Blog de Hugo Martínez Abarca

Etiqueta: Madrid (Página 1 de 3)

La Internacional Idiota: por qué Ayuso ataca a la Universidad

En la vieja Atenas se identificaba la palabra idiota (ἰδιώτης) con aquellas personas que no se meten en política, aquellos cuya única preocupación es su vida privada y que renuncian a tener iniciativa en los asuntos colectivos (la política) yendo contra su propia naturaleza como ζῷον πολῑτῐκόν, como animal político, como animal cívico.

Esta idea de “idiota” define, exactamente, el concepto de “libertad” que ha cacareado la nueva derecha, una libertad antisocial, una libertad exaltadamente individualista consistente en hacer lo que a uno le dé la gana…

Puedes seguir leyendo el artículo en Infolibre.

Madrid Green Shame

Madrid podría haber albergado orgullosa la COP25. Podría haber presumido mucho de los primeros pasos en defensa de un modelo de ciudad más habitable y respirable al tiempo que se anunciara que los primeros pasos siempre van seguidos de muchos pasos más.

Almeida y Villacís podrían incluso haber saciado su resentimiento contra el equipo de gobierno anterior criticándonos por escasos: podrían haber anunciado la expansión de medidas como Madrid Central por toda la ciudad, a lo que Ayuso y Aguado habrían replicado que no, que por toda la Comunidad de Madrid. Podrían haber reivindicado la memoria de Ana Botella y Gallardón y anunciar que no sólo mantendrán los nuevos carriles bici de la legislatura de Manuela Carmena, sino que el Plan Director de Movilidad Ciclista que estuvo anunciando el PP desde 2008 (y que sigue en la web del Ayuntamiento) será realidad antes de acabar la legislatura en 2023.

Almeida podría haber nombrado un Delegado de Medio Ambiente y Movilidad que no viniera de destrozar el Metro y que mantuviera y mejorara las condiciones de la EMT, hoy en huelga. Ángel Garrido podría haber visto la luz al final del túnel de Metro tras caerse del caballo y antes de anunciar rebajas y ampliaciones de horario para los que no tiene recursos poner Metro a funcionar de una vez.

Nada de eso ha ocurrido. El dúo municipal, entregado a Vox (que a día de hoy afirma que el cambio climático es un invento globalista de Soros), ha comenzado el desmantelamiento de Madrid Central, es el único municipio de Europa que quita carriles bici y los cambia por el dibujo de una bici en un carril de coches, tiene levantada a la Empresa Municipal de Transportes y Metro de Madrid sufre continuas averías, retrasos y aglomeraciones.

El PP y Ciudadanos están convirtiendo Madrid en la ciudad con el gobierno más antiguo de Europa. Para mayor bochorno, en vez de justificar su regresión como sus socios, explicando que desde que negaron que La Tierra fuera plana todo ha sido mentira, tratan a los madrileños como a idiotas contándoles green capitals, haciéndose fotos con ciclistas, y simulando que el mundo admira la vuelta al desarrollismo de los años 60, que es la mejor forma de regresar a las temperaturas que había entonces.

La Cumbre del Clima viene a Madrid señalando que nos están llevando al pasado y que con ese pasado no hay futuro. En vez de causar vergüenza ajena con su infumable propaganda, Almeida y Villacís se harían un favor aprovechando la COP25 para darse la vuelta y aprovechar el impulso de la legislatura anterior para que Madrid no sea una green shame.

Un pacto secreto

«¿No sería el momento de hacer público el documento pactado? No lo vamos a hacer por consideración a Almeida.» La respuesta de Ortega Smith en una entrevista en La Razón de esta mañana es la guinda de una actuación política bochornosa y profundamente antidemocrática.

No se recuerda en una democracia que dos partidos alcancen un acuerdo de gobierno y que sea secreto: que los ciudadanos no puedan saber a qué acuerdos han llegado quienes van a gobernar sus instituciones, que los partidos de la oposición no puedan controlar el contenido y el cumplimiento de los compromisos a los que hayan llegado los partidos de gobierno… es algo absolutamente ilegítimo en una democracia. Puedes (debes) tener negociaciones en privado, pero una vez firmado y sobre todo ejecutado (ya se han votado las investiduras fruto de ese acuerdo) no cabe guardar en secreto los acuerdos de gobierno. Y sin embargo PP y Vox no hacen el menor esfuerzo en, al menos, disimular el bochorno, presumen de ese pacto secreto y hasta se amenazan con difundirlo sin que sus pesebres mediáticos les alerten sobre la vergüenza que supone.

