Blog de Hugo Martínez Abarca

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Las memorias de España

No es cierto que la derecha autoritaria española no reivindique la memoria historia, que no mire atrás, que no se ocupe del pasado. Lo que no reivindica nuestra derecha más dura es una memoria democrática.

Ayer publicó el diario El Mundo un artículo de Rosa Díez (ex consejera del gobierno vasco con Ardanza -PNV-, ex eurodiputada del PSOE con Zapatero y ex portavoz de UPyD consigo misma) llamando a un alzamiento nacional (para defender la democracia, por supuesto, como todos los golpes de Estado) y para ello invocó los años 30: «Lo que ocurre en España se parece mucho a lo que se vivió en los años 30 del siglo pasado cuando la unión del radicalismo de izquierdas y los nacionalistas provocaron la destrucción del orden constitucional, la República.». En la memoria histórica que ha construido Rosa Díez fueron las izquierdas y los nacionalistas (catalanes y vascos, se entiende) los que provocaron la destrucción del orden constitucional. Ello le sirve para leer el momento presente de España y saber qué hay que hacer. Así que, ayudados por su memoria, tenemos que entender que el alzamiento que propone Rosa Díez para salvar la democracia debe de ser parecido a la operación quirúrgica del 18 de julio de 1936.

Ayer el artículo de Rosa Díez fue una de las cosas más comentadas en las redes sociales pero ninguno de los comentarios afeó que estuviese mirando 80 años atrás, anclada en el pasado, reabriendo heridas que han cicatrizado, que lo que toca es mirar al futuro. No.

Y es normal porque en las últimas semanas la competición en la que andan metidos en esos lares de Dios les ha llevado a ir mucho más atrás de 80 años. El famoso discurso de Pablo Casado sobre la Hispanidad se remonta más de 500 años para narrar una arcadia de la raza, un pasado feliz en el que España descubría un mundo en blanco y negro y lo pintaba de color, de cristianismo, de español y de felicidad. Y más allá, hace tres años, Santiago Abascal, el caudillito de Vox, empezó una gira por España en Covadonga. Vale mucho la pena leer este delirante artículo con el que explicaba por qué Covadonga con la misma lógica memorialística que Rosa Díez: recordar el pasado para saber qué hay que hacer en el presente. Así, en 711 los moros destrozaron España por culpa de los traidores (don Julián) y la cobardía de los políticos españoles (los nobles), pero don Pelayo se levantó entones contra el multiculturalismo como ahora el propio Santi, Santi, Santi Abascal. De una forma menos histriónica, esa misma memoria es a la que apela la monarquía actual cuando Felipe VI elige también Covadonga como primer acto público de la Princesa de Asturias, el mismo sitio en el que Juan Carlos I le dio la cruz de la victoria a Felipe cuarenta años antes: y como la virgen de Covadonga a don Pelayo a finales del siglo VIII.

La memoria construye país. No hay país sin memoria. Mirar al pasado, recordar hitos, homenajear héroes, señalar crímenes, traiciones y catástrofes es un acto imprescindible para construir futuro, para explicar en qué país está uno pensando: todo el mundo lo hace, no hay identidad política ni nacional sin memoria. No nos dicen que no miremos al pasado: lo que nos dicen es que no pensemos en democracia cuando miramos al futuro.

Ciudadanos a tope

«Hay que intentarlo todo para evitar nuevas elecciones». Esa fue la frase con la que Albert Rivera justificó haber engañado a sus votantes prometiéndoles que no darían sus votos a Pedro Sánchez ni a Rajoy. Evitar nuevas elecciones justificaba sus mentiras, justificaba mantener en el poder a un partido estructuralmente corrupto como el PP de Rajoy. Todo fuera por evitar elecciones.

