6.1% según el CIS, nebulosa estadística según El País), mientras la suma de PP y PSOE tiende inexorablemente a la baja desde hace tiempo.

No están los tiempos periodísticos para despreciar a los lectores. No creo que seamos pocos los que empezamos a plantearnos que, si no existimos para El País, a lo mejor El País debería dejar de existir para nosotros.

Un saludo,
Hugo Martínez Abarca

Y si queréis, podéis menear esta carta aquí.

Laicismo, a veces, es dar la razón a una monja

Hace algunos meses una doctora catalana llamada Teresa Forcades difundió por internet un vídeo en el que denunciaba la sicosis montada en torno a la gripe A como un tinglado peligroso y carísimo cuyos únicos beneficiarios serían las industrias farmacéuticas. El vídeo duraba casi una hora y parecía sólido, dado que explicitaba cuándo daba opinión y cuándo datos y lo que presentaba como datos eran falsables. Alguna de las argumentaciones me parecía débil (nunca he visto un discurso de una hora con el que esté plenamente de acuerdo), pero si no contribuí a su difusión fue porque no tengo ni idea de medicina y no me quería arriesgar a difundir si era bueno o malo vacunarse de la gripe A: preferí asumir que soy un ignorante.

Ser escéptico, ser laico, significa poner en duda aquello de lo que no se tiene constancia: dudar mucho y tomar postura en función de la sustancia, no de anécdotas tangenciales. En este caso había una anécdota: la doctora era, además, monja. Pero, aunque nadie me gane como anticlerical, ni una sola de las frases en las que basaba su discurso eran religiosas: se basaba en criterios científicos, políticos y económicos. Si un obispo dice que llueve, no hay que darle la razón ni quitársela porque sea obispo: mira uno por la ventana y le da la razón al obispo o no (¡los obispos podrían llegar a decir una verdad en casos extremos!)

Pronto hubo quien se tiró a su cuello: El País publicó un artículo a doble página contra ella titulado Desmontando a la monja bulo. En él se explicaba que el discurso que a los necios nos parecía bien argumentado era en realidad una teoría de la conspiración de libro:

Todos los narradores conocen la combinación perfecta para una buena historia: una víctima, un villano y un héroe. Y lo que vale para la ficción sirve también para una buena teoría conspirativa. Por poner un ejemplo nada al azar: la situación de la nueva gripe y la próxima vacuna. El reparto es fácil: la víctima es la humanidad, la verdad científica, los pobres del mundo; los villanos, la industria farmacéutica, la Organización Mundial de la Salud; y el héroe -escojamos uno; en este caso, una heroína-, una monja benedictina de las montañas de Montserrat, Teresa Forcades, con su famoso vídeo Campanas por la gripe A.

Teresa Forcades era la Luis del Pino de la gripe A. Y las farmacéuticas, esas sociedades filantrópicas que sólo piensan en nuestra salud, eran a la gripe A lo que Rafael Vera al 11-M. Había datos que mostraban que Teresa Forcades mentía tanto como Luis del Pino:

Vayamos ahora a por otro más gordo: la Organización Mundial de la Salud. Según explica Forcades citando a la cadena CNN, la OMS cambió en mayo su definición de pandemia en una parte de su web para que se ajustara a la situación de la nueva gripe. No se trata de un cambio menor: quitar de las condiciones necesarias la necesidad de que se hable de una enfermedad grave. Un punto que José María Martín Moreno, que además es asesor de la OMS, niega. «La definición de fase pandémica estaba ya establecida desde hace años. Lo que se hizo no fue cambiarla sino dejar explícito que el término pandemia no significaba nada más (ni nada menos) que una enfermedad que se ha propagado con incidencia superior a la habitual en muchas regiones del mundo», asegura.

Vaya con la doctora. Qué mentirosilla.

Ocurre que el jueves pasado vimos a Iñaki Gabilondo reiterar alguno de los argumentos de Forcades… pero esta vez veraces, pues ya no venían de la boca de una desconocida catalana con más pinta de hacer dulces artesanales que de leer el Nature.