La escena teatral de los acuerdos y desacuerdos municipales y autonómicos es tan patética que a veces el ridículo eclipsa la agresión democrática. En este caso, el papelón de Ciudadanos haciendo como que desconoce ese pacto secreto entre Vox y PP que condiciona los gobiernos en los que Ciudadanos es protagonista mueve casi a una mezcla de risa y pena aún mayor que la indignación que debería generar la opacidad de los compromisos que se han alcanzado para nuestras instituciones a nuestras espaldas. En el colmo de la indignidad Ciudadanos no hace ni el simulacro de exigir a sus socios que le enseñen qué han pactado sobre los gobiernos en los que ellos están.

No se recuerda en política (democrática) que dos partidos convoquen a la prensa para que difundan cómo firman un papel… y escondan ese papel para que no lo conozca nadie. ¿Qué contendrán esos pactos para que PP, Vox y Ciudadanos piensen que lo mejor es que no sepa nadie qué tienen firmado hacer con nuestras ciudades? Los partidos políticos suelen presumir de sus intenciones de gobierno porque al menos antes de empezar suelen ser buenas para sus votantes; es después, con los fracasos, las prácticas y las mentiras cuando algunos tienen que maquillar lo que realmente han hecho. Que antes de empezar a gobernar ya nos estén ocultando lo que tienen pensado no sólo es democráticamente ilegítimo, es que además permite hacernos una idea de la agresión que tienen prevista contra los madrileños.

En los tiras y aflojas para repartirse cargos y presupuesto público, es probable que estos días PP y Vox vayan filtrando en los medios de que disponen los contenidos de ese acuerdo que les interesen para debilitar la posición del otro. Eso, espero, llevará a que tarde o temprano conozcamos el documento que han firmado sobre nuestras instituciones. Pero ya habrán dejado clara su categoría democrática: ese pacto secreto que llevó la semana pasada al reparto de ciudades entre las derechas y los ultras empieza con toda una exhibición de lo que es intolerable en democracia.

¡Funciona!

La estrategia de llamar populista a todo el que hiciera una propuesta decente, democrática, más justa y equitativa quería transmitirnos un mensaje: «todo eso es muy bonito, pero al final no salen los números». Era una nueva forma de transmitir el mensaje machacón de los últimos 40 años de desmantelamiento mundial de los derechos sociales y democráticos: There is no alternative, No hay alternativa. Como en los últimos años se demostró con una crisis monumental que las políticas de recortes y destrucción de lo público eran un fracaso, que si había algo que no era una alternativa eran sus políticas, nos explicaron que la nuestra era el caos, los soviets de distrito, la cochofobia, Caracas, hambre, destrucción y cabalgatas de Reyes Magos. Y, además, nos fueron explicando que somos igual de corruptos que ellos, faltaría más.

Ayer presentaron Manuela Carmena y Jorge García Castaño (concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Madrid y un compañero y amigo por el que sentirme tan orgulloso) los últimos presupuestos de esta legislatura. Y lo hizo con unos números y unos resultados para que los madrileños vivan mejor espectaculares. Han sido muchísimos los palos en la rueda contra este Ayuntamiento. Montoro intentó asfixiarlo, entre la Fundación Francisco Franco, el Partido Popular y otras organizaciones del entorno, han intentado parar en los tribunales desde la democratización del callejero a todas las obras que van a llevar a los barrios polideportivos, piscinas, zonas infantiles

Pero no lo han conseguido. Hoy cualquier madrileño tiene la conciencia de que el Ayuntamiento ha realizado innumerables actuaciones para mejorar los barrios, la vida de las familias. No hay una gran obra en el Madrid de Manuela Carmena. En esta legislatura los madrileños no hemos enterrado una autopista para que paguen hasta nuestros nietos y cobren hasta los tataranietos de los constructores amigos. No hay una gran obra en el Madrid de Manuela Carmena. Pero para atacar su gestión un diario conservador la acusaba hace unos días de febril: es decir, la crítica era la cantidad de cosas que está haciendo el Ayuntamiento. Y, sin duda, a los madrileños nos gustaría que la fiebre fuera aún más alta. A veces olvidamos que en 2015 Madrid llevaba años sin siquiera una operación asfalto: la ruina de la ciudad se traducía, entre otras cosas, en baches y rajas en nuestras calles que hoy van recuperándose. Por cierto, aquel abandono de las calzadas sí que era cochofobia.