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Azúa y la quinta de la desfachatez

Cuando leí la última tanda de insultos de Félix de Azúa (no sólo contra la «vendedora de pescado» Ada Colau sino también contra quienes no voten a Ciudadanos, que «deben de estar borrachos») tenía demasiado presente «La desfachatez intelectual», el libro de Ignacio Sánchez-Cuenca que acaba de sacar La Catarata y que me había devorado esta Semana Santa. El libro está dedicado precisamente a ese grupo que comanda la intelectualidad moderada de centro reformista y constitucionalista y que, pese a esa pátina de moderación e intelectualidad, resuelve tan frecuentemente cualquier juicio político a base de insultos y desprecios demasiado contundentes como para ser argumentados.

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Querella contra el saqueo

Yo no tengo ningún miedo y de la dirección general y de mi no pueden sacar ningún trapo sucio porque no existen los trapos sucios. El que tenga trapos sucios que se siente y que se aguante. Si estás en política no puedes tener trapos sucios. Lo mejor es que si este señor tuviera algo que sacar, que lo saque y así de camino limpiamos la porquería de casa, si es que la tenemos.

Enrique Santiago, abogado. Entrevista en CuartoPoder

Hace poco más de un año Izquierda Unida (junto con otras organizaciones y con apoyo activo de miles de ciudadanos y otros querellantes) ponía una querella contra los constructores y empresarios que aparecían financiando al PP (y a sus dirigentes, vía sobres) a cambio de concesiones públicas así como contra varios de los dirigentes del PP que aparecían sobornados en los apuntes de la contabilidad B del PP. Ya entonces el pesebre político y mediático llamó a IU oportunista: la querella era una cosa política sin relevancia jurídica, sólo buscaba la foto, como los agentes de movilidad de Esperanza Aguirre. Pero tan bien sabían que eso eran palabras huecas que alteraron todo lo alterable para que no cayera la querella donde tocaba (en el juzgado de Bermúdez: tomaban a Ruz por un juez dócil e inofensivo) y aún así cada semana el proceso abierto nos da una alegría.

En aquel entonces muchos nos sentíamos muy orgullosos por el paso dado por IU porque estábamos hablando de una Querella contra el Poder (económico y político) y éste nunca es inofensivo: buscaría la forma de acabar con IU, debajo de cuantas alfombras hiciera falta, encontrando o inventando mierda. Era una demostración de valentía y dignidad de IU, pero también de decencia. Una organización como IU no debe tener miedo a que señale nadie a sus corruptos, que por supuesto tiene que tener: es imposible que en una organización tan grande no haya quien la aproveche para participar del saqueo cotidiano. Pero a diferencia de otras organizaciones en IU debemos agradecer a quien señale la mierda (no a quien diga «alguien tiene mierda»: eso no sirve de nada para limpiar, sólo para enmerdar a discreción) porque a diferencia, por ejemplo, del PP la ponzoña en IU es parasitaria, no estructural: el PP hizo política engrasado por el saqueo, quien haya aprovechado a IU para participar del saqueo es un brutal lastre para IU.

Esa es una de las principales razones por las que me sentí muy orgulloso al ver la relación de querellados por IU en la querella que hace meses se anunció y que este 14 de abril se presentó contra los miembros de los consejos de administración de Bankia y BFA. Si no me equivoco es la primera vez que una fuerza política se querella contra alguien que ocupó cargos en ella y que participó del saqueo (me refiero a querellarse de verdad, no a las pantomimas que hacía el PP para defender a Bárcenas). Ello es para mí el principal valor de la querella: que evidencia que IU lejos de arropar a quienes participaran en su nombre del botín los señala como enemigos propios. Y de nuevo lo que a otros les resultaría aterrador aquí se entiende como otra ventaja: si hay alguna manta de la que tirar, que se tire, que descubrir lo que haya debajo y limpiar sólo nos hará más fuertes.

