Blog de Hugo Martínez Abarca

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Cuando el Estado está en manos de una Mafia.

 

Mafia
Del it. mafia.
1. f. Organización criminal y secreta de origen siciliano.
2. f. Cualquier organización clandestina de criminales.
3. f. despect. Grupo organizado que trata de defender sus intereses sin demasiados escrúpulos. 

Diccionario de la Real Academia Española

Según publicó ayer una web de las cloacas del PP, cuando el PP estaba en el gobierno usó dinero público para secuestrar a una familia y destruir las pruebas que había en su casa de delitos cometidos por toda la cúpula del PP. La familia era la de Bárcenas. El secuestro, de hecho, se produjo aunque entonces todos pensamos que se trataba de una persona con más ganas de notoriedad que cabeza. No sabemos si las cloacas del PP andan en guerra entre sí o si la publicación en esa web obedece más bien a evitar que un escándalo así tenga la repercusión que merece: que lo publique una web como mínimo amarilla y sin credibilidad, que lo entierre tras quince «noticias» contra Podemos al día siguiente y que siga la vida.

Nadie ha desmentido la noticia que probablemente sería la más grave desde el secuestro de Segundo Marey que llevó a la cárcel (por poquísimo tiempo gracias al indulto de Aznar) a José Barrionuevo y a Rafael Vera.

Se trataría de usar el aparato del Estado, el Ministerio del Interior, para financiar el secuestro de una familia. Y, además, el ánimo de ese secuestro inducido por el Ministerio del Interior no sería investigar ni impedir delito alguno sino, todo lo contrario, destruir las pruebas de delitos que investigaban los tribunales. Y para terminar de elevar la gravedad, los delitos cuyas pruebas se intentaron destruir los cometió el partido del gobierno e implicarían al entonces presidente del Gobierno, a la vicepresidenta, a la ministra de Defensa… a toda la cúpula del partido y a buena parte del Gobierno.

Hace unos años, cuando detuvieron a Francisco Granados, Esperanza Aguirre recordó (tan ingenua ella) cuando a la mujer de Granados le quemaron en el garaje su coche que resultó no ser suyo sino de un constructor. «No se me ocurrió que fuera algo lindando con lo mafioso«, dijo entonces. Desde entonces hemos conocido al pequeño Nicolás, la policía patriótica de Fernández Díaz, las mentiras fabricadas en Interior contra la oposición democrática, todos los asuntos que se están conociendo del «caso Kitchen»…

No, no lindan con lo mafioso. El Partido Popular lo ha demostrado una y mil veces. El Partido Popular es una organización con apariencia de partido político que ha puesto el Estado al servicio de tramas criminales.

Decía Kiko Veneno hace unos años que «la mafia española es más perfecta que la italiana porque no necesita matar«. A estas alturas, no sé quién pondría la mano en el fuego porque haya sido así.

«De la discreción no te preocupes»

Supongo que las grabaciones sobre Cospedal que esta misma mañana han aparecido en un portal creado para el chantaje tienen la misma credibilidad que la que tenían las que hablaban sobre el rey Juan Carlos. Es decir, toda. El chantaje puesto en circulación por Villarejo (supongo) revela probablemente que no se está cediendo a su chantaje, es decir, que no ha logrado ningún acuerdo con institución alguna. Pero también revela que tiene material para chantajear: que en las élites del Estado (desde Zarzuela para abajo) se ha funcionado como una mafia, que él no era una manzana podrida dentro de un cesto de manzanas sanas.

Ceder al chantaje no sería investigar los delitos (de Juan Carlos I, de Cospedal o de quien haga falta) sino precisamente llegar a acuerdos con el chantajista para que deje de contar cosas que en una democracia avanzada se estarían investigando para limpiar el país de mafiosos y delincuentes.

En la grabación de hoy hecha en la planta más poderosa de la sede del PP entre la secretaria general del PP, un empresario corrupto y el mafioso Villarejo cuentan varias cosas: que el PP quería frenar la investigación del caso Gürtel, que Villarejo dio un chivatazo al Albondiguilla (alcalde de Boadilla, uno de los centros de la corrupción del PP) cuando supo que le estaban investigando, que al frente de la UDEF estaba una persona afín al PP que torcía las investigaciones cuando era necesario, que Cospedal conoció y calló todos estos delitos, que incluso acordó con Villarejo el pago de los gastos por sus delitos y que muchos otros del PP estaban en la operación, incluido Pío García Escudero, actual presidente del Senado de España. También hemos sabido que el PP lleva de la mano de Villarejo desde 1979 y que Corcuera, el hombre que hoy defiende el constitucionalismo en sus mejores tertulias, mimó especialmente al gánster y aprovechó sus actividades mafiosas.

