Blog de Hugo Martínez Abarca

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La vieja Europa contra las crisis de Europa

No hace muchos años parecía que la Unión Europea iba a estallar de arriba abajo. La crisis económica ponía en jaque al euro; la burocraciá de Bruselas exprimía a los países con técnicas muy parecidas a golpes de Estado posmodernos; se forzaba una política económica suicida para todos menos para la banca alemana; y se usaba el eufemismo del rescate para la imposición de políticas económicas que sólo llevaban al empobrecimiento de los pueblos y al sometimiento de los gobiernos democráticos.

Hoy la situación es muy distinta. La crisis no es la de una Europa que la traslada a sus países. Más bien al revés.

Son muy llamativas las declaraciones de Jean-Claude Junker sobre Grecia: «No fuimos solidarios con Grecia, hemos insultado a Grecia«. No es creíble que estemos ante una confesión honesta de un hombre que sabe el daño que hizo. Lo que probablemente sea es la conciencia de que en este lustro ha cambiado mucho en Europa. Además del griego (más sólido que nunca), hoy en Europa hay dos gobiernos del sur haciendo políticas progresistas y revirtiendo las políticas de austeridad: Portugal y España. A diferencia de lo que hubiera ocurrido hace cinco años sus presupuestos han obtenido el nihil obstat europeo mientras Bruselas echaba (y vencía) un pulso al gobierno italiano y disputaba el Brexit con el gobierno conservador de Mae.

Hoy Europa es un conjunto de polvorines. Probablemente tenga muchísima responsabilidad en ello el tipo de políticas que se impusieron en la crisis de 2008 y el propio diseño del euro (aunque no sólo: Estados Unidos y Brasil no están en Europa; Reino Unido tiene moneda propia). Pero ahora los polvorines están en los países: Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, España, Hungría, Polonia, … es prácticamente imposible encontrar un país europeo que no esté en una situación política e institucional crítica, con espacios de convivencia gravemente amenazados.

No es en absoluto banal la referencia a los años 30. Entonces, como consecuencia de una durísima crisis, cuajaron por toda Europa movimientos fascistas y autoritarios que terminaron por estallar en otra Gran Guerra. Hoy no parece realista esa posibilidad: cabe que estalle algún conflicto interno en algún país, contemplamos violaciones de derechos humanos en el Mediterráneo, no sería raro que fabricásemos alguna de esas guerras que tanto hemos exportado… pero nadie contempla la hipótesis de una nueva guerra europea.

Con todos sus errores, sus fracasos, la Unión Europea ha sido tremendamente exitosa en uno de sus objetivos: generar una interdependencia entre los países de Europa que los vacunase frente a las guerras con las que había sacrificado al mundo en la primera mitad del siglo XX. Cinco años después la Unión Europea ya no aparece como el monstruo que condena a los países al suicidio sino más bien como una (frágil) red que contiene la posibilidad de otro trágico suicidio europeo

Desde Maastricht hasta la crisis hemos visto (con razón) cómo la UE se convertía en un instrumento poco o nada democrático al servicio de una política económica anti social e ineficaz. Esa Unión Europea no ha cambiado en lo institucional, pero sería suicida no ver en la recuperación de los valores de la vieja Europa (como denominaban desdeñosos los criminales de las Azores a la Europa pacifista) la principal tabla de salvación de nuestros países, de nuestros puelos.

La Europa que sólo era la Europa del euro fracasó y ya no es referente ni para sus principales capos, como Junker. Un mínimo de prudencia conservadora nos recomendaría abrazarnos a Europa como instrumento para humedecer los polvorines. Pero incluso la esperanza emancipadora no tiene hoy muchos más referentes que los viejos valores republicanos de Europa: la modernidad, la Ilustración, la democracia, la libertad, igualdad y fraternidad… que están en el sustrato de la identidad europea y que son los únicos sobre los que cabe construir una respuesta de futuro.

Cómo nos ven (a todos) desde Europa

Mientras en Europa llevan años combatiendo a la extrema derecha, Ciudadanos y PP acaban de llegar a un acuerdo de gobierno con Vox. Merkel sigue anteponiendo tímidamente por con desgaste los derechos humanos de los refugiados a sus intereses electorales aunque crezca la extrema derecha con la que ni se le ocurriría pactar; Macron no entiende que ante los ultras se haga otra cosa que combatirlos. Mientras, Ciudadanos y PP se reparten los sillones andaluces pactando un programa de gobierno con la extrema derecha a la primera oportunidad.. No en una situación excepcional, asfixiados por la falta de alternativas. Desde el primer día ambos apostaron por un gobierno acordado con el partido de la manada. Tan poco asfixiante era la situación que hace mes y medio Ciudadanos gobernaba en Andalucía con el PSOE de Susana Díaz. Pero ha optado por entregarse al partido liderado por un delincuente condenado por desproteger a un niño de su padre maltratador.

Mientras PP y Ciudadanos se oponen con mentiras, boicots y anuncios apocalípticos a las medidas del Ayuntamiento de Madrid para la movilidad y la lucha contra la corrupción, Bruselas ha escrito a la Comunidad de Madrid pidiendo que deje de boicotear la implantación de Madrid Central, la Comisión Europea ha levantado las sanciones a España por las medidas de las principales ciudades contra el tráfico y Madrid se ha ahorrado 500 millones en sanciones europeas heredadas de la época del PP. Madrid, Barcelona y el resto de los ayuntamientos del cambio se han puesto en la vanguardia europea por una movilidad moderna y saludable y así lo están reconociendo Europa y sus principales ciudades.