Otra ventaja de esta querella (y que es una de las diferencias , crucial, con las otras presentadas) es la respuesta al rescate bancario que pagamos todos. Una de las solicitudes que se hace es que se preparen embargos a los directivos, que devuelvan las indemnizaciones, etc… pero también que se tomen medidas para la devolución del dinero que pusimos entre todos, que se presentó como un préstamo (¿os acordáis cómo nos machacaban con que no era un rescate sino una línea de crédito?). En los últimos meses y por la puerta de atrás se ha empezado la privatización de Bankia, de ese banco que hoy es de todos, el que nacionalizó el gobierno liberal para sacarlo de la ruina. Pues bien, ante la amenaza de que un juzgado puede decretar que no dependa de la (falta de) voluntad política que se provisionen 26.000 millones de euros para devolver lo que era una línea de crédito, ¿algún comprador va a atreverse a participar de la privatización? Esto es, esta querella puede ser un importante palo en la rueda de la privatización de Bankia (una vez saneada con dinero de todos) y por tanto forzar a que en algún momento empiece a funcionar como la banca pública que de iure es (para lo cual hará falta, sin duda, que los frentes político y social empujen con el judicial).

No hace falta explicar lo que representó el saqueo y la ruina de Cajamadrid/Bankia en el conjunto del país. Como tampoco hace falta señalar el daño que supuso para IU que en su nombre hubiera quien participara del saqueo. Con la firmeza de esta querella IU cierra aquella puerta, lejana pero ruidosa, y abre otras puertas que pueden ser muy útiles a nuestro pueblo, que es para lo que sirve una fuerza como IU. Si alguien se quiere vengar del portazo abriendo ventanas, bienvenido sea: que corra el aire.

Artículo en Cuarto Poder: La irrelevancia de la derecha xenófoba en España

Por toda Europa están cobrando gran fuerza opciones de extrema derecha cuyo discurso se centra en el odio al inmigrante. Finlandia, Grecia, Reino Unido, Holanda, Bélgica, Suiza…por todas partes están en auge las fuerzas políticas xenófobas y en el centro de todas ellas Francia, con Marine Le Penencabezando los sondeos de las elecciones europeas. Es un fenómeno bastante heterogéneo cuyo tronco común es la xenofobia: el inmigrante como causante de la crisis.

Llamativamente en España, uno de los países con mayor tasa de desempleo de Europa y donde la crisis (y su gestión política) está sacudiendo más duramente, no está surgiendo un fenómeno de este tipo. Por un lado, la extrema derecha no ha conseguido presentar un referente político propio (separado del PP) que sea mínimamente relevante; por otro, el CIS descarta tozudamente que la población española sitúe la inmigración como uno de sus principales problemas pese a las machaconas amenazas de los 30.000, 40.000, 80.000 africanos o los que haga falta que acechan nuestras fronteras para asaltarlas.

Sigue en Cuarto Poder.

El voto por edades

La edad es un factor importante al analizar las perspectivas electorales. El voto joven suele ser un suelo sobre el que crecer, aunque no necesariamente es sólido. Es difícil esperar que una persona de cincuenta años varíe demasiado su voto: casi nadie es demasiado desleal a una trayectoria vital consolidada; la juventud no tiene tal trayectoria y por lo tanto no se ubica con inercias.

Cuando yo tenía 20 años (en 1996, el momento más fuerte electoralmente de IU y más débil del PSOE hasta ahora) entre los jóvenes IU era la segunda fuerza política, por encima del PSOE. Es evidente que muchos de mis contemporáneos se han olvidado con el tiempo de IU y se han ido al PSOE, especialmente a raíz de la guerra de Irak, cuya oposición fue capitalizada con mucho acierto por el PSOE de un Zapatero entonces ilusionante. Pero de aquellos polvos vienen algunos lodos: mi franja de edad (25-34 años, ¡ay, ya pronto dejará de ser mi franja de edad) es la que más voto a IU concentraría si hoy hubiera elecciones generales según el barómetro del CIS de enero.

Para interpretar estos datos hay que tener en cuenta que se trata de intención declarada de voto: más rigurosa pero menor que la estimación de voto. Es lo de menos, lo interesante son las tendencias.

Es sencillo analizar los datos por edades. Con la edad se tiende al bipartidismo, que es casi absoluto entre los mayores de 65 años (ninguna opción que no sea PP y PSOE supera el 2% en ese tramo). Eso no quiere decir que el resto de partidos tenga un voto fundamentalmente joven.