La memoria a veces es corta, pero la comparación con la Comunidad de Madrid nos refresca siempre la diferencia. No, nadie acusará al gobierno de la Comunidad de Madrid (PP-Ciudadanos) de febril. Lo único que recordaremos de esta agonía asistida del PP en la Comunidad de Madrid es el bochorno de la salida de Cristina Cifuentes. Tan desaparecida está la Comunidad que no son pocos los madrileños que se olvidan de su existencia y piden a Manuela Carmena que arregle los destrozos del PP-Cs (¿cuántos madrileños siguen pidiendo al Ayuntamiento que arregle el desastre de Metro sin saber que sólo es competencia de la Comunidad?).  Una evidencia: en 2019 el Ayuntamiento de Madrid habrá hecho 13 escuelas infantiles nuevas; la Comunidad de Madrid (que es la que tiene la obligación de hacerlas) ninguna. Eso es ayudar (o no) a las familias madrileñas.

Lo impresionante es que hacer cosas es más eficiente: mientras la Comunidad de Madrid no para de aumentar la deuda pública, el Ayuntamiento ha reducido la monstruosa deuda que dejaron Gallardón y Botella a la mitad. No, no era populismo: era democracia, cercanía y eficacia. Era pensar en el bien común en vez de en la financiación del partido y el relleno de sobres. Era dejar que Madrid volviera a ser una ciudad viva y moderna. Y, qué raro, funciona. Por el camino, Madrid va de la mano de Copenhague, Berlín, París, Londres, Amsterdam… en políticas de movilidad mientras el PP (político-mediático) nos quiere anclar en algo mucho más parecido a su obsesiva Caracas.

Sin duda el mayor error de esta legislatura ha sido no ser conscientes de que el PP (en sentido amplio) odia a Madrid (como a España) hasta el punto de intentar paralizarla, joder a los madrileños hasta que le devuelvan la llave de la caja fuerte, que tan bien han exprimido siempre. Ha sido un aprendizaje duro que ralentizó el comienzo de la legislatura. Por eso y por tantos años de destrozo queda tanto por hacer.

Pero la evidencia ya está aquí y es una lección también para administraciones autonómicas y nacional. Funciona. A lo mejor era cierto que No hay alternativa: No hay alternativa a los gobiernos decentes, equitativos y democráticos que hoy están haciendo funcionar las ciudades que ellos destrozaron.

El loco mundo del PP y Ciudadanos en Madrid

Como la mayoría de los jueves, hoy tenemos Pleno en la Asamblea de Madrid. Va a ser un pleno especialmente largo porque, contra lo que es habitual, el PP ha presentado un par de iniciativas. Dos iniciativas de sentido idéntico a las dos que presenta Ciudadanos:  una atacando al Ayuntamiento de Madrid por Madrid Central y la otra exigiendo que se aplique el artículo 155 de nuevo a Cataluña (la del PP añade que hay que honrar al rey, a los símbolos de España y a la Transición): no es broma, estas dos son la 5.1 y 5.2 del orden del día.

Es un poco llamativo que ambos presenten las mismas iniciativas (son proposiciones no vinculantes y en esas Ciudadanos solía hacer como que se oponía al PP reservando su amor conyugal para las leyes, presupuestos e investiduras: las cosas de verdad), pero sobre todo es muy revelador que hayan decidido ambos que en la Comunidad de Madrid no tienen nada que proponer que sea competencia de la Comunidad de Madrid. Su único proyecto político es incendiar la convivencia en una España que quieren rancia, inmovilista, uniforme y autoritaria y atacar al Ayuntamiento de Madrid aunque para ello se haga el ridículo anclándose en el modelo desarrollista de los años 60.

Quienes no vivan en Madrid probablemente no hayan oído hablar de Madrid Central. Pues bien: es el motivo por el que en pocas semanas habrá caos y destrucción. Si hay un atasco en Cartagena recordad que es por culpa de que Manuela Carmena ha atacado a los coches de los niños que van al cole sin informes y al mismo tiempo con informes cuyos datos son de 2004. Todo ello (que las consecuencias de Madrid Central superan en el tiempo y en el espacio a la aplicación de Madrid Central, que se ataca a los coches, que se prohibirá llevar en coche a los niños al cole, que no hay informes y que sí hay informes cuyos datos son de 2004) los han dicho uno a uno el PPCs (político-mediático). Y todos son mentira.