Y, con todo, cuando uno ve que eso sucedió la reacción que se le ocurre es la de Casablanca: «Qué escándalo, qué escándalo, en este local se juega«. Qué escándalo, el Partido Popular es una mafia. Qué escándalo, nuestro Estado está parasitado por estructuras mafiosas, por cloacas del Estado reconocidas ya hasta por el gobierno.

Si en vez de ser un partido político con inmenso poder, el Partido Popular fuera una fábrica de galletas hace años que un juez habría precintado sus instalaciones, habría detenido a todos sus dirigentes de cuatro décadas de actividad delictiva y habría declarado concurso de acreedores. Si Villarejo no hubiera estado patrocinado por las élites del Estado, llevaría muchísimos años en prisión y el Estado no le habría permitido labrar la fortuna que le dejaron hacer en paralelo a su actividad mafiosa desde dentro del Estado. Si del maltrecho prestigio Juan Carlos I no dependiera el mantenimiento de una institución tan dudosa como la monarquía, no tendría como única preocupación ver a qué regata o Gran Premio de Fórmula 1 va la semana que viene. Si no hubiera medios de comunicación cómplices de la estructura mafiosa, no existiría basura disfrazada de periodismo de investigación que sólo es el altavoz de la mafia y la extrema derecha.

Pero ninguno de esos supuestos se da. Así que, incluso habiendo trascendido la grabación, la garantía que le daba Cospedal a Villarejo se cumplirá. «De la discreción no te preocupes«. Quizás caiga Cospedal para evitar que caiga el PP, encontrará un buen acomodo y seguiremos haciendo como si aquí no hubiera pasado nada grave. Seguiremos con los tentáculos de la mafia diciendo por la mañana viva el rey, yendo a las tertulias televisivas a insultar a demócratas y sin acometer la limpieza estructural que necesita un Estado que quiera llamarse a sí mismo democracia.

Sobre el maricongate, el villarejogate y el oposicióngate

Maricongate.- Como el PP (político-mediático) no puede decir ni media palabra sobre Villarejo (Fernández Díaz sigue siendo diputado del PP, Inda, entre otros, sigue disfrutando de altavoces para sus cosas) ayer se centraron en que la ministra de Justicia había llamado maricón a alguien, aparentemente a Marlaska, y en un comentario cuñadamente machista. Comentarios que hizo en 2009: cuando el Partido Popular andaba manifestándose contra los derechos de los homosexuales y recurriéndolos ante el Tribunal Constitucional. Me resulta una imbecilidad siquiera valorar los comentarios en privado de nadie. En privado decimos barbaridades, más o menos graciosas, coincidentes o no con lo que pensamos… Sí, un pacifista puede hacer chistes sobre matar gente sin dejar por ello de ser pacifista; incluso precisamente porque lo es. Hay gente a la que eso no le hace ninguna gracia; otra a la que sí. Examinar cómo habla, qué lenguaje usa, qué bromas o comentarios hace cada uno en privado es un disparate monumental. Sólo sirve como chanza. El problema no es hablar de volquetes de putas, el problema es irse de putas a celebrar que se ha declarado bien (se ha mentido) en un juzgado sobre el saqueo de la educación madrileña.