UPyD, por ejemplo, es un voto cincuentón, pues tiene su cénit entre los 45 y los 54 años (7.2%). Viene de un escaso 2.1% entre los menores de 25 años. A partir de ahí crece con la edad hasta los 54 años y desde ahí cae. Exactamente lo mismo le sucede a CiU.

El PNV alcanza sus máximos entre los mayores de 55 años. Los partidos más pequeños están demasiado sometidos al azar de la encuesta, pues la muestra es demasiado pequeña, por lo que si hay alguna tendencia asociada a la edad, es imperceptible con un mínimo rigor.

¿E Izquierda Unida? Izquierda Unida es la única fuerza que puede decir que tiene un voto fundamentalmente joven. Entre los menores de 25 años hay casi un votante de IU por cada dos votantes del PSOE (16% PSOE, 7,6% IU). Entre los 25 y los 34 años un 7.7% de encuestados dice que votaría a IU. Y a partir de ahí cada vez menos votos hasta llegar al 1% entre los mayores de 65 años.

Una curiosidad es que en todos esos tramos (mayores de 34 años) IU es superada por UPyD. Mientras entre los jóvenes Izquierda Unida triplica a UPyD (7.6% frente al 2.1%), a partir de los 35 años UPyD supera a IU llegando casi a duplicarla entre los mayores de 65 años (1.9% de UPyD frente a 1% de IU).

UPyD ha conseguido generar una imagen de voto juvenil y simpático. Curiosamente es una imagen que ha calado… excepto entre la juventud, que le da la espalda. El resto de partidos tampoco son atractivos para la juventud. O al menos son más atractivos para los mayores que para los jóvenes.

Salvo IU. Casi sin proponérnoslo Izquierda Unida va recuperando una posición que tenía en los años 90 como opción política que la juventud realmente valora como existente, como una opción electoral más y juega casi de tú a tú a PP y PSOE.

Contra los cantos de sirena, el rigor de los únicos datos que existen: desgraciadamente no existen datos de estudios cualitativos. Los únicos datos que tenemos para preguntarnos cómo vota la gente son los del CIS. Incluso éstos tienen una muestra insuficiente y demasiado sometida al azar. Pero si algo podemos decir es que IU tiene un voto fundamentalmente joven. Y eso es un buen trampolín para el futuro.

De acuerdo con las indicaciones de ceronegativo pongo también el gráfico en barras por si alguien ve mejor así los datos.

La palabra «fascismo»

Una de las consecuencias que tiene la conversión de los fascismos históricos en Mal Absoluto (dado que perdieron la guerra) es que el fascismo se ha convertido en inefable. A diferencia del otro Mal Absoluto (el terrorismo) nada es comparable con el fascismo. Incluso se creó una norma retórica, la ley de Godwin, según la cual en algún momento de toda discusión alguien compara lo que defiende el otro con Hitler y en ese momento ha perdido la discusión. Parecería que los fascismos hubieran sido hechos sobrenaturales cuya mera comparación con lo que hiciera o pensara cualquier humano actual es el síntoma más claro de haber perdido los papeles.

El fascismo lo crearon los humanos (por cierto, su expansión vino a raíz de una gran crisis económica) y fue más complejo que un Mal Absoluto y por eso aquellas sociedades (que no eran más estúpidas que las nuestras) se dejaron seducir por él. Desde la Segunda Guerra Mundial no hemos observado los valores fascistas vinculados a grandes movimientos sociales: en ese sentido es verdad que el fascismo hasta ahora no se ha repetido. Sin embargo, que no se repita tal cual no quiere decir que algunos de sus rasgos no estén muy presentes en algunos ciertos políticos e incluso sean hegemónicos estética o políticamente.

No sería difícil señalar a algún partido que usa el nacionalismo centralista (por oposición al internacionalismo entonces y a otros nacionalismos ahora), en medio de un partido laico (pero nunca anticlerical) y relativamente futurista, que renuncia a la dialéctica izquierda-derecha pues anuncia que su partido supera tal dinámica. Esos rasgos encandilaron a numerosos intelectuales de los años 20 y 30 y gustan también a algunos intelectuales españoles actuales. Si añadimos un cierto culto a la personalidad podemos lograr incluso el favor popular.