Sin ir a las astracanadas histriónicas y mentirosas del presidente de la Comunidad de Madrid y Begoña Villacís, lo que en realidad es Madrid Central es lo mismo que se está haciendo en todas las grandes ciudades europeas para modernizar la movilidad y reducir la contaminación para que podamos respirar aire más limpio (o menos sucio, para empezar): limitar el acceso en coche al centro de la ciudad. Por primera vez en demasiadas décadas la ciudad de Madrid va de la mano de las principales ciudades de Europa.

Y por enésima vez la derecha madrileña nos quieren anclar al pasado, a ese imaginario que tenían los tecnócratas del Opus que gobernaban España en los 60 y que medían el progreso en humo y asfalto. Aquellos siniestros gobernantes tenían al menos la excusa de ir (en esa materia) con los tiempos en un momento en el que no se hablaba de cambio climático, de contaminación, ni del perjuicio para la salud que causaba el humo de los coches. La «boina»  (la nube de mierda que respiramos y que se ve sobre Madrid desde las afueras) era progreso. Y a eso dicen querernos anclar las derechas madrileñas.

En los años 80 el PP de Madrid hizo el ridículo oponiéndose a que se prohibiese ir en coche por el Retiro. Tres décadas y media después seguro que el propio PP reconocería su ridículo. No está mal que PP y Ciudadanos vayan de la mano sin nada que proponer a la Comunidad de Madrid sino la ira, la mentira y la confrontación: es muy pedagógico para la ciudadanía madrileña. No va a hacer falta esperar tanto como con el Retiro para comprobar el actual ridículo del PP-Ciudadanos (político-mediático) oponiéndose a la modernización de Madrid, a la salud de los madrileños. El año pasado hicieron el ridículo cuando se opusieron a la mejora de Gran Vía para los peatones y prontísimo comprobaron que la ciudadanía de Madrid aplaude estos cambios que mejoran la amabilidad de la ciudad. No van a tener que esperar: su ridículo ya está aquí.

Gracias, Manuela

A Manuela Carmena nadie le mandaba meterse en este follón a su edad. Manuela Carmena decidió aceptar presentarse a alcaldesa de Madrid en 2015 en vez de disfrutar de la jubilación. Tuvo la generosidad de sacrificar años de descanso y ocio, de familia y tiempo libre. En lo personal supongo que el único beneficio que ha obtenido es el inmenso cariño que le demuestra la gente de Madrid vaya a donde vaya.

En España y especialmente en Madrid, hay una corte de corruptos que no perdonan a quien hace política al servicio de la ciudadanía: somos percibidos como intrusos, que nos hemos metido en su finca particular y estamos toqueteando su vajilla. Son muchos años de poner lo de todos al servicio de quienes pagaban comisiones y tarjetas black. En junio de 2015 Manuela Carmena fue nombrada alcaldesa. Un par de meses después el pesebre mediático de la mafia que gobernó la ciudad de Madrid ya montó la primera campaña de persecución acusándola de haberse ido de vacaciones en familia a Cádiz; y de haber cogido una flor. Desde entonces no han parado.

Pero gracias a ese sacrificio, que no se nos olvide nunca, Esperanza Aguirre no es hoy alcaldesa de Madrid como habría sucedido si el PP o Begoña Villacís hubieran obtenido un escaño más.

Madrid estaba arrasada por décadas de gobiernos anclados en un modelo urbano de los años 60, cuando los tecnócratas franquistas equiparaban progreso a metros de asfalto y kilos de humo vertidos al aire. No era tanto una opción ideológica como la consecuencia de millones de euros de las constructoras al Partido Popular. El Madrid de las candidaturas olímpicas y las obras faraónicas generó la ruina que ha padecido Madrid pero financió campañas electorales y engordó los bolsillos de los sinvergüenzas.

La legislatura 2015-2019 no ha sido fácil y es evidente que el rumbo emprendido de modernización, reequilibrio y recuperación de la ciudad no habrá sido terminado en mayo de 2019.