Muchos lo venían diciendo en voz baja. Pero hoy alguien lo ha denunciado alto y claro. El presidente de la Comisión de Salud del Consejo de Europa, el alemán Wolfgang Wodarg, ha acusado al lobby de los laboratorios farmacéuticos de organizar la psicosis de la gripe A

Hombre, el primero en decirlo en voz alta no: es el primero a quien se le concede un criterio de calidad que lo dice en voz alta. Porque por lo que dice Iñaki Gabilondo (pongo el vídeo abajo) los argumentos son idénticos a los de Forcades, incluida aquella modificación de la definición de pandemia (falsa, según El País) y la conjunción de intereses de las farmacéuticas y la OMS (fruto de la estructura clásica de una teoría de la conspiración).

El criterio de calidad es uno de los instrumentos de control del pensamiento contra el que se rebela el laicismo: tanto da que tengamos que creer en alguien porque sea obispo, porque haya escrito un libro y diga que se lo dictó dios o porque haya ostentado un cargo muy relevante: habremos de creer lo que alguien dice si está sólidamente argumentado, si lo que dice es contrastable (y nadie comprueba que es falso) y, en todo caso, si no tiene intereses que condicionen su punto de vista en favor de sus tesis (como, por ejemplo, ese asesor de la OMS citado por El País… defendiendo a la OMS).

Decía Juan de Mairena que la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Eso es la laicidad. Por eso es crucial para que pueda haber democracia. Y por eso el laicismo, o es radical, o no es.


NOTA: Rafa contestó contundentemente a El País en su día. Ángels también reclamó reconocimiento a Teresa Forcades ayer, aunque había visto el vídeo antes en La Horda. Y ceronegativo ¡tuvo la gripe A!

Pues yo no voy a hacer boicot a PRISA

Han montado en Facebook un grupo que reivindica que se boicotee a PRISA el 15 de octubre por su reciente campaña contra el gobierno movido por los intereses del grupo respecto a la TDT. No me parece mal ante el chantaje que plantea el grupo al PSOE que los militantes socialistas traten de responder. No me importaría solidarizarme con ellos si fuera la primera vez que PRISA hace un chantaje de este tipo o si en anteriores chantajes los militantes socialistas se hubieran rebelado como ahora.

No fue así. En Un polaco en la corte del rey Juan Carlos (el mejor libro para comprender los años noventa en España) Vázquez Montalbán preguntaba a Jesús Polanco por qué su grupo maltrataba con tana saña a Julio Anguita. Polanco explicó sin rubor que Anguita (o sea, Izquierda Unida) defendía la desconcentración de medios de comunicación y que por lo tanto tenía que ser tenido como un enemigo por el grupo PRISA (y tratado como tal en sus medios de comunicación). PRISA llegó a fabricar la relevancia de un grupo cuyo objetivo era dinamitar IU: la recompensa a los más importantes instrumentos de la operación la pagó el PSOE (con parquedad a Cristina Almeida y con sorprendente generosidad a López Garrido, aquel rebelde que no se callaba una crítica y que ahora es el ejemplo de la complicidad diplomática ante las fascistadas de Berlusconi). No hubo boicot a PRISA.

Ya en los noventa PRISA ha ido presionando contra procesos democráticos y de izquierdas en América Latina mientras apoyaba a Uribe. En complicidad con las mentiras de éste, El País dedicó una página a mezclar a una compañera de IU y a su abogado (Enrique Santiago, compañero e importante dirigente de IU) con la actividad armada de las FARC. Algo bastante más grave que criticar la gestión de una crisis económica. Tampoco hubo boicot a PRISA.
No ha habido boicot a PRISA en ninguno de los momentos en los que la empresa decidía atacar con absoluta virulencia a quien no se sometiera a sus intereses. Por primera vez ha sido un gobierno socialista quien es víctima de una operación de chantaje mediático de este tipo.

Lo siento: es lo que hay, lo que ha habido desde hace mucho tiempo y ante lo que muchos estuvimos en soledad porque a otros les venía bien o, en el mejor de los casos, les daba igual. Si PRISA abandona el chantaje a Zapatero y sigue con sus víctimas habituales se suspenderá el boicot, no porque el grupo sea más honesto en su línea editorial, sino porque no será víctima uno de los nuestros.