Pero no sólo es un partido.

Si la palabra fascismo no estuviera prohibida, sería la que estaríamos utilizando para explicar qué valores llevan a los concejales de CiU, PSC y ERC de Vic y a los del PP de Torrejón de Ardoz a tratar de excluir civilmente a la población extranjera, sin que sus partidos tengan urgencia en rechazar sus posiciones. Y ello en medio de la aprobación de la directiva de la vergüenza europea y del reciente endurecimiento de la Ley de Extranjería española. La conversión de una minoría étnica en el chivo expiatorio de los problemas económicos de los trabajadores patrios tampoco es nueva.

Como no podemos utilizar la palabra fascismo para explicarlo, habrá que evitar usarla. Pero tengámosla a mano.

El éxito de UPyD: apelando a la identidad

Junto a esa apariencia de renovación ética, el eje movilizador de UPyD es la identidad naciona:l el centro de su discurso es lo mal que están las cosas en las provincias desleales que forman el País Vasco y Cataluña, pero su relevancia cuantitativa no es vasca ni catalana, sino madrileña. No es un partido propositivo, sino meramente identitario.

¿Y a quién le sorprende que la identidad sea un gancho movilizador? Lo fue siempre. Lo fue para los nacionalistas, pero también lo ha sido para el movimiento obrero: ¿o es que la conciencia de clase no es una apelación a una identidad colectiva proletaria?

Las identidades no se dividen en falsas o verdaderas. Las identidades son míticas todas. Se dividen sólo en útiles para la emancipación o para el sometimiento. La raza fue una identidad colectiva que sirvió para el sometimiento a la Alemania nazi y para la emancipación a los movimientos por los derechos civiles de Estados Unidos en el 68. La nación fue un mito que sirvió para legitimar la democracia y también para cargársela.

Todas ellas son elaboraciones sociales. El color de la piel o la propiedad de los medios de producción son elementos observables, pero el hecho de que sean éstos los factores identitarios y no el color favorito o si se es zurdo o diestro es un constructo social. Eso no los hace malos ni buenos. Martin Luther King hizo bien al fomentar una identidad racial: gracias a ello muchos ciudadanos rompieron cadenas. El movimiento obrero hizo bien al apelar a la clase como elemento movilizador. En ambos casos la identidad colectiva es una forma de llamar a la transformación de la sociedad para la emancipación. Cuando los nacionales gritaban Arriba España apelaban a la cohesión identitaria naconal para mantener y agravar las injusticias más aberrantes: esa identidad colectiva merecía la confrontación de la izquierda.

Podemos discutir si apelar a la identidad nacional española es emancipador o sometedor. No creo que haya muchos lectores de este blog que duden sobre mi posición al respecto: no conozco el caso en el que haya sido emancipador, pero si la identidad de raza pudo ser utilizada para la liberación, acaso en algún momento o lugar la identidad española pueda llegar a serlo (es un supuesto meramente teórico hoy por hoy). La estrategia de UPyD es muy inteligente al presentarse como emancipador frente a otros nacionalismos a pesar de que su nicho electoral está donde no hay más referente nacional que el español: genera las simpatías identitarias de la reacción utilizando un discurso supuestamente emancipador (no es la primera vez que se hace en la historia, pero no quiero apelar a Godwin).

El asunto no es UPyD, sino la posibilidad de que encontremos las izquierdas alternativas identidades que funcionen para cohesionar en torno a un proyecto político que movilice hacia la emancipación social. ¿Somos capaces de impulsar una identidad colectiva que esté al servicio de la transformación de la sociedad como siempre hizo la izquierda?

Una de las evidencias que muestran los resultados electorales es la incapacidad para movilizar en torno a la clase obrera siquiera en un momento de máxima tensión social con la mayor crisis del capitalismo desde hace ocho décadas: el proletariado europeo, por desgracia, ha perdido casi absolutamente su conciencia de clase. Hay muchas causas posibles, pero la consecuencia es difícilmente rebatible: la clase obrera no se moviliza como tal, no responde cuando se la llama por su nombre.