El Ayuntamiento de Madrid es un inmenso trasatlántico que ya tenía comprometidas algunas importantes actuaciones del PP y al que llegaba el gobierno de Manuela Carmena en minoría entre otras cosas porque no eran muchos los madrileños que eran conscientes de que era posible que Esperanza Aguirre no fuera alcaldesa ni con el esperable apoyo de Ciudadanos. La inmensa deuda recibida ha sido otro lastre inmenso que ha ralentizado los avances que, sin duda, cada vez pueden ser mayores gracias a la drástica reducción de la deuda por la mayor eficacia y honestidad en la gestión y, también, gracias al cambio en el gobierno central que necesariamente levantará la bota con la que Montoro ha impedido a las ciudades que los españoles vivamos mejor. Junto a estas dificultades, la precaria mayoría en el pleno municipal no siempre ha sido preservada, habiendo quien a veces ha priorizado una lealtad colectiva a espacios políticos más pequeños y que probablemente no necesitaban tanto mimo como el que merecía Madrid, especialmente en un momento histórico para la ciudad como están siendo estos años.

Que Manuela Carmena repita como alcaldesa es una gran noticia para quienes queremos que nuestra ciudad siga avanzando, para que se respire aire más limpio: el aire físico y el aire moral. El PP y Ciudadanos y su pesebre periodístico harán lo posible para volver a entregar Madrid al fango y al humo. Entre 2015 y 2019 Madrid ha mejorado mucho; pero sobre todo Madrid ha puesto los cimientos para que en cuatro años más Madrid pueda culminar proyectos que suponen inmensos avances en modernización, en servicios públicos, en democracia, en movilidad europea, en cuidados, en fraternidad…

Que Manuela Carmena decida continuar pone un poquito más difícil a los corruptos volver a destrozar Madrid. Que Manuela Carmena decida continuar poner un poquito más fácil a Madrid seguir avanzando mucho más rápidamente. Y, eso sí, le pone a ella mucho más difícil descansar, disfrutar de su ocio y su intimidad y cuidarse, que es obvio que se lo tendría más que ganado. Mientras rabian la mezquindad, la corrupción y el pasado, toca dar las gracias por tanta generosidad personal con Madrid.

Ciudadanos rompe el pacto; se baja el telón

Ciudadanos llegó a la política para regenerarla. Bueno y para combatir el nacionalismo y el populismo, que, como el infierno, son los otros. Entró en ayuntamientos, comunidades y en el Congreso. Y en todos, si estuvo en su mano, apoyó al partido que llevara gobernando lustros bajo la condición de que tuviera gravísimos y numerosos casos de corrupción a sus espaldas. Así, en Andalucía apoyó al PSOE de los EREs y en Madrid al PP de la Púnica y Lezo. Si hubiera tenido los votos suficientes habría hecho alcaldesa de Madrid a Esperanza Aguirre y de Valencia a Rita Barberá. Si hubiera podido habría mantenido al PP en los gobiernos del País Valenciano y de Baleares. Si por Ciudadanos fuera, seguiríamos gobernados por Rajoy dijeran los jueces lo que dijeran.

Ciudadanos ha tenido la virtud de escenificar un enfado sistemático mientras apoyan todas las decisiones importantes del gobierno de turno. Ha llegado a decir (con mucha solemnidad, cómo no) que no nos precipitáramos e investigásemos si Cifuentes había hecho su «máster» o no.

El teatro de Ciudadanos era extremadamente previsible. Era evidente que unos pocos meses antes de las elecciones se haría el ofendidísimo, escenificaría una ruptura de la servidumbre que ha mantenido durante toda la legislatura y nos contaría lo dignos que son.

Ayer, al tiempo, Ciudadanos simuló un ultimátum a Susana Díaz en Andalucía y otro al PP en la Comunidad de Madrid.

En el caso andaluz el bochorno es tal que todo el mundo (incluso los medios que suelen apoyar cualquier disparate de Albert Rivera) dan por evidente que la ruptura entre el PSOE y Ciudadanos es una escenificación acordada entre ambos por interés electoral compartido.

En el caso madrileño el paripé consiste en exigir la gratuidad de la enseñanza de 0 a 3 años (eso sí: exigiendo que ello se haga mediante una red de escuelas infantiles privadas y concertadas que pagáramos todos, seguramente por la libertad ideológica o alguna barbaridad así) tras tres años votando con el PP en contra de las propuestas de Podemos de abaratar las escuelas infantiles. El paripé pasa por tomar por imbéciles a los padres y madres madrileños.