La operación de chantaje a Zapatero desatada por PRISA posiblemente haga daño al PSOE, pero destroza la imagen de PRISA ante muchos de sus clientes. Sin embargo, antes hubo otras, más graves, contra enemigos más débiles y no hubo boicots y muchos seguimos escuchando, leyendo y viendo, entre otros, los medios de PRISA (o no, que muchos hace tiempo que dejaron de hacerles caso).

Este boicot se promueve para que se siga haciendo chantaje sólo a los de siempre. Y como formo parte de una de las organizaciones que somos los de siempre, el día 15 compraré El País, como cada día, escucharé la SER a las horas a la que suelo hacerlo y posiblemente vea algún informativo de Cuatro. Como cada día, vaya. Como cuando chantajeaban a Anguita, Chávez, Evo… Como cuando hablan bien de Uribe.

Nada ha cambiado: sólo la víctima.

PRISA, de Caracas a Moncloa

Como último recurso, en esta columna se podría criticar la línea editorial del propio periódico, con TDT o sin TDT. Por desgracia, resulta inviable. Porque el columnista comparte, en el caso que nos ocupa, la línea editorial.

Enric González, Culpables

Enric González, una de las personas más independientes que se pueden encontrar en El País, dice que comparte la línea editorial del grupo PRISA sobre la TDT. Es perfectamente legítimo. Yo no tengo postura sobre la TDT de pago: no es mi negociado, no tengo ni idea. Pero aunque la tuviera admitiría otras en contra, cómo no, si son honestas y razonadas.

El problema no es lo que opina el grupo PRISA sobre la TDT, aunque en un mundo ideal, un medio de comunicación debería confesar a sus lectores que tiene intereses en el asunto y que por tanto no va a ofrecer línea editorial ya que ésta no podría ser independiente. Ese mundo y el real no tienen nada que ver, así que, asumamos que PRISA (o cualquiera) pueda estar en contra de cómo ha gestionado el Gobierno el asunto de la TDT de pago (IU ha votado en contra, así que por aquí deberíamos estar de acuerdo con la línea editorial de El País, ¿no?).

El problema no es que PRISA esté en contra de la TDT de pago, siquiera por estar interesada en el asunto. El problema es que condicione siempre toda su línea editorial a los intereses de la empresa. Los medios de PRISA no criticaron la política económica del gobierno hasta que éste aprobó la existencia de TDT de pago por Decreto-Ley. Aprueban o desaprueban la reelección de presidentes en América Latina siempre coincidiendo con si se respetan o no los intereses económicos del grupo.

Uno puede criticar a Chávez, ¿cómo no? O criticar la política económica del gobierno. O pensar que Miguel Sebastián es un zoquete. El problema no es qué opine el grupo PRISA sino que cada vez es más evidente que demasiadas de sus opiniones no vienen dictadas por el análisis de cada asunto, sino por unos intereses empresariales a cuyo servicio se pone la línea editorial de sus medios.

Cuando se llega a este extremo de obscenidad se ha dejado de ser un medio de comunicación para ser simplemente el instrumento de chantaje económico al poder político. ¿Quieres que PRISA apoye tus violaciones de derechos humanos? Concédele un canal de televisión en el país que gobiernes. ¿No quieres que PRISA te llame dictador? Pues no retires el monopolio de los libros educativos a Santillana. (Cuando me enteré del voto en contra de IU, me pregunté si Público abandonaría su habitual amabilidad hacia IU: intuyo que no, pero sólo es una intuición).

AEste medio día han sido sonrojantes los diez minutos que dedicaron en el informativo de la SER a humillar a Miguel Sebastián por no someterse a los dictados de PRISA. Al oírlo, lo único que sentí fue una leve (levísima) simpatía por Sebastián y mucha lástima por el prestigio hecho girones de la periodista que aceptaba firmar el encargo.

El problema no es la línea editorial, compartible o no, de tal o cual fenómeno. El problema del grupo PRISA es la absoluta desconfianza que se ha labrado: uno lee los editoriales de El País pensando qué intereses habrá detrás incluso cuando coincide con ellos. Con Enric González discrepo muchísimas veces. Pero se cree lo que escribe, porque muchas veces escribe cosas que le son muy incómodas, como darle la razón a su empresa. Enric González ha llegado a la misma conclusión que su empresa en el asunto de la TDT de pago, pero por caminos totalmente distintos.