En toda Europa faltan instrumentos cohesionadores que apelen a la identidad y que permitan el fomento de cambios políticos de calado: habría que pensar en la generación de tales instrumentos a medio plazo. Pero en España tenemos un chollo que no nos hemos decidido a utilizar en los últimos treinta años pese a que ha habido signos clarísimos de que hay una buena porción de la sociedad (especialmente joven) que se sentiría apelada por esa identidad: la republicana. Los colores de la tricolor, el himno, la memoria, las tradiciones políticas, familiares, heroicas y cívicas republicanas… Tenemos todos los elementos para apelar a unos factores emocionales que movilizarían claramente en torno a los valores emancipadores que siempre supusieron las identidades impulsadas por la izquierda.

Nadie en Europa tiene tan fácil apelar a una identidad diferenciada para la izquierda y cuyo contenido político es evidente para todo el mundo: cuando uno ve a alguien con la tricolor sabe que los cambios que demanda no se limitan a sustituir al rey por un jefe de estado elegido democráticamente.

La izquierda alternativa española podría seguir haciendo propuestas de confrontación frente a las injusticia mientras apela a sentimientos identitarios que generen la adhesión imprescindible para la movilización social. Tenemos la suerte de disponer de unos símbolos, que apelan a una identidad que se sustenta sobre la Razón. Incluso tenemos las encuestas: el 22% de los españoles se define republicano; por cada votante de IU hay seis republicanos más que no nos votan.

Podemos seguir mirando cómo crece la reacción apelando a sus identidades y preguntando qué carajo pasa. O podemos darnos cuenta de que pasa lo de siempre y tratar de hacer lo que siempre hicimos entendiendo el aquí y ahora para enfrentarnos al poder con instrumentos propios para aglutinar, cohesionar, emocionar y movilizar a la ciudadanía sometida.

Autopsia (2) -Homenaje a Fernando Savater-

El presente texto pretende ser un merecido homenaje a nuestro pensador más afamado, Fernando Savater, que el 12 de marzo de 2004 publicó en El País un artículo titulado Autopsia que fue muestra de la ponderación y el desapasionado razonamiento crítico que empapan a todo filósofo ilustrado y que caracterizan al justo ganador del prestigioso Premio Planeta. Pocos meses después, y sabiéndose ya que ETA no tenía nada que ver con los atentados de Madrid, preguntaron a Savater si se avergonzaba de aquel artículo y contestó que era uno de los textos de los que más orgulloso se sentía.

Lo siento, me resulta ya imposible aventurar teorías, urdir más explicaciones, proponer nuevos silogismos, seguir mareando la perdiz… la pobre perdiz que levanta torpemente el vuelo mientras disparan contra ella los cazadores y los perros a su servicio esperan para cobrarse la pieza con la pata en alto y la lengua relamiéndose las fauces. No quiero, no tengo fuerzas, ya no hay tiempo para eso.

Es el momento de hacer la autopsia. Así llama el historiador griego Tucídides al testimonio que aporta un observador según lo que ha visto con sus propios ojos, con esos ojos que según la terrible expresión castellana se habrá de comer la tierra: autopsia. Y esta es mi autopsia, lo que veo y lo que oigo.

Veo la masacre por fin cumplida, la masacre que se venía buscando desde que hace ya muchos meses el gobierno israelí levantara un muro, encerrara a los palestinos en un gigantesco ghetto, impidiera la entrada de ayuda humanitaria, la masacre que se venía buscando desde que hace más de dos semanas comenzara el bombardeo de casas, escuelas, hospitales, túneles por los que escapar personas o importar comida… : ahora ya no quedan dudas. No faltó quien me dijera que probablemente la propia Hamas había puesto a los niños asesinados como escudos humanos para retirarlos espectacularmente luego. Las hubo también cuando se observó el silencio de las personas que denuncian la complicidad de quienes callan no ya ante un genocidio, sino ante cualquier asesinato, porque el sr. Savater y algún otro político no menos brillante callaron ante la masacre precisamente en plena campaña electoral. Supongo que ahora no queda más remedio que aceptar la incursión del ejército israelí en la campaña electoral. Por cierto… ¿no estaba ya el ejército de Israel en la campaña electoral, como amenaza de muerte para los palestinos que buscaran alimento? Pero claro, no era momento de hablar de ello. En España lo mejor es no hablar de terrorismo si lo ejercen los poderosos, aunque el terrorismo condicione la campaña de quienes no pueden moverse libremente y la de quienes se mueven y se hacen escuchar precisamente gracias a que el poder les subvenciona. Hablemos de otra cosa… hasta hoy, en que ya no hay otra cosa de la que hablar.