Villarejogate.- No tengo ni idea del grado de relación de la fiscala hoy ministra Dolores Delgado con Villarejo. Ni de si se mantuvo. Por lo que sabemos de esa comida Baltasar Garzón alcanzó una buena relación con el mismo gánster que había hecho un dossier contra él años antes. Tan es así que al parecer Baltasar Garzón es o ha sido abogado de Enrique García Castaño, uno de los comisarios de la trama mafiosa de Villarejo. En las cloacas las relaciones son más comerciales que afectivas. Por otro lado, en determinados ámbitos (políticos, judiciales, policiales, periodísticos) es casi una obligación tener al menos un hilo de comunicación con gente repugnante. En absoluto me inquietaría que Dolores Delgado hubiera comido amablemente con éste u otros indeseables. Lo que me resultaría incompatible con la decencia es que hubiera formado parte, como tantos políticos, periodistas, etc. de la difusa trama de dosieres, chantajes, inventos, mentiras… que capitaneaba Villarejo. Es posible que así fuera, no lo sé. Es posible que en determinados ámbitos sea vox populi que sí, que fue así, no lo sé. Si fuera así, desde luego es incompatible con la decencia (política, periodística, judicial…). Es absurdo eso de «no ceder al chantaje de Villarejo»: si conocemos delitos por esas grabaciones o se muestra que alguien forma parte de la trama mafiosa del comisario no se puede mirar para otro lado. «Ceder al chantaje de Villarejo» sería dejar de perseguir al mafioso comisario por miedo a que saque más cintas, no examinar esas cintas y ser implacable con su contenido mientras se sigue siendo firme con el gánster. Lo que tengo claro es que ninguna de las grabaciones que han salido hasta ahora sobre Dolores Delgado prueba nada sobre ella que sea intolerable.

Oposicióngate.- Da un poco de vértigo el nivel de emponzoñamiento de la oposición político-mediática al gobierno. El problema no es la famosa crispación: en determinadas situaciones (pruebas de terrorismo de Estado, guerras ilegales, corrupción estructural del partido de gobierno, vulneración generalizada de derechos sociales o políticos…) la crispación política es una muestra de salud democrática. En los 90 mucha gente aplaudía el seny de Jordi Pujol por no crisparse ante ningún caso de corrupción: parece evidente que lo que le movía no era el seny sino la solidaridad. El problema es el histrionismo, el apocalipsis continuo a partir de minucias, la elevación a escándalo de anécdotas irrelevantes para equipararlas con tramas corruptas, lindando con lo mafioso. El problema no es ni siquiera el ruido: es que el ruido intenta tapar los verdaderos escándalos. Y el problema, mucho mayor, es que se trata de una operación de acoso a un gobierno legítimo. El gobierno salido de la moción de censura es el que tiene más posibilidades de emprender cambios democráticos y sociales sustantivos en España desde 1982 con la diferencia de que su precariedad parlamentaria no sólo le da esa posibilidad, sino que le obliga a ello. Quizás por ello la furia de la operación derribo. Sin duda por ello debe haber gran firmeza democrática frente a esa operación.

Cremas, mentiras y cintas de vídeo

En no pocas conversaciones ayer aparecía una cierta empatía con Cristina Cifuentes. El vídeo en el que aparece siendo registrada por haber robado unas cremas no es una denuncia política sino una humillación personal en el contexto de una guerra de bandas mafiosas (a las que Cristina Cifuentes pertenece desde hace décadas). Cristina Cifuentes merece una despiadada oposición política porque ha participado como protagonista y apologeta de todas las estafas y vulneraciones de derechos humanos que ha vivido la Comunidad de Madrid, todas las mentiras, los fraudes y las complicidades. Políticamente representa todo lo que hay que expulsar de las instituciones democráticas.

Cifuentes no debía haber sido investida presidenta. Y ha habido un puñado de veces en las que tenía que haber cesado. La última, insostenible, a raíz del caso del Máster falsificado.

Pero el vídeo del robo en el supermercado es, en el peor de los casos, una bobada, una exhibición de inmadurez e idiotez (en el sentido de no saber en qué sociedad se vive); y en el menos malo de los casos es la concreción de un problema personal que sólo merece compasión.

Desde hace años se viene rumoreando que Cristina Cifuentes es cleptómana. Si es así Cristina Cifuentes ha tenido un problema personal, como el de quien ha sido alcohólico, ludópata o el de quien tiene mal un riñón o la vista. Si fuera real ese problema o alguno de esa índole y no lo hubiera superado parece evidente que es un problema incompatible con las funciones que ha desempeñado en estos años, pero en eso no tiene la responsabilidad ella (que sería irresponsable por el propio problema personal que tuviera) sino quienes sabiéndolo la usaron para ponerla en esos cargos. Los mismos que, para más inri, han demostrado la catadura moral de la mafia guardándose los vídeos como instrumento de chantaje para destrozar personalmente a Cifuentes cuando les viniera bien matarla políticamente. Por cierto: si ese rumor lo conocía medio Madrid, obviamente lo conocía todo el PP; y si es cierto que Ignacio González exhibía pantallazos de éste u otros vídeos, obviamente todo el PP sabía que no sólo era un rumor, que era verdad: incluida aquella persona que Rajoy designe y Ciudadanos vote para seguir manchando la Comunidad de Madrid.

