Blog de Hugo Martínez Abarca

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Por fin: el «populismo» que se puede tocar

«Un presupuesto populista» titula esta mañana El Mundo. ABC habla del «proyecto de socialistas y comunistas». «Populismo presupuestario» es la expresión de moda entre los medios del entorno del PP. Pablo Casado pone, qué sorpresa, la guinda: «estos presupuestos traerán hambre, como en Venezuela«. A falta de un examen más exhaustivo, sorprende que no nos explique nadie que son los presupuestos de la ETA. A ver si mañana.

Tras años de populismo penal (¡prisión permanente revisable!), populismo nacionalista (¡pon tu bandera en el balcón!) y mil formas de demagogia que nunca se llamaban «populismo» en esos mismos diarios, lo que ahora llaman populismo se puede tocar, va a mejorar la vida diaria de los españoles: aumenta el salario mínimo, se garantiza el poder adquisitivo de las pensiones, se recupera la sanidad, la investigación, se acota la burbuja del alquiler… Tras hacer el ridículo diciendo que le suben los impuestos a «la clase media y trabajadora» (a las personas que ganan más de 130.000 euros, cuando el salario más común en España está en 16.500 euros), PP, Ciudadanos y sus mariachis mediáticos han tenido que recurrir a los adjetivos menos imaginativos para atacar unos presupuestos que ayudarán a vivir mejor a la infinita mayoría de los españoles y exigirán arrimar el hombro a las grandes fortunas, las multinacionales, las grandes empresas y a la economía especulativa. Mientras, los impuestos bajarán para las pequeñas empresas y baja el IVA a productos como los de higiene femenina, veterinarios…

Es difícil convencer a la infinita mayoría de los españoles de que eso no es positivo. Y más difícil es atacar medidas concretas sin que sea demasiado evidente que se está sirviendo a los intereses de una pequeñísima minoría de millonarios.

Aunque los últimos cuarenta años hayan arrasado con un modelo más justo, el acuerdo se parece mucho a recuperar las políticas socialdemócratas que llevaron a Europa a sus mejores datos económicos y sociales en los años 50 y 60. No sólo son presupuestos viables, es que es el único camino viable: la política de recortes, las nuevas burbujas, la radicalización del modelo que nos había llevado a la crisis… vuelve a amenazar al mundo con otra crisis. España se acercó ayer a Portugal: el único país de Europa en el que se está logrando avanzar en bienestar material para todos y con ello saliendo de la crisis.

La política es esto. La política es pelear mucho por arrancar unas mejoras. Unas mejoras insuficientes, claro que sí, por supuesto que hay que seguir avanzando, pero también es evidente que no recordamos un giro presupuestario tan positivo como el que se plantea gracias a que tenemos el primer gobierno obligado a negociar con fuerzas que defienden mayores avances sociales y democráticos.

La política es lo que pedían las plazas, la política es lo que llaman populismo y comunismo quienes se creen que España está llena de salarios de 10.000 euros al mes. Esta sí es la política con la que da gusto arrimar el hombro. Recuperemos la política.

Harakiri fiscal

No está escrito en ningún sitio que toda subida fiscal haga caer electoralmente a un gobierno. Zapatero tenía ahora una ocasión de oro para subir los impuestos sin perder un ápice de popularidad (la única variable que suele determinar sus decisiones). Podría haber recuperado tipos más elevados para las rentas más altas (incluso las del trabajo, ¿por qué no?), haber elevado los tipos fiscales a operaciones especulativas, podría haber incrementado la plantilla de inspectores de hacienda para que busquen debajo de las piedras por qué sólo un 3% de españoles declara ganar más de 60.000 euros al año y modificar la ley para que quien gane esa cantidad tenga que declararlo.