(…)

Oigo que quienes han puesto las bombas no son genocidas, según han decretado los serviles al poder (otros simplemente no han abierto la boca siquiera cuando se les ha preguntado directamente). No es fácil defender los derechos humanos: si no eres nacionalista español, no eres demócrata pero si te pasas de demócrata y condenas también los 800 asesinatos de un estado poderoso, entences los derechos humanos de los que hablas no interesan a nadie o eres antisemita. Por un rato, te vuelves terrorista a secas o terrorista islámico o yo que sé. Pero yo le oí a todos los próceres de la nación española decir que Israel es la única democracia de Oriente Próximo, que lucha contra el terrorismo. Brava lucha, que acaba de obtener una sonada victoria contra los trabajadores modestos que se refugiaban en una escuela de la ONU, aún hambrientos, sin haber podido peinar a sus hijos ni haberlos enviado al colegio con un beso.

No he visto ni he oído a las testas pensantes (y sobre todo, parlantes) de nuestro país. Nos han contado cien veces que la violencia terrorista está muy mal, pero que la posibilidad de discrepar no es precisamente buena: al contrario, alimenta a los terroristas. Lo malo no son las bombas, que reinventan la historia en clave de hostilidad contra los débiles, convierten los derechos humanos en un fetiche absurdo y la democracia en papel mojado… lo malo no es la educación despedazada que considera violencia terrorista sólo a aquella de la que podamos sacar provecho electoral o editorial . No, escuchemos a nuestros intelectuales y políticos para quienes lo verdaderamente intolerable son los musulmanes: en cuanto se acabe con ellos, reinará la armonía y Gaza se convertirá en un paraíso (por cierto, ¿quién fue el primero en decir que la culpa de la matanza de Gaza la tienen los propios palestinos?). La libertad de expresión está gravemente amenazada (nos dicen los que se han hecho millonarios con ella), no por los asesinos que llevan sesenta años violando derechos humanos y matan a quienes intentan contarlo, ilegalizan a los partidos que discrepan o que simplemente quieren contar lo que sucede en las guerras, sino por los actores que se manifiestan contra los genocidios. Escuchen, escuchen a nuestros intelectuales y lean sus manifiestos en defensa de la lengua común (busquen ahora un manifiesto contra los 800 asesinatos, los 200 niños muertos, busquen las camisetas rosas de UPyD en las manifestaciones contra la masacre): con decirles que la más profund< de todos ellos parece ser Rosa Díez, sobran más comentarios.

Resultado de mi autopsia: el país más exigente con las condenas a cada asesinato es en el que más rechinan los silencios ante el genocidio sionista, que en todas partes está considerada una abominación reaccionaria salvo aquí, en donde es democrático y constituye una respuesta a los cohetes de Hamas. Es precisamente aquí, donde el antiterrorismo es una fuente de reconocimiento, dinero, portadas y premios literarios, donde también florece el silencio cómplice más sanguinario. Y aquí ETA sirve de diosa legitimadora a todos los silentes, lo quieran o no, dándoles el suplemento de demócratas que nunca se habrían ganado ni por sus ideas ni por sus propuestas. El terrorismo de Estado y la adhesión cómplice al poder es un proyecto de domesticación social, por medio del cual los depredadores totalitarios consiguen la obediencia de la democracia carente de virtud cívica: en España ya han conseguido en gran parte su propósito. El resto no será silencio, sino más mentiras, mucha exigencia de adhesión incondicional, camisetas rosas y bandas de música tocando himnos patrióticos.