Ahora que PP y Ciudadanos se alían con una fuerza expresamente homófoba hay que recordar que Europa tenía a España por un país rancio y discriminador. Que se sorprendió al ver la fuerza que tenía el Orgullo, cómo sus fiestas se convertían en las verdaderas fiestas de todo Madrid. Europa vio cómo España se adelantaba llevando la igualdad y la libertad al matrimonio de todos, quiera a quien quiera cada cual. El PP (aún con Vox dentro) hizo todo lo posible por colocar a España de nuevo en el furgón de cola de Europa; Albert Rivera se mostró en desacuerdo con el avance. Se opusieron, como siempre hicieron los parásitos de la Historia de España, a la libertad, la modernidad, la felicidad y el amor. Pero España se situó en la cabeza de Europa. Hoy hasta Vox tiene que esconder su oposición a la igualdad de todas las familias con eufemismos irracionales como que «defendemos la familia natural» sin aclarar que si pudieran combatirían las formas de familia no canónicas (que, por cierto, son la mayoría en la España de 2019).

Cuando PP y Ciudadanos llegan a un acuerdo programático con un partido machista que quiere evitar la lucha contra la violencia machista es bueno sentirnos orgullosos de cómo el 8 de marzo España se puso de nuevo al frente de Europa con su huelga feminista y las históricas movilizaciones en defensa de la igualdad. El feminismo avanza en Europa pero toda Europa se quedó asombrada de cómo esa España caricaturizada como rancia, casposa y cutre era ahora la que lideraba las conquistas de libertad y modernización. PP y Ciudadanos han decidido formar parte de un bloque que quiere decirle a Europa que esa caricatura de España era real.

En mayo hay elecciones europeas. Y en todos los países las fuerzas democráticas defenderán Europa de los ultras que están atacando los valores de la Ilustración y la modernidad, los valores que están en la raíz de Europa. Mientras, en España, PP y Ciudadanos estarán gobernando con los enemigos declarados de todos esos valores, con quien quiere devolvernos a las tinieblas; y se excusarán explicando que esos que han puesto a España al frente de los avances de Europa son peores que quienes quieren devolvernos al lodazal. que quienes quieren recortar derechos, deportar personas y olvidar la Historia de España, tan relacionada con la de Europa, no son tan malos como quienes quieren conquistar derechos y avanzar en democracia.

Con perspectiva se ven las cosas más claramente. Y con la perspectiva europea se entiende muy bien lo que está pasando en España. Ciudadanos y PP quieren recuperar esa España que veía Europa terminar en los Pirineos. Otros queremos que España siga liderando la modernización de Europa.

El partido de quienes llevan siglos jodiendo a España

El documento que Vox presentó ayer al PP tiene la virtud de ser un autorretrato bastante preciso del partido de la manada. Vox no es sólo el partido contundente con los independentistas y que responde a las moderneces con dos cojones.

Difuminada entre las grandes sandeces, aparece un amago de política económica y social. La asfixia fiscal de la administración pública (eliminando los impuestos que más obligan a las grandes fortunas) se compensa no haciendo ni una sola propuesta social: ni escuelas infantiles, ni atención sanitaria, ni becas, ni… La única propuesta de gasto público que hace Vox es el apoyo a las corridas de toros, que probablemente piensen que se puede cubrir con el ahorro en lucha contra los crímenes machistas.

El documento de Vox define a quienes sólo copian del autoritarismo emergente en el resto del mundo los aspectos criminales (deportación de más de 50.000 andaluces) pero que a diferencia de lo que está sucediendo en Europa no ofrecen alternativas sociales como envoltorio de los recortes en democracia y derechos civiles: a la involución política la acompañan indisimuladamente de un desmantelamiento del Estado como (escaso) soporte de los trabajadores, los pobres y las capas medias.

Vox no enfrenta a los últimos con los penúltimos sino a los primeros contra todos los demás.

Mientras otros partidos autoritarios europeos se ofrecen como falso instrumento antielitista Vox seha mostrado como un ataque agresivo de las élites más burdas contra el 99% de los españoles.

Es el partido de esa minoría cortesana que lleva siglos jodiendo a España, el partido del vivan las caenas, del muera la inteligencia y viva la muerte. España tuvo durante siglos unas élites que combatieron los avances liberales e ilustrados que se daban en Europa, que nos dejó fuera de la revolución industrial, que nos quiso dos siglos por detrás de la Historia. Esa es la España de Vox. Por eso ha empezado combatiendo precisamente a los colectivos que últimamente han puesto a España al frente de la modernidad europea: a las mujeres y a los colectivos LGTB que sorprendieron al mundo demoliendo el tópico de los españoles atrasados y rancios.

Lo que Vox combate es a la España moderna y avanzada, a los sectores dinámicos del país. A los demócratas, a la España que es diversa y que ya no está en Europa invitada sino al frente de los principales avances y de espaldas a sus peores amenazas. Vox combate a esa la España del cincel y de la maza de cuyo nacimiento presumía Machado.

Vox es el excremento de la Historia de España. La anti España secular. La España de la que se reía Europa. Y viene a cobatir a la España real del siglo XXI que ha dejado atrás tanta mugre.