Toda la oposición conocíamos el rumor de la cleptomanía de Cifuentes. Y nunca lo usamos. Conocíamos otros rumores sobre Cifuentes. Y nunca los hemos usado. Conocemos otros «rumores» sobre Cifuentes. Y no los usaremos. Porque no somos mafiosos, porque somos seres humanos, porque hasta a veces algunos intentamos ser buenas personas. Porque no somos como ellos.

Y lo mismo sucede con otros cargos del PP, no sólo con Cifuentes. No es el único caso personal o de una gravedad tal que no usaríamos sin saber en qué consiste realmente incluyendo acusaciones de acoso, por ejemplo, que nunca hemos querido usar políticamente sin estar seguros de qué había detrás realmente.

Cifuentes no merece el ataque personal, la destrucción personal. Merece la expulsión de la vida pública, nada más, desde hace tiempo.

Cifuentes ha practicado desde el principio el ataque personal, la destrucción personal. Es el método del PP de Madrid. Cifuentes lo ha usado y lo ha mandado usar.

La legislatura comenzó con una persecución contra Manuela Carmena por haber escogido para sus vacaciones familiares un chalet alquilado legalmente. El PP de Cifuentes usó aquella gilipollez para atacar a la recién nombrada alcaldesa y Cifuentes elevó la estupidez presumiendo de que en cambio ella no se tomaba vacaciones. El PP de Cifuentes ha usado las mentiras publicadas en las webs que publican las mentiras dictadas de sus cloacas para intentar destruir personalmente a compañeros: «pederastas, terroristas, narcotraficantes». Todo ha valido para destruir a quien fuera. Desde acusar a alguien de lo que hubiera hecho su padre a acusar a un diputado de Podemos de llevar a su hijo al cole en coche (esto ha sucedido, en serio) difundiendo, por cierto, el número de su matrícula. O rescatar tuits antiguos de concejales para intentar destruirlos y ubicarlos en el ámbito moral antagónico al que saben que pertenece.

Todo ataque personal que han podido hacer lo han hecho sin límite moral ni de intensidad alguno.

No sólo es una evidencia que el PP es una mafia con sus guerras internas. Es que además han demostrado hacer política con las artes de las malas personas que no tienen ningún límite y que prefieren la destrucción personal al conflicto cívico y democrático.

Cifuentes merecía la expulsión de la vida política. Pero ni Cifuentes ni ningún ser humano merece ser víctima de los métodos de agresión humana que ha practicado Cifuentes y su partido.

Cifuentes no merece ninguna compasión por la expulsión de la vida política. Sí la merece por la destrucción personal. Como la merecen todas las víctimas de la destrucción personal que han intentado durante años Cristina Cifuentes y quienes la aplaudieron antes de destruirla.

 

La menguante eficacia de la mafia española

Decía hace unos años Kiko Veneno que “La mafia española es más perfecta que la italiana: no necesita matar”. Lleva toda la mañana rondándome la cabeza este certero diagnóstico desde que he escuchado esta mañana cómo el defenestrado fiscal de Murcia contaba las presiones delictivas, los robos, etc que ha sufrido coincidiendo en el tiempo con su investigación de la corrupción del Partido Popular en Murcia con su presidente autonómico a la cabeza.

Desde hace años la agresividad del PP contra los jueces que pudieran sacar a la luz sus tramas corruptas ha sido indecente (y esa era la dedicación de Federico Trillo por la que tan bien se le ha tratado): cuando Garzón destapaba la Gürtel se cargaron a Garzón; cuando le tocaba a Bermúdez investigar los papeles de Bárcenas hicieron una pirueta bochornosa para que fuera un juez al que consideraban más domesticable. Después han adoptado muchas medidas como la Ley Berlusconi para impedir instrucciones rigurosas en los casos de corrupción más graves y complejos

En la última semana se han concentrado la sentencia light sobre el caso Urdangarín, se ha apartado a los fiscales que se hubieran tomado en serio la lucha contra la corrupción y premiado a los que hayan sido benévolos con los mayores corruptos y finalmente ha salido de rositas de Urdangarín hasta que en unos años haya una sentencia firme quién sabe si con penas de prisión que le lleven a la cárcel o no.