La triple vara de medir en el negocio de la compra-venta de armas

La compra de armamento a Francia por parte de Brasil fue comunicada por el diario de ayer como un “(…) ambicioso acuerdo de cooperación en materia de defensa que consolidará al país suramericano como la primera e indiscutible potencia militar del subcontinente (…) (1)

El actual gobierno brasileño, aunque es considerado pacífico, se gastó 12.300 millones de dólares, según se sigue leyendo en El País, pero su apuesta belicista es positivamente considerada como “(…) el espaldarazo definitivo al programa de Lula para modernizar sus Fuerzas Armadas (…)”

(…)

Al comprobar qué tipo de armas se han adquirido; “(…) 100.000 fusiles de asalto Kaláshnikov AK-47, 24 aviones Sukhoi SU con armamento, 5.000 fusiles de Dragunov de alta precisión (…)” por parte de Venezuela, y “(…) cuatro submarinos convencionales Scorpene, otro sumergible nuclear y 50 helicópteros de transporte EC-725 (…) 36 cazas de combate Rafale (…)” para Brasil, uno es incapaz de imaginarse el terrorífico titular que emplearía El País para advertirnos de la compra de un submarino nuclear por parte de la República Bolivariana.

Más en Diseccionando El País

Bárcenas ya está hablando

El pasado lunes, hace ya 48 horas, nos despertábamos con las filtraciones a El Mundo y El País según las cuales el tesorero del PP, Luis Bárcenas, tirará de la manta si no recibe el máximo apoyo del partido. En El Mundo se asegura que Bárcenas se «llevaría por delante» a Esperanza Aguirre e Ignacio González y que contaría la trama que hubo en la boda de Alejandro Agag con Aznar. En El País advierte de que se ha llevado cajas con papeles que pondrían en serios compromisos a muchos dirigentes del Partido Popular.

En ambos medios hay declaraciones de Bárcenas citadas entre comillas y ambos periódicos publicaron la información el mismo día. Aparecen también las típicas expresiones tipo «Bárcenas ha contado a su entorno«, que quieren decir «Bárcenas nos ha dicho lo siguiente«. Para todo buen lector, de la información de El Mundo y El País se deduce que Bárcenas ha utilizado un medio del PP y otro contrario al PP para lanzar un mensaje claro al partido: «a mí no me tocáis o cuento todo lo que sé de vosotros«.

Por muy comprometedoras que sean las cosas que Bárcenas pueda contar Mariano Rajoy sólo tenía una posibilidad: el cese de Bárcenas inmediato (vía despido o vía dimisión). Porque cada minuto que ha pasado sin que el Partido Popular se haya desentendido del tesorero ha supuesto la constatación de que efectivamente Bárcenas está escondiendo mucha mierda del Partido Popular. Cuando alguien amenaza públicamente con contar todo lo que sabe de uno, sólo se puede responder con más chulería: «venga, venga, cuenta todo«. Es la única forma de desmentir que el amenazante esté en posesión de cantidades ingentes de mierda: si luego el otro cumple su amenaza, el resultado es el mismo, pero de momento se desmiente. Así lo entendió la propia Esperanza Aguirre y escenificó ese «de rodillas te pido«.

Ni un dedo ha movido Mariano Rajoy en estas 48 horas para cargarse a quien le amenaza con contar la corrupción sobre la que vive. Con la ausencia de respuesta inmediata Rajoy ha dejado ver que efectivamente bajo la alfombra hay porquería. Ya tenemos la primera información de Bárcenas: que conoce mucha mierda y que Rajoy sabe que la conoce.

Son las 7.58 y aquí no cesa ni Dios.

Un análisis distanciado ma non troppo

He enviado este texto (con alguna diferencia irrelevante) a la defensora del lector de El País:

Desde hace años, nadie habla en España de ETA. Se habla de «la banda terrorista ETA«, como si los lectores, oyentes y televidentes españoles no tuvieran ya una idea bastante aproximada de qué es ETA. La fórmula no añade información: es denotativamente supérflua; pero está asumido que a la mera información aséptica hay que añadir pedagogía democrática y que nunca está de más recordar qué consideramos que es ETA. Un ejemplo es que la expresión «la banda terrorista ETA» aparece según el buscador de El País 690 veces en su periódico aunque probablemente a la décima vez que lo leyéramos, sus lectores nos haríamos una idea de la posición de El País contra ETA.