El teatro de Ciudadanos es de una obscenidad insultante. Por mucho apoyo mediático del que gocen sus altivas simplezas no pueden pensar que los españoles, los andaluces, los madrileños… son tan idiotas, que no se han enterado de lo que ha pasado en estos años.

Cuando intentaron mantener al PP de la Gürtel en Moncloa cavaron la tumba de sus paripés.

6.944

Desde hace unos meses Cifuentes ha volcado la autopromoción en su candidatura a la presidencia del PP de Madrid. Para ello ha hecho tres o cuatro entrevistas al día y ha recorrido la Comunidad de Madrid hasta el punto de mover el día y el lugar de la celebración del Consejo de Gobierno para acondicionarla a sus intereses internos en el partido: la Comunidad de Madrid es suya y hace con sus instituciones lo que quiere.

Su campaña tuvo dos fases: una intentando que se inscribiera cualquier bípedo que hubiera estado afiliado al PP de Madrid («incluso AP») en cualquier momento. Ese Partido Popular de los 800.000 afiliados contaba que sólo en Madrid tenía casi 95.000: sólo hace dos meses la propaganda del partido presumía de que «desde que se constituyó la gestora del partido en Madrid, hace once meses, se han incorporado 1.421 afiliados, por lo que el total de militantes en la región suman 94.499». Lo único que importaba era la participación, dado que han conseguido silenciar por completo al otro candidato.

La mucha afiliación tenía valor probatorio en enero de 2017: «Para la presidenta de la gestora, la incorporación de nuevos militantes «es la mejor muestra» de que el partido está «recuperando la credibilidad y la confianza de los madrileños».»

Si lo que valía en enero vale en marzo, debemos concluir que los escasos 6.944 votos que ha obtenido Cristina Cifuentes en su «histórica» votación deben de probar la ausencia de credibilidad y de confianza de los madrileños en Cifuentes.

Con ese número de votos Cifuentes no habría salido elegida entre los 34 consejeros de Podemos Comunidad de Madrid y eso siendo el PP en Madrid el partido que (todavía) gobierna en la nación, en la Comunidad y en muchísimos municipios: eso supone que miles de madrileños trabajan puestos a dedo por el PP… y que muy pocos más que esos se sienten parte del PP.

La escasísima participación demuestra dos cosas. Que todos los números que ha dado el PP (estatal y madrileño) sobre su afiliación han sido tan falsos como los de su contabilidad. Y que Cristina Cifuentes apenas despierta ilusión siquiera entre los propios votantes del PP, que ni fueron en masa a afiliarse, como contaba Cifuentes, ni tienen interés en apoyar a Cifuentes pese a tanta propaganda para que lo hicieran.

Cifuentes lleva dos años presidiendo Madrid sin que se sepa cuál es su proyecto más allá del autobombo. El despliegue comunicativo pudo hacer creer que tenía buena imagen: pero la comunicación de la nada sólo puede tener duración limitada. Y ya no dura ni entre los más fieles.

Bienvenidos a los soviets de distrito

El viernes pasado asistí a la constitución del Foro Local de Chamberí. Es la concreción en mi distrito de una estructura participativa que se puso en marcha la semana pasada en todos los distritos de Madrid y que generará políticas para los barrios de Madrid a partir de la participación de sus vecinos.

En Chamberí vimos lo mismo que nos contaban que había pasado en el resto de distritos con dos rasgos muy importantes: mucha gente y muy variada. Este último rasgo es crucial: afortunadamente no participaron sólo activistas de toda la vida ni sólo gente cercana políticamente a Ahora Madrid.

Había activistas, claro que sí, gente vinculada a los movimientos que llevan años defendiendo el barrio, empresarios del barrio de diversos tipos, colectivos feministas, gente de partidos políticos muy diversos y sobre todo mucha gente común que quiere participar en los cambios para nuestros barrios en las diversas mesas de trabajo puestas en marcha. Esa fue la mejor sorpresa y la garantía de que la participación ciudadana en el gobierno de nuestros barrios, de nuestra ciudad, ha venido para quedarse.