Ello, por una parte, nos recuerda esa eficacia que señalaba Kiko Veneno en un gobierno de la corrupción: para robar y que no pase nada no necesitan asesinar jueces. Es mucho mejor que parezca una reordención. Sin embargo acumular obscenidades como las de esta semana lejos de ser un signo de fortaleza refleja la debilidad de un tinglado cada vez menos eficaz.

Las paletadas de mierda que han echado estos días sobre el sistema judicial profundizan el descrédito de nuestro maltrecho sistema institucional que no estaba especialmente boyante. Las acusaciones hechas por el fiscal de Murcia (sin que haya un solo cargo o dirigente del PP que simule indignarse por las presiones criminales sufridas por quienes persiguen la corrupción) acercan al imaginario fácil de entender de un gobierno de los mafiosos que no tienen límite alguno a la hora de mantener su tinglado.

Seguramente lo que están haciendo ayude a ladrones concretos a no pagar por sus delitos, pero es una muestra de debilidad y de orquestación del saqueo tal que lo que están empujando es el tinglado institucional al precipicio. Ellos sabrán: cuanto más evidente sea el gobierno de la mafia, más pronto llegará el cambio.

La Trama madrileña: del tamayazo a la Púnica (artículo en Cuarto Poder)

Uno tiende a pensar que, cuando un partido político organiza una trama corrupta con la que financiarse ilegalmente y de paso engrosar las cuentas de un buen número de sinvergüenzas, lo hace en secreto, con discreción, evitando que se entere ningún adversario político. Así ocurría incluso en saqueos en los que aparentemente coincidían prohombres de distintos estancos políticos. Panamá es un buen ejemplo: el goteo de casos de un único bufete en sólo uno de tantos paraísos fiscales revela que todo lo que representa la casta (esa minoría que pone la economía y la política del país al servicio de sus intereses) tenía un modus operandi común sin que eso representase una orquestación necesariamente explícita del saqueo. No parece que Cebrián y Soria se pusieran de acuerdo incluso aunque el fango de petróleo y paraísos fiscales se asemeje tanto: simplemente así se hacen las cosas en ese mundo de las alturas.

Sigue leyendo en Cuarto Poder.

«Regenerar» Madrid

No teníamos ni idea, pero resulta que el número 7 de la candidatura de Cifuentes llevaba un tiempo imputado por prevaricación. Declaró en el juzgado el 20 de mayo, cuatro días de las elecciones. Y menos mal que no nos enteramos porque si eso llega a saberse y el PP hubiera perdido un puñadito escaso de votos habría peligrado la suma automática PP+ Ciudadanos: suman mayoría por sólo un escaño.

Al conocer la imputación de Álvaro Ballarín, que así se llama el 7, hubo una rápida escenificación: Cifuentes dijo que si era cierto que estaba imputado, se tenía que ir; Ciudadanos dijo que si era cierto que estaba imputado y no se iba no negociaba con el PP. Y fuera de la escena, la empresa denunciante llegó a un acuerdo (cuyo contenido desconocemos) y retiró la querella y la jueza archivó el caso. Asunto resuelto. El famoso «volquete de putas» de Granados era para celebrar que alguien había declarado ante el juez lo acordado en cualquiera de los incontables casos que el PP de Madrid tiene por todos los juzgados.

Ya se anuncia que el lunes inician los contactos entre PP y Ciudadanos para un acuerdo de investidura. La regeneración de Madrid, parece, era poner una cabeza de caballo en la cama de los querellantes o en el mejor de los casos invitarlos a un volquete de putas. Llegar a un acuerdo, vaya. Si hay acuerdo, no hay saqueo.

El problema de Madrid no es el de un imputado en la Asamblea, ojalá. Madrid ha estado trufado de tramas mafiosas (la alusión a la mafia para lo que ha pasado en Madrid fue asumida por la propia Esperanza Aguirre). Madrid ha sido el epicentro de la Gurtel, la Púnica, los espías, las radiales a rescatar, Cajamadrid-Bankia, los concertados a cambio de 900.000 euros. Esas mafias han generado un saqueo social (sanidad, educación, agua) y democrático (tamayazos, licencias TDT, Telemadrid). Es un entramado estructural. El PP de Madrid, como el del País Valenciano o el de Baleares con Matas es uno de los tinglados donde esa «organización criminal» que señalaba ayer un auto judicial tiene unos límites más cercanos a los del propio partido.