Contra algunos terrorismos

Una de los efectos más llamativos de la masacre que está perpetrando el gobierno de Israel contra la población de Gaza es la doble moral con la que mucha gente afronta la matanza de unas quinientas personas (de momento) previamente encerradas en un ghetto. Uno puede llega a entender, que no compartir su posición, a la población israelí: los vínculos que puede generar una identidad colectiva como la nacional superan con mucho lo racional y si el ‘nosotros‘ es suficientemente sólido y visceral es capaz de justificar cualquier cosa: «Si mi hermano atropella a una vieja, algo habrá hecho la vieja«. Con todo, hay cerca de un 20% de israelíes que rechazan la matanza perpetrada por su gobierno: destaca entre ellos la izquierda real israelí con su Partido Comunista a la cabeza, por lo que la capacidad de explicar intelectualmente el apoyo de algunos israelíes a los crímenes de su gobierno anda lejísimos de justificar éticamente tal posición.

En cambio, con la frialdad que debería permitir una cierta distancia deja perplejo a cualquiera la malla de complicidades, sutilezas y mezquindades que intentan equiparar, contextualizar y en última instancia justificar el criminal asesinato de quinientas personas por parte de una de las potencias militares más poderosas del mundo (y, por cierto, poseedora -ésta sí- de armas de destrucción masiva). Uno se lo podía esperar de quienes apoyaron una masacre de parecida categoría ética: el bombardeo y ocupación de Irak. El esquema es el mismo: cuando el poderoso machaca al débil, me pongo al lado del poderoso, que siempre es más rentable. Es lo que han hecho muchos gobiernos, singularmente el de Estados Unidos (el saliente y el por llegar, el de Mr Change); es también lo que ha hecho el presidente checo, que ejerce de presidente de la UE con mucha menos legitimidad democrática que la que tiene Hamas en Gaza, calificando el bloqueo de víveres, el bombardeo y la invasión como operación ‘defensiva‘.

Rizando el rizo nos venimos al suelo patrio. Aquí estamos acostumbrados a la mayor de las exigencias en cuanto a la contundencia del lenguaje, la ausencia de matices y el prietas las filas si se trata de aboManos blancasrdar la violencia. ¿La violencia? No, sólo la violencia de ETA. Estos 500 asesinatos apenas han merecido el calificativo de desproporcionados por parte del PP (de una parte oficial del PP: muchas de sus filas y todos sus medios afines están apoyando el genocidio), mientras en el PSOE se ha rechazado la matanza pero equiparándola a los cohetes artesanales asumiendo la idea de que hubo provocación y negándose a avalar la repulsa al genocidio (aquí en cambio, uno es consciente de que los medios afines y las bases del PSOE tienen una posición generalmente decente, aunque la lectura de algún blog socialista pueda aterrorizar). UPyD, por supuesto, calla: no es su tema y tal. Por una vez hay que señalar que la única fuerza política estatal que está espontánea y decentemente unida por el cemento de unos sólidos principios que unen a militantes, cuadros y dirigentes es, oh milagro, Izquierda Unida. Si a la violencia de Israel (causante en nueve días de más la mitad de muertos generados por ETA en cuarenta años) se le midiera con el mismo rasero que a otras violencias, Izquierda Unida ganaría las próximas elecciones por la ilegalización de todos sus oponentes.

Llevamos demasiados años permitiendo que miserables morales nos den lecciones de ética, de principios, de derechos humanos, de democracia… a cuento de la violencia de ETA. En cuanto aparecen otras violencias incluso más terribles como es el caso salta a la vista que los emperadores y las emperatrices están desnudas. Vemos con facilidad que todas estas voces se oponen a que sus enemigos ejerzan la violencia, pero legitiman la misma si se ejerce por parte de sus amigos. Han repetido demasiadas veces la tontería según la cual quien comparte los fines de los violentos comparte sus medios: y se la han aplicado ellos mismos asumiendo los medios empleados por sus violentos.

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