Podría haber recuperado la democrática costumbre de hacer público cuántos impuestos paga cada español, para que hubiera una presión social al ver que las grandes fortunas españolas no son las de los mayores contribuyentes, haber devuelto a la inspección de hacienda el control de las SICAV y subir un tanto el  tipo que se le aplica, hacer progresivo el impuesto de sociedades para que no pague lo mismo El Corte Inglés que un pequeño negocio familiar…

No hay ninguna razón para pensar que estas medidas son impopulares. Además no serían percibidas como una improvisación, sino como una reforma fiscal fruto de convicciones políticas: podría vender el gobierno la idea de que los que más tienen pagan más para que todos conservemos e incluso veamos aumentados nuestros derechos sociales: parecería que tienen un proyecto político en la cabeza. Quedaría en evidencia el PP al negarse a que los impuestos sean más justos (y de un volumen más cercano al del resto de países de Europa) y proponer que se reduzca gasto público (¿cuál? No hemos escuchado al PP denunciar el gasto que supone enviar más tropas a Afganistán, así que debe de ser otro tipo de gasto el que quieren recortar). Además, tendría amordazada a la izquierda parlamentaria, que no podría negarse a apoyar una profunda reforma fiscal más justa y social.

Frente a esta opción el gobierno parece que hará lo que habría hecho cualquier gobierno social-liberal: subir los impuestos indirectos (los más injustos) y hacer que pague la subida fiscal «una parte importante de la ciudadanía» (eliminando la paga del 18 de julio, que fueron los 400 euros). Es decir, tras varios lustros de regresión fiscal vía bajada de impuestos directos (algo injusto pero vendible demagógicamente), Zapatero se acerca a una subida de impuestos regresiva, que no hay quien se vaya a tragar. Además anuncia que es temporal para que tengamos claro que él mismo piensa que es injusto y que sigue creyendoque bajar impuestos es de izquierdas.

Zapatero se suicida y uno es incapaz de entender por qué. Doctores tiene la iglesia y asesores electorales tiene Zapatero. Y esos asesores parecen tan idiotas que deben de ser unos genios.

Se les va la pinza

Ayer Izquierda Unida e Iniciativa per Catalunya-Verds llegaron a un acuerdo con el PSOE. Dado que España tiene un sistema fiscal escuálido y cada vez menos progresivo los diputados de la izquierda acordaron con el grupo socialista una subida de impuestos para las rentas más altas. Para la izquierda no es cómodo llegar a acuerdos con el PSOE, porque sistemáticamente capitaliza las propuestas ajenas como si fueran propias y consigue con ellas una imagen de izquierdas que oculta que simplemente asume lo que otros decían (¿alguien se acuerda de que IU llevaba años pidiend que los homosexuales tuvieran los mismos derechos que los heterosexuales?). Pero si se consiguen políticas más de izquierdas, ahí estará IU dejando en un segundo plano de importancia el rédito electoral.

El acuerdo duró un telediario. Ocurre que CiU también está dispuesta a llegar a acuerdos. Pero sus acuerdos son otros: si el PSOE quiere que CiU se abstenga en la votación sobre el techo de gasto el PSOE tiene que suspender el acuerdo con IU. Dicho y hecho. Se rompe el acuerdo con la izquierda para pactar con la derecha. Para rizar el rizo Alonso explica que el acuerdo con IU se rompe porque no iban a votar a favor del techo de gasto sino a abstenerse, así que se echan en brazos de CiU… consiguiendo que CiU se abstenga.

¿Eso es una pinza? A juzgar por  el sosiego con el que periodistas y blogueros han reaccionado no lo parece. Hace apenas un par de semanas teníamos que agachar la cabeza porque IU-CM había llegado a un acuerdo con Esperanza Aguirre sobre Cajamadrid. Un acuerdo que también estaba intentando el PSOE, pero que en el caso del firmado por IU tiene una literalidad que supone un cierto triunfo de posiciones progresistas. Sin entrar a valorar aquel acuerdo, hay que recordar la escandalera que montaron algunos ante la vuelta del invento de la pinza.

Uno puede llegar a acuerdos con la derecha, cómo no. Lo que no puede hacer es llegar a acuerdos para girar la política hacia la derecha, que es lo que con tanta obscenidad acaba de perpetrar el PSOE al retirar la subida de impuestos a las rentas más altas (por cierto, el mismo Zapatero que bajó la fiscalidad a los futbolistas, pero que ahoratiene el morro de hacer  declaraciones criticando los excesos por Cristiano Ronaldo).