Las urnas madrileñas han dejado un mapa un poco abierto. Puede ser investida Cristina Cifuentes para un gobierno del PP o puede ser investido Ángel Gabilondo para un gobierno del PSOE. Ninguna de las dos es mi opción. Ojalá hubiera habido una mayoría absoluta de la lista de Podemos en la que estábamos quienes apostábamos por un cambio sustantivo político y social en Madrid. Pero el resultado es el que es: dar una capita de pintura a la organización que ha saqueado Madrid, que no ha denunciado a uno sólo de sus corruptos como si nadie ahí dentro tuviera ni idea (o más bien como si nadie de los muchos que deben de saber cosas tuviera la menor intención de limpiarlas) o al menos sacar del gobierno a los protagonistas del saqueo. No habrá el cambio que hubiéramos deseado porque no hemos logrado un vuelco en las urnas del tamaño necesario, pero sí tenemos la posibilidad de desalojar el régimen corrupto y caciquil que han supuesto estos años del PP de Madrid.

Un cambio de gobierno permitiría forzar, al menos, una comisión de investigación sobre las tramas que han saqueado Madrid y la democratización de Telemadrid (es decir, su resintonización en miles de televisores)… salvo que Ciudadanos decida mantener al PP en el gobierno.

Ciudadanos pinchó el 24M. Tuvo un buen resultado pero no el que nos habían contado. Lejos de quedar como uno de los cuatro partidos de gobierno quedó como un partido bisagra en comunidades y ayuntamientos, lo cual no es poco salvo que lo usen para confirmar las peores sospechas. Durante la campaña renegaron de ser una «marca blanca» del PP. Querían presentarse como una opción de regeneración democrática frente a la corrupción. Si en Madrid, donde la cultura mafiosa vertebra al PP, dan el gobierno al PP el pinchacito del 24M será sólo un aperitivo con lo que recibirá Ciudadanos en noviembre. Por muy aseada que les haya quedado la escena que hemos visto son el (des)imputado Ballarín.

Tania Sánchez: resistir es un deber ético (artículo en ElDiario.es)

Madrid no es un juego. Es la comunidad de Cajamadrid-Bankia, del intento de Eurovegas, de los rescates a clubs de fútbol y constructores aprobando canalladas urbanísticas, del Madrid olímpico con logo perfilado por Urdangarín, de la privatización del agua, de la sanidad, del saqueo de Telemadrid, del espionaje y quema de coches entre miembros del mismo partido y el de operaciones púnicas en la que caen presos protagonistas de diversos partidos… Es una comunidad que se resume con la desaparición de dos diputados cuando la ciudadanía votó un cambio tímido, encabezado por alguien tan poco radical como Simancas pero que había anunciado, por ejemplo, la sustitución de Blesa, el de los correos que tanto retrataron.

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La corrupción como chantaje, la política como mafia

25 de julio. Jordi Pujol (honorable por decreto) emite un comunicado en el que reconoce que tiene una pasta en paraísos fiscales. Cuenta una historieta de herencias (copiada sin duda de Emilio Botín y Juan Carlos de Borbón) pero eso no evita la culpa: nadie se cree que sea una herencia, es evidente que el famoso 3% acababa entre otros en sus bolsillos, el PP no está sólo. Igual que es evidente que el botín de Pujol no es una herencia también lo es que Pujol no emite el comunicado porque necesitara desahogarse: alguien (esto es, alguien de Hacienda, del Gobierno) le tuvo que explicar que la información iba a ser pública y que lo mejor sería que lo contase él. Se pueden encontrar mil explicaciones al por qué ahora pero pocas parecen tan sencillas como ver que quedan tres meses para el 9 de noviembre.