Cada vez que en algún medio extranjero habla de ETA como grupo independentista vasco sin utilizar la palabra «terrorista» se monta un pollo importante. Nuestros medios exigen a los medios de comunicación extranjeros que usen la misma fórmula que se usa aquí: en España puede ser superflua, pero para los lectores foráneos sí parece lógico que se les explique que ETA es algo más que un grupo independentista que da charlas en euskera y toma txakolis.

Ningún medio de comunicación español asume en asuntos en los que tienen un compromiso claro (el de ETA es el más evidente, pero no el único) que sus lectores esperan «un relato fidedigno de los hechos y un análisis distanciado y riguroso a partir del cual poder construir su propia opinión«. No, su relato debe estar absolutamente implicado y dejando claro el compromiso de los medios de comunicación contra los crímenes de ETA. Ya en el 23-F El País tuvo su mejor contribución contra el golpismo llamando en portada Golpe de Estado a lo que todo el mundo sabía que era un golpe de estado.

No siempre es así. Ayer la Defensora del Lector de El País respondió a las quejas planteadas entre otros por Andrés, Antonio, Víctor, Carmen, Rafa y yo mismo por su información sobre el golpe de Estado en Honduras. El País esperó a la tosca representación militar del domingo y a la reacción unánime de la comunidad internacional para para explicar a sus lectores que lo que en Honduras estaba sucediendo era un Golpe de Estado. No éramos adivinos quienes lo calificábamos de golpe de estado de manual lo que sucedía en Honduras antes del secuestro de Zelaya: el ejército había salido a la calle en rebeldía con la excusa de la destitución por Zelaya del jefe del Estado Mayor. Con distanciamiento y sin un exceso de ideologización, sabíamos que era un golpe de Estado, aunque como la cosa pilla lejos muchos lectores de diarios se habrían hecho una idea más rigurosa si en su diario se hubiera llamado intento de Golpe de Estado a lo que luego fue un Golpe de Estado consumado.

Imaginemos, por ejemplo, que los militares españoles se negaran hoy al nombramiento de Félix Sanz al frente del CNI y que salieran a la calle armados a impedir que el gobierno ejecutase el nombramiento: no habría ninguna duda para ningún medio de que sería un golpe de estado.

¿Por qué no explicar claramente a los lectores de El País que lo que estaba sucediendo en Honduras era un golpe de Estado frente al intento de reformar democráticamente una constitución blindada contra su pueblo? Resultan curiosos los dos ejemplos que pone la defensora del lector para explicar que buena parte de los lectores de El Páis no piden compromiso democrático, sino «un relato fidedigno de los hechos y un análisis distanciado y riguroso a partir del cual poder construir su propia opinión«: Palestina es el otro caso, junto a los golpes en América Latina (aunque en el caso de Venezuela en 2002 no deberá presumir El País de un relato fidedigno, ni de análisis distanciado ni riguroso): precisamente dos casos en los que los poderes internacionales apoyan importantísimas violaciones de la democracia y de los derechos humanos.

Frente a esta distancia rigurosa estamos quienes no sólo exigimos que los demócratas (sean periódicos, políticos o ciudadanos de a pie) rechacemos frontalmente los golpes de estado militares frente a gobiernos legítimos y los bombardeos genocidas contra pueblos sitiados. No, también esperamos «una especie de comunión ideológica absoluta, poder ver reflejadas sus propias posiciones en las del diario, y viceversa«.

Cada vez que tomen posición, ya sea contra un asesinato por violencia de género, ya contra un caso de corrupción o espionaje, le recordaremos a El País que lo que tiene que hacer no es posicionarse con la ética y los derechos humanos, sino exponer «un relato fidedigno de los hechos y un análisis distanciado y riguroso a partir del cual poder construir su propia opinión«. ¿O es que ese relato fidedigno… sólo es exigible cuando efectivamente se quiere tener una posición distante que no se ponga ni del lado del golpe ni del golpeado? ¿No es eso lo que siempre llaman equidistancia intolerable?

Cuando eligen en qué casos optan por el análisis distanciado lo que hacen es posicionarse. Si ante un golpe de estado militar optan por el distanciamiento no ideologizado, la posición es evidente.

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