Dentro de poco, además, lo que veremos todos son cambios en nuestros barrios que no sólo han dejado de responder a los sobres que tal o cual constructor dejara en la sede del partido, sino que además ahora son decisiones y preocupaciones de vecinos como ellos. Serán, pues, decisiones más democráticas pero, sobre todo, mejores decisiones.

Estos foros locales son lo que Esperanza Aguirre calificó en campaña electoral como «soviets de distrito». Quién sabe si esa fue la chorrada concreta que le hizo perder las elecciones. El caso es que sólo el PP decidió no participar en los foros: ojalá pronto se den cuenta de que es un nuevo desastre para ellos quedarse fuera de un espacio que nace con mucha fuerza y sólo puede crecer.

Lo que ridículamente llamaron «soviets de distrito», los foros locales, son parte de una forma de hacer política que ha llegado para quedarse. Quienes quieran volver a diseñar nuestros barrios de espaldas a los vecinos tienen garantizado que serán los vecinos quienes les den la espalda a ellos. Ellos sabrán.

Toma de posesión

Hoy se pone en marcha la legislatura en la Asamblea de Madrid. A partir de las 12h, en una sesión bastante tostón, las 129 personas que fueron elegidas en las elecciones del 24 de mayo entrarán a ese lugar tan lejano para los madrileños y prometerán cosas (la Constitución, el Estatuto de Autonomía y lealtad al rey, creo) tal y como impone la ley para poder empezar a ejercer.

Una de esas 129 personas soy yo. El intenso recorrido político que ha llevado a que esto suceda ha estado plagado de decisiones muy difíciles y por supuesto discutibles. Personalmente cada día estoy más convencido de que cada paso que dimos era el que teníamos que dar y que tuvimos valentía, inteligencia y completa lealtad a nuestros compañeros y compañeras, a nuestras ideas y principios y al pueblo de Madrid. La gente que componemos Convocatoria por Madrid llevamos unos meses de grandes decisiones, de alguna que otra hazaña, de sacrificios personales, de mucho trabajo y mucho debate. Estaría bien que alguien hubiera grabado las asambleas en las que tomábamos las principales decisiones, sería muy bonito dentro de unos meses volver a verlas y recordar que siempre estuvieron guiadas por tres únicos objetivos: ser útiles para echar de Madrid a quienes lo han saqueado durante tanto tiempo, ayudar al cambio en el conjunto del país y colaborar con toda nuestra fuerza e inteligencia en la constitución de candidaturas de unidad popular en las que estuvieran todos los actores rupturistas. Sí, creo que tomamos las decisiones adecuadas para esos objetivos.

Si de alguna decisión aún dudo es la personal, haber dado el paso a incluirme en las primarias que me llevaron al puesto 21 de la lista de Podemos y finalmente a ser diputado autonómico desde hoy. La duda es estrictamente personal: en qué lío me he metido. Sin embargo creo que pesa más, también en lo personal, el entusiasmo por ser partícipe de un momento histórico que no vamos a volver a vivir en mucho tiempo. Este es el año en el que empieza el cambio. Ya lo es. Sólo el cambio en los gobiernos de las principales ciudades españolas ya merece un apartado en los libros de Historia. Llevo toda la vida militando por ese cambio. Al menos desde los 18 años, cuando me afilié a IU y empecé a participar en el movimiento estudiantil de la Universidad Carlos III. Hace 20 años de eso, casi 21. Cuando la gente de Convocatoria por Madrid pensó que yo fuera uno de quienes participara en las primarias la idea generalizada era que no aceptaría. Pero sí es un privilegio formar parte desde una atalaya de lujo de este momento histórico. Así que desde hoy formaré parte del grupo parlamentario de Podemos en la Asamblea de Madrid, con otras 26 compañeras y compañeros que lucharemos por un Madrid más decente, más democrático y con más derechos para su gente y desde ahí por un cambio en el país.

Aquellos tres objetivos que han guiado a Convocatoria por Madrid los hago míos como brújula de la labor parlamentaria: todo para conseguir parar el saqueo de Madrid, para recuperar nuestros derechos; todo para que aprovechemos las posibilidades de cambio que tenemos en este país; todo para que la unidad popular que ha ganado ayuntamientos mejore la vida de sus pueblos y venza a quienes querrán asfixiarlos y para que avancemos en la unidad popular que traerá un proceso constituyente que devuelva la soberanía política (y económica) a nuestro pueblo.

A ver qué tal se da la cosa.

« Entradas anteriores