Siguen los días y esa prensa que no vio pruebas contra el presidente del Gobierno español por la anécdota de que el tesorero del PP apuntara en su contabilidad B reiterados pagos en dinero negro a Rajoy, junto a apuntes que se han comprobado ciertos  empieza a relacionar a Mas con el botín de Pujol: él controlaba la obra pública catalana de la que saldrían las comisiones. Nada hasta ahora es muy agresivo (ni siquiera contra Pujol, que está siendo tratado con guante de seda), todo son insinuaciones y suponemos que alguna multa testimonial que le caerá a Pujol. Desde luego ni PP ni PSOE (ni mucho menos ERC, valiente papelón) están haciendo leña del honorable caído.

Finalmente ayer la vicepresidenta de la Generalitat dijo que si no hay consulta el 9 de noviembre no pasa nada. Y traza un recorrido tan sencillo como previsto: Mas aprueba la convocatoria de la consulta, Rajoy la recurre al Tribunal Constitucional, el Constitucional la suspende y fin de la historia.

Uno puede estar a favor o en contra de la consulta y uno debería hacer como que está en contra de la corrupción. Pero convendremos en que es inaceptable que la información sobre corrupción se guarde y se maneje por si es necesaria para algún chantaje y en ningún caso para combatirla. Y convendremos también que un gobierno no merece tal nombre si decide abandonar su proyecto de país porque le hayan amenazado con sacar los trapos sucios de las personas y del partido que gobiernan: es decir, para CiU y Mas la soberanía catalana termina donde empiezan los intereses de su élite, en este caso política.

Nada de esto es nuevo: es la forma mafiosa de gobernar que hemos padecido durante décadas. Una mezcla de caciquismos y omertá en la que es bien conocido el saqueo estructural pero se tapan unos a otros en nombre de consensos, responsabilidad, razón de Estado y supuestas discrepancias muy importantes que dificulten ver el funcionamiento real.

Esto no debería afectar al proyecto soberanista (como el caso PP no ha parecido afectar a la unidad de España) sino al modo mafioso de organizar la política. Pero esos proyectos son accesorios para ellos: lo principal es tapar las grietas y que siga funcionando la máquina de sacarnos el dinero.

Olvidemos a Pujol. Recordemos que no conviene salirse del carril. Y sigamos funcionando.

Los minutos de la basura: #VáyaseSeñorGonzález

El día en que Esperanza Aguirre dimitió (por motivos que aún desconocemos) tenían que haberse convocado elecciones autonómicas en la Comunidad de Madrid. No porque no fuera legítimo que ante la dimisión de una presidenta la mayoría del parlamento eligiese a uno nuevo sino porque Madrid había entrado en barrena. Hoy han echado la última paletada de tierra que entierra el proyecto caciquil y ladrillero sobre el que ha cabalgado Madrid desde que Tamayo y Sáez dieron un golpe aún no explicado del todo.

El resumen de la legislatura en Madrid es: el intento (fracasado) de privatizar el Canal de Isabel II, el intento (fracasado) de privatizar la sanidad pública, el intento (fracasado) de organizar en 2020 unos Juegos Olímpicos en Madrid, el intento (fracasado) de instalar Eurovegas en Alcorcón. No hay ningún gran proyecto de la Comunidad de Madrid a la vista: todos los que pusieron en marcha han fracasado. Afortunadamente, además.

En el vídeo de arriba decía Ignacio González, rodeado de los mantras por la excelencia y los emprendedores (junto a uno de ellos: Arturo Fernández) que el futuro de Madrid, de su modelo de Madrid, tenía por avales a Eurovegas y los Juegos Olímpicos del 2020. Su gobierno se ha quedado sin avales, sin los avales sobre los que él decía que se sostenía Madrid.

La legislatura madrileña ha terminado. Estamos en lo que en baloncesto se llaman minutos de la basura y lo que en fútbol suele ser entendido por los árbitros más sensatos, que no prorrogan ni un segundo para no hacer más daño.

El Madrid taifa, el chiringuito de caciques corruptos, el Madrid de la Gurtel, de Blesa y Rodrigo Rato, el Madrid de las radiales, los campos de golf ilegales, el saqueo sanitario y educativo, el Madrid de la apropiación y saqueo de Telemdarid… El Madrid del Tamayazo ha llegado a su fin. Prolongar nuestra agonía, la de los madrileños que pagamos la fiesta que se han corrido los señoritos, no conduce más que a que la gangrena se extienda.

Váyase, señor González. Dimita y convoque elecciones. Madrid tiene derecho a sobrevivirles.

nachoeurovegas

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