Decía ayer mismo el secretario de estado de Hacienda que no podemos querer el estado de bienestar sueco con los impuestos de Irlanda. Llevaba toda la razón. Y con las últimas modificaciones fiscales (aumento de los impuestos indirectos y reducción de los directos y progresivos) muestra el gobierno que no tiene inconveniente en renunciar a un estado de bienestar que cueste un duro. 

Lo único que sube con Zapatero en los impuestos directos y progresivos es el tramo de la Iglesia. Pero eso no es pinza. Es sentido de estado. Que suele ser inversamente proporcional al sentido de la vergüenza.

30.000.000.000 euros

Con una inversión pública de 8.000 millones de euros el Estado ha generado un mínimo repunte del empleo. Antes de eso, el gobierno había inyectado liquidez en la banca, rebajado impuestos (léase «comprado el voto») mediante los famosos 400 € y otras medidas de carácter liberal: menos dinero en el Estado, más en manos privadas. Con ninguna de esas medidas se consiguió parar la sangría laboral; con un poquito de inversión pública se ha conseguido rápidamente.

En el pasado debate sobre el Estado de la nación (aquel que recordaremos todos por la cantidad de promesas que hizo Zapatero que no eran competencia suya) el presidente del Gobierno presumió de haber reducido la fiscalidad en 30.000 millones de euros para 2008 y 2009. El plan de desarrollo local ha costado la cuarta parte de eso. Y el gasto previsto de aquí a 2012 en la aplicación de la Ley de Dependencia es de 40.000 millones de euros.

El plan de desarrollo local sólo tuvo un objetivo: reactivar durante unos meses el sector de la construcción. Si el PSOE anunciaba un cambio en el modelo productivo ha empezado disimulando bastante bien. Si en vez de poner ese dinero al servicio de la construcción el Estado no hubiera renunciado a esos 30.000 millones de euros y los hubiera puesto junto con los 8.000 millones de las obras locales para acelerar la puesta en marcha de la Ley de Dependencia, nos encontraríamos a final de 2009 con el trabajo de cuatro años hecho en una materia social de máxima importancia y que genera un empleo potencialmente estable; eso sí hubiera sido un cambio de modelo productivo.

Incluso si se quieren seguir poniendo parches mientras se arregla el desaguisado generado en estos años, se podría haber mantenido la inversión en obras locales de 8.000 euros. Lo que no tiene ninguna excusa (y menos en un gobierno que hace una campaña presumiendo de defensa de los trabajadores y de los derechos sociales) es que el mayor esfuerzo que se ha hecho para combatir la crisis haya sido en reducción de ingresos públicos. Ya vimos el impacto de «los 400€ de Zapatero«: mucho ruido y ni un empleo. Esos 400€ han supuesto una reducción de ingresos del Estado del 75% del coste del plan de desarrollo local: podría haber salido casi gratis si a algún asesor electoral no se le hubiera ocurrido la gilipollez de los 400€ para rascar algunos votos en las generales del año pasado. Podrían incluso haberse puesto en marcha con ese dinero las 300.000 plazas en escuelas infantiles que prometió el PSOE en las generales del 2008 y de las que ya se ha olvidado, seguramente porque no hay dinero.

Posiblemente los tiempos en que se podía hacer política argumentando serenamente hayan acabado. Posiblemente hoy sea mejor sacar un vídeo con una señora solitaria en un autobús cuyos derechos sociales sólo protegen aquellos que bajan impuestos. No lo sé. Pero algún día esa señora se dará cuenta de que podría tener empleo, derechos sociales y un Estado de Bienestar digno de ese nombre, si el gobierno no hubiera renunciado a 30.000.000.000 euros para que se quedaran en bolsillos que en ningún caso generan derechos sociales y que ha quedado claro que tampoco generan empleo.